Wednesday, October 14, 2015

Rezar por los no Οrtodoxos ....


La Iglesia Ortodoxa, de acuerdo con el amor por el hombre que le caracteriza, permite orar por aquellos que se han separado de ella, es decir, por los herejes y cismáticos. Pero, ¿oraciones en qué sentido? Oraciones para que se conviertan a la fe ortodoxa antes del final de sus vidas.

Así, en las oraciones de intercesión, rezamos: “Ilumina con la luz de la gracia a todos los apóstatas de la fe ortodoxa, y a los cegados por perniciosas herejías, y los que se han alejado de Ti, y únelos a tu Iglesia Santa, Católica y Apostólica”. De ahí se hace evidente que la Iglesia Ortodoxa permite rezar por los que se han separado de la santa fe; oraciones para su conversión. Pero ¿qué podemos decir de los que han partido ya de esta vida? ¿Reza la Iglesia por tales personas en su oficios divinos? En los oficios de la Iglesia Ortodoxa no hay oraciones por las personas que han muerto en la herejía. Contrariamente, el primer Domingo del Gran Ayuno, en el oficio de la Ortodoxia, nuestra santa Iglesia pronuncia anatemas, es decir, excomunión sobre todos los herejes y apóstatas de la Ortodoxia. Entonces, ¿cómo es que la Iglesia, al mismo tiempo, anatematiza y reza por los apóstatas? “Los no ortodoxos, por su misma no Ortodoxia se han excomulgado a sí mismos de los Misterios de la Iglesia Ortodoxa”. El metropolita Filaret de Moscú afirmó que el no conmemorarlos durante la Liturgia y eliminar sus nombres de los dípticos (el Synodicon, o lista de los nombres a conmemorar; es decir, la lista de aquellos que están en comunión con los ortodoxos) está en completo acuerdo y hace proveer lógicamente su excomunión. Debemos señalar aquí que esa eliminación de los dípticos nos recuerda que los nombres de los no ortodoxos no deberían ser conmemorados en ningún oficio ortodoxos. Se podría objetar que esto es ciertamente muy estricto, pero ¿qué podemos hacer? No podemos forzar al Señor a tener misericordia con la oración. Pues nuestro Dios es “un Dios celoso” (Éxodo 20:5). “El Señor es justo y ama a los justos” (Salmos 10:7). Ha habido casos en los que Él mismo prohibió la oración por ciertas personas: dijo a su profeta Jeremías sobre su pueblo: “Y tú, no intercedas por este pueblo, no eleves por ellos súplica ni oración, ni me insistas, pues no te escucharé” (Jeremías 7:16, Straubinger). Ahora, este mandato del Señor se refiere a las personas que aún están vivas, y que consecuentemente aún tienen la suerte de arrepentirse. Y el profeta no osó desobedecer la palabra del Señor para justificar su oración por ellos por amor a la humanidad.

Cabe señalar que aquí tenemos en vista la oración por los no ortodoxos ofrecida por la Iglesia. Permitir tal oración en la Iglesia Ortodoxa durante un oficio divino causaría escándalo, al menos para aquellos que tienen una conciencia débil. Si tales personas escucharan peticiones en una Iglesia Ortodoxa por la salud o descanso de los católicos romanos o protestantes, llegarían a la conclusión de que realmente no importa lo que se crea. Y mediante esto habría cada vez más y más apostasía frecuente de la Iglesia Ortodoxa, si no formalmente, al menos en espíritu. Y esto sería una gran aflicción, pues entonces, imperceptiblemente, la persona así extraviada se convertiría en un ortodoxo sólo de nombre, y en realidad, en alguien que no cree correctamente o incluso que no cree. De la misma forma, las personas de otras confesiones, viendo que la Iglesia Ortodoxa reza por ellos, llegarían a la misma conclusión sobre la igualdad de todas las confesiones de fe. Y esto podría distraer a los no ortodoxos que desean unirse a la Iglesia Ortodoxa, pues dirían que los ortodoxos rezan por ellos igualmente.

Sin embargo, hablando sobre la rigurosidad de la Iglesia Ortodoxa con relación a la conmemoración de los no ortodoxos, no queremos decir que nuestra Santa Iglesia Ortodoxa nos mande, a sus hijos, no rezar por ellos. Solamente nos prohíbe rezar según nuestros propios caprichos, rezar de cualquier forma que pueda decirnos nuestra mente. Nuestra Madre, la Iglesia Ortodoxa, nos enseña que todo lo que hacemos, incluyendo la oración en sí misma, debe ser hecha “honestamente y por orden” (1ª Corintios 14:40, Straubinger). Rezamos en todos los oficios divinos por todas las naciones y razas del mundo entero, muy a menudo sin saber o entender esto. Rezamos como nuestro Señor Jesucristo enseñó a rezar a sus apóstoles en la oración que les enseñó: “Venga tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo” (Mateo 6:10, Straubinger). Esta omnímoda petición reúne en sí todas nuestras necesidades y las de nuestros hermanos en la fe, e incluso las de los no ortodoxos. Aquí, también le pedimos al Buen Dios incluso por las almas de los fallecidos no ortodoxos, para que haga con ellos lo que sea agradable a su Santa Voluntad. Pues el Señor sabe infinitamente mejor que nosotros a quien mostrar misericordia.

Y así, oh cristianos ortodoxos, quienquiera que seáis, ya sea laicos o sacerdotes de Dios, si durante algún oficio de la Iglesia viene a vosotros el celo de rezar por alguien no ortodoxo cercano a vosotros, entonces, durante la lectura o entonación de la Oración del Señor, suspirad por ellos ante el Señor y decid: “¡Hágase tu voluntad en él, oh Señor!”, y limitaos a esta oración. Pues así habéis sido enseñados por el Señor a rezar. Así, rezar por los no ortodoxos en oraciones públicas de la Iglesia sobre una base de igualdad con los cristianos ortodoxos, es decir, conmemorar sus nombres en las iglesias así como son conmemorados los nombres de los cristianos ortodoxos, no es conforme a las tradiciones de nuestra Iglesia Santa, Católica y Apostólica. Por eso, así hablamos y así actuamos. Y esto no es a causa de ningún odio por los no ortodoxo o porque no les deseemos el bien, sino porque nuestra oración voluntaria por ellos no será complaciente a Dios, no tendrá beneficio para sus almas y se convertirá en un pecado para aquellos que recen así.

Podemos ver un claro ejemplo de esto en Saúl, rey de Israel. Aparentemente pareció hacer una buena obra cuando, ante las hostilidades abiertas con los filisteos, se volvió a Dios en oración y ofreció sacrificios. Pero puesto que en este caso obró según su propia voluntad, sin esperar al profeta de Dios, Samuel, así como se le dijo, no solo no obtuvo la voluntad de Dios y la bendición sobre él mismo, sino que por el contrario obtuvo de Dios un castigo y su ira.

Y ahora, unas pocas palabras sobre la oración privada. Apenas hay más de un ejemplo en la Iglesia Ortodoxa de cómo la oración personal de un santo de Dios ayudó a las almas de los fallecidos no ortodoxos, incluso paganos. San Macario de Egipto nos cuenta lo siguiente: “Una vez, mientras viajaba por el desierto, encontré el cráneo de cierta persona muerta, que yacía en el suelo. Cuando moví el cráneo con una rama de palma, este me habló y le pregunté: “¿Quién eres?”. El cráneo respondió: “Yo era el sumo sacerdote de los ídolos y paganos que habían en este lugar; y tu eres Macario, el portador del Espíritu. Si tú, teniendo compasión de los que sufren en el tormento, rezas por nosotros, sentiremos algún alivio”. El anciano preguntó: “¿Cuál es el alivio y cuál el tormento? Y el cráneo le dijo: “Así como el cielo está por encima de la tierra, así hay fuego entre nosotros, y nosotros mismos estamos en pie en medio del fuego: ninguno de nosotros puede ver el rostro de otros, pues el rostro de cada uno de nosotros ve la espalda de otro. Pero cuando tú reces por nosotros, entonces cada uno de nosotros verá en parte el rostro de otros… Este es nuestro alivio”. El anciano comenzó a llorar y dijo: “Infeliz el día en que este hombre nació”. El anciano siguió preguntando: “¿Hay algún otro tormento mas terrible?. El cráneo respondió: “Entre nosotros hay un tormento aún más terrible”. El anciano preguntó: ¿Y quién se encuentra allí?”. Y el cráneo respondió: “Puesto que no conocimos a Dios, se nos muestra una pequeña medida de misericordia, pero los que conocieron a Dios y se alejaron de Él (por supuesto con falsa sabiduría en temas de fe y con una vida descuidada), también se encuentran entre nosotros”. Después de esto, el anciano cogió el cráneo y lo enterró en tierra.

De esta historia del bendito padre vemos, en primer lugar, que su oración por los sufrientes paganos en el fuego no fue una oración pública en la iglesia, sino una oración privada. Fue la oración de un solitario morador del desierto, rezando en la cámara secreta de su corazón. Además, esta oración puede servir en parte como una razón para los cristianos ortodoxos para rezar por los vivos y muertos no ortodoxos en nuestras oraciones privadas. El santo no nos informó de cómo rezó por los paganos, pero siendo un gran santo de Dios, indudablemente obtuvo una gran confianza ante Dios por su oración. San Macario rezó por los paganos, no con una oración de su propia inventiva, sino como le fue enseñado por el Espíritu de Dios que moraba en su puro corazón, el Espíritu que le enseñó a rezar por el mundo entero, por todos los pueblos, vivos y muertos, como una característica regular de los corazones amorosos de todos los santos de Dios. Así como escribió el santo apóstol Pablo a los corintios: “Nuestra boca, como veis, se ha abierto a vosotros, oh corintios. Nuestro corazón se ha ensanchado hacia vosotros. No estáis apretados en nosotros” (2ª Corintios 6:11-12, Straubinger).

Así, ahora podemos estar de acuerdo en que los cristianos ortodoxos pueden, de hecho, rezar por los no ortodoxos, tanto vivos como muertos, en oraciones privadas en casa, pero aquí repetimos una y otra vez, no con oraciones según los designios de cada uno, no con las que puedan surgir en la cabeza de cada uno, sino según la dirección de personas experimentadas en la vida espiritual.

En este caso, la dirección de tales personas es como sigue. Hubo una ocasión, durante la vida del anciano Leonid de Optina (Lev en gran esquema), que murió en 1841. El padre de uno de sus discípulos, Pablo Tambovtsev, había muerto en una infeliz y violenta muerte: el suicidio. El amoroso hijo estaba profundamente afectado por esto y vertió su dolor ante el anciano de este modo: “El desgraciado final de mi padre es una dura cruz para mi. Ahora llevo una cruz cuya pena me acompañará hasta la tumba. Estoy torturado por la imagen de los tormentos eternos que esperan a mi padre, que murió sin arrepentimiento. Dígame, padre, ¿cómo puedo consolarme en este dolor presente?”. El anciano respondió: “Confíate a ti mismo y el destino de tu padre a la voluntad del Señor, que es todo sabio y todopoderoso. No aceches los milagros del Altísimo, sino esfuérzate por tu humildad para fortalecerte en los límites de tu templado dolor. Reza al buen Creador, y cumple así el deber de amor y obligación de un hijo”. Pregunta: “Pero, ¿cómo va alguien a rezar por tales personas?”. Respuesta: “Con el espíritu de la virtud y la sabiduría, de esta forma: ‘Busca, oh Señor, el alma perdida de mi padre: si es posible, ten misericordia de él. Insondables son tus juicios. No veas mi oración como un pecado. Mas hágase tu voluntad’. Reza así, sin exigir, confiando tu corazón a la recta mano del Altísimo. Por supuesto, tan dolorosa muerte de tu padre no era la voluntad de Dios, pero ahora queda a merced de su voluntad, más así se apoya completamente en la voluntad de Aquel que es capaz de arrojar el alma y el cuerpo en el horno ardiente, que levanta a los humildes, que lleva a la muerte y trae a la vida, que arroja al infierno y que hace salir de allí. Y es tan compasivo, todopoderoso y lleno de amor que ante su gran bondad, las buenas cualidades de los nacidos en la tierra no son nada. Tú dices: “Amo a mi padre, y por tanto me lamento inconsolablemente”. Es cierto. Pero Dios lo amó y lo ama incomparablemente más que tú. Por eso, queda en ti el confiar la suerte eterna de tu padre a la bondad y compasión de Dios, y si es Su buena voluntad mostrar misericordia, ¿quién podrá oponerse?”

Esta oración privada para el uso de alguien en su hogar, dada a este discípulo por el anciano Leonid, que tenía experiencia en la vida espiritual, puede servir a los cristianos ortodoxos como un ejemplo o paradigma de oración para algunas personas no ortodoxas cercanas a nosotros. Podemos rezar de la siguiente forma: “Ten misericordia, oh Señor, si es posible, del alma de tu siervo / a (Nombre), que partió de esta vida alejado de tu Santa Iglesia Ortodoxa. Insondables son tus juicios. No contemples mi oración como un pecado. Mas hágase tu voluntad”.

No sabemos (y a ninguno de nosotros ha sido revelado) cómo o cuánto beneficio puede dar tal oración a los no ortodoxos. Pero por la experiencia aprendida, es seguro que alivia el dolor ardiente de la persona que reza por el alma de alguien cercano que falleció fuera de la Iglesia Ortodoxa. Pues según la palabra del salmista: “Tú no despreciarás, Señor, un corazón contrito y humillado” (Salmos 50:19, Straubinger). La oración más humilde y sencilla, es la más beneficiosa y esperanzadora.

De Orthodox Life, vol. 26, nº 1 (enero-febrero 1976), pp. 27-31. 

 

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Tuesday, October 13, 2015

Pero la oración es la única práctica que está siempre a nuestra disposición. ( San Serafín de Sarov )


Es cierto que toda buena acción hecha en nombre de Cristo confiere la gracia del Espíritu Santo, pero la oración es la única práctica que está siempre a nuestra disposición. ¿Tenéis, por ejemplo, deseo de ir a la iglesia, pero la iglesia está lejos o el oficio terminó? ¿Tenéis deseos de hacer limosna, pero no veis a un pobre, o carecéis de dinero? ¿Deseáis permanecer virgen, pero no tenéis bastante fuerza para esto por causa de vuestras inclinaciones o debido a las asechanzas del enemigo que por la debilidad de vuestra humanidad no os permite resistir? ¿Pretendéis, tal vez, encontrar una buena acción para practicarla en Nombre de Cristo, pero no tenéis bastante fuerza para esto, o la ocasión no se presenta? En cuanto a la oración, nada de todo esto la afecta: cada uno tiene siempre la posibilidad de orar, el rico como el pobre, el notable como el hombre común, el fuerte como el débil, el sano como el enfermo, el virtuoso como el pecador.

San Serafín de Sarov


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Monday, October 12, 2015

“Porque angosta es la puerta y estrecho el camino que lleva a la vida, y pocos son los que lo encuentran” (Mateo 7:14) ( San Nectario de Egina )


Debemos hacer todo lo que podamos para adquirir la virtud y la sabiduría moral (phronesis), pues el premio es hermoso y la esperanza grande.

La vía de acceso a la virtud es una vía de esfuerzo y trabajo: “Porque angosta es la puerta y estrecho el camino que lleva a la vida, y pocos son los que lo encuentran” (Mateo 7:14), mientras que la puerta del vicio es amplia y el camino espacioso, pero conduce a la perdición.

La virtud es la realización de la ley divina. San Basilio el Grande escribe: “La virtud es la acción de evitar el mal y hacer el bien”. El que participa en la verdadera virtud participa de Dios mismo, porque Dios es enteramente virtud. San Basilio dice: “De todas nuestras posesiones, la virtud es la única que no puede ser quitada; la virtud permanece con nosotros en esta vida y después de la muerte”.

La fe la esperanza y la caridad son los mandamientos esenciales que Jesús nos ha enseñado. Son las virtudes fundamentales del cristianismo, reveladas al mundo por Dios. La fe es la fuente primera de la virtud y la fuerza. La esperanza es consuelo, alivio, sostén de los que se afligen, arrancándolos del abismo de la desesperación, y un alejamiento del alma sobrecargada por el peso de las injusticias del mundo y de las desgracias pesadas y violentas: “Venid a Mí todos los agobiados y los cargados, y Yo os haré descansar” (Mateo 11:28). El amor es el lazo que unifica la sociedad y la fraternización de toda la humanidad. Es el fundamento de la bondad de los hombres así como de todas las virtudes. Es la escalera que eleva al hombre a la perfección, transformándolo en imagen y semejanza de Dios.

El amor de Dios es conocimiento de Dios, pues el que ama, ama lo que conoce, y es imposible amar a lo que es desconocido. El amor de Dios expresa el deseo de estar unido a Él como suprema bondad.

San Nectario de Egina


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Las Bienaventuranzas de Cristo Dios


1: Bienaventurados y felices serán los pobres del espíritu porque de ellos es y será la realeza increada de los cielos; (bienaventurados y felices son y serán aquellos que están pobres de males y pecados en el espíritu de su corazón de la psique e humildemente sienten su pobreza espiritual y su dependencia integra de Dios, porque de ellos es y será la realeza increada de los cielos).
 

2: Bienaventurados y felices los que están en luto, afligidos por sus pecados y del mal que domina el mundo, porque ellos serán consolados por Dios.
 

3: Bienaventurados y felices los apacibles, afables porque ellos heredarán la tierra; (Bienaventurados y felices los que dominan su ira, porque ellos recibirán como herencia de Dios la tierra prometida y desde esta vida disfrutarán los bienes de la herencia de la realeza increada celeste).
 

4: Bienaventurados y felices los hambrientos y sedientos de justicia, porque ellos serán saciados (Dichosos los que anhelan como hambrientos y sedientos la justicia, porque de ellos serán satisfechos plenamente sus deseos de justicia);
 

5: Bienaventurados y felices los misericordiosos y caritativos, más los que se compadecen con las desgracias del prójimo, porque ellos alcanzarán la misericordia increada de Dios el día del juicio;
 

6: Bienaventurados los sanados, puros y limpios del corazón, o los que han hecho la catarsis, la sanación y limpieza de su corazón de cada mancha del pecado, porque ellos contemplarán y verán a Dios;
 

7: Bienaventurados y felices los pacificadores o los que hacen obra de paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios; (Dichosos los que a su interior por su santificación tienen la paz y la transmiten también a los demás, pacificándolos entre sí y con Dios, porque ellos serán reconocidos y proclamados en el mundo celeste hijos de Dios).
 

8: Bienaventurados y felices seréis los perseguidos por ser justos, virtuosos y perfectos cristianos, porque de ellos es y será la realeza increada de los cielos.
 

9: Bienaventurados y felices seréis los que os habéis convertido en mis discípulos cuando os injurien, os persigan y digan contra vosotros todo tipo de calumnias y mentiras por causa mía.
 

Alegraos y deleitaos porque vuestra recompensa en los cielos será grande e incalculable. Porque también persiguieron a los profetas que ha mandado Dios antes que vosotros.

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Sunday, October 11, 2015

Arrepentimiento ( San Serafín de Sarov )


Cuando un hombre renace a la vida por la sabiduría divina, que siempre busca nuestra salvación, debe volver su mirada hacia Dios para escapar de la perdición, debe seguir el camino del arrepentimiento, practicar las virtudes contrarias a los pecados cometidos y esforzarse, actuando en Nombre de Cristo, para adquirir el Espíritu Santo que, en nuestro interior, prepara el Reino celestial.

No es en vano que el Verbo dijo: “El reino de Dios está en vuestro interior. Se penetra a él por la violencia y el esfuerzo” (Lc. 7,21). Si bien los lazos del pecado mantienen al alma cautiva, impidiéndole con nuevas iniquidades volverse hacia el Salvador con perfecta contrición, todos aquellos que se hubieran esforzado por romper esos lazos, llegarán, finalmente, ante el Rostro de Dios, más blancos que la nieve, purificados por su gracia.

“Venid, dijo el Señor, y si vuestros pecados son escarlatas, yo los tornaré blancos como nieve” (Is. 1,18). Revela el Apóstol San Juan el Teólogo en el Apocalipsis que vio a tales hombres vestidos de blanco, arrepentidos y perdonados, portando palmas en sus manos en señal de victoria y cantando Aleluyas. La belleza de su canto era incomparable. El Ángel del Señor dijo hablando de ellos:“Estos son los que vienen de la gran tribulación, lavaron sus ropas y las blanquearon en la sangre del Cordero” (Ap. 7,14).


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Saturday, October 10, 2015

Hermosas son las tres virtudes de fe, esperanza y caridad (1Co 13, 13). ( San Gregorio el Teólogo )


Hermosas son las tres virtudes de fe, esperanza y caridad (1Co 13, 13). En fe ciertamente es testigo Abraham, que por ella fue alabado como justo (Gn 15, 6). En la esperanza, Enós, el primero que por la esperanza fue llevado a invocar el nombre del Señor (Gn 4, 26); y con él, todos los justos que por la esperanza sufren penas. Testigo de la caridad es el bienaventurado Apóstol, que por causa de Israel no dudó en aceptar para sí más graves daños (Rm 9, 3) (…).

Hermosa es la hospitalidad. Entre los justos lo testifica Lot, cuando habitaba en Sodoma (Gn 19, 3) ajeno a los vicios de sus moradores; y entre los pecadores, Rahab, la ramera (Jos 2, 1 ss), que brindó hospedaje a los exploradores sin intención de pecado, y con su diligente protección a los huéspedes se ganó la alabanza y la salvación. Hermoso es el amor fraterno, y de él tenemos por testigo a Jesús mismo, que no sólo consintió ser llamado hermano nuestro, sino que también sobrellevó el suplicio por nuestra eterna salud. Hermosa es la benevolencia hacia los hombres, y de nuevo Jesús lo atestigua, pues no sólo creó al hombre para que practicara buenas obras (Ef 2, 10), uniendo su imagen a la carne para guiarnos a las más altas virtudes y procurarnos los supremos bienes, sino que por nosotros se hizo hombre.

Hermosa es la longanimidad, como Él mismo testifica, pues no sólo rehusó el auxilio de legiones deángeles contra sus violentos ofensores (Mt 26, 53), o reprendió a Pedro por empuñar la espada (Mt 26, 52), sino que incluso restituyó la oreja al herido (Lc 22, 51). La misma virtud manifestó después Esteban, imitando como discípulo a Cristo, cuando elevó sus plegarias por quienes le apedreaban (Hch 7, 59). Hermosa es la mansedumbre, y son testigos Moisés (Nm 12, 3) y David (Sal 131, 1), a quienes, por encima de todos en esta virtud, tributa alabanza la Escritura; y especialmente el Maestro de todos ellos, que no disputa ni grita, ni vocifera en las plazas (Is 42, 2; Is 53, 7), ni resiste a sus verdugos (…).

Hermoso es castigar el cuerpo. De ello te persuada Pablo, que sin cesar lucha y se sujeta con violencia (1Co 9, 27), e inspira santo terror, con el ejemplo de Israel, a cuantos confían en sí mismos y condescienden con su cuerpo. Que te persuada el mismo Jesús, con su ayuno, su sometimiento a la tentación y su victoria sobre el tentador (Mt 4, 1 ss).

Hermoso es orar y velar. De esta virtud te vuelve a dar fe Jesús, que vela y suplica antes de la Pasión (Mt 26, 36). Hermosa es la castidad y la virginidad. Da crédito a Pablo, cuando determina normas sobre estas virtudes, solucionando con plena equidad la controversia sobre virginidad y matrimonio (1Co 7, 25). Cree también a Jesús mismo, que nace de una Virgen, para adornar de honor la generación y anteponer en honra la virginidad. Hermosa es la templanza.

Que te mueva la autoridad de David el cual, cuando le consiguieron agua abundante del pozo de Belén, de ningún modo bebió (2S 23, 15 ss), sino que la derramó en libación a Dios, no aceptando apagar su sed a costa de la sangre de sus capitanes.

Hermosos son el recogimiento y la paz. Así me lo enseñan el Monte Carmelo, con Elías (1R 18, 42), el desierto de Juan Bautista (Lc 1, 80), y por fin aquel monte (Mt 14, 23) al que frecuentemente Jesús se retiraba, y donde sabemos que prolongaba su recogimiento. Hermosa es la parquedad en los recursos. Me ofrecen ejemplo Elías (1R 17, 9) sustentado en casa de la viuda; Juan, vestido con pieles de camello (Mt 3, 4); y Pedro, que se nutría de la comida más pobre.

Hermosa es la humildad, de la que por doquier abundan los ejemplos. Por encima de todos, el Salvador y Señor, que no sólo se abajó hasta la condición de siervo (Flp 2, 6), y expuso su rostro al escarnio de salivazos e injurias, hasta el extremo de ser contado entre los malhechores (Is 50, 6; 53, 12) mientras purificaba al mundo de las manchas del pecado, sino que también, con quehacer de esclavo, quiso lavar los pies de sus discípulos (Jn 13, 5).

Hermosa es la pobreza y el desprendimiento de las riquezas. Testigo es Zaqueo, al regalar casi toda su hacienda cuando en su casa entró Cristo (Lc 19, 8) (…). Y para resumir aún más mi enseñanza, si hermosa es la contemplación, hermosa igualmente es la acción. Mientras que una se eleva de este mundo para penetrar en el Santo de los Santos, reconduciendo nuestra mente a su genuina vida, la otra acoge a Cristo y, en su servicio, le muestra por las obras la intensidad del amor.

Cada una de estas virtudes constituye la misma vía para la salvación que conduce a alguna de las felices y eternas mansiones: ciertamente cuantos son los modos de vida virtuosa, tantas moradas hay junto a Dios (Jn 14, 2), las cuales se distinguen unas de otras y se distribuyen a cada uno según el propio mérito y dignidad. Por consiguiente, que éste cultive una virtud, ése otra, aquél varias, y otro, si puede, todas ellas; en cualquier caso, obre de tal modo que progrese, y procure con esfuerzo avanzar más, perseverando en pos de las huellas de Aquél que, al mostrarnos el verdadero camino, dirige nuestros pasos y, haciéndonos pasar por una puerta estrecha, nos lleva a la amplitud de la bienaventuranza celestial.

Por lo que respecta a la caridad, que según Pablo, y también por la autoridad del mismo Cristo, ha de ser tenida como compendio y fin de la Ley y los Profetas, siendo el primero y mayor de los mandamientos (Mt 22, 36 ss). Encuentro que su principal ejercicio radica en acoger a los necesitados con amor benevolente, de modo que nos conmuevan y duelan las desgracias del prójimo. Pues no hay ningún otro culto tan grato a Dios como la misericordia; y por cierto, no hay perfección alguna que convenga mas propiamente a Dios, ya que la misericordia y la verdad le preceden como heraldos (Sal 88, 15), y prefiere la ofrenda de la misericordia a la de la simple justicia (Os 12, 6). Por tanto, no hay otra virtud mejor para el hombre que aquella benignidad que será pagada por la benignidad de Quien recompensa con justicia y establece con abundante medida su misericordia (Is 28, 17).(…)

Reconoce de dónde te viene la existencia, la respiración, la inteligencia, la sabiduría y – lo que es más importante – el conocimiento de Dios, la esperanza de la Realeza de los cielos, el honor que compartes con los ángeles, la contemplación de la gloria que esperas, ahora como en un espejo y de modo confuso, pero a su tiempo del modo más pleno y puro. Reconoce, además, que te has convertido en hijo de Dios, coheredero con Cristo y, por usar una imagen atrevida, ¡eres el mismo Dios! ¿De dónde te vienen tantas y tales prerrogativas?

Si, además, queremos hablar de los dones más humildes y comunes, dime, ¿quién te permite ver la belleza del cielo, el curso del sol, los ciclos de la luz, las miríadas de estrellas y toda esa armonía y orden que siempre se renueva maravillosamente en el mundo, haciendo alegre la creación como el sonido de una cetra?

¿Quién te concede la lluvia, la fertilidad de los campos, el alimento, el gozo del arte, el lugar donde habitas, las leyes, el estado y, añadamos, la vida de cada día, la amistad y el placer de tu parentela? ¿Quién te ha colocado como señor y rey de todo lo que hay sobre la tierra? Y, para detenerme en cosas más importantes, te pregunto aun: ¿quién te regaló esas características tuyas que te aseguran la plena soberanía sobre los seres vivientes? Fue Dios. ¿Y qué te pide Él, a cambio de todo esto? El amor. Te pide constantemente, primero y sobre todo, amor a Él y al prójimo. El amor a los demás loexige lo mismo que el primero. ¿Vamos a ser tacaños para ofrecer este don a Dios, después de los numerosos beneficios que de El hemos recibido y que nos ha prometido? ¿Nos atreveremos a ser tan desvergonzados? Él, que es Dios y Señor, se hace llamar Padre nuestro; ¿y nosotros vamos a renegar de nuestros hermanos?

Estemos atentos, queridos amigos, para no convertirnos en malos administradores de lo que se nos ha regalado. Mereceríamos en ese caso la advertencia de Pedro: avergonzaos quienes os quedáis con las cosas de los otros; imitad más bien la bondad divina, y así nadie será pobre.

No nos fatiguemos acumulando o conservando riquezas, mientras los demás sufren hambre, si no queremos merecer las recriminaciones duras y cortantes que ya hizo antes el profeta Amós, cuando decía: ¡Ah vosotros!, que decís: ¿cuándo habrá pasado la luna nueva y podremos vender el trigo; cuándo habrá pasado el sábado, para poder abrir nuestros almacenes? (Am 8, 5).

Comportémonos de acuerdo con aquella suprema y primordial ley de Dios, que hace bajar la lluvia sobre justos y pecadores, y hace surgir el sol igualmente para todos; que ofrece a todos los animales de la tierra el campo abierto, las fuentes, los ríos, los bosques; que da el aire a las aves y el agua a los animales acuáticos; que a todos reparte con gran liberalidad los bienes de la vida, sin restricciones ni condiciones, sin ningún límite.


                                Catecismo Ortodoxo 

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Preguntas y respuestas acerca de nuestra fe Valeriu Gafencu


Diálogo espiritual desde la prisión. Valeriu Gafencu, modelo de actitud y de pensamiento cristiano aplicado a la historia actual.

- Valeriu, ¿Cuál es el transfondo de la crisis actual?

- El ateismo.

- ¿Cómo ves el mundo de nuestros días?

- Hay un caos interior, una descomposición que avanza hacia el nihilismo, porque las personas están obsesionadas con la nada de la materia, con la ficción de las formas, con la extenuación sensual, con el historicismo sin trascendencia, con la ceremoniosidad sin Dios, con el consumismo sin espiritualidad, con la falsedad que se esconde en el auto-endiosiamiento del hombre. Este desastre sucede en todos los frentes de la vida humana. Será necesario mucho sufrimiento para la reorientación espiritual del mundo y para cambiar su forma actual de vida.

- ¿Por qué Dios permitió que el mundo entrara en esta crisis, luego de casi 2000 años de cristianismo?

- La crisis no viene de Dios, ni de la fe, sino de la libertad de consciencia de los hombres. En los últimos siglos, la humanidad desacralizó el mundo, vació sus almas, exacerbó la sensualidad, cayó presa de orgullo del materialismo y del ateismo. Al mismo tiempo, también las fuerzas del maligno se han vuelto más incisivas y mejor organizadas que en la primera centuria cristiana. El modo en el que mueren los santos en manos de la bestia en el siglo XX, es mucho más perverso, más total, mejor estudiado, más completo que el modo en el que fueron muertos los mártires de los primeros siglos de las catacumbas. Millones de cristianos de hoy no están al nivel espiritual de aquellos de las primeras catacumbas, pero en este siglo la santidad y el martirio son más grandes que nunca, por su intensidad y diversas formas de manifestarse. Los enemigos del cristianismo, los que provocaron el martirio, quieren ahora esconder la existencia de Cristo y hacer que el mundo lo olvide, pero aún se ven impotentes. Han logrado dominar el mundo, pero con ésto han alzado también muchos santos y mártires. Han logrado cerrar la boca de las personas, pero no han conseguido cubrir la luz de los santos. Dios obra en el mundo incluso por medio de quienes no creen. Así podría descifrarse el sentido de la crisis que domina el siglo XX: una purificación necesaria para alcanzar un nivel más alto de espiritual y vida.


- ¿Cuál podría ser la manera de salir de esta crisis?

- Regresar a Cristo. Es necesaria una elite cristiana que no se aleje del pueblo, que luche con fuerza contra todas las formas de opresión y sujeción a las que éste se encuentre sometido. El pueblo no puede ser defendido sólo con oraciones y peticiones, es decir, con un formalismo seco, sino también con la lucha, con la valentía y con la firmeza. Este mundo está bajo la soberanía de Cristo y los cristianos no tienen permitido abandonarlo. No existe una acusación más grave que cuando se dice que la Iglesia ha abandonado al pueblo, porque entonces ha abandonado a Cristo, sin importar cuántos dogmas establezca y siga respetando ella.

- ¿Por qué es necesaria la fe, en el mundo?

- Por la sabiduría con que Dios hizo al mundo. El mundo es tan imperfecto, que no hay nada pleno en él: ni los órdenes políticos y sociales, ni los económicos, ni la cultura, ni las artes y ciencias, ni las filosofías y sus creencias. Los hombres, libres y conscientes, con todo lo que dominen en el mundo, no pueden hacerse plenos sino por medio de la comunión con Dios. Si se le quita a la persona esta relación con lo divino, se vuelve entonces una bestia, una nada. La fe es, entonces, una necesidad.


- El cristianismo ha sido desacreditado por los materialistas, diciendo que es algo retrógrado, oscuro, medieval, inquisitorial, jesuita, mistificador. ¿Qué podemos responder ante ésto?

- El materialismo que denigra actualmente al cristianismo tiene como base teórica la ciencia; bien, precisamente la misma ciencia es antimaterialista y afirma que el materialismo es tirano, limitado, mecanicista, nihilista, nefasto y desastroso. La luz del materialismo es oscuridad; los lineamientos del progresismo son contra natura, la liviandad del materialismo ha descompuesto lo normal; el humanismo del materialismo ha bestializado el mundo; las leyes del materialismo son ficticias, aunque durante un tiempo hayan atrapado el pensamiento de los hombres. La ciencia ha llegado a los límites del conocimiento material y sólo ha anclado la humanidad en su búsqueda de lo trascendente.

- ¿Cómo se puede salir de esta crisis materialista?

-Por medio de Cristo: sólo Él no es recibido en el mundo actual, nadie está dispuesto en la actualidad a modificar su modo de ver las cosas y su forma de vida, a pesar de avanzar directamente hacia el desastre. Todos estos sucesos siguen apareciendo y ni siquiera los cristianos los pueden detener. “Detengan su desenfreno, renuncien a la tiranía, ordenen su vida, pongan límites a su avidez, vuélvanse hacia la naturaleza, renuncien al orgullo, destruyan las armas atómicas; si son racionalistas, renuncien al racionalismo; si son realistas, vean ante todo su propia realidad espiritual; si buscan conocimientos, diríjanse a lo que es trascendente! Dénle a sus almas la santidad que viene de lo alto, porque sólo así alcanzarán la salvación. Arrepiéntanse. Llamen a Dios para que los ayude a poner orden en Ustedes y en su mundo, en su tierra y en su cielo! Pero que todo esto no sean sólo palabras abstractas y moralizant.

Los cristianos están llamados a estar alerta. El mundo necesita a Cristo, necesita fe y un cristianismo auténtico”. 

                              Catecismo Ortodoxo 

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