Monday, August 10, 2015

Es por orden de Dios que..... ( San Antonio el Grande )


Es por orden de Dios que, al crecer la carne, el alma se llena de intelecto: esto sucede para que el hombre elija, entre el bien y el mal, lo que le place más. Pero el alma que no elige el bien no tiene intelecto. Porque todos los cuerpos tienen, sí, un alma, pero no se dice que toda alma tenga intelecto. Por cierto, el intelecto amante de Dios, pertenece a los prudentes, a los santos, a los justos, a los puros, a los buenos, a los misericordiosos y a los píos. Y la presencia del intelecto constituye para el hombre una ayuda en su relación con Dios.


San Antonio el Grande

Un solo día de los tormentos - los Padres del Desierto


Unos hermanos preguntaron a uno de los famosos Padres del desierto: «Padre, ¿cómo puedes estar aquí soportando este trabajo?». El anciano les dijo: «Todo el trabajo del tiempo que llevo aquí no se puede comparar a un solo día de los tormentos que esperan al pecador en la otra vida».


 los Padres del Desierto
 

Sunday, August 9, 2015

Dios cuida de cada uno .... San Basilio el Grande


 No digas: “Esto sucedió por suerte, mientras esto resultó solo.” En todo lo que existe no hay nada desordenado, nada indefinido, nada sin propósito, nada por suerte…¿Cuántos cabellos hay en tu cabeza? Dios no se olvida ni de uno de ellos. ¿Ves como nada, aun hasta la cosa mas pequeña escapa a la vista de Dios?


San Basilio el Grande

De qué forma el espíritu penetra en el corazón ( San Nicodemo el Hagiorita )


Os diré ahora... como debéis guardar vuestro espíritu, es decir, el acto (energía) de vuestro espíritu y vuestro corazón. Sabéis que todo acto mantiene una relación natural con la esencia y la potencia que lo ejercita y que (una vez ejecutado) retorna naturalmente hacia ella para unírsele y reposar. Por eso una vez que se ha liberado el acto del espíritu - que tiene por órgano al cerebro - de todos los objetos exteriores del mundo por medio de la guardia sobre los sentidos y la imaginación, deberéis llevar nuevamente este acto (energía) a su esencia y a su potencia propia. En otros términos llevaréis el espíritu al centro del corazón -que es, como hemos dicho, el órgano de la esencia y de la potencia del espíritu- y contemplaréis entonces, mentalmente, al hombre interior en su integridad. Esta conversión del espíritu, los principiantes acostumbran practicarla, según la enseñanza de los santos Padres «sobrios», inclinando la cabeza y apoyando el mentón sobre el pecho. Que el retorno del espíritu al corazón esté exento de desviaciones.

Dionisio el Areopagita, en su pasaje sobre los tres movimientos del alma, llama, a esta conversión, el movimiento circular y sin desviación del espíritu. Del mismo modo en que la periferia del circulo vuelve sobre ella misma y se une a ella misma, así el espíritu, en esta conversión, vuelve sobre si mismo y se hace uno. Por eso Dionisio, el más excelente de los teólogos, ha dicho: «El movimiento circular del alma, consiste en su entraña en ella misma por el desprendimiento de los objetos exteriores y en la unificación de sus potencias intelectuales, la que le es conferida por su ausencia de desviación, como en un circulo» (Noms divins, cap. 4). Por su lado, el gran Basilio nos dice: «El espíritu que no está disperso entre los objetos exteriores ni extendido sobre el mundo por los sentidos, vuelve hacia si mismo y sube por si mismo hacia el pensamiento de Dios» (Carta 1).

El espíritu, una vez en el corazón, no se detenga solamente en la contemplación, sin hacer nada más. Allí encontrará la razón, el verbo interior gracias al cual razonamos y componemos obras, juzgamos, examinamos y leemos libros íntegros en silencio, sin que nuestra boca profiera una palabra. Que vuestro espíritu, entonces, habiendo encontrado el verbo interior, sólo le permita pronunciar la corta oración llamada monológica: «Señor Jesucristo, Hijo de Dios, tened piedad de mi».

Pero esto no basta. Debéis, además, poner en movimiento la potencia volitiva de vuestra alma, en otros términos, decir esta oración con toda vuestra voluntad, con toda vuestra potencia, con todo vuestro amor. Más claramente, que vuestro verbo interior aplique su atención, tanto con su vista mental como con su oído mental, a esas únicas palabras, y mejor aún, al sentido de las palabras. Así, permaneciendo sin imágenes ni figuras, sin imaginar ni pensar ninguna otra cosa, sensible o intelectual, exterior o interior, se producirá algo bueno. Pues Dios está más allá de todo lo sensible y lo inteligible. Por lo tanto, el espíritu que quiere unirse a Dios por la oración debe salir también de lo sensible y de lo inteligible y trascenderlo para obtener la unión divina. De allí, las palabras del divino Nilo (Evagrio): «En la oración, no te figures la divinidad, no dejes a tu espíritu sufrir la impronta de una forma cualquiera, permanece en cambio, inmaterial ante el Inmaterial, y tú comprenderás» (Acerca de la oración, 56). Que vuestra voluntad se aplique enteramente, por el amor, a las palabras de la oración, de ese modo vuestro espíritu, vuestro verbo interior y vuestra voluntad, esas tres partes del alma, serán uno y la unidad comprenderá a los tres. De este modo el hombre, que es la imagen de la santa Trinidad, adhiere y se une a su prototipo. Según la expresión de ese gran héroe y doctor de la oración y de la sobriedad mental, Gregorio Palamas de Tesalónica: «Cuando la unidad del espíritu se hace trinitaria permaneciendo una, entonces se une a la mónada trina de la divinidad, cerrando toda salida a la desviación, manteniéndose por encima de la carne, del mundo y del príncipe del mundo» (Acerca de la oración, 2).



San Nicodemo el Hagiorita

Saturday, August 8, 2015

Muchos son los que hablan pero pocos los que actúan.( San Máximo el Confesor )



Muchos son los que hablan pero pocos los que actúan. Sin embargo, nadie debe distorsionar la palabra de Dios por su propia negligencia; es mejor confesar las propias debilidades sin ocultar la verdad de Dios, de modo que al quebrantar los mandamientos no seas también culpable de una equivocada explicación de la palabra de Dios.
 

San Máximo el Confesor

La gran responsabilidad ( San Nectario de Aegina )


Cristianos, ¿Hemos comprendido la gran responsabilidad que hemos asumido ante Dios por el Bautismo? ¿Hemos comprendido que debemos comportarnos como hijos de Dios, que debemos ajustar nuestra voluntad a la voluntad de Dios, que debemos permanecer libres de pecado, que debemos amar a Dios siempre con todo el corazón y siempre esperar pacientemente la unión con El? ¿Hemos considerado el hecho de que nuestro corazón debe estar tan rebosante de amor que lo compartamos con el prójimo? ¿Tenemos conciencia de que debemos ser santos y perfectos, como hijos de Dios y herederos del Reino de los Cielos? Debemos esforzarnos por esto, para que no seamos indignos y seamos rechazados. Que ninguno de nosotros pierda nuestra valentía, ni descuide nuestros deberes, ni se asuste de las dificultades de la lucha espiritual. Pues tenemos a Dios como nuestro auxilio, quien nos fortalece en el difícil camino de la virtud.

San Nectario de Aegina

Friday, August 7, 2015

"Oren unos por los otros." ...


"Ortodoxia": ("verdadera glorificación") si la primera mitad del concepto habla de lo correcto, verdadero, de la verdad, que se exige del cristiano, la segunda mitad llama glorificar a Dios. La Gloria Divina es la segunda idea encerrada en el concepto de Ortodoxia. Nos induce que todas las facetas del cristianismo: visión del mundo, relaciones con la gente, salvación personal, se encuentran y unifican en lo principal, o sea, — la glorificación de Dios.

Si la "Gloria Divina" significa servicios religiosos y oración — estos se encuentran en el centro de atención ortodoxa.

Indudablemente la Gloria Divina esta incluida no solo en la liturgia: "glorifiquen a Dios en cuerpos vuestros y almas vuestras que son Dios." Esto significa: una vida moral, pureza moral no es solo la condición de una oración agradable a Dios, sino es en si misma la glorificación y el servicio a Dios.

Más adelante pensamiento en Dios, observación con la mente y el corazón de la bondad, misericordia, sabiduría, y omnipotencia Divinas e inclinación del corazón y la mente ante los misterios de la grandeza y del amor de Dios al hombre- es también la glorificación de Dios.

Sin embargo, en la base de Ortodoxia queda la glorificación con el servicio de oración. Y esto porque la oración ortodoxa — el servicio en el templo — reúne a todo. Ella es el alma de Ortodoxia. Para asegurarse de esto, es suficiente entrar en el contenido de la liturgia ortodoxa.



"Oren sin cesar," enseña el Apóstol. Con esto el nos induce la necesidad de la "sobriedad del alma," por medio de una continua recordación de Dios. Esta indicación del Apóstol se cumple tanto en la oración de cristianos aislados, como en el servicio conjunto. La enseñanza de una individual e incesante oración es la base de la ciencia de los Santos de la Iglesia, sobre la salvación. Su modelo es : "Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mi," o en forma corta : "Señor ten piedad," este no es el pedido por nuestras necesidades cotidianas al Padre Celestial, sino el arrepentimiento por nuestros pecados ante el Salvador y el pedido de salvación del alma.

La oración comunitaria tal como esta indicada en la Ortodoxia por la regla perfecta y plena de la Iglesia, creada en los monasterios, esta distribuida de tal manera que la oración fluye casi sin pausa o en el templo, o en la celda, de día y de noche, y en la antigüedad, había templos monásticos con el servicio "sin dormir." Las Horas 1ª, 3ª, 6ª y 9ª horas del día, se continuaban con las interhoras en el servicio de la tarde, de medianoche y de la mañana, así pasaba la noche.

Y a pesar que la vida, con sus exigencias, no permite acercarse al ideal de la regla (tanto en las condiciones de las parroquias, como también en la vida monástica), sin embargo, el servicio religioso ortodoxo se caracteriza por su longitud y contenido.



"Oren unos por los otros." La memoria de la Iglesia de sus miembros se sostiene por la constante recordación de sus nombres, durante el servicio religioso. Personas espiritualmente cercanas a los orantes y a menudo separadas de ellos por grandes distancias particularmente se recuerdan los sufrientes, enfermos, o a los que se encuentran en viaje.

Esta memoria no cesa ni después de la muerte. A menudo la oración por los difuntos sigue elevándose no solo después de muchos años de su deceso. Así continua a través de la Iglesia la comunión con los muertos, padres y hermanos nuestros, en nuestra oración por ellos y en la invisible mutua oración de ellos por nosotros.

"Si comen, o hacen cualquier otra cosa, todo lo hagan a la gloria de Dios." "Todo esta bien y nada esta mal, si se recibe con agradecimiento, ya que se santifica con la palabra Divina."

Estas palabras apostólicas nos explican porque en el orden ortodoxo de la vida, la oración de la Iglesia a menudo sale del templo, y se puede decir, que entra en el medio mismo de la vida popular.

A muchos ortodoxos esta santificación de la naturaleza y la vida, parecía y parece como algo pagano, como restos de las costumbres y ceremónias precristianas. Pero esta cercanía a la vida se encuentra en el espíritu de Ortodoxia. La santificación solemne de las aguas con la salida en procesión a las fuentes, en los días de festividades de Bautismo del Señor, en la mitad de Pentecostés, y el 1º de agosto. La santificación con agua bendita, de los campos en primavera, de los rebaños, la bendición de las casas y de todas las estructuras domesticas, de la comida en Pascua, de los frutos, verduras, flores, espigas, después de la cosecha. Los iconos y la Cruz del Señor en las casas, en los cruces de caminos, en las plazas, en las entradas. Todo esto son los ejemplos de la santificación por la Iglesia de todos los aspectos de la vida fuera de los templos. Con la oración comunitaria se bendice todo el camino terrenal del cristiano desde el día de su nacimiento. La oración del primer día después de nacimiento, con la aplicación del nombre, "el bautismo," las oraciones en el 40-mo día, oraciones antes del comienzo de toda la actividad buena, antes de un viaje, en la enfermedad, las oraciones de agradecimiento y otras, entran la regla de la vida en la Iglesia.



"¡Bendice alma mía el Señor y todo mi interior a Su Santo nombre!" "Todo lo que respira que glorifique al Señor." Estos dos pensamientos del Salmista, en Ortodoxia se encarnan más plenamente.

"Todo mi interior" que bendiga al Señor: Todas las aptitudes y talentos están llamados y atraídos a la glorificación de Dios. Y por eso, nosotros no solo con el pensamiento nos dirigimos a Dios, sino Lo glorificamos con el lenguaje y con el canto y con la pintura y otras artes armónicas. Los mosaicos y los frescos, las telas y el bordado con oro, esculturas en bajo relieve, porque ellas con su corporeidad no cubren al espíritu, el arte de la orfevrería, la arquitectura y otras manifestaciones del talento humano, encuentran su lugar en la glorificación del nombre Divino y Sus Santos.

Y en las manos de un cristiano Ortodoxo, toda la naturaleza, "todo lo que respira" que alabe al Señor.

La santificación del agua, la luz de la vela en las manos del orante, el perfume del incienso, las palmas para la Entrada de Señor a Jerusalén, las flores en Pentecostés — estos dones de la naturaleza están llamados ser los medios de nuestra alabanza a Dios.

La celda o la ermita monástica en el fondo misterioso del bosque, una capilla o una cruz sobre la fuente, la peregrinación por decenas y centenas de kilómetros — todo esto es la comunicación del hombre con la naturaleza, cuando se unen en una alegría conjunta, cuando se inclinan ante la bondad creativa y providente de Dios.

Pero, desgraciadamente, ahora todo esto en nuestra patria Rusia esta encerrado entre las paredes de unos pocos templos. ¿Es esta la libertad de la vida religiosa?