Saturday, January 9, 2016

Akathisto al Santo Apóstol Andrés, el primer llamado


Cuya fiesta se celebra el 30 de Noviembre/13 de Diciembre.

Kondakio I

Alabemos, oh fieles, al discípulo primer llamado que siguió a Cristo, al apóstol Andrés, hermano de Pedro, como al primero que condujo a los paganos del error hacia el bautismo. Por eso, cantémosle: ¡Alégrate, oh Santo Apóstol Andrés!

Ikos I

Mi alma está turbada por numerosos pensamientos y malas palabras. Purifícala por la gracia que descendió sobre ti, oh Andrés, Predicador de Cristo, para que siendo purificada, pueda surgir de ella un canto digno:

Alégrate, pues de pescador te convertiste en apóstol.

Alégrate, pues al principio tuviste a San Juan Bautista como maestro.

Alégrate, pues de todos los discípulos, fuiste el primer llamado por el Salvador para la misión apostólica.

Alégrate, pues tu gran fe te permitió ser discípulo de Cristo.

Alégrate, pues guiaste a tu hermano Pedro a Cristo.

Alégrate, pues con todos los discípulos, seguiste al Señor.

Alégrate, pues de entre ellos, eres el primer apóstol de Cristo.

Alégrate, pues guardaste un amor fiel por el Señor.

Alégrate, pues por amor lo hiciste conocer como Dios dador de vida.

Alégrate, pues predicando a los paganos la fe en Jesús Cristo, sufriste mucho.

Alégrate, pues fuiste golpeado por la madera y la piedra.

Alégrate, pues estos salvajes te mordían con sus dientes.

Alégrate, oh Santo Apóstol Andrés.

Kondakio II

Venerable Andrés, por la palabra del Evangelio has sacado a los pueblos de lo más profundo del error, como prometiste a nuestro Señor Jesús Cristo, que te enseñó a conducir al pueblo a la fe. Por eso cantamos a Dios: ¡Aleluya!

Ikos II

Tú, que conoces el Misterio, tú que eres dispensador del conocimiento inexpresable de Cristo, y que recibiste el Espíritu Santo, hablas en lenguas y distribuyes los dones. Por eso, te alabamos y te cantamos:

Alégrate, receptáculo del Espíritu Santo bajo forma de lenguas de fuego.

Alégrate, pues atravesaste muchos países.

Alégrate, pues fuiste mordido por los paganos, y el Señor Jesús te sanó.

Alégrate, pues ordenaste a muchos obispos y sacerdotes entre los mejores cristianos.

Alégrate, pues predicando en ciudades y pueblos, aumentaste el número de los cristianos.

Alégrate, pues tras muchos años de predicación, terminaste tu vida en el martirio.

Alégrate, pues los infieles paganos te hicieron sufrir en la cruz, poniéndote cabeza abajo.

Alégrate, pues tu alma divina se elevó al cielo.

Alégrate, pues el Señor Jesús Cristo ha puesto sobre tu cabeza una corona preciosa.

Alégrate, pues todos los coros celestes cantaron bellos himnos por tu coronación.

Alégrate, pues los ángeles y los santos te recibieron con júbilo en el Reino.

Alégrate, humilde siervo de la Toda Santa Triada.

Alégrate, oh Santo Apóstol Andrés.

Kondakio III

Te apresuraste con deseo a la llamada del Señor, oh apóstol Andrés, y como un ciervo que escucha el murmullo de las fuentes de agua, escuchaste con atención su enseñanza, y predicaste a todos al verdadero Dios. Por eso cantamos: ¡Aleluya!

Ikos III

La perla preciosa, oculta en lo más profundo de tu corazón, la expusiste ante el mundo, oh apóstol Andrés. Y recibiéndola con fe, los paganos la transformaron en un tesoro. Por eso, nosotros te cantamos:

Alégrate, pues alabas a la Toda Santa Theotokos.

Alégrate, pues cantas con los ángeles y todos los santos.

Alégrate, protector nuestro.

Alégrate, intercesor nuestro ante la Toda Santa Theotokos.

Alégrate, mediador nuestro ante el Señor Dios.

Alégrate, siervo de los misterios de Cristo.

Alégrate, poderoso fundamento del testimonio de Cristo.

Alégrate, pues predicaste la fe dada por nuestro Señor Jesús Cristo.

Alégrate, iluminador del conocimiento celeste.

Alégrate, pues enseñaste la fe verdadera.

Alégrate, pues gracias a ti nuestro Señor Jesús Cristo está presente.

Alégrate, pues gracias a ti el maligno huye.

Alégrate, oh Santo Apóstol Andrés.

Kondakio IV

Tomando el Evangelio en las manos, como una buena noticia, oh venerable Andrés, enriqueciste toda la tierra con tu divina predicación. Por eso honramos tu memoria y tus sufrimientos, cantando a Dios: ¡Aleluya!

Ikos IV

Transformando los templos paganos en iglesias de Dios, santo apóstol Andrés, acogiste a los nuevos conversos invitándolos a recibir el bautismo del agua y del Espíritu. Por eso te cantamos:

Alégrate, pues eres aliviado por el canto de los ángeles.

Alégrate, pues has crucificado las cosas terrenales y Jesús Cristo vive en ti.

Alégrate, pues por ti se disiparon las tinieblas.

Alégrate, pues por ti el mundo se iluminó.

Alégrate, pues estás unido divinamente a Dios.

Alégrate, cielo más alto que el cielo.

Alégrate, pues te mostraste como co-participante de la naturaleza divina.

Alégrate, pues hiciste venir a numerosos hijos a Dios.

Alégrate, pues eres útil para las necesidades de la Iglesia.

Alégrate, oh Santo Apóstol Andrés.

Kondakio V

Conociste las profundidades de la naturaleza humana, oh venerable Andrés, capaz de hacer milagros. Y fuiste a ver a tu hermano Pedro para decirle: ¡He encontrado al que buscabas! Y así, le mostraste el conocimiento del Espíritu. Por eso cantamos a Dios: ¡Aleluya!

Ikos V

Con la red de la Palabra, echada en la profundidad del error, pescaste “peces humanos”, bienaventurado apóstol Andrés, y sobre la mesa de Cristo, los has llevado como alimento purificado. Por eso te cantamos:

Alégrate, Andrés, dulzura de la mente.

Alégrate, divino deleite del pueblo.

Alégrate, pues por ti se propagó la fe.

Alégrate, pues por ti, las maldades son vencidas.

Alégrate, pues por el nombre de Cristo, viste como futilidades las cosas mundanas.

Alégrate, pues te hiciste todo para todos, para salvarlos.

Alégrate, gran vaso de la sabiduría de Dios.

Alégrate, dulce pensador de Cristo.

Alégrate, bálsamo divino para los ciegos.

Alégrate, remedio milagroso para los enfermos.

Alégrate, mensajero de las divinas palabras inspiradas por Dios.

Alégrate, cima de la compasión divina.

Alégrate, oh Santo Apóstol Andrés.

Kondakio VI

Como un puente divino, el Espíritu luminoso que lo llena todo descendió sobre ti, oh venerable apóstol Andrés, bajo la apariencia de una lengua de fuego, para revelarte como predicador de lo inexpresable. Por eso, cantamos a Dios: ¡Aleluya!

Ikos VI

Dejando las redes de los pescadores y tomando la Cruz, seguiste a Cristo que te llamó, y echando la red del Espíritu, en lugar de peces, pescaste hombres. ¡Gloria al Espíritu que te fue dado!. Por eso te alabamos:

Alégrate, gran intérprete de la encarnación divina.

Alégrate, libro imaginado por Dios, útil para el intelecto.

Alégrate, tesoro divino de los tesoros del cielo.

Alégrate, pues eres la enseñanza necesaria para los maestros.

Alégrate, pues evangelizaste a los pueblos elegidos por Dios.

Alégrate, pues hiciste milagros entre los débiles.

Alégrate, ruptura de la sombra de la Ley.

Alégrate, sólida columna de la Verdad.

Alégrate, pues te enriqueciste con las palabras de la sabiduría.

Alégrate, morada de la Toda Santa Triada.

Alégrate, Iglesia de los hijos espirituales.

Alégrate, oh Santo Apóstol Andrés.

Kondakio VII

Bienaventurado apóstol Andrés, encontraste al que deseabas, y ahora, en los lugares sagrados en los que habitas con Él, recoges la cosecha de tu pena por la medida de tu celo. Por eso, con himnos, glorificamos a Dios, diciendo: ¡Aleluya!

Ikos VII

Amaste al Maestro y le seguiste. En tu vida, fuiste buen consejero. Santísimo Andrés, seguiste hasta tu muerte la pasión de Cristo sin desfallecer. Por eso te cantamos:

Alégrate, altura inigualable de la predicación de Dios.

Alégrate, medida divina de la que no se conoce profundidad.

Alégrate, boca de oro del Consolador.

Alégrate, boca sellada con el fuego de la Palabra.

Alégrate, escollo de la sabiduría de los sabios.

Alégrate, negación del conocimiento de los sabios.

Alégrate, heredero del reino jubiloso del cielo.

Alégrate, anuncio de los misterios de Cristo.

Alégrate, ruiseñor celeste que habla con dulzura.

Alégrate, lengua de fuego viva, que hablas del conocimiento divino.

Alégrate, dulzura para nuestros oídos.

Alégrate, pues por ti, Cristo salva nuestras almas.

Alégrate, oh Santo Apóstol Andrés.

Kondakio VIII

Por la gracia que te fue dada por Dios, oh santo apóstol Andrés, los espíritus malignos son expulsados por la palabra, las enfermedades se alejan y todas las pasiones del alma se disipan en los que están enfermos. Por eso, cantamos a Dios: ¡Aleluya!

Ikos VIII

Tú que naciste en Betsaida, nos llamas a celebrar tu fiesta, invitándonos en este día. Por el valor de tus combates y con el Espíritu de Cristo que ilumina nuestra mente, tus divinas enseñanzas son para nosotros un alimento celestial. Por eso te cantamos:

Alégrate, luz de las almas oscurecidas por el paganismo.

Alégrate, verdadero camino de los extraviados.

Alégrate, pues viste la luz de Cristo y la predicaste.

Alégrate, testigo particular de la pasión de Cristo.

Alégrate, buen dispensador de los milagros del Señor.

Alégrate, medida de la belleza primera.

Alégrate, maestría de los dogmas de Dios.

Alégrate, descubrimiento luminoso de la luz increada.

Alégrate, modelo de los sufrimientos que proceden de los pecadores.

Alégrate, boca que anuncia a Dios Cristo.

Alégrate, pues observas las obras de Dios.

Alégrate, pues escuchas lo que los hombres no pueden escuchar.

Alégrate, oh Santo Apóstol Andrés.

Kondakio IX

Recibiendo el mandato de ascender al Monte Sión, oh apóstol Andrés, y tomando la Copa de la Salvación, la bebiste regocijándote, pasando de la muerte a la vida divina, en la presencia de Cristo nuestro Dios, y cantándole: ¡Aleluya!

Ikos IX

Venerable Andrés, apóstol de Cristo, el fuego del Espíritu Santo que descendió sobre ti te ordenó, en una lengua que nunca habías hablado, anunciar al mundo su gloria. Por eso te ofrecemos estas alabanzas:

Alégrate, pues anunciaste la pasión y la resurrección de Cristo.

Alégrate, pues sólo tu explicas la caída de los demonios al infierno.

Alégrate, pues estás colmado con los frutos del Espíritu Santo.

Alégrate, plenitud de sus dones.

Alégrate, pues por ti la Toda Santa Triada ha sido glorificada.

Alégrate, salud milagrosa distribuida a los fieles.

Alégrate, herida temible de los demonios.

Alégrate, luz más brillante que el sol.

Alégrate, consejero y luz de los ciegos.

Alégrate, iluminador de todos.

Alégrate, poderoso vencedor de los enemigos.

Alégrate, oh Santo Apóstol Andrés.

Kondakio X

¿Quién te ha enseñado a hablar así, oh santo apóstol Andrés? ¿Quién te ha iluminado el espíritu para ver claramente la gloria inaccesible? ¿Quién ha revelado la luz de la verdad en tu corazón, sino nuestro Señor Jesús Cristo? Por eso, le cantamos: ¡Aleluya!

Ikos X

La mente se conmueve por la predicación que has dispensado sobre toda la tierra, oh guardián de los misterios de Cristo, pues has sido honrado por el Señor entre los Doce Apóstoles. Por eso, te cantamos:

Alégrate, nuestro intercesor ante Dios.

Alégrate, pues el Señor nos envía su infinita misericordia por tus santas oraciones.

Alégrate, pues por tu ayuda, el tirano Satanás ha sido alejado lejos de nosotros.

Alégrate, pues apartas de nosotros los malos pensamientos y las enfermedades.

Alégrate, perla brillante de Cristo.

Alégrate, consuelo espiritual de los desgraciados.

Alégrate, salud corporal de los enfermos.

Alégrate, guía maravillosa para todos los que navegan.

Alégrate, compañero de los que viajan por tierra.

Alégrate, ayuda de los que te invocan en el aire.

Alégrate, pues alimentas a los hambrientos de buenas obras.

Alégrate, pues escuchas nuestras oraciones para nuestra salvación.

Alégrate, oh Santo Apóstol Andrés.

Kondakio XI

Por el aliento del Espíritu, Dios te inflamó con el celo de la fe para revelarte como orador de la Palabra de Dios, oh gran apóstol Andrés, y tú cantas a tu Salvador: ¡Aleluya!

Ikos XI

Bienaventurado apóstol de Cristo, que llevas la luz y que das júbilo, tu divina conmemoración brilla, como un destello de curación para los que te cantamos:

Alégrate, estrella más luminosa que el sol.

Alégrate, candelero que brilla como un rayo de oro.

Alégrate, dador de los dones a los fieles cristianos.

Alégrate, pues sostienes a los monjes entristecidos por las penas.

Alégrate, cazador que atemorizas a los demonios.

Alégrate, belleza luminosa de la Iglesia de Cristo.

Alégrate, cueva de la que mana el buen olor de Cristo.

Alégrate, joya estimada entre los apóstoles.

Alégrate, ilustre antorcha de los mártires.

Alégrate, júbilo que la el gozo a los piadosos cristianos.

Alégrate, alabanza bienaventurada de todos los santos.

Alégrate, oración e intercesión útil para todos los ortodoxos.

Alégrate, oh Santo Apóstol Andrés.

Kondakio XII

Como un discípulo elegido por Aquel que se dejó colgar en la Cruz, y siguiendo hasta la muerte a tu Maestro, ascendiste también a ella, regocijándote de ser colgado sobre esta cruz que te habría el camino al cielo, tres veces bendito, oh santo apóstol Andrés. Por eso, cantamos a Dios este himno angélico, diciendo: ¡Aleluya!

Ikos XII

Todos los pueblos iluminados por ti y elevados de la tierra al cielo, te damos las gracias, oh santo apóstol Andrés. Alejándonos de la servidumbre del enemigo, nos hemos convertido en conciudadanos de los ángeles y co-herederos de la gloria del Señor. Por eso, te decimos con celo:

Alégrate, apóstol Andrés, dulce nombre estimado por los fieles.

Alégrate, destructor de todas las supersticiones.

Alégrate, bella flor fragante del paraíso.

Alégrate, pues tus oraciones son como una escalera que nos eleva hacia el cielo.

Alégrate, arma invencible del pueblo fiel.

Alégrate, vencedor en el campo de batalla contra los adversarios durante los días de guerra.

Alégrate, pues nos liberas de todas las necesidades.

Alégrate, pues proteges este santo lugar contra los incendios.

Alégrate, pues nos salvas de la astucia del enemigo.

Alégrate, pues nos ayudas a obtener el perdón divino al final de nuestra vida.

Alégrate, oh Santo Apóstol Andrés.

Kondakio XIII (Este Kondakio se repite tres veces)

Oh maravilloso y venerable apóstol Andrés, imploramos tu ayuda con lágrimas, para que, por tus oraciones, nos salves del sufrimiento eterno y nos hagas dignos del gozo del paraíso, y así, contigo, cantemos a Dios: ¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!

Oh maravilloso y venerable apóstol Andrés, imploramos tu ayuda con lágrimas, para que, por tus oraciones, nos salves del sufrimiento eterno y nos hagas dignos del gozo del paraíso, y así, contigo, cantemos a Dios: ¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!

Oh maravilloso y venerable apóstol Andrés, imploramos tu ayuda con lágrimas, para que, por tus oraciones, nos salves del sufrimiento eterno y nos hagas dignos del gozo del paraíso, y así, contigo, cantemos a Dios: ¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!







(Se repite el ikos I y el Kondakio I)

Ikos I

Mi alma está turbada por numerosos pensamientos y malas palabras. Purifícala por la gracia que descendió sobre ti, oh Andrés, Predicador de Cristo, para que siendo purificada, pueda surgir de ella un canto digno:

Alégrate, pues de pescador te convertiste en apóstol.

Alégrate, pues al principio tuviste a San Juan Bautista como maestro.

Alégrate, pues de todos los discípulos, fuiste el primer llamado por el Salvador para la misión apostólica.

Alégrate, pues tu gran fe te permitió ser discípulo de Cristo.

Alégrate, pues guiaste a tu hermano Pedro a Cristo.

Alégrate, pues con todos los discípulos, seguiste al Señor.

Alégrate, pues de entre ellos, eres el primer apóstol de Cristo.

Alégrate, pues guardaste un amor fiel por el Señor.

Alégrate, pues por amor lo hiciste conocer como Dios dador de vida.

Alégrate, pues predicando a los paganos la fe en Jesús Cristo, sufriste mucho.

Alégrate, pues fuiste golpeado por la madera y la piedra.

Alégrate, pues estos salvajes te mordían con sus dientes.

Alégrate, oh Santo Apóstol Andrés.

Kondakio I

Alabemos, oh fieles, al discípulo primer llamado que siguió a Cristo, al apóstol Andrés, hermano de Pedro, como al primero que condujo a los paganos del error hacia el bautismo. Por eso, cantémosle: ¡Alégrate, oh Santo Apóstol Andrés!



Oración al Santo Apóstol Andrés

Señor, nuestro Dios, que hablaste y la criatura fue creada, no apartes tu divina mirada de nosotros, pecadores, para que tu temible y terrible cólera no se cierna sobre nosotros, pues es fruto de los pecados que cometemos cada día por ignorancia. Sometidos a las pasiones, somos pecadores miserables y débiles, pero Tú eres la fuente de la Vida y la misericordia. No nos abandones, oh Señor. No desdeñes nuestra oración pecadora y sé favorable con nosotros a pesar de nuestras transgresiones, pues somos incapaces de obtener tu misericordia por un celo continuo. Sin embargo, concédenosla, oh Señor, pues eres misericordioso.

Por las oraciones de tu santo apóstol Andrés, concédenos la salud y una vida protegida de todo mal. Por su invocación de hoy, haznos fuertes por tu gracia, para que celebremos su fiesta con jubilo, desde lo más profundo de nuestros corazones, y glorifiquemos tu santo Nombre, por los siglos de los siglos. Amén.

Catecismo Ortodoxo 

http://catecismoortodoxo.blogspot.ca/

Akathisto a la Santa Gran Mártir Catalina de Alejandría


Cuya memoria se celebra el 24 de Noviembre/7 de Diciembre

KONDAKION.1

Con cánticos de alabanza cantemos a Santa Catalina, novia de Cristo, virgen mártir elegida por la casa imperial y coronada en el Cielo; pues es la más gloriosa vencedora contra el tirano, la más sabia instructora de los filósofos y la guía hacia Cristo para muchos. Puesto que tienes audacia ante el Señor, Oh gran mártir Catalina, presentale con misericordia las rectas y necesitadas peticiones de aquellos que te claman:

Alégrate, Oh Catalina, sapientísima novia de Cristo

IKOS.I

Habiendo preservado una pureza igual a la de los ángeles, Oh Santa virgen Catalina, te elevaste hasta el coro de los ángeles, y con ellos fuiste encontrada digna de la divina iluminación; y cantaste con ellos un himno en los cielos a la Santa Trinidad; pero no dejaste de escucharnos a nosotros que desde la tierra te cantamos:

Alégrate, tú que fuiste apartada desde la infancia como un recipiente de gracia por la elección de Dios Padre.

Alégrate, tú por quien por la maravillosa economía de Dios fuiste instruida en el conocimiento de la grandeza y gloria de Cristo el Hijo de Dios.

Alégrate, signo maravilloso de la precognición de Dios manifestada en ti.

Alégrate, pues cuando el Espíritu Santo te llamó, tu misma te apresuraste a ser merecedora de Su santidad.

Alégrate, tu que fuiste iluminada por la luz de la piadosa fe.

Alégrate, tu que renaciste de la fuente sagrada.

Alégrate, honorable morada de la santidad del Espíritu.

Alégrate, cumplimiento de los sufrimientos de Cristo.

Alégrate, tu que en la tierra lavaste tus ropas con la sangre del Cordero.

Alégrate, tu que te uniste al coro de las santas vírgenes en el cielo.

Alégrate, radiante estrella, brillando con la gloria de los milagros en el firmamento de la iglesia.

Alégrate, tú que a semejanza de una paloma resplandeciste con mansedumbre en el Bendito Reino de Cristo.

Alégrate, Oh Catalina, sapientísima novia de Cristo.

KONDAKION.II

Al ver que había sido encontrada digna de recibir una visión, la bienaventurada Catalina se apresuró al santo anciano espiritual quien anteriormente le había confiado el Icono de la Theotokos; y le contó como Cristo que se había aparecido ante ella junto a Su Toda-Santa Madre, había ocultado Su rostro de ella; la acusó de la inmundicia de su vida y la pidió que abandonara la infamia de la idolatría. Y al oír esto, el venerable la instruyó en los misterios de la Fe y la bautizó ; y con un espíritu renovado, cantó a Dios en acción de gracias: ¡Aleluya !

IKOS.II
Tras haber adquirido en su renacimiento espiritual un buen intelecto, la verdadera nobleza y la riqueza imperecedera, Santa Catalina fue encontrada digna de Cristo, el Novio Celestial que se le apareció de nuevo, le mostró su amor prometiéndola para Sí al darle un anillo ; y reconociendo la magnitud de la buena Voluntad de Dios, quedó tan prendada de puro amor por Él que ya no volvió a considerar las cosas mundanas, sino en el incesante recuerdo de su Amado. Y tras haber sido
tenida digna de tal divina gracia, dígnate a recibir nuestras suplicas:

Alégrate, pues en la sabiduría natural que se te dio, recibiste de Dios dones espirituales que trascienden la naturaleza.

Alégrate, pues tornaste en locura la sabiduría, la gloria y las riquezas de este mundo.

Alégrate, pues no deseaste tomar para ti un novio de entre los hombres del mundo.

Alégrate, tú que en una visión fuiste prometida por Cristo mismo como Su novia sin mancha.

Alégrate, pues tuviste a la Toda-Pura Madre de Dios como garante por ti y mediadora ante el Señor, el Hijo de Dios.

Alégrate, pues verdaderamente recibiste de Cristo un maravillosísimo anillo para tu mano derecha, como muestra de tu compromiso con tu Novio Celestial.

Alégrate, pues habiendo sido transformada por una maravillosa transformación, dejaste a un lado todo pensamiento mundano.

Alégrate, pues perseguiste diligentemente la fragancia del miro de Cristo.

Alégrate, buena amante del Novio inmortal.

Alégrate, receptáculo de la fragancia del Altísimo.

Alégrate, olivo plantado en la Casa de Dios,

Alégrate, cedro del Líbano que crece a gran altura.

Alégrate, Oh Catalina, sapientísima novia de Cristo

KONDAKION.III

El poder del Altísimo dio entonces a Santa Catalina la audacia sin temor de denunciar al impío Emperador Maximino por sus ofrendas de sacrificios a los ídolos que al instante quedó mudo por muchas horas, y fue incapaz de contradecir las palabras de Catalina, y ella cantó en acción de gracias: ¡Aleluya!

IKOS. III

Poseída por la sabiduría que le fue enviada de lo Alto, cuando el impío Emperador se puso ante ella, santa Catalina se confesó como la hija de un gobernador, habiendo dominado las ciencias de la filosofía y la retórica; y además, como público rechazo a la adoración de los ídolos, se declaró como la novia de Cristo. Consciente pues de esta audaz confesión, te ofrecemos este himno:

Alégrate, abeja que escapaste volando del hedor de la idolatría.

Alégrate, paloma que siempre te esforzaste con sinceridad en preservar la pureza de tu alma y tu cuerpo.

Alégrate, tu que, tras haberte esforzado con toda tu mente en comprender los misterios de la salvación en el Señor Jesús Cristo, fuiste enriquecida con tesoros espirituales.

Alégrate, pues excediendo en celo por la Gloria de Cristo, tu Novio Celestial, acudiste por todas partes en busca dela gente que erraba para atraerlas a la Fe en Cristo.

Alégrate, pues guiada por el brazo poderoso de Cristo, escapaste a la tempestad de la idolatría.

Alégrate, pues dirigida por los divinos Mandamientos del Soberano y ardiendo de amor por Él, te enfrentaste con decisión ante los problemas que te aguardaban.

Alégrate, pues investida con la ayuda divina, te presentaste con coraje ante el tribunal sin Dios.

Alégrate, pues por tu gran audacia acobardaste a la misma tiranía del emperador.

Alégrate, fortaleza de fe erigida por Cristo para llevar a la nada la incredulidad.

Alégrate, radiante estrella de la mañana, heralda de la aurora de salvación para aquellos que a través de ti se acercan a creer en Cristo.

Alégrate, atleta que venciste al príncipe de este mundo como un faro vence las tinieblas.

Alégrate, muralla santificada que cuidas de las ovejas de Cristo contra el hambre del lobo noético.

Alégrate, Oh Catalina, sapientísima novia de Cristo

KONDAKION IV

Agitando una tempestad de ira contra la santa virgen, el emperador le dijo: “¡No me digas maldades contra nuestros dioses!” Pero santa Catalina respondió: “Si tu deseas remover la oscuridad de la ilusión de los ojos de tu psique, debes entender que tus dioses son malignos, y acepta al Dios verdadero Cuyo nombre, solamente pronunciado, o Cuya Cruz, cuando es trazada en el aire, repelen y destruyen tus dioses. Si lo mandas, te revelaré la Verdad, cantando a Dios”: ¡Aleluya!

IKOS IV

Al escuchar tu sabia y generosa respuesta sobre la Fe de Cristo, y temiendo que fuera vencido por ti, Oh espléndida doncella, el impío Emperador, se reunió con hombres sabios, cincuenta en total, de las regiones remotas del reino, para discutir contigo. Pero fuiste fortalecida al asegurarte la victoria el Arcángel San Miguel, por lo que te regocijaste grandemente y decidiste entrar en debate con ellos. Por tanto, acepta de nosotros esta alabanza:

Alégrate, pues fuiste informada por el Arcángel sobre tu victorioso triunfo sobre tus oponentes.

Alégrate, pues poseedora del divino conocimiento del cielo, audaz y valientemente avergonzaste con su falsamente llamado conocimiento.

Alégrate, pues con un corazón purificado recibiste la gracia del Espíritu de la Verdad

Alégrate, pues habiéndote afirmado por tu manera de vivir y tu constante razonamiento, pisoteaste las falsedades del enemigo noético bajo tus pies.

Alégrate, órgano melodioso del Espíritu

Alégrate, reveladora de la conciencia en Cristo

Alégrate, tú que adquiriste el conocimientos de los querubines de Dios

Alégrate, tú que inflamaste con el amor de los serafines de Dios

Alégrate, más sabia entre los sabios

Alégrate, tú que hiciste afilar la espada del Espíritu contra la incredulidad

Alégrate, disipadora de la impiedad

Alégrate, instructora de los fieles

Alégrate, oh Catalina, sapientísima novia de Cristo

KONDAKION V

Fuiste semejante a una estrella divinamente radiante, oh Catalina, al haber prevalecido tus sabias palabras en la discusión sobre los cincuenta retóricos, las cuales les guio al camino cristiano que lleva a Cristo Dios, el Sol de justicia, Quién resplandeció ante la Virgen; pero, condenados por amor a Cristo a la inmolación y acompañados en su camino por tus oraciones, gozosamente entraron en el fuego cantando: ¡Aleluya!

IKOS V

Al ver sus edictos rechazados y sus exhortaciones ignoradas, el emperador se dirigió al engaño, pensando que podría seducirte con halagos, Oh bendita Catalina, prometiendo que te daría la mitad de su reino. Pero, prefiriendo la Fe que los tesoros terrenales, y amando a Cristo tu Novio más que a un reino terrenal, y la vestidura del martirio más que la púrpura real, rechazaste sus vanas palabras. Por tanto, te ofrecemos estas alabanzas:

Alégrate, oh virgen que denunciaste la falsedad.

Alégrate, pues pisoteaste la pérfida serpiente bajo tus pies

Alégrate, pues tornaste la doctrina perniciosa de los infieles en un arma para su destrucción

Alégrate, pues habiendo despojado los dioses que adoraban en su veneración, los mantuviste hasta la burla

Alégrate, pues por el concilio de los cincuenta miembros que se jactaban de tu sabiduría, tú más sabiamente los dejaste en la nada.

Alégrate, pues desenmascaraste la locura de su sabiduría terrenal ante toda la multitud.

Alégrate, clarín del Espíritu Santo, emitiendo el sonido de la verdadera teología

Alégrate, buena confesión de la fe

Alégrate, el esplendor de la luz del Evangelio

Alégrate, guardiana de las leyes eternas

Alégrate, tú que ascendiste a la montaña de la visión divina

Alégrate, pues por la luz de Cristo, habiendo iluminado a los que discutían contigo por la fe, recibieron la salvación

Alégrate, oh Catalina, sapientísima novia de Cristo

KONDAKION VI

Celosa por imitar a los apóstoles predicadores y portadores de Dios, proclamaste con audacia a Cristo, Dios verdadero, ante la presencia del tirano, y durante tu flagelación y encarcelamiento cantaste a Dios: Aleluya!

IKOS VI

Él, que brillo con el resplandor del verdadero conocimiento en tu corazón, te alejó de la pesadumbre de las tribulaciones y no te dejó padecer hambre, enviándote comida por medio de una paloma, tampoco te permitió afligirte por las tribulaciones, pues en prisión te visitó Él mismo, dándote fuerza y prometiéndote muchas coronas. Y fuiste aún más fortalecida, Oh tú que fuiste paciente de corazón , y a la Emperatriz Augusta, al General Porfirios y a los soldados que venían a ti, les convertiste a la luz de la fe cristiana, enseñándoles a cantar así:

Alégrate, redoma del amor divino

Alégrate, pues imitando a Cristo, voluntariamente saliste en marcha a sufrir

Alégrate, diamante de dureza excepcional

Alégrate, Toda-honorable fuente de inefables milagros.

Alégrate, tú que hiciste morir al enemigo con tu resistencia.

Alégrate, tu que portas las heridas del Señor sobre tu cuerpo.

Alégrate, tu a quien la emperatriz Augusta y a aquellos que le acompañaban, les mostraste el camino de la hazaña del martirio.

Alégrate, pues fuiste una luz en medio de la oscuridad

Alégrate pues el Señor mismo, la Luz del mundo, se reveló a ti cuando estabas en prisión.

Alégrate, rápida libertadora de las ataduras del pecado.

Alégrate, pronta sanadora de los enfermos.

Alégrate, ayuda en nuestra salvación.

Alégrate, Oh Catalina, sapientísima novia de Cristo

KONDAKION VII

El emperador sin Dios, deseando atraerte a la abominable adoración idolátrica a sus dioses, volvió a tenderte trampas, Oh Toda-Sabia, y trató de distraerte por medio de la falsa alabanza a tu hermosura, pero tu llamaste a la belleza “algo transitorio y que rápidamente pasa” y confesaste a Cristo como al Divino y verdadero Dios por lo que Le cantamos: ¡Aleluya!

IKOS VII

El emperador hizo gala de su ira e inhumanidad de nuevo cuando ordenó al gobernador romper tu puro, virginal y santo cuerpo en la rueda; pero por la mano maravillosa del ángel tú fuiste en seguida desatada sin haber sufrido ningún daño. La rueda de repente se rompió, y mientras se rompía, muchos incrédulos murieron. Al ver esto, el emperador fue asolado por el terror, y la multitud de las personas que estaban allí presentes exclamaron en voz alta: “¡Grande es el Dios de los cristianos” Y maravillándonos por esto, te clamamos:

Alégrate, pues habiendo abrazado la vida inmaterial, valientemente entregaste la belleza de tu cuerpo para ser echado como desperdicios.

Alégrate, pues en tu cuerpo causaste el resplandor de Dios floreciendo en lo sucesivo.

Alégrate, pues diste tu cuerpo sin mancha a diversos y dolorosos tormentos por amor a tu Creador.

Alégrate, pues en la fuerza de ese amor, fuiste mostrada victoriosa, sin acobardarte por miedo a la crueldad de las torturas.

Alégrate, pues de forma divinamente sabia, preferiste recibir graves palizas en tu cuerpo, en aras de la superioridad de la hermosura espiritual.

Alégrate, a través de las heridas que sufriste por amor a Cristo, deseaste ser adornada con verdadera vestidura púrpura real.

Alégrate, pues prevaleciste sobre las palabras astutas y tentaciones del tirano.

Alégrate, pues abatiste las esperanzas del cruel, esperanzado en debilitar la fuerza de tu determinación.
Alégrate, Oh mártir de visión preciada y maravillosa a los ángeles
Alégrate, gloria de las compañías de atletas.

Alégrate, espléndida victoria sobre el enemigo.
Alégrate, terror de los infieles.

Alégrate, Oh Catalina, sapientísima novia de Cristo.

KONDAKION VIII

Contemplando la extraña renuncia a la gloria y el sufrimiento por Cristo de la emperatriz, el general y sus soldados, trasladémonos lejos del mundo y de la carne, y elevémonos al conocimiento de Dios, Pues Él es la belleza, la gloria y la corona de los que cantamos: ¡Aleluya!

IKOS VIII

Jesús se hizo para ti todo tu deleite y deseo, Oh Santa Catalina; Pues con dulzura sufriste el amargo tormento por amor a Él, y pisaste bajo tus pies el cetro que se te ofreció, prefiriendo la recompensa que estaría por venir. Por tanto, acepta de nosotros estas alabanzas:

Alégrate, pues a través de tus divinamente sabias enseñanzas la emperatriz, creyendo, se apresuró a la piedad

Alégrate, pues tras haber sufrido el dolorosas torturas y la decapitación por la espada, a través de ti fue manifiestamente considerada digna del Reino de los Cielos.

Alégrate, luna resplandeciente, que ahuyentas la oscuridad de la incredulidad en los que caminan de noche.

Alégrate, tú que iluminaste las compañías de soldados, sumidos en la ignorancia por la idolatría, con tus virtudes como rayos del sol

Alégrate, paloma del apuesto Esposo que cantó en el desierto de este mundo

Alégrate, tú que alegraste al Soberano de las huestes celestiales con el dulce canto de tu confesión

Alégrate, tú que perfumaste las vestiduras de Cristo con dulce fragancia

Alégrate, tú que buscaste a Aquel que es el Hijo Unigénito en la colina eterna como un cervatillo sobre los montes de los bálsamos.

Alégrate, tú que navegaste fácil y rápidamente sobre el tumultuoso mar de este mundo

Alégrate, pues llegaste al refugio tranquilo de la vida siempre bendita

Alégrate, pues por la salvación de aquellos que estaban cerca de ti, enviaron grandes y diversas riquezas de ti ante Cristo

Alégrate, pus emprendiste la batalla del sufrimiento por amor a Cristo

Alégrate, oh Catalina, sapientísima novia de Cristo.

KONDAKION IX

Todo ser angélico se llenó con alegría, al contemplarte, oh gloriosísima Catalina, victoriosa sobre el príncipe de las tinieblas de este mundo; y te dieron la bienvenida en los cielos como a una comandante triunfante precedida por una compañía de mártires, y cantaron himnos de victoria, clamando en alta voz a Dios: ¡Aleluya!

IKOS IX

Los labios de los más elocuentes oradores se pararon, pues fueron incapaces de contradecir tus palabras, y en silencio rendían honor a tus dones. Y aunque somos débiles, nos atrevemos a abrir nuestros labios en alabanzas a ti, ofreciéndote este himno:

Alégrate, melodioso instrumento del Espíritu Santo.

Alégrate, tú que adquiriste el divino conocimiento en Cristo

Alégrate, rayo de sublime esplendor

Alégrate, tú que hiciste sencillos los dogmas divinos

Alégrate, adorno y confirmación de la ciudad de Alejandría

Alégrate, belleza y orgullo del Monte Sinaí

Alégrate, tú que imitaste el celo de Elías

Alégrate, tú que por la pureza de tu psique y de tu cuerpo revelaste la Zarza que arde sin consumirse.

Alégrate, tú que amaste con pureza a Aquel que es Puro.

Alégrate, Oh gloriosísima que liberaste a los que estaban cautivos por el oscuro enemigo

Alégrate, tú que resplandeces de la hermosura de la virginidad y del perfume del martirio con la gracia increada.

Alégrate, orgullo de los mártires y maestra de la piedad

Alégrate, oh Catalina, sapientísima novia de Cristo.

KONDAKION X

Deseando salvar tu alma, desdeñaste tu cuerpo, oh Catalina, y habiendo dado al tirano tu consentimiento de ser decapitada, te alegraste de salir de ahí, cantando a Cristo Dios, tu Novio inmortal: ¡Aleluya!

IKOS X

Te mostraste como un baluarte firme e inexpugnable ante las mujeres que te acompañaron y con lamentaciones te llamaron “duro corazón” e “indiferente a ti misma”, oh novia de Cristo, pues no cuidaste tu tierna vida en la flor de su juventud, ya que despreciaste el reino terrenal y los bienes que se te ofrecían. Pero además prohibiste sus lamentos y sus vanas palabras no beneficiosas para ti, acelerando lo más rápidamente posible tu unión con tu amado por la muerte; y por su amor escuchaste estas cosas clamando en alta voz:

Alégrate, tú que con regocijo inclinaste tu cabeza debajo de la espada por amor a Cristo, Cabeza de la Iglesia

Alégrate, tu que con paciencia llevaste a buen fin el curso de tu lucha.

Alégrate, tú que no fuiste disuadida del camino de la confesión de Cristo por la tribulación, las heridas o la espada

Alégrate, tú que preservaste la llama del amor inextinguible en medio de las corrientes de tu sangre

Alégrate, buena doncella virgen, pues te adornaste magníficamente con los sufrimientos sagrados

Alégrate, pues fuiste encontrada digna de entrar en la cámara nupcial celestial de Cristo

Alégrate, radiante doncella, pues habiendo amado al Único a quien deseabas, fuiste tras Él completando el camino angosto.

Alégrate, pues por tu sangre manifiestamente clamaste a Cristo tu Novio: “escapo hacia la fragancia de Tu miro noético que emanas, Oh Novio mío”.

Alégrate, pues te retiraste a espléndidas mansiones y te vestiste con vestidos nupciales, sosteniendo la lámpara de la virginidad en tu mano derecha, y tu cabeza decapitada en la izquierda.

Alégrate, pues tu divinamente sabia oración fue agradable a Dios; puesto que los que invocan tu nombre con fe, el soberano les guarda de las tentaciones, otorgándoles buena salud y la liberación de las aflicciones de la psique y el cuerpo.

Alégrate, adorno de los mártires

Alégrate, poderoso refugio de los cristianos

Alégrate, oh Catalina, sapientísima novia de Cristo

KONDAKION XI

Con audacia te ofrecemos himnos de alabanza. Si el discurso falla entonces el intelecto se pierde en lo que decir, pero tu grandemente sabio discurso, que rescató a muchos de la ignorancia y la infamia de la idolatría, nos mueve a cantar a Dios, que representó tus maravillosas hazañas: ¡Aleluya!

IKOS XI

Contemplándote siendo una vela luminosa extinguida por decapitación, pero reestablecida radiantemente sobre el candelero celestial ante el trono de la Toda-Santa Trinidad, los santos ángeles adoraron a Aquel que vive para siempre; y tras haber recibido una orden del Soberano, enterraron tu cuerpo virginal en el Monte Sinaí, que tal y como tú misma deseaste, no fue visto por los enemigos del Señor. Y nosotros alegremente te ofrecemos este himno:

Alégrate, virgen similar al Sol que ascendiste a los cielos en espíritu

Alégrate, tú que llegaste a la Sion celestial.

Alégrate, corona de gloria en la mano del Señor

Alégrate, recipiente que contiene el gozo de la abundancia de la casa de Dios

Alégrate, tú que te acercaste en espíritu al tabernáculo eterno no hecho por mano de hombre

Alégrate, pues tu cuerpo incorrupto descansó en la montaña de la Ley, donde fue visto el movimiento de Dios en el Sinaí

Alégrate, virgen que seguiste el tren de la Soberana Reina Virgen ataviada con vestiduras de oro no tejido, y adornada de variados colores.

Alégrate, pues a través de ti la Madre de la Vida es dignamente alabada con himnos en medio de sonidos de instrumentos musicales celestiales tocados por doncellas.

Alégrate, pues en ti resplandece la majestad de Cristo Dios

Alégrate, intercesora ante el trono eterno

Alégrate, tú que desde el Templo Celestial cuidas de aquellos que ruegan por tu intercesión

Alégrate, incienso de oraciones, ofrecido por nosotros y agradable al Soberano.

Alégrate, Oh Catalina, sapientísima novia de Cristo.

KONDAKION XII

Te fue dado la gracia increada por Dios para guiar a los hombres al conocimiento de Su Verdad que se esconde en el misterio, y para conceder las peticiones de todos aquellos que las obtengan para su beneficio. Por tanto, te suplicamos con compunción, Oh sabia virgen: ilumina los ojos de nuestra mente y establece para nosotros un camino que conduzca al cielo, y que podamos contigo ofrecer cánticos a la Fuente de la Sabiduría, y ahora y por siempre cantemos: ¡Aleluya !

IKOS XII

Cantando las valientes batallas de tu martirio, te alabamos como a un recipiente vivificador de salvación para el hombre; pues por tu conocimiento de Dios, refutaste la sabiduría de los sabios de este mundo, y llamando “sabios oradores” a la gente santa, el pueblo de la renovación, pues sufrirían por Cristo. Por tanto, oh bondadosa virgen, llevándonos también a nosotros que estamos sumidos en la ignorancia y que deseamos acercarnos a la Luz de Cristo te clamamos:

Alégrate, espejo de la sabiduría de Dios

Alégrate, tú que has sido vestida con el poder del Altísimo

Alégrate, atleta ungido con el óleo de la alegría

Alégrate, comandante que enviaste a la tropa de Dios al júbilo eterno

Alégrate, tú que has entrado en el esplendor de los santos

Alégrate, tú que estás en el coro de los ardientes siervos, ante Aquel que habita en la Luz inaccesible

Alégrate, tú que con tu atronadora voz cantas el himno Tres veces Santo

Alégrate, tú que probaste la inefable dulzura de los manjares del paraíso

Alégrate, pues la alabanza y el júbilo resuenan a tu alrededor en las alturas.

Alégrate, pues la Gloria eterna te iluminó.

Alégrate, tú que has sido coronada con la corona del Reino de los Cielos por la Divinidad en Tres Hipóstasis

Alégrate, mediadora de la Gracia increada y la gloria sin fin por nosotros

Alégrate, Oh Catalina, sapientísima novia de Cristo

KONDAKION XIII (Este Kondakion se recita tres veces)

O santa gran mártir Catalina, recibe este himno de alabanza, y no dejes nunca de rogar al Señor en nuestro favor, para que nos libre de nuestros enemigos, visibles e invisibles; y por tu justa mediación nos haga merecedores del Reino eterno, para que contigo podamos cantar a Dios: ¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!

O santa gran mártir Catalina, recibe este himno de alabanza, y no dejes nunca de rogar al Señor en nuestro favor, para que nos libre de nuestros enemigos, visibles e invisibles; y por tu justa mediación nos haga merecedores del Reino eterno, para que contigo podamos cantar a Dios: ¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!

O santa gran mártir Catalina, recibe este himno de alabanza, y no dejes nunca de rogar al Señor en nuestro favor, para que nos libre de nuestros enemigos, visibles e invisibles; y por tu justa mediación nos haga merecedores del Reino eterno, para que contigo podamos cantar a Dios: ¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!

Continuación se repiten el IKOS I y el KONDAKION I.)

IKOS I

Habiendo preservado una pureza igual a la de los ángeles, Oh Santa virgen Catalina, te elevaste hasta el coro de los ángeles, y con ellos fuiste encontrada digna de la divina iluminación; y cantaste con ellos un himno en los cielos a la Santa Trinidad; pero no dejaste de escucharnos a nosotros que desde la tierra te cantamos:

Alégrate, tú que fuiste apartada desde la infancia como un recipiente de gracia por la elección de Dios Padre.

Alégrate, tú por quien por la maravillosa economía de Dios fuiste instruida en el conocimiento de la grandeza y gloria de Cristo el Hijo de Dios.

Alégrate, signo maravilloso de la precognición de Dios manifestada en ti.

Alégrate, pues cuando el Espíritu Santo te llamó, tu misma te apresuraste a ser merecedora de Su santidad.

Alégrate, tu que fuiste iluminada por la luz de la piadosa fe.

Alégrate, tu que renaciste de la fuente sagrada.

Alégrate, honorable morada de la santidad del Espíritu.

Alégrate, cumplimiento de los sufrimientos de Cristo.

Alégrate, tu que en la tierra lavaste tus ropas con la sangre del Cordero.

Alégrate, tu que te uniste al coro de las santas vírgenes en el cielo.

Alégrate, radiante estrella, brillando con la gloria de los milagros en el firmamento de la iglesia.

Alégrate, tú que a semejanza de una paloma resplandeciste con mansedumbre en el Bendito Reino de Cristo.

Alégrate, Oh Catalina, sapientísima novia de Cristo.





Oraciones a la Santa y Gran Mártir Catalina

Oración I

Oh Santa Catalina, virgen y mártir, verdadera novia de Cristo. Te suplicamos como alguien que recibió una gracia increada especial por el dulce Jesús, tu Novio, el cual se te apareció; te rogamos que tras haber avergonzado engaños del tirano por tu sabiduría y haber vencido a los cincuenta retóricos, dándoles doctrina celestial de lo cual participaron y ascendieron a la Luz de la verdadera Fe, te dignes asimismo a pedir para nosotros esa misma sabiduría de Dios, para que también nosotros, habiendo roto en pedazos todas las trampas del tirano del hades, y habiendo rechazado las tentaciones del
mundo y la carne, nos sea mostrado ser dignos de la gloria divina, y podamos ser encontrados dignos de ser recipientes que propaguen nuestra Santa Fe Ortodoxa, y en el Tabernáculo Celestial alabemos y glorifiquemos junto a ti a Nuestro Señor y Soberano Jesús Cristo, con el Padre y el Espíritu Santo, por todos los siglos. Amen

Oración II

O santa gran mártir Catalina, recipiente escogido de pureza, pilar de la Ortodoxia, intercesora nuestra de digna alegría, luchadora por la ley, santa que duermes un santo sueño en la Santa Montaña. Puesto que te revelaste incluso a los cristianos que jamás te rogaron, te suplicamos con sinceridad: desciende tú vista desde lo alto, escucha el sonido de nuestra súplica, ten presente misericordiosamente las desgracias de nosotros pecadores, visita la oscuridad de nuestra mente, llévanos a mantener nuestro pensamiento en lo celestial y no en lo terrenal. Por tus intercesiones apresúrate en nuestra ayuda para que podamos superar los deseos de nuestra carne, nuestro apego apasionado al mundo y las artimañas de los espíritus malignos que con malicia guerrean contra nosotros; que por tu intercesión nos sea mostrado ser dignos de ser liberados de sus asaltos maliciosos en los días de esta vida y en los asaltos aéreos tras nuestra partida. O toda-sabia virgen, concédenos todo aquello que pedimos que sea para nuestro beneficio, pues a ti te está permitido interceder por nosotros ante tu amado Novio, Cristo nuestro Dios. Sabemos que la oración del justo tiene gran poder cuando actúa de forma conjunta con la bondad de nuestro misericordioso Dios, a Quien sea la gloria, honor y acción de gracias, por los siglos de los siglos. Amén.

Catecismo Ortodoxo 

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Friday, January 8, 2016

Akathisto a San Juan Bautista




Contaquio I.

Elegido desde el principio por ser el Precursor y Bautista de Cristo Dios, Salvador del mundo, oh Juan alabado de Dios que glorificaste al Señor que te glorificó, nosotros te cantamos himnos de alabanza como al más grande de los nacidos de mujer, como a un ángel en la carne y predicador del arrepentimiento. Y tú que posees gran audacia ante el Señor, líbranos de los peligros de todo tipo y condúcenos al arrepentimiento, pues a ti clamamos con amor: ¡Alegrate, gran Profeta Juan, Precursor y Bautista del Señor!.

Ikos I.

El Arcángel Gabriel que estaba ante Dios, fue enviado al sacerdote Zacarías, y mientras que para ministrar según su turno de servicio, este entró para ofrecer el incienso en el santuario del Señor y el arcángel se situó a la derecha del altar de los perfumes; entonces le anunció la buena nueva de tu nacimiento, oh gran Juan, proclamando a Zacarías gran gozo y alegría y muchos se alegraron. Por eso, maravillándonos y regocijándonos nosotros también por la grandiosa benevolencia divina hacia ti, clamamos con reverencia:

Alégrate, confidente inefable del consuelo divino.

Alégrate, cumplimiento de su Economía maravillosa.

Alégrate, revelado muchos años antes por el profeta Isaías.

Alégrate, mensajero ante el rostro del Señor profetizado antaño.

Alégrate, predeterminado a ser un gran profeta del Altísimo.

Alégrate, nacido según la promesa del ángel.

Alégrate, lleno del Espíritu Santo desde el seno maternal.

Alégrate, consagrado al gran ministerio antes de tu nacimiento.

Alégrate, fin de la infertilidad de tus padres.

Alégrate, gozo y alegría del sacerdote de Dios.

Alégrate, retoño de la hija de Aaron.

Alégrate, fruto de la oración dado por Dios.

Alégrate, gran Profeta Juan, Precursor y Bautista del Señor.

Contaquio II.

Zacarías, viendo al arcángel que se le apareció, se turbó, el temor se apoderó de él, y no creyó las palabras de saludo concernientes al nacimiento. Pero cuando lo castigó dejándolo mudo a causa de su incredulidad, se maravilló por el glorioso milagro, clamando de corazón a Dios: ¡Aleluya!

Ikos II.

Las personas, buscando entender la razón incomprensible, esperaban a Zacarías y se asombraban de que tardara en el santuario; cuando salió y no pudo hablarles, pero solo les pudo hacer señales, comprendieron que había tenido una visión en el templo. En cuanto a nosotros, glorificando el milagro del admirable Dios Creador, te cantamos:

Alégrate, buena causa de mutismo paternal.

Alégrate, ley que tornas en alegría las lágrimas de tu madre.

Alégrate, ley que quitas su vergüenza ante los hombres.

Alégrate, gran consuelo para los que te han dado a luz.

Alégrate, pues en el sexto mes, tu concepción fue anunciada a la Santísima Madre de Dios, por el ángel en Nazaret.

Alégrate, pues muchos se regocijaron por tu nacimiento.

Alégrate, pues tú recibiste del ángel el ser llamado con un nombre bendito.

Alégrate, pues a tu nombre, el mutismo de tu padre Zacarías fue suprimido.

Alégrate, pues por ti el Nombre Divino fue bendecido por tu padre.

Alégrate, pues a causa de la maravilla de tu nacimiento, el temor y el asombro se apoderó de los que vivían en los alrededores.

Alégrate, pues en toda la tierra de Judea se extendió la noticia de tu grandioso nacimiento.

Alégrate, pues por ti la salvación se manifestó a muchos en este mundo.

Alégrate, gran Profeta Juan, Precursor y Bautista del Señor.

Contaquio III.

El poder del Altísimo puso fin a la esterilidad de la justa Elisabeth, ya de edad avanzada. Pues ella concibió, oh glorioso Precursor del Señor, y guardó el secreto durante cinco meses diciendo: así actuó el Señor conmigo el día que me miró para quitar mi oprobio de entre los hombres. Pero cuando ella recibió a Aquella que llevaba en su seno a Cristo, fue llena del Espíritu Santo y clamó en alta voz: ¿De dónde se me concede esto, que la Madre de mi Señor venga a mi? Y regocijándose con Ella, Elisabeth clamó a Dios: ¡Aleluya!

Ikos III.

Debiendo preceder al Señor en el espíritu y el poder de Elías, tú fuiste lleno del Espíritu Santo desde el seno materno, donde ya aparecías como un maravilloso profeta cuando, desde el vientre de tu madre, te estremeciste de alegría a la llegada de la Madre de Dios, pues tú reconociste a Dios en lo que la Llena de Gracia llevaba en sus entrañas, y por vía de tu madre, tú le predicaste. Convenía, en efecto, a los asuntos divinos tener un glorioso comienzo. Y maravillándonos con reverencia, nosotros te cantamos jubilosos:

Alégrate, pues desde el seno materno proclamaste que el Señor te había enviado como heraldo.

Alégrate, pues gracias a la ley y a tu madre Elisabeth, la encarnación de Cristo fue revelada.

Alégrate, pues ella también fue llena del Espíritu Santo.

Alégrate, pues ella apareció como una maravillosa profetisa.

Alégrate, pues por ella, la Santísima Virgen María fue llamada Bienaventurada entre todas las mujeres.

Alégrate, pues ella la llamó también Madre del Señor.

Alégrate, pues Su fruto sin semilla fue declarado bendito.

Alégrate, manifestación precoz de la divina sabiduría.

Alégrate, bendición de una santa familia.

Alégrate, maravilloso retoño de entrañas estériles.

Alégrate, pues por tu nacimiento asombras a los hombres.

Alégrate, radiante voz del Verbo.

Alégrate, gran Profeta Juan, Precursor y Bautista del Señor.

Contaquio IV.

Agitado por la tempestad de la duda, el sacerdote Zacarías, según la palabra del ángel, no pudo hablar. Pero cuando, antes de tu nacimiento, oh Precursor del Señor, el escribió tu nombre lleno de gracia, inmediatamente sus labios y su lengua se soltaron, habló bendiciendo a Dios y profetizándolo con estas palabras: Bendito sea el Señor de Israel, pues ha visitado a Su pueblo y ha cumplido su liberación en ti, oh hijo, y serás llamado Profeta del Altísimo, cantándole: ¡Aleluya!

Ikos IV.

Oyendo la noticia de tu maravilloso y glorioso nacimiento, las gentes de alrededor, asombradas, se decían: ¿pues, qué será este niño? Y nosotros, honrándote dignamente, oh glorioso Precursor del Señor, como al más grande de los nacidos de mujer, te celebramos así:



Alégrate, lleno de manifestaciones de la gracia desde tu concepción.

Alégrate, glorificado por Dios desde tu nacimiento.

Alégrate, llamado por tu padre Profeta del Altísimo desde tu pequeña infancia.

Alégrate, iluminado y fortalecido por el Espíritu Santo desde tu juventud.

Alégrate, emparentado por la sangre a Dios encarnado.

Alégrate, tú que recibiste de Dios el sublime título de Precursor y Bautista del Señor.

Alégrate, rayo que proclama al mundo la nueva Luz.

Alégrate, estrella que ilumina el camino a Cristo.

Alégrate, aurora del Sol inaccesible.

Alégrate, lámpara de inextinguible Luz.

Alégrate, tú que preparas el camino al Señor.

Alégrate, tú que parecías hombre y ángel a la vez.

Alégrate, gran Profeta Juan, Precursor y Bautista del Señor.

Contaquio V.

La orden inicua de Herodes, el infanticida y sin ley, te alejó de la casa paternal hacia el desierto impenetrable, llevado por tu madre, oh Precursor del Señor, y allí permaneciste hasta el día de tu aparición en Israel, alimentándote de langostas y miel silvestre, clamando a Dios: ¡Aleluya!

Ikos V.



Viendo la divina providencia sobre ti, oh Juan elegido por Dios, que apareció desde que llevabas pañales y te convirtió en un amante de la vida de abstinencia, y siendo enviado prontamente por la voluntad del Altísimo a predicar a los hombres la salvación acercándose a Cristo, a causa de esto, nosotros te clamamos con asombro y amor:

Alégrate, tú que aun siendo amamantado, aterrorizaste a Herodes.

Alégrate, tú que fuiste preservado de una vana masacre por la diestra del Altísimo.

Alégrate, rosa perfumada del desierto.

Alégrate, tú que asombras al mundo por la altura de tus logros ascéticos.

Alégrate, tú que indicas fielmente el camino verdadero.

Alégrate, maravilloso guardián de la pureza y la castidad.

Alégrate, imagen perfecta de abnegación evangélica.

Alégrate, protección y fortalecimiento de los que practican la vida monástica.

Alégrate, iluminación de las almas que teologizan.

Alégrate, tú que abres a los pecadores las puertas de la misericordia divina.

Alégrate, tú que concedes el perdón divino a los pecadores arrepentidos.

Alégrate, tú que los ayudas a traer frutos dignos de arrepentimiento.

Alégrate, gran Profeta Juan, Precursor y Bautista del Señor.

Contaquio VI.

Tú apareciste, oh Precursor, como un glorioso predicador en el desierto del Jordán, en el día de la aparición de Cristo al mundo, y dijiste a los hombres, cuando Él se acercó a ti: He aquí el cordero de Dios que quita los pecados del mundo. Y reconociéndole con fe, nosotros Le cantamos: ¡Aleluya!



Ikos VI.

Tú resplandeciste como la luz de la verdad, oh Juan elegido por Dios, manifestando a todos el Resplandor de la Gloria paterna, aparecido en la carne por nosotros. Pues tú clamaste a los hombres en el desierto: arrepentíos, porque el Reino de los cielos está cerca, producid frutos dignos de arrepentimiento, pues, he aquí que viene Otro detrás de mi, que os bautizará en el agua y el Espíritu Santo. Por eso nosotros te cantamos:

Alégrate, anunciador de la venida del Mesías,

Alégrate, tú que preparas los caminos del Señor.

Alégrate, intercesor por la antigua y nueva Gracia.

Alégrate, término de los profetas y principio de los apóstoles.

Alégrate, voz de buen augurio del Verbo.

Alégrate, predicador rotundo del arrepentimiento.

Alégrate, tú que convertiste a muchos de los hijos de Israel al Señor.

Alégrate, tú que preparas hombres cumplidos para el Señor.

Alégrate, tú que fustigas audazmente a los fariseos y a los saduceos.

Alégrate, tú que enseñas a traer frutos dignos de arrepentimiento.

Alégrate, revelador de la iluminación espiritual.

Alégrate, incansable defensor de los que buscan tu protección.

Alégrate, gran Profeta Juan, Precursor y Bautista del Señor.

Contaquio VII.



Al Señor Jesús, que quiso hacerse bautizar por ti, oh Juan bienaventurado de Dios, le dijiste: soy yo quien necesita ser bautizado por Ti; sin embargo, sometiéndote a Él que dijo: Hagamos todo en justicia, tú levantaste tu diestra sobre Su cabeza, y bautizando a Aquel que no tenía necesidad de purificación, clamaste: ¡Aleluya!

Ikos VII.

El Señor, proclamando la nueva Gracia, habiendo querido ser bautizado por ti, te concedió ver la venida del Espíritu Santo y oír la voz del Padre testificando su filiación. Por eso, tú nos has enseñado a adorar a Dios en tres personas; glorificándote con nuestros labios perecederos, te ofrecemos esta alabanza:

Alégrate, primer predicador de la Teofanía trinitaria.

Alégrate, verdadero adorador de Dios único en tres personas.

Alégrate, claro observador del Espíritu Santo bajo forma de paloma.

Alégrate, testigo de su descenso del Padre al Hijo.

Alégrate, contemplador de la revelación del amor del Padre por el Hijo.

Alégrate, Bautista elegido por el Hijo de Dios.

Alégrate, ejecutor de Su Santa Voluntad.

Alégrate, amante celoso de la gloriosa empresa de salvación del género humano.

Alégrate, primer celebrante del gran misterio del Bautismo.

Alégrate, mensajero del gozo divino.

Alégrate, primer maestro del Nuevo Testamento.

Alégrate, gran Profeta Juan, Precursor y Bautista del Señor.

Contaquio VIII.



Viendo, oh Bautista bienaventurado de Dios, la extraña e indecible humildad de Dios el Verbo encarnado que inclina Su cabeza hacia ti y recibe el bautismo servil, tú mismo fuiste lleno de una gran humildad. Solicita, pues, esta estimada virtud a Dios, por nosotros orgullosos, para que con un corazón humilde clamemos: ¡Aleluya!

Ikos VIII

Lleno por los dones de la gracia, y terminando el curso de tu vida temporal, oh Juan renombrado en Dios, tu enseñaste a todos a placer al Señor por el cumplimiento de la ley y el arrepentimiento. Por eso clamamos a ti, gran maestro de la verdad, con esta alabanza agradecida:

Alégrate, cultivador de la ley y los mandamientos del Señor.

Alégrate, denunciador de la iniquidad de Herodes.

Alégrate, diligente por su corrección.

Alégrate, tú que sufriste la cautividad en prisión y el cautiverio por la justicia.

Alégrate, tú que fuiste decapitado por la verdad.

Alégrate, pues tu cuerpo fue honorablemente depositado por tus discípulos en una tumba.

Alégrate, pues por designio divino tu cabeza fue preservada incorrupta.

Alégrate, pues ella procura a los cristianos el consuelo, la santificación y la curación.

Alégrate, pues los fieles veneran preciadamente tu diestra que bautizó al Señor.

Alégrate, pues hasta el presente muchos milagros son realizados por ti.

Alégrate, pues por ti los fieles son librados del deshonor de las pasiones.

Alégrate, pues por ti los fieles son empujados a arrepentirse.

Alégrate, gran Profeta Juan, Precursor y Bautista del Señor.



Contaquio IX.

Todos los seres angélicos fueron maravillados por la elevación de tu ministerio y la Iglesia te glorifica con reverencia como el amigo de Cristo Dios, caminando ante Él en el espíritu y el poder de Elías. Por celo a la verdad, tú confundiste audazmente a los fariseos y Herodes el sin ley, de quien recibiste el fin del martirio. Prosternándonos, pues, ante tu venerable cabeza, te rogamos: líbranos del deshonor de las pasiones, para que podamos cantarte con corazones y labios puros: ¡Aleluya!

Ikos IX.

Toda la retórica de los habitantes de la tierra no sería suficiente para alabarte, oh Juan elegido por Dios. Pues los labios de Cristo te alabaron, calificándote como el más grande de los profetas y más grande de entre los nacidos de mujer. Así, no sabiendo cómo ofrecerte una alabanza que te sea digna, nosotros te clamamos así:

Alégrate, gran gloria de la Iglesia de Cristo.

Alégrate, maravilloso milagro de los ángeles.

Alégrate, júbilo y glorificación de los ancestros.

Alégrate, gran elogio de los profetas.

Alégrate, corona brillante de los apóstoles, en Dios.

Alégrate, belleza magnífica de los santos jerarcas.

Alégrate, principio de los mártires en la nueva Gracia.

Alégrate, perfección de los santos monjes.

Alégrate, ornamento de los justos.

Alégrate, sostén de las vírgenes y de los que ayunan.

Alégrate, gran consuelo de todos los cristianos.

Alégrate, pues tu nombre es glorificado por todas las generaciones cristianas.

Alégrate, gran Profeta Juan, Precursor y Bautista del Señor.

Contaquio X.

Anunciaste a los que estaban enfermos la buena nueva de Cristo Dios venido en la carne para salvar al mundo. Pues, como el astro matinal procedente del sol, tú iluminaste a los que estaban en las tinieblas y la sombra de la muerte, de donde tú fuiste sacado pronto por el Señor, con todos los justos desde el principio, cantándole como Liberador y Vencedor de la muerte: ¡Aleluya!

Ikos X.

Tú eres un muro y un refugio saludable para todos los que recurren a ti en oración, oh divino Juan. Por eso te honramos con estos himnos de alabanza:

Alégrate, nuestra poderosa intercesión y fiel protección contra las desgracias.

Alégrate, alivio seguro que libra a los que sufren por espíritus maliciosos.

Alégrate, tú que envías la bendición divina sobre las estériles.

Alégrate, tú que libras del problema de las pasiones a los que recurren a ti con fe.

Alégrate, reconciliación rápida de los que caen en la enemistad.

Alégrate, ayuda diligente de los que recurren con fervor a ti en toda necesidad y aflicción.

Alégrate, tú que arrancas a los que llevan un buen camino, de la decepción y la desilusión.

Alégrate, tú que asistes a los que se apoyan en tu intercesión a la hora de la muerte.

Alégrate, tú que, por tu intercesión, liberas a los que te aman, de los peajes espirituales.

Alégrate, tú que concedes, por las oraciones, la vida eterna a los que veneran tu gloriosa memoria.

Alégrate, protector de los pobres, de las viudas y de los huérfanos.

Alégrate, pues, después de Dios y la Madre de Dios, tú eres el refugio y la esperanza de los cristianos.

Alégrate, gran Profeta Juan, Precursor y Bautista del Señor.

Contaquio XI.

Ningún himno sería suficiente para alabar de una manera digna tus obras, oh Bautista del Señor. Pero nosotros que estamos unidos por el amor, osamos celebra tu grandeza. Acéptalo misericordiosamente de nosotros, oh tú que has sido unido en rango cerca del trono de la Santísima Trinidad, y ruega para que seamos librados de toda corrupción del pecado, para que con labios puros cantemos a Dios: ¡Aleluya!

Ikos XI.

Sabiendo que tú eres la lámpara de la inaccesible Luz y estás lleno de los dones iluminadores de la gracia, oh Juan divinamente iluminado, te ofrecemos gozosamente estas alabanzas:

Alégrate, testigo ocular de la Luz divina que irradia desde las Alturas.

Alégrate, tú que glorificas a Dios por la luz de tus virtudes.

Alégrate, tú que revelaste la gloria majestuosa de la Santísima Trinidad.

Alégrate, tú que muestras el camino directo y maravilloso hacia el cielo.

Alégrate, tú que anuncias la buena nueva de Dios aparecido en la carne, a los que estaban en el infierno.

Alégrate, tú que alegras las almas de los justos, detenidos desde el comienzo en las profundidades.

Alégrate, verdadero amigo del Señor y Dios, Jesucristo.

Alégrate, tú que manifestaste al mundo la verdadera luz.

Alégrate, gloria de la radiante luz del Evangelio.

Alégrate, glorificación de la generación cristiana.

Alégrate, cumplimiento del Consejo de Dios.

Alégrate, pues desde Oriente a Occidente tu nombres es alabado.

Alégrate, gran Profeta Juan, Precursor y Bautista del Señor.

Contaquio XII.

Llevando el apodo de la Gracia, oh Bautista del Señor, y enriquecido por ella, tú apareciste como un glorioso triunfador. Pues tu has vencido a los enemigos y a toda la malicia, y has sellado tu grandioso ministerio por el tormento de tu martirio. Ahora, pues, tu que estas ante el trono del Rey de reyes, ruega que conceda a todos los fieles la reafirmación en la gracia, por tus virtudes, cantando: ¡Aleluya!

Ikos XII.

Cantando a Dios, visiblemente glorificado en ti, nosotros te alabamos, oh Bautista bienaventurado de Dios, como el verdadero amigo de Cristo, glorificamos tus obras gloriosas y honramos tu final en el martirio clamando con júbilo:

Alégrate, apóstol universal y primer mártir de la nueva alianza.

Alégrate, primer predicador del Reino celestial abierto por la venida de Cristo a la tierra.

Alégrate, predicador de la divina llamada a los gentiles.

Alégrate, tú que manifiestas al mundo los secretos y los misterios de la sabiduría divina.

Alégrate, tú que fuiste más fructífero que cualquier otro en acciones divinas.

Alégrate, pues el Padre del cielo fue glorificado por la luz de tus actos.

Alégrate, pues tu alegras indeciblemente por tu memoria a la Iglesia de Cristo.

Alégrate, iluminado por los divinos rayos de la luz del Triple Sol.

Alégrate, pues tu cantas incesantemente ante Dios, con los seres angélicos, el himno tres veces santo.

Alégrate, pues ahora que el reflejo ha sido abolido, tú contemplas directamente la Santa Trinidad.

Alégrate, gran Profeta Juan, Precursor y Bautista del Señor.

Contaquio XIII. (Este contaquio se repite tres veces)

Oh gran y glorioso Juan, Precursor y Bautista del Señor, recibe de nosotros ahora esta súplica que te ofrecemos, y por tus oraciones agradables a Dios, líbranos de todo mal, líbranos de los tormentos eternos y haznos herederos del Reino celestial, para que cantemos a Dios por los siglos: ¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!

Oh gran y glorioso Juan, Precursor y Bautista del Señor, recibe de nosotros ahora esta súplica que te ofrecemos, y por tus oraciones agradables a Dios, líbranos de todo mal, líbranos de los tormentos eternos y haznos herederos del Reino celestial, para que cantemos a Dios por los siglos: ¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!

Oh gran y glorioso Juan, Precursor y Bautista del Señor, recibe de nosotros ahora esta súplica que te ofrecemos, y por tus oraciones agradables a Dios, líbranos de todo mal, líbranos de los tormentos eternos y haznos herederos del Reino celestial, para que cantemos a Dios por los siglos: ¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!



(Ahora se hace el condaquio I e Icos I)

Contaquio I

Elegido desde el principio por ser el Precursor y Bautista de Cristo Dios, Salvador del mundo, oh Juan alabado de Dios que glorificaste al Señor que te glorificó, nosotros te cantamos himnos de alabanza como al más grande de los nacidos de mujer, como a un ángel en la carne y predicador del arrepentimiento. Y tú que posees gran audacia ante el Señor, líbranos de los peligros de todo tipo y condúcenos al arrepentimiento, pues a ti clamamos con amor: ¡Alegrate, gran Profeta Juan, Precursor y Bautista del Señor!.

Ikos I.

El Arcángel Gabriel que estaba ante Dios, fue enviado al sacerdote Zacarías, y mientras que para ministrar según su turno de servicio, este entró para ofrecer el incienso en el santuario del Señor y el arcángel se situó a la derecha del altar de los perfumes; entonces le anunció la buena nueva de tu nacimiento, oh gran Juan, proclamando a Zacarías gran gozo y alegría y muchos se alegraron. Por eso, maravillándonos y regocijándonos nosotros también por la grandiosa benevolencia divina hacia ti, clamamos con reverencia:

Alégrate, confidente inefable del consuelo divino.

Alégrate, cumplimiento de su Economía maravillosa.

Alégrate, revelado muchos años antes por el profeta Isaías.

Alégrate, mensajero ante el rostro del Señor profetizado antaño.

Alégrate, predeterminado a ser un gran profeta del Altísimo.

Alégrate, nacido según la promesa del ángel.

Alégrate, lleno del Espíritu Santo desde el seno maternal.

Alégrate, consagrado al gran ministerio antes de tu nacimiento.

Alégrate, fin de la infertilidad de tus padres.

Alégrate, gozo y alegría del sacerdote de Dios.

Alégrate, retoño de la hija de Aaron.

Alégrate, fruto de la oración dado por Dios.

Alégrate, gran Profeta Juan, Precursor y Bautista del Señor.





Oración a San Juan el Precursor

Bautista de Cristo, venerable Precursor, fin de los profetas, primer mártir, instructor de los que ayunan y de los solitarios del desierto, maestro de pureza y amigo cercano a Cristo. Te ruego y recurro a ti, no me rechaces en tu protección, mas levántame, pues he caído en numerosos pecados. Renueva mi alma por el arrepentimiento, como por un segundo bautismo. Purifícame, pues esto manchado por mis pecados y oblígame a entrar allí donde ninguna corrupción puede entrar, en el Reino Celestial, para que pueda glorificar contigo y con todos los santos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, Trinidad Santa que te fue manifestada, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén. 

Catecismo Ortodoxo 

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Thursday, January 7, 2016

Las 8 virtudes contrarias a las 8 principales pasiones ( San Ignacio Briantchaninov )


1.- La temperanza: el rechazo de todo alimento superfluo, de todo uso excesivo de la bebida, y de todo vino, el respeto exacto a los ayunos instaurados por la Iglesia, el dominio de la carne por un uso moderado y siempre idéntico de la comida (aquel que tiene por efecto el debilitar todas las pasiones y sobre todo el amor a la carne, de uno mismo, de su vida y de su quietud).
2.- La castidad: rechazar todos los tipos de excesos, las conversaciones o las lecturas voluptuosas, las palabras obscenas, malvadas o con doble sentido, guardar su buen sentido (sensatez), sobre todo la vista y el oído, e incluso más aún el tacto, buscar la modestia, rechazar los pensamientos o fantasías adúlteras, amar el silencio, la hesequía, el servicio a los enfermos e inválidos, el recuerdo de la muerte y del infierno. El principio de la castidad, es un espíritu que no flaquea ante los pensamientos o fantasías adúlteras; la perfección de la castidad, es la pureza que ve Dios.
3.- La no-posesión: contenerse de lo estrictamente necesario, odiar el lujo y la apatía, ser misericordioso hacia los necesitados, amar la pobreza evangélica, tener esperanza en la divina providencia, cumplir los mandamientos de Cristo, tener el espíritu libre y tranquilo por ausencia de preocupaciones, tener el corazón blando.
4.- La dulzura: alejar los pensamientos de cólera y aquellos que enturbian el corazón y lo echa en el furor, ser paciente, seguir a Cristo llama a Sus discípulos sobre la cruz, buscar la paz del corazón, la calma del espíritu, la firmeza y el coraje cristianos, no afectarse ante las ofensas, ser magnánimo.
5.- El llanto bienaventurado: percibir la lucha común de todos los hombres y la pobreza de su alma y su aflicción, llorar en el alma, tener el corazón contrito y obtener por ello una consciencia ligera, alegría y consolación en la gracia, tener esperanza en la misericordia de Dios, dar gracias a Dios por las tribulaciones, soportar las tribulaciones con sumisión mediante el continuo pensamiento de sus innombrables pecados, estar preparado para soportar las tribulaciones que se presenten, purificar su espíritu eliminando las pasiones, morir para el mundo, desear la oración, la soledad, la obediencia, la humildad, la confesión de sus pecados.
6.- La vigilancia: el celo por toda buena obra, el cumplimiento, sin pereza, de la regla de oración en la iglesia y en la celda (habitación, hogar…), la atención durante la oración, la vigilancia escrupulosa de todos los actos, de todos los sentimientos, de todas las palabras y de todos los pensamientos, el rechazo de la confianza en sí mismo, la asiduidad a la oración y a la palabra de Dios, la reverencia, la vigilancia permanente sobre sí mismo, el rechazo del sueño prolongado, de la apatía (indolencia), de las palabras vanas o mordaces, de las bromas, el amor por las vigilias nocturnas, las metanias y otras hazañas que procuran al alma la vigilancia, el amor por la soledad en su propia celda; el recuerdo, el deseo y la expectativa por los bienes eternos.
7.- La humildad: el temor de Dios, la percepción de dios durante la oración, (realizar) una oración particularmente pura donde podamos percibir fuertemente la presencia de Dios y de su Majestad, en un estado mental perfectamente estable que engendre el temor de Dios, el profundo conocimiento de nuestra nulidad, la visión de los otros bajo la luz de un nuevo día donde parezcan sernos superiores en todo (aquello que acrecienta nuestra humildad), la ingenuidad, la simplicidad, la ingenuidad suscitada por una fe viva, el odio por la alabanza humana, los reproches permanentes hechos a sí mismo, la justicia y la franqueza, la impasibilidad, el hecho de condenarse a muerte por todo (exagerar siendo excesivamente cruel con uno mismo), la compunción, el conocimiento del misterio escondido tras la Cruz de Cristo, el deseo de ser crucificado por el mundo y por sus pasiones así como la búsqueda de dicha crucifixión (la cruz que cada uno debe soportar), el rechazo de toda especie de adulación, el rechazo de palabras falsamente modestas, de la modestia forzada o intencionada, de la habitud de fingir, la locura evangélica (locura en Cristo), el rechazo de la sabiduría terrenal como indigna del Cielo, el desprecio de todo aquello elevado entre los hombres y que en realidad es una abominación delante de Dios, el rechazo de la justificación de palabra, el silencio evangélico (silencio por Cristo, no por cualquier otro motivo) delante de los ofensores, la renuncia a toda especulación mental, la aceptación de la inteligencia evangélica (conocimiento bíblico), el rechazo de todo pensamiento que se alza contra la inteligencia de Cristo, la humildad, el discernimiento espiritual, la obediencia consciente a la Iglesia.
8.- La caridad: la oración que pasa del temor de Dios al amor por Dios, la fidelidad al Señor probada por el rechazo permanente de todo pensamiento o sensación pecaminosa, la dulce e indecible atracción del hombre entero hacia el Señor Jesús-Cristo y hacia la Trinidad, el hecho de ver la imagen de Dios en el prójimo (y la visión de Cristo que mana de dicha visión espiritual), el hecho de preferir al prójimo antes que a sí mismo, la piadosa veneración del prójimo en el Señor, la caridad ardiente (fuerte y sincera), pura, fraternal, jubilosa, imparcial, igual, por el prójimo sea quien sea, amigo o enemigo, el júbilo en la caridad durante la oración del espíritu, del corazón y del cuerpo; la inefable alegría espiritual del cuerpo, el debilitamiento de los miembros del cuerpo cuando llega la consolación espiritual (Cf San Isaac el Sirio, homilía 44), la inacción de los sentidos durante la oración, la iluminación del espíritu y el corazón, la oración tan fuerte que venza el pecado, la paz de Cristo, el alejamiento de todas las pasiones, el llenarse de razonamientos en Cristo que lo sobrepasan todo, la Teología, el conocimiento de los seres incorporales (simple conocimiento o reconocimiento, sin culto ni adoración), la derrota de los pensamientos pecaminosos para que no consigan imponerse al alma, la tranquilidad y la abundante consolación durante las tribulaciones, la contemplación de su estado interior, la profunda humildad, la humilde opinión de sí mismo. La enumeración es infinita… 

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