Tuesday, August 9, 2016

Después que el hombre se apartó del mandamiento y se expuso a la condenación de Dios, el pecado lo tomó para esclavizarlo ( San Makario el Grande )



Después que el hombre se apartó del mandamiento y se expuso a la condenación de Dios, el pecado lo tomó para esclavizarlo, y a semejanza de un refinado y profundo abismo de amargura, penetrando dentro, se apoderó del alma hasta sus más profundos escondrijos. De esta manera, el pecado que ha penetrado dentro nuestro puede asemejarse a un gran árbol con muchas ramas, cuyas raíces descienden profundamente dentro de la tierra. Así también el pecado introducido en el alma, apoderándose de sus fuerzas hasta sus más recónditas profundidades, se convirtió en costumbre, la cual, comenzando desde la infancia, con los años crece y cada vez mas fuertemente nos atrae hacia lo malo.

San Makario el Grande 

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Las intrigas de los demonios ( San Evagrio Monje )


 Los demonios no conocen nuestros corazones, como piensan algunos. Solo hay uno que ve en los corazones — Dios, Quien conoce la mente humana, porque Él creó a los hombres (Sal 32:15). Pero en parte por nuestras palabras y en parte por nuestros movimientos los demonios adivinan las intenciones de nuestro corazón. Por ejemplo cuando discutimos con alguien, que ha hablado mal de nosotros, los demonios por nuestras palabras iracundas concluyen, que nosotros nos comportamos enemistosamente con él. Entonces, comprendiendo nuestra debilidad, ellos nos inspiran pensamientos enemistosos. Recibiendo estos pensamientos, caemos bajo el yugo del demonio del rencor, quien desde este momento comienza cada vez mas a inflar en nosotros el resentimiento en contra de este ofensor. Porque los malignos demonios observan con curiosidad todos nuestros movimientos y no dejan nada sin atención de aquello, que pudiera ser empleado en contra nuestro: ni el levantarse, ni el sentarse, ni el estar de pie, ni los actos, ni las palabras, ni las miradas — todo lo remarcan atentamente. Diariamente ellos piensan contra nuestro distintas seducciones, para que durante la oración distraer nuestra humilde mente y apagar en ella la luz bendita .


San Evagrio Monje


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Wednesday, August 3, 2016

La visión de San Macario el Egipcio

                        

Explicación de la conmemoración por los  difuntos .
 
Sinaxario del Tríodo.
“Este mismo día, los divinos padres prescribieron hacer memoria de todos los fieles que desde todos los siglos pasados se durmieron piadosamente en la esperanza de la resurrección para una vida eterna. “Olvida las transgresiones de los muertos, oh Verbo, y no hagas parecer muerta Tu misericordia”.
Sucede a menudo que algunas personas mueren prematuramente en tierra extranjera, en el mar, en cimas inaccesibles, en grutas de las montañas o en los precipicios, o son alcanzadas por el hambre, las guerras, los incendios, los grandes fríos; otros, pobres y sin recursos, han sido privados de la lectura de los Salmos y de los oficios de difuntos. Por eso los divinos padres, movidos por su amor por los hombres, decretaron (según habían recibido de los apóstoles), que la Iglesia conmemorara su memoria en común. Los que no hubieran recibido individualmente los oficios habituales, serían incluidos en esta conmemoración común, una forma de mostrar que los oficios celebrados por ellos les confieren una gran utilidad.
Existe otra razón por la que la Iglesia de Dios hace memoria de estas almas. Los padres querían que el día siguiente fuera dedicado a la Segunda Venida de Cristo. Conviene, pues, conmemorar todas las almas, a fin de que el Juez temible e incorruptible les sea favorable, que utilice su habitual compasión con ellas y les dé acceso al paraíso de las delicias. Así, los santos padres que debían consagrar el domingo siguiente al destierro de Adán, concibieron esta conmemoración, en este día de reposo, como un respiro y un término a todas las cosas humanas, a fin de comenzar por el principio, a saber, el destierro de Adán, pues, al final, para los que hayamos vivido, llegará el juicio del Juez imparcial. Los hombres prueban un temor que les hace inclinarse a los regocijos de la Cuaresma. El sábado es siempre el día en el que hacemos memoria de las almas, porque el “sabbat” es sinónimo de reposo en hebreo. Y puesto que los muertos han descansado de los asuntos y de las preocupaciones de la vida, nosotros ofrecemos igualmente súplicas en este día de reposo. Esto se ha convertido en un hecho habitual cada sábado. Ahora, hacemos memoria de forma universal, orando por todos los hombres piadosos. Pues los santos padres, sabiendo que los actos de benevolencia y los oficios litúrgicos en memoria de los difuntos les procuran un gran alivio y les son útiles, han pedido a la Iglesia hacerlo de forma individual y común, según la Tradición recibida de los santos apóstoles, como lo dice San Dionisio el Areopagita.
Numerosos testimonios muestran la utilidad de lo que se hace por las almas, en particular la historia de San Macario que, encontrando en su camino el cráneo seco de un pagano impío, preguntó: “En el Hades, ¿ha sentido alguien algún consuelo?”. Y el cráneo le respondió: “Cuando rezas a Dios por los difuntos, oh Padre, estos prueban un gran alivio”. El que actuaba así era grande, y oraba a Dios, ansioso por saber si los difuntos sacan algún provecho de las oraciones que se hacen por ellos. San Gregorio, el autor de los diálogos, salvó incluso por su oración al emperador Trajano, pero Dios le hizo saber que ya no rezara más por un impío. Ciertamente, la emperatriz Teodora arrebató de los tormentos y salvó al maldito Teófilo gracias a las oraciones de los santos confesores. Gregorio el Teólogo muestra también, en la oración fúnebre que pronunció por su hermano Cesáreo, que las oraciones son provechosas para los difuntos. Y el gran Crisóstomo afirma en su comentario a los Filipenses: “Consideremos lo que es útil a los que nos han abandonado; concedámosles el socorro del que tienen necesidad, quiero decir, las limosnas y las ofrendas, pues esto les es de gran provecho, ventaja y utilidad. Así, durante los temibles Misterios, el sacerdote hace memoria de los fieles difuntos. Esta decisión no fue tomada en vano ni fortuitamente, y fue transmitida a la Iglesia de Dios por los tres sabios Apóstoles de Cristo”. Dice incluso: “En las instrucciones que das a tus hijos y a otros herederos de tu familia, que haya un escrito tuyo, con el nombre del juez, y que no falte la memoria de los pobres, y yo seré el testigo”. Atanasio el Grande dice a su vez: “Incluso si alguien que ha muerto piadosamente, se ha disuelto en el aire, no rechaces quemar aceite y cirios ante su tumba, invocando a Cristo nuestro Dios. Pues esto es agradable a Dios y procura una gran recompensa. Si el difunto era un pecador, obtendrás para él la remisión de sus pecados; si era un justo, su recompensa se verá acrecentada. Si por casualidad, era un extranjero sin descendencia y sin nadie para ocuparse de él, entonces Dios, que es justo y ama a los hombres, sostendrá sus necesidades, pues Él ajusta su misericordia a cada situación. El que hace una ofrenda por tales personas, comparte la recompensa, porque ha mostrado caridad por la salvación de su prójimo, así como el que debe cubrir a otro de perfume, se impregna él en primer lugar. El que no cumpla esto, será expuesto al juicio”.
Así pues, con la esperanza de la Segunda Venida de Cristo, toda obra por los difuntos comporta una utilidad, como lo afirman los santos padres, particularmente para los que hayan hecho algún bien mientras estaban entre los vivos. Si la Santa Escritura dice algunas cosas (sobre el tema del castigo) para razonar a la multitud (y esto es necesario), el amor de Dios por los hombres triunfa en una gran medida, pues si la balanza de las buenas y malas acciones está en equilibro, es el amor por los hombres la que vence, si la balanza cuelga un poco más del lado del mal, y así, es la suprema bondad la que la equilibra de nuevo.
Allí todos se encontrarán juntos, ya sea que se conozcan o ya sea que no se hayan visto nunca, como lo dice San Juan Crisóstomo según la parábola del rico y Lázaro. No se reconocerán físicamente, pues todos tendrán la misma apariencia, y los rastros que les son característicos desde el nacimiento desaparecerán. Sin embargo, se reconocerán por el ojo clarividente del alma, como dice San Gregorio el Teólogo en su oración fúnebre por Cesáreo: “Entonces te veré, Cesáreo, amado luminoso”. El gran y célebre Atanasio no habla así en sus enseñanzas al prefecto Antíoco, sino que, en su homilía sobre los difuntos, afirma que hasta la resurrección universal, los santos pueden conocerse mutuamente y regocijarse juntos, contrariamente a los pecadores. Por lo que respecta a los santos mártires, les es concedido ver y observar nuestras acciones. Todos los demás se reconocerán mutuamente cuando sean reveladas las acciones secretas de cada uno.
Las almas de los justos se encontrarán en lugares apropiados; en cuanto a las de los pecadores, están más allá: los primeros se regocijan en la esperanza y los últimos se entristecen en la espera de las desgracias. Pues los santos mismos no han recibido aún los bienes prometidos, como lo dice el santo apóstol: “Porque Dios tenía previsto para nosotros algo mejor, a fin de que no llegasen a la consumación sin nosotros” (Hebreos 11:40). No son todos los que han perecido en los precipicios, el fuego o el mar, o las víctimas de accidentes mortales, del frío o del hambre, los que sufrieron esto por mandato divino; se trata ahí de los juicios de Dios, de los cuales unos se producen por Su benevolencia y otros por Su permiso; otros incluso tienen por fin instruir, amonestar, hacer volver a la razón.
Por su providencia, Dios lo sabe todo, lo conoce todo, y todo sucede según Su voluntad, como lo dice el santo Evangelio a propósito de los perezosos. No es que lo determine todo, salvo en algunos casos, como que uno se ahogue, otro muera, o incluso que uno sea un anciano, mientras que otro sea un niño, pero ha determinado de una vez por todas que habrá un tiempo (limitado) para todos los hombres, así como múltiples tipos de muerte. En el interior del tiempo, se producen diferentes muertes, pero Dios no las determina desde el principio, aunque tenga conocimiento. Según la vida de cada uno, la Providencia divina bosqueja el tiempo y el género de muerte. Aunque San Basilio afirma que existe un plan de vida establecido con antelación, se refiere ahí a las palabras: “Tú eres polvo, y volverás al polvo”. El apóstol, en efecto, escribe a los corintios: “Porque el que come y bebe, no haciendo distinción del Cuerpo del Señor, come y bebe su propia condenación. Por eso hay entre vosotros muchos débiles y enfermos, y muchos que mueren” (1ª Corintios 11:29-30), es decir, que muchos fallecen. Y David: “No te acuerdes de mí en medio de mis días”, y “de la largura de una mano hiciste Tú mis días”; Salomón dice: “Hijo mío, honra a tu padre, a fin de que vivas largamente”, o incluso: “a fin de que no mueras cuando no sea tu momento”. Y en el libro de Job, Dios dice a Elifaz: “Te haría morir si no fuera a causa de mi siervo Job”. Lo cual muestra que no existe límite (Predeterminado) en la vida. Si alguien afirma que hay tal límite, conviene comprender que se trata ahí de la voluntad de Dios. Pues según Su voluntad, añade (años) a uno, recortándolos a otro, dispensando todas las cosas para la utilidad (de cada uno). Y cuando Dios quiere, decide tanto el momento como la forma de la muerte. También “el límite de la vida de cada uno es”, como lo dice el Gran Atanasio, “la voluntad y el deseo de Dios en cierta manera”: “Oh Cristo, tú concedes la sanación en la profundidad de Tus juicios”. Y Basilio el Grande: “Cada muerte sobreviene cuando los límites de la vida son alcanzados, y llamamos límites de la vida a la voluntad de Dios”. Si hay un límite a la vida, ¿por qué razón imploramos a Dios y a los médicos, y rezamos por los hijos?
El alma salida del cuerpo no se preocupa de las cosas de aquí abajo, sino para siempre, de las de allí arriba.
Hacemos memoria de los difuntos al tercer día, porque en este día el hombre cambia de aspecto; el noveno día, porque todo se descompone a excepción del corazón; y al cuadragésimo día, porque el corazón se descompone también. Es justo lo inverso de lo que se observa en el nacimiento, puesto que al tercer día aparece el corazón, al noveno día toma conciencia de la carne y al cuadragésimo día se modela una forma completa.
“Concede, oh Señor, a las almas de los difuntos, un lugar en los tabernáculos de los justos, y ten piedad de nosotros, Tú que eres el único inmortal. Amén”.

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Saturday, July 30, 2016

Sobre la Dormición de la Santa Theotokos ( San Juan de Kronstadt )

 
“Magnifica, oh alma mía, el honorable traslado de la Theotokos, de la tierra al cielo” (Verso de la oda 9ª del canon).
 
Regocijémonos, amados hermanos y hermanas, pues pertenecemos a la santa Iglesia Ortodoxa, y digna y justamente glorifiquemos a la Santa Soberana Theotokos en este eminente día que está por encima de todos los días del año con una especial solemnidad. Existen en la tierra muchas sociedades y gobiernos enteros que no consideran una necesidad ni tampoco una obligación clamar y glorificar a la Reina del cielo y de la tierra, la Madre de nuestro Divino Señor Jesucristo, y a otros santos y ángeles; sirvámosle sumisa y amorosamente, como la verdadera Theotokos. Lamentablemente en Rusia, hoy en día, tenemos herejes (entre nosotros) que deshonran activamente a la Theotokos, a los santos, sus iconos, sus reliquias y sus fiestas. ¡Oh, si glorificaran unánimemente con nosotros a la digna Reina del cielo y de la tierra!.
Hoy, la Santa Iglesia glorifica solemnemente la Dormición o traslado de la Theotokos, de la tierra al cielo. Un maravilloso traslado, pues murió sin una enfermedad seria, murió pacíficamente. Su alma fue alzada en las divinas manos de Su Hijo y llevaba por encima del cielo, en compañía del dulce canto de los ángeles. Y así, su purísimo cuerpo fue llevado por los apóstoles a Getsemaní, donde fue enterrado honorablemente, y al tercer día fue resucitada y llevaba al cielo. Veis esto en el icono de la Dormición de la Theotokos. En él, se representa el cuerpo vivificante de la Theotokos yaciendo en un féretro, rodeado por los apóstoles y jerarcas, y en el centro del icono, el Señor lleva en sus manos la purísima alma de la Theotokos. El traslado de la Theotokos es un paradigma del traslado general de las almas de los cristianos al otro mundo.

Decimos que nuestros difuntos han “dormido” o han “fallecido”. ¿Qué significa esto? Esto significa que para el verdadero cristiano no hay muerte. La muerte fue conquistada por Cristo en la cruz. Pero hay un traslado, es decir, un cambio en su condición, esto es, su alma está en otro lugar, en otro tiempo, en otro mundo más allá de la tumba, es eterna, sin fin, y esto es lo que significa “dormido”. Es como si fuera un sueño temporal tras el cual, por la voz del Señor y el maravilloso sonido de la trompeta del arcángel, todos los muertos vivieran y fueran cada uno a su lugar: o bien a la resurrección de la vida, o a la resurrección de condenación (Juan 5:29). Esto es lo que los cristianos entienden por traslado. Deberíamos estar listos para este traslado, para el día de la resurrección general y del juicio, para este hecho mundial indescriptible, registrado en las Santas Escrituras.
Esta preparación para el encuentro con el Rey celestial ante el temible tribunal, tras la muerte, es esencialmente la preparación de la persona a lo largo de toda su vida. Esta preparación significa un cambio en todos sus pensamientos, y el cambio moral de todo su ser, para que el hombre se purifique y se blanquee como la nieve, lavando todo lo que contamina el cuerpo y el espíritu, para que se adorne con todas las virtudes: arrepentimiento, mansedumbre, humildad, sencillez, simplicidad, castidad, misericordia, abstención, contemplación espiritual y amor ardiente por Dios y el prójimo.
Nuestra preparación para el encuentro con el Rey celestial, y para la heredad de la vida eterna en el cielo, debe consistir en esto. El Rey celestial desea que nuestras almas se adornen con las virtudes inmutables, que nuestras almas se preparen para que el Señor mismo pueda morar en ellas. “Y vendremos a él, y en él haremos morada” (Juan 14:23), dice el Señor sobre las almas que le aman.
Así pues, participad en las fiestas cristianas, y especialmente en la presente fiesta de la Dormición de la Theotokos, vosotros que estáis adornados con todas las virtudes y que sois trasladados al reino celestial, a Su Hijo y Dios, y proclamad a todos acerca de la preparación de las almas para que sean la morada del Señor, acerca del arrepentimiento continuo, y acerca del adorno incorruptible de la virtud cristiana. Que vuestra muerte también sea pacífica y sin vergüenza, y sirva como la promesa de una buena respuesta ante el temible juicio de Cristo. Amén.
 
San Juan de Kronstadt
 

Catecismo Ortodoxo 

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Saturday, July 23, 2016

Así a través de nuestra debilidad humana Dios desmorona los planes de lucha del enemigo . ( San Filofeo de Sinaí )


Así como satanás a través nuestro guerrea contra Dios, en aquello, que nos incita a quebrantar los mandamientos Divinos, y con esto dificulta la realización de Su Voluntad así también Dios a través nuestro destruye los planes de perdición del malo en esto, que nos ayuda a cumplir Su santa voluntad, expresada en Sus Divinos y vivificantes mandamientos. Así a través de nuestra debilidad humana Dios desmorona los planes de lucha del enemigo .

San Filofeo de Sinaí

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Akathisto al Espíritu Santo


Kontaquio I
Venid fieles a celebrar el descenso del Espíritu Santo que el Padre derrama sobre los Apóstoles. El cubre toda la tierra con el conocimiento de Dios haciéndonos dignos de la vida de la gracia y de la gloria del cielo. Él es el que nos santifica y nos permite exclamar:
Ven Espíritu Santo y permanece en nosotros.
Ikos I
Los coros de los ángeles cantan incesantemente en el cielo la gloria del Espíritu Santo, fuente de vida y luz intangible. Glorificamos con ellos al Espíritu de bondad por todos sus beneficios manifiestos u ocultos, y humildemente le suplicamos diciendo:
Ven, luz verdadera y alegría del alma.
Ven, nube de rocío y belleza indescriptible.
Ven y acepta esta ofrenda que se eleva a ti como el incienso.
Ven, Espíritu de verdad al que el mundo no puede recibir.
Ven, y haznos disfrutar con la felicidad de tu efusión. Ven, y alégranos con la abundancia de tus dones.
Ven, y establece tu morada entre nosotros.
Ven Espíritu Santo y permanece en nosotros
Kondaquio II
El Espíritu Santo descendió sobre los Apóstoles como lenguas de fuego, luz radiante y aliento poderoso, llenándolo todo de alegría. Entonces el antiguo pescador, lleno de su fuego llamó a todo el orbe a la Iglesia de Cristo. Soportando las vicisitudes con alegría y enfrentándose sin temor a la muerte violenta, los Apóstoles propagaron por todo el mundo el Evangelio por lo que cantamos diciendo:¡Aleluya!
Ikos II
Te bendecimos, Dios Espíritu Santo, porque te has derramado como fuego y rocío sobre los Apóstoles en la cámara alta de Sión. Vierte también la copa de tu sabiduría sobre los que te decimos:
Ven, santificador y protector de la Iglesia.
Ven y concede a los fieles un solo corazón y una sola alma.
Ven y transforma nuestra piedad fría y estéril.
Ven y disipa la oscuridad de la herejía, el ateismo y la masonería que se están extendiendo sobre la tierra.
Ven y se nuestro guía en el camino de la vida recta y piadosa.
Ven y edúcanos en la única Verdad
Ven sabiduría inaccesible para los sabios de este mundo.
Ven Espíritu Santo y permanece en nosotros
Kondaquio II
Oh misterio insondable, Espíritu de Dios Creador que formaste de la nada la belleza celestial, los órdenes angélicos y el cortejo de las estrellas brillantes. Uniste en una maravillosa unión la carne y el espíritu creando al hombre. Por ello todo ser que alienta te eleva esta alabanza: ¡Aleluya!
Ikos II
Espíritu eterno, has dado vida a todo y a todos y de ti surgió toda la belleza de la creación, desde las altas montañas a los profundos abismos. Asombrados por tu grandeza te cantamos junto a todas las creaturas diciendo:
Ven a nosotros, y llénanos de tu sabiduría.
Ven, pues Tú eres la hermosura tanto de la pequeña flor como de las estrellas lejanas.
Ven, diversidad de la indescriptible belleza eterna.
Ven y disipa la oscuridad del caos de mi alma.
Ven y transfigura mi pobre existencia con tu poder creador.
Ven y enséñame a cumplir en todo tu santa voluntad.
Ven y recréanos en Cristo.
Ven Espíritu Santo y permanece en nosotros
Kondaquio IV
Espíritu lleno de infinita bondad, Tú descendiste sobre la Virgen purísima, fecundando su seno purísimo y llenándola del esplendor inaccesible de Dios, haciéndola Madre del Logos, Reina de los ángeles y Fuente de nuestra salvación. Llenaste a los Profetas y Apóstoles de una fuerza sobrenatural, llenando sus corazones de la belleza celestial y dando a sus palabras una pasión ardiente que atrajera a los hombres a Dios. Llenos de este celo que convierte a los pecadores te cantamos diciendo: ¡Aleluya!
Ikos IV
Por el Espíritu Santo vivimos y existimos y en la última hora de este siglo, nos levantaremos por su poder para entrar en la Resurrección. Consejero lleno de bondad, en aquel terrible momento levántanos de nuestras tumbas, no para ser condenados sino para alegrarnos junto a los Santos y junto a nuestros padres y hermanos. Pidiendo esta gracia, suplicantes te decimos:
Ven y líbranos de la muerte espiritual.
Ven y en la hora de nuestra agonía permite podamos saciarnos con el Cuerpo y la Sangre de nuestro Salvador.
Ven y concédenos llegar a nuestra última hora con una conciencia pura y así poder tener una muerte santa.
Ven y concédenos despertar de la muerte y encontrarnos con la Luz verdadera.
Ven y haznos dignos de entrar en el gozo eterno.
Ven y concédenos la incorruptibilidad espiritual.
Ven e ilumínanos transformando nuestro cuerpo mortal en inmortal.
Ven Espíritu Santo y permanece en nosotros
Kondaquio V
Habiendo escuchado tus divinas palabras que nos dicen: “El que tenga sed que venga a mí y beba” te suplicamos, oh Hijo de Dios y Salvador nuestro, que sacies nuestra sed espiritual y nos des el agua viva del Espíritu Santo. Vierte en nosotros el Río de la Gracia para que llenos de amor podamos cantar: ¡Aleluya!
Ikos V
Espíritu Santo y eterno, incorruptible e increado, protección de los justos y purificación de los pecadores, líbranos de toda impureza para que llenos de la luz de tu gracia podamos decirte:
Ven y concédenos el don de las lágrimas para poder llorar nuestros pecados.
Ven y enséñanos a adorar al Padre en espíritu y verdad. Ven, Verdad sublime y elimina las dudas de nuestro débil intelecto.
Ven, Tesoro de bienes, y darnos el tesoro de la pobreza de espíritu.
Ven, Dador de bienes, y restablece la frescura en tu criatura agotada.
Ven, Luz eterna, y disipa los terrores nocturnos de los demonios.
Ven, Alegría sin fin, y haz que olvidemos nuestras penas.
Ven Espíritu Santo y permanece en nosotros
Kondaquio VI
Alégrate, Hija de la luz, Sión madre nuestra, Novia adornada con tus joyas, Iglesia de Cristo, llena del Espíritu Santo que concede la fuerza a los confesores de la Ortodoxia, cura nuestras enfermedades, da vida a los muertos y conduce a la vida eterna a los que exclamamos llenos de alegría: ¡Aleluya!
Ikos VI
En medio de todos los problemas y peligros de este mundo, ¿Quién nos consolará? Espíritu divino, haz que desaparezcan nuestras penas, intercede por nosotros con gemidos inefables e ilumina los corazones de los que te dicen:
Ven, dulce frescura de los que penamos bajo la carga de nuestros pecados.
Ven, compañero de los cautivos y apoyo de los perseguidos.
Ven y ten piedad de los que sufren a causa de la pobreza y el hambre.
Ven y cura las pasiones de nuestro cuerpo y alma.
Ven y sacia la sed de nuestras almas con tu claridad.
Ven y acompáñanos en nuestras pruebas llenándonos de esperanza y de la alegría divina.
Ven Espíritu Santo y permanece en nosotros
Kondaquio VII
“El que blasfeme contra el Espíritu Santo, no será perdonado ni en este mundo, ni en el futuro” dice el Señor. Escuchar estas terribles palabras nos llenan de temor por aquellos que son condenados. No permitas, oh Espíritu divino, que aceptemos las malignas palabras y que caigamos en el cisma y en la herejía. No nos permitas caer en el ateísmo ni en cualquier otro error. Antes bien permítenos cantar dentro del seno de tu santa Iglesia Ortodoxa diciendo: ¡Aleluya!
Ikos VII
Cuando el Espíritu Santo se apartó de Saúl, el terror y la angustia se instalaron en él y cayó en la desesperación. Los momentos de desaliento y dificultad llegan a aquéllos que se encuentran lejos de ti. Ayúdame a invocarte sin temor desterrando la timidez de mi alma para que así pueda cantarte:
Ven y aparta de mí la impaciencia y las murmuraciones.
Ven y protégeme de las maquinaciones de los espíritus malignos que tratan de perturbar mi alma.
Ven y calma la tormenta de la angustia.
Ven y aparta de nosotros a aquellos que nos amargan la vida.
Ven y endulza nuestros corazones cuando estemos airados.
Ven y ayuda a los que andan encorvados por el peso de su cruz.
Ven y danos el espíritu de contrición necesario para la salvación de nuestra alma.
Ven Espíritu Santo y permanece en nosotros
Kondaquio VIII
Dios Padre celestial, espiritualmente somos pobres y estamos enfermos, ciegos y desnudos. Necesitamos ser purificados como el oro en el crisol. Cubre nuestra desnudez y sana nuestros ojos ungiéndolos con el bálsamo de tu Espíritu Santo, que su gracia purifique nuestras almas para que regenerados podamos cantar: ¡Aleluya!
Ikos VIII
Oh Espíritu Santo, en medio de la confusión reinante entre los hombres, concédeme humildad para poder reconocer mis pecados y caídas y reconocer mi debilidad y el gran vacío existente en mi alma. Sin ti no podemos hacer nada y es por tu gracia que esperamos ser salvados. Por ellos te decimos:
Ven, pues sólo contigo podemos dirigir nuestra vida con sabiduría.
Ven y muéstranos tus caminos insondables.
Ven y se la lámpara que ilumine nuestras vidas
Ven y bendice cada una de nuestras buenas acciones.
Ven e ilumina nuestro espíritu en los momentos de duda.
Ven y concede a los hombres el don del arrepentimiento para eliminar las tribulaciones que nos amenazan.
Ven Espíritu Santo y permanece en nosotros
Kondaquio IX
“Tanto amó Dios al mundo, que nos envió a su Hijo único” El se encarnó por el Espíritu Santo en el seno de la Virgen; el que creo el universo extendió voluntariamente sus brazos en la Cruz y con su sangre nos ha rescatado del pecado y la muerte. Toda la creación, a la espera de la gloriosa libertad de los hijos de Dios, eleva himnos de gratitud al Padre que nos ama infinitamente, al Hijo nuestro Salvador, y al Espíritu Santificador, diciendo: ¡Aleluya!
Ikos IX
El Espíritu Santo descendió sobre Cristo en forma de una paloma en el Jordán y de igual manera descendió sobre mí cuando fui introducido en la fuente bautismal. Sin embargo, la oscuridad de mis pecados ha oscurecido mi belleza. Ahora camino en medio de la noche tenebrosa en espera del rayo de luz que me traiga el amanecer.
Ven a mí que he recibido tu sello temible.
Ven y libra mi mente de la tribulación de las tentaciones.
Ven a renovar mi vida y a librarme de la esclavitud del pecado
Ven y disipa el espanto de la oscuridad.
Ven y enséñame a sentir compasión ante las desgracias de los demás.
Ven y ayúdame a amar a mi prójimo.
Ven y hazme consciente de la alegría de la salvación.
Ven Espíritu Santo y permanece en nosotros
Kontaquio X
El Espíritu Santo es el que ilumina la vida eterna, es El quien inspira a los mártires, consagra a los sacerdotes, corona a los justos y transforma el pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre del Señor. El nos impulsa a perdonar el sufrimiento que nos causan nuestros enemigos y cuida de todos los que lo invocan diciendo: ¡Aleluya!
Ikos X
¿Quién nos separa del amor de Dios, la miseria, la angustia, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada? Incluso si lo perdiéramos todo, tenemos un tesoro en el cielo inagotable. Concédenos, oh Señor, amar no sólo con palabras, si no con nuestros trabajos y el esfuerzo de toda nuestra vida y salva a los que te decimos:
Ven Espíritu Santo Todopoderoso y aumenta en nosotros el don precioso de la fe.
Ven y aviva en nosotros el deseo de la oración.
Ven y haz arder nuestros corazones con el fuego de tu amor.
Ven y danos fortaleza para poder enfrentarnos al error y para poder resistir las persecuciones y escarnios.
Ven y presérvanos de las tentaciones.
Ven y llena de vida nuestros corazones con el rocío de tu gracia.
Ven, santifícanos, presérvanos y fortalécenos.
Ven Espíritu Santo y permanece en nosotros
Kondaquio XI
Lo que el Profeta dijo una vez el Señor lo ha cumplido:”En los últimos días, derramaré mi espíritu sobre toda carne y vuestros hijos e hijas profetizarán, los jóvenes tendrán visiones y los ancianos sueños” Oh Espíritu Santo, danos tu consuelo, al menos las migajas que caen de la mesa de tus hijos, a nosotros que te cantamos diciendo: ¡Aleluya!
Ikos XI
Así como no se puede esconder el resplandor del relámpago, tampoco se puede ocultar el resplandor de la Revelación que transforma nuestra frágil naturaleza divinizándola. Haznos dignos de la misma, oh Divino Consejero, para que podamos cantarte:
Ven, Tú que nos haces partícipes de la luz de la divinidad.
Ven, Tú que nos permites contemplar anticipadamente la gloria de la Trinidad.
Ven, Fuente de agua viva que enfría el ardor de las pasiones.
Ven, porque lejos de ti no hay felicidad ni descanso.
Ven, pues haces presente en medio de nosotros el Reino de los Cielos.
Ven, Tú que alientas toda la Creación. Ven y sella nuestra alma con tu gracia.
Ven Espíritu Santo y permanece en nosotros
Kondaquio XII
Oh Espíritu Santo, inagotable río de la Gracia que limpia con el perdón nuestros pecados, recibe nuestras oraciones por los cismáticos, los herejes, los ateos y todos aquellos que se han apartado del seno de tu Santa Iglesia Ortodoxa. Ilumina sus corazones y condúcelos a todos al redil de Cristo, purifícalos con el fuego de tu amor de manera que puedan cantar con nosotros: ¡Aleluya!
Oh Espíritu Santo, acompáñame y asísteme durante toda mi presente vida, para que cuando llegue el momento de dejarla pueda partir sin temor a la Jerusalén celeste, donde no hay ni dolor, ni tristeza, ni llanto. Permíteme participar de la alegría de los justos y cantar junto a los coros de los ángeles. Que pueda contemplar la gloria del Señor en medio de sus elegidos. Rey Celestial, Espíritu Santo infunde en nosotros tus dones y llena de ellos a los que te decimos:
Ven Bondadoso, y despierta en nosotros la sed de la vida futura.
Ven y mueve nuestras almas con la esperanza de la vida en el siglo de la verdad.
Ven y revélanos la bondad de las promesas futuras.
Ven y revístenos del manto blanco como la nieve.
Ven y llénanos del resplandor de la Divinidad.
Ven y concédenos la gracia de poder participar en las Bodas de Cordero.
Ven y haznos dignos de reinar en tu gloria eterna
Ven Espíritu Santo y permanece en nosotros
Kondaquio XIII .  se repite 3 veces.
Oh fuente de amorosa luz que nos salva, Vivificador Espíritu, infunde tu aliento en aquellos que han caído en la iniquidad. Por tu poder insondable acelera la destrucción del mal y revela el eterno triunfo de la Verdad divina. Que Dios sea todo para todos y que todas las criaturas, en el cielo y en la tierra proclamen: ¡Aleluya, aleluya, aleluya!
Oh fuente de amorosa luz que nos salva, Vivificador Espíritu, infunde tu aliento en aquellos que han caído en la iniquidad. Por tu poder insondable acelera la destrucción del mal y revela el eterno triunfo de la Verdad divina. Que Dios sea todo para todos y que todas las criaturas, en el cielo y en la tierra proclamen: ¡Aleluya, aleluya, aleluya!
Oh fuente de amorosa luz que nos salva, Vivificador Espíritu, infunde tu aliento en aquellos que han caído en la iniquidad. Por tu poder insondable acelera la destrucción del mal y revela el eterno triunfo de la Verdad divina. Que Dios sea todo para todos y que todas las criaturas, en el cielo y en la tierra proclamen: ¡Aleluya, aleluya, aleluya!
Ikos I
Los coros de los ángeles cantan incesantemente en el cielo la gloria del Espíritu Santo, fuente de vida y luz intangible. Glorificamos con ellos al Espíritu de bondad por todos sus beneficios manifiestos u ocultos, y humildemente le suplicamos diciendo:
Ven, luz verdadera y alegría del alma.
Ven, nube de rocío y belleza indescriptible.
Ven y acepta esta ofrenda que se eleva a ti como el incienso.
Ven, Espíritu de verdad al que el mundo no puede recibir.
Ven, y haznos disfrutar con la felicidad de tu efusión. Ven, y alégranos con la abundancia de tus dones.
Ven, y establece tu morada entre nosotros.
Ven Espíritu Santo y permanece en nosotros
Kontaquio I
Venid fieles a celebrar el descenso del Espíritu Santo que el Padre derrama sobre los Apóstoles. El cubre toda la tierra con el conocimiento de Dios haciéndonos dignos de la vida de la gracia y de la gloria del cielo. Él es el que nos santifica y nos permite exclamar:
Ven Espíritu Santo y permanece en nosotros.

                                  Catecismo Ortodoxo

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