
¿Qué es la oración? Un intelecto libre de todo lo que es terrestre y un corazón cuya mirada está totalmente volcada sobre el objeto de su esperanza. Apartarse de esto es imitar al hombre que reparte en el surco semillas mezcladas o que trabaja con un tiro formado por un buey y un asno.
La oración sin distracción es aquella que produce en el alma el pensamiento constante de Dios; su nueva encarnación: Dios habita en nosotros por nuestro recogimiento constante en él, acompañado por una aplicación laboriosa del corazón a la búsqueda de su voluntad. Los malos pensamientos involuntarios tienen su origen en un relajamiento previo.
¿En qué consiste la oración espiritual? Existe oración espiritual cuando los movimientos del alma sufren la acción del Espíritu santo a continuación de su verdadera purificación. Sólo uno entre diez mil puede ser favorecido de ese modo. Ella constituye el símbolo de nuestra futura condición, pues la naturaleza es llevada más allá de todos los movimientos impuros inspirados por el recuerdo de las cosas de este mundo... Es la visión interior que tiene su punto de partida en la oración.
¿En qué consiste el apogeo de los trabajos del asceta? ¿cómo reconocer que se alcanzó el término de la carrera? Se ha alcanzado cuando ha sido considerado digno de la oración constante. Aquel que ha llegado a eso ha alcanzado el fin de todas las virtudes y, al mismo tiempo, ha logrado una morada espiritual. Aquel que no recibió en verdad el don del Paráclito es incapaz de cumplir la oración ininterrumpida en el reposo. Cuando el Espíritu establece su morada en un hombre, éste no puede ya dejar de orar, pues el Espíritu no cesa de orar en él. Ya sea que duerma o que vele, la oración no se separa de su alma. Mientras come, bebe, está acostado, se dedica al trabajo, se sumerge en el sueño, el perfume del la oración es exhalado espontáneamente desde su alma. En adelante, no predominará la oración durante períodos de tiempo de! terminados, sino en todo momento. Aunque tome su descanso visible, la oración está asegurada secretamente en él, pues silencio del impasible es una oración», ha dicho un hombre revestido de Cristo. Los pensamientos son mociones divinas, los movimientos del intelecto purificado son voces mudas que cantan en secreto esta salmodia al Invisible.
Si llegáis a unir la meditación de vuestras noches con el servicio de vuestros días, sin desdoblar el fervor de las operaciones de vuestro corazón, no tardaréis en estrechar el pecho de Jesús... He aquí mi consejo, si podéis, manteneos en paz y despiertos, sin recitar salmos ni hacer postraciones y, si sois capaces, orad únicamente en vuestro corazón. ¡ Pero no durmáis!

Pero la familia cristiana no es una iglesia sólo para los esposos, ella debe serlo también para los hijos. Ellos son el fruto natural del matrimonio, y los padres que no tienen hijos según la expresión de un teólogo, están algo así como ofendidos, aunque esto ocurre algunas veces por designios especiales de Dios. Por ello los padres deben desear hijos y hasta rezar por ello, como rezaron muchos justos; y cuando Dios brinda hijos, darles una educación cristiana.
La educación de los hijos es una gran obligación de los padres cristianos. El alma infantil es una "tarea rasa" y en suficiente un mero roce para que las huellas se impriman en ella para toda la vida. Es por ello, que la educación debe ser seria y completa. El hombre está formado de cuerpo y alma, una y otra fase del ser humano necesitan educación. El cristianismo no es enemigo de la salud. Por ello manda preocuparse por el cuerpo y desarrollar el organismo infantil, reforzarlo por todos los medios pasionales. Pero es aún más importante la educación del alma. En esto hay que educar la mente de la persona, su voluntad y sentimiento de tal manera que todas las fuerzas del alma estén encaminadas a todo lo bueno, lo enaltecido y lo hermoso. El obispo Teófano, el recluso, da hermosas enseñanzas con respecto a la educación de los hijos. Él dice: "En el niño, hay que formar la mente, el temperamento y la devoción. La inteligencia desarróllala sólo si puedes; y si no entrégala a la escuela o ten un maestro."
Es más necesario para ello la sensatez que la ciencia, para lo cual se estudia aun sin ciencia. El temperamento no se forma con otra cosa que no sea el propio buen modelo y el alejamiento del mal ejemplo de los extraños. Aún más necesaria es la devoción de los hijos. Las acciones piadosas las realizan todos por la gracia de Dios. Que el niño participe de las oraciones matinales y vespertinas, que esté en el templo con la mayor frecuencia posible y que comulgue por vuestra fe lo más a menudo posible, que siempre escuche sus conversaciones piadosas. Los padres deben hacer de su parte todo lo que permita al niño, cuando tenga plena conciencia, reconocer con mayor fuerza que es cristiano. La fe la oración, y el temor de Dios están por encima de cualquier adquisición. Hay que guiar a los niños en las costumbres decorosas en la palabra, en la vestimenta, en la postura, en el comportamiento delante de los otros. El decoro parece ser una cosa insignificante empero preocupa y altera al que no está acostumbrado a él. Hay que enseñarles también el arte, particularmente el canto, el dibujo, la música y otros. Ellos proporcionan un descanso agradable al espíritu y buen humor" (Obispo Teófano, "Ensayos de moral cristiana," pág. 481-483). Pero ¿quién en la familia debe ocuparse de esta educación? Esta responsabilidad descansa ante todo sobre el esposo. A él se dirigen las palabras del apóstol: "y vosotros, padres, no irritéis a vuestros hijos, al contrario, educadlos según la enseñanza y la doctrina del Señor" (Efesios 6,4).
El esposo es el primer miembro de la familia, por ello él debe dirigir la educación. A él deben recurrir ante cualquier explicación o incomprensión. Ante los ojos de los hijos él debe ser ejemplo de sabiduría, firmeza y amor. Él debe enseñarles y alentarlos hacia todo lo bueno. En caso de desobediencia debe hacerlos comprender y en casos extremos, castigarlos. Pero el castigo no debe ser expresión de cólera e irritabilidad, sino que debe ser percibido por los niños como una medida imprescindible de enmienda, como la otra cara del amor paterno. En tal relación los niños amarán a su padre, pero al mismo tiempo, lo respetarán y sentirán el así llamado temor filial.
Pero la educación es predominantemente cuestión de la madre. No en vano posee ella las cualidades morales que armonizan con la naturaleza de los niños y la hacen indispensable para ellos. La madre entiende instintivamente las necesidades del niño que aún no habla y apenas si es capaz de pensar. Si él llora, ella sola es capaz de calmarlo con su dulce y tierna voz, sólo ella puede explicarle al niño sus primeras impresiones infantiles. Lo que el maestro confía sólo a la memoria, la madre sabe expresarlo en el corazón; a lo que aquel sólo suscita fe, ella le infunde amor.
En este sentido, la madre tiene gran predominancia ante el padre. "La madre - según expresión de Smiles- crea de manera especial la atmósfera moral del hogar, esta atmósfera es a su vez alimento para la esencia moral de la persona, tal como la atmósfera física lo es para el cuerpo. Mientras el padre educa más con la ayuda de la autoridad y la razón, la madre logra el mismo resultado con el cariño y la ternura del corazón. El padre somete la voluntad del niño mayormente por medio del respeto hacia sí mismo, en cambio la madre dispone de esa voluntad con ayuda del amor. Por ello, muchas madres se niegan en vano a la educación y consideran la maternidad algo bajo y limitado. La maternidad es un alto servicio a la sociedad, a la patria y a toda la humanidad. El artista pinta en colores o esculpe en mármol una imagen maravillosa, una obra de arte singular. La madre puede moldear del niño la imagen de Dios, educar una personalidad clara, que sea orgullo y gloria de la humanidad. El científico, el pensador, el escritor enriquecen el mundo con nuevas y grandes ideas; la madre puede encarnar estas ideas en una persona viva, sus hijos. ¿Acaso no está en esto el orgullo y la gloria de la madre? En la antigua Roma había dos hermanos Gracos, jóvenes singulares: toda su corta, pero gloriosa vida lucharon y murieron para el bien de sus hermanos menores y oprimidos. Ambos debían su carácter noble a la cuidadosa educación de su madre. Siendo ellos ya adultos le ocurrió estar a la madre en compañía de ricas y renombradas mujeres romanas. Ellas se jactaban: quien con el lujo de sus vestidos, quien con la belleza de su rostro y porte, quien con costosos anillos, aros y collares; la madre de los Gracos llamó a sus hijos y señalándolos dijo: "He aquí mi orgullo, y al mismo tiempo orgullo del pueblo romano." Por esto madres como estas son el orgullo de los hijos y despiertan en ellos no sólo amor sino también veneración. Entre las obras de muchos poetas y escritores se encuentran las más exaltadas estrofas dedicadas a las madres. Leemos a Nekrasov:
"El Creador te dio desde los siglos
A ti el santo nombre madre
Tu deber es la descendencia del hombre
Con dolor y sufrimiento multiplicar
Tranquilidad, salud, fuerzas vitales
En ofrenda a la causa tú entregas
Y con un sentimiento tierno hasta la sepultura
Cumples las leyes maternales.
En el florecer de los años, cuando otras
giran en el torbellino de las preocupaciones,
Olvidando todos los consuelos terrenales
Delante de tu pequeño tú te sientas.
Tu mirada ora resplandece de alegría,
Ora se oscurece con una lágrima,
Y cuántas aflicciones, nadie sabe
Sufres tú en ocasiones."
He aquí otros versos dedicados a los padres:
"Padre y madre. Por todo el universo
No se pueden enunciar nombres tales
Que pudieran proclamar de manera más resonante,
más limpia, más profunda, más recóndita
Acerca del amor incorruptible
Que los nombres padre y madre."
(Grineoskaia, "Nombres caros").
Los himnos de los poetas a los padres demuestran que los esfuerzos de los mismos no desaparecen en vano, la semilla del bien, plantada sobre el suelo de los jóvenes corazones, trae abundantes y buenos frutos. Padres buenos, por lo general, tienen hijos igualmente buenos, tal como un buen árbol da buenos frutos. Pasamos a la imagen de los buenos hijos cristianos.
D.H.
Catecismo Ortodoxo

Sobre la necesidad de un arrepentimiento anterior, de un divorcio de nuestras iniquidades precedentes para acercarnos al sacramento, escuchen las palabras de San Juan Bautista y del príncipe de los Apóstoles a aquellos que debían ser bautizados: "Haced dignos frutos de penitencia, exclama el primero, y no comencéis a decir: nosotros tenemos a Abraham como padre" (San Lucas 2:8). Y el segundo, respondiendo a las preguntas que se le dirigían: "Haced penitencia, y que cada uno de vosotros sea bautizado en nombre de nuestro Señor Jesucristo" (Hechos 2:38).
Ahora bien, aquel que hace una verdadera penitencia no vuelve a cometer las faltas de las que se arrepintió. Es por ello que se nos hace decir: "Yo renuncio a ti, satanás" para que no caigamos nuevamente bajo su dominio. En este momento imitamos a los pintores, ellos despliegan primero sus telas, las rodean de líneas, dibujan las figuras, tal vez la imagen de un rey; pero antes de aplicar los colores, con toda libertad, borran, agregan, cambian y trasponen los trazos equivocados o mal logrados. Pero, una vez aplicados los colores, no son ya libres de borrar y volver a comenzar; ellos arruinaron su cuadro, pecaron contra las reglas de su arte.
Sigan este ejemplo y contemplen su alma como un retrato que deben pintar. Antes de que el Espíritu Santo venga a pasar allí su divino pincel, borren sus malos hábitos. ¿Tienen el hábito de jurar, de mentir, de proferir palabras ultrajantes o deshonestas, de dedicarse a bufonerías o a cualquier otra acción prohibida? Destruid entonces ese hábito para no volver a él después del bautismo. El agua santa borra el pecado, pero son ustedes los que deben corregir los hábitos pecaminosos. Los colores están aplicados, la imagen real resplandece por el efecto del color, no borren más, no hagan desgarros ni manchas en la belleza que Dios les dio.
Repriman entonces la cólera, extingan las llamas del furor y si alguien los injuria y los ultraja, persíganlo con sus lágrimas y no con su indignación; con su piedad y no con su resentimiento, y no digan: "Estoy herido en mi alma." La injuria no llega a nuestra alma, a menos que nosotros nos la hagamos a nosotros mismos. He aquí la prueba. Les robaron su bien. ¿Han sido heridos en el alma? No, sólo en su fortuna. El robo, en efecto, no perjudicó su alma, incluso les fue ventajos a; pero ustedes, que no olvidan su cólera, serán castigados por haber conservado la memoria de esa ofensa. Si alguien los ha despreciado o insultado, ¿qué daño le hizo a su alma, e incluso a su cuerpo? Pero si se rindieron a los insultos o al desprecio, entonces ustedes dañaron su propia alma y sus palabras recibirán un día su castigo.
¿Hablé de pobres, de esclavos, de hombres abyectos? Las mismas cadenas no pueden quitarnos la facultad para ser virtuosos. Por ejemplo, si alguno de sus compañeros irritado los entristeció, perdónenlo. ¿Es que se los impide la cautividad, la pobreza, la abyección? No, ellas mas bien los ayudan pues contribuyen a la reprensión de su orgullo que se rebela. ¿Ven a otro tener éxito en sus negocios? No sean envidiosos; la pobreza no se opone a ello. ¿Se trata de orar? Háganlo con modestia y recogimiento; la pobreza no pone ningún obstáculo. Sean agradecidos, agrables con todos, reservados, honestos; tales virtudes no necesitan ayudas extrañas. He aquí el mérito de la virtud, ella no necesita riquezas, poder, gloria ni nada semejante; un alma santificada basta, ella no pide nada más.
Tal es el poder de la Gracia, si alguien es rengo, ciego, mutilado, o agobiado por la más extrema enfermedad; nada impide que la Gracia lo visite. Sólo necesita un alma que la reciba con todo su afecto, y no preste ninguna atención a las ventajas exteriores. Aquellos que enrolan soldados en la milicia profana, buscan la belleza en la talla y el vigor de la constitución física; pero tales ventajas no bastan para el servicio, es necesario, además, la libertad: todo esclavo es rechazado. El Rey de los Cielos no hace pesquisa semejante, admite en su ejército a los esclavos, a los inválidos, sin enrojecer por ello. ¿Puede haber una bondad, una obligación más grande?
A nosotros sólo se nos demanda aquello que está en nuestro poder, pero el mundo reclama aquello que no está a nuestra disposición. Efectivamente ¿acaso la libertad o la esclavitud dependen de nosotros, lo mismo que la altura o la brevedad de la talla, o vejez, o cualquier otro accidente semejante? En cambio, depende sólo de nuestra voluntad practicar la bondad, la dulzura y otras virtudes. Dios sólo exige de nosotros aquello que está en nuestro poder, y la razón es fácil de comprender: no es por interés, sino por bondad que nos llama a gozar de Su Gracia. Los reyes de la tierra, por el contrario, sólo atraen a aque llos cuyos servicios le son útiles en las guerras materiales y visíbles , Dios somete a los suyos a la prueba de combates espirituales e invisibles.
Sobre la necesidad de un arrepentimiento.
D.H.
Catecismo Ortodoxo

“Aquél que ama poco, da poco.
Aquél que ama más, da más
y aquél que ama muchísimo, ¿qué tiene digno de dar?
¡Se da a si mismo!”
Cristo es nuestra vida, nuestro amor
Cristo es la alegría, la luz, lo verdadero, la felicidad. Cristo es nuestra esperanza. La relación con Cristo es cariño, es amor, es entusiasmo, es anhelo de lo divino. Cristo es el todo. Él es nuestra vida, Él es nuestro amor. Es amor inalienable el amor de Cristo. Desde allí nace la alegría.
La alegría es el mismo Cristo. Es un alegría que te hace un nuevo hombre. Es un locura espiritual, pero en Cristo. Te emborracha como el vino más puro, este vino espiritual. Cómo dice David:”Me preparas una mesa ante mis enemigos, perfumas con ungüento mi cabeza y me llenas la copa a rebosar”.(Salmo 22, 5) El vino espiritual no está mezclado, no está adulterado, es muy fuerte y cuando lo bebes, te emborracha. Esta divina ebriedad es regalo de Dios, que se da a los “limpios de corazón”(Mat. 5, 8)
Ayunad tanto como podáis, haced todas las metanias que podáis, disfrutad de todas las agripnías que queráis; pero que estéis alegres. Que tengáis la alegría de Cristo. Es la alegría que dura eternamente, que tiene eterno regocijo. Es la alegría de nuestro Señor, que da el sosiego seguro, el placer sereno y la felicidad más agradable. La alegría, la máxima alegría, que supera cualquier alegría. Cristo quiere también alegrarse de esparcir la alegría, de enriquecer a Sus creyentes con la alegría. Deseo, “que nuestra alegría sea completa”(1ª Jn. 1, 4)
Ésta es nuestra religión. Allí tenemos que ir. Cristo es el Paraíso, mis niños. Qué es el Paraíso? Es Cristo. Desde aquí empieza el Paraíso. Es exactamente lo mismo; todos los que aquí en la tierra viven a Cristo, viven el paraíso. Es así ésto que os digo. Es correcto, es verdadero ésto, creedme! Es tarea nuestra el intentar encontrar la manera de entrar dentro de la luz de Cristo. No se trata de que haga uno lo formal, lo superficial. La esencia es que estemos junto a Cristo. Que se despierte tu alma y que ame a Cristo, que se vuelva santa. Que se entregue al amor divino. Así nos amará también Él. Será entonces la alegría inalienable. Ésto lo quiere muchísimo Cristo, llenarnos de alegría, porqué Él es la fuente de la alegría. Esta alegría es regalo de Cristo. Dentro de esta alegría conoceremos a Cristo. No podemos conocerle, si el no nos conoce. Cómo lo dice David? “Si el Señor no construye la casa, en vano trabajan los que la construyen; si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigila el centinela”.(Salmo 126, 1)
Esto quiere conseguir nuestra psique. Si nos preparamos en función de esto, la gracia nos lo dará. No es difícil. Si cogemos la gracia, todo es fácil, alegre y bendición de Dios. La divina gracia llama continuamente la puerta de nuestra psique y espera a que abramos, para entrar en el corazón sediento y llenarlo. La culminación es Cristo, nuestra Panaguía, la Santa Trinidad. Qué cosa más bonita!
Si amas, vives en la plaza Omonia (plaza del centro de Atenas) y no sabes que te encuentras en la plaza Omonia. No ves coches, ni gente, ni nada. Estás dentro de ti con la persona que amas. Lo vives, te alegras con ello, te inspira. ¿No es verdad ésto? Pensad que esta persona que amáis sea Cristo. Cristo en tu espíritu, Cristo en tu corazón, Cristo en todo tu ser, Cristo en todas partes.
Cristo es la vida, la fuente de la vida, la fuente de la alegría, la fuente de la luz, de lo verdadero, el todo. El que ama a Cristo y a los otros, éste vive la vida. Vida sin Cristo es muerte, es infierno, no es vida. Éste es el infierno, el no amor. Vida es Cristo. El amor es la vida de Cristo. O estarás en la vida o en la muerte. De ti depende el escoger.
Que uno sea nuestro objetivo, el amor a Cristo, a la Iglesia, al prójimo. El amor, la adoración a Dios, el anhelo, la unión con Cristo y con la Iglesia es el Paraíso sobre la tierra. El amor a Cristo es el amor al prójimo, a todos, también a los enemigos. El cristiano sufre por todos, quiere que se salven todos, que todos saboreen la Realeza de Dios. Ésto es el cristianismo. A través del amor hacia el hermano, lograremos amar a Dios. Cuando lo deseamos, cuando lo queremos, cuando somos dignos, la divina gracia viene a través del hermano. Cuando amamos al hermano, amamos a la Iglesia, por lo tanto a Cristo. Dentro de la Iglesia estamos también nosotros. Entonces, cuando amamos a la Iglesia, nos amamos a nosotros mismos.
(del libro “Vida y dichos”, editado por el santo monasterio de Ζωοδόχου Πιγής- Χρυσοπηγής, Junio 2006)

1.- La temperanza: el rechazo de todo alimento superfluo, de todo uso excesivo de la bebida, y de todo vino, el respeto exacto a los ayunos instaurados por la Iglesia, el dominio de la carne por un uso moderado y siempre idéntico de la comida (aquel que tiene por efecto el debilitar todas las pasiones y sobre todo el amor a la carne, de uno mismo, de su vida y de su quietud).
2.- La castidad: rechazar todos los tipos de excesos, las conversaciones o las lecturas voluptuosas, las palabras obscenas, malvadas o con doble sentido, guardar su buen sentido (sensatez), sobre todo la vista y el oído, e incluso más aún el tacto, buscar la modestia, rechazar los pensamientos o fantasías adúlteras, amar el silencio, la hesequía, el servicio a los enfermos e inválidos, el recuerdo de la muerte y del infierno. El principio de la castidad, es un espíritu que no flaquea ante los pensamientos o fantasías adúlteras; la perfección de la castidad, es la pureza que ve Dios.
3.- La no-posesión: contenerse de lo estrictamente necesario, odiar el lujo y la apatía, ser misericordioso hacia los necesitados, amar la pobreza evangélica, tener esperanza en la divina providencia, cumplir los mandamientos de Cristo, tener el espíritu libre y tranquilo por ausencia de preocupaciones, tener el corazón blando.
4.- La dulzura: alejar los pensamientos de cólera y aquellos que enturbian el corazón y lo echa en el furor, ser paciente, seguir a Cristo llama a Sus discípulos sobre la cruz, buscar la paz del corazón, la calma del espíritu, la firmeza y el coraje cristianos, no afectarse ante las ofensas, ser magnánimo.
5.- El llanto bienaventurado: percibir la lucha común de todos los hombres y la pobreza de su alma y su aflicción, llorar en el alma, tener el corazón contrito y obtener por ello una consciencia ligera, alegría y consolación en la gracia, tener esperanza en la misericordia de Dios, dar gracias a Dios por las tribulaciones, soportar las tribulaciones con sumisión mediante el continuo pensamiento de sus innombrables pecados, estar preparado para soportar las tribulaciones que se presenten, purificar su espíritu eliminando las pasiones, morir para el mundo, desear la oración, la soledad, la obediencia, la humildad, la confesión de sus pecados.
6.- La vigilancia: el celo por toda buena obra, el cumplimiento, sin pereza, de la regla de oración en la iglesia y en la celda (habitación, hogar…), la atención durante la oración, la vigilancia escrupulosa de todos los actos, de todos los sentimientos, de todas las palabras y de todos los pensamientos, el rechazo de la confianza en sí mismo, la asiduidad a la oración y a la palabra de Dios, la reverencia, la vigilancia permanente sobre sí mismo, el rechazo del sueño prolongado, de la apatía (indolencia), de las palabras vanas o mordaces, de las bromas, el amor por las vigilias nocturnas, las metanias y otras hazañas que procuran al alma la vigilancia, el amor por la soledad en su propia celda; el recuerdo, el deseo y la expectativa por los bienes eternos.
7.- La humildad: el temor de Dios, la percepción de dios durante la oración, (realizar) una oración particularmente pura donde podamos percibir fuertemente la presencia de Dios y de su Majestad, en un estado mental perfectamente estable que engendre el temor de Dios, el profundo conocimiento de nuestra nulidad, la visión de los otros bajo la luz de un nuevo día donde parezcan sernos superiores en todo (aquello que acrecienta nuestra humildad), la ingenuidad, la simplicidad, la ingenuidad suscitada por una fe viva, el odio por la alabanza humana, los reproches permanentes hechos a sí mismo, la justicia y la franqueza, la impasibilidad, el hecho de condenarse a muerte por todo (exagerar siendo excesivamente cruel con uno mismo), la compunción, el conocimiento del misterio escondido tras la Cruz de Cristo, el deseo de ser crucificado por el mundo y por sus pasiones así como la búsqueda de dicha crucifixión (la cruz que cada uno debe soportar), el rechazo de toda especie de adulación, el rechazo de palabras falsamente modestas, de la modestia forzada o intencionada, de la habitud de fingir, la locura evangélica (locura en Cristo), el rechazo de la sabiduría terrenal como indigna del Cielo, el desprecio de todo aquello elevado entre los hombres y que en realidad es una abominación delante de Dios, el rechazo de la justificación de palabra, el silencio evangélico (silencio por Cristo, no por cualquier otro motivo) delante de los ofensores, la renuncia a toda especulación mental, la aceptación de la inteligencia evangélica (conocimiento bíblico), el rechazo de todo pensamiento que se alza contra la inteligencia de Cristo, la humildad, el discernimiento espiritual, la obediencia consciente a la Iglesia.
8.- La caridad: la oración que pasa del temor de Dios al amor por Dios, la fidelidad al Señor probada por el rechazo permanente de todo pensamiento o sensación pecaminosa, la dulce e indecible atracción del hombre entero hacia el Señor Jesús-Cristo y hacia la Trinidad, el hecho de ver la imagen de Dios en el prójimo (y la visión de Cristo que mana de dicha visión espiritual), el hecho de preferir al prójimo antes que a sí mismo, la piadosa veneración del prójimo en el Señor, la caridad ardiente (fuerte y sincera), pura, fraternal, jubilosa, imparcial, igual, por el prójimo sea quien sea, amigo o enemigo, el júbilo en la caridad durante la oración del espíritu, del corazón y del cuerpo; la inefable alegría espiritual del cuerpo, el debilitamiento de los miembros del cuerpo cuando llega la consolación espiritual (Cf San Isaac el Sirio, homilía 44), la inacción de los sentidos durante la oración, la iluminación del espíritu y el corazón, la oración tan fuerte que venza el pecado, la paz de Cristo, el alejamiento de todas las pasiones, el llenarse de razonamientos en Cristo que lo sobrepasan todo, la Teología, el conocimiento de los seres incorporales (simple conocimiento o reconocimiento, sin culto ni adoración), la derrota de los pensamientos pecaminosos para que no consigan imponerse al alma, la tranquilidad y la abundante consolación durante las tribulaciones, la contemplación de su estado interior, la profunda humildad, la humilde opinión de sí mismo. La enumeración es infinita…

Hay que aprender a rezar. Hay que adquirir la costumbre a las expresiones de la oración y a el sentimiento, correspondiente hacia ella, — no solo para leer todo lo indicado, sino que hay que avivar y fortalecer el humor espiritual de la oración.
Para que esto se realice con éxito:
Nunca lean con apuro, sino como estirando las palabras, como sonsonete, extendiéndola en el tiempo. Así antiguamente todas las oraciones eran tomadas de los salmos y no se decían, se cantaban.
Compenétrense con cada palabra y no solo entiendan el pensamiento en su sentido, sino que estimulen el sentimiento correspondiente,
Para no apurarse mas a leer las oraciones, tengan como regla, no solo leer esto o aquello, sino permanecer en oración cierto tiempo, digamos quince minutos, media hora,... el tiempo que habitualmente suelen dedicarle, y no se preocupen de la cantidad del leído: cuando llegó la hora marcada, si no tienen voluntad de seguir adelante, terminan la lectura.
Acondiciónese de manera de no mirar el reloj, acomódese como si fuera para un tiempo indeterminado, entonces el pensamiento no va a correr adelante...
Para ayudar a tener el sentimiento de oración: en el tiempo libre, relea y repase todas las oraciones de su regla, y revívalos para que cuando comience a rezar, sepa por adelantado que sentimiento tiene que provocar en el espíritu.
No lean las oraciones una atrás otra, sino que interrumpan para intercalar con sus propias oraciones y flexiones. Cuando algo externo durante la oración viene en el corazón, inmediatamente interrumpa y haga flexiones. Esta es la regla mas necesaria e indispensable para educar el sentimiento de oración... Si algún sentimiento se vuelve muy fuerte, quédense con él, y hagan genuflexiones o inclinaciones, e interrumpan la lectura... así hasta terminar el tiempo establecido.
Hagan oraciones no solo de mañana y de tarde, pero, si es posible, a cualquier hora del día; además acompáñelas con varias flexiones.
Cuando las ocupaciones no permiten cumplir plenamente la regla oratoria, disminúyalas, pero nunca las realicen con prisa. Dios está en todas partes. Al levantarte, agradece a Dios y con tus palabras pídele bendición para tus labores — algunas flexiones y alcanza. Nunca diríjanse a Dios de cualquier manera, sino que siempre con mucha veneración. Él no necesita de nuestras flexiones, ni oraciones repletas de palabras... puede ser corto — pero que sea un fuerte y sincero gemido del corazón, — esto es lo que le llega a Él! Y esto siempre se puede realizar.
La regla de la oración la podemos componer nosotros mismos. Aprende de memoria las oraciones que encuentras en el libro de oraciones y rézalas de memoria con atención y sentimiento. También de tu parte agrega una plegaria; cuanto menos dependas del libro mejor. Aprende de memoria ciertos salmos y mientras te diriges a algún lado a hacer algo, y la cabeza no está ocupada, rézalos... Esto es tu coloquio con Dios. El método existe para orientar y no para ser algo esclavizante o rígido.
Hay que evitar de reducir la oración a algo formal y automático. Que sea una cosa juiciosa, decidido libre, y realizado con convicción y sentimiento, y no de cualquier manera. En caso necesario hay que saber abreviar partes del método. En la vida familiar pueden haber imprevistos... Cuando el tiempo es limitado, pronuncien oraciones de memoria solamente de mañana y de noche, solo las oraciones correspondientes, se permite no decirlas en su totalidad, sino solo algunas de ellas,... o no decir ninguna, solo realizar algunas flexiones, pero con el rezo de todo corazón. El método hay que tratarlo libremente, y proceder como dueño de él y no como su esclavo. Ser esclavo solo de Dios, y sentirse obligado a consagrar cada minuto de la vida a Él.
El regla de oración es una palizada segura para ella. La oración es un hecho interior y el método de la oración es — exterior. Pero, como sin la parte externa (cuerpo), el hombre no es plenamente hombre, así la oración, sin regla para orar, — no es completa. Lo uno y lo otro hay que tenerlo y en lo posible cumplirlo. Ley determinante: orar interiormente en todo momento y en todo lugar. La oración, dicha con palabras, no puede realizarse sin determinado tiempo, lugar y medida. El conjunto de estos tres elementos, constituye el método de la oración.
Y aquí el instructor tiene que ser el juicio razonable. Cuando, donde, cuanto tiempo dedicarle a la oración, y cuales oraciones realizar — esto cada uno puede determinar de acuerdo a sus circunstancias individuales: aumentarlas, disminuirlas, cambiar el tiempo y lugar... Lo importante es que todo esté dirigido a realizar correctamente la oración interior. Acerca de la oración interior, hay que tratar de realizarla continuamente.
Qué significa rezar continuamente? Permanecer constantemente con el humor de oración — esto significa dirigir nuestro pensamiento y sentimiento hacia Dios. Pensamiento en Dios — acerca de Su presencia, qué está en todas partes, todo lo ve y todo lo mantiene en su poder. Sentimiento a Dios — temor a Dios, amor a Dios, el ferviente deseo de agradarle en todo y evitar lo que no le agrada, y lo principal — es la plena entrega de si a Su santa voluntad; todo lo que nos sucede, recibir, como salido de Su propia mano. El sentimiento a Dios lo podemos tener en todas nuestras obras, ocupaciones y circunstancias, si ya lo poseemos en el corazón, (y no, que todavía lo estamos buscando).
La mente puede distraerse en diferentes objetos, pero aquí nos ayuda la costumbre de no apartarnos de Dios, sino que realizar todo, sin olvidar la presencia Divina. Todo nuestro cuidado hay que dirigirlo hacia estos dos objetivos: pensamiento y sentimiento hacia Dios. Cuando les poseemos — hay oración, aunque sin palabras. La oración de la mañana está ordenada para establecer en el corazón y el sentido estos dos elementos, y con ellos salir hacia nuestras tareas ulteriores. Si en la mañana tenemos esto en nuestra alma, vamos a rezar correctamente, aunque no hayamos leído todas las oraciones escritas.
Supongamos que de mañana tenemos este estimulo y así comenzamos nuestras tareas. Desde el primer paso dado, comenzarán las impresiones de los hechos, cosas y personas, distrayendo nuestra alma de Dios. Qué hacer? Hay que renovar el pensamiento y sentimiento en acercamiento interno de la mente y corazón a Dios. Para ello hay que acostumbrarse a la oración corta y repetirla a menudo. Cualquier oración corta nos conduce a ello. La mejor de todas las oraciones — es hacia el Señor Salvador: ."..Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí." Hay que tratar de acostumbrarse a ella y nunca dejarla. Una vez enraizada en nosotros, ella será nuestro continuo timón para permanecer en Dios, con pensamiento y espíritu. He aquí todo el programa de lo que hay que hacer para tener oración.
Los que recién comienzan, hay que aprender a rezar correctamente, con oraciones determinadas para asimilar su significado, su sentimiento, y frases oratorias. Porque la palabra dirigida a Dios tiene que ser magnificente. Cuando el que aprende a orar domina esto, puede orar no solo con palabras adquiridas sino con las suyas propias.
Ejemplos de maneras de invocaciones a Dios se pueden encontrar en las 24 oraciones cortas de San Juan Crisóstomo, que se encuentran al final de las oraciones nocturnas. Se pueden tomar otras oraciones de salmos, de oraciones eclesiásticas o propias de nosotros mismos.
San Teofano el Ermita

Nació el 29 de septiembre de 1910 en el distrito de Hunedoara y fue bautizado con el nombre de Zian Boca. Desde muy joven destacó por su aplicación a los estudios, siendo nombrado jefe de promoción al terminar la educación secundaria en 1929, en el Liceo Nacional Ortodoxo "Avram Iancu".
Ese mismo año, se inscribe en la Academia Teologica de Sibiu, la cual termina en 1933. Inmediatamente es becado por el Metropolita Nicolae Balan, de Ardeal, para realizar distintos cursos en el Instituto de Bellas Artes de Bucarest. Al mismo tiempo, es oyente en la Facultad de Medicina en la cátedra del profesor Francisc Rainer y también se prepara en Mística Cristiana con Nichifor Crainic de la Facultad de Teologia de Bucarest. En vista de su talento artístico, el profesor Costin Petrescu le encomienda la creación de la escena representando a Miguel el Valiente del Ateneo rumano. Siguiendo instrucciones del Metropolita Balan, viaja al Monte Athos para obtener algunos manuscritos de la Filocalia en rumano y griego. Durante esa travesía vive una profunda experiencia espiritual que luego le será importante al iniciar su monacato.
El 29 de septiembre de 1935 es nombrado diácono célibe. En el año 1939 permanece durante tres meses en la ermita rumana Prodomu del Monte Athos y luego es enviado al Monasterio de Sambata de Sus, distrito de Braşov. En 1940 es oficialmente tonsurado y dos años después ordenado sacerdote, siéndole asignado el cargo de stárets del Monasterio Brancoveanu, que bajo su dirección empieza a retomar importancia entre la feligresía.
Así, en sus primeros años como stárets da vida al llamado "movimiento de de resurrección espiritual". Esto le gana una enorme reputación como "Padre Espiritual", iniciando una continua comunicación con el también stárets Cleopa Ilie, que se ve interrumpida cuando la Securitate confisca las cartas enviadas. En el invierno del año 1944, el profesor Nichifor Crainic verifica en el Monasterio Sambata de Sus, la traducción hecha por el stárets Boca y Serafim Popescu de la Filocalia; en la primera versión que vio la luz durante el régimen comunista, el nombre de Arsenie Boca no es mencionado intencionalmente. Esto no impide que Dumitru Staniloae, con quien trabajó extensamente la traducción de la Filocalia, lo nombre simbólicamente como "fundador de la Filocalia rumana".
Durante los años de ocupación de Rumanía por parte de la armada soviética, es arrestado por primera vez en Ramnicu Valcei, el 17 de julio de 1945, enviado a Bucarest y liberado trece días después, por ausencia de cargos. Un año más tarde, el 14 de mayo de 1948, es arrestado nuevamente, sindicado de ayudar con alimentos a milicianos anticomunustas de Monte Fagaras. Como una forma de escarmiento público debido a su notoriedad, es retenido un mes y medio, tiempo en el cual es sometido a continuos interrogatorios sobre sus actividades. Probablemente por este motivo, el Metropolita Nicolae Balan lo transfiere al Monaserio Prislop en noviembre de 1948.

En el Monasterio Prislop es nombrado stárets, ejerciendo ahí como "Padre Espiritual", con interrupciones en los períodos en los que fue nuevamente arrestado(1950, 1951, 1953, 1955, 1956). En 1959, autoridades del régimen comunista empiezan a dispersar la comunidad del Monasterio, sometiendo al P. Arsenie a más detenciones, y prohibiéndole ejercer su actividad sacerdotal. De esta forma, es acusado falsamente de irregularidades financieras en la conducción del monasterio. (En 1998 esa resolución fue derogada "post mortem"). Siguiendo una forma de exilio en Bucarest, se mantiene en adelante al margen de cualquier actividad o manifestación pública religiosa. Aún con sus dos licenciaturas, una en Bellas Artes y otra en Teología, no logra trabajar sino como pintor interior de iglesias, hasta que es jubilado en 1968. Permanentemente vigilado por la Securitate, se retira a la localidad de Sinaia en donde además de su celda monacal también rehace su pequeño taller de pintura y se dedica a diseñar la iconografía de la iglesia de Draganescu, trabajo que termina en 1984. Fallece el 28 de noviembre de 1989, a la edad de 79 años. Es enterrado, según lo que en vida había pedido, en el Monasterio Prislop, el 4 de diciembre de 1989.
Algunos fragmentos de los escritos del Padre Arsenie Boca.
"En el cristianismo, el hombre es elevado al nivel de colaborador de Dios, siento esta colaboración el destino de los Talentos: éstos son la señal de esta cooperación que Dios le pide al hombre. Trabajando con esos dones, trabajas también orientado al destino. El hombre no encontrará ninguna paz hasta que no sepa qué es lo que quiere Dios de él.
La vida no es un fin en sí misma, sino solamente un medio, es el marco de un destino o está enmarcada en un destino. Muchos temen a la palabra "destino", que no signifique de alguna manera "predestino", que les lleve a encontrarse en algún momento siendo parte de alguna doctrina que impida la libertad de la voluntad, sin el concepto específico de la responsabilidad última.
¿Cómo no responder a lo que te ha dado Dios? ¿Y cómo no responder, si no haces lo que se te ha otorgado hacer?"
"No conozco una conquista más grande, que la renunciar a tí mismo y llegar a ser libre: es "vivir la libertad del espíritu". La Verdad los hará libres. Luego, entendemos que sin éste peaje para nuestros actos pasados, seguiríamos en la mentira, rodeados de ilusiones y apresados bajo las ruedas de las necesidades absurdas. De todo esto nos ha librado Jesús. ¿Cuándo? Cuando lo conocemos a Él, como corazón de nuestro corazón, como alma de nuestra alma. Le podemos conocer sólo en el amor y en la felicidad que sentimos cuando renunciamos a nuestro "yo" y nos hallamos frente a frente con Él
Nosotros no prometemos seguir a Jesús en el gran viaje interior de regreso al Padre, y sólo por nuestra simple determinación, la Divina Providencia lleva a cabo, despacio, este deseo nuestro. Así pasamos nuestro primer "examen de admisión", el examen de la cruz. Hasta aquí éramos una suma de deseos y arreglos terrenales, que ensombrecían la luz de Dios en nuestra vida. Así, la cruz es en este punto de decisión, la línea frente a nuestros deseos humanos, frente a la cual desciende Dios, una línea transversal. La Providencia, siguiendo nuestro interés eterno, envía sobre nuestras cuentas las correcciones divinas. Toda esta corrección la sentimos como una experiencia de cruz; debe pasar un poco de tiempo para cosechar y entender "que tal como sucedió" fue la mejor manera posible, y no cómo hubiéramos querido en nuestra obstinación. El sufrimiento éste, que nos simplifica lentamente la vida, que pone la condición de la cruz ante todo, es el símbolo de la eterna posibilidad de la plenitud".