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Thursday, June 21, 2018

El que siempre desea a Dios, ese lo ve. ( San Juan Damasceno )

El que siempre desea a Dios, ese lo ve. En todo, pues, está Dios: pues los entes están ligados a El-que-es y no existe algún ser si no tiene el ser en El-que-es, porque, por una parte, Dios se ha mezclado a todo como contenedor de la naturaleza, mas por otra, por su Santa Carne, Dios-Palabra se unió y mixturó, según sustancia, inconfusamente a lo nuestro. Nadie ve al Padre sino el Hijo y el Espíritu.


San Juan Damasceno, en “De fide orthodoxa”, I 13.
 
Catecismo Ortodoxo
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Sunday, December 3, 2017

SAN JUAN DAMASCENO ( Diciembre 4 )

Después de que la gran ciudad de Damasco, metrópoli de Siria, cayó ante los musulmanes en el año 635, los cristianos fueron sometidos a muchas desventajas y a pagar tributos a sus dominadores árabes. En el tiempo del Califa Abedul – Malek (685–705), todo lo que tuviera que ver con la población cristiana, era responsabilidad de Sergio Mansur, quién gozaba de la confianza del Califa y venía de una de las familias dominantes cristianas de la ciudad. Alrededor del año 675 nació un hombre sincero y temeroso de Dios, nuestro Santo Padre Juan, “el Arpa del Espíritu Santo”. Desde su infancia fue educado para entender lo grandioso de las virtudes de la limosna y para hacer actos de amor y caridad, debido a que su padre dedicó su riqueza para rescatar y liberar a los prisioneros cristianos. Juan creció e incrementó su sabiduría junto con su hermano Cosme (c.f. 14 oct.) quien habiendo perdido a sus padres, fue adoptado por Sergio. La educación de los niños fue confiada al monje Cosme, un erudito italiano que Sergio había rescatado de los árabes. Cosme los instruyó en filosofía y en todas las ramas del saber de su tiempo. Su viva inteligencia y su modesto comportamiento les permitió tener un rápido progreso, sobresaliendo especialmente en el arte de la poesía y la música; así, al cabo de unos años, su maestro reconoció que no tenía más que enseñarles y obtuvo el permiso de su padre para retirarse a la Lavra de San. Saba, donde deseaba terminar sus días.
Con un perfecto conocimiento del árabe así como del griego, Juan se unió a su padre en la administración, probando que era muy capaz, por lo que después de la muerte de Sergio, fue nombrado como su sucesor por el Califa Walid (705 – 15 ).
Cuando Leo III el Saurio (717 – 41 ) comenzó a atormentar a la Iglesia Cristiana en el Imperio Romano atacando la piadosa veneración de los santos iconos, San Juan lanzó una defensa vigorosa de la fe a través de sus muchas cartas que escribió en Damasco a sus corresponsales en el Imperio, estableciendo las bases teológicas de la veneración de los santos iconos como ha sido encontrado en las sagradas escrituras y en los escritos de los Santos Padres. De esta manera, Juan atrajo el odio de Leo, quién intento deshacerse de él por medio de una carta falsa en la cual Juan aparentemente le escribía al emperador sugiriéndole que se apoderara de Damasco. La carta fue mostrada al Califa quién estando furioso le ordeno a su consejero que lo privara de su mano derecha. Esa misma tarde Juan colocó su mano cortada ante el icono de la Madre de Dios y por varias horas le suplico con lágrimas a la Soberana del Mundo que le regresara su mano. Cayendo en un sueño ligero vio venir a la vida al icono y oyó que la Santa Madre lo consolaba. Al despertar se maravilló con la restitución de su mano derecha y a partir de ese momento hizo votos para dedicarse a alabar a la Madre de Dios y de Nuestro Salvador, y a defender la Santa Fe Ortodoxa. Renunció a su posición en la administración, distribuyó su fortuna y partió hacia Jerusalén con Cosme para ordenarse monje en San Saba.
El Abad de la Lavra puso a Juan bajo el cuidado de un Anciano experimentado en la virtud, áspero y demandante, quién le prohibió todo lo que tuviera que ver con filosofía, ciencias, poesía, cantos o lecturas, y le ordenó se dedicara a él mismo sin quejarse de las tareas domésticas a fin de avanzar en la obediencia y humildad. Un día, sin embargo, pese a la prohibición de su Padre Espiritual, Juan se conmovió por las suplicas de alguien que había perdido a su padre y compuso para su consuelo un himno que se usa hasta nuestros días. Cuando su Padre Espiritual oyó de este acto de desobediencia le pidió a Juan que recogiera a mano toda la basura de la Lavra, lo cual hizo sin replicarle ni una palabra. Pero varios días después, la Madre de Dios se le apareció al Anciano y le pidió que desde entonces dejase a su discípulo componer himnos y poemas, los cuales podrían superar a los Salmos de David y las Odas de los Santos Profetas dada su belleza y dulzura
Juan, inspirado por el Espíritu Santo, como el dulce sonido de un arpa, dio voz, con intachable armonía a un gran numero de himnos que expresan la mas honda percepción teológica del Padre de la Iglesia: Escribió el canon que cantamos en pascua y compuso la mayor parte del Octoechos de la Resurrección; también es autor de los maravillosos cánones y las sublimes homilías de muchas fiestas del Señor, de la Madre de Dios y de los Santos.
Además sus dones poéticos, Dios también le dio la gracia de la expresión teológica. Sin añadir nada a los dogmas y a las doctrinas expresadas por los primeros padres como Gregorio el Teólogo, Basilio el Grande, Juan Crisóstomo, Gregorio de Niza y Máximo el Confesor, San Juan Damasceno, en un trabajo de tres partes titulado “La Fuente del Conocimiento”, parte de la esencia de la fe Cristiana con una claridad concisa y maravillosa de expresión, que el trabajo entero puede ser considerado como el sello y la gloria máxima de la gran era Patrística. La tercera sección de “Sobre la Fe Ortodoxa” es un excepcional acontecimiento en la tradición cristiana, y, para los cristianos ortodoxos, es la fuente mas fidedigna en todo lo concerniente a los dogmas de la Fe. Juan muestra los errores de las herejías que desvían a diestra y siniestra la sana doctrina del camino real, que conduce a los cielos, especialmente en sus contribuciones a la lucha contra los iconos. En tres largos tratados, compuestos entre el 726 y el 730, claramente indicó los profundos planos teológicos y la necesidad de veneración de los santos iconos y reliquias, esto es una proclamación de la realidad de la encarnación del Hijo de Dios y de la edificación de nuestra naturaleza en la persona de los Santos. Habiendo adquirido verdadera sabiduría a través de la humildad y firmeza en las labores ascéticas, éste filósofo del Espíritu Santo se quedo dormido en la paz del señor el 4 de Diciembre de 749 (o 753). La cueva donde paso algún tiempo como anacoreta es venerada hasta el día de hoy en el Monasterio de San Saba.

Catecismo Ortodoxo 

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Saturday, October 22, 2016

San Juan Damasceno - Sobre el Islam.

La fuente del Conocimiento,

Libro II (“Sobre las Herejías”)

San Juan Damasceno.

101. Existe también la superstición de los ismaelitas que permanece hasta nuestros días y encierra a la gente en el error, y que es precursora del Anticristo. Ellos descienden de Ismael, nacido de Agar a Abraham, y por esta razón son llamados tanto agarenos como ismaelitas. También son llamados sarracenos, lo cual deriva de Sarra Kenoi o destituidos de Sara, a causa de lo que Agar le dijo al ángel: “Sara me ha destituido.”1 Éstos solían ser idólatras y adoraban al lucero del alba y a Afrodita, a quien en su propia lengua llamaban Khabir (¿Khabar?), lo que significa grande.”2 Y así que hasta el tiempo de Heraclio fueron enormes idólatras. Desde aquel tiempo hasta la actualidad un falso profeta llamado Mahoma se ha aparecido en medio de ellos. Este hombre, después de haberse topado con el Antiguo y Nuevo Testamento y, asimismo, según parece, después de haber conversado con un Monje arriano3, ideó su propia herejía. Entonces, habiéndose ganado la simpatía de la gente por una muestra de aparente piedad, anunció que cierto libro le había sido bajado del cielo. Había dejado por escrito algunas composiciones ridículas en este libro suyo y se lo dio a la gente como objeto de veneración.

 

Dijo que hay un solo Dios, Creador de todo, que no ha sido engendrado ni ha engendrado4. Dijo que Cristo es el Verbo de Dios y su Espíritu, pero una creatura y siervo, y que ha sido engendrado, sin simiente, de María, hermana de Moisés y Aarón5. “Pues –dijo– el Verbo y Dios y el Espíritu entraron en María y ella dio a luz a Jesús, que fue profeta y siervo de Dios. Y dijo que los judíos querían crucificarlo en violación de la Ley, y que se apoderaron de su sombra y a ésta crucificaron. Pero Cristo mismo –dijo– no fue crucificado ni murió, porque Dios por su amor a Él lo tomó consigo al cielo 6. Y dijo esto, que cuando Cristo hubo ascendido al cielo, Dios le preguntó: “Oh Jesús, tú dijiste: ¿‘Yo soy el Hijo de Dios y Dios’?” Y Jesús dijo, respondiéndole: “Sé misericordioso conmigo, Señor. Tú sabes que no dije eso y que no menosprecio ser tu siervo. Pero los hombres pecadores han escrito que yo realicé esta declaración, y han mentido sobre mí y han caído en el error. Y Dios le respondió y le dijo: “Yo sé que no dijiste esta palabra.”7 Hay muchas otras cuestiones extraordinarias y bastante ridículas en su libro de las que se jacta de que Dios fue quien se las mandó. Pero cuando preguntamos: ‘¿Y quién hay para testificar que Dios le dio el libro? ¿Y cuál de los profetas predijo que tal profeta se levantaría?’, están perdidos, se quedan sin palabras. Y remarcamos que Moisés recibió la Ley en el Monte Sinaí, con Dios apareciéndose a la vista de toda la gente en la nube, el fuego, la oscuridad y la tormenta. Y decimos que todos los profetas desde Moisés en adelante predijeron la venida de Cristo y cómo Cristo Dios (e Hijo de Dios encarnado) había de venir y ser crucificado, muerto y resucitado, y cómo había de ser el juez de los vivos y los muertos. Entonces, cuando decimos: ‘¿Cómo es que este profeta de vosotros no vino de la misma manera, con los demás anteriores dando testimonio de él? ¿Y cómo es que Dios no presentó en vuestra presencia a este hombre con el libro al cual se refieren, siquiera como Él entregó la Ley a Moisés, con la gente mirando y la montaña que humeaba, para que vosotros también tuvierais certeza?’ –Ellos responden que Dios hace lo que le place. ‘Esto’, nosotros decimos, ‘lo sabemos, pero estamos preguntando cómo llegó el libro a vuestro profeta.’ Entonces contestan que le llegó cuando estaba dormido. Entonces en tono de broma les decimos que como recibió el libro mientras dormía y no percibió realmente la maniobra, entonces el adagio popular se aplica a él (el cual postula: Me estás contando los sueños)8.

Cuando preguntamos nuevamente: “Cómo es que cuando nos ordena en este libro de vosotros no hacer nada o no recibir nada sin testigos, no le preguntáis: ‘Primero muéstranos tú por testigos que eres un profeta y que has venido de Dios, y muéstranos sólo lo haya en las Escrituras que testifique sobre ti”- se avergüenzan y se quedan callados. [Entonces continuamos:] ‘Aunque no podáis casaros con esposa sin testigos, o comprar o adquirir propiedades; aunque tampoco podáis recibir un burro ni poseer una bestia de carga sin testificar, y aunque poseáis tanto esposas como propiedad, asnos y así sucesivamente a través de testigos, sin embargo es sólo vuestra fe y vuestras escrituras lo que tenéis no corroborado por testigos. Pues el que entregó esto a vosotros no tiene garantía de ninguna fuente, ni hay alguien conocido que testifique sobre él antes que viniera. Por el contario, lo recibió mientras dormía’.

 

Por otra parte nos llaman heteristas o asociadores, porque dicen que le introducimos un socio a Dios por declarar a Cristo el Hijo de Dios y Dios. Nosotros les decimos en respuesta: ‘Los profetas y las Escrituras nos han entregado esto, y vosotros, como persistentemente sostenéis, aceptáis a los profetas. Por tanto, si erróneamente declaramos que Cristo es el Hijo de Dios, es porque ellos fueron los que nos lo enseñaron y nos lo entregaron’. Pero algunos de ellos dicen que es por mal interpretación que hemos representado a los profetas diciendo tales cosas, mientras que otros dicen que los hebreos nos odiaban y nos engañaban escribiendo en nombre de los profetas para que nos perdiéramos. Y otra vez les decimos: ‘Mientras que vosotros decís que Cristo es el Verbo de Dios y su Espíritu, por qué nos acusáis de ser heteristas? Pues la palabra y el espíritu son inseparables de aquel en el que naturalmente existen. Por consiguiente, si el Verbo de Dios es en Dios, entonces es obvio que Él es Dios. Si, empero, está fuera de Dios, entonces, según vosotros, Dios es sin palabra y sin espíritu. En consecuencia, por evitar la introducción de un socio a Dios, vosotros lo habéis mutilado. Sería mucho mejor para vosotros decir que Él tiene un socio en vez de mutilarlo, como si estuvierais tratando con una piedra, un pedazo de madera o algún otro objeto inanimado. Por ende, vosotros habláis faltando a la verdad cuando nos llamáis heteristas; nosotros retrucaremos llamándoos mutiladores de Dios’.

 

Además nos acusan de ser idólatras porque veneramos la Cruz, que ellos abominan. Y nosotros les respondemos: ‘¿Cómo es, entonces, que os frotáis contra una piedra en vuestra Ka’ba9, la besáis y abrazáis?’ Entonces, algunos de ellos dicen que Abraham tuvo relaciones con Agar sobre ella, pero otros dicen que amarró el camello a ella, cuando estaba yendo a sacrificar a Isaac. Y nosotros les respondemos: ‘Puesto que la Escritura dice que la montaña era arbolada y tenía árboles de los que Abraham cortó madera para el holocausto y que la puso encima de Isaac10, y entonces dejó los asnos detrás con los dos hombres jóvenes, ¿por qué habláis sin sentido? Pues aquel lugar tampoco está lleno de árboles ni hay paso para asnos’. Y se avergüenzan; pero aún así afirman que la piedra es de Abraham. Entonces decimos: ‘Dejemos que sea de Abraham, como vosotros tontamente decís. Entonces, sólo porque Abraham tuvo relaciones con una mujer sobre ella o amarró su camello a ella, vosotros no os avergonzáis de besarla, mas nos culpáis por venerar la Cruz de Cristo por la cual el poder de los demonios y el engaño del diablo fueron destruidos’. Esta piedra de la que ellos hablan es una cabeza de aquella Afrodita a la que solían adorar y que llamaban Khabar. Hasta la actualidad, los rastros de la escultura son visibles en ella para los observadores cuidadosos.

 

Como se ha relatado, este Mahoma escribió muchos libros ridículos, a cada uno de los cuales les puso título. Por ejemplo, hay un libro Sobre la mujer11, en el que explícitamente hace legal la provisión de tomar cuatro esposas, y, si fuera posible, un millar de concubinas –tantas como uno pueda mantener, además de las cuatro esposas–. También hizo legal repudiar a cualquier esposa que se deseara [repudiarla], y en tal caso debería desearse tomar para sí otra del mismo modo. Mahoma tenía un amigo llamado Zeid. Este hombre tenía una hermosa esposa de la que Mahoma se enamoró. Una vez, cuando se sentaron juntos, Mahoma dijo: ‘Oh, por cierto, Dios me ha ordenado tomar a tu esposa’. El otro respondió: ‘Tú eres un apóstol. Haz como Dios te ha dicho y toma a mi esposa’. Antes –para contar la historia desde el principio– le dijo: ‘Dios me ha dado la orden de que repudies a tu esposa’. Y él la repudió. Entonces, muchos días después: ‘Ahora’, dijo, ‘Dios me ha ordenado tomarla.’ Entonces, después de haberla tomado y cometer adulterio con ella, hizo esta ley: ‘Déjalo que repudie a su esposa. Y, si después de haberla repudiado, él desea retornar con ella, deja que otro se case con ella. Pues no es lícito tomarla a menos haya sido casada con otro. Además, si un hermano repudia a su esposa, deja que su hermano se case con ella si así lo desea.’12

 

En el mismo libro (Sobre la Mujer) da preceptos tales como éste: ‘Trabaja (¿labra/ara?) la tierra que Dios te ha dado y embellécela. Y hazlo, y hazlo de tal manera13. No repetir todas las cosas obscenas que hizo.

A continuación está el libro de El camello de Dios14. Sobre este camello hembra dice que había un camello de Dios que se bebió el río entero y no podía pasar entre dos montañas, porque no había espacio suficiente. Dice que había gente en aquel lugar que solía beber el agua un día, mientras el camello bebía al [día] siguiente. Además, por beber el agua, los proveía de alimento, ya que les suministraba leche en vez de agua. Entonces, a causa de que estos hombres eran malos, se rebelaron y mataron al camello. Sin embargo, éste tenía una cría, un camello pequeño, que –prosigue Mahoma– cuando se deshicieron de la madre, invocó a Dios y Dios lo tomó consigo. Entonces nosotros les decimos: ‘¿De dónde vino ese camello?’ Y ellos dicen que de Dios. Entonces decimos: ‘¿Hubo otro camello vinculado a éste?’ Y ellos dicen: ‘No.’ ‘Entonces’ –decimos nosotros–, ‘¿cómo fue engendrado? Porque vemos que este camello vuestro no tiene padre, ni madre, ni genealogía, y que aquel que lo engendró padeció el mal. Tampoco es evidente quién lo creó. Y también, este camello pequeño fue llevado arriba. Así que, ¿por qué vuestro profeta, a quien, según lo que vosotros decís, Dios le habló, no averiguó sobre dónde había pastado el camello y quién recibió leche por ordeñarlo? ¿O, posiblemente, al igual que su madre, se encontró con la gente malvada y fue aniquilado? ¿O entró en el paraíso antes que vosotros, para que pudierais tener el río de leche del que muy tontamente hablan? Porque decís que tenéis tres ríos fluyendo en el paraíso, uno de agua, uno de vino y uno de leche. Si vuestro predecesor el camello está fuera del paraíso, es obvio que se ha secado por el hambre y la sed, o que otros tienen el beneficio de su leche, y así que vuestro profeta se jacta vanamente de haber conversado con Dios, porque Dios no le reveló el misterio del camello. Pero si está en el paraíso, bebe agua todavía, y vosotros por falta de agua os secaréis en medio del paraíso del deleite (placer). Si no habiendo agua a causa de que el camello se haya bebido toda, tenéis sed del vino del río de vino que fluye, os intoxicaréis por beber vino puro, colapsaréis bajo la influencia de la fuerte bebida y os quedaréis dormidos. Entonces, padeciendo un pesado dolor de cabeza después de dormir y estando descompuestos por el vino, extrañaréis los placeres del paraíso. ¿Cómo, entonces, no entró en la mente de vuestro profeta que esto podría ocurriros a vosotros en el paraíso del deleite (placer)? Nunca tuvo la menor idea de a lo que ahora conduce el camello, y ni siquiera se lo preguntasteis, cuando no os paraba de hablar de sus sueños sobre el asunto de los tres ríos. Lisa y llanamente os aseguramos que el maravilloso camello de vosotros os ha precedido en las almas de los asnos, a donde también vosotros, tal como las bestias, estáis destinados a ir. Y allí están las tinieblas exteriores y el castigo eterno, el fuego ardiente, los gusanos que no duermen y los demonios infernales’.

 

Por otra parte, en el libro de La mesa, Mahoma dice que Cristo le preguntó a Dios por una mesa y que ésta le fue dada a Él. Pues Dios –dice Mahoma– le dijo: ‘Te la he dado y la tuya es una mesa incorruptible’15

 

Y en otra ocasión, en el libro de La vaquillona16, dice otras cosas estúpidas y ridículas, las que, por causa de su gran número, pienso que no deben ser tomadas en cuenta. Hizo una ley para que sean circuncidados (también las mujeres) y les ordenó no guardar el Sabbath ni bautizarse. Y, mientras que les ordenó comer algunos alimentos prohibidos por la Ley, les ordenó abstenerse de otros. Además, prohibió el consumo del vino.

Notas:

1. Cf. Gen. 16.8. Sozomen también dice que descendían de Agar, pero autodenominándose descendientes de Sara para ocultar su origen servil (Historia Eclesiástica 6, 38. Pág. 67.1412AB).

 

2. Kabirun en árabe significa ‘grande,’ ya sea en tamaño como en dignidad. Herodoto menciona el culto arábigo a la “Afrodita celestial”, pero dice que los árabes la llamaban Alilat (Heredoto 1,131).

 

3. Éste puede ser el Monje nestoriano Bahira (Jorge o Sergio) que conoció al muchacho Mahoma en Bostra de Siria y afirmó reconocer en él la señal de un profeta.

4. Corán, Sura 112.

5. Sura 19, 4-169.

6. Sura 4, 156.

7. Sura 5.116ff.

8. Los manuscritos no contienen el adagio, pero Lequien sugiere éste de Platón.

9. La Ka’ba, llamada ‘la casa de Dios’, se supone construida por Abraham con la ayuda de Ismael. Ésta ocupa lo que los musulmanes consideran el sitio más sagrado de la mezquita de La Meca y de todo el mundo. Incorporada a su muralla está la piedra aquí referida, la famosa Piedra Negra, que obviamente es una reliquia de la idolatría de los árabes preislámicos.

10. Gen. 22.6.

11. Corán, Sura 4.

12. Cf. Sura 2, 225ff.

13 Sura 2, 223.

14 No hallado en el Corán.

15 Sura 5, 114-115.

16 Sura 2.

Wednesday, November 11, 2015

Akathisto - San Juan Damasceno


Kondakio I
A ti, Oh Juan Damasceno, lámpara del Espíritu Santo, himnógrafo celestial, defensor de la correcta veneración a los iconos y maestro de la Ortodoxia, nosotros los fieles, te ofrecemos este himno de alabanza pues te estableciste como una muralla infranqueable para el Señor, Cristo nuestro Dios, preservando la enseñanza Ortodoxa de la iglesia y adornando la fe con la riqueza de los himnos y las melodías que compusiste, por lo que te clamamos: Alégrate, oh Justo Juan de Damasco, campeón de la ortodoxia y maestro de la pureza.

Ikos I
Habiendo nacido en tierras sarracenas, oh justo Damasceno, no fuiste privado de la fe, pues tu piadoso padre Sergio, liberó a San Cosme, monje siciliano prisionero de los árabes y gran erudito para ser tu tutor y el de tu hermano Cosme, que sería Obispo de Maiouma, en Siria, educándoos en la verdadera fe y enriqueciéndoos en las artes de la música, la astronomía y la teología, para que con erudición pudieras preservar y proclamar a Cristo crucificado por todas las generaciones cantando:

Alégrate, discípulo, que llegaste a ser maestro de la fe
Alégrate, hijo, que te convertiste en padre espiritual
Alégrate, padre espiritual, que tornaste en ser manso como un niño por la humildad
Alégrate, Elegido, pues providencialmente fuiste educado por un santo en la santidad
Alégrate, filósofo, que desdeñaste la filosofía mundana para adentrarte en la sabiduría celestial

Alégrate, muralla inexpugnable, ante la cual los iconoclastas no pudieron pasar
Alégrate, sabio, que te gloriaste en la ignorancia para hacerte docto en la fe
Alégrate, fiel a la fe ortodoxa, que nunca flaqueaste ante la adversidad
Alégrate, soldado de Cristo, que soportaste las embestidas del maligno con estoica valentía
Alégrate, perfecta unión de la sabiduría del hombre y el conocimiento divino bajo el que fueron aplastados la falsa sabiduría y fe de los sarracenos
Alégrate, Predicador de la verdad, que destruiste las mentiras del maligno
Alégrate, Gran expositor de la fe ortodoxa, que despejaste las tinieblas del error
Alégrate, oh Justo Juan Damasceno campeón de la ortodoxia y maestro de la pureza

Kondakio II
Tu elocuencia y tu gran sabiduría te llevaron a ser educado en la corte del Califa y te fue dado un puesto de gran dignidad y honor como consejero para el gobernante musulmán, pero tú nunca olvidaste tu fe y al igual que los ángeles, clamaste incesantemente al Señor: ¡Aleluya!

Ikos II
Muy perturbado por el deshonor dado a los Santos Iconos de nuestro Señor, a Su Purísima Madre y a Sus santos, tú escribiste con fidelidad y pasión “tres tratados apologéticos contra quienes reprueban las imágenes” que servirían para aplastar la impiedad del Emperador iconoclasta de Bizancio, León el Isáurico, que detestando tus palabras fieles a los mandamientos de nuestro Señor, te calumnió traicioneramente ante el Califa y castigándote te cortó tu mano. Por lo que clamamos:

Alégrate, icononófilo que defendiste sin miedo la Verdad
Alégrate, tú que disipaste la herejía iconoclasta
Alégrate, maestro de la piedad y reverencia a los santos iconos
Alégrate, pues tu devoción por los iconos de nuestro Señor, Su Madre y Sus santos te llevaron a estar entre ellos
Alégrate, perfecta armonía de su correcta veneración
Alégrate, pues por tu enemistad con el impío emperador Isaurico obtuviste tu merecida gloria
Alégrate, pues soportaste el castigo por causa de la fe ortodoxa
Alégrate, pues usaste tu mano derecha para proteger la verdad
Alégrate, pues perdiste tu mano derecha por Cristo
Alégrate, pues pacientemente sufriste el castigo sin temor
Alégrate, inquebrantable, que ofreciste tu mano como testigo de la verdadera creencia
Alégrate, siervo fiel, que nunca maldijiste a tu señor terrenal, el Califa
Alégrate, icono del perdón, que nunca dejaste de rogar por los que te ofendían
Alégrate, oh Justo Juan Damasceno, campeón de la ortodoxia y maestro de la pureza

Kondakio III
Pronunciando mansas palabras obtuviste el permiso del Califa para que te fuera devuelta tu mano derecha cortada, Oh Justo Juan; te pusiste en oración, humildemente ante el icono de la Theotokos, le suplicaste que te fuera restaurada tu mano, y aun estando en dicha amarga angustia, desde prisión clamaste a Dios y a Su Santa Madre: Aleluya.

Ikos III
En oración debajo del icono de la Theotokos, tú Oh Damasceno, prometiste a la Siempre Virgen combatir con más fiereza el restablecimiento al culto de los iconos si te restauraba tu mano. Entonces soñaste que la Toda Santa y Siempre Virgen María te sanaba y al despertar descubriste que tu mano te había sido totalmente restaurada, y dispusiste una mano de plata en el icono como símbolo del milagro ocurrido para todas las generaciones. El Califa se sintió engañado por tan injusto castigo y quiso restituirte de todas tus funciones, mientras nosotros, sobrecogidos por tu gran piedad cantamos en alta voz:

Alégrate, Oración ferviente e incesante
Alégrate, mano de Dios que perdiste tu mano
Alégrate, fiel defensor de la Theotokos
Alégrate, Justo cumplidor de las promesas dadas a Cristo
Alégrate, Sumiso a la divina Providencia
Alégrate, angustiado que encontraste la exaltación en la humillación
Alégrate, que fuiste encontrado digno de la visita de la Theotokos
Alégrate, tú que te comprometiste a luchar cual león contra los iconoclastas
Alégrate, tú que fuiste vilmente acusado, y defendido por las obras de Dios
Alégrate, tú que aceptaste humildemente la acusación para que se hiciera la Voluntad de Dios
Alégrate, Consejero, que obtuviste el consuelo de la Thetokos
Alégrate, tú que perdiste tu mano para que Dios pudiese obrar maravillas en ti
Alégrate, oh Justo Juan Damasceno, campeón de la ortodoxia y maestro de la pureza

Kondakio IV
Al serte restaurada tu mano, oíste la voz de la Theotokos que te decía “Tu mano ha sido curada, cumple tu promesa”. Entonces con tu mira puesta en lo celestial y en la vida monástica, rogaste que te dejasen marchar y te liberasen de tus cargos, y el Califa a quien fielmente serviste, sólo te dejo marchar ante tu insistencia en dirigir tu vida hacia lo divino. Y tomando el hábito monástico en el monasterio de San Sabas, clamaste: ¡Aleluya!

Ikos IV
Al entrar en el monasterio y aceptar el atuendo del ascetismo, te fue dado un padre espiritual, un anciano espiritual que era sencillo y austero y que te mandó no volver a coger la pluma con la mano que te había sido restaurada e incluso no hablar sobre temas en los que fuiste educado, y tu obedeciste con humildad, por lo que nosotros los fieles te alabamos diciendo:

Alégrate, tú que abandonaste la gloria terrenal en busca de la gloria celestial
Alégrate, adorno de los monjes
Alégrate, tú que fuiste ensalzado con el atuendo de la humildad
Alégrate, obediente hijo espiritual, formado como maestro entre los hombres
Alégrate, despojado de la riqueza material que disfrutaste de grandes riquezas
Alégrate, casto, que descubriste el mayor de todos los placeres
Alégrate, paciente, a la espera de alzar la voz en cumplimiento de tu promesa
Alégrate, joven asceta, que te gloriaste en austeridad
Alégrate, joven luminaria, que aplastaste la cabeza de la serpiente
Alégrate, gran escritor, sin necesidad de pluma
Alégrate, gran orador que recibiste el apelativo de Crisorroas[1]
Alégrate, Predicador de Oro, que te contuviste por obediencia a tu padre espiritual
Alégrate, oh Justo Juan Damasceno, campeón de la ortodoxia y maestro de la pureza

Kondakio V
Como ejemplo de obediencia, tú guardaste fielmente los mandamientos de tu guía espiritual en el corazón y el intelecto y en la psique, aunque tuviste compasión de un hermano monje que se encontraba al filo de la muerte y que te imploró, Oh Crisorroas, que le compusieras un himno en honor a los difuntos que fuera tan maravilloso que todos los difuntos elevasen su voz y cantasen: ¡Aleluya!

Ikos V
Al liberar tu intelecto, tu boca y tu mano, te pusiste a componer el himno, pero despertaste la ira de tu anciano espiritual que te prohibió componer o hablar elocuentemente, Oh orador de Oro, y te ordenó abandonar tu celda. El anciano espiritual sólo te recibió tras humillarte y mandarte las tareas más sucias del monasterio. A causa de tu voluntaria humillación, te cantamos:

Alégrate, compasivo que perdonaste tus humillaciones
Alégrate, Compositor que compusiste la Evlogetaria por los difuntos
Alégrate, himnógrafo que no olvidaste a los que se durmieron en el Señor
Alégrate, arroyo de gracia y Orador de Oro
Alégrate, dechado de humildad y obediencia
Alégrate, tú que te lavaste y limpiaste de la inmundicia
Alégrate, compositor melódico
Alégrate, Arpa del Espíritu Santo
Alégrate, luminaria en medio de las tinieblas de la herejía y el error
Alégrate, trabajador incansable en la restauración de la Verdad
Alégrate, humillado que serías enaltecido
Alégrate, tú cuyos himnos rezaremos de generación en generación
Alégrate, Oh Justo Juan Damasceno, campeón de la ortodoxia y maestro de la pureza

Kondakio VI
Vencido por el sueño provocado por la Toda Santa, tu anciano espiritual cayó en un profundo sueño en el que vio que la Purísima Virgen Theotokos se le acercaba, reprendiéndole y mandándole no volver nunca más a interferir sino para animar al gran lexicógrafo a componer siempre himnos y alabanzas a su Hijo, Señor y Dios nuestro. Y despertándose del sueño, abrumado de alegría, se acercó al justo Damasceno y juntos cantaron: Aleluya.

Ikos VI
Respetando la fiel regla establecida, ordenaste el Tipicón y creaste el Octoecos para que todos los fieles pudiesen cantar alabanzas al Señor Resucitado que triunfó sobre la muerte por nosotros y para nuestra salvación. Para que toda la Iglesia cante con una sola voz y un solo himno, cual Ángeles en los cielos cantando ante el temible trono de Cristo, proclamando:

Alégrate, voz igual a la de los ángeles.
Alégrate, melodía sin igual entre los hombres
Alégrate, cántico igual a los arcángeles
Alégrate, tú que estás siempre en guardia como los querubines
Alégrate, tú que estás siempre en constante alabanza a Dios como los Serafines
Alégrate, tú que embelleciste la Iglesia con himnos
Alégrate, tú que adornaste los lugares santos con alabanzas
Alégrate, tú que compusiste al tabernáculo vivo del Hijo de Dios, la Siempre Virgen.
Alégrate, tú que fuiste inspirado por las huestes celestiales
Alégrate, dulce melodía ofrecida en el santo altar
Alégrate, nuevo David, componiendo para el Mesías profetizado
Alégrate, orgullo de los compositores y azote de los herejes
Alégrate, oh Justo Juan Damasceno, campeón de la ortodoxia y maestro de la pureza.

Kondakio VII
Siempre que te encontraste en peligro o necesidad, ponías tu esperanza en la Theotokos, que se convirtió en tu fuente de consuelo en medio de la adversidad. Fue siempre tu protectora y tu bastón, y tú le regalaste himnos que fueran dignos de aquella que llevo en su vientre al Dador de Vida, encargando para nuestra salvación. Por eso, con la Toda Santa Theotokos, no atrevemos a elevar nuestros ojos al cielo y clamar en alta voz: Aleluya

Ikos VII
Tus himnos, Oh Justo Juan, nos llevan a la devoción y la piedad hacia aquella que fue la fuente de tu inspiración, la Soberana del Mundo, ya que ella es el templo sagrado, paraíso espiritual y orgullo de las vírgenes; pues Aquel que existía desde antes de todos los siglos, hizo de su seno un Trono y la hizo más amplia que los Cielos. Pues tomo la carne y la sangre de aquella que le llevó en su vientre. Por ello todos cantamos tu himno “En ti se alegra, Oh llena de gracia, toda la creación”. Y de esta manera, podemos todos a una cantar:

Alégrate, elogio de la virginidad
Alégrate, glorificador de la Encarnación
Alégrate, ensalzador de los dones de la castidad
Alégrate, adorador de la Toda Santa Trinidad
Alégrate, verdadero y fiel guardián del honor de nuestra Señora
Alégrate, director del coro de los ángeles y de los hombres
Alégrate, magnificador de la puerta que estaba cerrada
Alégrate, aclamador de nuestro líder en la batalla espiritual
Alégrate, protector de la condescendencia de nuestro Señor
Alégrate, defensor y digno ejemplo de humildad.
Alégrate, fuente de tesoros más valioso que el oro o la plata
Alégrate, divino himnógrafo, por quien los fieles ortodoxos nos dirigimos dignamente a Dios
Alégrate, oh Justo Juan Damasceno, campeón de la ortodoxia y maestro de la pureza

Kondakio VIII
Oh Crisorroas y divino teólogo, después de haber almacenado en tu interior muchas obras maravillosas y teológicamente puras, no te contentaste con permanecer en silencio sino que estableciste joyas de gloria a nuestro Señor, su Madre y sus Santos con la mano que te fue arrancada con traición, y que sin embargo ahora te servía para defender con fiereza la fe ortodoxa. Definiste claramente las herejías y demostraste su impía vanidad. Por ello tus escritos divinamente inspirados, son fuente de sabiduría para los que quieren alabar a Dios en espíritu y en verdad. Por ello, nosotros los fieles, asombrados por tu incansable batalla, clamamos a Dios y a Su Santa Madre diciendo: Aleluya

Ikos VIII
Deseando instruir a los fieles y alabar abundantemente la infinita misericordia de Dios; compusiste cánones para la continua alabanza a Dios a lo largo del año, y adornaste la Iglesia con homilías y tratados ricamente expuestos. Ardientemente defendiste el culto a los Santos, a sus reliquias y a sus imágenes. Definiste la justa veneración explicando que lo que honramos en los Santos, son los dones de Dios que han hecho de ellos los hijos del Padre celestial; los amigos y los hermanos de Cristo; y los templos del Espíritu Santo. Y así, alabando a Dios en sus Santos, cantamos junto a ellos:

Alégrate, tú que te maravillaste con la venida de la fuente de la Vida
Alégrate, tú que te estremeces a los pies de la cruz
Alégrate, tú que proclamaste la encarnación de Cristo como los profetas
Alégrate, tú que temblaste en la manifestación de la Trinidad en la Teofanía
Alégrate, tú que deseaste celebrar a Cristo como Simeón el Portador de Dios
Alégrate, tú que te llenaste de gozo cuando Gabriel anunció la Gran Dispensación
a la Madre de Dios
Alégrate, oh tú que te sobrecogiste por la pasión de nuestro Señor
Alégrate, tú que recibiste el Espíritu Santo como los Apóstoles en Pentecostés
Alégrate, tú que llevaste el Evangelio de Cristo a los que no lo habían oído a imagen de los Apóstoles
Alégrate, tú que proclamaste la resurrección de los fieles, al magnificar la Dormición de la Santa Theotokos
Alégrate, tú que lloraste con la ejecución del precursor por el impío Herodes
Alégrate, proclamador de la historia de nuestra salvación en himnos
Alégrate, oh Justo Juan Damasceno, campeón de la ortodoxia y maestro de la pureza

Kondakio IX
Ofreciendo panegíricos a la Gloriosa Muerte y Resurrección de Cristo para la liberación de nuestros pecados, compusiste la joya de los cánones “El día de la Resurrección” el cual cantamos con temor y estremecimiento en la mañana de Pascua, como el Sol de Justicia surge para iluminar al mundo en la oscuridad. Y cantando “Cristo ha resucitado de entre los muertos” decimos en Pascua: Aleluya.

Ikos IX
Jerjes con su vasto ejército bárbaro y sus navieros cuyas flechas bloqueaban el sol no pudieron derrotar a los Ortodoxos porque tú, Oh Instruido, usaste la sabiduría mundana aprendida y la fe cristiana en prodigiosa y divina armonía para refutar las creencias de los heréticos Ismaelitas y de cualquier otro hereje que se atreviera a alzar la voz contra la Verdad Ortodoxa. Por lo que te cantamos:

Alégrate, azote de herejes
Alégrate, guerrero de la verdad
Alégrate, proclamador de la Cruz contra los que la abominan
Alégrate, Muralla impenetrable contra los que niegan la encarnación del Logos de Dios
Alégrate, defensor del Evangelio
Alégrate, orador del sentido ortodoxo para aquellos que no son sensibles a la Verdad!
Alégrate, casto defensor del verdadero y santo matrimonio
Alégrate, sanador de las heridas causadas por la mutilación de la Verdad
Alégrate, castigador de los descendientes de Arrio
Alégrate, reprensor de los judaizantes
Alégrate, tú que aplastaste a los que aseguraban que Dios no tiene Hijo
Alégrate, victorioso soldado de Cristo que no te apiadaste de la mentira y la impiedad
Alégrate, oh Justo Juan Damasceno, campeón de la ortodoxia y maestro de la pureza

Kondakio X
Siendo aún joven en años, pero avanzado y experimentado en pruebas ascéticas; siendo un digno maestro de la oración constante, un divino erudito de los escritos teológicos y un docto en cantos al Señor, fuiste ordenado al sagrado sacerdocio, Oh digno Juan, por el Patriarca Juan de Jerusalén, y se te encomendó predicar en la Iglesia de la Anástasis de la ciudad. Por lo que agradecidos por tan buena dispensación de Dios hacia nosotros, cantamos junto a ti: Aleluya.

Ikos X
Y viendo en ti la perfecta alabanza, nos unimos en oración, Oh sacerdote de Dios, para ofrecer súplicas e himnos de acción de gracias a Nuestro Señor Dios y Salvador Jesús Cristo; y clamamos por los que partieron de esta vida terrenal, ofreciendo con estremecimiento oraciones por los fieles ante el temible tribunal de Cristo, por lo que clamamos con fe:

Alégrate, sacerdote de Dios según el orden de Melquisedec
Alégrate, justo celebrante de los misterios divinos
Alégrate, predicador del arrepentimiento
Alégrate, intercesor de la humanidad ante el altar de Dios
Alégrate, proclamador del Evangelio
Alégrate, concelebrante con los Ángeles y Arcángeles
Alégrate, invocador del Espíritu Santo
Alégrate, Oh padre espiritual y confesor
Alégrate, bautista de iniciados
Alégrate, maestro de los catecúmenos
Alégrate, distribuidor de los Santos Misterios para el pueblo de Dios
Alégrate, tú que bendices a la congregación con la Cruz de Cristo
Alégrate, oh Justo Juan Damasceno, campeón de la ortodoxia y maestro de la pureza

Kondakio XI
Sobrecogidos por tus enseñanzas y devoción entusiasta por la Verdad, el séptimo Concilio Ecuménico declaró: “¡Ay de los iconoclastas” y justificó que tus escritos eran de hecho la aclaración de las enseñanzas que la iglesia había celebrado siempre y en todas partes. Se alzó la voz diciendo “¡Ay de los Iconoclastas”, tornad en la recta dirección y cantad: Aleluya.

Ikos XI
Los Himnos de los ortodoxos son ríos de teología y miríada, pero ninguno tan glorioso como tú, oh predicador elocuente, orador de Oro y río de gracia increada, que incluso tu hermano San Cosme, criado y educado contigo, proclamó que tu canon de la Resurrección de nuestro Señor Dios y Salvador Jesús Cristo, debía ser leído en todas partes por lo que nos atrevemos a clamar:

Alégrate, Oh divina inspiración, que compusiste el Canon de Oro
Alégrate, tú que expusiste que Cristo trajo la alegría eterna para desterrar la tristeza
Alégrate, portador de la gracia increada que se extiende desde su trascendente Luz
Alégrate, tú que sepultaste tu vida para vivir en Cristo
Alégrate, tú que fuiste crucificado con Cristo para morir en el pecado y resucitar en la vida eterna
Alégrate, tú que con Habacuc te gozaste del triunfo de Cristo sobre el Hades
Alégrate, tú que con el arca del Señor te hiciste un glorioso pescador de las psiques en el error
Alégrate, portador de mirra ante la tumba vacía de Cristo
Alégrate, tú que con Cristo rompiste las cadenas de la muerte en el pecado
Alégrate, tú que con los ortodoxos te levantaste de la profunda y oscura prisión
Alégrate, tú que fuiste purificado con los tres santos jóvenes por el divino rocío refrescante en el horno de fuego
Alégrate, tú que bebiste del néctar de la resurrección de Cristo
Alégrate, oh Justo Juan Damasceno, campeón de la ortodoxia y maestro de la pureza

Kondakio XII
La arrogancia juvenil que a todos nos acecha, fue sofocada por la sabiduría de tu ancianidad espiritual, oh arpa inspirada del Espíritu Santo, a través de las obras de teología, los himnos y las melodías. Y los fieles seguirán estudiando tus escritos, cantando tus obras y guiados por la ortodoxa exposición de fe para que sigamos alabando a Dios con temor y estremecimiento cantando: Aleluya.

Ikos XII
Tus escritos son más poderosos que guerreros con espadas, caballeros con lanza, arqueros con arcos, reyes con ejércitos y emperadores con armadas, Oh venerable Juan, pues has disipado las herejías y los errores de los enemigos de la Iglesia con tus escritos e himnos. Por lo que en alta voz te clamamos:

Alégrate, luminaria en medio de la oscuridad
Alégrate, arpa que triunfaste sobre el paganismo de Apolo y Orfeo
Alégrate, monje humilde glorificado en el ascetismo
Alégrate, justo sacerdote, digno de las alturas del cielo
Alégrate, agua viva que apagas las llamas de la herejía
Alégrate, león de la ortodoxia manso como un cordero
Alégrate, estoico guerrero en la batalla contra el pecado que te viste enaltecido por los sufrimientos
Alégrate, Oh Cántico de la Iglesia por quien los fieles ortodoxos cantan la victoria sobre la muerte en la Resurrección
Alégrate, portador de la filosofía espiritual que superaste en elocuencia a los filósofos y los más grandes sabios
Alégrate, tú que fuiste humillado para ser enaltecido
Alégrate, vencedor en la batalla que arrancaste la mala hierba del error.
Alégrate, Oh Justo Juan Damasceno, campeón de la ortodoxia y maestro de la pureza

Kondakio XIII
Ningún hombre puede cantar adecuadamente tus alabanzas, Oh Luminaria, digno sacerdote, defensor de la fe ortodoxa, azote de los herejes, aplastador de los ismaelitas, protector de los santos iconos, digno origen del icono de la Trijerusa, fuente de sabiduría espiritual, maná de la recta fe, arroyo de Agua Viva que nunca se corrompe, fiel defensor de la Theotokos, alivio de los que descansan en el Señor, Oh San Juan Damasceno, coraza contra las embestidas del maligno y terror de los ejércitos de la oscuridad, sálvanos de la muerte eterna y condúcenos por el angosto camino que lleva a la vida para que contigo, la Toda Santa Theotokos y el coro de las huestes celestiales, podamos cantar a Dios alabado en sus Tres Personas: Aleluya, Aleluya, Aleluya .

(se repite tres veces el kondakio XIII)

(A continuación se repite ek kondakio I e Ikos I)


                                      Catecismo Ortodoxo 

                      http://catecismoortodoxo.blogspot.ca/

Monday, September 28, 2015

Akathisto a San Juan Damasceno




Akathisto al Justo San Juan Damasceno cuya memoria se celebra el 4/17 de Diciembre.

Kondakio I
A ti, Oh Juan Damasceno, lámpara del Espíritu Santo, himnógrafo celestial, defensor de la correcta veneración a los iconos y maestro de la Ortodoxia, nosotros los fieles, te ofrecemos este himno de alabanza pues te estableciste como una muralla infranqueable para el Señor, Cristo nuestro Dios, preservando la enseñanza Ortodoxa de la iglesia y adornando la fe con la riqueza de los himnos y las melodías que compusiste, por lo que te clamamos: Alégrate, oh Justo Juan de Damasco, campeón de la ortodoxia y maestro de la pureza.

Ikos I
Habiendo nacido en tierras sarracenas, oh justo Damasceno, no fuiste privado de la fe, pues tu piadoso padre Sergio, liberó a San Cosme, monje siciliano prisionero de los árabes y gran erudito para ser tu tutor y el de tu hermano Cosme, que sería Obispo de Maiouma, en Siria, educándoos en la verdadera fe y enriqueciéndoos en las artes de la música, la astronomía y la teología, para que con erudición pudieras preservar y proclamar a Cristo crucificado por todas las generaciones cantando:

Alégrate, discípulo, que llegaste a ser maestro de la fe
Alégrate, hijo, que te convertiste en padre espiritual
Alégrate, padre espiritual, que tornaste en ser manso como un niño por la humildad
Alégrate, Elegido, pues providencialmente fuiste educado por un santo en la santidad
Alégrate, filósofo, que desdeñaste la filosofía mundana para adentrarte en la sabiduría celestial

Alégrate, muralla inexpugnable, ante la cual los iconoclastas no pudieron pasar
Alégrate, sabio, que te gloriaste en la ignorancia para hacerte docto en la fe
Alégrate, fiel a la fe ortodoxa, que nunca flaqueaste ante la adversidad
Alégrate, soldado de Cristo, que soportaste las embestidas del maligno con estoica valentía
Alégrate, perfecta unión de la sabiduría del hombre y el conocimiento divino bajo el que fueron aplastados la falsa sabiduría y fe de los sarracenos
Alégrate, Predicador de la verdad, que destruiste las mentiras del maligno
Alégrate, Gran expositor de la fe ortodoxa, que despejaste las tinieblas del error
Alégrate, oh Justo Juan Damasceno campeón de la ortodoxia y maestro de la pureza

Kondakio II
Tu elocuencia y tu gran sabiduría te llevaron a ser educado en la corte del Califa y te fue dado un puesto de gran dignidad y honor como consejero para el gobernante musulmán, pero tú nunca olvidaste tu fe y al igual que los ángeles, clamaste incesantemente al Señor: ¡Aleluya!

Ikos II
Muy perturbado por el deshonor dado a los Santos Iconos de nuestro Señor, a Su Purísima Madre y a Sus santos, tú escribiste con fidelidad y pasión “tres tratados apologéticos contra quienes reprueban las imágenes” que servirían para aplastar la impiedad del Emperador iconoclasta de Bizancio, León el Isáurico, que detestando tus palabras fieles a los mandamientos de nuestro Señor, te calumnió traicioneramente ante el Califa y castigándote te cortó tu mano. Por lo que clamamos:

Alégrate, icononófilo que defendiste sin miedo la Verdad
Alégrate, tú que disipaste la herejía iconoclasta
Alégrate, maestro de la piedad y reverencia a los santos iconos
Alégrate, pues tu devoción por los iconos de nuestro Señor, Su Madre y Sus santos te llevaron a estar entre ellos
Alégrate, perfecta armonía de su correcta veneración
Alégrate, pues por tu enemistad con el impío emperador Isaurico obtuviste tu merecida gloria
Alégrate, pues soportaste el castigo por causa de la fe ortodoxa
Alégrate, pues usaste tu mano derecha para proteger la verdad
Alégrate, pues perdiste tu mano derecha por Cristo
Alégrate, pues pacientemente sufriste el castigo sin temor
Alégrate, inquebrantable, que ofreciste tu mano como testigo de la verdadera creencia
Alégrate, siervo fiel, que nunca maldijiste a tu señor terrenal, el Califa
Alégrate, icono del perdón, que nunca dejaste de rogar por los que te ofendían
Alégrate, oh Justo Juan Damasceno, campeón de la ortodoxia y maestro de la pureza

Kondakio III
Pronunciando mansas palabras obtuviste el permiso del Califa para que te fuera devuelta tu mano derecha cortada, Oh Justo Juan; te pusiste en oración, humildemente ante el icono de la Theotokos, le suplicaste que te fuera restaurada tu mano, y aun estando en dicha amarga angustia, desde prisión clamaste a Dios y a Su Santa Madre: Aleluya.

Ikos III
En oración debajo del icono de la Theotokos, tú Oh Damasceno, prometiste a la Siempre Virgen combatir con más fiereza el restablecimiento al culto de los iconos si te restauraba tu mano. Entonces soñaste que la Toda Santa y Siempre Virgen María te sanaba y al despertar descubriste que tu mano te había sido totalmente restaurada, y dispusiste una mano de plata en el icono como símbolo del milagro ocurrido para todas las generaciones. El Califa se sintió engañado por tan injusto castigo y quiso restituirte de todas tus funciones, mientras nosotros, sobrecogidos por tu gran piedad cantamos en alta voz:

Alégrate, Oración ferviente e incesante
Alégrate, mano de Dios que perdiste tu mano
Alégrate, fiel defensor de la Theotokos
Alégrate, Justo cumplidor de las promesas dadas a Cristo
Alégrate, Sumiso a la divina Providencia
Alégrate, angustiado que encontraste la exaltación en la humillación
Alégrate, que fuiste encontrado digno de la visita de la Theotokos
Alégrate, tú que te comprometiste a luchar cual león contra los iconoclastas
Alégrate, tú que fuiste vilmente acusado, y defendido por las obras de Dios
Alégrate, tú que aceptaste humildemente la acusación para que se hiciera la Voluntad de Dios
Alégrate, Consejero, que obtuviste el consuelo de la Thetokos
Alégrate, tú que perdiste tu mano para que Dios pudiese obrar maravillas en ti
Alégrate, oh Justo Juan Damasceno, campeón de la ortodoxia y maestro de la pureza

Kondakio IV
Al serte restaurada tu mano, oíste la voz de la Theotokos que te decía “Tu mano ha sido curada, cumple tu promesa”. Entonces con tu mira puesta en lo celestial y en la vida monástica, rogaste que te dejasen marchar y te liberasen de tus cargos, y el Califa a quien fielmente serviste, sólo te dejo marchar ante tu insistencia en dirigir tu vida hacia lo divino. Y tomando el hábito monástico en el monasterio de San Sabas, clamaste: ¡Aleluya!

Ikos IV
Al entrar en el monasterio y aceptar el atuendo del ascetismo, te fue dado un padre espiritual, un anciano espiritual que era sencillo y austero y que te mandó no volver a coger la pluma con la mano que te había sido restaurada e incluso no hablar sobre temas en los que fuiste educado, y tu obedeciste con humildad, por lo que nosotros los fieles te alabamos diciendo:

Alégrate, tú que abandonaste la gloria terrenal en busca de la gloria celestial
Alégrate, adorno de los monjes
Alégrate, tú que fuiste ensalzado con el atuendo de la humildad
Alégrate, obediente hijo espiritual, formado como maestro entre los hombres
Alégrate, despojado de la riqueza material que disfrutaste de grandes riquezas
Alégrate, casto, que descubriste el mayor de todos los placeres
Alégrate, paciente, a la espera de alzar la voz en cumplimiento de tu promesa
Alégrate, joven asceta, que te gloriaste en austeridad
Alégrate, joven luminaria, que aplastaste la cabeza de la serpiente
Alégrate, gran escritor, sin necesidad de pluma
Alégrate, gran orador que recibiste el apelativo de Crisorroas[1]
Alégrate, Predicador de Oro, que te contuviste por obediencia a tu padre espiritual
Alégrate, oh Justo Juan Damasceno, campeón de la ortodoxia y maestro de la pureza

Kondakio V
Como ejemplo de obediencia, tú guardaste fielmente los mandamientos de tu guía espiritual en el corazón y el intelecto y en la psique, aunque tuviste compasión de un hermano monje que se encontraba al filo de la muerte y que te imploró, Oh Crisorroas, que le compusieras un himno en honor a los difuntos que fuera tan maravilloso que todos los difuntos elevasen su voz y cantasen: ¡Aleluya!

Ikos V
Al liberar tu intelecto, tu boca y tu mano, te pusiste a componer el himno, pero despertaste la ira de tu anciano espiritual que te prohibió componer o hablar elocuentemente, Oh orador de Oro, y te ordenó abandonar tu celda. El anciano espiritual sólo te recibió tras humillarte y mandarte las tareas más sucias del monasterio. A causa de tu voluntaria humillación, te cantamos:

Alégrate, compasivo que perdonaste tus humillaciones
Alégrate, Compositor que compusiste la Evlogetaria por los difuntos
Alégrate, himnógrafo que no olvidaste a los que se durmieron en el Señor
Alégrate, arroyo de gracia y Orador de Oro
Alégrate, dechado de humildad y obediencia
Alégrate, tú que te lavaste y limpiaste de la inmundicia
Alégrate, compositor melódico
Alégrate, Arpa del Espíritu Santo
Alégrate, luminaria en medio de las tinieblas de la herejía y el error
Alégrate, trabajador incansable en la restauración de la Verdad
Alégrate, humillado que serías enaltecido
Alégrate, tú cuyos himnos rezaremos de generación en generación
Alégrate, Oh Justo Juan Damasceno, campeón de la ortodoxia y maestro de la pureza

Kondakio VI
Vencido por el sueño provocado por la Toda Santa, tu anciano espiritual cayó en un profundo sueño en el que vio que la Purísima Virgen Theotokos se le acercaba, reprendiéndole y mandándole no volver nunca más a interferir sino para animar al gran lexicógrafo a componer siempre himnos y alabanzas a su Hijo, Señor y Dios nuestro. Y despertándose del sueño, abrumado de alegría, se acercó al justo Damasceno y juntos cantaron: Aleluya.

Ikos VI
Respetando la fiel regla establecida, ordenaste el Tipicón y creaste el Octoecos para que todos los fieles pudiesen cantar alabanzas al Señor Resucitado que triunfó sobre la muerte por nosotros y para nuestra salvación. Para que toda la Iglesia cante con una sola voz y un solo himno, cual Ángeles en los cielos cantando ante el temible trono de Cristo, proclamando:

Alégrate, voz igual a la de los ángeles.
Alégrate, melodía sin igual entre los hombres
Alégrate, cántico igual a los arcángeles
Alégrate, tú que estás siempre en guardia como los querubines
Alégrate, tú que estás siempre en constante alabanza a Dios como los Serafines
Alégrate, tú que embelleciste la Iglesia con himnos
Alégrate, tú que adornaste los lugares santos con alabanzas
Alégrate, tú que compusiste al tabernáculo vivo del Hijo de Dios, la Siempre Virgen.
Alégrate, tú que fuiste inspirado por las huestes celestiales
Alégrate, dulce melodía ofrecida en el santo altar
Alégrate, nuevo David, componiendo para el Mesías profetizado
Alégrate, orgullo de los compositores y azote de los herejes
Alégrate, oh Justo Juan Damasceno, campeón de la ortodoxia y maestro de la pureza.

Kondakio VII
Siempre que te encontraste en peligro o necesidad, ponías tu esperanza en la Theotokos, que se convirtió en tu fuente de consuelo en medio de la adversidad. Fue siempre tu protectora y tu bastón, y tú le regalaste himnos que fueran dignos de aquella que llevo en su vientre al Dador de Vida, encargando para nuestra salvación. Por eso, con la Toda Santa Theotokos, no atrevemos a elevar nuestros ojos al cielo y clamar en alta voz: Aleluya

Ikos VII
Tus himnos, Oh Justo Juan, nos llevan a la devoción y la piedad hacia aquella que fue la fuente de tu inspiración, la Soberana del Mundo, ya que ella es el templo sagrado, paraíso espiritual y orgullo de las vírgenes; pues Aquel que existía desde antes de todos los siglos, hizo de su seno un Trono y la hizo más amplia que los Cielos. Pues tomo la carne y la sangre de aquella que le llevó en su vientre. Por ello todos cantamos tu himno “En ti se alegra, Oh llena de gracia, toda la creación”. Y de esta manera, podemos todos a una cantar:

Alégrate, elogio de la virginidad
Alégrate, glorificador de la Encarnación
Alégrate, ensalzador de los dones de la castidad
Alégrate, adorador de la Toda Santa Trinidad
Alégrate, verdadero y fiel guardián del honor de nuestra Señora
Alégrate, director del coro de los ángeles y de los hombres
Alégrate, magnificador de la puerta que estaba cerrada
Alégrate, aclamador de nuestro líder en la batalla espiritual
Alégrate, protector de la condescendencia de nuestro Señor
Alégrate, defensor y digno ejemplo de humildad.
Alégrate, fuente de tesoros más valioso que el oro o la plata
Alégrate, divino himnógrafo, por quien los fieles ortodoxos nos dirigimos dignamente a Dios
Alégrate, oh Justo Juan Damasceno, campeón de la ortodoxia y maestro de la pureza

Kondakio VIII
Oh Crisorroas y divino teólogo, después de haber almacenado en tu interior muchas obras maravillosas y teológicamente puras, no te contentaste con permanecer en silencio sino que estableciste joyas de gloria a nuestro Señor, su Madre y sus Santos con la mano que te fue arrancada con traición, y que sin embargo ahora te servía para defender con fiereza la fe ortodoxa. Definiste claramente las herejías y demostraste su impía vanidad. Por ello tus escritos divinamente inspirados, son fuente de sabiduría para los que quieren alabar a Dios en espíritu y en verdad. Por ello, nosotros los fieles, asombrados por tu incansable batalla, clamamos a Dios y a Su Santa Madre diciendo: Aleluya

Ikos VIII
Deseando instruir a los fieles y alabar abundantemente la infinita misericordia de Dios; compusiste cánones para la continua alabanza a Dios a lo largo del año, y adornaste la Iglesia con homilías y tratados ricamente expuestos. Ardientemente defendiste el culto a los Santos, a sus reliquias y a sus imágenes. Definiste la justa veneración explicando que lo que honramos en los Santos, son los dones de Dios que han hecho de ellos los hijos del Padre celestial; los amigos y los hermanos de Cristo; y los templos del Espíritu Santo. Y así, alabando a Dios en sus Santos, cantamos junto a ellos:

Alégrate, tú que te maravillaste con la venida de la fuente de la Vida
Alégrate, tú que te estremeces a los pies de la cruz
Alégrate, tú que proclamaste la encarnación de Cristo como los profetas
Alégrate, tú que temblaste en la manifestación de la Trinidad en la Teofanía
Alégrate, tú que deseaste celebrar a Cristo como Simeón el Portador de Dios
Alégrate, tú que te llenaste de gozo cuando Gabriel anunció la Gran Dispensación
a la Madre de Dios
Alégrate, oh tú que te sobrecogiste por la pasión de nuestro Señor
Alégrate, tú que recibiste el Espíritu Santo como los Apóstoles en Pentecostés
Alégrate, tú que llevaste el Evangelio de Cristo a los que no lo habían oído a imagen de los Apóstoles
Alégrate, tú que proclamaste la resurrección de los fieles, al magnificar la Dormición de la Santa Theotokos
Alégrate, tú que lloraste con la ejecución del precursor por el impío Herodes
Alégrate, proclamador de la historia de nuestra salvación en himnos
Alégrate, oh Justo Juan Damasceno, campeón de la ortodoxia y maestro de la pureza

Kondakio IX
Ofreciendo panegíricos a la Gloriosa Muerte y Resurrección de Cristo para la liberación de nuestros pecados, compusiste la joya de los cánones “El día de la Resurrección” el cual cantamos con temor y estremecimiento en la mañana de Pascua, como el Sol de Justicia surge para iluminar al mundo en la oscuridad. Y cantando “Cristo ha resucitado de entre los muertos” decimos en Pascua: Aleluya.

Ikos IX
Jerjes con su vasto ejército bárbaro y sus navieros cuyas flechas bloqueaban el sol no pudieron derrotar a los Ortodoxos porque tú, Oh Instruido, usaste la sabiduría mundana aprendida y la fe cristiana en prodigiosa y divina armonía para refutar las creencias de los heréticos Ismaelitas y de cualquier otro hereje que se atreviera a alzar la voz contra la Verdad Ortodoxa. Por lo que te cantamos:

Alégrate, azote de herejes
Alégrate, guerrero de la verdad
Alégrate, proclamador de la Cruz contra los que la abominan
Alégrate, Muralla impenetrable contra los que niegan la encarnación del Logos de Dios
Alégrate, defensor del Evangelio
Alégrate, orador del sentido ortodoxo para aquellos que no son sensibles a la Verdad!
Alégrate, casto defensor del verdadero y santo matrimonio
Alégrate, sanador de las heridas causadas por la mutilación de la Verdad
Alégrate, castigador de los descendientes de Arrio
Alégrate, reprensor de los judaizantes
Alégrate, tú que aplastaste a los que aseguraban que Dios no tiene Hijo
Alégrate, victorioso soldado de Cristo que no te apiadaste de la mentira y la impiedad
Alégrate, oh Justo Juan Damasceno, campeón de la ortodoxia y maestro de la pureza

Kondakio X
Siendo aún joven en años, pero avanzado y experimentado en pruebas ascéticas; siendo un digno maestro de la oración constante, un divino erudito de los escritos teológicos y un docto en cantos al Señor, fuiste ordenado al sagrado sacerdocio, Oh digno Juan, por el Patriarca Juan de Jerusalén, y se te encomendó predicar en la Iglesia de la Anástasis de la ciudad. Por lo que agradecidos por tan buena dispensación de Dios hacia nosotros, cantamos junto a ti: Aleluya.

Ikos X
Y viendo en ti la perfecta alabanza, nos unimos en oración, Oh sacerdote de Dios, para ofrecer súplicas e himnos de acción de gracias a Nuestro Señor Dios y Salvador Jesús Cristo; y clamamos por los que partieron de esta vida terrenal, ofreciendo con estremecimiento oraciones por los fieles ante el temible tribunal de Cristo, por lo que clamamos con fe:

Alégrate, sacerdote de Dios según el orden de Melquisedec
Alégrate, justo celebrante de los misterios divinos
Alégrate, predicador del arrepentimiento
Alégrate, intercesor de la humanidad ante el altar de Dios
Alégrate, proclamador del Evangelio
Alégrate, concelebrante con los Ángeles y Arcángeles
Alégrate, invocador del Espíritu Santo
Alégrate, Oh padre espiritual y confesor
Alégrate, bautista de iniciados
Alégrate, maestro de los catecúmenos
Alégrate, distribuidor de los Santos Misterios para el pueblo de Dios
Alégrate, tú que bendices a la congregación con la Cruz de Cristo
Alégrate, oh Justo Juan Damasceno, campeón de la ortodoxia y maestro de la pureza

Kondakio XI
Sobrecogidos por tus enseñanzas y devoción entusiasta por la Verdad, el séptimo Concilio Ecuménico declaró: “¡Ay de los iconoclastas” y justificó que tus escritos eran de hecho la aclaración de las enseñanzas que la iglesia había celebrado siempre y en todas partes. Se alzó la voz diciendo “¡Ay de los Iconoclastas”, tornad en la recta dirección y cantad: Aleluya.

Ikos XI
Los Himnos de los ortodoxos son ríos de teología y miríada, pero ninguno tan glorioso como tú, oh predicador elocuente, orador de Oro y río de gracia increada, que incluso tu hermano San Cosme, criado y educado contigo, proclamó que tu canon de la Resurrección de nuestro Señor Dios y Salvador Jesús Cristo, debía ser leído en todas partes por lo que nos atrevemos a clamar:

Alégrate, Oh divina inspiración, que compusiste el Canon de Oro
Alégrate, tú que expusiste que Cristo trajo la alegría eterna para desterrar la tristeza
Alégrate, portador de la gracia increada que se extiende desde su trascendente Luz
Alégrate, tú que sepultaste tu vida para vivir en Cristo
Alégrate, tú que fuiste crucificado con Cristo para morir en el pecado y resucitar en la vida eterna
Alégrate, tú que con Habacuc te gozaste del triunfo de Cristo sobre el Hades
Alégrate, tú que con el arca del Señor te hiciste un glorioso pescador de las psiques en el error
Alégrate, portador de mirra ante la tumba vacía de Cristo
Alégrate, tú que con Cristo rompiste las cadenas de la muerte en el pecado
Alégrate, tú que con los ortodoxos te levantaste de la profunda y oscura prisión
Alégrate, tú que fuiste purificado con los tres santos jóvenes por el divino rocío refrescante en el horno de fuego
Alégrate, tú que bebiste del néctar de la resurrección de Cristo
Alégrate, oh Justo Juan Damasceno, campeón de la ortodoxia y maestro de la pureza

Kondakio XII
La arrogancia juvenil que a todos nos acecha, fue sofocada por la sabiduría de tu ancianidad espiritual, oh arpa inspirada del Espíritu Santo, a través de las obras de teología, los himnos y las melodías. Y los fieles seguirán estudiando tus escritos, cantando tus obras y guiados por la ortodoxa exposición de fe para que sigamos alabando a Dios con temor y estremecimiento cantando: Aleluya.

Ikos XII
Tus escritos son más poderosos que guerreros con espadas, caballeros con lanza, arqueros con arcos, reyes con ejércitos y emperadores con armadas, Oh venerable Juan, pues has disipado las herejías y los errores de los enemigos de la Iglesia con tus escritos e himnos. Por lo que en alta voz te clamamos:

Alégrate, luminaria en medio de la oscuridad
Alégrate, arpa que triunfaste sobre el paganismo de Apolo y Orfeo
Alégrate, monje humilde glorificado en el ascetismo
Alégrate, justo sacerdote, digno de las alturas del cielo
Alégrate, agua viva que apagas las llamas de la herejía
Alégrate, león de la ortodoxia manso como un cordero
Alégrate, estoico guerrero en la batalla contra el pecado que te viste enaltecido por los sufrimientos
Alégrate, Oh Cántico de la Iglesia por quien los fieles ortodoxos cantan la victoria sobre la muerte en la Resurrección
Alégrate, portador de la filosofía espiritual que superaste en elocuencia a los filósofos y los más grandes sabios
Alégrate, tú que fuiste humillado para ser enaltecido
Alégrate, vencedor en la batalla que arrancaste la mala hierba del error.
Alégrate, Oh Justo Juan Damasceno, campeón de la ortodoxia y maestro de la pureza

Kondakio XIII
Ningún hombre puede cantar adecuadamente tus alabanzas, Oh Luminaria, digno sacerdote, defensor de la fe ortodoxa, azote de los herejes, aplastador de los ismaelitas, protector de los santos iconos, digno origen del icono de la Trijerusa, fuente de sabiduría espiritual, maná de la recta fe, arroyo de Agua Viva que nunca se corrompe, fiel defensor de la Theotokos, alivio de los que descansan en el Señor, Oh San Juan Damasceno, coraza contra las embestidas del maligno y terror de los ejércitos de la oscuridad, sálvanos de la muerte eterna y condúcenos por el angosto camino que lleva a la vida para que contigo, la Toda Santa Theotokos y el coro de las huestes celestiales, podamos cantar a Dios alabado en sus Tres Personas: Aleluya, Aleluya, Aleluya .


                                    Catecismo Ortodoxo 

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Tuesday, July 21, 2015

La ciencia de Dios es universal.( San Juan Damasceno )


La ciencia de Dios es universal. 

Puesto que es causa de todo, le están presentes los acontecimientos,aun los frutos, como al arquitecto el plan del edificio antes de construirlo (De la Fe Ortodoxa, l, 9). ¿Cómo se concilia esta presciencia divina con la libre elección de actos posibles para algunas creaturas? Recordando primeramente que la razón humana no podría tener la pretensión de explicar lo que la excede, San Juan Damasceno "posee los dos cabos de la cadena", como diría Bossuet: "Dios es causa de todo el ser, y por lo tanto de todo el bien que existe en las creaturas, pero en el caso del acto libre la iniciativa de la falta no es imputable sino a la creatura. 

El es el autor de los vasos de honor y de los vasos de ignominia; pero que uno sea digno de honra y el otro de desprecio, depende de cada quien" (Contra los Maniqueos, 77-79; De la Fe Ortodoxa, ll, 93).