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Sunday, April 26, 2015

El buen cristiano primero ama a Dios y luego al hombre ( San Paisios )


"La principal obligación del hombre es amar a Dios y luego a su prójimo, y mas todavía — a su enemigo. Si amáramos a Dios como se debe, guardaríamos también todos Sus otros mandamientos. Pero nosotros no amamos ni a Dios, ni a nuestros prójimos. ¿Quien hoy se interesa por otra persona? Todos se preocupan solo por si mismos, y no por otros. De esto vamos a rendir cuentas .a Dios, Quien es todo amor, no nos perdonará esta indiferencia hacia los prójimos."

"El buen cristiano primero ama a Dios y luego al hombre. El amor sobrante lo vierte también sobre los animales y la naturaleza." Nosotros, la gente contemporánea que, destruimos el medio ambiente demuestra nuestra falta de amor.

El Starez describe la vida de san Arsenio de Cappadoquia, quien era famoso por su amor a la gente. P. Paisio escribía: "La vida de san Arsenio era santa, él era como un generador espiritual, movido por el gran amor Divino que todo lo abarca, siempre milagrosamente comunicaba la Gracia Divina no solo a los cristianos, sino también a los turcos, a lo fieles e infieles."

El Starez decía: "Quien solo por amor se afana a ayudar a su prójimo, — la misma fatiga le trae descanso. En cambio, el egoísta y perezoso se cansa de su misma falta de acción." Debemos prestar atención a lo que nos hace incitar a las obras de amor, según decía el Starez. Debo trabajar para otros por puro amor, y por ningún otro estímulo. Muchos hacen ver su amor a la gente, y acto seguido —(los subyugan a si mismos.)?

"En el amor al prójimo esta escondido nuestro gran amor a Cristo. En nuestra veneración a la Madre de Dios y a los santos, también, se esconde nuestra gran veneración a Cristo." Con esto se conserva el amor cristiano y se diferencia en cualidad del amor a la gente mundana.

La limosna piadosa — es la expresión del amor. Los cristianos contemporáneos casi olvidaron esta virtud .El Starez hace recordar no solo su necesidad, pero también los frutos espirituales que ella trae. "Los cambios espirituales del alma y alegría del corazón por el hecho de la beneficencia, o solo la limosna, ofrecidas al prójimo, no puede darnos ni el medico mas grande con una bolsa de dinero. Los pensionados que sacrifican su tiempo y dinero para salvar a niños indefensos de alguna familia deshecha Si el hombre analizara bien el provecho espiritual y la alegría interna que se siente, hasta en esta vida, por una pequeña beneficencia hecha a su prójimo, él mismo rogaría al prójimo que la aceptara y hasta le estaría agradecido."


San Paisios

Wednesday, December 3, 2014

Amar a Dios no necesita maestro ( San Basilio el Grande )

Amar a Dios no necesita maestro. Así como sin algún aprendizaje nos alegramos de la luz, y deseamos el bien. La misma naturaleza enseña a amar a los padres, aquellos que nos educaron y nos alimentaron. Así lo mismo, en una manera muy superior y no de alguien, aprendemos a amar a Dios. Desde el nacimiento hay en nosotros como una semilla, una fuerza espiritual, una inclinación, una capacidad para el amor. En la escuela de los mandamientos de Dios esta fuerza del alma se desarrolla, se alimenta y, por gracia de Dios, llega a la perfección... Pues es necesario saber que el amor a Dios es una virtud, pero ella con su fuerza abraza y cumple todos los mandamientos: "Jesús les respondió: El que me ama, se mantendrá fiel a mis palabra. Mi padre lo amará, y mi Padre y yo vendremos a el y viviremos en él" (Jn. 14:23). Otra vez repite: "En estos dos mandamientos se basa toda la Ley y los Profetas" (Mt. 22:40). Así pues por la naturaleza humana, los hombres aspiran a cosas hermosas y buenas, y no hay algo mejor, más hermoso, que el bien: Dios es el mismo bien. Por eso el que desea el bien, desea a Dios. Aunque nosotros no conoceremos como El es bueno, pero ya el saber que El nos creó es suficiente, para que lo amemos por sobre todo y continuamente estemos unidos a El, como los hijos están unidos a su madre.

Si tenemos una natural unión y amor a nuestros bienhechores y tratamos de agradecerles, ¿entonces que decir de los dones espirituales? Ellos son tan importantes, que es imposible valorizarlos y cada uno de ellos es suficiente para obligarnos a un total agradecimiento hacia el Dador.

El nos redimió de la maldición, siendo El, por nosotros, maldición (Gá. 3:13). El asumió sobre sí la peor muerte, para devolvernos la vida gloriosa. Y no siendo suficiente para El dar la vida por nosotros, El nos dio todavía la gloria de su naturaleza y nos preparo la vida en la eternidad, donde la felicidad supera todo entendimiento humano.


San Basilio el Grande