
Hasta que una persona no conoce algo mas grande esta conforme con lo poco que tiene. Es parecido a un gallo de aldea, vive en un gallinero, ve poca gente y animales. Conoce una docena de gallinas y esta contento, porque no conoce nada mas. Y el águila, que vuela a gran altura en las nubes, y ve con su ojo agudo las lejanías y desde lejos oye los ruidos de la tierra y goza de la belleza del mundo. Conoce muchos países, mares, ríos. Ve diversos animales y aves. El no estará contento si lo ponen con el gallo en su gallinero.
Así sucede en la vida espiritual. Aquel, quien no experimentó la gracia del Espíritu Santo, se parece a un gallo, que no conoce el vuelo del águila y no comprende la dulzura de la emoción y del amor de Dios. El conoce a Dios en la naturaleza y en las Escrituras. El está satisfecho con los preceptos, como el gallo está contento con su vida y no se aflige de no ser águila. Pero aquel, quien conoce al Señor por el Espíritu Santo, reza día y noche, porque la Gracia Divina lo atrae a amar a Dios. Y por el placer del amor Divino soporta fácilmente todas las desgracias de este mundo y su alma extraña siempre a Dios y solamente busca la gracia del Espíritu Santo.
San Siluan el Athonita

Toda la doctrina dogmática sobre la Soberana nuestra esta expresado en sus dos nombres: la Madre de Dios (Theotokos) y la Virgen (aiparthenos). Ambos nombres recibieron su católico reconocimiento, ambos fueron aceptados por la Iglesia Universal. Sobre la inmaculada Concepción de Cristo habla directamente el Nuevo Testamento; este dogma es una parte indivisible de la Tradición eclesiástica. "Encarnado por el Espíritu Santo y la Virgen María" (o "nacido de la Virgen María"), — esto dice el Credo. Y esto no es siempre constatación de un hecho histórico. Es una aseveración de la enseñanza de la fe. El nombre "eterna Virgen" fue aceptado formalmente en el Quinto Concilio Universal (año 553). Mientras "la Madre de Dios" es algo superior, que un nombre o un simple título elogioso. Es la designación dogmática en una sola palabra. Hasta antes del Concilio de Efeso (año 431) el nombre Theotocos ha sido el criterio de la verdadera Fe, la señal distintiva de la Fe Ortodoxa.
Ya san Gregorio el Teólogo había prevenido a Clidonio: "Quien no confiesa a María como Madre de Dios, esta ajeno a Dios" (Epist. 101). Este nombre utilizan ampliamente los Padres del cuarto, y quizás hasta del tercer siglo, por ejemplo Origen — si vamos a creer a Sócrates Escolástico (Hist. ecclesias. 7, 32) y a los fragmentos, conservados en los catenes (In Luc. Hom. 6 y 7). Nestorio y sus seguidores rechazaban e infamaban esa tradición ya consolidada.
La expresión "Madre de Dios" (Theotokos) no se encuentra en los Escritos, y tampoco se encuentra allí la palabra "Hipostático" (omousios). Sin embargo, ni en los Concilios de Nicea, ni de Efeso la Iglesia no introdujo ninguna novedad inaudita. "Nuevas," "no bíblicas" expresiones fueron elegidas, precisamente, por ser interpretadoras y conservadoras de la antigua fe de la Iglesia. Es cierto, que el Tercer Concilio Universal, ocupado ante todo por la cristología, no había elaborado una especial doctrina "mariológica." Y por eso resulta aún más extraordinario ese rasgo distintivo, singular contraseña de la cristología ortodoxa, que se hizo precisamente la noción "mariológica." "La Madre de Dios" es la palabra clave de la cristología. "En este nombre" — dice san Juan Damasceno, — "se concluye todo el misterio de la Encarnación" (De fide orth. 3,12; PG 94,1029). Según la formulación acertada de Petavio: "Es tan utilizable y de primera orden la palabra "Hipostático" cuando se explica el dogma de la Santa Trinidad, como lo es la palabra "Madre de Dios" — durante la explicación de la "Encarnación" (De incarnacione V, 15). Cual es la causa de tan fija atención, nos parece evidente. La doctrina Cristológica, privada del dogma sobre la Madre de Dios, no permite una exposición justa y exacta. Todos los errores y discusiones mariológicas de tiempos actuales tienen sus raíces en la pérdida de la orientación Cristológica, descubriendo un agudo "conflicto cristológico."
En la " truncada cristología" no hay lugar para la Madre de Dios. Los teólogos protestantes no tienen nada que decir sobre Ella. Sin embargo, no reparar en la Madre es — no entender al Hijo. Y viceversa, acercarse a la comprensión de la personalidad de la Virgen Superbendita, comenzar a hablar correctamente de Ella, se puede solamente en el contexto cristológico. Mariología — no es una doctrina independiente, sino un capítulo del tratado sobre la Encarnación. Pero, evidentemente, no es un capítulo fortuito, ni un suplemento, que pudiera ser omitido. Ese capítulo representa la propia esencia de la doctrina. El Misterio de la Encarnación es inconcebible sin la Madre del Encarnado. Sin embargo, esta perspectiva cristológica a veces se encuentra ofuscada por una admiración desmedida, por un entusiasmo espiritualmente no sensatos. La piedad debe seguir el dogma. Existe una rama mariológica también en la enseñanza sobre la Iglesia. Pero de todos modos el propio dogma de la Iglesia representa la "cristología difundida," la doctrina sobre "todo Cristo — la Cabeza y el Cuerpo de la Iglesia."

Un ateo estaba dando un paseo por el bosque,
admirando todo lo que el "accidente de la evolución" tenía
creado.
"¿Qué animales hermoso!" se dijo.
Mientras caminaba junto al río, oyó un
susurro de los arbustos detrás de él. Se volvió hacia
mirar. Vio una carga oso grizzly de 7 pies
hacia él.
Corrió tan rápido como pudo por el sendero. él
mirado por encima del hombro y vio que el oso
estaba cerrando. Él corrió aún más rápido, tan asustada
que las lágrimas acudían a sus ojos.
Mirando por encima del hombro de nuevo, el oso era
aún más cerca. Su corazón latía frenéticamente
y trató de correr aún más rápido. Tropezó y
cayó en el suelo.
Se dio la vuelta para levantarse por sí mismo, pero no vio la
soportar, justo encima de él, tratando de alcanzarlo con
su pata izquierda y levantando su pata derecha a la huelga.
En ese instante, el ateo gritó, sin
pensando,
"Dios mío! ..."
El tiempo se detuvo.
El oso se paralizó.
El bosque estaba en silencio.
Incluso el río dejó de moverse.
Como una luz brillaba sobre el hombre, una voz
salió del cielo,
"Usted niega mi existencia durante todos estos años,
enseñar a otros que no existo y aun de crédito
creación a un accidente cósmico. ¿Me esperas
para ayudarle a salir de esta situación? ¿Estoy ahora
que contará como un creyente? "
El ateo miró directamente a la luz y
contestado,
"Sería hipócrita para mí ser un
Cristiana después de todos estos años; pero, tal vez,
usted podría hacer el oso cristiano? "
"Muy bien", dijo la voz.
La luz se apagó.
El río corría nuevamente.
Los sonidos del bosque se reanudaron.
Y entonces el oso bajó la pata derecha ...
juntó sus garras ... inclinó la cabeza y
habló:
"Señor, por este alimento que estoy a punto de recibir,
Estoy muy agradecido ".
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La Iglesia Ortodoxa tiene un tesoro invaluable, no solo en el ámbito de los oficios y las obras de los Santos Padres, sino también en el ámbito del arte eclesiástico. Como se sabe, la veneración de los santos iconos es muy importante en la Iglesia Ortodoxa, ya que el icono es algo mucho más grande que una simple imagen. No es simplemente un adorno del templo o una ilustración de las Sagradas Escrituras, sino que tiene una correspondencia total con Ellas, es un objeto que entra orgánicamente en la vida de los oficios divinos. Con ello se explica el significado que la Iglesia da al icono, es decir, no a cualquier representación en general, sino al icono canónico, es decir, aquella imagen específica que Ella misma ha elaborado en el transcurso de su historia en la lucha contra el paganismo y las herejías; aquella imagen por la cual, en el período iconoclasta, pagó con la sangre de sus mártires y confesores de la fe.
'Icono' es una palabra griega que significa 'imagen, representación.' En el icono la Iglesia no ve sólo un aspecto cualquiera de la enseñanza cristiana de la fe, sino la expresión del Cristianismo en su totalidad, la Ortodoxia como tal. Por ello, es imposible comprender o explicar el arte eclesiástico fuera de la Iglesia y Su vida. El icono, como imagen sagrada, es una de las manifestaciones de la Tradición de la Iglesia. La veneración de los iconos del Salvador, la Madre de Dios, los ángeles y los santos es un dogma de la fe cristiana que fue formulado por el VII Concilio Ecuménico - un dogma que emana de la confesión fundamental de la Iglesia: la encarnación del Hijo de Dios. El icono de nuestro Señor es el testimonio de Su encarnación verdadera, no ilusoria. El significado dogmático del icono fue claramente formulado durante el período iconoclasta.
Al defender los iconos, la Iglesia Ortodoxa no defendía su aspecto didáctico o estético, sino el mismo fundamento de la fe cristiana: el dogma de la encarnación , ya que el icono del Salvador es al mismo tiempo, testimonio de Su encarnación y nuestra confesión de Jesucristo como Dios. "Yo vi la imagen humana de Dios y fue salva mi alma," dice San Juan Damasceno. En otras palabras, el icono del Salvador es, por un lado, testimonio de la plenitud y realidad de Su encarnación, la representación de la personalidad Divina del Verbo encarnado, una naturaleza nueva transfigurada; y por otro lado, testimonio de la realidad de nuestro conocimiento de Jesucristo como Dios, es decir, la revelación. La aspiración del hombre hacia Dios, que es el aspecto subjetivo de la fe, se encuentra con la respuesta de Dios al hombre - la revelación, que es el conocimiento religioso objetivo, expresado en palabras o en imágenes. De este modo, el arte litúrgico es, no sólo nuestra ofrenda a Dios, sino también el descenso de Dios; el arte en el cual se produce el encuentro de Dios con el hombre, de la gracia con la naturaleza, de la eternidad con lo temporal. La tradición es la revelación que sigue viviendo. Es la vida de la Iglesia en el Espíritu Santo. La experiencia de aquel que la recibió, crece con la experiencia de todos los que la recibieron después que él. Esta conjugación de unidad de la verdad de la revelación con la experiencia personal de su recibimiento es uno de los aspectos fundamentales de la Ortodoxia: su característica de ser Concilial.
En esencia, la Iglesia Ortodoxa ve en la encarnación del Hijo de Dios el fundamento para la veneración de los iconos. Las iconos elevan nuestro pensamiento de la imagen al Arquetipo.

La
Iglesia Ortodoxa es la Iglesia fundada por Nuestro Señor Jesucristo y
establecida en el mundo por sus apóstoles. La palabra Iglesia es de
origen griego y se refiere a una Asamblea o Sociedad de creyentes (del
verbo convocar o llamar).
Fundó su Iglesia como depositaria de la
gracia y de los medios de salvación y su finalidad es continuar la obra
de la salvación y conducir a los hombres al Reino de Dios (Juan
3:16-17, Juan 10:10; Hechos 1:18).
Los Miembros de la Iglesia
serían los que mediante la predicación de sus apóstoles, creyeran en El y
fueran bautizados (Mas. 28:19-20; Juan 3:3; Marc 16:16), además
estableció una autoridad para administrarla conferida a sus apóstoles y
sus sucesores los obispos (Luc. 10:16; Mat 17:18, Hechos 20:28; 1 Tim
2:3, Tit 1:7).
Palestina es la cuna del cristianismo, donde Jesús
nació, vivió, actuó, predicó, fue crucificado, resucitó y subió a los
cielos, obrando allá la redención del género humano. En Pentecostés,
envió el prometido Espíritu Santo a sus apóstoles, quienes, junto con la
Santísima Virgen María, las mujeres y hermanos reunidos en la misma
sala donde se realizó la Cena, perseveraban unánimes en oración y ruego
(Hechos 1:13-15). Esta era la primera Comunidad de los creyentes en
Jesús, es decir, la primera Iglesia Cristiana.
Todos los
Apóstoles recibieron, en igual medida, el Mandato del Señor. Desde
Jerusalén, el evangelio fue propalado por los Apóstoles en los países
vecinos. En Antioquía, la gran ciudad de Oriente, los creyentes
empezaron a llamarse por primera vez "Cristianos," saludable nombre que
llevamos hasta hoy día (Hechos 11:26).
Luego los Apóstoles y
discípulos del Señor llevan la Buena Nueva a todos los grandes centros
del Mundo, incluyendo Roma, la capital del Imperio Romano, donde San
Pablo formó la primera comunidad, que saluda en su Epístola a los
Romanos (Cap. 16). A medida que viajaban y predicaban, establecieron
Iglesias, a cuyo cargo, por la imposición de las manos y la invocación
del Espíritu Santo dejaban un obispo como sus sucesores.
La
doctrina cristiana fue revelada de viva voz a los apóstoles por el
Divino Maestro, Nuestro Señor Jesucristo. Esta revelación oral fue
transmitida en el seno de la Iglesia de generación en generación a todos
los que estaban unidos por la caridad (amor), la fe y la esperanza,
Ella forma la Tradición de la Fe Ortodoxa. Los fundamentos de la
enseñanza del Salvador fueron escritos por los apóstoles y evangelistas y
confiados a la Iglesia, la que tomando los textos verdaderos los reunió
con el nombre de Libros del Nuevo Testamento, que junto con el Antiguo
Testamento forman la Sagrada Biblia. Poseemos, pues, dos corrientes
espirituales que se remontan a la misma y única fuente de la palabra
revelada: la tradición oral, conservada en la Iglesia y la palabra
escrita, contenida en los libros canónicos.
La Revelación que
hemos recibido por Cristo, Redentor y Salvador es definitiva. No hay
otra revelación más perfecta o más conforme a la Verdad.
Los
primeros siglos del cristianismo no fueron fáciles, ya que el Nuevo
Mensaje, que enseñaba la fraternidad y el amor, eran extraños al mundo
de ese entonces. El judaísmo y el paganismo no sólo no aceptaron la
doctrina de Cristo, Dios hecho hombre, ni tampoco su evangelio, sino que
la combatieron. Así fue como los gobernantes desde Nerón (A.D. 54).
hasta Diocleciano (A.D. 305), desataron terribles persecuciones,
derramando la sangre generosa de miles de mártires, que dieron
testimonio irrebatible de sus creencias, creciendo la Iglesia cual
fructífero árbol.
Con el advenimiento de Constantino 1-ro el
Grande 1306). al trono Imperial el Cristianismo fue oficialmente
reconocido, y Santa Elena, la madre del Emperador y el mismo
Constantino, se convirtieron en sus principales defensores.
La
administración de la cristiandad ha sido ejercida por los obispos. Al de
más alto rango en cada región, le fue dado con el tiempo, el titulo de
Patriarca.
Por razones administrativas, la Iglesia fue organizada
en distritos eclesiásticos, a saber: 1). Roma: fundada por San Pablo y
primera capital del Imperio Romano, en la cual fueron martirizados San
Pedro y San Pablo (67); 2). Constantinopla, fundada por San Andrés y
segunda capital del Imperio; 3). Alejandría, el principal centro
político, cultural y filosófico de Africa, fundada por S. Marcos; 4).
Antioquía,
centro principal de Oriente, llamada la ciudad de Dios, fundada por San
Pedro y San Pablo, de la cual San Pedro fue su primer Obispo; 5).
Jerusalén, llamada la Madre de la Iglesia, en la cual Nuestro Señor
predicó y obró la redención. En la era apostólica fue presidida por el
apóstol San Jacobo (Santiago), quien fue su primer obispo. Cada uno de
estos centros eclesiásticos tiene un Patriarca, que los preside, y un
sínodo episcopal.
Además, ha gozado de autocefalia la Iglesia de
Chipre fundada por San Pablo y San Bernabé. El primado de esto es un
arzobispo que también tenía atribuciones temporales (conferidos por el
Emperador Justiniano).
Todos los patriarcas rentan iguales
derechos, eran independientes en la administración de su Iglesia y eran
Iguales entre si. Todos los creyentes de la Iglesia han estado unidos
por su fe, sacramentos y prácticas comunes. Siendo Roma la Capital del
Imperio, se consideraba a su Patriarca el primero entre sus iguales,
siendo esto un titulo honorífico solamente (1er. Conc. Ecum., Art. 60.,
20 Conc. Ecum., Art. 30., 40. Conc. Ecum., Art. 28; 60. Conc. Ecum.,
part. 36).
Posteriormente, con el establecimiento de la Capital
del Imperio en Bizancio, se dieron honores similares al Patriarca de
Constantinopla.
La suprema autoridad de la Iglesia, para tratar
los problemas de índole general y de doctrina, fue y sigue sien el
Concilio Ecuménico. (Su ecumenicidad debe ser reconocida por la
conciencia de toda la Iglesia}.
Para resolver situaciones
generales, o tomar acuerdo en circunstancias contingentes de la Iglesia
Ortodoxa en su totalidad, se convocan las Conferencias Pan-Ortodoxas en
las que están representadas todas las iglesias autocéfalas. En el
presente siglo, la primera de ellas se llevó a cabo en 1923 en
Constantinopla. Posteriormente en Rodas (Grecia). las de 1961, 1963 y
1964, y en Ginebra (Suiza). la de 1968. Estas últimas han tenido como
motivo fundamental la preparación de un próximo Concilio General de la
Iglesia, y analizar y determinar la posición de la Iglesia Ortodoxa en
materia de ecumenismo.
Además de las persecuciones, la vida de la
Iglesia se vio perturbada por las herejías, es decir, interpretaciones
desviadas y opuestas a la verdad de la Iglesia. Primeramente aparecieron
algunos de origen Judaizante; luego las procedentes del Gnosticismo y
las Antitrinitarias.
Para defender la verdad y dar las correctas
interpretaciones, además de otras materias normativas eclesiásticas,
fueron convocados los Concilios Ecuménicos.
El primer concilio
fue convocado por el Emperador Constantino en la ciudad de Nicea, año
325, donde fue condenado el Arrianismo herejía que negaba la completa
Dignidad de Cristo, ahí fue compuesta la primera parte del Credo o
Símbolo de la fe, que en pocas palabras expresa claramente nuestra
creencia y doctrina cristiana. Este Credo fue completado en sus últimos
artículos en el Segundo Concilio Ecuménico en Constantinopla (año 381),
por ello se llama símbolo Niceno-Constantinopolitano. Dicho Credo es
obligatorio para toda la Iglesia Cristiana, y como lo establecieron los
Santos Padres en el Art. 7 del 3Ser. Concilio, realizado en la Ciudad de
Efeso, nadie bajo anatema, puede cambiar una sola de sus palabras.
Además, formuló Ja organización visible de la Iglesia, planteando la
posición de las grandes sedes o Patriarcados y también condenó el
Macedonianismo, herejía que sosténla que el Espíritu Santo es una
criatura.
El tercer Concilio Ecuménico se celebró en Efeso, año
431, que condenó al Nestorianismo (Independencia entre Cristo Dios y
Cristo Hombre). El cuarto Concilio fue en Calcedonia, año 451, condenó
el Monofisismo. que sostenía una naturaleza de Cristo y dio, además, al
Patriarca de Constantinopla el mismo rango de honor que el de Roma. El
quinto, en Constantinopla (2-do), año 533, que condenó cierta literatura
de índole nestoriana y conciliatoria con los monofisitas. El sexto en
Constantinopla (3-ro), año 580, que condenó el Monotelismo (una voluntad
en Cristo, y el séptimo, en Nicea 2-do, año 787, que condenó a los
iconoclastas y confirmó la veneración de las Imágenes y reliquias.
Así
es como en este periodo, la Iglesia confirmó su organización y gobierno
terrenal. Además, en él se expusieron y defendieron las verdades
básicas y los elementos del culto Ortodoxo por los Padres y Doctores
Ecuménicos.
La Iglesia sobrellevó y superó sus penurias por el
esfuerzo de sus defensores, quienes ofrecieron su sangre, expresaron su
fe y vivieron los principios morales de su religión. Muchos escritores
nos legaron monumentos de la fe. Inicialmente los apóstoles y discípulos
escribieron el Nuevo Testamento, luego los Padres Apostólicos (Siglo
1). y los Apologistas (Siglo 2). defendieron y expusieron diversos
aspectos de la doctrina cristiana. Aparecieron posteriormente las
escuelas teológicas, destacándose las de Asia Menor en Edesa (Siglo
III); la del Norte de Africa en Cartago da Africa (Siglo 3), de
Alejandría (Siglo 4). a la cual pertenecieron los Capadocios, además de
otros distinguidos padres, y la de Antioquía (Siglo 5), cuyo más
distinguido representante y eminente orador fue San Juan Crisóstomo, el
de la boca de oro, que fue llevado al Trono de Constantinopla.
Entra el siglo 10 y el 11, la cristiandad iba a experimentar una de sus más grandes tragedias: El Gran Cisma.
La
tesis de Roma, sosteniendo la supremacía de su obispo, la interpolación
del "Filioque" (que procede del Padre y del Hijo). en el credo y otros
cambios doctrinales y en las prácticas litúrgicas, aparte de razones
politices unidos al conflicto entre Oriente y Occidente, llevaron a una
profunda ruptura, que culminó en el año 1054.
La desafortunada
división de la Cristiandad se complicaría posteriormente, ya que
Occidente, a partir del Siglo 16, sufrirla un desmembramiento con motivo
de la Reforma, apareciendo así múltiples comunidades protestantes. El
cristianismo de Occidente se presentarla entonces enormemente dividido
en materias doctrinarias.
Ante este terrible cuadro de cristianos
desunidos, la Iglesia Ortodoxa, adolorada por la separación de sus
hermanos que reconocen a Cristo como Salvador y Redentor del género
humano, reza siempre por la unión de todos en la verdadera fe,
transmitida por Nuestro Señor, los Apóstoles y los Padres.
La verdadera Doctrina cristiana, heredada de Cristo y sus apóstoles, fue preservada intacta en el Oriente Cristiano.
La
misión natural de la Iglesia es propagar el evangelio y expandir sus
fronteras. El privilegio primero de ella es misión y conversión. Es así
cómo los primeros Patriarcados, continuando la obra de los apóstoles y
discípulos de Cristo, han expandido la verdad cristiana, primero en, los
Balkanes: Los Servios, Croatas y Dálmatas fueron convertidos y
posteriormente, los eslavos, los moravios, los búlgaros y los
ucranianos.
Con el devenir de los siglos otras misiones fueron
organizadas y así como se alcanza a China, a Japón, a las tierras
nórdicas de Europa, a Alaska, América y el Sur de Africa, donde muchos
que no conocían el mensaje de Cristo, lo recibieron con naturalidad y
amor.
Originadas por el esfuerzo misionero de los primeros
patriarcados, se han establecido iglesias locales, a las que les fue
concedida posteriormente autocefalia o autonomía; lo que en ningún caso
ha afectado la unidad de la fe, doctrina y sacramentos de la Iglesia.
Ellas son: Rusia, Grecia, Servia, Rumania, Georgia, Albania, Bulgaria,
Polonia y Monte Sinaí, cada una tiene un Primado y un Sínodo, que
asegura su unidad con las otras Iglesias. Los antiguos Patriarcados y
estas Iglesias locales existen todavía, sin perder su comunión entre si,
ni alterar la unidad de la Iglesia.
Los Cristianos Ortodoxos se
encuentran en todos los continentes del Mundo y ascienden
aproximadamente a 250000000. No obstante su independencia administrativa
y diferencia de idiomas, sea el castellano, portugués, árabe, griego,
inglés, chino, eslavo, alemán, japonés, dialectos africanos, hindú,
etc., todos tienen las mismas enseñanzas, la misma tradición apostólica,
la misma liturgia y sacramentos, servicios y prácticas esenciales. Los
fieles que pertenecen a cada una de estas Iglesias locales, no
pertenecen en particular a esa Iglesia local, sino a la Iglesia Ortodoxa
Universal.
Nuestra Iglesia ha mantenido la cultura, Heleno
Cristiana; y el griego y el árabe han sido sus idiomas originales, el
segundo en Asia Menor y Egipto, en tanto que el primero en el resto de
la cristiandad. El griego fue el idioma en que se escribió la mayor
parte del Nuevo Testamento, el que se usó para la prédica de los
gentiles, el que usaron los primeros obispos, incluso en Occidente, en
Roma y por losmisioneros en Francia e Inglaterra. El verdadero centro de
cristianismo fue el Oriente griego y sirio. Varios siglos después Roma
usarla el latín, y los rusos, el eslavo.
Después, a partir del
siglo 11, al avance de las hordas islámicas (selyúcidas). capturaron la
región suroriente del imperio Bizantino, Búlgaros, Servios y Rumanos. Al
mismo tiempo los feroces tártaros cayeron sobre los territorios rusos,
amenazando la existencia de la civilización oriental y su cristiandad.
Aquí la férrea resistencia de la Iglesia y su poder de sacrificio por la
fe, tuvo un doble resultado: La Cristiandad Oriental mantuvo su propia
existencia y también logró que la cristiandad occidental quedara
indemne.
En los siglos 11,12 y 13 occidente organizó siete
expediciones militares, llamadas las Cruzadas, cuya intención original
era rescatar los lugares Santos de manos del Islam. Este propósito contó
con la decidida ayuda de los Emperadores Bizantinos y defensores de la
ortodoxia. Pero, además de sus intenciones originales, dado el fanatismo
contra la Iglesia Ortodoxa, atacaron las sedes orientales e incluso los
mismos Matriarcados, ocupando sus cátedras y, finalmente, no cesaron en
volverse contra la propia Capital Bizantina y usurpar el trono
imperial. Bizancio volvió después a sus legítimos gobernantes; pero, no
obstante ello, y ya debilitados físicamente, en el siglo 15 grupos
étnicos y religiosos extraños, subyugaron a los pueblos de la ortodoxia,
sin que éstos contaran con la ayuda de occidente.
En el Siglo
19, los ortodoxos, apoyados por la capacidad protectora interior de su
Iglesia, se liberaron de la opresión política y religiosa, con la
esperanza de una vida libre. En el siglo 20, el materialismo ateo
atacarla un baluarte importante de la ortodoxia, Rusia y parte de los
Balkanes, pero estos valerosos pueblos han sabido sobrellevar estos
ataques y mantener viva la llama inextinguible de la fe, produciendo una
legión de mártires contemporáneos, que con valor y sin miedo dieron
testimonio de la fe cristiana.
A pesar de haber estado presente
en el mundo occidental, el conocimiento de la ortodoxia no es siempre
adecuado y las más de las veces entraña prejuicios, particularmente
religiosos, culturales y políticos, por falta de información adecuada.
Uno de los más comunes, es creerla confinada a las culturas y pueblos
que ella tradicionalmente ha animado, otro, es confundirla con elementos
no cristianos. Pero especialmente, en el presente siglo, se ha visto
como una Iglesia llena de vitalidad y santidad, situada en la
continuidad apostólica y expendida por el mundo entero dando testimonio
del mensaje preservado en su más prístina pureza, como fue recibida de
Cristo, los apóstoles y los Padres. Por esto es que a ella recurren
otras denominaciones cristianas, científicos y estudiosos, como la
fuente del Cristianismo auténtico y tradicional.
La Ortodoxia no
se dedica al proselitismo que va en contra de las denominaciones
cristianas, lo que no significa que ella no sea misionera como se ha
visto a través de su historia. La caridad y el entendimiento mutuo han
de ser principios comunes a todos los cristianos, cualquiera que sea la
iglesia, comunidad o denominación a la que pertenezcan. La Iglesia
Ortodoxa no olvida el famoso cántico a la caridad, de insuperable
belleza, que fue escrito por aquel escogido instrumento del Señor, el
santo apóstol Pablo:
"La caridad es paciente, es benigna y sin
envidia. La caridad no es jactanciosa, ni se engríe, no es injuriosa, ni
busca su propio Interés, no se deja llevar de la ira; olvida y perdona,
no se alegra de la maldad, sino que se complace en el bien, todo lo
sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. La caridad no deja
de existir jamás" (1 Cor 13:4-8).
El proselitismo entre
cristianos, es contrario a la caridad y aumenta más y más las
diferencias existentes entre las diversas denominaciones, las que
deberían ser reducidas y reemplazadas por un entendimiento mutuo, basado
en el Cristianismo original, especialmente en los difíciles tiempos que
hoy afrontan.
La Ortodoxia, fe mayoritaria del mundo cristiano
oriental, donde la doctrina, la tradición y la liturgia del cristianismo
han tenido su origen, está consciente de los tesoros que posee y se los
brinda a Occidente, que no los conoce o que recientemente comienza a
descubrirlos.
Akathisto a la Santa Gran Mártir Catalina de Alejandría.
Cuya memoria se celebra el 24 de Noviembre/7 de Diciembre
KONDAKION 1
Con cánticos de alabanza cantemos a Santa Catalina, novia de Cristo, virgen mártir elegida por la casa imperial y coronada en el Cielo; pues es la más gloriosa vencedora contra el tirano, la más sabia instructora de los filósofos y la guía hacia Cristo para muchos. Puesto que tienes audacia ante el Señor, Oh gran mártir Catalina, presentale con misericordia las rectas y necesitadas peticiones de aquellos que te claman:
Alégrate, Oh Catalina, sapientísima novia de Cristo
IKOS
Habiendo preservado una pureza igual a la de los ángeles, Oh Santa virgen Catalina, te elevaste hasta el coro de los ángeles, y con ellos fuiste encontrada digna de la divina iluminación; y cantaste con ellos un himno en los cielos a la Santa Trinidad; pero no dejaste de escucharnos a nosotros que desde la tierra te cantamos:
Alégrate, tú que fuiste apartada desde la infancia como un recipiente de gracia por la elección de Dios Padre.
Alégrate, tú por quien por la maravillosa economía de Dios fuiste instruida en el conocimiento de la grandeza y gloria de Cristo el Hijo de Dios.
Alégrate, signo maravilloso de la precognición de Dios manifestada en ti.
Alégrate, pues cuando el Espíritu Santo te llamó, tu misma te apresuraste a ser merecedora de Su santidad.
Alégrate, tu que fuiste iluminada por la luz de la piadosa fe.
Alégrate, tu que renaciste de la fuente sagrada.
Alégrate, honorable morada de la santidad del Espíritu.
Alégrate, cumplimiento de los sufrimientos de Cristo.
Alégrate, tu que en la tierra lavaste tus ropas con la sangre del Cordero.
Alégrate, tu que te uniste al coro de las santas vírgenes en el cielo.
Alégrate, radiante estrella, brillando con la gloria de los milagros en el firmamento de la iglesia.
Alégrate, tú que a semejanza de una paloma resplandeciste con mansedumbre en el Bendito Reino de Cristo.
Alégrate, Oh Catalina, sapientísima novia de Cristo.
KONDAKION II
Al ver que había sido encontrada digna de recibir una visión, la bienaventurada Catalina se apresuró al santo anciano espiritual quien anteriormente le había confiado el Icono de la Theotokos; y le contó como Cristo que se había aparecido ante ella junto a Su Toda-Santa Madre, había ocultado Su rostro de ella; la acusó de la inmundicia de su vida y la pidió que abandonara la infamia de la idolatría. Y al oír esto, el venerable la instruyó en los misterios de la Fe y la bautizó ; y con un espíritu renovado, cantó a Dios en acción de gracias: ¡Aleluya !
IKOS II
Tras haber adquirido en su renacimiento espiritual un buen intelecto, la verdadera nobleza y la riqueza imperecedera, Santa Catalina fue encontrada digna de Cristo, el Novio Celestial que se le apareció de nuevo, le mostró su amor prometiéndola para Sí al darle un anillo ; y reconociendo la magnitud de la buena Voluntad de Dios, quedó tan prendada de puro amor por Él que ya no volvió a considerar las cosas mundanas, sino en el incesante recuerdo de su Amado. Y tras haber sido
tenida digna de tal divina gracia, dígnate a recibir nuestras suplicas:
Alégrate, pues en la sabiduría natural que se te dio, recibiste de Dios dones espirituales que trascienden la naturaleza.
Alégrate, pues tornaste en locura la sabiduría, la gloria y las riquezas de este mundo.
Alégrate, pues no deseaste tomar para ti un novio de entre los hombres del mundo.
Alégrate, tú que en una visión fuiste prometida por Cristo mismo como Su novia sin mancha.
Alégrate, pues tuviste a la Toda-Pura Madre de Dios como garante por ti y mediadora ante el Señor, el Hijo de Dios.
Alégrate, pues verdaderamente recibiste de Cristo un maravillosísimo anillo para tu mano derecha, como muestra de tu compromiso con tu Novio Celestial.
Alégrate, pues habiendo sido transformada por una maravillosa transformación, dejaste a un lado todo pensamiento mundano.
Alégrate, pues perseguiste diligentemente la fragancia del miro de Cristo.
Alégrate, buena amante del Novio inmortal.
Alégrate, receptáculo de la fragancia del Altísimo.
Alégrate, olivo plantado en la Casa de Dios,
Alégrate, cedro del Líbano que crece a gran altura.
Alégrate, Oh Catalina, sapientísima novia de Cristo
KONDAKION III
El poder del Altísimo dio entonces a Santa Catalina la audacia sin temor de denunciar al impío Emperador Maximino por sus ofrendas de sacrificios a los ídolos que al instante quedó mudo por muchas horas, y fue incapaz de contradecir las palabras de Catalina, y ella cantó en acción de gracias: ¡Aleluya!
IKOS III
Poseída por la sabiduría que le fue enviada de lo Alto, cuando el impío Emperador se puso ante ella, santa Catalina se confesó como la hija de un gobernador, habiendo dominado las ciencias de la filosofía y la retórica; y además, como público rechazo a la adoración de los ídolos, se declaró como la novia de Cristo. Consciente pues de esta audaz confesión, te ofrecemos este himno:
Alégrate, abeja que escapaste volando del hedor de la idolatría.
Alégrate, paloma que siempre te esforzaste con sinceridad en preservar la pureza de tu alma y tu cuerpo.
Alégrate, tu que, tras haberte esforzado con toda tu mente en comprender los misterios de la salvación en el Señor Jesús Cristo, fuiste enriquecida con tesoros espirituales.
Alégrate, pues excediendo en celo por la Gloria de Cristo, tu Novio Celestial, acudiste por todas partes en busca dela gente que erraba para atraerlas a la Fe en Cristo.
Alégrate, pues guiada por el brazo poderoso de Cristo, escapaste a la tempestad de la idolatría.
Alégrate, pues dirigida por los divinos Mandamientos del Soberano y ardiendo de amor por Él, te enfrentaste con decisión ante los problemas que te aguardaban.
Alégrate, pues investida con la ayuda divina, te presentaste con coraje ante el tribunal sin Dios.
Alégrate, pues por tu gran audacia acobardaste a la misma tiranía del emperador.
Alégrate, fortaleza de fe erigida por Cristo para llevar a la nada la incredulidad.
Alégrate, radiante estrella de la mañana, heralda de la aurora de salvación para aquellos que a través de ti se acercan a creer en Cristo.
Alégrate, atleta que venciste al príncipe de este mundo como un faro vence las tinieblas.
Alégrate, muralla santificada que cuidas de las ovejas de Cristo contra el hambre del lobo noético.
Alégrate, Oh Catalina, sapientísima novia de Cristo
KONDAKION IV
Agitando una tempestad de ira contra la santa virgen, el emperador le dijo: “¡No me digas maldades contra nuestros dioses!” Pero santa Catalina respondió: “Si tu deseas remover la oscuridad de la ilusión de los ojos de tu psique, debes entender que tus dioses son malignos, y acepta al Dios verdadero Cuyo nombre, solamente pronunciado, o Cuya Cruz, cuando es trazada en el aire, repelen y destruyen tus dioses. Si lo mandas, te revelaré la Verdad, cantando a Dios”: ¡Aleluya!
IKOS IV
Al escuchar tu sabia y generosa respuesta sobre la Fe de Cristo, y temiendo que fuera vencido por ti, Oh espléndida doncella, el impío Emperador, se reunió con hombres sabios, cincuenta en total, de las regiones remotas del reino, para discutir contigo. Pero fuiste fortalecida al asegurarte la victoria el Arcángel San Miguel, por lo que te regocijaste grandemente y decidiste entrar en debate con ellos. Por tanto, acepta de nosotros esta alabanza:
Alégrate, pues fuiste informada por el Arcángel sobre tu victorioso triunfo sobre tus oponentes.
Alégrate, pues poseedora del divino conocimiento del cielo, audaz y valientemente avergonzaste con su falsamente llamado conocimiento.
Alégrate, pues con un corazón purificado recibiste la gracia del Espíritu de la Verdad
Alégrate, pues habiéndote afirmado por tu manera de vivir y tu constante razonamiento, pisoteaste las falsedades del enemigo noético bajo tus pies.
Alégrate, órgano melodioso del Espíritu
Alégrate, reveladora de la conciencia en Cristo
Alégrate, tú que adquiriste el conocimientos de los querubines de Dios
Alégrate, tú que inflamaste con el amor de los serafines de Dios
Alégrate, más sabia entre los sabios
Alégrate, tú que hiciste afilar la espada del Espíritu contra la incredulidad
Alégrate, disipadora de la impiedad
Alégrate, instructora de los fieles
Alégrate, oh Catalina, sapientísima novia de Cristo
KONDAKION V
Fuiste semejante a una estrella divinamente radiante, oh Catalina, al haber prevalecido tus sabias palabras en la discusión sobre los cincuenta retóricos, las cuales les guio al camino cristiano que lleva a Cristo Dios, el Sol de justicia, Quién resplandeció ante la Virgen; pero, condenados por amor a Cristo a la inmolación y acompañados en su camino por tus oraciones, gozosamente entraron en el fuego cantando: ¡Aleluya!
IKOS V
Al ver sus edictos rechazados y sus exhortaciones ignoradas, el emperador se dirigió al engaño, pensando que podría seducirte con halagos, Oh bendita Catalina, prometiendo que te daría la mitad de su reino. Pero, prefiriendo la Fe que los tesoros terrenales, y amando a Cristo tu Novio más que a un reino terrenal, y la vestidura del martirio más que la púrpura real, rechazaste sus vanas palabras. Por tanto, te ofrecemos estas alabanzas:
Alégrate, oh virgen que denunciaste la falsedad.
Alégrate, pues pisoteaste la pérfida serpiente bajo tus pies
Alégrate, pues tornaste la doctrina perniciosa de los infieles en un arma para su destrucción
Alégrate, pues habiendo despojado los dioses que adoraban en su veneración, los mantuviste hasta la burla
Alégrate, pues por el concilio de los cincuenta miembros que se jactaban de tu sabiduría, tú más sabiamente los dejaste en la nada.
Alégrate, pues desenmascaraste la locura de su sabiduría terrenal ante toda la multitud.
Alégrate, clarín del Espíritu Santo, emitiendo el sonido de la verdadera teología
Alégrate, buena confesión de la fe
Alégrate, el esplendor de la luz del Evangelio
Alégrate, guardiana de las leyes eternas
Alégrate, tú que ascendiste a la montaña de la visión divina
Alégrate, pues por la luz de Cristo, habiendo iluminado a los que discutían contigo por la fe, recibieron la salvación
Alégrate, oh Catalina, sapientísima novia de Cristo
KONDAKION VI
Celosa por imitar a los apóstoles predicadores y portadores de Dios, proclamaste con audacia a Cristo, Dios verdadero, ante la presencia del tirano, y durante tu flagelación y encarcelamiento cantaste a Dios: Aleluya!
IKOS VI
Él, que brillo con el resplandor del verdadero conocimiento en tu corazón, te alejó de la pesadumbre de las tribulaciones y no te dejó padecer hambre, enviándote comida por medio de una paloma, tampoco te permitió afligirte por las tribulaciones, pues en prisión te visitó Él mismo, dándote fuerza y prometiéndote muchas coronas. Y fuiste aún más fortalecida, Oh tú que fuiste paciente de corazón , y a la Emperatriz Augusta, al General Porfirios y a los soldados que venían a ti, les convertiste a la luz de la fe cristiana, enseñándoles a cantar así:
Alégrate, redoma del amor divino
Alégrate, pues imitando a Cristo, voluntariamente saliste en marcha a sufrir
Alégrate, diamante de dureza excepcional
Alégrate, Toda-honorable fuente de inefables milagros.
Alégrate, tú que hiciste morir al enemigo con tu resistencia.
Alégrate, tu que portas las heridas del Señor sobre tu cuerpo.
Alégrate, tu a quien la emperatriz Augusta y a aquellos que le acompañaban, les mostraste el camino de la hazaña del martirio.
Alégrate, pues fuiste una luz en medio de la oscuridad
Alégrate pues el Señor mismo, la Luz del mundo, se reveló a ti cuando estabas en prisión.
Alégrate, rápida libertadora de las ataduras del pecado.
Alégrate, pronta sanadora de los enfermos.
Alégrate, ayuda en nuestra salvación.
Alégrate, Oh Catalina, sapientísima novia de Cristo
KONDAKION VII
El emperador sin Dios, deseando atraerte a la abominable adoración idolátrica a sus dioses, volvió a tenderte trampas, Oh Toda-Sabia, y trató de distraerte por medio de la falsa alabanza a tu hermosura, pero tu llamaste a la belleza “algo transitorio y que rápidamente pasa” y confesaste a Cristo como al Divino y verdadero Dios por lo que Le cantamos: ¡Aleluya!
IKOS VII
El emperador hizo gala de su ira e inhumanidad de nuevo cuando ordenó al gobernador romper tu puro, virginal y santo cuerpo en la rueda; pero por la mano maravillosa del ángel tú fuiste en seguida desatada sin haber sufrido ningún daño. La rueda de repente se rompió, y mientras se rompía, muchos incrédulos murieron. Al ver esto, el emperador fue asolado por el terror, y la multitud de las personas que estaban allí presentes exclamaron en voz alta: “¡Grande es el Dios de los cristianos” Y maravillándonos por esto, te clamamos:
Alégrate, pues habiendo abrazado la vida inmaterial, valientemente entregaste la belleza de tu cuerpo para ser echado como desperdicios.
Alégrate, pues en tu cuerpo causaste el resplandor de Dios floreciendo en lo sucesivo.
Alégrate, pues diste tu cuerpo sin mancha a diversos y dolorosos tormentos por amor a tu Creador.
Alégrate, pues en la fuerza de ese amor, fuiste mostrada victoriosa, sin acobardarte por miedo a la crueldad de las torturas.
Alégrate, pues de forma divinamente sabia, preferiste recibir graves palizas en tu cuerpo, en aras de la superioridad de la hermosura espiritual.
Alégrate, a través de las heridas que sufriste por amor a Cristo, deseaste ser adornada con verdadera vestidura púrpura real.
Alégrate, pues prevaleciste sobre las palabras astutas y tentaciones del tirano.
Alégrate, pues abatiste las esperanzas del cruel, esperanzado en debilitar la fuerza de tu determinación.
Alégrate, Oh mártir de visión preciada y maravillosa a los ángeles
Alégrate, gloria de las compañías de atletas.
Alégrate, espléndida victoria sobre el enemigo.
Alégrate, terror de los infieles.
Alégrate, Oh Catalina, sapientísima novia de Cristo.
KONDAKION VIII
Contemplando la extraña renuncia a la gloria y el sufrimiento por Cristo de la emperatriz, el general y sus soldados, trasladémonos lejos del mundo y de la carne, y elevémonos al conocimiento de Dios, Pues Él es la belleza, la gloria y la corona de los que cantamos: ¡Aleluya!
IKOS VIII
Jesús se hizo para ti todo tu deleite y deseo, Oh Santa Catalina; Pues con dulzura sufriste el amargo tormento por amor a Él, y pisaste bajo tus pies el cetro que se te ofreció, prefiriendo la recompensa que estaría por venir. Por tanto, acepta de nosotros estas alabanzas:
Alégrate, pues a través de tus divinamente sabias enseñanzas la emperatriz, creyendo, se apresuró a la piedad
Alégrate, pues tras haber sufrido el dolorosas torturas y la decapitación por la espada, a través de ti fue manifiestamente considerada digna del Reino de los Cielos.
Alégrate, luna resplandeciente, que ahuyentas la oscuridad de la incredulidad en los que caminan de noche.
Alégrate, tú que iluminaste las compañías de soldados, sumidos en la ignorancia por la idolatría, con tus virtudes como rayos del sol
Alégrate, paloma del apuesto Esposo que cantó en el desierto de este mundo
Alégrate, tú que alegraste al Soberano de las huestes celestiales con el dulce canto de tu confesión
Alégrate, tú que perfumaste las vestiduras de Cristo con dulce fragancia
Alégrate, tú que buscaste a Aquel que es el Hijo Unigénito en la colina eterna como un cervatillo sobre los montes de los bálsamos.[1]
Alégrate, tú que navegaste fácil y rápidamente sobre el tumultuoso mar de este mundo
Alégrate, pues llegaste al refugio tranquilo de la vida siempre bendita
Alégrate, pues por la salvación de aquellos que estaban cerca de ti, enviaron grandes y diversas riquezas de ti ante Cristo
Alégrate, pus emprendiste la batalla del sufrimiento por amor a Cristo
Alégrate, oh Catalina, sapientísima novia de Cristo.
KONDAKION IX
Todo ser angélico se llenó con alegría, al contemplarte, oh gloriosísima Catalina, victoriosa sobre el príncipe de las tinieblas de este mundo; y te dieron la bienvenida en los cielos como a una comandante triunfante precedida por una compañía de mártires, y cantaron himnos de victoria, clamando en alta voz a Dios: ¡Aleluya!
IKOS IX
Los labios de los más elocuentes oradores se pararon, pues fueron incapaces de contradecir tus palabras, y en silencio rendían honor a tus dones. Y aunque somos débiles, nos atrevemos a abrir nuestros labios en alabanzas a ti, ofreciéndote este himno:
Alégrate, melodioso instrumento del Espíritu Santo.
Alégrate, tú que adquiriste el divino conocimiento en Cristo
Alégrate, rayo de sublime esplendor
Alégrate, tú que hiciste sencillos los dogmas divinos
Alégrate, adorno y confirmación de la ciudad de Alejandría
Alégrate, belleza y orgullo del Monte Sinaí
Alégrate, tú que imitaste el celo de Elías
Alégrate, tú que por la pureza de tu psique y de tu cuerpo revelaste la Zarza que arde sin consumirse.
Alégrate, tú que amaste con pureza a Aquel que es Puro.
Alégrate, Oh gloriosísima que liberaste a los que estaban cautivos por el oscuro enemigo
Alégrate, tú que resplandeces de la hermosura de la virginidad y del perfume del martirio con la gracia increada.
Alégrate, orgullo de los mártires y maestra de la piedad
Alégrate, oh Catalina, sapientísima novia de Cristo.
KONDAKION X
Deseando salvar tu alma, desdeñaste tu cuerpo, oh Catalina, y habiendo dado al tirano tu consentimiento de ser decapitada, te alegraste de salir de ahí, cantando a Cristo Dios, tu Novio inmortal: ¡Aleluya!
IKOS X
Te mostraste como un baluarte firme e inexpugnable ante las mujeres que te acompañaron y con lamentaciones te llamaron “duro corazón” e “indiferente a ti misma”, oh novia de Cristo, pues no cuidaste tu tierna vida en la flor de su juventud, ya que despreciaste el reino terrenal y los bienes que se te ofrecían. Pero además prohibiste sus lamentos y sus vanas palabras no beneficiosas para ti, acelerando lo más rápidamente posible tu unión con tu amado por la muerte; y por su amor escuchaste estas cosas clamando en alta voz:
Alégrate, tú que con regocijo inclinaste tu cabeza debajo de la espada por amor a Cristo, Cabeza de la Iglesia
Alégrate, tu que con paciencia llevaste a buen fin el curso de tu lucha.
Alégrate, tú que no fuiste disuadida del camino de la confesión de Cristo por la tribulación, las heridas o la espada
Alégrate, tú que preservaste la llama del amor inextinguible en medio de las corrientes de tu sangre
Alégrate, buena doncella virgen, pues te adornaste magníficamente con los sufrimientos sagrados
Alégrate, pues fuiste encontrada digna de entrar en la cámara nupcial celestial de Cristo
Alégrate, radiante doncella, pues habiendo amado al Único a quien deseabas, fuiste tras Él completando el camino angosto.
Alégrate, pues por tu sangre manifiestamente clamaste a Cristo tu Novio: “escapo hacia la fragancia de Tu miro noético que emanas, Oh Novio mío”.
Alégrate, pues te retiraste a espléndidas mansiones y te vestiste con vestidos nupciales, sosteniendo la lámpara de la virginidad en tu mano derecha, y tu cabeza decapitada en la izquierda.
Alégrate, pues tu divinamente sabia oración fue agradable a Dios; puesto que los que invocan tu nombre con fe, el soberano les guarda de las tentaciones, otorgándoles buena salud y la liberación de las aflicciones de la psique y el cuerpo.
Alégrate, adorno de los mártires
Alégrate, poderoso refugio de los cristianos
Alégrate, oh Catalina, sapientísima novia de Cristo
KONDAKION XI
Con audacia te ofrecemos himnos de alabanza. Si el discurso falla entonces el intelecto se pierde en lo que decir, pero tu grandemente sabio discurso, que rescató a muchos de la ignorancia y la infamia de la idolatría, nos mueve a cantar a Dios, que representó tus maravillosas hazañas: ¡Aleluya!
IKOS XI
Contemplándote siendo una vela luminosa extinguida por decapitación, pero reestablecida radiantemente sobre el candelero celestial ante el trono de la Toda-Santa Trinidad, los santos ángeles adoraron a Aquel que vive para siempre; y tras haber recibido una orden del Soberano, enterraron tu cuerpo virginal en el Monte Sinaí, que tal y como tú misma deseaste, no fue visto por los enemigos del Señor. Y nosotros alegremente te ofrecemos este himno:
Alégrate, virgen similar al Sol que ascendiste a los cielos en espíritu
Alégrate, tú que llegaste a la Sion celestial.
Alégrate, corona de gloria en la mano del Señor
Alégrate, recipiente que contiene el gozo de la abundancia de la casa de Dios
Alégrate, tú que te acercaste en espíritu al tabernáculo eterno no hecho por mano de hombre
Alégrate, pues tu cuerpo incorrupto descansó en la montaña de la Ley, donde fue visto el movimiento de Dios en el Sinaí
Alégrate, virgen que seguiste el tren de la Soberana Reina Virgen ataviada con vestiduras de oro no tejido, y adornada de variados colores.
Alégrate, pues a través de ti la Madre de la Vida es dignamente alabada con himnos en medio de sonidos de instrumentos musicales celestiales tocados por doncellas.
Alégrate, pues en ti resplandece la majestad de Cristo Dios
Alégrate, intercesora ante el trono eterno
Alégrate, tú que desde el Templo Celestial cuidas de aquellos que ruegan por tu intercesión
Alégrate, incienso de oraciones, ofrecido por nosotros y agradable al Soberano.
Alégrate, Oh Catalina, sapientísima novia de Cristo.
KONDAKION XII
Te fue dado la gracia increada por Dios para guiar a los hombres al conocimiento de Su Verdad que se esconde en el misterio, y para conceder las peticiones de todos aquellos que las obtengan para su beneficio. Por tanto, te suplicamos con compunción, Oh sabia virgen: ilumina los ojos de nuestra mente y establece para nosotros un camino que conduzca al cielo, y que podamos contigo ofrecer cánticos a la Fuente de la Sabiduría, y ahora y por siempre cantemos: ¡Aleluya !
IKOS XII
Cantando las valientes batallas de tu martirio, te alabamos como a un recipiente vivificador de salvación para el hombre; pues por tu conocimiento de Dios, refutaste la sabiduría de los sabios de este mundo, y llamando “sabios oradores” a la gente santa, el pueblo de la renovación, pues sufrirían por Cristo. Por tanto, oh bondadosa virgen, llevándonos también a nosotros que estamos sumidos en la ignorancia y que deseamos acercarnos a la Luz de Cristo te clamamos:
Alégrate, espejo de la sabiduría de Dios
Alégrate, tú que has sido vestida con el poder del Altísimo
Alégrate, atleta ungido con el óleo de la alegría
Alégrate, comandante que enviaste a la tropa de Dios al júbilo eterno
Alégrate, tú que has entrado en el esplendor de los santos
Alégrate, tú que estás en el coro de los ardientes siervos, ante Aquel que habita en la Luz inaccesible
Alégrate, tú que con tu atronadora voz cantas el himno Tres veces Santo
Alégrate, tú que probaste la inefable dulzura de los manjares del paraíso
Alégrate, pues la alabanza y el júbilo resuenan a tu alrededor en las alturas.
Alégrate, pues la Gloria eterna te iluminó.
Alégrate, tú que has sido coronada con la corona del Reino de los Cielos por la Divinidad en Tres Hipóstasis
Alégrate, mediadora de la Gracia increada y la gloria sin fin por nosotros
Alégrate, Oh Catalina, sapientísima novia de Cristo
KONDAKION XIII
O santa gran mártir Catalina, recibe este himno de alabanza, y no dejes nunca de rogar al Señor en nuestro favor, para que nos libre de nuestros enemigos, visibles e invisibles; y por tu justa mediación nos haga merecedores del Reino eterno, para que contigo podamos cantar a Dios: ¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!
(Este KONDAKION se recita tres veces, y a continuación se repiten el IKOS I y el KONDAKION I.)
Oraciones a la Santa y Gran Mártir Catalina
Oración I
Oh Santa Catalina, virgen y mártir, verdadera novia de Cristo. Te suplicamos como alguien que recibió una gracia increada especial por el dulce Jesús, tu Novio, el cual se te apareció; te rogamos que tras haber avergonzado engaños del tirano por tu sabiduría y haber vencido a los cincuenta retóricos, dándoles doctrina celestial de lo cual participaron y ascendieron a la Luz de la verdadera Fe, te dignes asimismo a pedir para nosotros esa misma sabiduría de Dios, para que también nosotros, habiendo roto en pedazos todas las trampas del tirano del hades, y habiendo rechazado las tentaciones del
mundo y la carne, nos sea mostrado ser dignos de la gloria divina, y podamos ser encontrados dignos de ser recipientes que propaguen nuestra Santa Fe Ortodoxa, y en el Tabernáculo Celestial alabemos y glorifiquemos junto a ti a Nuestro Señor y Soberano Jesús Cristo, con el Padre y el Espíritu Santo, por todos los siglos. Amen
Oración II
O santa gran mártir Catalina, recipiente escogido de pureza, pilar de la Ortodoxia, intercesora nuestra de digna alegría, luchadora por la ley, santa que duermes un santo sueño en la Santa Montaña. Puesto que te revelaste incluso a los cristianos que jamás te rogaron, te suplicamos con sinceridad: desciende tú vista desde lo alto, escucha el sonido de nuestra súplica, ten presente misericordiosamente las desgracias de nosotros pecadores, visita la oscuridad de nuestra mente, llévanos a mantener nuestro pensamiento en lo celestial y no en lo terrenal. Por tus intercesiones apresúrate en nuestra ayuda para que podamos superar los deseos de nuestra carne, nuestro apego apasionado al mundo y las artimañas de los espíritus malignos que con malicia guerrean contra nosotros; que por tu intercesión nos sea mostrado ser dignos de ser liberados de sus asaltos maliciosos en los días de esta vida y en los asaltos aéreos[2] tras nuestra partida. O toda-sabia virgen, concédenos todo aquello que pedimos que sea para nuestro beneficio, pues a ti te está permitido interceder por nosotros ante tu amado Novio, Cristo nuestro Dios. Sabemos que la oración del justo tiene gran poder cuando actúa de forma conjunta con la bondad de nuestro misericordioso Dios, a Quien sea la gloria, honor y acción de gracias, por los siglos de los siglos. Amén.
[1] Traducción según el Cantar de los Cantares 8:14 en la versión de Juan Straubinger.
[2] En los puestos de peaje aéreos que debemos pasar tras la muerte.
Traducido y adaptado para Gloria de Dios
y de Su Santa Gran Mártir Catalina de Alejandría
por el hipodiácono Miguel P.
en Diciembre de 2014 (c)
¡Gloria a Dios por Todo!
http://cristoesortodoxo.com/2014/12/07/akathisto-a-la-santa-gran-martir-catalina-de-alejandria/