Wednesday, December 7, 2016

Akathisto a San Nicolás El Taumaturgo

    

Bendito sea nuestro Dios ahora y siempre y por los siglos de los siglos.


Si no hay Sacerdote: Por las oraciones de nuestros Santos Padres, oh Señor Jesucristo, Dios Nuestro, Ten piedad de nosotros. Amén.

Gloria a Ti, Dios Nuestro, Gloria a Ti.

Rey del Cielo, Consolador, Espíritu de la Verdad, que estás en todo lugar, y que todo lo llenas, Tesoro de bienes y Dador de la Vida, ven y haz de nosotros tu morada, purifícanos de toda mancha, y salva, Tú que eres bueno, nuestras almas.

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros
Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros
Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros

Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros. Señor, purifícanos de nuestros pecados. Maestro, perdona nuestras transgresiones. Santo, visítanos y cura nuestras dolencias, por tu nombre.
Señor, ten piedad, Señor, ten piedad, Señor, ten piedad

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,

ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.


Padre nuestro que estas en los cielos, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu Majestad, hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo; el pan sobreesencial dánosle hoy, perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos introduzcas en la tentación, mas líbranos del maligno.
Porque tuyo es el reino y el poder y la gloria, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,

ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 50

Ten piedad de mí, oh Dios según Tu gran piedad
y según la multitud de Tus misericordias borra mi iniquidad.
Acaba de lavarme de mi injusticia y purifícame de mi pecado.
Porque conozco mi injusticia y mi pecado está siempre ante mí.
Contra Ti solo he pecado y lo malo he hecho ante Ti,
para que seas justificado en Tus palabras
y venzas cuando se Te juzgue.
Pues he aquí, fui concebido en iniquidades
y en pecados me apeteció mi madre.
Pues he aquí, amaste la verdad,
lo desconocido y oculto de Tu sabiduría me manifestaste.
Me rociarás con hisopo y seré purificado,
me lavarás y más que nieve blanquearé.
Me enseñarás alborozo y alegría
y mis huesos humillados se alborozarán.
Aparta Tu faz de mis pecados y borra todas mis iniquidades.
Crea en mí un corazón puro, oh Dios
y un espíritu recto renueva en mis entrañas.
No me arrojes de Tu faz y Tu Espíritu Santo no me quites.
Devuélveme el alborozo de Tu salvación
y afiánzame con Tu Espíritu príncipe.
Enseñaré a los inicuos Tus sendas
y los impíos se convertirán a Ti.
Líbrame de sangres, oh Dios, Dios de mi salvación
y exultará mi lengua en Tu justicia.
Oh Señor, abrirás mis labios y mi boca anunciará Tu alabanza.
Porque si hubieras querido sacrificio Te lo daría.
En holocaustos no Te complacerás.
El sacrificio a Dios es un espíritu contrito,
un corazón contrito y humillado, Dios no despreciará.
Haz bien, Señor, en Tu beneplácito a Sión
y edifíquense los muros de Jerusalén.
Entonces Te complacerás en sacrificio de justicia,
oblación y holocaustos,
entonces ofrecerán becerros sobre Tu altar.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,

ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 142

Señor, escucha mi oración, presta oído a mi súplica según tu fidelidad;  óyeme por tu justicia, y no entres en juicio con tu siervo, porque ningún  viviente es justo delante de Ti. El enemigo persigue mi alma, ha postrado en tierra mi vida; me ha encerrado en las tinieblas, como los ya difuntos. El espíritu ha desfallecido en mí, y mi corazón está helado en mi pecho. Me acuerdo de los días antiguos, medito en todas tus obras, contemplo las hazañas de tus manos, y extiendo hacia Ti las mías; como tierra falta de agua, mi alma tiene sed de Ti. Escúchame pronto, Señor, porque mi espíritu languidece. No quieras esconder de mí tu rostro: sería yo como los que bajaron a la tumba. Hazme sentir al punto tu misericordia, pues en Ti coloco mi confianza. Muéstrame el camino que debo seguir, ya que hacia Ti levanto mi alma. Líbrame de mis enemigos, Señor; a Ti me entrego. Enséñame a hacer tu voluntad, porque Tú eres mi Dios. Tu Espíritu es bueno; guíame, pues, por camino llano. Por tu Nombre, Señor, guarda mi vida; por tu clemencia saca mi alma de la angustia. Y por tu gracia acaba con mis enemigos, y disipa a cuantos atribulan mi alma, porque soy siervo tuyo.
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Akathisto a San Nicolás El Taumaturgo.

Kontakio I
¡Oh! excelso hacedor de milagros y excelente servidor de Cristo, Tú viertes al mundo el valiosísimo crisma de misericordia y el inagotable mar de milagros. Con amor te alabo, ¡oh, Pontífice Nicolás! Tú que tienes osadía hacia el Señor, líbrame de todos los males, para que te exclame:
¡Regocíjate, oh, Nicolás, Gran Taumaturgo!
Ikos I
Siendo tú de naturaleza terrenal, el Creador de todo te reveló con imagen de ángel; pues previó la fructífera bondad de tu alma, ¡oh, muy bendito Nicolás!, y enseñó a todos a exclamarte así:
¡Regocíjate! tú que fuiste purificado desde el seno materno.
¡Regocíjate! tú que hasta el final has sido santificado.
¡Regocíjate! que has maravillado a tus padres con tu nacimiento.
¡Regocíjate! pues manifestaste inmediatamente después de tu nacimiento la fuerza de tu alma.
¡Regocíjate! planta de la tierra prometida.
¡Regocíjate! flor de la siembra divina.
¡Regocíjate! virtuoso sarmiento de la viña de Cristo.
¡Regocíjate! árbol milagroso del paraíso de Jesús.
¡Regocíjate! lirio brotado en el paraíso.
¡Regocíjate! crisma de la fragancia de Cristo.
¡Regocíjate! por ti se aparta el llanto.
¡Regocíjate! por ti se allega la alegría.

¡Regocíjate, oh, Nicolás, Gran Taumaturgo!

Kontakio 2
Viendo la efusión de tu miro, oh sabio de Dios, nuestras almas y cuerpos se instruyen al conocerte a ti, oh maravilloso, vertedor de miro y portador de vida, Nicolás. Ya que con milagros que fluyen por la gracia de Dios como agua, sacias a los que fielmente claman a Dios: ¡Aleluya!
Ikos 2
Infundiendo entendimientos incomprensibles sobre la Santísima Trinidad, con los Santos Padres de Nicea tú fuiste defensor de la confesión de la fe Ortodoxa, pues tú confesaste al Hijo igual al Padre, consubstancial y correinante, y desenmascarando al demente Arrio. por ello los fieles aprendieron a cantarte:
¡Regocíjate! magnífica columna de piedad.
¡Regocíjate! ciudad donde se refugian los fieles.
¡Regocíjate! fortaleza firme de la Ortodoxia.
¡Regocíjate! venerable portador y alabanza de la Santísima Trinidad.
¡Regocíjate! tú que predicaste al Hijo, con igual honor que al Padre.
¡Regocíjate! tú que expulsaste al poseído Arrio del concilio de los Santos.
¡Regocíjate! padre, gloriosa belleza de los Padres.
¡Regocíjate! muy sabia bondad de todos los divinamente sabios.
¡Regocíjate! tú que expresas palabras de fuego.
¡Regocíjate! tú que guías bien a tu rebaño.
¡Regocíjate! pues por ti se fortalece la fe.
¡Regocíjate! pues por ti se vence la herejía.

¡Regocíjate, oh, Nicolás, Gran Taumaturgo!

 
Kondakio 3
Oh teóforo Padre Nicolás, con el poder que te fue dado de lo alto, tú limpiaste cada lágrima del rostro de los que sufren cruelmente, tú te mostraste como sustento de los hambrientos, gran timonel de los que están en alta mar, cura de los enfermos manifestándote como ayuda de todos los que claman a Dios: ¡Aleluya!
Ikos 3
Verdaderamente, Padre Nicolás, una canción te debería ser cantada desde los Cielos y no desde la tierra; pues, ¿cómo puede un hombre confesar la grandeza de tu santidad? Pero nosotros conquistados por tu amor te clamamos así:
¡Regocíjate! imagen de ovejas y pastores.
¡Regocíjate! santa purificación de la moral.
¡Regocíjate! recipiente de grandes virtudes.
¡Regocíjate! pura y honorable morada de la santidad.
¡Regocíjate! luminosa lámpara amada por todos.
¡Regocíjate! luz refulgente e inmaculada.
¡Regocíjate! digno interlocutor de los ángeles.
¡Regocíjate! buen instructor de los hombres.
¡Regocíjate! piadosa regla de la fe.
¡Regocíjate! imagen de mansedumbre espiritual.
¡Regocíjate! ya que por ti somos liberados de las pasiones carnales.
¡Regocíjate! ya que por ti nos colmamos de dulzuras espirituales.

¡Regocíjate, oh, Nicolás, Gran Taumaturgo!

Kondakio 4
Una tempestad de pensamientos dubitativos atormenta mi mente, ¿cómo cantar dignamente tus milagros, bienaventurado Nicolás? Pues nadie los puede enumerar aunque tuviese muchas lenguas y los quisiese narrar, pero nosotros nos atrevemos a celebrar a Dios quien es maravillosamente glorificado en ti: ¡Aleluya!
Ikos 4
¡Oh, sabio de Dios Nicolás! Cercanos y alejados han escuchado sobre la grandeza de tus milagros, ya que por los aires, con tus ligeras y gráciles alas, acostumbraste a prevenir a los apenados, librando rápidamente a todos los que así te cantan:
¡Regocíjate! liberación de las penas.
¡Regocíjate! vehículo de la gracia.
¡Regocíjate! pues dispersas los males inesperados.
¡Regocíjate! sembrador de bienes deseados.
¡Regocíjate! rápido consuelo de los apesadumbrados.
¡Regocíjate! terrible azote de los ofensores.
¡Regocíjate! abismo de milagros vertido por Dios.
¡Regocíjate! tablas de la ley de Cristo escritas por Dios.
¡Regocíjate! firme sostén de los caídos.
¡Regocíjate! pilar de los que están erguidos.
¡Regocíjate! ya que contigo se descubre todo engaño.
¡Regocíjate! ya que por ti toda verdad se cumple.

¡Regocíjate, oh, Nicolás, Gran Taumaturgo!

Kontakio 5
Te manifestaste como una estrella dirigida por Dios, instruyendo a los que navegan el mar enfurecido. Toda vez que la muerte les era inminente, tú intercediste por los que pedían tu ayuda, ¡Oh, Santo Taumaturgo Nicolás! al prohibir a los desvergonzados demonios voladores hundir los barcos, los echaste. Enseñaste a los fieles a clamar al Dios que salva por tu intermedio:¡Aleluya!
Ikos 5
Vieron las doncellas, preparadas para un matrimonio deshonroso a causa de su pobreza, tu gran misericordia hacia los pobres, ¡oh, muy Bienaventurado Padre Nicolás! cuando le diste, en secreto, a su anciano padre, tres alianzas de oro, salvándolo con sus hijas de la caída pecaminosa. por ello escuchas de todos así:
¡Regocíjate! tesoro de la grandísima misericordia .
¡Regocíjate! depositario de la providencia para con los hombres .
¡Regocíjate! alimento y consuelo de quienes acuden a ti.
¡Regocíjate! pan inagotable de los hambrientos.
¡Regocíjate! riqueza dada por Dios a quienes viven pobremente en la tierra.
¡Regocíjate! pronta exaltación de los indigentes.
¡Regocíjate! rápida escucha de los mendigos.
¡Regocíjate! agradable cuidador de los que sufren.
¡Regocíjate! novio sin mancha de las tres vírgenes.
¡Regocíjate! ferviente guardián de la pureza.
¡Regocíjate! esperanza de los desesperanzados.
¡Regocíjate! gozo de todo el mundo.

¡Regocíjate, oh, Nicolás, Gran Taumaturgo!

Kontakio 6
Todo el mundo te proclama, muy bienaventurado Nicolás, pronto intercesor en las adversidades, ya que muchas veces y a una misma hora te anticipas ayudando a los que viajan por tierra y por mar, y al mismo tiempo proteges de los furiosos a todos los que claman a Dios: ¡Aleluya!
Ikos 6
Has brillado como luz vivificadora, trayendo redención a los jefes sentenciados a una muerte impropia, y quienes te llamaron a ti, buen pastor Nicolás, cuando prontamente te apareciste en sueños al rey y atemorizándole le mandaste liberar ilesos a los sentenciados. por tanto, nosotros dando gracias junto con ellos te exclamamos:
¡Regocíjate! ayuda de quienes fervientemente te imploran.
¡Regocíjate! tú que nos liberas de la muerte injusta.
¡Regocíjate! tú que preservas de las falsas acusaciones.
¡Regocíjate! tú que destruyes el consejo de los impíos.
¡Regocíjate! tú que deshaces la falsedad como tela de araña.
¡Regocíjate! tú que exaltas gloriosamente la verdad.
¡Regocíjate! tú que liberas de los lazos a los inocentes.
¡Regocíjate! tú que revives a los moribundos.
¡Regocíjate! tú que revelas la verdad.
¡Regocíjate! tú que oscureces la mentira.
¡Regocíjate! pues por tu intermedio los inocentes son liberados de la espada.
¡Regocíjate! pues contigo se complacen de la luz.

¡Regocíjate, oh, Nicolás, Gran Taumaturgo!

Kontakio 7
Queriendo disipar el blasfemo hedor de la herejía, tú has aparecido verdaderamente como fragante y místico miro ¡oh, Nicolás! Apacentando al pueblo de Mira, tú has llenado todo el mundo con tu crisma lleno de gracia. Aparta de nosotros también el hedor del pecado abominado por Dios para que le clamemos agradablemente: ¡Aleluya!
Ikos 7
Te conocemos ¡oh, Padre santo Nicolás! como el nuevo Noé, guía del arca de la salvación; disipador de la tormenta de todo lo malvado con tu dirección, y traes calma divina a todos quienes te claman así:
¡Regocíjate! puerto sereno de los atormentados.
¡Regocíjate! segura protección de quienes se ahogan.
¡Regocíjate! buen timonel de quienes navegan en medio de las profundidades.
¡Regocíjate! tú que calmas la furia de los mares.
¡Regocíjate! conductor de los que se encuentran en vendavales.
¡Regocíjate! abrigo de los que se encuentran en las heladas.
¡Regocíjate! brillo que disipa las penosas tinieblas.
¡Regocíjate! astro que iluminas todos los confines de la tierra.
¡Regocíjate! tú que liberas a los hombres del abismo del pecado.
¡Regocíjate! tú que sumes a satanás en la profundidad del hades.
¡Regocíjate! pues por ti osadamente invocamos la cima de la misericordia de Dios.
¡Regocíjate! pues contigo nos libramos del diluvio de la ira y encontramos la paz con Dios.

¡Regocíjate, oh, Nicolás, Gran Taumaturgo!

Kontakio 8
Tu sagrada iglesia se manifiesta como un extraordinario milagro a quienes acuden a ti ¡oh, bienaventurado Nicolás! en ella, aun ofreciendo pequeñas oraciones, recibimos la curación de grandes males, solo si por la fe en Dios, depositamos en ti nuestra esperanza, exclamando fielmente: ¡Aleluya!
Ikos 8
Tú eres verdaderamente ayuda de todos ¡oh, teóforo Nicolás! y uniste a todos los que acuden a ti como libertador, alimentador y médico diligente de todos los habitantes de la tierra, instando a todos a alabar clamándote así:
¡Regocíjate! fuente de toda curación.
¡Regocíjate! ayuda de los que sufren cruelmente.
¡Regocíjate! alba que brilla para los perdidos en la noche pecaminosa.
¡Regocíjate! rocío celestial para los que están en el calor del trabajo.
¡Regocíjate! tú que otorgas prosperidad a los que la necesitan.
¡Regocíjate! tú que preparas abundancia para los que la piden.
¡Regocíjate! tú que frecuentemente te anticipas a las peticiones.
¡Regocíjate! tú que restauras las fuerzas de los ancianos.
¡Regocíjate! revelador de muchos que se han apartado del camino de la verdad.
¡Regocíjate! fiel servidor de los misterios de Dios.
¡Regocíjate! ya que por ti pisoteamos la envidia.
¡Regocíjate! ya que por ti llevamos una vida virtuosa.

¡Regocíjate, oh, Nicolás, Gran Taumaturgo!

Kontakio 9
Alivia todas las enfermedades, Oh Nicolás, nuestro gran intercesor, distribuyendo bienaventuradas curaciones, que dulcifican nuestras almas, alegrando los corazones de todos quienes fervientemente acuden a tu ayuda, clamando a Dios: ¡Aleluya!
Ikos 9
Oh sabio de Dios, padre Nicolás, vemos a los oradores vanidosos e impíos avergonzados por ti, como al blasfemo Arrio, divisor de la Deidad y Sabelio, sobre quien prevaleciste, el que confundió las personas de la Santísima Trinidad. en cambio a nosotros nos fortaleciste en la fe Ortodoxa. por lo tanto te clamamos así:
¡Regocíjate! escudo defensor de la piedad.
¡Regocíjate! espada que cortas la iniquidad.
¡Regocíjate! maestro de los mandatos divinos.
¡Regocíjate! tu que exterminas las enseñanzas contrarias a Dios.
¡Regocíjate! escalera confirmada por Dios, por la cual subimos al cielo.
¡Regocíjate! amparo hecho por Dios, bajo el cual muchos se cubren.
¡Regocíjate! porque hiciste sabios a los ignorantes con tus palabras.
¡Regocíjate! que sacudiste a los perezosos con tu temple.
¡Regocíjate! luz inextinguible de los mandamientos de Dios.
¡Regocíjate! rayo luminoso de las leyes del Señor.
¡Regocíjate! ya que con tu enseñanza se destruyen las cabezas de los herejes.
¡Regocíjate! pues por ti los fieles se hacen dignos de la Gloria.

¡Regocíjate, oh, Nicolás, Gran Taumaturgo!


Kontakio 10
¡Oh! padre nuestro Nicolás, deseando salvar tu alma, en verdad sometiste tu cuerpo al espíritu; al principio silenciosamente y combatiendo los pensamientos; luego sumando la contemplación de Dios a los hechos adquiriste entendimiento perfecto y con él confiadamente conversaste con Dios y los Ángeles, clamando siempre: ¡Aleluya!
Ikos 10
Eres muralla, oh muy bienaventurado, para quienes alaban tus milagros y para todos los que acuden a tu intercesión. por ello líbranos a nosotros, débiles en virtudes, de la pobreza, tentaciones, enfermedades y diferentes necesidades, que con amor te cantamos así:
¡Regocíjate! tú que rescatas de la miseria eterna.
¡Regocíjate! tú que otorgas la riqueza incorruptible.
¡Regocíjate! alimento imperecedero para los hambrientos de la verdad.
¡Regocíjate! bebida inagotable de los sedientos de la vida.
¡Regocíjate! tú que preservas de la subversión y la guerra.
¡Regocíjate! tú que liberas de las cadenas y el cautiverio.
¡Regocíjate! muy glorioso intercesor en las desgracias.
¡Regocíjate! magno defensor en las tentaciones.
¡Regocíjate! tú que rescataste a muchos de la perdición.
¡Regocíjate! tú que a tantos has conservado indemnes.
¡Regocíjate! pues por ti, los pecadores escapan de la muerte cruel.
¡Regocíjate! pues por ti los arrepentidos reciben la vida eterna.

¡Regocíjate, oh, Nicolás, Gran Taumaturgo!

Kontakio 11
¡Oh muy bienaventurado Nicolás! Tu más que nadie has ofrecido himnos a la Santísima Trinidad, con el pensamiento, la palabra y los hechos. Mediante muchas pruebas explicaste los preceptos de la verdadera fe, instruyéndonos con fe, esperanza y amor a cantar al Único Dios en la Trinidad: ¡Aleluya!
Ikos 11
¡Oh, Padre Nicolás, elegido por Dios! Te vemos como rayo refulgente e inextinguible en la penumbra de la vida; ya que tú has conversado sobre la Luz no creada de la Trinidad con las inmateriales luces angelicales, y has iluminado las almas de los fieles que te cantan así:
¡Regocíjate! brillo de la luz del sol trino.
¡Regocíjate! aurora del sol sin ocaso.
¡Regocíjate! cirio encendido por la llama Divina.
¡Regocíjate! pues apagaste la llama demoníaca de la deshonra.
¡Regocíjate! prédica radiante de la fe ortodoxa.
¡Regocíjate! hermoso resplandor de la luz del Evangelio.
¡Regocíjate! relámpago que extingues las herejías.
¡Regocíjate! trueno que asustas a los seductores.
¡Regocíjate! maestro del entendimiento verdadero.
¡Regocíjate! tú que revelas los secretos de la mente.
¡Regocíjate! ya que por ti se abolió la adoración de lo creado.
¡Regocíjate! ya que por ti aprendimos a adorar en la Trinidad al Creador.

¡Regocíjate, oh, Nicolás, Gran Taumaturgo!

Kontakio 12
Conociendo la gracia que te ha sido otorgada por Dios, alegrándonos, celebramos tu memoria correctamente; ¡oh, gloriosísimo, Padre Nicolás! recurrimos con fervor a tu milagrosa intercesión. Sin poder contar tus gloriosos hechos, innumerables como los granos de arena y la multitud de las estrellas, sumidos en la perplejidad, cantamos a Dios: ¡Aleluya!
Ikos 12
Cantando tus milagros, te engrandecemos, ¡oh, muy alabado Nicolás! pues en ti Dios, glorificado en la Trinidad, maravillosamente fue glorificado. Aunque te ofreciéramos una multitud de himnos y salmos compuestos por el alma, ¡oh! santo taumaturgo, no hacemos nada para igualar el don de tus milagros, y sorprendidos por ellos te exclamamos así:
¡Regocíjate! servidor del Rey de reinantes y del Señor de señores.
¡Regocíjate! tú que moras con Sus siervos celestiales.
¡Regocíjate! ayuda de reyes fieles.
¡Regocíjate! elevación del género cristiano.
¡Regocíjate! sinónimo de victoria.
¡Regocíjate! eminente portador de la corona*. (*corona de la victoria).
¡Regocíjate! espejo de todas las virtudes.
¡Regocíjate! fuerte defensa de los que acuden a ti.
¡Regocíjate! toda nuestra esperanza en Dios y en Su Madre.
¡Regocíjate! salud de nuestros cuerpos y salvación de nuestras almas.
¡Regocíjate! pues por ti somos liberados de la muerte eterna.
¡Regocíjate! ya que por ti somos merecedores de la vida sin fin.

¡Regocíjate, oh, Nicolás, Gran Taumaturgo!

Kontakio 13
¡Oh, santísimo y muy milagroso Padre Nicolás! Consuelo de todos los desdichados, acepta nuestra presente ofrenda y ruega al Señor que seamos liberados de la Gehena por tu intercesión agradable a Dios, para que podamos cantar contigo: ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!
¡Oh, santísimo y muy milagroso Padre Nicolás! Consuelo de todos los desdichados, acepta nuestra presente ofrenda y ruega al Señor que seamos liberados de la Gehena por tu intercesión agradable a Dios, para que podamos cantar contigo: ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!
¡Oh, santísimo y muy milagroso Padre Nicolás! Consuelo de todos los desdichados, acepta nuestra presente ofrenda y ruega al Señor que seamos liberados de la Gehena por tu intercesión agradable a Dios, para que podamos cantar contigo: ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!

Ikos I
Siendo tú de naturaleza terrenal, el Creador de todo te reveló con imagen de ángel; pues previó la fructífera bondad de tu alma, ¡oh, muy bendito Nicolás!, y enseñó a todos a exclamarte así:
¡Regocíjate! tú que fuiste purificado desde el seno materno.
¡Regocíjate! tú que hasta el final has sido santificado.
¡Regocíjate! que has maravillado a tus padres con tu nacimiento.
¡Regocíjate! pues manifestaste inmediatamente después de tu nacimiento la fuerza de tu alma.
¡Regocíjate! planta de la tierra prometida.
¡Regocíjate! flor de la siembra divina.
¡Regocíjate! virtuoso sarmiento de la viña de Cristo.
¡Regocíjate! árbol milagroso del paraíso de Jesús.
¡Regocíjate! lirio brotado en el paraíso.
¡Regocíjate! crisma de la fragancia de Cristo.
¡Regocíjate! por ti se aparta el llanto.
¡Regocíjate! por ti se allega la alegría.

¡Regocíjate, oh, Nicolás, Gran Taumaturgo!

Kontakio I
¡Oh! excelso hacedor de milagros y excelente servidor de Cristo, Tú viertes al mundo el valiosísimo crisma de misericordia y el inagotable mar de milagros. Con amor te alabo, ¡oh, Pontífice Nicolás! Tú que tienes osadía hacia el Señor, líbrame de todos los males, para que te exclame: ¡Regocíjate, oh, Nicolás, Gran Taumaturgo!

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Oración a San Nicolás
¡Oh, muy santo Nicolás! Excelentísimo servidor del Señor, cálido protector nuestro y siempre rápida ayuda en las penas. Ayúdame a mí, pecador desalentado, en la presente vida, implora al Señor Dios que me otorgue el perdón de todos los pecados que cometí desde mi juventud, durante toda mi vida, en hechos, palabras, pensamientos y con todos mis sentidos. y al partir mi alma ayúdame a mí, que soy miserable, implora al Señor Dios, Creador de todo que me libere de todas las penurias y del tormento eterno, a fin de que siempre glorifique al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo y a tu intercesión misericordiosa, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Por las oraciones de nuestros Santos Padres, oh Señor Jesucristo, Dios Nuestro, Ten piedad de nosotros. Amén.

                                  Catecismo Ortodoxo 

                  http://catecismoortodoxo.blogspot.ca

Sunday, December 4, 2016

Akathisto a la Madre de Dios Que ablanda los Corazones Malvados




Kontaquio I

Clamemos con gran emoción a la Virgen María, enteramente más noble que todas las hijas de la tierra, Madre del Hijo de Dios, que dio la salvación al mundo. Mira nuestra vida llena de completo dolor y recuerda el sufrimiento y la pena que sufriste, tú que naciste en la tierra como nosotros, y obra con nosotros según tu misericordioso corazón, para que te clamemos:
¡Alégrate, oh afligida Theotokos, cambia nuestras penas en júbilo y ablanda los corazones de los hombres malvados!

Ikos I

Un ángel anunció el nacimiento del Salvador del mundo a los pastores en Belén, y con la multitud de las huestes celestiales alabó a Dios, cantando: “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz y buena voluntad entre los hombres”. Pero tú, oh Theotokos, sin tener un lugar donde reclinar tu cabeza, pues no había lugar en la posada, diste a luz a tu Hijo primogénito en una cueva y, envolviéndolo en pañales, lo acostaste en un pesebre. Conociendo la pena de tu corazón, te clamamos:

Alégrate, pues fuiste enardecida por el aliento de tu propio Hijo amado.

Alégrate, pues envolviste al Hijo eterno en pañales.

Alégrate, pues alimentaste con tu leche al que sostiene el universo.

Alégrate, pues convertiste una cueva en el cielo.

Alégrate, pues pusiste tu trono sobre los querubines.

Alégrate, pues permaneciste Virgen antes y después de tu alumbramiento.
Alégrate, afligida Theotokos, cambia nuestras penas en júbilo y ablanda los corazones de los hombres malvados.

Kontaquio II
Viendo a tu Hijo eterno envuelto en pañales y acostado en un pesebre, los pastores de Belén vinieron a adorarlo y contaron lo que los ángeles les habían dicho sobre el Niño. Pero María guardó todo esto en su corazón. Y después de ocho días Jesús fue circuncidado según la ley de Israel, como un hombre. Alabando tu humildad y paciencia, oh Theotokos, cantamos al Eterno y Buen Dios: ¡Aleluya!

Ikos II

Teniendo su entendimiento basado en Dios y guardando la Ley del Señor, al cuadragésimo día, cuando los días de la purificación se completaron, sus padres llevaron a Jesús a Jerusalén para que pudieran presentarlo ante el Señor y ofrecer un sacrificio por Él según el mandato del Señor. Por eso te clamamos, oh Theotokos, así:

Alégrate, pues llevaste al Creador del universo al templo de Jerusalén para cumplir la Ley.

Alégrate, pues allí te encontraste gozosamente con el anciano Simeón.

Alégrate, única Pura y bendita entre todas las mujeres.

Alégrate, pues con humildad cargaste tu cruz adornada con penas.

Alégrate, pues nunca desobedeciste la voluntad de Dios.

Alégrate, pues te revelaste como modelo de paciencia y humildad.
Alégrate, afligida Theotokos, cambia nuestras penas en júbilo y ablanda los corazones de los hombres malvados.



Kontaquio III

Fuiste fortalecida con el poder de lo alto, oh Theotokos, cuando escuchaste las palabras del anciano Simeón que te dijo: “Mira, este Niño está destinado a ser el ascenso y la caída de muchos en Israel. Esta es una señal de la que se hablará en contra y una espada atravesará tu alma para que los pensamientos de muchos sean revelados”. Y una gran aflicción entró en el corazón de la Theotokos y con dolor clamó a Dios: ¡Aleluya!

Ikos III

Apresurándose a destruir al Niño, Herodes ordenó matar a todos los niños de Belén y los alrededores, de dos años de edad y menores, según la edad que determinó por los Magos. Y he aquí, según el mandato de Dios, el anciano José fue informado por un ángel en un sueño de que huyera con la Santa Familia a Egipto y permaneciera allí hasta la muerte de Herodes. Por eso, con compunción, te clamamos, oh Theotokos:

Alégrate, pues llevaste toda el agitación al exilio.

Alégrate, pues todos los ídolos de la tierra de Egipto cayeron sin poder soportar el poder de tu Hijo.

Alégrate, pues permaneciste siete años entre los indignos paganos.

Alégrate, pues llegaste a Nazaret con el joven primogénito y con tu esposo.

Alégrate, pues viviste con el anciano José el carpintero en la pobreza.

Alégrate, pues pasaste tu tiempo en duras labores.
Alégrate, afligida Theotokos, cambia nuestras penas en júbilo y ablanda los corazones de los hombres malvados.





Kontaquio IV

Un torrente de sufrimientos cubrió a la purísima Madre cuando regresaron de Jerusalén, sin encontrar al joven Jesús en la caravana. Por esta razón regresaron para buscarlo, y después de tres días lo encontraron en el templo, sentado entre los maestros, escuchándoles y haciéndoles preguntas. Y su Madre le preguntó: “Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? He aquí, tu padre y yo sufrimos grandemente por ti”. Y Jesús les respondió: ¿Por qué me buscabais? ¿No conocéis las cosas que mi Padre me ha confiado?”. Y tú, oh Purísima, guardaste estas palabras en tu corazón, clamando a Dios: ¡Aleluya!

Ikos IV

La Theotokos escuchó que Jesús viajaba por toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, predicando el Evangelio del Reino y sanando toda clase de enfermedades y dolencias entre la gente. Y su reputación se extendió por Siria y le llevaban toda clase de enfermos; y a los que sufrían y a los atormentados por demonios, y a los paralíticos, los sanaba. Pero Tú, oh Theotokos, conociendo la profecía, te apenaste en tu corazón, sabiendo que muy pronto llegaría el tiempo en el que Tu Hijo se presentaría como un sacrificio por los pecados del mundo. Por esta razón, te bendecimos, oh afligida Theotokos, clamando:

Alégrate, pues entregaste a tu Hijo al servicio del pueblo judío.

Alégrate, pues te entristeciste en tu corazón, pero te sometiste a la voluntad de Dios.

Alégrate, pues salvaste al mundo de la avalancha del pecado.

Alégrate, pues aplastaste la cabeza de la antigua serpiente.

Alégrate, pues te ofreciste a ti misma como sacrificio vivo a Dios.

Alégrate, oh bendita, el Señor es contigo.
Alégrate, afligida Theotokos, cambia nuestras penas en júbilo y ablanda los corazones de los hombres malvados.

Kontaquio V

Predicando el Reino de Dios en la tierra, Jesús expuso la arrogancia de los fariseos que se imaginaban a sí mismos como justos. Pero cuando escucharon sus parábolas entendieron que eran de ellos de quienes hablaba y trataron de arrestarlo, pero temieron al pueblo, que lo consideraba un profeta. Viendo todo esto, la Theotokos se entristeció por su Hijo y temió que lo mataran, clamando con aflicción: ¡Aleluya!

Ikos V


Algunos de los judíos, viendo la resurrección de Lázaro, acudieron a los fariseos y les dijeron lo que Jesús había hecho. Y Caifás, que era el sumo sacerdote de aquel año, dijo: “Es mejor para nosotros que muera un solo hombre por el pueblo, para que no perezca toda la nación”. Desde aquel día buscaron cómo podían matarlo. Por eso te clamamos a ti, oh Purísima:

Alégrate, tú que diste a luz al Salvador del mundo.

Alégrate, fuente de nuestra salvación.

Alégrate, pues fuiste elegida desde tu nacimiento para ser la Madre de nuestro Salvador.

Alégrate, Theotokos, destinada a sufrir.

Alégrate, oh bendita, que presides como Reina del Cielo.

Alégrate, oh bendita, tú que ruegas siempre por nosotros.
Alégrate, afligida Theotokos, cambia nuestras penas en júbilo y ablanda los corazones de los hombres malvados.



Kontaquio VI

Una vez, uno de los predicadores del Verbo de Dios, y ahora un traidor, Judas Iscariote, uno de los doce apóstoles, acudió al sumo sacerdote para traicionar a su maestro. Lo escucharon, alegrándose profundamente y prometieron darle treinta monedas de plata. Pero tú, oh Theotokos, te entristeciste por tu Hijo amado, y clamaste con pesar a Dios: ¡Aleluya!

Ikos VI

Tomando parte en la Última Cena con los discípulos, en la que Cristo les lavó los pies, revelando así un ejemplo de humildad, Cristo les dijo: “Uno de vosotros me traicionará”. Pero nosotros, sufriendo con la Theotokos, le clamamos:

Alégrate, Theotokos, que languideces con la tortura de tu corazón.

Alégrate, pues lo sufriste todo en este triste valle.

Alégrate, pues encontraste consuelo en la oración.

Alégrate, alegría de los que sufren.

Alégrate, pues nos rescatas del fango del pecado.

Alégrate, vasija llena de la gracia del Espíritu Santo.
Alégrate, afligida Theotokos, cambia nuestras penas en júbilo y ablanda los corazones de los hombres malvados.

Kontaquio VII

Deseando mostrar su amor por la raza humana, el Señor Jesucristo bendijo y partió el pan en la Mística Cena, y lo dio a sus discípulos y apóstoles, diciendo: “Tomad, comed, esto es Mi Cuerpo”. Y tomando el cáliz, y dando gracias, se lo dio diciendo: “Bebed todos de él, pues esta es Mi Sangre de la Nueva Alianza que es derramada por muchos para la remisión de los pecados”. Dando gracias al Dios compasivo por su inefable misericordia con nosotros, le cantamos: ¡Aleluya!.

Ikos VII

El Señor reveló un nuevo signo de su misericordia a sus discípulos cuando prometió enviarles al Consolador, el Espíritu de la Verdad, que descendería del Padre y sería testigo de Él. Y a ti, oh Theotokos, santificada de nuevo el día de Pentecostés por el Espíritu Santo, te clamamos:

Alégrate, mansión del Espíritu Santo.

Alégrate, cámara nupcial brillantemente iluminada.

Alégrate, amplia morada de Dios el Verbo.

Alégrate, pues nos abriste las puertas el paraíso por tu alumbramiento.

Alégrate, pues nos revelaste el signo de la misericordia divina.
Alégrate, afligida Theotokos, cambia nuestras penas en júbilo y ablanda los corazones de los hombres malvados.

Kontaquio VIII

Nos es a la vez extraño y triste escuchar cómo traicionó Judas Iscariote a su Maestro y Señor con un beso. Y después, la multitud, los soldados y los siervos de los judíos arrestaron a Jesús, lo ataron y lo condujeron primero ante Ananías y luego ante el sumo sacerdote Caifás. Pero tú, oh Theotokos, esperando la sentencia de muerte de tu amado Hijo, clamaste a Dios: ¡Aleluya!

Ikos VIII

Los judíos llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio, ante Pilato, diciendo que era un criminal. Pero Pilato, después de preguntarle, les dijo que no encontraba ningún crimen en Él. Y nosotros te clamamos con compunción, oh Theotokos, que viste la calumnia de tu Hijo:

Alégrate, tú, cuyo corazón se rompió por la pena.

Alégrate, pues vertiste lágrimas por tu Hijo.

Alégrate, pues viste a tu amado Niño llevado a juicio.

Alégrate, pues lo sufriste todo sin quejarte, como una verdadera sierva del Señor.

Alégrate, a pesar de tu llanto y tu lamento.

Alégrate, oh Reina del Cielo, que aceptas las oraciones de tus siervos.
Alégrate, afligida Theotokos, cambia nuestras penas en júbilo y ablanda los corazones de los hombres malvados.

Kontaquio IX

Todas las generaciones te bendicen, pues eres más honorable que los querubines e incomparablemente más gloriosa que los serafines, nuestra Señora y Madre de nuestro Redentor, pues tu alumbramiento ha regocijado al mundo entero. Pero sufriste el gran dolor final cuando viste a tu amado Hijo insultado, azotado y sentenciado a muerte. Por esta razón te presentamos nuestra sincera alabanza, oh Purísima, cantando a Dios Todopoderoso: ¡Aleluya!

Ikos IX

Los grandes oradores no son capaces de describir todos los sufrimientos que padeciste, oh Salvador nuestro, como cuando los soldados te colocaron una corona de espinas en tu cabeza y te revistieron con una túnica púrpura diciendo: “Salve, Rey de los judíos”, y te abofeteaban en la cara. Pero nosotros, oh Theotokos, reconociendo tu sufrimiento, te clamamos:

Alégrate, pues viste a tu hijo inmolado por nosotros.

Alégrate, pues lo viste vestido de púrpura y llevando una corona de espinas.

Alégrate, pues viste torturado a Aquel que alimentaste con tu leche.

Alégrate, pues sufriste Su pasión junto a Él.

Alégrate, pues viste a todos sus discípulos abandonarlo.

Alégrate, pues lo viste condenado por el juicio de los injustos.
Alégrate, afligida Theotokos, cambia nuestras penas en júbilo y ablanda los corazones de los hombres malvados.

Kontaquio X

Queriendo salvar a Jesús, Pilato dijo a los discípulos: “Tenemos la costumbre de liberar a un prisionero durante la fiesta de la Pascua. “¿Queréis que libere al Rey de los judíos?”. Todos clamaron diciendo: “No a él, sino a Barrabás”. Alabamos la gran misericordia del Padre celestial, que amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo Unigénito a la muerte en la cruz para redimirnos de la muerte eterna y por eso le clamamos: ¡Aleluya!

Ikos X

Sé una muralla y una fortaleza para nosotros, oh Señora, pues estamos sobrecargados por las penas y los sufrimientos. Pues tú misma sufriste escuchando a los judíos clamar: “Crucifícalo, crucifícalo”. Escúchanos ahora clamando ante ti: Alégrate, Madre de misericordia, que enjugas las lágrimas de los que sufren cruelmente.

Alégrate, pues nos concedes lágrimas de un sincera compunción.

Alégrate, pues salvas a los pecadores perdidos.

Alégrate, protección de los cristianos que no pueden ser avergonzados.

Alégrate, pues nos salvas de nuestras pasiones.

Alégrate, pues concedes consuelo a los corazones destrozados.
Alégrate, afligida Theotokos, cambia nuestras penas en júbilo y ablanda los corazones de los hombres malvados.

Kontaquio XI

Ofrecemos un himno de sincera congoja al Salvador del mundo por su pasión voluntaria y porque llevó su cruz al Gólgota para ser crucificado. Ante la cruz de Jesús estaba su Madre, María de Cleofás y María Magdalena. Pero Jesús, viendo a su Madre y a su discípulo amado allí, le dijo a su discípulo: “He ahí a tu madre”. Y desde aquel momento el discípulo la acogió en su casa. Pero tú, oh Theotokos, viendo a tu Hijo y Señor en la cruz quedaste desolada, y clamaste a Dios en las alturas: ¡Aleluya!

Ikos XI

“Oh Hijo mío y Dios Pre-Eterno, Creador de todo. Oh Señor, ¿cómo pudiste soportar el sufrimiento en la cruz?”. Así, la Virgen pura clamó diciendo: “Por tu asombroso nacimiento, oh Hijo mío, he sido exaltada por encima de todas las madres, pero ¡ay de mi!. Ahora, cuando te veo, mi vientre arde en su interior”. Por eso vertemos lágrimas recordándote, y le clamamos:

Alégrate, pues fuiste privada del gozo y la alegría.

Alégrate, pues viste la pasión voluntaria de tu Hijo en la cruz.

Alégrate, pues viste a tu Hijo amado profundamente herido.

Alégrate, oh cordera, viendo a tu Hijo como un cordero llevado al matadero.

Alégrate, pues viste al Liberador de las heridas del alma y del cuerpo, cubierto de heridas.

Alégrate, pues viste a tu Hijo resucitado de entre los muertos.
Alégrate, afligida Theotokos, cambia nuestras penas en júbilo y ablanda los corazones de los hombres malvados.



Kontaquio XII

Oh misericordioso Salvador, concédenos misericordia, exhalando tu Espíritu desde la cruz y borrando la multitud de nuestros pecados. “He aquí, mi dichosa luz, mi Dios, se ha extinguido en la Cruz”, clamó la Virgen con gran angustia. “Oh José, dirígete a Pilato, acércate a él y pídele bajar a tu Maestro de la cruz”. “Viendo tu cuerpo herido, desnudo y sin gloria sobre la cruz, oh mi Niño, una espada atravesó mi alma según la profecía del anciano Simeón”, dijo la Theotokos, cantando: ¡Aleluya!

Ikos XII

Alabando tu misericordia, oh Amante de la humanidad, nos inclinamos ante tu generosa misericordia, oh Maestro. La Purísima dijo: “Deseando salvar a tus criaturas, te has entregado a la muerte”. Pero por tu resurrección, oh Salvador, ten misericordia de todos nosotros, mientras nos dirigimos cantando a tu purísima Madre:

Alégrate, pues viste al bondadoso Señor muerto y sin respiración.

Alégrate, pues besaste el cuerpo de tu amado Hijo.

Alégrate, pues viste a tu Divina Luz como un cadáver herido y desnudo.

Alégrate, pues pusiste a la Luz del mundo en la tumba.

Alégrate, pues envolviste su cuerpo en un sudario nuevo.

Alégrate, pues contemplaste su Resurrección de entre los muertos.
Alégrate, afligida Theotokos, cambia nuestras penas en júbilo y ablanda los corazones de los hombres malvados.


Kontaquio XIII se repite 3 veces

Oh alabadísima Madre, aplastada por los dolores en la cruz de tu Hijo y Dios, acepta nuestras lágrimas y expresiones de pesar y sálvanos de todo sufrimiento, aflicción y muerte eterna, a los que esperamos en tu inefable ternura y clamamos a Dios: ¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!

Oh alabadísima Madre, aplastada por los dolores en la cruz de tu Hijo y Dios, acepta nuestras lágrimas y expresiones de pesar y sálvanos de todo sufrimiento, aflicción y muerte eterna, a los que esperamos en tu inefable ternura y clamamos a Dios: ¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!

Oh alabadísima Madre, aplastada por los dolores en la cruz de tu Hijo y Dios, acepta nuestras lágrimas y expresiones de pesar y sálvanos de todo sufrimiento, aflicción y muerte eterna, a los que esperamos en tu inefable ternura y clamamos a Dios: ¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!

Kontaquio I

Clamemos con gran emoción a la Virgen María, enteramente más noble que todas las hijas de la tierra, Madre del Hijo de Dios, que dio la salvación al mundo. Mira nuestra vida llena de completo dolor y recuerda el sufrimiento y la pena que sufriste, tú que naciste en la tierra como nosotros, y obra con nosotros según tu misericordioso corazón, para que te clamemos:
¡Alégrate, oh afligida Theotokos, cambia nuestras penas en júbilo y ablanda los corazones de los hombres malvados!

Ikos I

Un ángel anunció el nacimiento del Salvador del mundo a los pastores en Belén, y con la multitud de las huestes celestiales alabó a Dios, cantando: “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz y buena voluntad entre los hombres”. Pero tú, oh Theotokos, sin tener un lugar donde reclinar tu cabeza, pues no había lugar en la posada, diste a luz a tu Hijo primogénito en una cueva y, envolviéndolo en pañales, lo acostaste en un pesebre. Conociendo la pena de tu corazón, te clamamos:

Alégrate, pues fuiste enardecida por el aliento de tu propio Hijo amado.

Alégrate, pues envolviste al Hijo eterno en pañales.

Alégrate, pues alimentaste con tu leche al que sostiene el universo.

Alégrate, pues convertiste una cueva en el cielo.

Alégrate, pues pusiste tu trono sobre los querubines.

Alégrate, pues permaneciste Virgen antes y después de tu alumbramiento.
Alégrate, afligida Theotokos, cambia nuestras penas en júbilo y ablanda los corazones de los hombres malvados.



Oración a la Santísima Madre “Ablanda los corazones malvados”

Oh afligida Theotokos, más exaltada que todas las siervas, según tu pureza y por la multitud de los sufrimientos padecidos en la tierra. Escucha nuestras súplicas y ablanda los corazones de los malvados hombres, y protégenos bajo el amparo de tu misericordia. Pues no conocemos otro refugio y otra ardiente intercesora a parte de ti, mas como tienes gran confianza ante el que nació de Ti, ayúdanos y sálvanos por tus oraciones, para que sin ofensa podamos alcanzar el Reino celestial donde, con los santos, cantaremos el himno tres veces santo a Único Dios Todopoderoso en la Santa Trinidad, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Tropario, tono 5

Ablanda nuestros corazones, oh Theotokos, y extingue los ataques de los que nos odian, y libera todo el asedio de nuestras almas. Pues contemplando tu santo icono, nos llenamos de compunción por tus sufrimientos y tu amorosa bondad con nosotros, y besamos tus heridas. Nos atemorizamos por las dagas con las que te herimos. Oh Madre de la compasión, por la crueldad de nuestros corazones, no dejes perecer en la crueldad de corazón a los que están cerca de nosotros. Pues tú eres en verdad la que ablanda los corazones malvados.

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Monday, November 28, 2016

Para los cristianos ortodoxos... (Hieromonje Seraphim Rose )


“Aquel que ha detenido la aparición en el mundo del Anticristo, el hombre de la iniquidad y anarquía, el último y más poderoso enemigo de Cristo y su Iglesia, es -de acuerdo a la enseñanza de San Juan Crisóstomo y otros Padres de la Iglesia- la legitima autoridad, tal como como fue representada y simbolizada por el Imperio Romano. Esta idea fue supremamente encarnada en el Imperio Cristiano: primero en Bizancio, cuando Constantinopla era la segunda Roma, y luego en el Imperio Ruso Ortodoxo, cuando Moscú fue la Tercera Roma. En 1917 la “Era Constantiniana” ha venido a su fin, el Imperio Ortodoxo ha sido derrocado-y el mundo, comenzando con Moscú, ha sido arrojado a una era de ausencia de leyes y ateísmo (y en la vida cristiana, de apostasía) como no se ha visto antes. El Zar Nicholas II fue el último representante de este ideal de legítima autoridad cristiana, y la era de ausencia de leyes ha comenzado apropiadamente con su asesinato. Para los cristianos ortodoxos, sin embargo, la nueva era comienza con un mártir: un testigo para la Iglesia Ortodoxa, fiel hasta el fin a su Iglesia y su sagrada vocación... El fenómeno mismo del Zar-Mártir es una fuente de inspiración para los cristianos ortodoxos. Pero ésta es sólo parte de la significancia ortodoxa de Nicolás II. Su piedad personal y carácter cristiano, y su activo papel como un Zar que ha promovido un verdadero renacimiento ortodoxo, haciéndose el último y uno de los más grandes representantes de la tradición monárquica ortodoxa”


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Antes del advenimiento del Anticristo.. ( San Juan de Shangai y San Francisco )


“Antes del advenimiento del Anticristo, ya está siendo preparada en el mundo la posibilidad de su surgimiento: El misterio de la iniquidad ya está en acción

(II Tesalonicenses 2: 7). Las fuerzas que preparan su venida, luchan, sobre todo, contra la legitima Autoridad Imperial... San Juan Crisóstomo explica que aquel que lo detiene es la legítima y devota autoridad: tal autoridad lucha contra el mal. Por esta razón, el “misterio”, que ya está en acción en el mundo, combate contra esta autoridad; desea una autoridad ilegitima. Cuando el "misterio" de manera decisiva logre alcanzar a aquella autoridad, nada podrá ya más obstaculizar el surgimiento del Anticristo”

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Saturday, November 26, 2016

Los Monjes y los Demonios ( San Teófano el Recluso )


San Teófano El Recluso, Consejos a los Ascetas


El arsenal de los demonios se distingue por su abundancia y diversidad. El arma que habitualmente usan son los Logismoi, los «Pensamientos», a veces buenos en sí, pero en general malos y perversos. El demonio no da la Cara, se agazapa detrás de los malos impulsos que están dentro del hombre —y aun detrás de los buenos — y se sirve de ellos insidiosamente para perderle. Según nuestros maestros, es ésta su única manera de atacar a los monjes novatos. Así, apenas Antonio ha abandonado el mundo, pretende hacerle retroceder recordándole los bienes que ha dejado, el cuidado que debe tener de su hermana, sus afectos familiares, los placeres de la vida y la dificultad de la virtud. Como se ve, estos pensamientos no son precisamente malos, y por eso resultan más temibles.

Pero se sirven también los demonios de otras tentaciones realmente brutales, como Pensamientos de lujuria, particularmente indicados para vencer a los jóvenes. Son los Ocho Logismoi O «Vicios Capitales» .Según Evagrio, ocho son en total los Pensamientos genéricos que comprenden todos los Pensamientos: el primero es el de Glotonería (Gastrimargía); después viene el de la Fornicación (Porneía); el tercero es el de la Avaricia (Phylargyria); el cuarto, el de la Tristeza (lypé); el quinto, el de la Cólera (Forgé); el sexto, el de la Acedía (Akedía);el séptimo, el de la Vanagloria (kenodoxía); el octavo, el del Orgullo (Hyperephanía)”.

Otras armas importantes en manos de los demonios son

las Visiones  y Alucinaciones, que suelen usar cuando fracasan los Logismoi. El demonio se aparece bajo una de las formas engañosas que hemos mencionado arriba y otras similares. Son las tentaciones más conocidas de los anacoretas y tienen por fin excitar la lujuria, la gula, el miedo, etc. Una tercera categoría está constituida por las formas piadosas o sobrenaturales que a veces adopta el Tentador. Para poder engañar al solitario, los diablos son capaces incluso de sostener conversaciones espirituales, cantar salmos y citar la Escritura.

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