Wednesday, December 2, 2015

Cuando hayas sido insultado, maldecido o perseguido por alguien.. ( San Marcos el Asceta )



Cuando hayas sido insultado, maldecido o perseguido por alguien, no pienses en lo que te ha sucedido, sino en lo que resultará de ello, y verás que el que te insulta se convierte en causante de muchos beneficios para ti, no solamente en esta vida, sino en la que está por venir.

San Marcos el Asceta


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Que injuria a su hermano ( San Isaac el Sirio )


Si no puedes cerrar la boca de alguno que injuria a su hermano, por lo menos evita conversar con él.

San Isaac el Sirio


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Monday, November 30, 2015

De qué forma el espíritu penetra en el corazón ( San Nicodemo el Hagiorita )


Os diré ahora... como debéis guardar vuestro espíritu, es decir, el acto (energía) de vuestro
espíritu y vuestro corazón. Sabéis que todo acto mantiene una relación natural con la esencia y la potencia que lo ejercita y que (una vez ejecutado) retorna naturalmente hacia ella para unírsele y reposar. Por eso una vez que se ha liberado el acto del espíritu - que tiene por órgano al cerebro - de todos los objetos exteriores del mundo por medio de la guardia sobre los sentidos y la imaginación, deberéis llevar nuevamente este acto (energía)
a su esencia y a su potencia propia. 


En otros términos llevaréis el espíritu al centro del
corazón -que es, como hemos dicho, el órgano de la esencia y de la potencia del espíritu- y
contemplaréis entonces, mentalmente, al hombre interior en su integridad. Esta conversión del espíritu, los principiantes acostumbran practicarla, según la enseñanza de los santos Padres «sobrios», inclinando la cabeza y apoyando el mentón sobre el pecho. Que el retorno del espíritu al corazón esté exento de desviaciones.
 

Dionisio el Areopagita, en su pasaje sobre los tres movimientos del alma, llama, a esta conversión, el movimiento circular y sin desviación del espíritu. Del mismo modo en que la periferia del circulo vuelve sobre ella misma y se une a ella misma, así el espíritu, en esta conversión, vuelve sobre si mismo y se hace uno. Por eso Dionisio, el más excelente de los teólogos, ha dicho: «El movimiento circular del alma, consiste en su entraña en ella misma por el desprendimiento de los objetos exteriores y en la unificación de sus potencias intelectuales, la que le es conferida por su ausencia de desviación, como en un circulo»
(Noms divins, cap. 4). 


Por su lado, el gran Basilio nos dice: «El espíritu que no está disperso entre los objetos exteriores ni extendido sobre el mundo por los sentidos, vuelve hacia si mismo y sube por si mismo hacia el pensamiento de Dios» (Carta 1).
 


El espíritu, una vez en el corazón, no se detenga solamente en la contemplación, sin hacer nada más. Allí encontrará la razón, el verbo interior gracias al cual razonamos y componemos obras, juzgamos, examinamos y leemos libros íntegros en silencio, sin que nuestra boca profiera una palabra. Que vuestro espíritu, entonces, habiendo encontrado el verbo interior, sólo le permita pronunciar la corta oración llamada monológica: «Señor Jesucristo, Hijo de Dios, tened piedad de mi».
Pero esto no basta. Debéis, además, poner en movimiento la potencia volitiva de vuestra alma, en otros términos, decir esta oración con toda vuestra voluntad, con toda vuestra potencia, con todo vuestro amor. Más claramente, que vuestro verbo interior aplique su atención, tanto con su vista mental como con su oído mental, a esas únicas palabras, y mejor aún, al sentido de las palabras. 


Así, permaneciendo sin imágenes ni figuras, sin imaginar ni pensar ninguna otra cosa, sensible o intelectual, exterior o interior, se producirá algo bueno. Pues Dios está más allá de todo lo sensible y lo inteligible. Por lo tanto, el espíritu que quiere unirse a Dios por la oración debe salir también de lo sensible y de lo inteligible y trascenderlo para obtener la unión divina. De allí, las palabras del divino Nilo (Evagrio): «En la oración, no te figures la divinidad, no dejes a tu espíritu sufrir la impronta de una forma cualquiera, permanece en cambio, inmaterial ante el Inmaterial, y tú comprenderás» (Acerca de la oración, 56). 

Que vuestra voluntad se aplique enteramente, por el amor, a las palabras de la oración, de ese modo vuestro espíritu, vuestro verbo interior y vuestra voluntad, esas tres partes del alma, serán uno y la unidad comprenderá a los tres. De este modo el hombre, que es la imagen de la santa Trinidad, adhiere y se une a su prototipo.

Según la expresión de ese gran héroe y doctor de la oración y de la sobriedad mental, Gregorio Palamas de Tesalónica: «Cuando la unidad del espíritu se hace trinitaria permaneciendo una, entonces se une a la mónada trina de la divinidad, cerrando toda salida a la desviación, manteniéndose por encima de la carne, del mundo y del príncipe del mundo»

San Nicodemo el Hagiorita

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La Vanagloria - Al Obispo Castor


Nuestra séptima lucha es contra el espíritu de la vanagloria. Ésta es una pasión multiforme, muy sutil, y no la reconoce ni siquiera aquel que por ella ha sido tentado. En efecto, los asaltos de las otras pasiones son mucho más manifiestos, por lo que la lucha contra ellos es más fácil pues el alma reconoce al adversario y lo rechaza enseguida mediante la resistencia y la oración. Pero la malicia de la vanagloria, justamente por ser multiforme es difícil de ser distinguida. En cualquier ocupación, usando la voz y la palabra o aun callando, en el trabajo o en la vigilia, en los ayunos o en la oración, en la lectura, en la hesichía, en la paciencia; en todo esto trata de abatir con sus flechas al soldado de Cristo. 


A quien la vanagloria no logra seducir con el lujo de los vestidos, trata de tentarlo por medio de una
prenda vil. Y al que no puede agrandar con honores, lo induce a la tontería, haciéndole
soportar cualquier cosa que parezca un deshonor. 

Al que no puede ser persuadido a vanagloriarse con la sabiduría de los discursos, lo atrapa con el lazo de la hesichía, como si se hubiera dedicado al recogimiento. Al que no puede convencer con la suntuosidad de los alimentos, lo debilita con el ayuno para que obtenga alabanzas.
 

En una palabra, cualquier trabajo, cualquier ocupación brinda a este pésimo demonio una
ocasión para promover batalla. ¡Y además de esto, sugiere también fantasías de ordenaciones clericales! Recuerdo a un cierto anciano, cuando vivía en Escete, quien al dirigirse a visitar a un hermano en su celda, acercándose a su puerta, sintió que éste estaba hablando. El anciano, pensando que estaba meditando las Sagradas Escrituras, se detuvo a escuchar. Y oyó que aquel, tornándose insensato por la vanagloria, ¡se imaginaba haber sido ordenado diácono, y que estaba despidiendo a los catecúmenos! Oyendo esto, el anciano empujó la puerta y entró. 


El hermano se adelantó y se arrodilló según la usanza, tratando de saber si el anciano había estado un buen tiempo detrás de la puerta. Pero el anciano le contestó sonriendo: Llegué cuanto tú estabas despidiendo a los catecúmenos." Ante estas palabras, el hermano cayó a los pies del anciano, suplicándole que rogara por él, a fin de ser liberado de este engaño.
 

He recordado este hecho para demostrar a qué grado de insensatez este demonio conduce
al hombre. El que quiera combatirlo con perfección, y llevar firmemente la corona de la
justicia, usará de todo su celo para vencer a este demonio polimorfo. Y que tenga siempre bien presente lo dicho por David: El Señor ha dispersado los huesos de aquellos que gustan
a los hombres (Sal 52:5). Y que no haga nada mirando a su alrededor, con el fin de obtener
las alabanzas de los hombres. Que busque solamente la merced que viene de Dios; que
siempre rechace aquellos pensamientos de autoelogio que provienen de su corazón, que se
anule frente a Dios, y podrá así, con su ayuda, liberarse del espíritu de la vanagloria.

Al Obispo Castor


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Saturday, November 28, 2015

Cuando inesperadamente caigas en pecado, no te desesperes, no te encierres en ti mismo, no digas: “¿Como pude permitir que esto sucediera?” ( San Nicodemo Hagiorita )



Cuando inesperadamente caigas en pecado, no te desesperes, no te encierres en ti mismo, no digas: “¿Como pude permitir que esto sucediera?” Esa es la voz del egoísta orgulloso. Por el contrario, humíllate y poniendo tu atención espiritual en el Señor, di: “¿Qué mas puede esperarse de mi, oh Señor, siendo una persona tan débil e inmoral? e inmediatamente dale gracias, de que el pecado se detuvo allí, y confiesa: “Si no fuera por tu inagotable bondad, oh Señor, no me hubiera detenido en esto, sino definitivamente hubiera caído en algo peor.”

San Nicodemo Hagiorita

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La vida del San Siluan el Athonita


El sjimonje padre Siluan (el nombre y apellido — Simón Ivanovich Antonov). Nació en el año 1866 en una aldea de la provincia de Tambov, Rusia). Llegó al monte Athos en 1892, fue tonsurado monje en 1896 y tomo la sjima en el año 1911. (Los votos de la sjima son más severos y al monje se le cambia el nombre y los hábitos). Cumplía la obediencia en el molino del monasterio de Viejo Rusik, en economía. Falleció el 24 de septiembre de 1938. Esos pocos datos se tomaron del monasterio de Athos.

Desde que “nació” hasta que “falleció” podemos contar muy poco, pues es el tema de la vida interior de un monje ante Dios — algo indiscreto y atrevido. Hablar sobre “la profundidad del corazón” de un cristiano es un sacrilegio, pero creemos que ahora el starez ya no teme a nada. Nada va a perturbar su descanso eterno en Dios. Por eso nos permitimos relatar su extraordinariamente rica vida y también teniendo en cuenta a aquellos pocos que son atraídos por esta vida divina.

Muchos, que están en contacto con los monjes en general y con el starez Siluan en particular, no encuentran nada especial y se quedan con el deseo incumplido y hasta desilusionados. Esto pasa porque se acercan al monje con demandas y búsquedas erróneas. El monje constantemente está en un estado de lucha, muchas veces muy intensa, pero el monje ortodoxo no es un faquir. A el no le interesa un logro con ejercicios especiales, con un particular desarrollo de las fuerzas psíquicas, lo que atrae a muchos ignorantes buscadores de la vida mística. Toda su vida el monje realiza una lucha fuerte. Algunos de ellos, como el padre Siluan, llevan una lucha titánica con el mundo invisible para matar en su corazón al animal orgulloso para hacerse un verdadero hombre dócil y humilde según la imagen del Hombre-Cristo. Para el mundo es extraña e incomprensible la vida cristiana. Una paradoja. Todo parece que es contrario al orden en el mundo y no hay posibilidad de explicarlo con palabras. El único camino para comprender — es cumplir la voluntad de Dios, lo que significa cumplir todos los mandamientos y enseñanzas de Jesucristo.


San Siluan el Athonita


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Thursday, November 26, 2015

Ver a Dios.. ( San Serafim de Sarov )


– Padre, le dije, vos habláis siempre de la adquisición de la gracia del Espíritu Santo como del objetivo de la vida cristiana. Pero ¿cómo puedo reconocerla? Las buenas acciones son visibles. Pero el Espíritu Santo ¿puede ser visto? ¿Cómo podría saber si está o no en mí?

– Esta época en que vivimos, respondió el staretz, ha llegado a tal tibieza en la fe, a tal insensibilidad con respecto a la comunión con Dios, que se ha alejado casi totalmente de la verdadera vida cristiana. Los pasajes de la Santa Escritura hoy nos parecen extraños: por ejemplo, cuando leemos que el Espíritu Santo, por boca de Moisés dijo: “Adán veía a Dios paseándose en el paraíso” (Gn. 3,8); y, como este, hay muchos otros textos donde se hace referencia a la aparición de Dios ante los hombres.

Entonces algunos dicen: “Estos pasajes son inexplicables. ¿Se puede admitir que los hombres pueden ver a Dios concretamente?.” Esta incomprensión viene del hecho de que bajo el pretexto de la instrucción, de la ciencia, nos hemos sumido en la oscuridad de la ignorancia; que encontramos inconcebible, todo aquello que los antiguos tenían clara noción y que les permitía hablar de las manifestaciones de Dios como de algo conocido por todos. Así Job, cuando sus amigos le reprochan de blasfemar contra Dios, responde: “¿Cómo puede ser así cuando siento el aliento del Todopoderoso en mis narices?” (Jb. 27,3). Dicho de otro modo, ¿cómo puedo blasfemar contra Dios cuándo el Espíritu Santo está conmigo? Si yo lo hiciera, el Espíritu Santo me abandonaría, pero siento Su respiración en mi nariz. Abraham y Jacob conversaron con Dios; Jacob incluso luchó con El. Moisés vio a Dios, y todo el pueblo con él, cuando recibió las Tablas de la Ley sobre el monte Sinaí. Una columna de nubes de fuego –la gracia visible del Espíritu Santo– sirvió de guía al pueblo hebreo en el desierto. Los hombres veían a Dios y Su Espíritu, no en sueños o en éxtasis –frutos de una imaginación enfermiza– sino en verdad.

Torpes nos hemos tornado, comprendemos las palabras de la Escritura de otro modo, distinto del que se debería. Y todo esto sucede porque, en lugar de buscar la gracia, le impedimos, por falso orgullo intelectual, morar en nuestras almas e iluminarnos como están aquellos que de todo corazón buscan la verdad.

San Serafim de Sarov


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