Friday, November 9, 2018

Un vivo pensamiento en Dios ( San Juan de Kronstadt )

Que remarcable es la propiedad de la fe: un vivo pensamiento en Dios, la fe del corazón
—y Él esta ya conmigo; el arrepentimiento sincero en los pecados 
— y Él esta conmigo; un pensamiento bueno y sentimiento piadoso 
— y Él esta conmigo. Pero el demonio puede entrar en mi por la falta de fe, dudas, pensamientos orgullosos, pecaminosos y viciosos. Resulta, que su poder sobre mi es limitado y depende de mi mismo. Prestando yo mas atención a mi estado, rezando mas a nuestro Señor Jesucristo, el demonio no tiene poder hacerme algún daño.

San Juan de Kronstadt 
 
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Tuesday, October 30, 2018

Santo Dimitrio, Metropolita de Rostov ( Octubre 28 )

Era de Kiev cerca de la ciudad de Macárov. Hijo de cosacos, nació el 21 de diciembre de 1651. Estudió en la academia de Kiev. Pero por las alarmas de la guerra debió dejar la academia para proseguir sus estudios individualmente. Habiendo tomado el estado monástico en uno de los monasterios fue prontamente seleccionado por el arzobispo Lázaro Baranóvich quien le encomendó predicar en su catedral principal. En los dos años siguientes San Dimitrio predicaba asiduamente y así se hizo famoso por su verborragia tanto en Lituania y Pequeña Rusia o Ucrania, lo que hacía que se lo disputaran para la prédica en cada país. A los 33 años de edad San Dimitrio se abocó a su imperecedero trabajo de 12 volúmenes - Martirologio.

En 1702 fue nombrado por Pedro I para el puesto de Metropolita de Rostov. Siendo Metropolita, el eminente santo salió a la lucha contra la escisión y escribió un detallado estudio acerca de las principales escisiones sectoriales bajo el título:" Investigación de la religión de Briansk." Siete años de su trabajo como arzobispo de Rostov nos ofrecen un trabajo continuo para la consolidación de la fe. Recorría su diócesis de lado a lado enseñando y evangelizando. Afligido por la insuficiente instrucción de sus súbditos y sacerdotes, organizó bajo su peculio en Rostov un centro de enseñanza y fue un padre muy cercano a sus alumnos. Se reunían a menudo en derredor de él y entonaban cánticos religiosos compuestos por él. Muchos de ellos ("Jesús mi encantador," "Clamo por Dios en mis penas" y otros) los cantaba el pueblo antes de la revolución Rusa. La vida particular de san Dimitrio estaba llena de sacrificios, de ayuno, oración y caridad. Su alimento era el más sencillo y siempre en cantidad limitada. Recibía a todos, era muy cariñoso e indulgente. El 28 de octubre de 1709 el gran devoto de la sabiduría y devoción, dejó esta vida durante la oración en su celda, lo encontraron de rodillas caído delante del ícono del Salvador. A los 43 años en 1752 fueron encontrados sus restos imperecederos, y el beato Dimitrio fue consagrado Santo. Además del Martirologio y la Investigación de la religión de Briansk, el beato Dimitrio tiene escritos y enseñanzas, Compendio de Catequisis, Crónica de la celda, Crónica de zares y patriarcas, Catálogo de los metropolitas Rusos y otras obras. Las obras del beato Dimitrio están empapadas de una profunda fe, calidez y se comprenden fácilmente, ya que el idioma ruso usado en esos trabajos es de mucha sencillez y elegancia.
 
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Friday, October 26, 2018

Solo no olvides tu pecado... ( San Serafín de Sarov )

El Señor a veces permite que las personas que están dedicadas a Él caigan en vicios terribles; y esto es para evitar que caigan en un pecado aún mayor: el orgullo.

Tu tentación pasará y pasarás los días restantes de tu vida con humildad. Solo no olvides tu pecado.

San Serafín de Sarov
 
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Sunday, October 21, 2018

No tiene nada que ver con los cismáticos y absolutamente nada con los herejes... ( San Antonio el grande )

No tiene nada que ver con los cismáticos y absolutamente nada con los herejes. . . Como saben, yo mismo los he evitado debido a su odio a Cristo y su herejía heterodoxa ".


San Antonio el grande
 
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Wednesday, October 17, 2018

El Señor no se muestra a un alma orgullosa. ( San Siluan el Athonita )

El Señor no se muestra a un alma orgullosa. El alma orgullosa, sin importar cuántos libros lea, nunca conocerá a Dios, ya que por su orgullo no da lugar a la gracia del Espíritu Santo, mientras que Dios es conocido solo por el alma humilde.


San Siluan el Athonita
 
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Monday, October 8, 2018

El mal empieza de los malos pensamientos. ( San Porfirios del Monte Athos )



El mal empieza de los malos pensamientos. Cuando te enfadas, te disgustas y te amargas, aunque sea sólo con el pensamiento, estropeas tu ambiente espiritual. Impides que el Espíritu Santo actúe y envíe la energía increada y así permites al diablo que aumente el mal. Tú siempre tienes que orar, amar y perdonar, expulsando de tu interior cada malo loyismós (pensamiento, fantasía, idea, reflexión).

San Porfirios del Monte Athos


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Wednesday, October 3, 2018

El precio de la Santidad ( San Juan Maximovitch )


"Yo no moriré, viviré y contaré la obra del Señor"(Salmo 117:17).
Antes de mi tiempo en el seminario, tuve noticias del Arzobispo Juan, solo como Juan de Shangai. Yo no frecuentaba los círculos que lo conocían y ni siquiera sabía que no vivía más en Shangai. En mi familia había mucha tristeza debido a enfermedades, sabía de Juan de Shangai, de sus curaciones y ayudas. Sin embargo no tenía idea de cómo localizarlo y menos aun cómo dirigirme a él. En ese entonces tampoco sabía que era obispo. Finalmente conseguí su dirección, le escribí mi deseo de tener sus plegarias. No recibí respuesta a mis dos cartas. Solo cuando fuí seminarista en el Seminario de la Santa Trinidad en Jordanville, Nueva York, tuve la felicidad de encontrarlo. Esto ocurrió con la ayuda de mi verdadero benefactor el P.Vladimir, en las circunstancias que paso a relatar:
Fue en noviembre de 1959. Los seminaristas nos estábamos preparando para el onomástico de San Juan de Kronstadt. La canonización de este verdadero virtuoso se había prorrogado aunque los preparativos se iniciaron en 1952. La gente esperaba que en cualquier momento llegara la solemne glorificación para regocijo de todos.
Yo tenía por costumbre ir todas las mañanas a la oficina del P. Vladmir para recibir su bendición del día. Era una mañana fría, antes del desayuno corrí a su oficina. Golpeé con vigor su puerta, que abrió rápidamente y con un dedo cubriendo su labio en señal de silencio, me sorprendió al decir que el Arzobispo Juan había llegado de Europa la noche anterior. Cerró la puerta detrás de mi, tomo aliento y luego me relató lo que continua, que me dejó en estado de sorpresa e inspiración espiritual:
Tarde la noche anterior había visto desde la ventana de su celda, que estaba en el cuarto piso con vista hacía la iglesia, la llegada de un coche y la imagen familiar de la figura pequeña y encorvada del Arzobispo Juan descendiendo. Primero, el Arzobispo Juan se dirigió a la iglesia acompañado de varios de nuestros padres. Una leve nieve cubría la tierra y el padre Vladimir pudo ver claramente que el Arzobispo usaba sólo sandalias, mientras el viento soplaba fuerte vio sus piernas desnudas en el frío noviembre de Nueva York. Como era tarde, el padre Vladimir asumió que todos irían a la cama y que sólo a la mañana saludarían al bienvenido huésped. Con un sentimiento de gratitud a Dios se volvió hacía el rincón del icono y continuó sus oraciones monásticas. No podía dormir debido a la excitación interna, cuando en la quietud de la noche escuchó a alguien caminar lentamente en el piso inferior, parando cada cinco pasos y retomando su caminata. Escuchó los pasos subiendo las escaleras de peldaños de cemento que hacían que se sintieran más fuertes. Luego los escuchó en el cuarto piso, cerca de su puerta. Sabía que era el Arzobispo Juan que se detenía en la puerta de la celda de cada uno de los monjes para orar y darles su bendición. Todos estaban dormidos. El corazón del P. Vladimir palpitaba cuando lentamente el santo jerarca se detuvo ante su puerta. El P. Vladimir sosteniendo el aliento parado frente a la puerta cerrada, sintió el cuidado y el amor que el Arzobispo Juan sentía por cada uno de los miembros del monasterio y seminario. Cuando los pasos se detuvieron a centímetros de la puerta, P. Vladimir aprovechó la oportunidad para orar por los desafortunados y los necesitados. Luego, lentamente continuaron los pasos, deteniéndose en la puerta de cada hermano y desapareciendo hasta que finalmente descendieron al piso inferior, ya no se los escuchaba.
Observando desde su ventana, el padre Vladimir vio al santo jerarca visitar todos los edificios del monasterio donde moraba la hermandad: el granero alejado, el edificio del seminario cruzando la calle… y luego, para su sorpresa, los pasos nuevamente comenzaron a subir las escaleras, y nuevamente el Arzobispo Juan caminaba con lentitud por los largos corredores del edificio principal y así continuó toda la noche. En la mañana, el Arzobispo ofreció la liturgia, y bendijo a todos los que se acercaban pidiendo su oración.
Apenas terminó el P. Vladimir de relatarme la experiencia de la noche anterior me dijo que escuchaba nuevamente esos pasos familiares y que esa sería mi oportunidad. Si el Bendito Juan llegara a entrar en la oficina ahora, me dijo que le pidiera las plegarias para mi hermana enferma. Que al verlo debía arrodillarme ante él, pedirle su bendición, darle el nombre del enfermo por escrito y una pequeña donación para el orfanato del Obispo. Cuando dije que no tenía dinero, el P. Vladimir sacó de su escritorio un par de dólares. De pronto se abrió la puerta a mis espaldas y el P. Vladimir dijo con alegría " Santo Vladika, dénos su bendición ! " Me di vuelta y frente a mí estaba un extremadamente pequeño monje encorvado, con cabello blanco despeinado, con un klobuk torcido, de color negro y una expresión muy austera. En realidad, toda su apariencia era austera casi despiadada, mientras estaba parado justo frente a mi, con el aire invernal aún emanando de él, me hizo estremecer. Sabía que estaba ante un santo de otro mundo, un mártir vivo de la Rusia crucificada. Conocía muy poco de su vida y de sus milagros y labores ascéticas, pero sentía que algo rudo y extraordinario se concentraba en él, un anciano encorvado pero aún enérgico.
Recordé las palabras del P.Vladimir sobre la manera en que debía dirigirme al santo jerarca, me arrodillé ante él, pedí su bendición y con temor y prisa le pedí que rezara por mi hermana. No había nadie más con él, lo cual fue menos atemorizador, ya que sus primeras palabras fueron un rezongo por haberme arrodillado. Sin mirarme repitió tres veces que debía escribir el nombre de mi hermana en un papel y rechazó los dos dólares que dejé en sus manos. No recuerdo lo que sucedió luego, pues sentí temor y comencé a tartamudear. Al ver mi confusión y sentir el sudor de mis manos me miró con una sonrisa que me aseguraba que todo estaba bien. Entendí que el consejo del P.Vladimir de arrodillarme, no era de su agrado, y me alegró escucharle decir el nombre de mi hermana tres veces. Sacó de su bolsillo algunas notas con pedidos de oraciones y le agregó a ellas una pequeña nota que el P.Vladimir escribió rápidamente para luego dejar en mi mano. Luego hizo algunas preguntas sobre mí, también quiso saber si asistiría con los otros seminaristas al servicio del día siguiente en la iglesia en Utica, Nueva York dedicado a San Juan de Kronstadt. Después de unas palabras con el P.Vladimir que le entregó nuestras últimas publicaciones y de una discusión que surgió cuando se las quiso abonar, el Obispo se marchó.
Sentía alegría en mi alma por haber podido conversar con un santo, me volví hacia el P.Vladimir para que me contara algo más del Arzobispo Juan, pero no escuché nada de lo que mi apreciado benefactor P.Vladimir me dijo. Estaba bajo los efectos de la conmoción de haber encontrado un hombre que no era de este mundo. Fue por medio de la buena voluntad del P.Vladimir que encontré a mi padre espiritual de Optina, P. Adrian; mi Athonite mayor, Schemamonk Nikodim de Karoulia; mi futura conexión en Alaska con San Herman, Aichimandrita Gerasin; y finalmente el Arzobispo Juan quien pocos años después sería el fundador de la Hermandad de San Herman. Aquella tarde, el P. Joseph, nuestro director del coro estaba seleccionando los mejores cantantes para ir a Utica a cantar la divina liturgia en honor del onomástico de San Juan Kronstadt. Como no poseía grandes talentos musicales, tenía poca esperanza de que me seleccionaran pero para mi gran sorpresa, el padre Joseph me eligió como un "adecuado" barítono, y me sentí dichoso de que me llevaran y de poder escuchar el sermón del Arzobispo Juan.
Llegamos temprano y pudimos cantar toda la Liturgia bien y sin errores. Mi atención estuvo fija en la peculiar figura del Bendito Juan, quien se veía aún más pequeño que la primera vez que lo encontré en la oficina. Cuando le ponían las vestiduras, en el subsuelo de la iglesia, observé que estaba extremadamente enflaquecido, era muy poco lo que cubría sus huesos, excepto lo que parecía un estómago prominente y que resultó ser una bolsita con sus pertenencias. En ella llevaba un icono de aproximadamente 30 cm. enmarcado en terciopelo púrpura, con las reliquias de su distante pariente y santo patrono, San Juan Maximovitch de Tobolsk, también llevaba otros objetos como su epitrachelion, puños litúrgicos, etc. Su sotana era azul brillante hecha con una tela china delgada y barata. Las vestimentas que cubrían su sotana también eran peculiares, aunque correspondían a un jerarca, eran de lino blanco con pequeñas cruces púrpuras y naranjas bordadas en toda su extensión, daba la impresión de que habían sido bordadas por sus huérfanos de Shangai. Su mitra no era redonda y brillante, no tenía el esplendor de las que llevan los pontífices sino que era sencilla, se podía doblar para llevarla en sus viajes, se parecía más a una gorra de monje de extraña forma. Era también blanca y con pequeñas cruces de hilo púrpura y naranja y tenía pequeños iconos de papel pegados en los cuatro lados. Toda la vestimenta era más larga que su propia estatura, su cabello despeinado, la expresión de su rostro era de enojo, su labio inferior caído y sus pequeños ojos negros a menudo cerrados. Pero lo peor fue su discurso, no pude comprender ni una oración de su sermón. Entendí que combinaba el significado de San Juan de Kronstadt, San Juan de Rila, el santo profeta Joel, Cleopatra y su pequeño hijo Juan, y contaba como Juan escupió a su torturador quien lo mató ante los ojos de su madre. También habló de la resurrección de Cristo. Me daba cuenta de que el sermón era profundo, porque mencionó partes de troparion y kontakion. Por más que me esforzaba y me ubicaba más cerca, no pude comprender su sermón.
La mayor sorpresa, sin embargo, fue durante la procesión alrededor de la iglesia con la bendición del agua. Cuando el rociaba con el agua bendita se dirigía principalmente a los monaguillos. Los jóvenes sentían que eran el centro de su atención y se enorgullecían de ser santificados por su amado pastor. Volví al seminario en un estado de profunda satisfacción, como si un impacto marcara mi vida. El Arzobispo Juan regresó a Francia, y yo pensaba que no lo vería nunca más pero después de mi graduación, misteriosamente me llamaron para servir a la iglesia en California, gracias a su especial llamado.
Dos años más tarde, en el verano de 1961, el día de mi graduación en el seminario, partí en una peregrinación al hogar de San Herman y a las reliquias santas en Alaska. Me había dado la bendición el Metropolitano Anastasio, quien me dijo: "Dios te bendiga, ve e inclínate en nombre nuestro ante el Apóstol Herman ya que nuestra edad avanzada nos impide viajar. Reza por nosotros allí y lleva nuestra bendición a nuestro hermano el Archimandrita Gerasim". Esta memorable peregrinación me dio un claro cuadro de la realidad eclesiástica, y me puso para el resto de mi vida en el sendero bendecido de San Herman. Antes de mi partida, el Padre Vladimir bendijo mi viaje con un pequeño icono de los santos Sergio y Herman de Valaam que era una bendición de su Mayor, el Padre Philemon de Valaamite. También me entregó una soga de bendiciones que yo procedí a usar. Tanto el icono como la soga de oraciones fueron colocadas en las reliquias de San Herman.
En mi viaje de regreso paré por una semana en la rectoría de la iglesia en Seattle en un cuarto de huéspedes en el segundo piso. Durante mi estadía perdí la cuerda de oraciones. Luego fui a Canadá a visitar el desolado skete del santo Arzobispo Iosaph. Recorriendo las praderas canadienses y visitando los sketes, me lamentaba de haber perdido la cuerda de oraciones, no hallaba consuelo porque la bendición de Valaam y de San Herman estaban con ella. Perdí las esperanzas de encontrarlas y retorné a San Francisco vía Seattle, donde tenía programado dar al Arzobispo Tikhin, al obispo Nektary, a la Abadesa Ariadna y sus hermanas del convento, un show de diapositivas de mi viaje a Alaska. La Abadesa había anunciado mi disertación en el diario. El show de diapositivas sería muy importante, había invitado a todos los alumnos de su escuela parroquial y a la juventud de la zona.
Un día antes del evento me puse muy nervioso. La abadesa me preguntó si no me importaba compartir mi charla con el Arzobispo Juan que había llegado de Francia. También me dijo que había organizado una recepción. Me sentí halagado pero al mismo tiempo petrificado de dar mi charla en presencia de alguien tan importante como el Arzobispo Juan. Ella me aseguró que era muy amable y comprensivo, que tenía el alma de un niño, y si mi charla se desarrollaba de manera sencilla, iba a ser un éxito.
Llegué más temprano de lo que esperaba, apenas crucé la puerta me llamaron para atender un llamado de Seattle, de mi amigo George Kalfov. George había sido acólito del Arzobispo Juan en Shangai, el Arzobispo lo había curado cuando tenia catorce años. Me había contado muchas cosas del Arzobispo y dijo que había sido constantemente perseguido lo cual me costó comprender.
Mientras subía los escalones de la iglesia, la abadesa Ariadna me apuraba para atender la llamada de larga distancia que estaba en su habitación, debajo del balcón de la iglesia. Al entrar, vi al Arzobispo Juan sentado al teléfono, haciéndome señas para que me acercara. Me dio el auricular y lo primero que George me dijo fue: ¿Dónde esta tu cuerda de oraciones? , admití que la había perdido y que era irremplazable. En ese momento el Arzobispo Juan, aún sosteniendo el auricular contra mi oído, saco mi cuerda de oraciones de su bolsillo. George me contó que el Arzobispo se había hospedado en Seattle, en mi mismo cuarto, fue allí donde encontró la cuerda. Al verla en sus manos automáticamente intenté alcanzarla, él me dejo tocarla luego la alejó de mi alcance, como si no quisiera compartirla conmigo. Posteriormente dijo "¿vendrías conmigo a San Francisco para trabajar juntos?". Yo asentí y comencé a tirar de la cuerda, pero él mirándome a los ojos con una sonrisa la alejó de mi alcance. Mientras tanto George que escuchaba lo que sucedía me dijo que con este gesto el Arzobispo me ofrecía trabajar con él. Reconocí que la divina providencia me daba a mi, poco merecedor, tal gran honor de estar junto al Arzobispo. La abadesa Ariadna, al ver esto confirmó que había sido la voluntad de Dios que el Arzobispo encontrara mi cuerda de oración. Y no se equivocó, por el resto de mi vida estuve ligado a la bendición del Arzobispo Juan.
Mi discurso fue un éxito. Cuando finalicé también el Arzobispo concluyó su mensaje. Durante la recepción las hermanas del convento, hijas espirituales del Arzobispo de Shangai, me hablaban de él, yo escuchaba mientras comía pastelitos dulces, tan feliz como una alondra.
Durante el curso de la conversación, ese día el Arzobispo me insistió que diera una charla a sus antiguos huérfanos del orfanato de San Tikhon, en la calle Balboa y que me pusiera en contacto con la supervisora Alexandrovna Shakhmatova, para arreglar la fecha del encuentro. Sin demora arreglé para visitarla al día siguiente, mi encuentro con aquella mujer me dejó una profunda emoción para el resto de mi vida. La Sra. Shakhmatova era como una madre para cientos de niños. No perdía el tiempo con ellos, tenía un buen contacto psicológico con esas almas jóvenes. Quedé encantado por su buen sentido del humor y una aguda percepción de los jóvenes.
Mi preocupación en los viajes era el reclutamiento de nuevos seminaristas para el seminario de la Santa Trinidad, y no dudaba en cada uno de mis paraderos, de conversar sobre el tema. En el caso de la Sra. Shakhmatova, sin embargo era ella la que iniciaba la conversación, ella hablaba, yo escuchaba y respondía a sus preguntas. Me gustó desde el principio su personalidad dinámica, quería que yo tomara parte en su mundo, me veía como un amigo potencial para sus huérfanos que estaban perdiendo a Dios en la desalmada atmósfera Americana. También deseaba yo saber más acerca del Arzobispo Juan pero antes de avanzar con esas historias ella quería que yo influenciara a uno de sus muchachos para entrar en el seminario. La Sra. Shakhmatova quiso que me encontrara al día siguiente con él y así fue. Mas tarde, las historias que me contó del Arzobispo me hicieron ver que él representaba el más grande espectro de la rectitud. Mi estudio de su vida se inició con la visión de la Sra. Shakhmatova. Ella había sido testigo de la exigencia ascética del monje en Shangai desde su llegada, el día de la Festividad de la entrada de Theotokos en el templo en 1934, el año en que yo nací. La Sra. Shakhmatova había tenido un matrimonio difícil y se había incorporado al orfanato del Arzobispo en Shangai casi en sus comienzos. Sus hijos también estaban en el orfanato. Ella veía como el Arzobispo Juan se crucificaba a sí mismo en la fundación y administración del orfanato dedicado a su santo, San Tikhon de Zadonsk, de quien recibiera su inspiración. Las condiciones de vida eran terribles y las necesidades de los niños, cuyos padres habían escapado del comunismo eran sobrecogedoras. El joven Obispo, desde el comienzo, reunió a un grupo de señoras de su parroquia, les pidió que fundaran un comité, alquilaran una casa y abrieran un albergue para huérfanos o niños de padres necesitados. Nunca se escribió sobre los capítulos del orfanato de San Tikhon. La sorprendente manera en la que el Bendito Juan recogía y alimentaba a los niños requiere la habilidad de un escritor para que las capture por siempre. Muchos niños estaban desnutridos, habían sido abusados y atemorizados hasta que el Arzobispo Juan los llevaba a su albergue y escuela. Cada niño tenía una historia traumática y fueron más de tres mil los que pasaron por el hospicio.
La Sra. Shakhmatova compartió algunas conmigo. Una de ellas sobre un niño de nombre Paul que había presenciado como los comunistas mataron a sus padres cortándolos en pedazos. El trauma dejó al niño mudo, ni siquiera podía pronunciar su nombre. Era como un animalito enjaulado, miedoso de todo, escupía y solo confiaba en sus puños.
Lo dejaron en el hospicio cuando estaba repleto sin lugar para uno más. Como Paul era tan miedoso las señoras pensaron que era anormal y lo rechazaron por temor a que asustara a los otros niños. Cuando el Arzobispo Juan se enteró demandó que lo admitieran y dejó todo para recibirlo. Nadie sabía que era ruso y que hablaba ruso pues solo mascullaba y siseaba como un animal enjaulado. El Arzobispo Juan se sentó ante el niño que temblaba y le dijo mientras lo abrazaba: " Se que has perdido a tus padres, pero ahora tienes a uno en mí " Dijo esto con tanto poder que el niño estalló en lágrimas y su voz resurgió.
En los barrios bajos de Shangai había casos en los que perros devoraban a niñas bebés que arrojaban en los tachos de basura. Cuando el Arzobispo Juan escuchó esto, le dijo a la Sra. Shakmatova que comprara tres botellas de vodka china y que lo acompañara a esas barriadas, donde era de público conocimiento que mataban a gente mayor. Sin temor, como siempre el Arzobispo Juan insistió a la horrorizada señora que lo acompañara. Ella recordaba el espanto que sentía cuando caminaban en la oscuridad de la noche entre borrachos, personajes sombríos, maullidos y ladridos de perros. Ella sostenía las dos botellas en sus manos siguiéndolo con perturbación, cuando se escuchó la queja de un borracho sentado en un pasaje oscuro y el gemido de un bebé dentro de un tacho. El obispo se apresuró hacia el lugar de donde provenía el llanto, el borracho rezongó en señal de advertencia. "Pásame la botella" le dijo a la Sra. Shakhmatova. Elevó la botella y con la otra mano señalaba al tacho de basura. El bendito Juan, sin necesidad de palabras había transmitido su mensaje con la propuesta de canje. La botella terminó en manos del borracho y la Sra. Shakhmatova salvó al bebé. Esa noche volvieron al orfanato con dos bebés. Dicha valentía no se hubiese logrado sin una profunda lucha interior.
Desde sus comienzos el Bendito Juan nunca comía durante el día. Seguía la liturgia, comulgaba, pasaba una hora en silencio en el altar lavando los recipientes. Luego visitaba los hospitales y a los cristianos ortodoxos como así también a los que no lo eran y sin embargo deseaban verlo. Daba la comunión, la bendición a los enfermos. A veces ofrecía la Santa Liturgia en hospitales, en varios idiomas según la demanda: griego, árabe, chino y posteriormente en inglés. Cenaba solo después de media noche y nunca se recostaba, tampoco apoyaba su espalda en el respaldo de las sillas. A veces el esfuerzo lo doblegaba y se quedaba dormido. Durante su vigilia siempre rezaba por los que le pedían y a menudo sus plegarias recibían respuesta inmediatamente. Ya entonces se lo conocía como el trabajador de milagros.
Una vez, en la mitad de la noche, la Sra. Shakhmatova, subió al campanario, una puerta en el último piso de la vicaría conducía a el. Cuando la abrió vio al Bendito Juan congelándose en profunda oración, tiritando al aire libre, bendiciendo las casas de sus feligreses. Ella pensó, "mientras el mundo duerme, el vigila como Habakkuk, cuidando su rebaño con la ferviente intersección de Dios para que ningún daño pueda acercarse. Profundamente conmovida, se retiró. Así supo lo que él hacía durante las largas noches invernales. ¿Por qué era necesario? me preguntó la Sra. Shakhmatova, "¿quién se lo pedía? ¿por qué tanto sacrificio cuando se necesitaba su presencia en tantos otros lugares? para mi sorpresa ella misma dio la respuesta: " El tiene un inextinguible amor a Dios. Lo ama como Persona, como su Padre y como su más cercano Amigo. El anhelaba hablar con Dios, y Dios lo escuchó. No fue un sacrificio consciente. El simplemente amaba a Dios y no quería separarse de Él
"Una vez durante la guerra," continuó, "la pobreza en el orfanato alcanzó dimensiones tan grandes que no había nada para alimentar a los 90 niños. El personal se enojaba porque el obispo seguía trayendo niños, algunos con sus padres. Así era él. Una tarde vino a nosotros agotado, con frío y en silencio. No pude resistir decirle que nosotras no podíamos tolerar más la situación, que no podíamos soportar ver pequeños hambrientos y no tener nada para darles. Perdí el control y elevé mi voz con indignación. No sólo me queje, estaba llena de ira hacia él por habernos puesto en esto. El me miró con tristeza y dijo "¿Qué es lo que necesitas?". Contesté "Todo, pero al menos cereales, no tengo nada para darles en la mañana".
El Arzobispo Juan la miró con tristeza y se fue arriba. Luego ella lo escuchó arrodillarse tan vigorosamente que los vecinos se quejaban del ruido. Su conciencia la perturbaba, esa noche no pudo dormir. Dormitó algo en la mañana cuando la despertó el timbre. Abrió la puerta y en frente suyo tenía un caballero inglés que representaba una compañía cerealera que tenía un excedente de granos. Comenzaron a entrar las bolsas y bolsas del cereal, cuando el bendito Juan bajó las escaleras. Apenas pudo la señora Shakhmatova murmurar palabra ante él. Él no dijo palabra, con la mirada le reprochó su falta de fe. Ella le contestó que podía arrodillarse y besar sus pies pero el Obispo ya se había retirado para rezar a Dios en agradecimiento.
Después de contarme esta historia, la señora Shakhmatova me habló nuevamente del joven que ella quería que yo llevara al seminario. Me pidió que tuviera un especial cuidado hacia él. Este muchacho, me dijo, ha tenido una infancia difícil y ha tenido siempre una inclinación mística. Siempre está tranquilo, meditabundo y triste. Mientras otros muchachos salen a jugar, él se queda mirando en la distancia. Varias veces le pregunté en que piensa y siempre tuve la misma respuesta: "En Dios". Este joven esta designado a ser religioso.
El descubrimiento de este joven fue todo una historia. Un día, el Arzobispo Juan le dijo a la señora Shakmatova que se preparara a ir a un hotel de prostitución. Horrorizada, ella se negó pero el con una sonrisa dijo que tenían que ir. Una señora rusa se dedicaba a este oficio y tenía dos niños necesitados de todo y que vivían con ella en el hotel. La niña tenía 6 años y su hermanito 9. Debían ser sacados de ese ambiente. Cuando llegaron fueron directamente a la habitación de la señora. En ese momento ella no se encontraba, pero el niño estaba sentado allí, sin una escuela a donde ir sin alimentos. Alentaron al niño a ir con ellos diciéndole que tenían un orfanato donde había alimentos, una escuela y un lugar donde jugar. Persuadieron al niño, pero al llegar la madre protestó con indignación, insultándolos. Sin embargo pudieron rescatarlo, dejando a la pequeña con su madre.
Como mencioné antes, me reuní con este joven al día siguiente de hablar con la Sra. Shakhmatova. Reaccionó positivamente cuando le sugerí asistir al seminario. Allí trabajó como tipista, el solo completó los 5 volúmenes de la Philokalia en ruso. Más tarde sirvió como monje en Grecia.
Al verme esa vez, el joven me pidió que lo acompañara a visitar a un amigo, un americano graduado del colegio universitario que estaba trabajando en un libro de filosofía. Acordamos encontrarnos el día festivo de la Entrada de Theotokos al Templo. Como yo deseaba recibir la Santa Comunión ese día, quedamos en encontrarnos en la vieja Catedral de San Francisco.
Era un típico día de San Francisco, soleado y frío. Después de recibir la comunión caminamos durante largo rato hasta un departamento en el subsuelo. Fue allí donde conocí a quien sería mi futuro socio Eugenio Rose, posteriormente P. Serafin. En menos de un año Eugenio se hizo Ortodoxo Cristiano y unos meses más tarde fue hijo espiritual del Arzobispo Juan quien lo ordenó como lector de las sagradas escrituras un año antes de su eterno descanso. A menudo me he preguntado si el Arzobispo Juan y la señora Shakhmatova hubiesen tenido miedo de mancharse con la vergüenza de entrar a una casa de pecado para salvar almas perdidas, en tal caso yo no hubiera encontrado al Padre Serafín, tampoco se hubiesen conocido sus escritos. Por supuesto, el Arzobispo Juan, como un verdadero siervo de Dios, sabía lo que estaba haciendo. A través de su amor bondadoso a Dios y a la raza humana, el Padre Serafín pudo ofrecer sus talentos al Señor.
En el decir de la señora Shakhmatova, el Arzobispo Juan no era un fanático eclesiástico, el no creía en las jurisdicciones. Cuando llegó a Shangai, había muchas denominaciones eclesiásticas. El las unió, servía en todos los lugares, era accesible y amaba a todos. También salvó a muchos. Durante la Segunda Guerra Mundial, cuando estaban de moda las ideas pro soviéticas y, cuando todos los obispos rusos en el lejano oriente aceptaron el patriarcado de Moscú, el Arzobispo Juan, como verdadero hijo de la Iglesia Ortodoxa, también conmemoró al Patriarca de Moscú, Alexis I, pero no dejó de conmemorar el sínodo ruso a quien entregó sus votos como obispo. El representante del patriarcado de Moscú, Arzobispo Victor, demandó a todos los obispos del lejano oriente que no reconocieran al Metropolitano Anastasio, representante de la Iglesia Rusa en el exterior, insistiendo de este modo en el poder jurisdiccional del Patriarcado. Todos los jerarcas de la Iglesia Rusa en el exterior cedieron a esta demanda con excepción del Arzobispo Juan. El dijo que solo lo haría si le demostraban que era correcto renunciar a los votos. Al conmemorar a ambas iglesias demostró su aceptación a las jurisdicciones. Por rechazar conmemorar al Metropolitano Anastasio fue echado de su propia catedral en Shangai, sin embargo continuó con la liturgia, frente a las puertas cerradas de la catedral, rogando por la dirección de ambas iglesias. Si bien no se preocupaba por temas de jurisdicción el Arzobispo Juan era despiadado e intolerante con el clero poco firme e indiferente en temas de integridad espiritual. Por esto fue muy odiado, hasta quisieron envenenarlo en una Pascua en la que estuvo a punto de morir. La intolerancia hacia el Arzobispo era fruto de envidia y celos. Su integridad en cuestiones de la iglesia, en especial de precisión litúrgica indicaban que su preocupación por sus feligreses no era asunto de preferencia personal sino que provenía de una filosofía eclesiástica de vida, dogmática y pastoral que era parte de la sucesión preservada en la Ortodoxia. Era consciente de que vivía y trabajaba desde un reino de otro mundo formado a través de la historia por los Padres de la Iglesia, por ello sentía desprecio por las expectativas pragmáticas que los tiempos y las modas dejan en uno. Era enemigo de la moda y del chisme. Si no se entiende el modo en que trabajaba el Bendito Juan es imposible explicar su comportamiento extraño que evocaba a un tonto por Cristo.
Una vez asistí a una cena por invitación del Arzobispo Juan en la que presencié una escena difícil de aceptar como "normal" por los patrones contemporáneos de conducta. Debía hablar con el Arzobispo por mi permanencia en San Francisco, sobre la formación de la hermandad de San Herman, sobre el futuro de Serafín Rose como hermano y por mi hermana fiancЙ mentalmente enferma. También quería confesarme. La Sra. Shakhmatova preparó la cena de costumbre: borscht de repollo y un plato de verduras. En la cabecera de la mesa de la cocina estaba sentado el Arzobispo Juan, a su izquierda, contra la pared el P. Mitrophan y luego yo. Frente al P. Mitrophan estaba el Obispo Savva, de visita en San Francisco. Detrás del Obispo Savva cerca de la estufa estaba una señora con mucho maquillaje que se quejaba, murmurándole a la Sra. Shakhmatova. Mientras tomábamos la sopa observé que el P. Mitrophan se reía entre dientes mientras miraba a las mujeres por encima de los hombros del Obispo Savva. Luego, quedé horrorizado al ver que el Arzobispo Juan se inclinaba hacia su plato de tal forma que su barba se mojaba en la sopa. En lugar de llevar la cuchara a su boca, la usaba deliberadamente para volcar la sopa con hilos de repollo sobre su bigote. No podía creer lo que veían mis ojos, no había una explicación razonable para tal comportamiento. El obispo Savva que no podía ver a las mujeres desde su lugar, estaba muy confundido para emitir palabra. Gentilmente tomó su servilleta y se la ofreció al Arzobispo Juan, pero aquel, con un rezongo la dejó a un costado. El P. Mitrophan, quien obviamente disfrutaba la escena, me dio un codazo guiñándome el ojo. Yo no sabía que hacer, tosí y me hice el desentendido. La demostración era bastante asombrosa porque el Arzobispo Juan miraba fijo a la mujer maquillada. Luego la mujer suspiró y dejó de cuchichear. El show había terminado. El Arzobispo Juan tomó su servilleta y se dirigió al baño, dejando la puerta abierta. Lavó su barba y volvió a su lugar para terminar la cena. El Obispo Savva, absorto con la lección que el Arzobispo le había dado a la mujer, permaneció desconcertado mientras que el P. Mitrophan murmuraba que la mujer había comprendido el significado.
Por qué fue necesario crear tal espectáculo para enseñar a la mujer que no se dedicara a modas mundanas que resultaban tan ridículas como volcar sopa sobre la barba. Comprendí la actitud y francamente me gustó porque se había enseñado sin palabras.
Otra vez, estaba yo sirviendo en la iglesia cuando el Arzobispo Juan señaló mi corbata. No comprendí. Entonces un joven me apartó indicándome que me la sacara porque el Arzobispo no permitía llevar corbata en el altar. Observé entonces que ninguno de los subdiáconos la llevaban. Posteriormente conocí la razón: la corbata es un lazo colgante que representa a la muerte y el altar representa el paraíso y la vida. Años más tarde, el P. Seraphin y yo seguimos esta costumbre con nuestros acólitos en Platina.
El Arzobispo Juan nunca hablaba en el altar. Si algo estaba mal daba un chasquido con la lengua en señal de corrección, y continuaba hasta que se dieran por enterados de lo que se debía corregir.
Muchas veces escuché críticas porque el Arzobispo caminaba descalzo, lo cual yo mismo vi en varias oportunidades. Por lo general se lo acusaba de estar descalzo en el altar. Para mi esto no era motivo de tanto escándalo. Un día durante la liturgia matinal yo estaba por casualidad en San Francisco para la conmemoración de San Ioasaph de Belgorod, un santo de mi devoción que había sido patrón del grupo de jóvenes del Arzobispo Juan en Shangai. Ya que estaba en la ciudad decidí ir al Hogar Tikhon. Sabía que el P. Leonid Upshinsky daría los oficios religiosos a menos que estuviese el Arzobispo Juan, en cuyo caso el P. Leonid cantaría en el coro. Cuando entré la liturgia estaba a punto de comenzar. Éramos solo nosotros tres. El Arzobispo Juan en el altar, el P. Leonid cantando y yo sirviendo como acólito. El Obispo me dio su bendición en el momento de colocarme el sticharion y comenzó el oficio. Yo estaba concentrado en la oración pero al mismo tiempo tenía miedo de cometer algún error en el altar. De repente noté que el Arzobispo estaba descalzo y sorpresivamente en ese instante me vino a la mente que ese día se conmemoraba al profeta Moisés quien tuvo que sacarse las sandalias cuando estaba en el lugar santo. Yo tenía puestos mis zapatos en el altar, un lugar santo. Allí me di cuenta que son los que llevan zapatos los que demuestran insensibilidad en los lugares sagrados y no a la inversa como cree la mayoría. Recuerdo que comencé a sentir un calor muy fuerte en mis pies cuando le pedí a Dios que me perdonara por mi falta de tino.
Esa liturgia fue imposible de entender. El Arzobispo Juan casi mascullando durante todo el servicio, lo cual me parecía natural puesto que Moisés había tenido un impedimento para hablar también. El servicio fue corto y terminó pronto pero, a mí en su profundidad, me parecía como una ojeada a la eternidad. No había nadie en la iglesia excepto nosotros y los ángeles. A menudo deseo ahora poder rezar y llorar como lo hice sin ninguna vergüenza esa mañana. Si cometí algún error nadie lo notó, estábamos tan concentrados en la ceremonia como si estuviésemos en tierra santa. Cuando escucho a alguien hablar de la "extrañeza" del Arzobispo Juan descalzo en el altar, suspiro con nostalgia en recuerdo de esa bella liturgia y de la indescriptible paz de sentirse en otro mundo.
También se criticaba al Arzobispo Juan por llegar tarde a la iglesia, esto ocurría porque se demoraba visitando enfermos y rezando junto a sus lechos. También le reprobaban ser obstinado con la disciplina espiritual. Pero el juicio que más daño le hizo provenía de los jóvenes obispos que no toleraban sus "excesos".
La Sra. Shakhmatova vio todo esto, como mujer puesta por Dios para atender las necesidades de este hombre sobrenatural, que trabajaba con su cuerpo terrenal para hacer el bien a los que sufren. Su conocimiento de los deseos del Arzobispo le otorgaban una visión profunda de este príncipe de la Iglesia que ejercía un Pontificado espiritual inspirando y llamando a la gente a un reino superior. Durante mis inolvidables visitas, la señora Shakhmatova pudo infundirme amor por este gran ser humano, un hombre con un corazón capaz de abrazar cientos de necesitados para fortalecer sus conciencias con la realidad de un Dios viviente.
Después de mi show de diapositivas en el Hogar Tikhon, me dirigí al hall del subsuelo donde se habían reunido infinidad de jóvenes. Los Arzobispos Tikhon y Juan estaban presentes como también el futuro Obispo Nektary. Vi al Arzobispo Juan sonriendo por las tontas bromas que yo hacía a los adolescentes. Al final de la charla, el anciano Arzobispo Tikhon, muy encorvado, me agradeció de corazón. El Arzobispo Juan se sonreía diciendo: "Necesitamos más charlas como estas." Luego agregó: "Ven nuevamente a visitarnos", y murmuró algo que no pude entender. Yo agradecí a todos sintiendo que pertenecía a ese lugar. Y me fui de California con el propósito de volver nuevamente.

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Tuesday, September 25, 2018

Hombre con pensamientos malos. ( Santo Paisios del Monte Athos )

Una vez vino un joven, que no tenia pensamientos buenos, y me pidió que lo reciba como novicio. Le expliqué: — No tengo aquí novicios. En primer termino porque habiendo mucha gente, los novicios se van a convertir en sirvientes, tratando de recibir beneficios, y no — en monjes preocupados de lo espiritual... En segundo termino siendo monje hace muchos años, adquirí algo bueno, pero también muchas debilidades, que hasta ahora no puedo eliminar. Viniendo acá — con lo bueno (ayunos, vigilia, oraciones) te vas a perjudicar, ya que no podrás seguirlos. De mis debilidades también te perjudicarás, ya que no podrás soportarlas. Por todo esto no puedo recibirte.


Habiendo escuchado esto, él comenzó a visitar otros monasterios.

Algunos días después, mientras comía dos tomates con pan seco, comencé a reflexionar sobre las beneficios de Dios hacia mi. Pensé que Dios me dió esta hermosa casita en un lindo lugar, que podría inspirar la envidia de muchos ricos, que desearían tener semejante casita para descansar. Pensé, que esta casita es mía — sin tener que pagar el alquiler, por el cual otra gente debe trabajar mucho. Además tengo la comida de cada día, sin tener que trabajar como otros en una fabrica para obtener un sueldo. Que vivo en un lugar tan santo, donde hay muchos hermanos buenos. Reflexionando sobre todo esto, me apené y con lagrimas por mi falta de gratitud a Dios por Sus enormes beneficios. Llorando, no pude comer mas.

Encontrándome en este estado de emoción, veo, que de repente se acercó al cerco el mismo joven, que hace poco pidió ser aceptado como novicio. Para que no me vea llorando, entré en la celda, me lavé la cara y fuí a abrir la verja. Parece, que él se tentó por mi tardanza y me dijo:

— ¿Así que es cierto, eh? ¡Estas considerado como asceta! Comías carne, y cuando me viste, en el acto te escondiste, para que yo no te vea. ¡Por fin descubrí lo que eres en verdad!

Aturdido por semejante acusación, reí y no traté de justificarme. Solo me sorprendió cuan fácil él se dejó vencer por pensamientos malos.


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Friday, September 21, 2018

Todo en esta vida pasa, solo Dios permanece... ( Hieromonje Seraphim Rose )

Todo en esta vida pasa, solo Dios permanece, solo Él vale la pena luchar hacia él. Tenemos una opción: seguir el camino de este mundo, de la sociedad que nos rodea, y así encontrarnos fuera de Dios; o para elegir la forma de vida, para elegir a Dios que nos llama y para quien nuestro corazón está buscando.


Hieromonje Seraphim Rose 
 
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Monday, September 17, 2018

¡Qué precioso es el tiempo de esta vida! ( Padre Efraìn de Filoteu )

¡Qué precioso es el tiempo de esta vida! Cada minuto tiene un gran valor, porque en un minuto podemos pensar tantas cosas, ya sean buenas o malas. Un pensamiento divino nos eleva al cielo, y un pensamiento diabólico nos baja al infierno. Entonces, mira qué valioso es cada minuto en esta vida presente. Desafortunadamente, sin embargo, no pensamos en esto, y las horas, los días y los años pasan sin ningún beneficio, pero ¿es simplemente sin ningún beneficio? ¡Cuánto daño hemos sufrido todos, y yo, primero, sin darme cuenta! Pero algún día, cuando nuestra alma esté a punto de partir de nuestro cuerpo, nos daremos cuenta de ello. Pero, por desgracia, será demasiado tarde; no hay lugar para la corrección entonces. 
 
Debemos darnos cuenta de esto ahora cuando aún podamos comenzar. Debemos aprovechar el precioso tiempo de nuestra vida. Verdaderamente bendecido es aquel que se compele y comienza, porque algún día se volverá espiritualmente rico. Nunca es demasiado tarde, porque el Señor espera que cada uno de nosotros despierte para que Él nos dé trabajo. Él espera hasta la hora undécima (ver Mt. 20: 6). Él trata con todos los medios para despertarnos. 
 
Rezo para que todos nosotros despertemos, enciendamos nuestras lámparas y, con ojo vigilante, esperemos pacientemente a que venga el Señor, para que podamos entrar en la resplandeciente cámara nupcial de dicha eterna, la fiesta de los ángeles brillantes, para cantar con ellos. los cánticos de resurrección, que nos elevarán de theoria a theoria y a ascensiones divinas! Entonces -¡oh, entonces! - debemos darnos cuenta de cuán gran trabajo es obligarnos a nosotros mismos en todo y que nuestros superiores hicieron bien en empujarnos y entristecernos, porque diremos, "¡Contemplad lo que vemos ahora!" Entonces nuestro gracias a Dios no tendrá límites. ¡Entonces realmente le daremos gracias dignamente a Dios!
 
 Padre Efraìn de Filoteu
 
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Friday, September 14, 2018

La Exaltación de la Preciosa y Vificante Cruz. Septiembre 14.

En este día se conmemoran dos eventos relacionados a la preciosa Cruz de Cristo: el primero, el hallazgo de la Cruz en el Gólgota, y el segundo, el regreso de la Cruz a Jerusalén desde Persia.


Mientras visitaba la Tierra Santa, la santa emperatriz Elena decidió buscar la preciosa Cruz del Señor. Un anciano judío llamado Judá era la única persona que conocía el paradero de la Cruz. Presionado por la Emperatriz, este reveló que la Cruz estaba enterrada debajo del Templo de Venus que el emperador Adriano había construido en el Gólgota. La Emperatriz ordenó que este templo idólatra fuese derribado, y excavando entonces debajo del mismo, halló allí tres cruces. No sabiendo la Emperatriz como reconocer cual era la Cruz del Señor, sucedió que una procesión funebre pasó por allí. Entonces el patriarca Macario dijo que colocasen cada una de la cruces sobre el difunto. Al colocar sobre él la primera y la segunda cruz, el difunto permaneció igual; mas cuando colocaron sobre él la tercera, el hombre volvió a la vida. Así supieron que esta era la preciosa y vivificante Cruz de Cristo. Después de esto, la colocaron sobre una mujer enferma y esta fue sanada. Entonces el Patriarca levantó la Cruz en alto para que todos la vieran, y el pueblo cantó entre lágrimas: «¡Señor, ten piedad!». La Emperatriz Elena mandó a hacer un relicario de plata, en el cual colocó la preciosa Cruz.

Más tarde, el rey Cozroes conquistó a Jerusalén, esclavizó al pueblo, y se llevó la Cruz del Señor a Persia, donde permaneció por catorce años. En el 628 d. C., el emperador griego Heráclito venció a Cozroes y trajo la Cruz de regreso a Jerusalén con gran solemnidad. Al entrar a la ciudad, Heráclito llevaba la cruz sobre sus espaldas; pero de pronto el anciano Emperador ya no pudo dar otro paso adelante. El patriarca Zacarías vio a un ángel indicándole al Emperador que se quitase sus vestimentas imperiales y que cargase con la Cruz por el camino que Cristo había seguido, descalzo y humillado como él lo había hecho. El Patriarca relató esta visión al Emperador, quien despojándose sus vestimentas, tomó la Cruz con pobres vestidos y descalzo, y la llevó al Gólgota, colocándola en la Iglesia de la Resurrección, para el gozo y consuelo de todo el mundo cristiano.
 
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Thursday, September 13, 2018

Dios todo lo usa para el bien... ( Santo Paisios del Monte Athos )


— Geronta, a veces comenzamos algo y aparece una serie de obstáculos. ¿Cómo entender si son de Dios?

— Veamos, si no hay nuestra culpa en esto. Si tenemos la culpa, entonces el obstáculo de Dios sirve para nuestro bien. Por eso no hay que preocuparse si la cosa no está hecha o se alarga su terminación. Una vez presionado por algún asunto apurado bajaba yo del monasterio Stomión a Koniza. En una parte difícil del camino (llamé a este lugar Gólgota) encontré a un conocido del monasterio, Tío Anastasio con tres mulas cargadas. Sobre la subida abrupta las sillas de carga se ladearon, uno de los animales estaba sobre el borde de precipicio — listo para caer. "¡Dios te envió, padre!" — se alegró el tío Anastasio. Le ayudé arreglar las sillas de carga de las mulas y luego las guiamos hasta el camino. Allí lo dejé y continué mi camino. Caminé un gran pedazo del camino cuando el sendero se topó con una avalancha. Recién se produjo esta avalancha de unos trescientos metros de largo que obliteró al sendero. Árboles, piedras — todo se fue abajo al río. Si no me hubiera quedado con las mulas, estaría justo en el lugar cuando se produjo la avalancha. "Tío Anastasio, — dije yo — tú me salvaste, Dios te envió."

Cristo de lo alto ve cómo actúa cada uno de nosotros, sabe cuándo y cómo actuará Él para nuestro bien., Él sabe cómo y a dónde llevarnos, solo es necesario que nosotros pidamos a Él ayuda, abramos ante Él nuestros deseos y permitamos a Él Mismo organizar todo. Cuando estuve en el monasterio Filofeo de Athos, tenía ganas de irme al desierto. Pensaba retirarme a una isla desierta y ya hablé con un botero para que venga y me lleve, pero al final él no apareció. Así organizó Dios, ya que yo era poco experimentado y en la isla desierta podía ser vulnerado y sería victima de los demonios. Entonces no teniendo éxito con la isla, tuve deseo de irme a Katunaki. Me parecía propicio el desierto de Katunaki, oraba que pueda encontrarme allí y me preparaba para eso. Quería vivir y cumplir la hazaña al lado de staretz Pedro — hombre de alta vida espiritual. Pero pasó un acontecimiento que me obligó a ir no a Katunaki, sino a Koniza. Una vez a la tarde, después del servicio de la tarde me retiré a mi celda y oraba hasta muy tarde. Cerca de once horas me recosté para descansar. A la una y media de la noche me despertó el sonido de la campana del monasterio que llamaba a los hermanos al templo para el servicio de medianoche. Traté de levantarme y no pude. Comprendí que pasaba algo especial. Hasta el mediodía quedé clavado al lecho. Podía orar, pensar, pero no podía moverme. Encontrándome en este estado, yo como en TV vi por un lado Katunaki y por otro el monasterio de Stomión en Koniza. Con fuerte deseo dirigí mis ojos a Katunaki y entonces una cierta voz me dijo: "Iras no a Katunaki sino al monasterio Stomión." Era la voz de Santísima Madre de Dios. "Madre de Dios, — dije yo — Te pedí desierto y en cambio ¿Tú me envías al mundo?" Y de nuevo escuché la misma voz, que me decía severamente: "Irás y encontrarás un tal hombre. Él te ayudará mucho." Me liberé enseguida de estos lazos invisibles y mi corazón se llenó de la Gracia Divina. Luego fui a mi confesor y le conté lo que pasó. "Esta es la voluntad de Dios — me dijo el confesor. — Sin embargo, no digas a nadie sobre esto. Diles que por estado de salud (yo tenía entonces hemorragias) debes retirarte de Athos y ándate."

Yo quería una cosa, pero Dios tenía Su plan. Pensé entonces que la voluntad de Dios era que yo hiciera renacer el convento en Koniza. Así yo cumplía la promesa que di a la Madre de Dios cuando estuve en la guerra. "Madre de Dios, — pedí yo a Ella entonces — ayúdame hacerme monje y trabajaré tres años y ordenaré Tu convento quemado." Pero, como se aclaró luego, la causa principal que la Santísima Madre de Dios me mandara allí era la necesidad de ayudar a ochenta familias, que se fueron al protestantismo, volver a la Ortodoxia.

Dios a menudo permite que pase algo para el bien de mucha gente. Él nunca hace un sólo bien, sino tres-cuatro juntos. Y no permite nunca que pase algo malo, si de esto no salga mucho bien. Todos los errores y peligros Él usa para provecho nuestro. El bien y el mal están mezclados entre sí. Sería mejor si ellos estarían separados, pero los intereses personales humanos los intermezclan entre ellos. Sin embargo, Dios extrae provecho hasta de este embrollo. Por eso se debe creer que Dios permite que pase sólo aquello de lo cual puede resultar lo bueno, ya que Él ama a Su creación. P. ej. Él puede permitir alguna pequeña tentación para protegernos de una tentación más grande. Una vez un laico estaba en la fiesta parroquial en alguno de los monasterios del Monte Santo. Allí él tomó y quedó borracho. En el camino de vuelta del monasterio él cayó sobre el camino. Nevó y la nieve lo cubrió, pero de la respiración alcohólica en la nieve sobre él se hizo un agujero. Pasaba un hombre. Viendo un agujero en la nieve él dijo con sorpresa: "¿Qué es esto aquí, una surgente?" — y golpeó al agujero con el palo. "¡Oh!" — gritó el ebrio. Así Dios no lo dejó perecer.


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Saturday, September 8, 2018

Gran Fiesta de la Virgen: 8 de Septiembre Natividad de la Santísima Virgen María.

En la montañosa provincia del norte de Jerusalén, en la pendiente de una de las montañas cerca del valle Esdrelón, se ubicaba Nazaret. Era un pueblito pequeño, que históricamente no sobresalía en nada, por lo cual los hebreos se referían a él hasta con cierto desprecio, diciendo: "¿Podrá haber algo bueno de Nazaret?"
En este pueblito vivía la piadosa pareja, Joaquín y Ana, a quiénes el Señor eligió como antecesores del Salvador del mundo. Joaquín provenía de la casa del rey David, y Ana — era de la clase sacerdotal. La sobrina de Ana, la justa Elizabet, después fue la madre de Juan el Bautista y era prima hermana de la futura Virgen María
El justo Joaquín era un hombre que estaba en una acomodada situación económica, y tenía mucha cantidad de ganado. A pesar de la abundancia, toda la vida de esta justa pareja, estaba impregnada por el espíritu de un devoto amor a Dios y por la caridad hacia el prójimo. Por estas cualidades ellos gozaban del respeto y el amor de todos. Los mortificaba, sin embargo, una pena: no tenían descendencia, lo cual entre los hebreos se consideraba como indicio de castigo Divino. Ellos pedían incesantemente a Dios que les enviare un hijo para su alegría, aunque hacia la vejez tenían ya poca esperanza de ello. Joaquín estaba muy apesadumbrado por la falta de hijos y una vez, trayendo sus ofrendas a Dios, escuchó de cierto Rabí un duro reproche: "¿Por qué razón quieres ofrecer tus dones a Dios antes que otros? ¡Pues tú no eres digno, por no tener descendencia (ser estéril)!" Por causa de tan grande aflicción el justo Joaquín se alejó al desierto para ayunar y rezar.
Al conocer esto, la justa Ana, considerándose a si misma culpable por la falta de descendencia, se angustió también y comenzó a orar a Dios todavía con mayor fervor, para que Él la escuchara y le mandara un niño. En uno de estos estados de oración, se le apareció un Ángel de Dios y le dijo: "Tu oración ha sido escuchada por Dios, y tu concebirás y de ti nacerá una hija bendita, superior a todas las hijas de la tierra. Por causa de Ella se bendecirán todas las razas de la tierra. Ponle por nombre María."
 
Habiendo escuchado estas dichosas palabras, la justa Ana inclinándose ante el Ángel le dijo: "¡Vive el Señor Mi Dios! ¡Si realmente naciera de mí un niño, lo entregaré al Señor para que esté a Su servicio! ¡Que Lo sirva, glorificando Su nombre durante toda su vida!"
 
Ese mismo Ángel del Señor se le apareció también al justo Joaquín, diciéndole: "Dios aceptó tus oraciones con benevolencia. Tu esposa Ana concebirá y alumbrará una hija, por Quien todo el mundo se regocijará. He aquí también la señal de la veracidad de mis palabras: ve a Jerusalén, y allí encontrarás a tu esposa en las puertas doradas."
San Joaquín se dirigió sin demora a Jerusalén, llevando consigo presentes para ofrecerlos a Dios, y también para los sacerdotes.
 
Llegado a Jerusalén, encontró a su esposa Ana, como lo predijo el Ángel, y relataron el uno al otro, todo lo que les fue anunciado, y, después de pasar un tiempo más en Jerusalén regresaron a su casa, en Nazaret. Pasado el tiempo establecido de su embarazo, la justa Ana dio a luz una hija, a la Cual llamó María, como lo ordenó el Ángel.
Después de pasado un año, Joaquín organizó un banquete, para el cual invitó a los sacerdotes, ancianos y a todos sus conocidos. Durante el banquete alzó a su Bendita Hija y, mostrándola a todos, pidió a los sacerdotes que La bendijeran.
La concepción por santa Ana se festeja por la Iglesia el nueve de Diciembre, llamando esta concepción como gloriosa y santa. Pero sin embargo la Iglesia Ortodoxa no acepta esta concepción como aspermática e inmaculada, como lo enseña la iglesia católica romana, que en el siglo 19 promulgó el dogma de la "Concepción inmaculada." Entre los católicos se expresaban objeciones, dirigidas contra esta enseñanza, porque en el concilio de Tridensk se le consideraba solo como una opinión. Mas en el año 1854 el Papa Pío IX elevó esta opinión de la concepción inmaculada de la Virgen María al grado de un dogma, no teniendo para ello datos algunos ni en las Sagradas Escrituras, ni en las enseñanzas de los Santos Padres de la Iglesia.
La iglesia Ortodoxa solo acepta como inmaculado el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo, ya que Él fue dado a luz milagrosamente — del Espíritu Santo y la Virgen María.
 
La Virgen María por su parte, nació por medios naturales y, aunque Ella personalmente era sin pecado, pero sin embargo, como todos, tenía la naturaleza dañada por el pecado original, por lo cual Ella misma necesitaba ser redimida. Según las palabras de San Ambrosio: "de todas los nacidos por mujeres, es completamente Santo solo nuestro Señor Jesucristo, Quien por un especial, nuevo modo de inmaculado nacimiento, no experimentó la corrupción terrenal."
 
En la literatura teológica ortodoxa hay muchos tratados, orientados en contra de la inmaculada concepción de la Virgen María por la santa Ana. Vamos a mencionar solo la opinión del protopresbítero Y. M. Skvortsov, profesor de la Academia Espiritual de Kiev que dice: "El Evangelio atestigua que el Espíritu Santo bajó sobre la Santa Virgen y la cubrió, y en consecuencia de ello, lo nacido de Ella era — santo, perfectamente limpio, sin pecado. ¿Era por ello necesario que la Virgen naciera ella Misma sin defecto? No fue por causa, de que Ella era santa desde su nacimiento, sino por que el Espíritu Santo descendió sobre Ella y la purificó. La Tradición testifica, que era necesaria para la Madre de Dios la preparación en el Templo desde los tres años de edad. El pecado original no podía desarrollarse en Ella. Su educación en el templo y la oración purificaban toda Su alma. Su completa santificación sucedió en el día de la Anunciación. 
 
¿Mas cómo pudo haberse limpiado el pecado original, si aún no se había ejecutado la redención? Este es el misterio del Bendito Fruto de la Mujer, preparado desde los siglos. La Gracia del Espíritu Santo pudo haber colocado todo el ser de la Madre de Dios, en tal altura de humildad y devoción en el momento de la concepción del Hijo de Dios, que en ella no intervino nada humanamente defectuoso."

Troparion Tono 4: 
Tu nacimiento oh Madre de Dios Virgen, anunció la alegría a todo el universo. Porque de Ti resplandeció el sol de verdad, Cristo nuestro Dios, destruyendo la maldición, Él nos concedió la bendición y destruyendo la muerte, nos otorgó la vida eterna.

Kondaquion Tono 4: 
 Joaquín y Ana fueron liberados del reproche de la esterilidad, Adán y Eva de la corrupción de la muerte, oh Purísima, por Tu santa Natividad, por eso Tu pueblo celebra este acontecimiento, por haber sido redimido de la culpa del pecado, celebra exclamándote: la estéril da a luz a la Madre de Dios, nutridora de nuestra vida.

El nacimiento de la Madre de Dios es para nosotros un día especialmente gozoso, porque con él se hizo realidad toda una serie de importantísimas profecías y pronósticos del Antiguo Testamento. Precisamente a Ella Dios La eligió para que fuera Aquella Virgen, Quien de acuerdo a las predicciones de Isaías, tenía que concebir sin semen del Espíritu Santo y dar a luz al Hijo-Emanuel, destinado a salvar al género humano de la maldición y muerte que pendían sobre él. Ella se convirtió en la misteriosa "escalera" que unió al Cielo con la tierra, vista en sueños por el patriarca Jacob (Hechos 28:12). Ella se hizo también "la puerta cerrada" quien según la visión del profeta Ezequiel (Ez. 44:2) traspasó el Señor Dios de Israel para visitar y liberar a su gente. Es también Ella la creación de la casa de la sabiduría de Dios (Prov. 9:1), que alumbra a todo hombre, que viene a este mundo (Juan 1:9), y que disipa las tinieblas de la incredulidad y el extravío.
En una palabra, el nacimiento de la Santísima Virgen María es para nosotros el comienzo del cumplimiento de todas las promesas Divinas, con las cuales vivió y se consoló la humanidad durante muchos milenios, — la manifestación al mundo de Aquel misterio oculto por siglos y generaciones, que estaba preparado desde la eternidad para la salvación y gloria del caído género humano.
Es por eso, que esta celebración, como enseña San Andrés de Creta es, "el principio de las festividades y sirve como puerta hacia la gracia y la verdad." San Juan Damasceno dijo: "el día de la natividad de la Madre de Dios es festividad de alegría universal, pues a través de Ella se renovó todo el género humano, y la aflicción de la madre Eva se convirtió en alegría."
 
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Tuesday, September 4, 2018

Que nada puede regular nuestros pensamientos ni la oración. ( Padre Efraìn de Filoteu )

Si realmente desea expulsar cada pensamiento anticristiano y purificar su sentido común, lo logrará solo mediante la oración, ya que nada puede regular nuestros pensamientos ni la oración.


Padre Efraìn de Filoteu 
 
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Saturday, September 1, 2018

Los pensamientos son como aviones volando en el aire. ( Santo Paisio del Monte Athos )










Los pensamientos son como aviones volando en el aire. Si los ignoras, no hay problema. 
¡Si les prestas atención, creas un aeropuerto dentro de tu cabeza y les permites aterrizar!


Santo Paisio del Monte Athos 

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Wednesday, August 29, 2018

Santo Mártir Myrón ( Agosto 30 )

El Santo Mártir Myrón fue un presbítero en Acaya (Grecia), y vivió durante el siglo III. Él sufrió en el Año 250 bajo al emperador Decio (249-251). El presbítero era gentil y amable con la gente, pero también era valiente en la defensa de sus hijos espirituales.

En la fiesta de la Natividad de Cristo, el estaba celebrando la Divina Liturgia. El gobernador local Antípatro entró en la iglesia con soldados a fin de capturar los que rezaban, y para someterlos a torturas. San Myrón comenzó a abogar por su rebaño, acusando al gobernador de la crueldad, y por esto el santo fue mandado a las torturas.

Ellos tomaron a San Myrón y golpearon su cuerpo con barras de hierro. Luego arrojaron el presbítero en un horno encendido, pero el Señor preservó al mártir, en cambio casi 150 hombres que estaban cerca fueron quemados por el fuego. El gobernador comenzó a insistir en que el mártir adorara a los ídolos. San Myrón se negó con firmeza a hacerlo, así que Antípatro ordenó que de su piel sean cortadas las correas. San Mirón tomó una de las correas y la arrojó en el rostro de su atormentador.

Llenándose de rabia, Antípatro ordenó que San Myrón sea golpeado por todo su cuerpo desnudo, y luego dar el mártir a las fieras para ser comido. Al verse derrotado, Antípatro en su ciega furia cometido suicidio. Luego tomaron a San Myrón a la ciudad de Cyzico, donde fue decapitado por la espada.
 
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Tuesday, August 28, 2018

¡"Señor, ten piedad!" ( Santo Paisio del Monte Athos )

Cuando un hombre se considera que realmente es el peor de todos, y exclama piadosamente aunque sea un solo rezo por él ¡"Señor, ten piedad!", este rezo, tiene la fuerza equivalente a 1000 rezos de "¡Señor ten piedad!" de otras personas, que carecen de humildad. La oración debe trasformarse para nosotros en una continua necesidad. 
Tenemos que orar por los que necesitan la oración y por todo el mundo. Dividiremos nuestra oración en tres partes: una — por nosotros mismos, otra — por los seres vivientes y la tercera — por los difuntos. Debemos regularmente entregar por escrito nuestros nombres en los servicios religiosos (proscomidion) para que el sacerdote los mencione ante la sagrada mesa de sacrificio. No debemos confiarnos en nosotros mismos. La audacia es un gran escollo para la Gracia Divina. Cuando toda la esperanza la ponemos en Dios, El sin falta nos ayudará!

Santo Paisio del Monte Athos 
 
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Thursday, August 23, 2018

La oración es los ojos y las alas del alma... ( Padre Efraìn de Filoteu )

La oración es los ojos y las alas del alma; nos da la audacia y la fuerza para contemplar a Dios.


Padre Efraìn de Filoteu
 
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Monday, August 20, 2018

Confesión de la Fe. ( San Nicodemo el Agiorita )

Queridos, la envidia es una cosa terrible e intranquilizadora que siempre está en movimiento y nunca para de realizar su atributo natural, es decir, manchar a los immaculados, el inculpar a los no culpables, y a los muy piadosos y muy Ortodoxos difamarles como heterodoxos e impíos. Como corroboración de esto son bastantes los ejemplos de los grandes Maestros y santos de nuestra Iglesia, es decir, San Atanasio el Grande, San Basilio el Grande, San Juan Crisóstomo y todos los demás, los cuales, mientras ellos mismos eran piadosísimos y muy Ortodoxos, eran difamados por sus adversarios como impíos y heteroodoxos.

Entonces, si estos tan grandes e importantes Santos de la nuestra Iglesia no pudieron salvarse de la envidia y las calumnias, ¿como es posible que estemos nosotros por encima de ellos, de los cuales no somos dignos ni de lavarles los pies? No es nada extraño, entonces, si también nosotros somos acusados y calumniados con difamaciones y nombran como heterodoxos a causa de la envidia, de la terquedad y del odio incitado por algunos hermanos.

Hay incluso algunos, los cuales sin conocer qué significa Kolibás y sin conocer la causa por la cual somos acusados y calumniados, sólo al escuchar los demás llamarnos Kolibades, heréticos, heterodoxos y otras calumnias parecidas, inmediatamente ellos siguen las mismas calumnias.

Así se parecen a aquellos necios Atenienses, seres ignorantes, los cuales acusaron al justo Arístides y escribieron en su contra en el óstraco (fragmento de cerámica empleado para condenar, mediante voto, al ostracismo) que merecía ser condenado y exiliado de Atenas.Y aunque no lo conocían en absoluto con anterioridad, sin embargo, escuchaban sólo de los otros que era digno de condena y exilio, como está referido de él en los Paralelos de Plutarco; y no nos referimos, por motivo de la difamación, a aquel vulgar y popular refrán que encaja en esta situación y que dice: “Cuando ladra un perro, inmediatamente ladra también otro”.

Por este motivo, para que sea conocida la verdad, nos vemos obligados a exponer aquí la presente y de propia mano Confesión de nuestra Fe para defendernos con pocas palabras, para exponer qué creemos sobre todo aquello por lo que somos injustamente acusados. Porqué escuchemos al eminente Pedro anunciar: “Que estéis siempre preparados para contestar a todo aquel que os pida explicaciones” ( 1 Pedro 3,15), de manera que todos los que propagan con pasión estas cosas contra nosotros, que cierren sus bocas, temiendo a Dios y a la recompensa o castigo futuros; y los otros hermanos, que también se escandalizan por ignorancia y se enfrían por todo lo que se dice en contra nuestra, que paren de escandalizarse, viendo ya revelarse con este discurso y escrito las convicciones que hay en nuestros corazones. Ya que de acuerdo con el Apóstol “ con el corazón el hombre cree todo lo que conduce a la justicia, con la boca confiesa todo lo que conduce a la salvación” (Romanos 10, 10)

PRIMERO.

Confesamos, proclamamos y admitimos los 12 Artículos que existen en el Símbolo común de la Fe, es decir, a aquellos artículos que están contenidos en el Creo en un solo Dios, los cuales los leemos a diario en solitario, en común, en nuestras celdas, en los santos templos de Dios y en cualquier parte que nos encontremos. Ya que escuchamos al San Juan Crisóstomo decir: “Los terribles cánones que hay en el símbolo, son dogmas que han bajado del cielo” (Homilía 40 en la 1ª Epístola de los Corintios).

SEGUNDO.

Confesamos y admitimos todos los otros dogmas, todos los que confiesa (admite) y proclama la santa Católica y Apostólica Iglesia de Cristo, tanto todos aquellos dogmas que se refieren a la elevada y Trinitaria teología, es decir, sobre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, de los cuales una es la divinidad, de acuerdo con el 5º cánon del Segundo Concilio Ecuménico, como los dogmas que conciernen a la profunda y encarnada Economía del Logos de Dios. También hacemos referencia aquí al discurso del padre de la Iglesia San Basilio el Grande: “Creemos tal como hemos sido bautizados, y alabamos y glorficamos a Dios tal como hemos creído” (1º Discurso Ascético).

TERCERO.

Confesamos y admitimos con piedad o con pensamiento los 7 divinos y santos misterios de nuestra Iglesia, los cuales son: el Santo Bautismo, la Santa Crismación, La Divina Eucaristía, el Sacerdocio, el Matrimonio legal, el Arrepentimiento y la Unción. Estos misterios honramos y reconocemos con toda nuestra fe y piedad, ya que ayudan de manera imprescindible a la salvación de nuestras almas, y admitimos la santa gracia y la santificación que provienen de estos misterios, de acuerdo al orden que actúa y se guarda en la Iglesia de Cristo de Oriente.

CUARTO.

Conservamos las tradiciones Apostólicas, en las cuales hemos sido enseñados, ya sea con discursos, ya sea con las epístolas de los divinos y venerables Apóstoles, y permanecemos creyentes en todo lo que aprendimos y en lo que fuimos cerciorados, como anuncia el Apóstol Pablo a nosotros y a todos los cristianos en su 1ª Epístola a las Corintios, en la 2ª Epístola a los Tesalonicenses y en la 2ª Epístola a Timoteo.

QUINTO.

Junto con las tradiciones de los Apóstoles, mantenemos y admitimos las Tradiciones de la Iglesia, es decir, las tradiciones que fueron determinadas por los sucesores de los Apóstoles. Así, aparece el heterodoxo Montano, que alcanzó su esplendor en el siglo II y su convicción era el violar e incumplir las tradiciones y las costumbres de la Iglesia, según Eusebio (Libro 5º cap. 15 de la Historia Eclesiástica). Ya que los dogmas y las tradiciones de la Iglesia no son opuestos entre si, todo lo contrario, más bien los unos completan a los otros. Ya que los dogmas de la Fe constituyen las tradiciones de la Iglesia, mientras que las Tradiciones de la Iglesia se sostienen encima de los dogmas de la fe, pero los dos juntos tienen el mismo e idéntico poder en el tema de la fe. Por esto también dijo San Basilio el Grande “los dos tienen idéntico poder en el tema de la fe” (Cánon 91).

Ya que, como las grandes piedras se tiene en pie junto con las pequeñas y las dos juntas constituyen el edificio, si alguien quiere echar abajo las pequeñas, simultáneamente echa abajo también las grandes, así los dogmas de la Fe permanecen juntos con las tradiciones de la Iglesia, también si alguien quiere violar e incumplir las tradiciones de la Iglesia, viola e incumple junto a éstas los dogmas de la Fe. Por esto dijo también San Basilio el Grande: “Si intentamos incumplir lo no escrito de las costumbres y tradiciones, con el pretexto que no tienen un gran poder, por este error, provocaremos un gran daño en el Evangelio. Más bien convertiremos el kerigma del Evangelio en simplemente un nombre bonito y fino.” (Cánon 91).

SEXTO.

Sostenemos y admitimos todos los santos cánones de los muy honorables Apóstoles, los cánones de los 7 Concilos Ecuménicos, los cánones de los Concilios Locales y de los santos y teóforos Padres que vivieron en todo lugar, los cánones que contiene el 2º Artículo del Sexto Concilio Ecuménico y los cánones que fueron ratificados en el 1º Artículo del Séptimo Concilio Ecuménico. Junto con los Cánones admitimos también las Actas de los mismos Concilios, ya que ambos tienen idéntico poder.

SEPTIMO.

Y hablando en general: todo lo que la Iglesia Santa, Universal, Apostólica y Oriental, nuestra madre común y espiritual, admite y confiesa, esto es lo que nosotros junto con ella aceptamos y confesamos. Y todo lo que ella aborrece, detesta y rechaza, igualmente también nosotros repudiamos, rechazamos y detestamos junto con ella como sinceros y verdaderos hijos suyos.
 
(Por San Nicodemo el Agiorita, introducción de su libro “Confesión de Fe”)
 
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Friday, August 17, 2018

Las huestes demoníacas tiemblan cuando ven la Cruz... ( San Juan Maximovitch )

La Cruz del Señor fue el instrumento por el cual Él salvó al mundo luego de la caída en el pecado. A través de la Cruz, Él descendió con Su Alma al infierno para así levantar de él las almas de quienes Lo estaban esperando. Por la Cruz, Cristo abrió las puertas del Paraíso las cuales habían sido cerradas luego de que nuestros ancestros fueran desterrados de él.

La Cruz fue santificada por el Cuerpo de Cristo que fue clavado en ella cuando Él se dio a Sí mismo a los tormentos y a la muerte para la salvación del mundo, y ella misma fue entonces llena con poder para dar vida. Por la Cruz en el Gólgota, el príncipe de este mundo, fue arrojado afuera (Juan 12:31) y un final fue puesto a su autoridad. El arma con la que Él fue aplastado se volvió el signo de victoria de Cristo.

Las huestes demoníacas tiemblan cuando ven la Cruz, ya que por la Cruz, el reino del infierno fue destruido. Ellos no se atreven a girar cerca de alguien que esta guardado con la Cruz. Toda la raza humana, por la muerte de Cristo en la Cruz, recibió la liberación de la autoridad del diablo, y todo el que hace uso de esta arma salvadora es inaccesible a los demonios.

San Juan Maximovitch
 
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