Friday, March 30, 2018

El Sábado de Lázaro y el Domingo de Ramos


Las solemnidades de la Gran Semana están precedidas por una fiesta de dos días que conmemoran la resurrección de Lázaro y la Entrada de Cristo en Jerusalén. Estos dos eventos marcan el ministerio de Cristo de una forma más dramática (Juan 11:1; 12:19). Al provocar la erupción final de la implacable hostilidad de sus enemigos, que habían estado conspirando para matarlo, estos dos eventos precipitan la muerte de Cristo. Sin embargo, al mismo tiempo, estos dos hechos enfatizan Su divina autoridad. Mediante ellos Cristo se revela como la fuente de toda vida y el Mesías prometido. Por esta razón, el interludio que separa la Gran Semana de la Gran Cuaresma, es de carácter Pascual. Es el presagio de la victoria de Cristo sobre la muerte y la irrupción de Su reino en la vida del mundo.

El Sábado de Lázaro se cuenta entre las fiestas mayores de la Iglesia. Se celebra con gran reverencia y gozo. El hecho de la resurrección de Lázaro está recogido en el Evangelio de San Juan (11:1-45). La himnografía de la fiesta interpreta el sentido teológico del hecho. En consecuencia, la resurrección de Lázaro es vista como una profecía en acción. Prefigura, tanto la resurrección de Cristo, así como la resurrección general de todos los muertos al final de los tiempos. Los himnos de la fiesta también enfatizan la verdad bíblica de que la resurrección como tal, es mucho más que un hecho. Es una persona, Cristo mismo, que reviste ahora de la vida eterna a todos los que creen en Él, y no en un oscuro tiempo futuro (Juan 11:25-26).

Además, la resurrección de Lázaro ocasionó la divulgación de las dos naturalezas de Cristo, la divina y la humana. Manifestó su poder divino por Su conocimiento previo de la muerte de Lázaro y por el resultado final, el milagro de su resurrección. También, en el transcurso de los hechos dramáticos, Jesús desplegó profundas emociones humanas. El Evangelio recoge Su profundo sentimiento de amor, ternura, simpatía y compasión, así como angustia y tristeza. La narración informa que suspiró desde el fondo de su corazón y lloró (Juan 11:5, 33, 35, 36, 38).

La Entrada en Jerusalén. Al comienzo de su ministerio público, Jesús proclamó el Reino de Dios y anunció que los poderes de esta era venidera ya estaban activos en la era presente (Lucas 7:18-22). Sus palabras y sus poderosas obras se realizaron “para producir arrepentimiento así como respuesta a su llamada, una llamada a cambiar el interior de la mente y el
corazón que da lugar a cambios en la vida de alguien, una llamada a seguirle y aceptar su destino mesiánico.

La entrada triunfante de Jesús en Jerusalén es un hecho mesiánico, por el cuál se declaró su divina autoridad.

El Domingo de Ramos nos llama a contemplar a nuestro Rey: el Logos de Dios hecho carne. Somos llamados a contemplarlo, no sólo como el que vino una vez a nosotros montado en un asno, sino como el que siempre está presente en la Iglesia, el que viene incesantemente a nosotros en poder y gloria, en cada Liturgia, en cada oración y sacramento, y en cada acto de amor, bondad y misericordia. Él viene para liberarnos de nuestros pecados y nuestras inseguridades, “para tomar posesión solemne de nuestra alma, y ser entronizado en nuestro corazón”, como alguien ha dicho. Viene, no sólo a librarnos de nuestra muerte por Su muerte y resurrección, sino también para hacernos capaces de alcanzar la más perfecta comunión o unión con él. Es el rey, que nos libra de la oscuridad del pecado y de la tiranía de la muerte. El Domingo de Ramos nos llama a contemplar a nuestro rey: el Vencedor de la muerte y el Dador de vida. El Domingo de Ramos nos llama a aceptar tanto la regla y el Reino de Dios, como el objetivo y el contenido de nuestra vida cristiana. Basamos nuestra identidad en Cristo y Su Reino. El Reino es Cristo, su indescriptible poder, su infinita misericordia e incomprensible abundancia dada libremente al hombre. El reino no está en algún punto o lugar en el distante futuro. En palabras de la Escritura, el Reino de Dios no está sólo a la mano (Mateo 3:2; 4:17), está en nosotros (Lucas 17:21). El reino es una realidad presente así como una realización futura (Mateo 6:10). San Teófano el Recluso escribió las siguientes palabras sobre la regla interna de Cristo Rey: “El reino de Dios está en nosotros cuando Dios reina en nosotros, cuando el alma, en su profundidad, confiesa a Dios como su Maestro, y le obedece en todos sus poderes. Entonces Dios actúa dentro de él como maestro, “tanto del querer como del obrar, por su buena voluntad” (Filipenses 2:13). Su reino comienza tan pronto resolvemos servir a Dios en nuestro Señor Jesús Cristo, por la gracia del Espíritu Santo. Entonces, los cristianos ponen en manos de Dios su conciencia y libertad, que comprende la sustancia esencial de nuestra vida humana, y Dios acepta el sacrificio; y de esta forma, se alcanza la alianza del hombre con Dios, y de Dios con el hombre, y el convenio con Dios, que fue cortado por la Caída y continúa estando cortado, es restablecido.

El reino de Dios es la vida de la Santa Trinidad en el mundo, es el reino de la santidad, la bondad, la verdad, la belleza, el amor, la paz y el júbilo. Estas cualidades no son obras del espíritu humano. Proceden de la vida de
Dios y revelan a Dios. Cristo mismo es el reino. Es el Dios-Hombre, “que trajo a Dios a la tierra” (Juan 1:1, 14). “Estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por el, y sin embargo el mundo no le conoció. Vino a su propia casa, y su propio pueblo no le recibió (Juan 1:10-11). Fue maldecido y odiado.

El Domingo de Ramos nos llama a contemplar a nuestro rey, el Siervo Sufriente. No podemos entender la realeza de Cristo sin la Pasión. Lleno de infinito amor por el Padre y el Espíritu Santo, y por la creación, en su inexpresable humildad Jesús aceptó la infinita humillación de la Cruz. Cargó con nuestras enfermedades y sufrimientos; fue herido por nuestras transgresiones y se ofreció a sí mismo por nuestros pecados (Isaías 53). Su glorificación, que fue realizada por la resurrección y la ascensión, fue alcanzada por la Cruz.

En los momentos fugaces de exhuberancia que marcaron la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, el mundo recibió a su rey. El rey que estaba de camino a su muerte. Sin embargo, su pasión no tuvo un deseo mórbido por el martirio. El propósito de Jesús era cumplir la misión para la que el Padre lo había enviado.

El Hijo y Logos del Padre, igual a Él, sin principio, y eterno, ha venido hoy a la ciudad de Jerusalén, sentado sobre una bestia muda, en un asno. Por temor, los querubines no se atreven a mirarlo; sin embargo, los niños lo honran con palmas y ramos, y cantan místicamente un himno de alabanza: “Hosanna en las alturas, Hosanna al Hijo de David, que ha venido a salvar a toda la humanidad del error”. (Un himno de la Luz).

Con nuestras almas purificadas, y llevando ramos en espíritu, cantemos con fe, alabanzas a Cristo, clamando con una profunda voz al Maestro: “Bendito eres, oh Salvador, que has venido al mundo a salvar a Adán de la antigua maldición, y en Tu amor por la humanidad te has complacido en convertirte espiritualmente en el nuevo Adán. Oh Logos, que has ordenado todas las cosas para nuestro bien, ¡gloria a ti! (Himno Estacional de los Maitines).

Padre Alkiviadis Calivas 
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Entrada en Jerusalén (Domingo de Ramos)

 
Cuando llegó el tiempo de darse a sí mismo en sacrificio por la redención de los pecados de todos los hombres, Cristo fue hacia la "pasión voluntaria en Jerusalén". ¿Cómo se produjo?: "Cuando se aproximaron a Jerusalén... envió Jesús a dos discípulos, diciéndoles: "Id al pueblo que está enfrente de vosotros, y enseguida encontraréis un asna atada y un pollino con ella; desatadlos y traédmelos...". Fueron, pues, los discípulos e hicieron como Jesús les había encargado: trajeron el asna y el pollino. Luego pusieron sobre ellos sus mantos, y él se sentó encima. La gente, muy numerosa, extendió sus mantos por el camino; otros cortaban ramas de los árboles y las tendían por el camino. Y la gente que iba delante y detrás de él gritaba: "¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!" (cfr. Mt 21,1-9).
La entrada de Jesucristo en Jerusalén, cuando él se dona a sí mismo al ultraje, a la kenosis, a la terrible y vergonzosa muerte sobre la cruz para la salvación de los hombres, tiene un profundo sentido ético y simbólico. El prototipo de este gran acontecimiento se considera la entrada en Jerusalén de David, después de su victoria sobre Goliat. También David fue acogido y aplaudido por la muchedumbre, llena de alegría y gratitud. Entonces, el rey Saul se puso celoso y guardó rencor contra David. Pero éste, algún tiempo después, se convirtió en el gran rey de Judea y de Israel.
Así también Jesucristo, que va hacia la muerte, llegará a ser rey del nuevo Israel, de toda la humanidad renovada, que ha hecho un Nuevo Testamento (Nueva Alianza) con Dios.
La entrada en Jerusalén se convierte en el cumplimiento de las profecías: "Exulta sin freno, hija de Sión, grita de alegría, hija de Jerusalén! He aquí que viene a ti tu rey: justo él y victorioso, humilde y montado en un asno, en un pollino, cría de asna" (Zac 9,9).
La iconografía de la entrada en Jerusalén generalmente es la misma, no varía. Jesucristo entra en Jerusalén sentado sobre un pollino. Está vuelto hacia sus discípulos, que siguen al pollino. En la mano izquierda, Cristo sujeta un rollo, que simboliza el texto sagrado del Testamento; con la derecha bendice a los que se encuentran con él.
A su encuentro, desde las puertas de la ciudad vienen hombres y mujeres. Detrás de él está Jerusalén, una ciudad grande y majestuosa, con altos edificios muy apretados y compactos. Su arquitectura nos demuestra que el iconógrafo vivió rodeado de templos rusos. Los niños extienden sus mantos bajo las patas del pollino. Los demás tienden ramas de palma. A veces, en la parte baja del icono se ven también dos pequeñas figuras de niños. Uno está sentado, con una pierna agachada y algo alzada, sobre la que se inclina el otro muchachito, que está tratando de sacarle una astilla de la planta del pie. Esta escena de la vida cotidiana, llegada desde Bizancio, impresiona mucho y confiere vitalidad a la imagen; sin embargo, no disminuye el pathos de lo que está sucediendo. Los vestidos de los niños casi siempre son blancos, que simbolizan la pureza de sus almas, que carecen de malicia.
Como es habitual en los iconos rusos, los vestidos de todos los personajes adultos están pintados con arte y austera elegancia. Tras la figura de Cristo se levanta hacia el cielo una montaña, representada con los tradicionales medios simbólicos.
La entrada de Jesucristo en Jerusalén es un acto de su libre voluntad, después del cual vendrá el gran sacrificio, que redimirá todos los pecados de los hombres y abrirá delante de ellos la entrada en la nueva vida, la entrada en la Nueva Jerusalén. 
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Monday, March 26, 2018

Dios, no me abandones.. ( San Antonio El Grande )

 Un día los demonios asaltaron a Antonio en su celda para atormentarlo; llegaron entre tanto los que le servían y, estando fuera de la celda, le oyeron gritar a Dios: ""h Dios, no me abandones; no he hecho nada de bueno a tus ojos, pero, en tu bondad, concédeme comenzar.

 San Antonio El Grande

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Saturday, March 24, 2018

Anunciación a la Santísima Virgen María.


Establecida en la casa de José, la Santísima Virgen María llevaba prácticamente el mismo modo de vida que había llevado en el templo. La mayor parte del tiempo lo pasaba en solitaria oración, en el silencio, en la lectura de las Escrituras y en manualidades. No descuidaba los quehaceres domésticos, siendo una fiel y preciosa ayuda para el anciano José.

Pasado un tiempo no muy largo después de que la Santísima Virgen se hubo establecido en Nazaret, fue visitada por el Arcángel Gabriel, quien antes le había anunciado al sacerdote Zacarías acerca del nacimiento de Juan el Bautista. Encontrándola leyendo las profecías de Isaías acerca del nacimiento del Mesías de una Virgen, el Arcángel La saludó con estas palabras: ¡Alégrate Bienaventurada! ¡ El Señor está Contigo! ¡Bendita eres Tú entre las mujeres!

Esta imprevista aparición del Ángel y la alegre salutación agitaron a la joven Virgen. ¿No será esto alguna tentación? Mas el mensajero celestial, tranquilizándola, Le explica que Él le está anunciando la voluntad de Dios: ¡No temas María! Tú has hallado gracia de Dios, y concebirás, y de Ti nacerá un Hijo, a Quien llamarás Jesús. Él será grande y Se llamará el Hijo del Todopoderoso y el Señor Dios Le dará el trono de David, Su padre, y reinará en la casa de Jacob por los siglos de los siglos, y Su Reino no tendrá fin.

La Santísima Virgen, que ya en el templo había hecho la promesa de la virginidad, replicó al Ángel: ¿De qué modo será esto? Yo no tengo esposo. — A lo cual él Le contestó: El Espíritu Santo descenderá sobre Ti y la fuerza del Todopoderoso Te cubrirá y por esto El que naciere, Santo será y Se llamará Hijo de Dios.

Revelando con este anuncio el altísimo e inalcanzable misterio de la encarnación del Hijo de Dios, el Arcángel Gabriel para confirmar la veracidad de sus palabras agregó: He aquí Elizabet, Tu pariente, concibió un hijo en su vejez y este es el sexto mes de ella, que había sido llamada estéril. ¡Para Dios todo es posible!

Habiendo oído esto, la Santísima Virgen percibió en su llamado para ser la Madre del Mesías la voluntad de Dios, para Quien no hay oposición. Imbuida por el sentimiento de agradecimiento y obediencia a Dios, con humildad contestó: Soy la sierva del Señor, que sea en Mí según Tu palabra. El Arcángel se volvió invisible.

De este modo se cumplió el grandioso milagro de todos los tiempos: por el descenso del Espíritu Santo sobre la joven Virgen, en Su vientre se encarnó el Hijo de Dios, Quien de este modo Se hizo verdadero hombre, permaneciendo al mismo tiempo como Dios absoluto, consubstancial con el Dios Padre y el Espíritu Santo.

La Iglesia Ortodoxa enseña, que la Santísima María al hacerse Madre, permaneció siendo Virgen.

Troparion Tono 4: 
 
Hoy es el principio de nuestra salvación y la manifestación del misterio de los siglos: el Hijo de Dios se hace hijo de una Virgen, y Gabriel anuncia la divina gracia. Por lo tanto, también nosotros clamamos con él a la Madre de Dios: Alégrate, oh llena de gracia, el Señor está contigo.

Kondaquion, Tono 8:  
 
Nosotros Tus siervos, ¡oh Madre de Dios,! Como librados de las desgracias, te traemos a Ti, Generala, que nos defiendes en las batallas, agradecida canción de triunfo, oh guerrera y defensora. Y Tú que eres invencible, líbranos de las diversas desgracias para que podamos exclamarte: Regocíjate, oh Novia no Desposada.

La instauración de la celebración de la Anunciación corresponde a la más remota antigüedad. San Atanasio (siglo IV) en su palabra dedicada a esta festividad, la llama la primera de una serie de festividades y es especialmente venerada, porque nos recuerda el comienzo de la construcción de la escalera de la salvación humana. En los siglos V y VI, por causa de las herejías que desprestigiaron la personalidad de la Madre de Dios y desfiguraron el dogma de la encarnación de Jesucristo, se presentaron especiales motivos para que la Iglesia aumentara aun más la solemnidad de la celebración de esta festividad. Durante ese tiempo la celebración de los oficios de esta festividad se enriqueció con muchos cánticos donde se revela el misterio de la encarnación del Hijo de Dios y la grandeza de la Madre de Dios. San Juan Damasceno y Teófano, obispo metropolitano de Nicea en el siglo VIII compusieron para esta celebración el canon, que se canta hasta el día de hoy. Por explicación de antiguos escritores cristianos, el fundamento de la costumbre de celebrar la Anunciación el 25 de Marzo, yace sobre la tradición de la Iglesia acerca de que precisamente ese día fue que sucedió la encarnación de Jesucristo, nueve meses antes de Su nacimiento, que se festeja el 25 de Diciembre por el calendario eclesiástico.
 
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Wednesday, March 21, 2018

El buen cristiano primero ama a Dios y luego al hombre.... ( San Paisios el Athonita )

El buen cristiano primero ama a Dios y luego al hombre. El amor sobrante lo vierte también sobre los animales y la naturaleza." Nosotros, la gente contemporánea que, destruimos el medio ambiente demuestra nuestra falta de amor.

San Paisios el Athonita
 
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Saturday, March 17, 2018

Las sabias palabras del anciano.. ( San Antonio el Grande )

Unos hermanos de Escete quisieron visitar al padre Antonio. Cuando se embarcaron para realizar el trayecto, encontraron a un anciano que también quería ir allí; pero los hermanos no le conocían. Sentados en el barco, conversaban sobre las palabras de los padres, sobre las de la Escritura, y también sobre sus trabajos; el viejo callaba. 
Cuando llegaron al ancladero, se dieron cuenta de que también el viejo iba a ver al padre Antonio. Cuando llegaron donde él, les dice el padre Antono: 
"Habéis encontrado una buena compañía en este anciano." Y el anciano: "Padre, te has encontrado con buenos hermanos." Y responde el anciano: "Buenos lo son; pero su patio no tiene puerta y el que quiera puede entrar en el establo y desatar el asno." Pretendía decir que hablaban de cualquier cosa que les viniera a la boca."


San Antonio el Grande
 
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Wednesday, March 14, 2018

Penitencia es acordar con Dios una nueva vida. ( La Santa Escala de San Juan Clímaco )

Penitencia es un modo de renovar el santo Bautismo. Penitencia es acordar con Dios una nueva vida. Penitente es el hombre que compra humildad. Penitencia es repudio perpetuo de todo consuelo corporal. Penitente es aquel que permanentemente se está acusando y condenando, el cual tiene un corazón descuidado de sí mismo por el continuo cuidado de satisfacer a Dios. Penitencia es hija de la esperanza y destierro de la desesperación. Penitente es el reo que está libre de confusión por la esperanza que tiene en Dios. Penitencia es reconciliación con el Señor, mediante la buena obra opuesta al pecado. Penitencia es purificación de la conciencia. Penitencia es sufrimiento voluntario de toda pena. Penitente es el artífice de su propio castigo. Penitencia es una fuerte aflicción del vientre, y una vehemente aflicción, y un gran dolor del alma.

La Santa Escala de San Juan Clímaco 
 
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