Cristianos, ¿Hemos comprendido la gran responsabilidad que hemos asumido ante Dios por el Bautismo? ¿Hemos comprendido que debemos comportarnos como hijos de Dios, que debemos ajustar nuestra voluntad a la voluntad de Dios, que debemos permanecer libres de pecado, que debemos amar a Dios siempre con todo el corazón y siempre esperar pacientemente la unión con El? ¿Hemos considerado el hecho de que nuestro corazón debe estar tan rebosante de amor que lo compartamos con el prójimo? ¿Tenemos conciencia de que debemos ser santos y perfectos, como hijos de Dios y herederos del Reino de los Cielos? Debemos esforzarnos por esto, para que no seamos indignos y seamos rechazados. Que ninguno de nosotros pierda nuestra valentía, ni descuide nuestros deberes, ni se asuste de las dificultades de la lucha espiritual. Pues tenemos a Dios como nuestro auxilio, quien nos fortalece en el difícil camino de la virtud.
San Nectario de Aegina

"Ortodoxia": ("verdadera glorificación") si la primera mitad del concepto habla de lo correcto, verdadero, de la verdad, que se exige del cristiano, la segunda mitad llama glorificar a Dios. La Gloria Divina es la segunda idea encerrada en el concepto de Ortodoxia. Nos induce que todas las facetas del cristianismo: visión del mundo, relaciones con la gente, salvación personal, se encuentran y unifican en lo principal, o sea, — la glorificación de Dios.
Si la "Gloria Divina" significa servicios religiosos y oración — estos se encuentran en el centro de atención ortodoxa.
Indudablemente la Gloria Divina esta incluida no solo en la liturgia: "glorifiquen a Dios en cuerpos vuestros y almas vuestras que son Dios." Esto significa: una vida moral, pureza moral no es solo la condición de una oración agradable a Dios, sino es en si misma la glorificación y el servicio a Dios.
Más adelante pensamiento en Dios, observación con la mente y el corazón de la bondad, misericordia, sabiduría, y omnipotencia Divinas e inclinación del corazón y la mente ante los misterios de la grandeza y del amor de Dios al hombre- es también la glorificación de Dios.
Sin embargo, en la base de Ortodoxia queda la glorificación con el servicio de oración. Y esto porque la oración ortodoxa — el servicio en el templo — reúne a todo. Ella es el alma de Ortodoxia. Para asegurarse de esto, es suficiente entrar en el contenido de la liturgia ortodoxa.
"Oren sin cesar," enseña el Apóstol. Con esto el nos induce la necesidad de la "sobriedad del alma," por medio de una continua recordación de Dios. Esta indicación del Apóstol se cumple tanto en la oración de cristianos aislados, como en el servicio conjunto. La enseñanza de una individual e incesante oración es la base de la ciencia de los Santos de la Iglesia, sobre la salvación. Su modelo es : "Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mi," o en forma corta : "Señor ten piedad," este no es el pedido por nuestras necesidades cotidianas al Padre Celestial, sino el arrepentimiento por nuestros pecados ante el Salvador y el pedido de salvación del alma.
La oración comunitaria tal como esta indicada en la Ortodoxia por la regla perfecta y plena de la Iglesia, creada en los monasterios, esta distribuida de tal manera que la oración fluye casi sin pausa o en el templo, o en la celda, de día y de noche, y en la antigüedad, había templos monásticos con el servicio "sin dormir." Las Horas 1ª, 3ª, 6ª y 9ª horas del día, se continuaban con las interhoras en el servicio de la tarde, de medianoche y de la mañana, así pasaba la noche.
Y a pesar que la vida, con sus exigencias, no permite acercarse al ideal de la regla (tanto en las condiciones de las parroquias, como también en la vida monástica), sin embargo, el servicio religioso ortodoxo se caracteriza por su longitud y contenido.
"Oren unos por los otros." La memoria de la Iglesia de sus miembros se sostiene por la constante recordación de sus nombres, durante el servicio religioso. Personas espiritualmente cercanas a los orantes y a menudo separadas de ellos por grandes distancias particularmente se recuerdan los sufrientes, enfermos, o a los que se encuentran en viaje.
Esta memoria no cesa ni después de la muerte. A menudo la oración por los difuntos sigue elevándose no solo después de muchos años de su deceso. Así continua a través de la Iglesia la comunión con los muertos, padres y hermanos nuestros, en nuestra oración por ellos y en la invisible mutua oración de ellos por nosotros.
"Si comen, o hacen cualquier otra cosa, todo lo hagan a la gloria de Dios." "Todo esta bien y nada esta mal, si se recibe con agradecimiento, ya que se santifica con la palabra Divina."
Estas palabras apostólicas nos explican porque en el orden ortodoxo de la vida, la oración de la Iglesia a menudo sale del templo, y se puede decir, que entra en el medio mismo de la vida popular.
A muchos ortodoxos esta santificación de la naturaleza y la vida, parecía y parece como algo pagano, como restos de las costumbres y ceremónias precristianas. Pero esta cercanía a la vida se encuentra en el espíritu de Ortodoxia. La santificación solemne de las aguas con la salida en procesión a las fuentes, en los días de festividades de Bautismo del Señor, en la mitad de Pentecostés, y el 1º de agosto. La santificación con agua bendita, de los campos en primavera, de los rebaños, la bendición de las casas y de todas las estructuras domesticas, de la comida en Pascua, de los frutos, verduras, flores, espigas, después de la cosecha. Los iconos y la Cruz del Señor en las casas, en los cruces de caminos, en las plazas, en las entradas. Todo esto son los ejemplos de la santificación por la Iglesia de todos los aspectos de la vida fuera de los templos. Con la oración comunitaria se bendice todo el camino terrenal del cristiano desde el día de su nacimiento. La oración del primer día después de nacimiento, con la aplicación del nombre, "el bautismo," las oraciones en el 40-mo día, oraciones antes del comienzo de toda la actividad buena, antes de un viaje, en la enfermedad, las oraciones de agradecimiento y otras, entran la regla de la vida en la Iglesia.
"¡Bendice alma mía el Señor y todo mi interior a Su Santo nombre!" "Todo lo que respira que glorifique al Señor." Estos dos pensamientos del Salmista, en Ortodoxia se encarnan más plenamente.
"Todo mi interior" que bendiga al Señor: Todas las aptitudes y talentos están llamados y atraídos a la glorificación de Dios. Y por eso, nosotros no solo con el pensamiento nos dirigimos a Dios, sino Lo glorificamos con el lenguaje y con el canto y con la pintura y otras artes armónicas. Los mosaicos y los frescos, las telas y el bordado con oro, esculturas en bajo relieve, porque ellas con su corporeidad no cubren al espíritu, el arte de la orfevrería, la arquitectura y otras manifestaciones del talento humano, encuentran su lugar en la glorificación del nombre Divino y Sus Santos.
Y en las manos de un cristiano Ortodoxo, toda la naturaleza, "todo lo que respira" que alabe al Señor.
La santificación del agua, la luz de la vela en las manos del orante, el perfume del incienso, las palmas para la Entrada de Señor a Jerusalén, las flores en Pentecostés — estos dones de la naturaleza están llamados ser los medios de nuestra alabanza a Dios.
La celda o la ermita monástica en el fondo misterioso del bosque, una capilla o una cruz sobre la fuente, la peregrinación por decenas y centenas de kilómetros — todo esto es la comunicación del hombre con la naturaleza, cuando se unen en una alegría conjunta, cuando se inclinan ante la bondad creativa y providente de Dios.
Pero, desgraciadamente, ahora todo esto en nuestra patria Rusia esta encerrado entre las paredes de unos pocos templos. ¿Es esta la libertad de la vida religiosa?
La planta crece hacia arriba.
La idea del crecimiento orgánico es inseparable del espíritu de Ortodoxia. Ella se expresa en la comprensión ortodoxa de la salvación del hombre. En el centro de atención del cristiano se encuentra no "la conformación a la verdad Divina," no "la adquisición, de méritos," sino la posibilidad y la necesidad del crecimiento espiritual personal, en alcanzar de la pureza y de la santidad. La redención del hombre, su injerto al Cuerpo de Cristo, son condiciones para poder comenzar ese crecimiento. Las fuerzas de Gracia del Espíritu Santo, como el sol, la lluvia y el aire para la planta, hacen crecer a esta siembra espiritual. Pero el mismo crecimiento es la "acción," el trabajo, un proceso largo, el trabajo interno sobre si mismo: continuo, humilde, tenaz. Renacimiento — no es la momentánea transformación de un pecador en un salvado, sino un cambio real de la naturaleza espiritual del hombre, cambio del contenido de lo más recóndito del alma, de los pensamientos, conceptos y deseos, direcciones de los sentidos. Ese trabajo se refleja, también sobre el estado corpóreo del cristiano, cuando el cuerpo deja de ser el señor del alma y vuelve al papel de servicio cumplidor de las ordenes del espíritu, un humilde portador del alma inmortal.
El árbol vivo, indefectiblemente crece. Alimentándose a través de las raíces, se ramifica ampliamente y forma la copa dispuesta armónicamente, aunque carece de un punto único en su alto. Así es el orden externo de la Iglesia ortodoxa sobre la tierra. Así también es la estructura de Ortodoxia: las Iglesias parroquiales, Iglesias locales, Patriarcados y una serie de Iglesias autocefalas. Todo el orden administrativo de la Iglesia terrenal, corresponde a su crecimiento orgánico: cada rama crece lateralmente, no separándose del tronco. Así se forman las relaciones mutuas de las Iglesias locales: Iglesias-madres, hijas-Iglesias, hermanas-Iglesias: la familia Divina de Cristo.

En la base de tal o cual sistema filosófico, puede haber pesimismo. Pero en la base de la religión, siempre estaba y está el sentimiento de la alegría. Muchas religiones de la humanidad, están en mayor o menor grado, pervertidos (sustituyendo la verdad Divina, por la mentira, la veneración de Dios — por la veneración de la criatura), todas ellas, sin embargo, eran expresiones de agradecimiento por la vida. Sólo la naturaleza vulnerada del hombre caído lo llevaba a menudo a expresarla en forma burda y baja. El gozo puro, ante la hermosura de la naturaleza, se manifiesta en forma completamente natural en los hombres sensibles, como himnos de glorificación de Dios.
El cristianismo, la religión pura y verdadera, es la expresión de una pura y santa alegría. Los devotos cristianos son una prueba de la base invencible y luminosa del cristianismo, mostrando que ningunos sacrificios y privaciones carnales no son capaces oscurecer la beatitud de la vida en Cristo. "Alégrense siempre, y rezan sin cesar" — aconseja el Apóstol, "que se alegre mi corazón de temer a Tu Nombre" — se repite en las oraciones y los salmos. "que nos levantemos en la alegría del alma para glorificar a Ti." Y el más penitente de los salmos, el Nº 51. "Ten piedad de mi Señor..." tres veces habla de la alegría, pidiendo, que se la devuelva a su alma, que pecó.

El alma humana tiende a Dios, tan naturalmente, como una planta hacia el sol.
El Salterio, libro de la era pre-cristiana, atestigua con fuerza, el carácter natural e innato de esta tendencia.
"Mi alma tiene sed de Ti, por Ti sufre mi carne en tu tierra vacía, seca y sin agua." ¡La sed espiritual me hace sufrir sin Ti, Dios!
"Mi alma como la tierra sin agua hacia Ti." "A Ti, Te dice mi corazón: busco al Señor, mi alma Te busca."
"Volviste Tu faz, y me puse confuso."
"¡Te amaré Señor, mi fuerza! Señor, mi afirmación y mi refugio y mi salvación, Dios mío, es mi ayuda y le tengo confianza, mi protector y mi salvador, y mi redentor."
"Lo único que pedí al Señor y lo recibiré: de vivir en la casa del Señor todos los días de mi vida, ver la belleza del Señor y frecuentar Su templo."
Languidecer por Dios, tener la necesidad de orar a Él; la búsqueda del camino de unión con Dios, siempre han existido en la mejor parte de la humanidad. Pero nunca esta tendencia fue expresada con mayor fuerza que en el Cristianismo que dio una innumerable pléyade de gente pura, luminosa, de alta espiritualidad, que se consagraron enteramente a Dios, con alegría sacrificaron a todo el terrenal para lo celestial. En esto — la afirmación sicológica de la verdad de la esencia de nuestra religión, siendo esto, el testimonio de lo verídico de la fe cristiana.

Lo externo. Sería inútil hablar de una particular admisión de los Ortodoxos a lo externo, a la ceremonia. La ceremonia es la parte imprescindible de la veneración de Dios. ¿Cómo puede ser la veneración a Dios sin veneración externa?
El servicio religioso de la iglesia ortodoxa se caracteriza por su espiritualidad, plenitud, el espíritu conciliar, y al mismo tiempo, una diversidad de expresión externa.
"¿No sabéis que vuestros cuerpos son el templo del espíritu, que vive en vosotros?" pregunta el Apóstol. El cuerpo no esta designado solo para satisfacer sus necesidades corporales: es el instrumento del alma y debe ser traído a la glorificación de Dios junto con el alma. Como modelo que expresa al Espíritu de la ceremonia ortodoxa, es el Icono Cristiano oriental. En el, lo corporal esta representado con rasgos tan finos y condicionales que pasa al segundo plano, ante la expresión de la espiritualidad de los rostros. Con esto la ceremonia en Ortodoxia esta plena y valiente, no ata miedosamente a los movimientos, no apaga el estado espiritual, es multifacetica y natural. La vemos así en el levantamiento de los brazos de los oficiantes en la señal de la cruz y la bendición, en genuflexiones profundas y beso de los objetos sagrados.
La parte ceremonial externa del servicio religioso se formó paulatinamente, históricamente. Pero es digno de atención como en ella se refleja la imagen de la Iglesia Celestial, dada en la Revelación de Juan el Teólogo. Como si la liturgia terrenal se organizaba especialmente según ese modelo.
Este pensamiento aparece cuando leemos en la Revelación: sobre las siete lámparas de oro, los 24 ancianos con vestiduras blancas, de las coronas de oro sobre sus cabezas, las cuales, ellos al inclinarse, depositan ante el altar Divino; los cálices de oro, llenos de incienso y de humo de incienso que se eleva con las oraciones de los Santos; los 7 Ángeles que cantan el cántico de Moisés con vestiduras claras de lino, y ceñidos los pechos con cinturones de oro; el templo lleno de humo de la Gloria Divina; el sello — signo de la cruz en las frentes de miles de siervos de Dios marcados.
El monasterio — es el educador de Ortodoxia. En los antiguos monasterios de oriente: Egipto, Palestina, Siria, Constantinopla, se formo todo el orden de la vida espiritual ortodoxa. En el monte Athos y en los monasterios rusos se paso al suelo eslávo. El "Tipicon" o la Regla litúrgica constituye, en realidad, no solo la regla de servicios religiosos, sino la regla de la vida monástica. Pone los signos de igual entre los conceptos: servicios en la iglesia — vida en Dios — vida monástica. Por eso, a primer golpe de vista, Ortodoxia se distingue por la severidad y la seriedad de las exigencias.
Tomemos, aunque sea, los ayunos canónicos. Ortodoxia induce al cristiano de ser implacable con sus vicios, con sus malas inclinaciones, naturales o adquiridas, llama a la proeza de penitencia, tal que sacuda a todo su ser y le hace sentir toda la profundidad de su caída. "Con pecados bajos ensucie a mi alma y en la pereza viví a toda mi vida." El clamor del alma "ten piedad de mi" tiene que salir de todo su ser, que con todo su ser se entienda donde esta el ancla de su salvación, toda su esperanza en el inexpresable amor y misericordia Divina. Si en Ortodoxia es profunda la congoja por los pecados, la alegría en Señor, es mas fuerte, ya que toda nuestra debilidad no es capaz de vencer a la fuerza Divina y el amor de Dios. De ahí que en Ortodoxia, el estado alegre y gozoso, domina, triunfa, y vence a toda congoja.
El mismo comienzo de la penitencia, lleva en si, un grano de alegría. "El tiempo alegre comenzaremos la penitencia," se canta el principio del ayuno. Y la alegría llega a su punto culminante en la noche de Pascua y durante toda la festividad de Pascua, la Resurección de Cristo. Y como el festejo de Resurrección de Cristo, se extiende sobre todos los domingos del año, en el templo reina un tono triunfal y del templo el cristiano se lleva a la vida un sentimiento animoso.
Así se crea amplitud, plenitud y orden alto de la vida eclesiástica Ortodoxa.

Es suficiente no mantener firme al timón, cambiar levemente el rumbo — y sigue, indefectiblemente una desviación de la meta, primero imperceptible y, con el tiempo, cada vez mayor. Por eso, valorando lo correcto, hay que verificar a si mismo. Los maestros artesanos tienen métodos con los cuales corrigen a los objetos que pierden la forma debida. Estas "reglas," también las tiene la Iglesia. En griego se llaman "Cánones" (canon es modelo, regla; el termino que usa el Ap. Pablo en las Epístolas: Gal. 6:16; Felip. 3:16). La organización de la Iglesia, sus leyes, se definen por las reglas de los Santos Apóstoles, Santos Padres, Concilios eclesiásticos o Cánones de la Iglesia. El cristiano en su vida espiritual personal se guía y se corrige con la regla de la oración: de la mañana, la noche, regla para la Santa Comunión y otros. La finalidad de esta regla no es solo para mantener al hombre en la disciplina e la oración e incitar su aplicación a la oración: tiene una amplia importancia. El contenido de los modelos de las oraciones de las reglas de los Santos Padres hacen recta la conciencia moral del hombre y su visión de si mismo e indican qué y cómo pedir al Señor, como creer, como cumplir la penitencia y como educarse espiritualmente.
De misma manera son necesarias las normas — reglas para la creación artística eclesiástica. Esta debe ser mantenida en la vía correcta de la tradición de la Iglesia. Así es. No en vano, una serie de cánticos se llamo "Canon," estos grupos de cánticos eclesiásticos son conocidos, justamente, por su riqueza de pensamientos y expresiones, formas artísticas, a pesar del cumplimiento estricto de las reglas de su composición. Así mismo, la iconografía y arquitectura ortodoxas, poseen sus cánones según cuya exactitud se definen su valor eclesiástico-histórico.