Wednesday, September 9, 2015

Oficio de Súplica por la Pacificación de las Pasiones de los Hombres


Diácono: Bendice, Señor
Sacerdote: Bendito sea nuestro Dios en todo tiempo, ahora y siempre y por los siglos
de los siglos.
Coro: Amén.
Clero: Gloria a Ti, nuestro Dios, gloria a Ti.
Coro (Tono VI): Oh Rey Celestial, Consolador, Espíritu de la Verdad, que estás en todas
partes y llenas todas las cosas, Tesoro de todo lo bueno, y Dispensador en la Vida, ven
y mora en nosotros, purifícanos de toda mancha y salva nuestras almas, Oh
Bondadoso.
Lector: Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros (3 veces).
Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los
siglos. Amén.
Oh, Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros. Oh, Señor, perdona nuestros
pecados. Oh, Soberano, absuelve nuestras transgresiones; Oh, Santo, mira y sana
nuestras debilidades por Tu nombre.
Señor, ten piedad (3 veces).
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los
siglos Amén.
Padre Nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tu nombre. Vénganos Tu
Reino, hágase Tu voluntad así en la tierra como en el cielo. El pan sustancial nuestro,
dánoslo hoy, y perdona nuestras deudas, así como también nosotros perdonamos a
nuestros deudores, y no nos dejes caer en tentación, más líbranos del maligno.
Sacerdote: Porque Tuyo es el Reino, el Poder y la Gloria, Padre, Hijo y Espíritu
Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Lector: Señor, ten piedad (12 veces).
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los
siglos. Amén.
Venid, adoremos al Rey nuestro Dios.
Venid, adoremos y prosternémonos ante Cristo Rey, nuestro Dios.
Venid, adoremos y prosternémonos ante Cristo mismo, Rey y Dios nuestro.
Salmo 142
Señor, escucha mi oración; esclarece mi ruego en tu verdad: óyeme en tu verdad y no
entres en juicio con tu siervo, porque ningún viviente será justificado ante Ti. Porque
ha perseguido el enemigo a mi alma, ha echado mi vida por tierra. Me ha colocado en
lugares obscuros, como a los muertos del siglo. En mi se ha angustiado mi espíritu y
dentro de mí se ha turbado mi corazón. Me he acordado de los días antiguos, he
meditado sobre todas tus obras, sobre los hechos de tus manos reflexionaba. He
tendido mis manos a Ti: mi alma a Ti como tierra sin agua. Óyeme prontamente Señor,
mi espíritu ha desfallecido. No apartes de mí tu rostro para que no sea semejante a los
que descienden a la fosa. Hazme oír al alba tu misericordia porque en Ti he puesto mi
esperanza. Dime por cual camino iré porque con ímpetu he adherido mi alma a Ti.
Sácame de entre mis enemigos, Señor, porque a Ti he acudido. Enséñame a hacer tu
voluntad, porque Tu eres mi Dios, Tu Espíritu bueno me guiará a tierra de rectitud.
Por tu nombre, Señor, me vivificarás según tu verdad, sacarás de la tribulación mi
alma. Y por tu misericordia destruirás a mis enemigos y vencerás a todos los que
atribulan a mi alma, porque yo, siervo tuyo soy.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los
siglos. Amén. Aleluya, aleluya, aleluya, gloria a Ti, oh Dios (3 veces).
La Gran Letanía
Diácono: En paz, roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Por la paz que viene de lo alto y la salvación de nuestras almas, roguemos al
Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Por la paz del mundo entero, la estabilidad de las Santas Iglesias de Dios y
la unión de todos, roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Por este Santo Templo y por los que entran en él con fe, devoción y temor
de Dios, roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Por nuestro Gran Soberano y Padre, Su Santidad el Patriarca N., por
nuestro Señor Reverendísimo el Metropolitano N., Primado de la Iglesia Rusa en el
Exterior, por Nuestro Señor Ilustre Obispo N., por el honorable presbiterado y
diaconado en Cristo, por todo el clero y el pueblo, roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Por este país, por sus autoridades y por todos los que con fe y piedad moran
en él, y por todos los países, roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Por la tierra rusa preservada por Dios y por su pueblo ortodoxo, tanto en la
patria y como en la diáspora, y por su salvación, roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Para que Él libre a Su pueblo de enemigos visibles e invisibles, y nos
confirme en la unidad, el amor fraternal y la piedad, roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Por esta ciudad (pueblo, aldea o monasterio), por todas las ciudades y países, y
por todos los fieles que habitan en ellas, roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Por un clima propicio, por la abundancia de los frutos de la tierra y tiempos
de paz, roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Por los que viajan por tierra, mar y aire, por los enfermos, los afligidos, los
cautivos y por su salvación, roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Para que Él escuche desde Su Santa Iglesia los sollozos y lamentos de Sus
siervos, que han sido encadenados y esclavizados por los inicuos, y que claman a Él con
pena y dolor; y que rescate sus vidas desde la corrupción, roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Para que desarraigue de nosotros el odio, la rivalidad y las otras pasiones
que destruyen el amor fraternal, y siembre en nuestros corazones el amor sincero,
roguemos al Señor.
Diácono: Para que nos libre de toda aflicción, ira, peligro y necesidad, roguemos al
Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Ampáranos, sálvanos, tennos misericordia y protégenos, oh Dios, por tu
gracia.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Conmemorando a nuestra santísima, purísima, bendita y gloriosa Soberana,
la Madre de Dios y siempre Virgen María, y a todos los Santos, encomendémonos
nosotros mismos y mutuamente los unos a los otros y toda nuestra vida a Cristo Dios.
Coro: A Ti, Señor.
Sacerdote: Porque a Ti es debida toda gloria, honor y adoración, Padre, Hijo y
Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Diácono: En el Tono 6, Dios es Señor, y se nos ha revelado, bendito el que viene en
nombre del Señor. Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su
misericordia.
Coro: Dios es Señor, y se nos ha revelado, bendito el que viene en nombre del Señor.
Diácono: Todos los pueblos me rodeaban, en el nombre del Señor los rechacé.
Coro: Dios es Señor, y se nos ha revelado, bendito el que viene en nombre del Señor.
Diácono: No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor.
Coro: Dios es Señor, y se nos ha revelado, bendito el que viene en nombre del Señor.
Diácono: Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente.
Coro: Dios es Señor, y se nos ha revelado, bendito el que viene en nombre del Señor.
Troparios
Ten piedad de nosotros, Señor, ten piedad de nosotros; porque pecadores como somos
no podemos presentarte ninguna excusa, sólo ofrecemos a nuestro Soberano esta
oración: ¡Ten piedad de nosotros!
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
Ten piedad de nosotros, Señor, porque en Ti ponemos nuestra esperanza; no levantes
tu ira contra nosotros, no te acuerdes de nuestras iniquidades; míranos con
misericordia y líbranos de nuestros enemigos, porque Tú eres nuestro Dios y nosotros
somos tu pueblo, somos todos obra de tus manos e invocamos tu nombre.
Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
¡Bendita Madre de Dios! Ábrenos las puertas de la misericordia para que nosotros, que
ponemos en Ti toda nuestra esperanza no perezcamos, sino que por tu intercesión
seamos libres de toda calamidad, porque Tú eres la Salvación del pueblo cristiano.
Apóstol
Diácono: Atendamos.
Sacerdote: Paz a vosotros.
Lector: Y a Tu espíritu.
Diácono: Sabiduría, Proquímenon en Tono 6°, Salva, oh Señor, a Tu pueblo y bendice
a Tu heredad.
Coro: Salva, oh Señor, a Tu pueblo y bendice a Tu heredad.
Diácono: A Ti, oh Señor, clamaré. Oh Dios mío, no desdeñes mi llamado.
Coro: Salva, oh Señor, a Tu pueblo y bendice a Tu heredad.
Diácono: Salva, oh Señor, a Tu pueblo.
Coro: Y bendice a Tu heredad.
Diácono: Sabiduría.
Lector: Lectura de los Hechos de los Apóstoles [Hechos 12: 1-11]
Diácono: Atendamos.
Lector: Por aquel tiempo el rey Herodes echó mano a algunos de la Iglesia para
maltratarlos. Hizo morir por la espada a Santiago, el hermano de Juan. Al ver que
esto les gustaba a los judíos, llegó también a prender a Pedro. Eran los días de los
Azimos. Le apresó, pues, le encarceló y le confió a cuatro escuadras de cuatro
soldados para que le custodiasen, con la intención de presentarle delante del pueblo
después de la Pascua. Así pues, Pedro estaba custodiado en la cárcel, mientras la
Iglesia oraba insistentemente por él a Dios. Cuando ya Herodes le iba a presentar,
aquella misma noche estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, atado con dos
cadenas; también había ante la puerta unos centinelas custodiando la cárcel. De
pronto se presentó el Ángel del Señor y la celda se llenó de luz. Le dio el ángel a Pedro
en el costado, le despertó y le dijo: "Levántate aprisa." Y cayeron las cadenas de sus
manos. Le dijo el ángel: "Cíñete y cálzate las sandalias." Así lo hizo. Añadió: "Ponte el
manto y sígueme." Y salió siguiéndole. No acababa de darse cuenta de que era
verdad cuanto hacía el ángel, sino que se figuraba ver una visión. Pasaron la
primera y segunda guardia y llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad.
Esta se les abrió por sí misma. Salieron y anduvieron hasta el final de una calle. Y de
pronto el ángel le dejó. Pedro volvió en sí y dijo: "Ahora me doy cuenta realmente de
que el Señor ha enviado su ángel y me ha arrancado de las manos de Herodes y de
todo lo que esperaba el pueblo de los judíos."
Sacerdote: Paz a ti, Lector.
Lector: Y a tu Espíritu.
Diácono: Sabiduría.
Lector: Aleluya en el Tono 5°.
Coro: Aleluya (3 veces).
Lector: Levántate, ¿Por qué te dormiste, oh Señor?
Coro: Aleluya (3 veces).
Lector: Por Tu causa estamos muertos todo el día.
Coro: Aleluya (3 veces).
Evangelio
Diácono: Para que seamos dignos de escuchar el Santo Evangelio, roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad (3 veces).
Sacerdote: Sabiduría. De pie. Escuchemos el santo Evangelio. Paz a todos.
Coro: Y a tu espíritu.
Sacerdote: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas (Lc. 11: 5-13)
Coro: Gloria a Ti, Señor, gloria a Ti.
Diácono: Atendamos.
Sacerdote: El Señor le dijo a sus discípulos: dijo también: "Si uno de vosotros tiene
un amigo y, acudiendo a él a medianoche, le dice: "Amigo, préstame tres panes,
porque ha llegado de viaje a mi casa un amigo mío y no tengo qué ofrecerle", y aquél,
desde dentro, le responde: "No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis hijos y
yo estamos acostados; no puedo levantarme a dártelos", os aseguro, que si no se
levanta a dárselos por ser su amigo, al menos se levantará por su importunidad, y le
dará cuanto necesite." Yo os digo: "Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y
se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le
abrirá. ¿Qué padre hay entre vosotros que, si su hijo le pide un pez, en lugar de un
pez le da una culebra; o, si pide un huevo, le da un escorpión? Si, pues, vosotros,
siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo
dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!"
Letanía Aumentada
Diácono: Digamos todos, del fondo de nuestra alma y con toda nuestra mente,
digamos:
Coro: Señor, ten piedad (En ruso: Góspodi, pomílui)
Diácono: Señor Todopoderoso, Dios de nuestros padres, Te suplicamos nos escuches
y tengas piedad.
Coro: Señor, ten piedad
Diácono: Ten piedad de nosotros, oh Dios, según tu gran misericordia, te suplicamos
nos escuches y tengas piedad.
Coro: Señor, ten piedad (tres veces)
Diácono: Roguemos también por nuestro Gran Soberano y Padre, Su Santidad el
Patriarca N., por nuestro Señor Reverendísimo el Metropolitano N., Primado de la
Iglesia Rusa en el Exterior, por Nuestro Señor Ilustre Obispo N., y por toda nuestra
hermandad en Cristo.
Coro: Señor, ten piedad (tres veces)
Diácono: Rogamos otra vez por este país, por sus autoridades y por todos los que con
fe y piedad moran en él, y por todos los países.
Coro: Señor, ten piedad (tres veces)
Diácono: Roguemos también por los bienaventurados y dignos de eterna memoria
Santísimos Patriarcas Ortodoxos, por los piadosos Zares y Zarinas, por los fundadores
de este santo templo (o: de este santo monasterio) y por todos los ya fallecidos padres y
hermanos ortodoxos que yacen aquí y en cualquier parte del mundo.
Coro: Señor, ten piedad (tres veces)
Tras estas acostumbradas peticionesm el Diácono entona la siguiente.
Diácono: Con los ojos de Tu misericordia, Oh Señor que amas a la humanidad, mira
con compasión las lágrimas, suspiros, gemidos y aflicción de Tus fieles siervos, así
como miraste a Israel cuando estaban en Egipto, y los libraste prontamente, porque
con el corazón contrito te suplicamos con ahinco: ¡Escúchanos y ten piedad!
Coro: Señor, ten piedad (tres veces)
Sacerdote: Escúchanos, Dios salvador nuestro, esperanza de aquellos que moran en
los confines de la tierra y de los que están lejos sobre el mar, se indulgente, oh Señor,
con nuestros pecados y ten piedad de nosotros, pues tú eres un Dios lleno de
misericordia y de amor por los hombres, y te damos gloria, Padre, Hijo y Espíritu
Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
La Oración
Diácono: Roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Sacerdote: Oh Señor que eres el Único rico en piedad, que con la amante infinitud de
Tu bondad has oído las súplicas de tus indignos y pecadores siervos, dirigiéndonos a
todos hacia nuestro bien, guiando nuestra vida con Tu sabia Providencia siempre
deseando nuestra salvación;
Tú que por naturaleza eres longánimo y grande en misericordia; Tú que castigas y
sanas otra vez;
Tú que reprendes al hombre con dulzura y amor, no para destruir la obra de Tus
manos, sino para devolverla a su bondad primigenia y a su nobleza original, destruidas
por la debilidad de nuestro entendimiento y por los consejos del gran maldito;
Tú que deseas restaurarlas, y buscas cómo Tu Omnipotencia ha de rescatar lo
quebrantado tras la caída;
Dígnate Tú Mismo, Oh Todopoderoso Señor, a mirarnos a nosotros pecadores y a
escuchar nuestra súplicas.
La multitud de nuestras iniquidades nos ha dejado sin valor ni arrojo, y no osamos
siquiera rogar por el perdón de nuestras trasgresiones.
Pero sabiendo de Tu amor por la humanidad, Tu bienquerencia, Tu suprema
misericordia, longanimidad, rectitud y extraordinaria bondad, y confiando en la
profundidad de ellos y en lo abismal de Tu benevolencia, elevamos nuestras manos
hacia Ti y fervientemente gritamos en alta voz:
Hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos actuado sin justicia, porque hemos
olvidado Tus mandamientos, hemos seguido nuestras viles ideas , y hemos llevado una
vida no digna del Evangelio de Cristo, de Sus sufrimientos y Su humillación
voluntariamente aceptada para nuestra salvación, de manera que nos hemos
convertido en oprobio para quienes de verdad Te aman.
Hemos horrorizado a Tus sacerdotes y a Tu gente, nos hemos apartado y no damos
frutos; ninguno ha actuado con justicia y rectitud, ni siquiera uno.
Nos separamos de Tu compasión, Tu amor por la humanidad, y de la benevolencia de
Tu misericordia, nuestro Dios, por causa de nuestra maldad y de la bajeza de los
emprendimientos vividos.
Tú eres longánimo; nosotros merecemos azotes.
Conocemos Tu benevolencia, aunque seamos ignorantes.
Nos han golpeado con suavidad considerando las cosas a las que hemos ofendido.
Tú eres imponente; ¿quién puede oponerse a Ti?
Tú has hecho temblar las montañas; y ¿Quién puede argumentar contra la fuerza de Tu
brazo?
Si Tú cierras los cielos ¿Quién los puede abrir?
Y si Tú cerrases Tus compuertas ¿Quien lo sobreviviría?
Es cosa fácil a Tus ojos empobrecer y enriquecer, dar vida y matar, enfermar y sanar;
Tu menor deseo es obra ya realizada.
Te has puesto iracundo, y nosotros cometimos afrentas; ninguno de los antiguos habló,
confesando.
El tiempo está contra nosotros diciendo: hemos pecado, y Tú te has enfurecido con
nosotros; por eso nos convertimos en oprobio para nuestros vecinos.
Has apartado Tu rostro, y nos envuelve la deshonra.
Pero calma Tu cólera, Oh Señor; absuelve, Oh Señor; ten piedad, Oh Señor; y no nos
desampares por completo a causa de nuestra iniquidad, ni castigues a otros con
nuestras lacras.
Concede que nos purifiquemos a través del sufrimiento de otros. ¿Quiénes son esos?
Naciones que no Te conocen y reinos que no obedecen Tus leyes.
Pero nosotros somos Tu pueblo y la vara de Tu herencia.
Por tanto, refórmanos, pero en bondad y no en Tu ira, no hagas que nos apoquemos,
no vaya a ser que nos envilezcamos mas que todo lo que vive en la tierra; porque Tu
misericordia es inefable, Tu amor por la humanidad es insuperable, y la riqueza de Tu
bondad es incalculable;
Y, confiando en ello, rogamos y suplicamos, doblando la rodilla de nuestros corazones:
Cesa de herirnos con el filo de Tu furia, te suplicamos con ahínco, como en lo viejos
tiempos de David, Tú obras en conformidad a Tu pueblo, si mostramos el debido
arrepentimiento;
Pero como Tú eres todo bondad, deja de lado Tu enojo y calma tu justa furia, y concede
la sanación a los que sufren, fortaleza a los debilitados y presérvalos en buena salud.
Aleja de Tu pueblo todo dolor y enfermedad; libera a todos del temor de sufrirlas,
manteniéndolos libres de ataques de sus anteriores dolencias, y con Tu brazo
todopoderoso mantenlos incólumes frente a la miseria cruel y la aflicción perniciosa:
En verdad el furor de Tu ira nos ha sacudido y acongojado a todos.
Y a pesar de que no nos alejamos por completo de nuestros actos inicuos, Tú Mismo
libéranos de la conciencia maligna, y concédenos el poder agradarte en toda buena
obra.
Por las oraciones de la Purísima Madre de Dios, la Siempre Virgen María, quien Te dio
a luz sin haber conocido hombre, y por la intercesión de los santos ángeles que
contemplan a Dios y de todos los santos.
Exclamación: Porque Tú eres pozo y manantial de misericordia y fuente inagotable de
benevolencia, y elevamos gloria a Ti, y a Tu Padre sin comienzo y a Tu santísimo,
bueno y vivificador Espíritu, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Despedida
Diácono: Sabiduría.
Sacerdote: Santísima Madre de Dios, sálvanos.
Coro: Tú eres más venerable que los Querubines e incomparablemente más gloriosa
que los Serafines a ti que sin mancha diste a luz al Verbo de Dios y que
verdaderamente eres la Madre de Dios, a ti te celebramos.
Sacerdote: Gloria a Ti, oh Cristo, esperanza nuestra, gloria a Ti.
Coro: Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de
los siglos. Amén. Señor ten piedad (3 veces), Bendice.
Sacerdote: Cristo, verdadero Dios nuestro, por las oraciones de su Purísima Madre,
de San N., y de todos los santos y de los santos y justos progenitores de Dios Joaquín y
Ana, se apiade y nos salve, por su bondad y amor a la humanidad.
Coro: Amén.


                                 Catecismo Ortodoxo 

                      http://catecismoortodoxo.blogspot.ca/

¿Qué es Paraíso e infierno en la Tradición Ortodoxa.....


El Domingo del Cuaresma psalmodiamos: “hacer mención de la Segunda Presencia de nuestro Señor Jesús Cristo”. La frase “hacer mención” del Sinaxarion, asegura que el Cuerpo de la Iglesia como Cuerpo de Cristo, vive la Segunda Presencia de nuestro Cristo como un “acontecimiento” y no como algo históricamente esperado. Y esto porque con la Divina Efjaristía pasamos a la realeza increada celeste, en la post-historia (después de la historia). En esta perspectiva se aborda ortodoxamente el tema: paraíso e infierno.

En los Evangelios (Mt 25) se habla sobre «βασιλεία (vasilía) realeza increada» y “fuego eterno”. Este pasaje se lee en la Divina Liturgia el Domingo de Cuaresma, y «βασιλεία (vasilía) realeza increada» es el destino del hombre por Dios. El “fuego” está “preparado” para el diablo y sus ángeles (demonios), no porque el Dios lo quiso, sino porque estos no se arrepienten (no están en metania). La«βασιλεία (vasilía) realeza increada» está “preparada” para los fieles en la voluntad de Dios. La«βασιλεία (vasilía) realeza increada, o la increada doxa-luz» es el Paraíso, y el “fuego” eterno es el infierno eterno, (Mt 16,46). Al principio de la historia el Dios llama al paraíso, a la comunión, conexión con Su Jaris (gracia energía increada). Al final de la historia el hombre afronta el paraíso y el infierno. Qué significa esto, lo veremos a continuación. Pero decimos que el tema es el más céntrico y básico de nuestra fe, la piedra angular del Cristianismo como Ortodoxia.
El logos para el paraíso y el infierno en el Nuevo Testamento es muy abundante. Cristo en el Evangelio de Luca dice al ladrón: “hoy estarás conmigo al paraíso” (Lc 23,43). Pero al paraíso se refiere también el ladrón, diciendo: “acuérdate de mí Señor… en tu realeza increada”. Porque el ladrón está en el paraíso, es decir, en la realeza increada, según san Teofilacto de Bulgaria. Apóstol Pablo confesará que ya en este mundo, “fue arrebatado al paraíso y escuchó logos inefables, increados, que no puede expresar, hablar el hombre” (2Cor 12,3-4). En el libro del Apocalipsis leemos: “Al vencedor le daré a comer del árbol de la vida, que está en el paraíso de mi Dios” (Apo 2,7). Y Areza de Kesaria interpreta: “paraíso es la vida bienaventurada, interminable y eterna”. Paraíso-vida eterna-realeza increada y doxa-gloria increada de Dios se identifican.

Sobre el infierno: “en infierno eterno” (Mt 25,46), “en fuego eterno” (Mt 25,41), “en la tiniebla u oscuridad exterior” (Mt, 25,30), “en gehena de fuego” (Mt 5,22), “…el miedo lleva, tiene infierno” (1Jn 4,18). Con todos estos modos se expresa esto que entendemos con el término “infierno”.
Paraíso e infierno no son dos lugares distintos. Esta apreciación es idólatra. Son dos situaciones o modos que surgen de la misma fuente increada y se viven como dos experiencias distintas. O más bien, es la misma experiencia vivida distintamente por el hombre, según sus condiciones interiores. Esta experiencia es la visión, expectación de Cristo en la luz increada, dentro en Su increada doxa-gloria. Desde la Segunda Presencia y en toda la interminable eternidad, todos los hombres estarán viendo a Cristo en Su luz increada. Y entonces “los que han obrado bien, pasarán a la resurrección de la vida eterna y feliz. Y los que han obrado mal, para la resurrección de juicio y condena” (Jn 5,29). Ante el Cristo se separan los hombres, “los corderos” de los “cabritos, en Su izquierda y derecha”. Es decir, en dos grupos. Los que estarán viendo a Cristo como paraíso, “suprema gloria (luz) increada” y los que le estarán viendo como infierno “fuego consumador, sin consumirse” (Heb 12,29).

Paraíso e infierno aquí es la misma realidad. Esto indica la figuración de la Segunda Presencia. Desde el Cristo procede un río alumbrante, con luz dorada en la parte superior, donde se encuentran los santos y en la parte inferior, como río de fuego, donde se encuentran los demonios y los no arrepentidos, los que nunca estuvieron en metania. Por eso en el Evangelio de Luca se dice: “está destinado para la caída y la resurrección de muchos o todos”. El Cristo para unos, los que Le aceptaron y siguieron la terapia del corazón que Él ha sugerido, se hace resurrección en Su vida eterna; y para los otros, los que Le negaron, en caída e infierno.

Testimonios patrísticos: San Juan el Sinaita en la Escalera dice que la luz increada de Cristo es “fuego consumador y luz que ilumina”. San Gregorio Palamás observa: “Él nos sumergirá en Espíritu Santo y fuego; es decir, lo que ilumina y lo que infierna, de modo que cada uno reciba según la disposición de su estado interior que lleva” (T. 11,498); y en otra parte dice: “La luz increada de Cristo es percibida y participada por todos, pero se recibe y es participada de distintas maneras…” (T. 2,145).

Por consiguiente, el paraíso y el infierno no son simplemente una recompensa y un castigo (sentencia). Sino la manera o modo con el que estaremos viviendo la contemplación, expectación de Cristo, según el estado de nuestro corazón. El Dios esencialmente no castiga, a pesar que por razones pedagógicas en la Santa Escritura se habla de castigo. Cuando más progresa uno espiritualmente, tanto más conoce el lenguaje de la Santa Escritura y de nuestra Tradición. El estado del hombre (limpio-sucio, arrepentido-no arrepentido, convertido-no convertido), contribuye en recibir la Luz increada como paraíso o infierno.
El problema antropológico en la Ortodoxia es cómo el hombre estará viendo eternamente a Cristo como paraíso y no como infierno. Es decir, cómo participará de Su celeste realeza increada. Y aquí se ve la diferencia del Cristianismo como Ortodoxia de las distintas religiones. Los últimos ofrecen efedemoníafelicidad y bienestar y sobre todo después de la muerte. Pero la Ortodoxia no es la búsqueda de laefdemonía, sino la terapia de la enfermedad de la religión, como constantemente predica patrísticamente el padre Yanis Romanidis. La Ortodoxia es un hospital abierto dentro en la historia, “una clínica espiritual” como dice san Juan el Crisóstomo, que ofrece la terapia del corazón (catarsis) para que uno progrese a la iluminación del Espíritu Santo y finalmente llegar a la zéosis (deificación o glorificación), el único destino u objetivo del ser humano. Este camino, como muy completamente han descrito el padre Yanis Romanidis e Ierotheo Vlajos, es la terapia del hombre, tal y como la viven todos nuestros santos.

Este sentido tiene la vida en el cuerpo de Cristo, en la Iglesia. Esta es la razón de la existencia de la Iglesia. En esto aspira toda la obra redentora de Cristo. San Gregorio Palamás dice que: “la pre-eterna voluntad de Dios para el hombre es que entre en la realeza increada; es decir, el hombre llegar a la zéosis”. Y continúa: “Pero la divina e inefable kenosis (vaciamiento), el estado teántrico (divino-humano), los sanadores y salvadores pazos (pasiones, padecimientos) y todos los misterios, es decir, toda la obra de Cristo, para este objetivo o finalidad se ha pre-economizado preventiva y sapientísimamente” (4ª homilía: Sobre Segunda Presencia).
Pero lo interesante es que no corresponden todos los hombres en esta llamada de Cristo, por eso no todos participan de la misma manera de Su doxa increada (luz increada). Esto se enseña por el Cristo en la parábola del rico y del pobre Lázaro (Lc 16). El hombre niega, rechaza el ofrecimiento de Cristo, se hace enemigo de Dios y deniega la ofrecida sotiría (sanación, redención y salvación) de Cristo; y esto es una blasfemia contra el Espíritu Santo, porque por el Espíritu Santo recibimos la llamada de Cristo. Estos son los que no se han arrepentido nunca.

Observa san Crisóstomo: “el Dios nunca se enemista, somos nosotros que nos hacemos enemigos de Él y Le denegamos”. El hombre sin metania, no arrepentido se endemonia, porque él lo escoge. Pero el Dios no lo quiere esto. San Gregorio Palamás dice: “porque esto no es mi voluntad anterior, ni os he creado para esto, ni os he preparado para el fuego; el fuego eterno inextinguible se ha encendido para los demonios que tienen inalterable la costumbre para el mal y que vosotros os habéis unido a la voluntad y opinión de ellos. Por lo tanto, voluntariamente habéis escogido convivir con los viles y mal astutos ángeles o demonios” (4ª homilía: Sobre Segunda Presencia). Es decir, es la libre elección del hombre.

El hombre rico y Lázaro ven la misma realidad, ven a Dios en Su luz increada. El rico llega a la Verdad, a la visión expectación de Cristo, pero no puede participar en esta luz increada como Lázaro: Lázaro es consolado por la luz increada, pero aquel está sufriendo y quemándose. El logos de Cristo “tiene a Moisés y los profetas”, para los que aún están en el mundo, significa que todos somos injustificables. Porque existen los Santos que tienen la experiencia de la zéosis deificación o glorificación y nos llaman a incorporarnos a la forma de vida de ellos y llegar nosotros también a la zéosis como ellos. Por lo tanto los infernados, como el rico aquel, son injustificables.

La actitud y la posición hacia el semejante, indican lo interior del hombre y por eso es el criterio del Juicio durante la Segunda Presencia (Mt 25). No significa que se pone de lado la fe del hombre en Cristo. Esta se presupone, porque la actitud frente al otro muestra que tenemos o no a Dios en nuestro interior. Los primeros Domingos del Triódion giran sobre esta actitud y posición nuestra. En el primer Domingo, el Fariseo aparentemente piadoso, se autojustifica y santifica a sí mismo y deniega, rechaza al publicano. El segundo Domingo, del hijo pródigo, repetición del aparentemente piadoso fariseo, el “hermano mayor” se entristece por el regreso (salvación) de su hermano menor. Este también aparentemente piadoso, pero con falsa piedad que no generaba agapi-amor. El tercer domingo esta actitud o posición llega a ser el criterio de nuestra vida eterna.
La experiencia del paraíso o del infierno es una experiencia irracional y superior al sentido. Es una realidad increada y no creada. Los Francos (papistas, protestantes, etc.) han creado un mito, de que el paraíso y el infierno son dos realidades creadas. Es mito de que los infernados no ven a Dios, como también el logos de la ausencia de Dios. Los Francos han tomado también el fuego del infierno como creado, por ejemplo Dante. La Tradición Ortodoxia permanece fiel en la Santa Escritura, de que los infernados estarán viendo a Dios, por ejemplo, el rico de la parábola, pero como “inextinguible fuego consumador”. Los francos escolásticos aceptaron el infierno como castigo y privación de la visión lógica de la divina esencia. Pero bíblicamente y patrísticamente, infierno es el fracaso del hombre y su negación a cooperar con la Divina Jaris (gracia, energía increada), para llegar a la resplandeciente visión, expectación de Dios (paraíso) y a la agapi desinteresada, “que no busca lo suyo” (Cor 13,8).

Por lo tanto, no hay ausencia de Dios, sino sólo Su presencia. Por eso es terrible la Segunda Presencia. Es una realidad irrevocable, en la que está establemente orientada la Ortodoxia (“espero la resurrección de los muertos…” decimos al Credo). ¡Los infernados, los que tienen el corazón duro y embotado, como los fariseos, ven eternamente el fuego como salvación! Porque el estado de ellos no es susceptible, no aceptan otra forma de salvación. Ellos también terminan y llegan al final de su camino, pero sólo los justos terminan salvados. Aquellos, los fariseos, terminan infernados. Salvación para aquellos es el infierno, puesto que en sus vidas sólo buscaron la efdemonía bienestar social y material. El rico de la parábola “disfrutó de sus bienes”. Lázaro aguantó los males con paciencia sin quejarse. Esto expresa el apóstol Pablo: “El trabajo de cada uno aparecerá claro el día del juicio, porque ese día se manifestará con fuego, y el fuego probará la obra de cada uno. Si la obra resiste la prueba del fuego, recibirá el premio; si se consume, lo perderá todo, aunque él se salvará, pero como el que escapa del fuego” (1Cor 3,13-15).

Justos y no arrepentidos pasan por el “fuego” increado. Pero uno pasa intachable y el otro se quema. Se “salva” como cuando uno pasa dentro del fuego. Eutimio Zigavinós dice en relación: “El Dios es como fuego que ilumina a los limpios y quema, oscurece a los sucios, obscenos”. Y Teodórito de Chipre dice: Se salvará del fuego el que pasará la prueba, o sea, tal como uno pasa del fuego; y el que tiene cubierta o protección adecuada no se quema, y el que no pasa el fuego pero queda chamuscado.

Por lo tanto, el fuego del infierno no tiene relación con el purgatorio de los francos, ni es creado, tampoco castigo, ni una situación intermedia. Una consideración de este tipo es pasar la responsabilidad a Dios. La responsabilidad es totalmente nuestra, es la aceptación o denegación de la terapia (redención o salvación) ofrecida por el Dios. La “muerte espiritual” es una visión expectación de la divina luz increada o de la divina doxa-gloria increada pero como fuego ardiente.

El apóstol Pablo en los Corintios dice: “Sobre este fundamento uno puede construir con oro, plata, piedras preciosas, maderas, caña y paja. El trabajo de cada uno aparecerá claro el día del juicio, porque ese día se manifestará con fuego, y el fuego probará la obra de cada uno. Si la obra resiste la prueba del fuego, recibirá el premio; si se consume, lo perderá todo, aunque él se salvará, pero como el que escapa del fuego. ¿No sabéis que sois templos de Dios, y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios, que sois vosotros, es santo” (1Cor 3,12-17).

Las percepciones e interpretaciones escolásticas, que a través de Dante han pasado también en parte en nuestro espacio, tienen consecuencias que llegan a apreciaciones idólatras. Esto se hace a causa de no haber discernimiento entre creado e increado. También la negación de la eternidad del infierno, en el sentido de apocatástasis-restablecimiento de todos o con el sentido de Dios bueno (Bon Deu). El Dios realmente es bondadoso (Mt 8,17), puesto que ofrece la terapia y salvación para todos. “El Dios quiere que todos se sanen y se salven…” (1Tim 2,4). Pero es terrible el logos de nuestro Cristo, que se escucha en los entierros: “Yo no puedo hacer por mí mismo nada; según lo que oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque yo no busco hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre” (Jn 5,30). Además, es falso también “el juicio divino” que se aplica en este caso. Finalmente todo se remonta a Dios (salvará o infernará), sin tener en cuenta la “sinergia” como factor de la salvación. (Sinergia; cooperación energía de la voluntad humana con la energía de la voluntad divina, co-energía).

Sotiría (terapia, redención y salvación) sólo es posible en los términos de sinergia-cooperación del hombre con la Divina Jaris (gracia, energía increada). Es la aceptación de la llamada de Dios. El ladrón se salvó porque puso la llave “acuérdate de mí Señor”. También es idólatra la percepción sobre el Dios enfadado contra el hombre pecador, en cambio el Dios como hemos dicho “nunca se enemista”. Esta es la percepción judicial, de la nomenclatura mundana sobre el Dios que conduce también en aplicación de castigos o penitencias en la confesión y no como fármacos, medios terapéuticos.
El misterio del paraíso-infierno se vive también en la vida de la Iglesia en el mundo. En los misterios de nuestra Iglesia Ortodoxa se realiza la participación del fiel en la Jaris (gracia, energía increada), para que sea operada la Jaris en nuestra vida, en nuestro camino en Cristo. Principalmente en la Divina Efjaristía, lo increado, la divina Comunión, se convierte en nuestro interior paraíso o infierno, según nuestro estado. Principalmente la participación en la divina comunión o efjaristía es una participación en el paraíso o al infierno dentro en la historia. Por eso la participación en la divina comunión o efjaristía está conectada y unida con toda la trayectoria espiritual del fiel. Cuando vamos a comulgar sucios y sin metania (confesión) entonces nos infernamos (quemamos). Se convierte la Divina Efjaristía en “infierno” y “muerte espiritual”. No porque se convierte en algo de esto, sino porque nuestra suciedad no la puede recibir como “paraíso”; dado que la divina comunión o efjaristía, según san Ignacio el Teoforo se llama “fármaco de la inmortalidad”; sucede exactamente lo mismo que un fármaco o medicamento. Si nuestro organismo no tiene condiciones a recibirlo, entonces el fármaco opera y trae efectos negativos y en vez de sanar, mata. No porque la culpa es del fármaco, sino del estado de nuestro organismo. Se debe decir que si no aceptamos al cristianismo como un proceso terapéutico y los misterios como fármacos, medicamentos espirituales, entonces estamos conducidos a la religiosidad o enfermedad de la religión, es decir, en convertir el cristianismo en idolatría. Y esto desgraciadamente se hace frecuentemente, cuando entendemos el cristianismo como “religión” (a conveniencia de los hombres no como apocálipsis).

Además, la vida presente, es valorizada de la luz de la dualidad paraíso/infierno. “Buscad y pedir primero la realeza increada de Dios y su justicia…” (Mt 6,33), nos aconseja el Cristo. Nuestra vida debe ser una constante preparación para la participación al “paraíso”, es decir, comunión con lo Increado (Jn 17,3). Y esto comienza desde este mundo. Por eso dice el Apóstol Pablo: “Ahora es el tiempo propicio, ahora es el día de la salvación” (2Cor 6,2). Cada momento de nuestra vida tiene una importancia salvífica. O ganamos la eternidad, la comunión eterna con el Dios o la perdemos. Por eso las religiones y los cultos orientales que predican reencarnaciones son injustas con el hombre. Porque traspasan el problema en otras vidas, naturalmente inexistentes. Pero sólo una vida existe, nos salvamos o nos perdemos. El cristiano escoge continuamente lo que consiste en su salvación; en esta vida ganamos el paraíso o lo perdemos y resultamos al infierno. Esto es el criterio de la vida cristiana. Por eso san Juan el Evangelista dice: “El que cree en él, no es juzgado, pero el que no cree ya ha sido juzgado y auto-condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios, el hombre incrédulo por sí sólo libremente se ha eliminado de la sanación y la salvación” (Jn 3,18).

Por lo tanto, la obra de la Iglesia no es “mandar” al paraíso o al infierno, sino preparar al hombre para el juicio final. La obra del Clero es terapéutica y no moral o eticoplástica, en el sentido mundano del término. La esencia de la vida en Cristo se mantiene en los monasterios, cuando naturalmente son ortodoxos, o sea, patrísticos. El propósito de la terapia ofrecida por la Iglesia no es hacer buenos hombres, sino ciudadanos de la celeste realeza increada. Estos son los Confesores y los Mártires, los verdaderos fieles, los Santos.

Pero así se inspecciona también nuestra misión apostólica. ¿Dónde llamamos? ¿A la Iglesia-Hospital/Centro terapéutico o a una ideología que se llama cristianismo? En vez de terapia, buscamos por costumbre asegurar un lugar en el “paraíso”. Por eso nos ocupamos de cultos y no de terapia. Esto por supuesto no significa denegación del culto. Pero sin ascesis o vida ascética que es praxis de terapia, el culto solo no puede sanarnos y santificarnos o divinizarnos; porque la jaris (gracia, energía increada) que procede del culto queda inactiva. La Ortodoxia no promete que manda al hombre en algún infierno o en algún paraíso, pero tiene la fuerza, tal y como se ve en las reliquias incorruptibles y perfumadas de sus santos (incorruptibilidad=zéosis), preparan al hombre de modo que vea eternamente la Increada Jaris y Realeza increada de Cristo como paraíso y no como infierno. Amín.

Protopresbítero Gheorgios Metalinós

Rector de la Universidad Teológica de Atenas


                                  Catecismo Ortodoxo 

                    http://catecismoortodoxo.blogspot.ca/

Tuesday, September 8, 2015

El misterio de la muerte ( Metropolita Ierotheos Vlajos )


El misterio de la muerte es un punto “divisorio o culminante” de nuestra vida, como el dolor, la enfermedad, etc. También es de las preguntas existenciales que nos torturan y piden solución. ¿Por qué morimos, que pasa con el hombre después de su muerte y a dónde vamos después? Por eso, la referencia sobre este gran misterio, tal como lo apocalipta=revela la Iglesia, es el punto central de los siguientes conceptos.

Los hombres de nuestra época se distinguen en dos tendencias: Una es la pretensión de olvidar la muerte. Esto se hace principalmente en los países occidentales, pero día a día intentan traspasarlo también a nosotros los ortodoxos. La enseñanza habla sobre hijos inmortales. Lo mismo ocurre en todas las actividades de nuestra vida. Se ha observado correctamente que: “Existen muchas maneras que tiene el hombre para olvidarse de la muerte y esconderse de ella. La cultura contemporánea es la más descubridora en este punto. Hiperactividad profesional, continua estimulación acústica y visible de los instintos y los sentidos (radio, televisión, etc.), la manía de huida continua con el coche, no dejan al hombre concentrarse en sí mismo y afrontar el problema de la muerte en relación con el sentido y significado de la vida. En América, por ejemplo, maquillan a los muertos para que se vean bonitos y los cementerios parecen parques, no se distinguen las cruces y los sepulcros. (Archimandrita Yeorgios, San Gregorio Athos). Por otra parte, existen hombres que quedan abatidos por el pensamiento de la muerte o se les convierte en una pesadilla. Se dejan dominar por la melancolía y desean la muerte. Esto lo padece uno a causa de la mezquindad, vileza y por el gran desconocimiento e ignorancia. De todos modos no son pocos los casos que los hombres suspiran y desean la disolución o autodestrucción. Pero creemos que la disolución o autodestrucción no es siempre la solución. Desde allí empieza otro problema mayor.

La enseñanza cristiana acepta que existen dos clases de muerte. La primera es la espiritual y la segunda la somática. La muerte espiritual es el alejamiento del hombre de Dios, el Cual es la fuente de la vida y la somática o corporal, física es el alejamiento de la psique del cuerpo. En la Iglesia enseñamos que primero fue la muerte espiritual de Adán y después la somática o corporal. Por eso sostenemos que existen hombres que viven corporalmente y están muertos espiritualmente y existen hombres que mueren corporalmente, pero viven espiritualmente, puesto que la psique de ellos tiene la Jaris (gracia) la energía increada de Dios.

¿Quién creó la muerte? Los Santos Padres enseñan que no es Dios la causa del mal. Él no ha creado la muerte. No ha creado al hombre ni mortal, ni inmortal, sino que le ha creado con la capacidad y posibilidad de hacerse inmortal. Pero el pecado que cometió, es decir, con su libre alejamiento de Dios, introdujo la muerte en nuestra vida. Dios permitió la introducción de la muerte por filantropía y amor. Para que no permanezca el mal como inmortal. ¡Imaginaos una sociedad estando llena de hombres con pazos, asesinatos, robos, etc., si fueran inmortales! No habría mayor desgracia para el hombre y la sociedad. Con el Santo Bautismo lo perecedero de nuestra naturaleza, es decir, la muerte, como medio de abolición y condena del pecado, igual que en el nacimiento impecable de Cristo, permaneció lo perecedero del cuerpo, gracias a los salvíficos pazos padecimientos, pasiones.

Así, dentro de la Iglesia se anula la muerte espiritual y se vive la primera resurrección. Con nuestra conexión con Cristo se vive la inmortalidad, porque la inmortalidad no es la vida de la psique después de la muerte, sino la superación de la muerte desde esta vida. La mayor obra de la Iglesia es ayudar a los hombres a superar la muerte, que es el más terrible enemigo que tenemos, a quien nadie puede vencer. También dentro en la Iglesia adquirimos la certeza de que en el futuro se abolirá la muerte somática con la resurrección de los cuerpos. Esta es una didascalía (enseñanza) que no existe en ninguna filosofía. La resurrección de los muertos que enseña el logos de Dios es una piedra de escándalo para cada razón humana (o la mente, intelecto racional).

Nuestra Tradición conecta estrechamente con la muerte. No pretende olvidarla. Esto lo enseñan las canciones, los poemas y las costumbres del pueblo. El hecho de que los familiares tienen toda la noche el cadáver en casa, muestra una hermandad con la muerte. La vida no es ajena a la muerte. La memoria de la muerte hace la vida más humana. La sociedad que se hermana con los muertos es más humanizada y aterrizada. Creo que la memoria de la muerte y su superación es lo que hace al hombre más humano y constituye la sociedad filántropa (amiga del hombre).

Metropolita Ierotheos Vlajos. Noviembre 1985



De su libro “La vida después de la muerte”

Cuando se habla sobre la existencia de la psique (alma) después de la muerte, para la vida eterna, para el Juicio de los hombres en la Segunda Presencia de Cristo y tantas otras verdades que conectan con estas, se formulan muchas contradicciones y rechazos por los hombres contemporáneos, mundanizados, racionalistas y consumistas. El rechazo más previsible es el siguiente: “¿Quién ha visto estas cosas, quién ha venido de allí para decírnoslas?”. Es un pensamiento sin fundamento, una pregunta previsible y superficial. Sin ningún otro pensamiento, borramos toda una enseñanza entera de la Iglesia para estos temas. ¿En serio no ha venido nadie? Pues Cristo ha venido de allí, exclusivamente aquí, para enseñar a los de aquí qué pasa allí. Hizo milagros, resucitó muertos, sanó enfermos, etc., se sacrificó voluntariamente en La Cruz por nosotros y Resucitó…

Sin embargo, no pensamos lo mismo sobre otros temas que conectan con nuestra vida. Muchas cosas las creemos no porque las hemos visto personalmente, sino porque nos las han transmitido otros. Esto también es un tipo de fe. Si no tenemos certeza personal, pero tenemos certeza en varias personas de las que tenemos confianza. Historiadores de la antigüedad nos describen acontecimientos y nos las creemos. También los que visitan otros países nos transmiten sus impresiones y por regla general, las aceptamos, porque tenemos confianza en ellos. Lo mismo se tiene que hacer también sobre los temas de la fe cristiana. Si no tenemos percepción personal, por lo menos que admitamos los que nos transmiten estas verdades.

En la Iglesia tenemos conocimientos de todos los temas que conectan con la otra vida, porque nos lo ha revelado el Mismo Cristo. Él vino, se humanizó y nos ha revelado toda la verdad sobre Dios y el hombre. Aparte de Cristo, hay billones de personas santas, que con su vida personal certificaron estas verdades y dan su testimonio. ¿Por qué tenemos que creer en unos historiadores cuando certifican un hecho y nosotros no creer en billones de santos que certificaron las verdades de la otra vida? Principalmente los Santos, que lo certificaron y confesaron con su sangre. ¿Derrama uno la sangre y se sacrifica por cosas que no acepta y son más que la verdad?

Podemos sostener también las siguientes cosas. Nosotros consideramos la religión que simplemente traspasa el problema del hombre al futuro y habla de la vida post-muerte, en la que el hombre disfrutará de los bienes de Dios y será compensado por los esfuerzos que ha hecho. Realmente esta parte existe también. Pero principalmente debemos de ver la Ortodoxia por la perspectiva de la instrucción terapéutica. Si en el presente no queremos admitir sobre la otra vida, pues vivamos el carácter terapéutico de la Ortodoxia.

Cuanto más pasa el tiempo, tanto más comprobamos que estamos enfermos psíquicamente. Nos infestan, plagan, varios pazos (padecimientos, emociones, malos hábitos físicos, psíquicos y espirituales) y nos tienen cautivados muchas situaciones enfermizas. Esta enfermedad interior hace que no funcionemos regularmente. Las relaciones interpersonales se encuentran en una tensión continua. Las enfermedades somáticas, la mayoría de las veces, tienen la causa en las enfermedades espirituales. La Ortodoxia sana esta enfermedad interior. Toda la instrucción de la Santa Escritura y de la enseñanza de los Padres es terapéutica. Así que, hoy necesitamos la Iglesia, primero para sanarnos de las enfermedades espirituales, para sentir la comunión, la hermandad en Cristo, la paternidad de Dios, de manera que, nos serenemos y tranquilicemos interiormente y liberarnos de la ansiedad, angustia, fatiga y la inseguridad interior.

El primer fin no debe ser conversar sobre el futuro. Es cierto que el Cristiano ortodoxo correcto, cree absolutamente en Cristo y en todo lo que Él dijo. Pero nosotros, si tenemos una pequeña duda por estas cosas, debemos de empezar por el punto de terapia, concienciar a nuestro desorden interior que empecemos la instrucción terapéutica que tiene la Iglesia y entonces adquiriremos la certeza de la vida eterna. Porque al negar la vida después de la muerte y generalmente al negar las verdades de Cristo es porque estamos enfermos espiritualmente. Creo que dentro de la instrucción terapéutica eclesiástica, obtendremos la certeza sobre toda la enseñanza de la Iglesia.

Metropolita Ierotheos Vlajos


                                Catecismo Ortodoxo 

                    http://catecismoortodoxo.blogspot.ca/

Teología Patrística Ortodoxa - Yanis Romanidis


Primera parte: elementos de la antropología y la Teología


Índice de Contenido

INTRODUCCIÓN

El distinguido didáscalos de Universidad, el Padre Ioannis con el don de discernimiento nos ofreció una dogmática de “otra especie”. Este libro está escrito para el pueblo Eleno pero creo que es interesante para todos los Ortodoxos y para cualquier hombre buscador de la verdad con libre buena voluntad. Tanto han calado y revolucionado sus logos y sus mensajes que en el mundo de la Universidad se llega hablar de una época de antes y después de Romanidis. Sus logos son “cáusticos” candentes, ardientes y tenemos la convicción que operarán, energetizarán terapéuticamente. Esta enseñanza se forjó y se entregó en la Universidad de Aristóteles en Salónica el primer semestre del año Universitario en 1983. Los escritos y discursos grabados, se han recopilado por el monje Damaskinós de la Santa Montaña de Athos. El Padre Yanis o Juan desde el tercer mes de su nacimiento sus padres fueron a Estados Unidos donde creció y estudió.
QUE ES EL NUS DEL HOMBRE

La terapia de la ψυχή (psijí) psique, alma del hombre es la principal preocupación de la Iglesia Ortodoxa. La Iglesia siempre sanaba y cura “psicoterapia” en la ψυχή (psijí). Había comprobado desde la tradición Hebrea y del mismo Cristo y los Apóstoles que en el lugar del corazón natural del hombre funciona algo que los Padres lo llamaron “νοῦς nus”. Tomaron el nus tradicional que significa “διάνοια” (diania, dianús, mente, intelecto o cerebro) y logos e hicieron una diferenciación. Llamaron nus a esta energía noerá, la cual funciona en el corazón del hombre sano psíquicamente. No conocemos cuando se hizo esta modificación, porque ocurre que algunos Padres llaman con la misma palabra nus también a la lógica, pero también a la noerá energía cuando ella baja y opera al espacio del corazón.

Entonces desde esta perspectiva la noerá energía del nus es una y única energía de la psique, la cual en el enkéfalos (cerebro) funciona como lógica, pero la misma funciona a la vez en el corazón como nus. O sea, el mismo instrumento (órgano) nus ora incesantemente en el corazón, se entiende en los que tienen oración incesante en el corazón, y a la vez piensa por ejemplo en problemas matemáticos o cualquier otra cosa en el cerebro.

Debemos decir que esto que el Apóstol Pablo llama nus, se identifica con eso que los Padres llaman diania, es una diferencia en la terminología. Cuando el Apóstol Pablo dice “oraré con el espíritu” (1ªCor. 14,15), comprende esto que dicen los Padres “oraré con el nus” y cuando dice “oraré con el nus” (1ªCor. 14,15), se refiere a la diania (mente, intelecto o cerebro). El nombre “nus” de los Padres no es el nus del Apóstol Pablo, sino su espíritu (el humano no el divino). Cuando dice “oraré con el nus y el espíritu, o psalmodiaré con el nus y el espíritu” (1ªCor. 14,15), y cuando dice “el Espíritu de Dios co-testifica nuestro espíritu” (Rom 8,16), con la palabra espíritu se refiere a esto que los Padres llaman nus y con la palabra nus da a entender la diania, la lógica de la mente.

En su expresión “el Espíritu de Dios co-testifica a nuestro espíritu” (Rom 8,16), habla para dos espíritus: Para el Espíritu de Dios y el humano. Este espíritu humano, por una extraña evolución en la época de San Macario el Egipcio pasó a llamarse nus y sólo los nombres logos y diania quedaron y se refieren a la lógica del hombre. Así se identificó el “νοῦς nus” con “πνεῦμα pnevma, espíritu” o sea el corazón (como esencia). Porque el sitio del espíritu del hombre está en el corazón según San Pablo. (Corazón no el físico sino el centro psicosomático de su existencia, donde llega la respiración).

Quiere decir que el Espíritu de Dios habla en nuestro espíritu, el Dios habla en nuestro corazón con la Jaris la energía increada del Espíritu Santo, (Filocalía tomo 4º pág.-281). San Gregorio Palamás, en el segundo logos sobre los Santos Hisijastas, cita que el “corazón” es el soberano hegemónico de toda nuestra existencia, allí está el nus y todos los loyismí de la psique. Aquí San Gregorio con el término corazón no se refiere al corazón físico sino el profundo corazón (psicosomático), mientras que con el término nus no da a entender la diania (mente, intelecto), sino la noerá energía del corazón, la que emana de la sustancia o esencia del nus o sea del corazón. Los términos corazón y nus como sustancia se identifican. Por eso añade San Gregorio: El nus es lo más interior, el cuerpo profundísimo de nuestro cuerpo, o sea el corazón. Con estos se identifica también el término espíritu, el humano. (Filocalía t.4ºpág. 282.)

Así adoración, culto con la lógica (de la diania o mente), se hace según san Pablo con el nus (o sea, con la diania, la lógica), mientras que la oración noerá o de corazón, se hace con el espíritu, que es oración espiritual o noerá, es decir, la oración del corazón. (El hombre tiene dos centros gnósticos o de conocimiento. Uno es el nus que es el órgano, instrumento adecuado para recibir la apocalipsis, (revelación) de Dios, la que a continuación se formula con la lógica, y el otro es la lógica (razón) que conoce el mundo sensible, visible que nos rodea, nos dice Ieroteo Vlajos). Así esto que dice el Apóstol Pablo: “pero en la Iglesia quiero hablar cinco palabras con mi nus (se refiere a la diania, mente, cerebro) para instruir a otros y no miles de palabras con la lengua” (1ª Cor. 14,19), significa que prefería decirles cinco logos o palabras para catequizar a los demás, en vez de orar con el nus. Esto que dice el Apóstol Pablo se interpreta por algunos monjes de que el Apóstol habló para la oración de Jesús, es decir, “Kirie Jesús Cristo eleisón me” que se constituye de cinco palabras. Pero aquí el Apóstol Pablo habla con palabras catequizando a los demás. Porque ¿cómo se puede hacer catequesis con oración noerá, si la oración noerá del hombre es interior y los demás alrededor de él no oyen nada? Pero la catequesis se hace con culto, enseñanza y adoración lógica. Enseñamos y hablamos mediante la lógica que es la comunicación habitual entre los hombres.

Pero comunicación entre sí tienen también los que tienen la noerá oración dentro en su corazón. Es decir, que pueden sentarse juntos y comunicarse con el otro noerós (espiritualmente) sin que hablen, o sea, que entre ellos hay comunicación espiritual. Esto naturalmente ocurre en ellos aún desde lejos. Y estos también tienen el χάρισμα (járisma) carisma, don, de perspicacia clarividencia y premonición. Con el de perspicacia buscan y rastrean las huellas de los pecados de cada hombre, mientras tanto que con sus pensamientos, me refiero al de prever, ven y hablan de cosas y hechos futuros. Realmente existen este tipo de hombres carismáticos y si los visitáis y os confesáis con ellos, saben todo lo que habéis hecho en vuestra vida antes que abráis la boca para contárselo.
QUIEN ES EL “PSICÓPATA” SEGUN LOS PADRES DE LA IGLESIA

Toda persona es un psicópata, según los Padres de la Iglesia. Cada persona es psicópata en el sentido Patrístico de la palabra. No es necesario que uno sea esquizofrénico para ser psicópata. El término “ψυχοπάθεια psijopacia”, psicopatía en el aspecto Patrístico, es que esta enfermedad está en aquel hombre que en su interior no funciona correctamente la energía de su nus. Es decir, del hombre que está lleno de loyismí (pensamientos simples o compuestos con la fantasía, ideas, o reflexiones), no sólo malos, sino “buenos” también.

Aquel que tiene los loyismí, buenos y malos dentro de su corazón será considerado por parte Patrístico como un psicópata. Aunque estos loyismí sean éticos, los más éticos, o no éticos, inmorales o cualquier otra cosa. Es decir, según los Padres de la Iglesia, aquél que no ha pasado por la catarsis (sanación) de la ψυχή (psijí psique, alma) de los pazos y no ha llegado al estado de la iluminación por la Jaris (energía increada) del Espíritu Santo, es un psicópata. Pero no en el sentido de la Psiquiatría. El psicópata para el psiquiatra es otra cosa. Es aquel que padece de psicosis, es el esquizofrénico. Pero para la Ortodoxia uno que no ha pasado por la catarsis de su psique de los pazos y no ha llegado a la iluminación ¿es normal o no es normal? Este es el caso.

¿Quién es el Cristiano Ortodoxo normal en la tradición Patrística? Si querréis verlo esto claramente leed el oficio del Santo Bautismo y de la Santa Mirra que se celebra en el Patriarcado de Konstantinópolis (Constantinopla) el Jueves Santo, leed el oficio de la inauguración de los santos Templos. Allí veréis que significa naós (templo) del Espíritu Santo, allí veréis quién es el iluminado.9

Todos los oficios o misas como también la tradición ascética de la Iglesia, se refieren principalmente en los tres estados espirituales: a) la catarsis de los pazos en la psique y del cuerpo, b) la iluminación del nus del hombre por la Jaris, la increada energía del Espíritu Santo y c) la zéosis o glorificación de la psique y del cuerpo del hombre. Principalmente hablan de la catarsis y de la iluminación, porque los oficios de la Iglesia son expresiones del culto lógico. ¿Entonces el Ortodoxo normal quién es? ¿El bautizado y no “catartizado”, sanado ni iluminado o el catartizado, sanado e iluminado? Naturalmente el último, este es el Ortodoxo normal.

¿Entonces en qué se distinguen los ortodoxos normales de los otros ortodoxos? ¿En el dogma? Claro que no. Tomemos a los Ortodoxos en general. Entre ellos tienen el mismo dogma, la misma tradición y el mismo culto común. Dentro en un templo sagrado puede que estén, por ejemplo, trescientos Ortodoxos. De ellos sólo cinco puede que estén en estado de iluminación, los otros puede que no estén. Sin embargo los otros, puede que no tengan ni idea de lo que es la catarsis. Entonces se hace la pregunta: ¿Los Cristianos Ortodoxos normales, entre ellos, cuántos son? Desgraciadamente sólo son los cinco.

Pero la catarsis y la iluminación son estados concretos de terapia, que se pueden averiguar y verificar por Yérontas, padres experimentados e iluminados guías espirituales. Entonces aquí tenemos criterios claros y ciertos que son terapéuticos, medicinales. O si acaso ¿no son criterios claramente medicinales? Si el nus es un órgano fisiológico de cada hombre, porque no sólo los Elenos o los Ortodoxos tienen nus, sino también los Musulmanes, Budistas y todo el mundo; entonces todo el mundo tiene la misma necesidad de catarsis (sanación) e iluminación. La terapia instructiva es una. ¿Existen muchas terapias instructivas para esta enfermedad, y es realmente enfermedad o no? 10

«… La agapi (amor desinteresado) hacia los enemigos constituye el criterio infalible de la verdad y la universalidad de la Iglesia. En la enseñanza de san Siluán y del Yérontas Sofronio, los hombres no se distinguen en amigos y enemigos o buenos y malos, sino en conocedores y no conocedores de Dios. Allí donde se reconocen enemigos, significa que se ha desechado parte del cuerpo de la humanidad y se falsifica la universalidad. La aplicación y el cumplimiento del mandamiento de la agapi hacia los enemigos, significa que el hombre abarca y abraza todos los hombres, y que se convierte en universal. Y al nivel eclesiástico la agapi hacia los enemigos constituye el criterio que confirma la universalidad. Verdadera Iglesia es aquella que mantiene viva la agapi hacia los enemigos. Esta afirmación es trascendental y muy oportuna en nuestra época. (Teología del Yérontas Sofronio, por Zacarias Zacaru).

La palabra Occidental aquí no tiene sentido geográfico, sino cultural y religioso y significa la tradición Occidental, Papista y Protestante, religiosa y cultural.
SOBRE LA DIVERGENCIA, CAIDA Y DEPRAVACIÓN DEL CRISTIANISMO OCCIDENTAL Y DE LA CONDUCTA ÉTICA ORTODOXA

En estos temas los Ortodoxos actuales tienen dificultad de contestar, porque actualmente se han alejado de ésta tradición, ya no piensan en los contextos de enfermedad, sanación y terapia. No consideran la Ortodoxia como una “instrucción terapéutica, sanadora”, aunque todas las bendiciones y oraciones de la Iglesia son muy claras sobre este tema. Porque, ¿quién es el Cristo para los Cristianos Ortodoxos? ¿No se nombra repetidamente dentro de las bendiciones, las oraciones y los troparios de la Iglesia, como “el médico de nuestras psiques y cuerpos? ¡Si busca la tradición Papista (del cesar papa) o la Protestante, éste título para el Cristo, como médico, no existe en ninguna parte! El Cristo, sólo en la tradición Ortodoxa se le llama “médico de nuestras psiques y cuerpos” (Divina Liturgia). ¿Pero, por qué esta tradición desapareció de los papistas y los protestantes y cuando les hablamos de instrucción terapéutica se extrañan? Porque la necesidad de catarsis (sanación) e iluminación, la necesidad de cambio interior, en la teología de ellos ha desaparecido. ¡Para ellos, aquel que cambia no es el hombre, sino el Dios! El hombre para ellos no cambia, la única cosa que hace el hombre es que se convierte en chico bueno. Y cuando el hombre, de mal chico que era, se hace chico bueno, entonces el Dios le ama. ¡De otra manera el Dios le detesta! ¡Si se mantiene como chico malo, entonces el Dios no le ama! ¡Es decir, si el hombre se convierte en chico bueno, entonces también Dios cambia y se convierte bueno; entonces allí donde no le amaba, ahora le ama! Cuando el hombre se hace chico malo, el Dios se enfada y cuando se hace bueno, el Dios se alegra! Desgraciadamente esto ocurre en Europa.

Pero lo malo es que no sólo en Europa se hace esto, sino también por algunos aquí en Grecia; muchos dentro de la Iglesia están dominados de este espíritu. (¿Esto pasa también en los Ortodoxos de España y Cataluña?). ¡Ha llegado a ser la Ortodoxia una religión, que el Dios cambia de disposición, humor y animo! Cuando el hombre es bueno el Dios le ama, cuando es malo el Dios no le quiere. ¡Es decir, el Dios castiga y recompensa. Entonces la esencia de la Ortodoxia hoy en una parte de griegos y en otros países, es una eticología o moralismo. Esto es lo que enseñaban a los niños, las organizaciones para-eclesiásticas en sus catequesis, que tienen prototipos, modelos occidentales y han corroído el espíritu Ortodoxo… Todo esto ocurrió por la persecución del Hisijasmo y del Monacato tradicional, que es la única terapia “psicoterapia” correcta de la psique del hombre…

Supongamos un investigador científico que no tiene relación con las religiones, un ateo si queréis, que investiga sobre tradiciones religiosas y llegando a la Tradición Ortodoxa, escarba, descubre y describe estas cosas. Entonces dice: mira que pasa aquí. Esta tradición habla para la psique, para la energía del nus de la psique y para instrucción y tratamiento terapéutico concreto. Después este hombre investigando llega a reconocer que, si esta instrucción terapéutica o psicoterapéutica se aplica en las comunidades de los hombres, tendrá resultados muy beneficiosos para la salud personal, pública y social. Después continuando la búsqueda, comprueba desde cuando apareció esta tradición, cuáles son sus fuentes, cuántos siglos acertadamente se aplicó en la praxis (en acción y hecho), dónde se aplicó y continuando encuentra porque no existe hoy en la mayoría de los Ortodoxos esta tradición, y por qué la Ortodoxia sufrió alteración. Y el investigador continúa y encuentra que esto ha ocurrido, porque fue perseguido el Hisijasmo y el monacato tradicional, que es el portador y transmisor de esta tradición. (No sólo se ha perseguido el Hisijasmo, sino que la mayor parte del mundo no sabe que existe, ni que quiere decir).

¿Pero, por qué fue perseguido? Porque los lugares que florecía y prosperaba, empezaron a occidentalizarse culturalmente, tal y como ocurrió en Rusia con la reforma de “Pedro el grande” y una parte también en Grecia después de la revolución de 1821. El contemporáneo historiador Toynbee dice que la cultura Ortodoxa hoy se asimila y se absorbe poco a poco por la cultura occidental. (La palabra occidental no se entiende geográficamente sino culturalmente y religiosamente que significa la tradición occidental, papista, protestante y cultural).

Estas cinco civilizaciones y culturas son: a) la cultura Hindú, b) la de Extremo Oriente (China, Japón), c) la Europea, d) la Ortodoxa y e) la primitiva que hoy existe aún en regiones de Australia y África. Toybee tiene la teoría que todas las culturas hoy se están occidentalizando. En el pasado esta occidentalización, se intentó hacer por los Occidentales, mediante la misión y envío de misioneros religiosos. Los europeos en el pasado mandaron y aún hoy también mandan ejércitos de misioneros para que conviertan no sólo los demás países cristianos sino occidentalizarlos también. Por eso existen también en Grecia todos estos heréticos y todavía actúan. Pero esta misión, dice Toybee, fracasó en los países idólatras de África y en cualquier otra parte, porque los sacros misioneros separaban entre ellos los hombres. Por ejemplo, en una familia de idólatras ocurría que uno se hiciera Luterano, el hermano Anglicano, el otro bautista, el primo metodista, la prima pentecostal, la suegra Evangelista etc., entonces, no sólo rompieron sus países en pequeños trozos de parte religiosa, sino las mismas familias. Se demostró que este tipo de misión sacra tuvo un gran fracaso en la occidentalización de los hombres del tercer mundo.

Τoynbee, pues, en el año 1948 propuso una nueva solución. La occidentalización que se haga mediante la tecnología y la economía
QUE ES LA ORTODOXIA

Sin embargo dentro de esta evolución, a la vez también hay el contraataque de los Ortodoxos, de la civilización y la cultura Ortodoxa. ¿Pero qué es la cultura o civilización Ortodoxa? ¿Es civilización en el sentido de la cultura Occidental? No. No es cultura la Ortodoxia, aunque Toybee la llame cultura. ¿Por qué? Porque la Ortodoxia es ciencia y sobre todo ciencia médica, de acuerdo con los criterios actuales. No cultura. La Ortodoxia no es un sistema político o social. Porque se refiere a la sanación y la salvación personal del hombre, es decir, la sanación y salvación de su psique. La Ortodoxia se basa en estos dos logos: “el Logos se hizo sarx (cuerpo o carne)” (Jn 1,4) y “en el Hades no hay metania (conversión, confesión, introspección y arrepentimiento).

Por supuesto que dentro de la Ortodoxia existen las condiciones para crear una civilización con su propia cultura. Sin embargo no es cultura, tampoco es una religión como todas las demás religiones; la Ortodoxia se destaca y difiere de las otras religiones por un único elemento que no existe en las otras; este elemento es antropológico y terapéutico; la Ortodoxia es una instrucción curativa que sana y terapia la personalidad humana.

El médico correcto y justo se preocupa para la terapia de todos los enfermos sin discriminación ni distinciones. No separa a lado algunas personas para curarlas, terapiarlas y sanarlas. No le interesan sus status sociales, sus niveles de estudios, sus situaciones económicas, sus religiones o sus comportamientos éticos. El médico correcto ve sólo un hombre y se acerca a él, sea enfermo o no; y si está enfermo, se interesa e intenta terapiar, sanar y curar al hombre del mal, lesión o dolencia. Está obligado a curarlo. La tradición ortodoxa es algo más que eso y justo en esto se basa nuestro “contraataque”.

Dios no ama sólo a los Santos, sino a todos los hombres sin excepción alguna; todos los pecadores, todos los infernados o demonizados, aún al mismo diablo. Quiere tratar, terapiar, curar y salvar a todos. Quiere, pero no puede curar a todos porque ellos no quieren. Esto, el que Dios es agapi (amor, energía increada) y quiere curar a todos y ama a todos igual, se comprobó y se comprueba por la experiencia de los hombres que consiguieron la zéosis, es decir la glorificación, los que vieron a Dios, (unión y visión de la luz increada de Dios, mediante la energía increada Jaris y que esta contemplación la opera y energiza la Jaris del Espíritu Santo, no el hombre).

El Dios no puede curar a todos porque no quiere forzar y violar la voluntad del hombre. Le respeta y le ama. Pero no puede curar a uno por la fuerza. Sana sólo a los que quieren curarse y los que se lo piden. Normalmente una persona que tiene una enfermedad física o psíquica va por su voluntad al médico para curarse y no por la fuerza, si aún mantiene su cordura. Lo mismo es la instrucción terapéutica Ortodoxa. Uno sólo por su cuenta, sin presión, ni coacción, libremente debe presentarse en la Iglesia, en las personas adecuadas que tienen la iluminación, la experiencia y posean el método curativo, terapéutico “psicoterapéutico” de la tradición Ortodoxa, y en aquellos debe hacer obediencia para encontrar su terapia, sanación y curación.
EL PROPÓSITO O FIN SOCIAL DE LA ORTODOXIA

¿Ahora bien, cuál es el aspecto social del tema?

Tenemos al hombre, cualquier hombre que vive dentro en una sociedad y tiene que actuar como monada o unidad social saludable. La terapia que antes hemos mencionado de la energía del nus de la psique, esta misma cuando se acaba, crea automáticamente un hombre social; es decir, un hombre psíquicamente saludable que está preparado para actuar socialmente en todos los sectores. Entonces aquel que está curado, automáticamente es ordenado silenciosamente médico para los demás, los no sanados. Porque la ciencia médica que se llama Ortodoxia difiere de las demás ciencias en que: aquel que se ha sanado se convierte automáticamente en terapeuta, sanador. La misma aplicación de su instrucción, se convierte el medio de terapia de los demás. Por eso no se entiende un hombre curado que no tenga hijos espirituales; es decir, tener otras personas bajo la dependencia espiritual de él, a las que instruye y conduce a la terapia y sanación.

En la antigua Iglesia no existía terapeuta oficial o específico, porque cada cristiano era terapeuta. Esta era la misión de la antigua Iglesia, no era como es hoy en día en la Iglesia Ortodoxa actual, que algunas veces se compone de los anuncios de nuestros bellos dogmas o nuestra tradición de veneración, como si fuera una mercancía en venta… Por ejemplo, decimos: ¡mirad chicos, nosotros tenemos los más bellos dogmas, la más bella alabanza, veneración, la más hermosa psalmodía, los más bellos hábitos, mirad qué bonito es el bolso del Obispo, etc., e intentamos deslumbrarlos con los bastones y nuestras sotanas, para hacer misión. Por supuesto que tiene un significado y algún éxito la misión que se hace de esta manera, pero no es la auténtica misión como aquella de la antigua Iglesia.

La misión actual consiste principalmente en lo siguiente: ilustramos hombres que son supersticiosos y los hacemos Cristianos Ortodoxos, sin intentar “psicoterapiarlos”, sanarlos y curarlos. Así intercambiamos o sustituimos su dogma anterior con uno nuevo. Intercambiamos su superstición por otra superstición. Cuando la Ortodoxia se ofrece y se presenta así, ¿en qué se diferencia de la superstición? ¿Cuando la Ortodoxia se presenta y se ofrece así como un Cristianismo que no “psicoterapia” no sana, ni cura, a pesar de que su principal misión es la terapia, entonces en qué se diferencia de la superstición?

Hay cristianos en Occidente que ellos también tienen dogmas y aceptan algunos Sínodos; es decir, los heréticos, que con sus dogmas aparentemente no se ve tan grande la diferencia con los dogmas Ortodoxos. La diferencia no es caótica, como entre Cristianos e idolatras. ¿Entonces, si los dogmas Ortodoxos no tienen una sorprendente diferencia con los dogmas de los heterodoxos cristianos y si la enseñanza dogmática que se enseña hoy en Grecia es independiente de la instrucción terapéutica de la tradición Ortodoxa, desde este aspecto, ¿en qué se diferencia la tradición Ortodoxa de la de los heterodoxos? ¿Por qué alguien que no es Ortodoxo tiene que creer en la Ortodoxia y no en otro dogma Cristiano, si los dos no se ofrecen como instrucciones y caminos de “psicoterapia” sanación, sino como superstición?

Hoy se habla de cambiar la nootropía mentalidad (las formas de pensar y actuar del nus y la mente) del hombre, de cambio del dogma, de cambio de modo de contemplar la vida, y esto lo consideramos metania. Es decir, hoy la metania se identifica sólo con Cristo. O sea, aceptamos a Cristo y cómo lo aceptamos, vamos a la Iglesia, encendemos alguna vela, nos convertimos en buenos chicos; y si somos pequeños vamos a la catequesis o si somos mayores vamos en alguna asamblea o reinión, y se supone que vivimos la metania, o sea, que estamos “metanoizados” convertidos y arrepentidos. O si hicimos algo malo en nuestra vida, arrepintiéndonos pedimos perdón por lo que hicimos, y esto lo llamamos metania. Pero esto no es metania. Esto es simplemente arrepentimiento, que es el principio de la metania. No se “catartiza”, purifica y sana la psique del hombre de los pazos con un simple arrepentimiento. Para que se sane y purifique la psique del hombre de los pazos tiene prioridad el temor a Dios y la metania que continúa durante el estadio de la catarsis y se completa con la iluminación, es decir, la iluminación del nus del hombre por la Jaris, la energía increada del Espíritu Santo.

Mientras tanto, pues, si los Ortodoxos no se ocupan de esta instrucción terapéutica, ¿en qué se diferencian de los no Ortodoxos? ¿En el dogma? Y para que les sirve el dogma Ortodoxo, cuando no lo usan para “psicoterapiar”, sanar y curar sus psiques. El dogma así no les beneficia en nada.
CUÁL ES LA CONDICIÓN DE LA RECONCILIACIÓN CON DIOS

La condición que hace a uno reconciliarse con Dios y ser amigo de Él, ¿cuál es desde el punto de vista Ortodoxo? Observad los oficios de la Iglesia. El bautismo se identifica con la catarsis (sanación). Antes preceden los exorcismos, que es la liberación del hombre de los efectos e influencias de los malos astutos y malignos espíritus en él. Durante el Bautizo la triple inmersión y emersión al agua, se da la absolución de los pecados y se destruyen dentro en el hombre las energías del diablo. Después sigue el Crisma que es la Iluminación; es un estado de iluminación del hombre por la Jaris (Gracia) increada, es decir, la energía increada del Espíritu Santo. (…después de la parcial iluminación por el Crisma el nuevo-iluminado camina hacia el Pentecostés, la completa, total iluminación del Espíritu Santo, el infinito e interminable perfeccionamiento).

En los antiguos Cristianos después de bautizarse el Sábado Santo y recibir la Jaris increada del Bautismo y con la santa Crismación que seguía, completaban la iluminación inicial, la que se esperaba recibir durante el día del Pentecostés, es decir, cincuenta días después del Bautismo de ellos.

¿Pero qué es la completa iluminación del hombre? Es la visita del Espíritu Santo en el nus, o sea, en el corazón del hombre. Es decir, tal y como en el Pentecostés con la bajada del Espíritu Santo se hizo la completa iluminación de los Apóstoles, lo mismo quiere la Iglesia que se repita en algún momento del camino espiritual en cada uno de sus miembros creyentes. Por lo tanto, todo el proceso de la catequesis de los nuevo-iluminados en la antigua Iglesia terminaba con el Pentecostés personal, es decir, con la visita del Espíritu Santo, el cual viene y habita dentro al corazón del hombre y ora a favor de éste. Naturalmente esta plena iluminación no sucedía a todos los hombres en tiempo tan corto, porque no todos tenían las mismas condiciones.

Por supuesto que durante el día del Pentecostés, los Apóstoles no adquirieron sólo una completa iluminación, sino que llegaron a la zéosis o glorificación. Por lo tanto, si el Pentecostés es el prototipo, modelo del perfeccionamiento espiritual del hombre, entonces el destino y finalidad de cada Cristiano es la zéosis. Ver a Dios, al Creador, es decir, a Cristo en doxa (gloria) increada. Esto sucedió a todos los Santos de la Iglesia. Por eso de la fiesta del Pentecostés inmediatamente el Domingo siguiente festejamos en general la memoria de Todos los Santos de la Iglesia deificados, a quienes estamos llamados a imitar. Esta es la columna vertebral de la estructura catequética de la Iglesia
SOBRE EL SIGNIFICADO DEL DOGMA

Los Padres recalcan que la sanación y la salvación no vienen con el dogma Ortodoxo por sí solo. No es el dogma que sana y salva al hombre. El dogma simplemente abre el camino del hombre para llegar a la catarsis y a la iluminación. Pero sin el dogma Ortodoxo uno no llega a la catarsis y a la iluminación. Sin la ορθή (orzí) correcta conciencia dogmática, sin la praxis (acción) Ortodoxa y sin la vida litúrgica Ortodoxa, uno no llega a la catarsis y a la iluminación. El dogma y la vida litúrgica no son los medios para llegar a la catarsis de la psique y a la iluminación, pero son condiciones indispensables, son los cimientos necesarios para que uno sea conducido a la catarsis y a iluminación. Es decir, el dogma no es un medio automático que nos conduce por sí solo a estos estados.
SOBRE LA CAÍDA DE ADÁN

Los Padres dicen que durante la caída el hombre se oscureció. Se oscureció el nus de Adán; no se ocupan los Padres de él como Adán, sino con su nus; el nus de Adán por obscurecerse se enfermó. Los Padres hablan del nus incongruente e imprudente. En todas partes de la escritura Patrística el tema de la caída de Adán es el obscurecimiento (ofuscación, cerrojo) del nus del hombre.

¿Pero cómo sabemos nosotros que el hombre cayó? ¿Por la descripción histórica de la caída que se refiere la Santa Escritura? ¿Además qué significa caída y Paraíso? ¿Qué era el Paraíso? Hay dos tradiciones Patrísticas sobre este tema, que las resume y nos las da San Juan el Damasceno, sin que el mismo se posicione en alguna de las dos tesis sobre éste tema.

Una tradición nos dice que en el Paraíso, el nus de Adán estaba iluminado y la otra tradición dice que el nus del Adán estaba en visión, contemplación y unión con Dios, o sea, en estado de continua zéosis o glorificación. Y que esto era el Paraíso, o sea, veía, contemplaba, la doxa (gloria, luz increada) de Dios. La tradición Alejandrina, como también la de Kapadocia (San Basilio el Magno), dicen que con el nus y la diania (mente, cerebro) estaban en visiones, contemplaciones divinas. La tradición de Antioquia dice que el nus estaba simplemente iluminado (San Juan Crisóstomo).

Si el nus del Adán, antes de la caída estaba iluminado o en continua zéosis, Juan Damasceno, en esto no se posiciona en ninguna tesis. ¿Por qué? Porque aquello que le interesaba a este Padre de la Iglesia, era dar las dos explicaciones: cómo estaba el nus y cómo se obscureció. ¿Pero nosotros cómo sabemos que el nus del Adán se obscureció? Simplemente porque notamos, sentimos y conocemos en nosotros mismos, en las profundidades de nuestro ser, que tenemos el nus obscurecido y este nus obscurecido necesita terapia, sanación. Mientras que la terapia consiste en la catarsis, la iluminación y la zéosis, es decir, tiene tres fases. La zéosis es la completa terapia, sanación y curación.

¿Pero qué significa nus oscurecido? Significa que la noerá energía (espiritual intuitiva humana) del corazón (del nus) del hombre no energiza (opera, funciona) correctamente. La noerá energía empieza a energizar, operar correctamente, sólo cuando el hombre haya superado la catarsis (sanación, purgación) y llega a la iluminación. Después de la caída el nus está oscurecido. ¿Por qué? Porque está lleno de loyismí (pensamientos simples o compuestos con la fantasía, ideas, reflexiones) y se ha obscurecido por ellos. ¿Cuándo ocurre esto, cuándo se obscurece y se ofusca el nus por los loyismí? Esto pasa cuando los loyismí de la diania (que está en el cerebro, la mente intelecto) descienden al corazón y se convierten en loyismí del nus. Cuando se ha hecho la confusión de loyismós entre la lógica (de la diania, mente) y el nus; es decir, existen loyismí en el nus que no deberían estar allí, porque pertenecen a la lógica. El nus debe de estar totalmente vacío de loyismí, de manera que pueda venir el Espíritu Santo a habitar y permanecer en el interior del hombre.
CUÁL ES LA ESENCIA DE NUESTRA TRADICIÓN ORTODOXA

Ahora, el tema es cuál es la esencia de la tradición Ortodoxa. La tradición Ortodoxa ofrece el método de terapia “psicoterapia”, cómo sanar el nus, es decir, cómo “psicoterapiar” su ψυχή (psijí) psique, alma. Esta terapia tiene tres fases, tal y como dijimos: catarsis, iluminación y zéosis o glorificación. La zéosis, o sea, la contemplación y unión con Dios es la plena terapia o sanación. Este método e instrucción terapéutica que se ofrece por la Παράδοσις (Parádosis con mayúscula quiere decir “entrega o tradición divina” del verbo παραδίνω paradino entrego) de generación en generación, que sus portadores son hombres quienes han llegado a la iluminación y a la zéosis y se hicieron terapeutas, sanadores de otros. Es decir, no es una simple transferencia de conocimientos de libros, sino una transferencia y sucesión de experiencia, experiencia de iluminación y de zéosis.

Pero se observa en el Antiguo Testamento que el estado de iluminación y zéosis lo tenían solamente los Patriarcas y los Profetas de los Israelitas. Esto es un fenómeno histórico. Antes de los Profetas tenemos los Patriarcas. Antes de Moisés tenemos a Abraham. Pero leemos en el Antiguo Testamento que existe conciencia del estado de iluminación y zéosis. El mismo Abraham era visionario de Dios o de la divina luz increada, o sea, llegó a la zéosis, esto se ve claramente. Por otro lado, de la época antes de Abraham tenemos elementos de la Tradición Hebrea que existía la iluminación y la zéosis en los progenitores de Abraham, por ejemplo Noé. Es decir, ésta tradición de iluminación y zéosis se transmite, transfiere, no aparece así de la nada. No aparece así de repente en el siglo 11º o 12º antes de Cristo.

Existe el Nuevo Testamento y el Antiguo. En el Nuevo Testamento es más fácil la verificación, porque es delimitado el tiempo de su duración. Pero el Antiguo Testamento contiene 1500 años de historia. Entonces en este período tenemos una columna vertebral, que es la tradición de iluminación y zéosis que se transmitió de Profeta a Profeta, es a la vez también la esencia de la tradición Ortodoxa. La transmisión o transferencia de la experiencia de iluminación y zéosis es de generación a generación. Esta se extiende en el Antiguo Testamento, crónicamente desde Abraham hasta San Juan el Bautista. Esta es la tradición Profética, la tradición de los Patriarcas y los Profetas.

Pero antes de éste período tenemos el primer período que se extiende desde Adán, mediante Noé, hasta Abraham. Hoy se ha acreditado arqueológicamente dichos acontecimientos históricos del Antiguo Testamento, al menos hasta la época de Moisés. Pero también los arqueólogos han encontrado elementos que verifican las referencias en el Antiguo Testamento sobre la persona de Abraham.

Vemos, pues, que la esencia de la tradición Ortodoxa no es el libro de la Santa Escritura, sino la transferencia de esta misma experiencia, la de iluminación y zéosis sucesivamente desde Adán hasta nuestros días.
LA ORTODOXIA NO ES UNA RELIGIÓN

En muchos predomina la percepción que la Ortodoxia es una de las muchas religiones que existen, y que Su principal objetivo es la preparación de los miembros para la vida después de la muerte, o sea, asegurarse un lugar en el Paraíso para cada Cristiano Ortodoxo. Así se considera que el dogma Ortodoxo es una seguridad más porque es Ortodoxo, y cuando uno no cree en el dogma Ortodoxo, eso es un motivo más para que uno vaya al infierno, aparte de los pecados personales que eventualmente le mandarían allí.

Los Cristianos Ortodoxos que creen que esto es la Ortodoxia, la han comparado exclusivamente con la vida futura. ¡Estos no hacen muchas cosas en esta vida, sino que esperan a morir para ir al Paraíso, porque cuando vivían eran Ortodoxos Cristianos!

Otra corriente de Ortodoxos se mueven en el espacio de la Iglesia, no interesados por la otra vida, sino principalmente por la vida de aquí; es decir, cómo les ayudará la Ortodoxia a pasarlo bien aquí en esta vida. Este tipo de Ortodoxos Cristianos oran a Dios, solicitan a los curas que pidan por ellos, (oraciones, santificaciones, bendiciones etc.), para que el Dios les ayude a pasarlo bien en ésta vida, que no estén enfermos, que sus hijos se restablezcan bien, que tengan una buena dote, que sus chicos encuentren y se casen con una buena chica y sus hijas con un buen chico, que tengan un buen trabajo, que les vayan bien los negocios y ganen en la bolsa etc. El resultado es que vemos que estos cristianos no se diferencian mucho de los creyentes de las demás religiones, que aquellos hacen más o menos las mismas cosas. (El logos discurso del Padre Juan a veces es candente tal como dijimos).

Es decir, por lo explicado anteriormente, la Ortodoxia tiene éstas dos cosas comunes con las demás religiones. En primer lugar, preparar los creyentes de modo que después de la muerte vayan al Paraíso, como cada uno lo imagina; en segundo lugar, que sean preparados como cristianos, para asegurarse que en ésta vida no pasen aflicciones, tristezas, enfermedades, guerras, desastres etc., es decir, que el Dios arregle todo esto según las necesidades y deseos de ellos. Así para los segundos, la religión juega un papel muy importante en esta vida y sobre todo en la vida diaria.

¿En el fondo quién de los Cristianos, antes mencionados, se interesa si existe o no el Dios? ¿Quien le busca? Para ellos la cuestión no es si existe o no Dios, puesto que lo mejor sería que existiera, para así poder implorarle y pedirle que satisfaga nuestras necesidades, de manera que vayan bien nuestros trabajos y tengamos felicidad en esta vida.

Así vemos que el hombre tiene una fuerte tendencia en querer creer que existe Dios, porque es una necesidad para el hombre que exista, para asegurarles lo que antes hemos dicho. Entonces, ya que es una necesidad que exista Dios, ¡entonces Dios existe!

Si el hombre no tuviese la necesidad de un Dios y pudiera asegurarse independientemente las cosas cotidianas de la vida de una manera distinta, entonces no sabe uno cuántos hombres creerían en Dios; esto se ve bastante también aquí en Grecia.

Así vemos muchos hombres que mientras antes eran indiferentes por la religión, al final de sus vidas se convierten en religiosos, quizás después de un acontecimiento que les asustó y les dio miedo y temor. Porque ya no pueden vivir sin pretender que les ayude algún Dios, es decir, prevención por superstición. Para estas razones, la naturaleza del hombre le ayuda a hacerse religioso. Eso no es válido sólo para los cristianos ortodoxos, sino para todas las religiones. En todas partes la naturaleza del hombre es la misma. Así que el hombre después de su caída –obscurecido, obtuso por su naturaleza o más bien de una forma antinatural- está propenso hacia la superstición.

Ahora la pregunta es la siguiente: ¿Dónde se detiene la superstición y dónde empieza la verdadera Fe? En éstos temas la posición de los Padres y sus enseñanzas son muy precisas. Si un hombre sigue o más bien cree que sigue la enseñanza de Cristo y simplemente cada domingo va a la Iglesia, toma la Comunión continuamente, usa los curas para que le hagan oraciones, misas, etc., sin que profundice en estos temas, permaneciendo en la letra o la palabra de la Ley y no en el Espíritu de la Ley, ¿éste particularmente se beneficia de la ortodoxia? Continuando, otra persona que reza exclusivamente para la futura vida, para sí mismo y para los demás y se desinteresa totalmente para ésta vida, ¿éste se beneficia especialmente de la ortodoxia? Una tendencia es representada por el cura de su parroquia, más aquellos que se reúnen alrededor de él con el espíritu anterior; y la otra tendencia es representada de un “Yérontas” (guía espiritual), con varios monjes en su alrededor en un monasterio, generalmente por un archimandrita que está jubilado y espera morir.

Mientras que éstas dos tendencias no están centradas en la catarsis y la iluminación, en el significado y sentido Patrístico, están equivocadas sobre aquello que persiguen. Cuando están centradas en la catarsis y la iluminación y aplican la instrucción ascética de la Patrística Ortodoxa, para la adquisición de la oración del corazón (noerá), sólo entonces las cosas se ponen en la base correcta. Estas dos tendencias son hipérboles (exageraciones) hacia los dos extremos, no tienen un eje común. El eje único y común que sostiene la Ortodoxia y la mantiene unida sobre todos los temas que le preocupan y que estará siempre en la base correcta, es cuando se tiene en cuenta y se ponen los temas sobre el único eje ortodoxo: catarsis-iluminación-zéosis.

Los Padres no se interesan exclusivamente qué le ocurrirá al hombre después de la muerte, sino principalmente les interesa que le pasará en ésta vida. Después de la muerte no hay terapia del nus, entonces debe en ésta vida empezar la terapia, psicterapia” o sanación, porque “en el Hades no hay Metania (conversión, introspección, arrepentimiento y confesión). Por eso, la teología Ortodoxa no es súper-cósmica o supra-mundana ni futuróloga, tampoco esjatológica, sino que es endocósmica. Porque el interés de la Ortodoxia es el hombre en éste mundo, en ésta vida, no después de la muerte.

Ahora bien, ¿la catarsis y la iluminación para qué se necesitan? ¿Para que el hombre vaya al Paraíso y evite el Infierno? ¿Para eso se necesitan? ¿En qué consiste la catarsis y la iluminación y por qué son perseguidas por los ortodoxos?

Para que uno encuentre la razón y tenga respuesta a ésta pregunta, debe tener la llave básica que es ésta: todos los hombres encima de la Tierra tienen el mismo final, en el sentido teológico-ortodoxo. Si uno es ortodoxo, budista, hinduista, agnóstico, ateo o cualquier otra cosa, es decir, cualquier hombre sobre la tierra está predestinado a ver la doxa (gloria, luz increada) de Dios. Verá la gloria de Dios durante el final común de toda la humanidad, en la Segunda Parusía (presencia) de Cristo. Todos los hombres verán la gloria increada de Dios y desde ésta perspectiva tendrán el mismo fin. Claro que todos verán la increada doxa (gloria), pero con una diferencia: Los salvados la verán como Luz dulcísima increada, sin poniente y los infernados verán la misma gloria pero como fuego consumador que les quemará. Esto, el que veremos todos la gloria de Dios es un acontecimiento esperado. El que uno vea a Dios, o sea Su Gloria, Su Luz increada, es algo que se realizará, lo queramos o no. La vivencia de ésta luz increada no será distinta de unos u otros.

Entonces la obra de la Iglesia y los curas no es que nos ayuden a ver ésta gloria increada, porque esto de cualquier modo se hará. La obra de la Iglesia está en el cómo anuncia a los hombres que existe el verdadero Dios, que el Dios se “apocalipta”, revela como Luz increada o como fuego consumador y que todos los hombres durante la segunda Parusía de Cristo veremos a Dios; además, que prepare a sus miembros de modo que no vean a Dios como fuego sino como Luz increada, (San Nikita Stizatos Filocalía). *(Claro que una experiencia parcial de expectación, visión a Dios tenemos todos los hombres inmediatamente de nuestra salida de la psique del cuerpo, es decir, la muerte biológica.)

Esta preparación de los miembros de la Iglesia, como también de todos los hombres, que quieren ver a Dios como Luz increada, es la esencia de la instrucción terapéutica, la que debe empezar y terminar desde ésta vida. Desde ésta vida se tiene que hacer la terapia y terminar. Porque después de la muerte no existe metania. Esta instrucción terapéutica es la esencia, el principal contenido y preocupación de la Tradición Ortodoxa y Su Iglesia; mas, se constituye de los tres siguientes estadios de ascensión: La catarsis de los pazos, lailuminación y la zéosis, por la Jaris (Gracia energía increada) del Espíritu Santo. Ocurre también esto: Si uno no llegó por lo menos en un estado de mínima o parcial iluminación, en esta vida, no podrá ver a Dios como Luz increada ni en esta vida tampoco en la otra.

Así pues, está claro que los Padres de la Iglesia se interesan del hombre tal y como está hoy, en este momento. Además, cada hombre necesita terapia “psicoterapia”, cada uno tiene la responsabilidad delante de Dios a empezar esta obra desde hoy, en esta vida; porque en esta vida puede, no después de la muerte. Y este mismo hombre es el que decidirá si seguirá éste camino de terapia o no.

Cristo dijo: “yoSoy el camino” (Jn. 14,16). ¿El camino hacia qué? No sólo para la otra vida. Cristo es el camino en ésta vida. Cristo es el camino hacia Su Padre y Nuestro Padre. Cristo se “apocalipta”, revela primero en ésta vida y nos indica el camino hacia el Padre. Este camino es el mismo Cristo. Si el hombre no puede ver en ésta vida a Cristo por lo menos en sentido espiritual, no verá al Padre, es decir, la Luz increada de Dios ni en la otra vida.

(Por Ierotheo Vlajos, “El prósopon persona, rostro de la Tradición Ortodoxa”: “Con la Segunda Parusía, Presencia de Cristo resucitarán todos los hombres y serán juzgados por sus obras. Los pecadores que no consiguieron el ojo espiritual no desaparecerán, quedarán como personas ontológicas, pero no tendrán la participación de Dios. Los justos participarán y tendrán comunión con Dios. Tal y como dice San Máximo el Confesor: los pecadores vivirán el continuo malestar, en cambio los justos el continuo bienestar”.

QUIENES SON LOS TEÓLOGOS DE LA IGLESIA

Ahora bien, ¿quiénes son los teólogos de la Iglesia? Son sólo aquellos que llegaron a la zeoría (expectación, contemplación). La zeoría se constituye de la iluminación y la zéosis. La iluminación es un estado incesante, que existe en energía (está operativa, energizada) día y noche, aún cuando se está durmiendo, “yo camino y mi corazón vela… Cantar de los Cantares, 5,2”. En cambio la zéosis es un estado durante el cual uno ve la doxa (gloria, luz increada) de Dios y dura lo que Dios quiere.

Un iluminado puede que no llegue nunca en la zéosis. El Dios que la regala, juzga si es necesario conducir un iluminado a la zéosis. El que uno no sea conducido a la zéosis, puede signifiqcar que es mejor para su psique, porque en caso contrario la podría perjudicar, por ejemplo, conducirle al orgullo y soberbia espiritual. Es decir, el Dios conduce uno a la zéosis, cuando no peligra espiritualmente y cuando es imprescindible, para apoyarle, fortalecerle o para prepararle para alguna misión.

Así la experiencia de la zéosis no es automática. Es decir, no puede un iluminado adquirirla, porque él mismo quiera conseguirla. Un iluminado más bien evita pedirla a Dios. Pero cuando la necesita, el Dios condesciende y la da, le indica Su Gloria, Su Luz increada. Por ejemplo, un asceta que vive en el desierto, en aislamiento de los hombres con muchas privaciones y esto lo hace por el amor a Dios, entonces mientras se ha catartizado (sanado), viene el Espíritu Santo le consuela y le regala experiencias de la zéosis.

Un asceta verdadero nunca está sólo, por lo menos tiene dentro de su corazón el Espíritu Santo que ora incesantemente en su interior y le hace compañía en su aparente soledad. Este es el estado o condición de iluminación. Pero cuando el mismo Espíritu Santo cree que debe deificarle, entonces le regala en espacios de tiempo también la experiencia de la zéosis, cuando hace falta y es necesario mientras sea para su propio bien; por ejemplo, para fortalecerle después de un ataque demoníaco. Esto se ve claramente en las vidas de los Santos. En ellos, los dos estadios de zeorías (contemplaciones) que son la iluminación y la zéosis, la gnosis increada (conocimiento) de Dios es claramente empírica (por experiencia). No es gnosis metafísica, o sea, resultado de meditación filosófica.
SOBRE LA ORACIÓN DEL CORAZÓN, NOERÁ

El tema de la oración noerá o del corazón es muy interesante. La oración del corazón no hay ninguna duda que es un estado claramente empírico. Ni un psiquiatra puede negar que la oración noerá es una experiencia pura y clara. Nuestra diferencia con los psiquiatras no sería el acontecimiento por sí mismo, sino la causa que produce la oración del corazón o noerá. Es decir, si el tema como fenómeno digno de observación y estudio en cuestión se expone por científicos “positivistas” tales como psicólogos, psiquiatras, patólogos, biólogos, etc., estos aplican el método científico del estudio y plantean hipótesis y conjeturas.

Es cierto que la Iglesia tiene depositada su propia experiencia del fenómeno. El que tiene la oración del corazón o noerá en su interior, “escucha“ el mismo la oración que se dice dentro de su corazón. Además, existe la tradición de centenares de años sobre ésta situación de estado espiritual. Por parte de los santos se ha dado una concreta interpretación de esta tradición de la oración de corazón y en base a ésta, la Iglesia conoce que la oración del corazón es una experiencia espiritual y el resultado de la Jaris (Gracia, increada energía) del Espíritu Santo energizada, activada en el corazón del hombre. Esta es una tradición de largos siglos y nadie puede negar su existencia, porque existen muchos escritos de los Padres sobre éste tema, incluso la Santa Escritura también se refiere sobre ella. Además, existen hoy muchos hombres, que viven entre nosotros, que conocen por su propia experiencia personal la noerá oración, porque viven teniéndola energizada, operativa en sus interiores.

Entonces, mientras éstos científicos admitan ésta realidad, después deberán de formar sus propias suposiciones para explicar este fenómeno de la oración del corazón. Cierto es que habrán algunos que dirán que es un descubrimiento de los curas, ¡particularmente también aquí en Grecia! Dirán que estas cosas las dicen los curas y son producto de sus fantasías. Ojalá que los curas se ocuparan de éstas cosas aquí en Grecia y (en Cataluña y España también).

Por otro lado, otros de estos científicos quizás dirán que esto es producto de una especie de hipnotismo. ¡Tenía una discusión en relación, con médicos y sobre todo con catedráticos de la universidad, los cuales decían que esto era una especie de hipnotismo! Aunque esto fuera así para ellos: un psiquiatra está obligado a ocuparse sistemáticamente con este tema.

El hipnotismo realmente es una experiencia. Pero el psiquiatra deberá poder comprobar si la oración del corazón es una especie de hipnotismo o no. El hipnotismo puede conducir y producir alucinaciones, que significa desorden sobre la correcta composición de impresiones empíricas que tiene el hombre dentro de su memoria. Pero todos los elementos que componen una alucinación están tomados de los sentidos. Porque el hombre que ha llegado a la alucinación, no llega porque ha perdido el contacto con las cosas sensibles, sino porque su memoria se ha descarrilado y la composición de impresiones que se hacen dentro de su cerebro no es otra cosa que un desorden de la clasificación de estas. Así tenemos los desequilibrados, como aquellos que sueñan despiertos. Es decir, los elementos que componen una alucinación existen. Aquel que está en alucinación, puede que vea algo, que no existe en aquel momento y no esté delante de él pero que en realidad existe. Esto ocurre con los alucinógenos como por ejemplo el LSD. Claro está que alucinaciones puede tener cualquiera también con la hipnosis; cuando se introduce por el hipnotista la energía demoníaca, entonces es cuando un hipnotizado viene en contacto con espíritus malos astutos y malignos.

Lo que respecta al hipnotismo, aquel que se hipnotiza es introducido en un estado de coma; es decir, como si se encontrara en coma y mientras se encuentra en este estado se recuerda de cosas del pasado y contesta a las preguntas de aquel que le ha hipnotizado. Entonces, como está hipnotizado, no tiene contacto con la realidad.

En lo que respecta a la oración noerá o del corazón, no tenemos que hacer con algo existente que ya se puso en la memoria y se re-llama por la memoria y así el hombre sueña. No ocurre lo mismo como en una alucinación, donde uno ve algo, pero en ese momento no existe realmente alrededor suyo nada que sea visto y percibido por sus sentidos. En el caso de la oración noerá o del corazón lo que sucede y siente el corazón del hombre toma parte en el mismo momento y lo siente. No es algo del pasado, es una experiencia del presente. También para que uno esté vigilante sobre su espíritu (nus), cosa que ocurre durante la oración del corazón, y a la vez vivir algo muy claro y puro en su interior, un otro que ora por él “con inefables divinos gemidos” (Rom 8,26), entonces uno no está hipnotizado ni alucinado, esto no ocurre con el hipnotismo. Durante la oración del corazón el hombre tiene plena conciencia que algo familiar a su naturaleza se activa y opera en su interior, pero esto no toma parte en su interior por el mismo y no sólo lo vive claramente sino que a la vez lo observa y puede voluntariamente co-participar.

El peso de la verdad de ésta experiencia no pertenece a los Ortodoxos, los cuales la contienen, sino a los científicos que la dudan o la quieren investigar. Por otro lado, si los científicos dan su propia interpretación de este fenómeno de la oración del corazón, ellos mismos tendrán que explicar su propia interpretación es la correcta. Porque los ortodoxos sobre la oración noerá o del corazón tienen tradición de siglos, de la que la verdad es indiscutible. Y es indiscutible esta interpretación porque no es experiencia pasada, la que no se puede verificar o repetir, sino que es una interpretación viva, verdadera y actual, experiencia y realidad del día de hoy que constantemente se repite, continúa y se transmite de generación en generación dentro de la Iglesia Ortodoxa.

La Iglesia en su lenguaje que es el lenguaje eclesiástico, dice por boca del Apóstolos Pablo: “No hablamos con la sabiduría humana, sino con la fuerza y energía increada del Espíritu”. ¿Qué quiere decir con esto? ¿Por qué el Apóstol confronta la fuerza del Espíritu Santo con la sofía-sabiduría de este mundo? Porque el que se ha convertido en templo del Espíritu Santo y ha morado en su corazón, este hombre siente vivamente dentro de su corazón la fuerza, es decir, la energía increada del Espíritu Santo; y así no se convence por palabras ni de argumentos filosóficos o teológicos de otros de que se ha hecho templo del Espíritu Santo, sino que tiene conocimiento por su inmediata experiencia personal; porque siente y escucha en su interior el Espíritu Santo que hace de sacerdote y psalmista o cantor en su corazón. Es decir, aquella cosa que da a éste hombre la absoluta certeza que su cuerpo se ha convertido en templo de Dios, es una co-testificación del Espíritu Santo al espíritu (nus) del hombre, puesto que el Espíritu Santo ha venido y ha habitado en su corazón. Este estado lo describe el Apóstol Pablo cuando dice que: “El Espíritu de Dios clama dentro en nuestros corazones ¡Abba! el Padre” (Gal. 4,6). O sea, en nuestro interior grita el Espíritu Santo dirigiéndose al Padre diciendo: “¡Padre mío!”.

Esto pues, que describe el Apóstolos Pablo, ¿es una realidad o una fantasía? ¡Volaba en los cielos el Apóstolos Pablo cuando decía esto! Si os fijáis bien lo que dice en su epístola a los Romanos capítulo 8º, veréis que habla sobre la oración real en el corazón del hombre. Pero no es sólo el Apóstol que habla así. También David y el Antiguo Testamento hablan así. Por eso vemos aquí cuál es la razón por la que los antiguos Cristianos se preparaban para la oración del corazón; primero memorizaban todo el libro de los Psalmos. Por eso para ellos el libro de los Psalmos tenía esta gran importancia, porque les ayudaba a trabajar la oración del corazón o noerá.

Hoy no sé cuantos Cristianos han leído todo el Psaltiri (el libro de los Salmos). En los antiguos años lo leían entero encima del muerto, antes del entierro, quizás entonces sería la única vez que leían el Psaltiri entero. Lo leía el cura y si había algún salmista también le ponía para que lo leyera. En los antiguos años, para que uno fuera obispo tenía que saber el Psaltiri. ¿Por qué el Psaltiri tenía tan grande interés en la Iglesia? Porque contiene oraciones relacionadas con la oración del corazón. Porque la oración del corazón en la tradición Profética y en la tradición Hebrea también se hacía con el Psaltiri. Por esta razón el Apóstol Pablo dice: “oraré y psalmodearé con el espíritu (el nus) y también con la diania (mente, intelecto o la lógica” (1ªCor. 14,15). Entonces la oración noerá o del corazón no se hace sólo con palabras sino también psalmodeando, es decir, con salmos. Por eso tenemos indicios de la Tradición que la oración noerá se hacía con los Salmos. Uno de estos ejemplos es San Juan el Kasiano, quien enseñaba la oración noerá con los Salmos. Hay muchos testimonios sobre este tema.

Por lo tanto, ¿hace falta alguna demostración filosófica para estos temas? No, puesto que aquellos que creen y han alcanzado en este estado de oración noerá o del corazón tienen en su interior esta experiencia. Además, dado que existe esta experiencia, ¿para qué se necesita la metafísica? ¿Para qué se necesita y en qué ayuda la filosofía. ¿Fue ayudado alguien esencialmente en su vida por alguna filosofía para adquirir este estado de la noerá oración, que energiza y opera incesantemente en el corazón, de modo que uno se convierta en templo del Espíritu Santo?

Cuando alguien no tiene esta experiencia y quiere adquirirla, entonces va y se enseña de los que tienen esta experiencia. Habitualmente, esta experiencia de la oración del corazón o noerá -aunque existen excepciones- es condición imprescindible para que uno llegue a la zéosis o glorificación, durante la cual adquiere experiencia de la gloria increada de Dios. Esta experiencia de la zéosis es exclusivamente regalo de Dios, que Él lo regala a los que quiera, cuando quiera y al tiempo que quiera y no depende del intento del hombre. Pero el requisito previo bajo condiciones normales es tener uno la oración noerá o del corazón.

Por Yanis Romanidis, Catedrático de Universidad y sacerdote Elenortodoxo


                                    Catecismo Ortodoxo 

                       http://catecismoortodoxo.blogspot.ca/