Wednesday, September 18, 2019

Sobre el Juicio Final ( San Juan Maximovich )


Estamos en la semana de la conmemoración del juicio final. A pesar de que nadie, más que Dios Padre, tiene el conocimiento de cuándo va a ser ese día, las señales de su acercamiento están relatadas en el Evangelio, y en la Revelación o Apocalipsis del Santo Apóstol San Juan el Teólogo.

En gran medida la Revelación o Apocalipsis nos habla de los sucesos del fin del mundo y del juicio final mediante representaciones y de manera indirecta, pero los santos padres la explicaron, hay una genuina tradición cristiana, que nos habla de los signos del acercamiento del fin del mundo y del juicio final.

Antes del fin del mundo terrenal, va a haber pánico, guerras, luchas internas entre las personas, hambre, terremotos.

Las personas sufrirán por miedo, morirán esperando tragedias. No va a haber alegría de vivir, se tendrán atormentadoras condiciones de abandono hacia la vida. Pero además, la apatía no será solo hacia la vida, sino también hacia la fe, y "al venir el Hijo del Hombre,¿ encontrará El, fe en la tierra ?" (San Lucas 18:8).

El hombre se volverá orgulloso, desagradecido, rechazará la Ley de Dios: junto con el desapego a la vida decrecerá la moral. Disminuirá el bien y aumentará el mal.

Es sobre este tiempo que el Apóstol San Juan el Teólogo habla en su obra inspirada por Dios llamada Apocalipsis. El mismo dijo, cuando la escribió que "estaba en el Espíritu," lo cual quiere decir que el mismo Espíritu Santo estaba en él, cuando a través de distintas imágenes, tuvo las revelaciones del destino de la Iglesia y del mundo terrenal. Por ello es la Revelación de Dios.

El Apocalipsis representa el destino de la Iglesia a través de la imagen de una mujer, que en esos tiempos se esconde en el desierto: ella no se da a conocer a la vida pública, como lo es ahora en Rusia. En la vida pública, las fuerzas que preparan la posibilidad de la aparición del Anticristo ocuparán un papel importante.

El Anticristo va a ser una persona, y no un demonio encarnado. "Anti" significa "contra." Es un hombre que quiere ser o estar en el lugar de Cristo, ocupar Su lugar, y poseer aquello que Cristo poseía. El desea tener la atracción de Cristo y la autoridad sobre todo el mundo. Más aún el Anticristo recibirá esa autoridad antes de su destrucción y la del fin del mundo terrenal.

¿Qué se sabe sobre el Anticristo? Su padre, un total desconocido, y su madre una virgen solo en apariencia. Será un hebreo de la tribu de Dan. El Anticristo será muy sabio y tendrá el don de saber tratar a la gente.

Será encantador y afectuoso. El filósofo Vladimiro Soloviev, trabajó mucho sobre el tema para representar la llegada y la identidad del Anticristo. Minuciosamente utilizó todo el material sobre este interrogante, no solamente el proveniente de los Santos Padres sino también de los musulmanes, elaborando así una clara imagen. Antes de la llegada del Anticristo, en el mundo ya se hacen preparativos para su aparición. "El Misterio de la iniquidad ya está actuando" (2 Tes. 2:7).

Las fuerzas, que se disponen para su llegada, antes que nada luchan contra el lícito poder Imperial. El Apóstol Pablo dice, que no puede manifestarse el Anticristo, hasta que no sea "quitado de en medio el que ahora impide" (2 Tes. 2:7). San Juan Chrysostom explica que el "que retiene" — es el poder legal devoto, piadoso: semejante poder es el que lucha con el mal. Por esta razón, el "misterio" (de la iniquidad) que ya actúa en el mundo, lucha con este poder, desea un poder ilegal y cuando lo consiga, entonces ya nada podrá entorpecer la llegada del Anticristo.

El no solo va a ser sabio y hechizante, sino también va a pretender que es piadoso, va a demostrar caridad y hará el "bien," con la finalidad de fortalecer su poder. Y cuando se fortifique a tal punto que todo el mundo lo reconozca, descubrirá su rostro, su personalidad.

Elegirá a Jerusalén como su capital, en especial porque es precisamente allí donde El Salvador manifestó Su enseñanza Divina y Su Identidad. Fue allí donde todo el mundo fue llamado hacia la bienaventuranza del bien y de la salvación. El mundo no reconoció a Jesucristo y lo crucificó en Jerusalén, mientras que todos reconocerán el poder del Anticristo y Jerusalén, será la capital del mundo.

Al conseguir la cúspide del poder, el Anticristo exigirá el reconocimiento de las personas, pues él va a lograr lo que nadie ni ningún otro poder terrenal pudo adquirir hasta entonces, va a exigir que lo veneren como a un ser superior, como a un dios.



Vladimiro Soloviev describe muy bien el carácter de su trabajo como "Sumo Gobernante". El hará lo que agrade a todos, bajo la condición de que lo acepten como a un Poder Superior. El permitirá que subsista la vida de la Iglesia, permitirá que se realicen los oficios, prometerá la construcción de hermosos templos, pero todo ello, condicionado a que lo reconozcan y lo veneren como a un "Ser Superior." Él odiará a Cristo y vivirá con ese odio permanente, y se va a alegrar del rechazo de las personas hacia Cristo y hacia la Iglesia.

Bajo el Anticristo habrá una negación de la fe en masa, muchos obispos serán desleales a la fe, y lo justificarán mostrando el estado resplandeciente de la Iglesia.

La búsqueda de componendas será la característica de la naturaleza de las personas. Desaparecerá la rectitud en la confesión. El hombre justificará su decadencia con astucia, y el gracioso maligno apoyará ese estado general. Las personas adquirirán la costumbre de alejarse de la verdad y se acostumbrarán al placer de las componendas y del pecado.

El Anticristo va a permitir cualquier cosa a las personas, con tal de que ellos al "decaer lo veneren." y que todo el mundo se someta a él. Luego vendrán dos hombres rectos, que sin temor predicarán la fe y acusarán al Anticristo. De acuerdo a la tradición eclesiástica, estas personas son dos profetas del Viejo Testamento, Elias y Enoch, que no han probado la muerte, pero la probarán ahora por tres días, y al tercero van a resucitar. Su muerte dará gran alegría al Anticristo y a sus servidores. Su resurrección los sumergirá en gran confusión y pánico. Es allí donde llega el fin del mundo.

El Apóstol Pedro dijo que el primer mundo fue hecho de agua "De agua" también es la imagen del caos de la masa física y pereció sumergida por el diluvio. El mundo actual se conserva para el fuego. La tierra y todo lo que está en ella se va a quemar, los elementos serán desintegrados por el fuego y la tierra, con todo lo que hay en ella, será consumida. (II Peter 3:5-7, 10).

Entonces aparecerá el símbolo del Hijo de Dios — o sea el símbolo de la Cruz. Todas las personas, que se habían sometido voluntariamente al Anticristo van a sollozar. Todo terminará para siempre. El Anticristo va a será exterminado. Su reinado, su lucha con Cristo llegará a su fin.

Todos deberán rendir cuentas ante Dios — el Verdadero Juez.

"El fin del mundo" no significa su destrucción, sino su transformación. De repente todo va a cambiar en un abrir y cerrar de ojos.Los muertos van a resucitar en nuevos cuerpos — en los suyos pero renovados, transformados, como Jesucristo que resucitó en Su propio Cuerpo, en El estaban las marcas de la lanza y de los clavos, sin embargo poseía nuevas facultades, y en ese sentido era un cuerpo nuevo. Lo que no ésta claro — es si éste va a ser un cuerpo nuevo, o, va a ser como el que tenía el primer hombre cuando fue creado.

Luego el Señor aparecerá con gloria en las nubes. Sonarán con fuerza y poder las trompetas, repiquetearán en el alma y en la conciencia. Todo se volverá claro en la conciencia humana. El profeta Daniel, al relatar sobre el Juicio Final, dice, que en los viejos días, el Juez está en el trono, y ante Él corre un río de fuego (Daniel 7:9-10). El fuego es un elemento de purificación. El fuego funde el pecado, lo quema, y pobre de aquel para quien el pecado el se hizo como parte de su naturaleza, porque entonces el fuego lo quemará.

Ese fuego se va a encender en el interior del hombre: al ver la Cruz algunos se van a regocijar, y otros se van a desesperar, van a sentir confusión, terror y desesperación. Así se van a dividir las personas: en el relato del Evangelio ante el Juez unos se van a parar a la derecha, y otros a la izquierda — a ellos los separa su conciencia interior. El mismo estado del alma de la persona lo arroja a un lado o al otro, a la derecha o a la izquierda.

Cuanto más firme y conciente haya sido el esfuerzo del hombre en su vida hacia Dios, tanto más va a ser su alegría, al escuchar la Palabra "Benditos, vengan hacia Mi," y por el contrario, esas mismas palabras van a convocar el fuego del terror y del tormento en aquellos que no quisieron a Dios, o que durante su vida se apartaron, lucharon, blasfemaron o injuriaron contra El.

El juicio final no sabe de testigos o de notas protocolares. Todo está escrito en el alma humana, y estos registros, estos "libros" se abrirán en el Juicio. Todo se hace visible para todos y para uno mismo, el estado del alma humana determina a la derecha o a la izquierda. Unos van hacia el regocijo, otros hacia el horror.

Cuando se abran los "libros," a todos les será claro, que las raíces de todos los vicios se quedan en el alma humana. Esta el borracho, el libertino — y cuando se muere su cuerpo, alguien pensará: con él se murió el pecado. Pero no es asi: en el alma recidia la mala tendencia, le era placentero pecar. Y si ella no se arrepintió de su pecado y no se liberó de él, llegará al Juicio Final con ese deseo de pecar el cual nunca podrá satisfacer. En ella quedarán los sufrimientos del odio y maldad. Habrá "rechinar de dientes" de impotente malicia y el fuego insaciable del odio.

La "Gehena Ardiente" — se puede interpretar como un fuego interno de los vicios que queman.
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Sunday, September 15, 2019

Vivir según el amor de Dios y la virtud ( San Antonio el Grande )


Quienes son verdaderamente hombres, tienen un celo tal de vivir según el amor de Dios y la virtud, que su conducta virtuosa resplandece sobre los otros hombres Así como sucede cuando se coloca un detalle púrpura sobre las partes blancas de los vestidos para adornarlos y se destaca, poniéndose en evidencia, es así como los hombres deben practicar con máxima y evidente solidez las virtudes del alma.

San Antonio el Grande
 
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Sunday, September 8, 2019

Las Santas Escrituras sobra la gracia del Espíritu Santo.


Tomando en consideración el triste ejemplo del movimiento carismático, el hijo de la Iglesia Ortodoxa de Cristo debe cuidarse como si fuera el veneno más letal de todos los métodos artificiales que conducen a adquirir estados sobrenaturales y agudas sensaciones.
Las escrituras del Nuevo Testamento enseñan con mucha solidez, que dones precisamente se debe pedir a Dios. En sus cartas a los Gálatas el apóstol Pablo escribe: “El fruto del Espíritu: es amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fe, mansedumbre, templanza” (Gal. 5:22). Como vemos, todos estos dones se refieren a la región espiritual y moral. Igual que el profeta Isaias, el apóstol Pablo comienza con los dones superiores pasando gradualmente a aquellos que sirven de base. Cabe señalar que los dones del Espíritu Santo aquí citados van paralelos con los virtuosos, hacia los cuales llama el Salvador en Sus Mandamientos de Bienaventuranza (Mat. 5° capítulo). Por eso resulta ilustrativo comparar unas con las otras. Siguiendo el orden del apóstol Pablo, “el fruto del Espíritu es:

· Amor, felicidad. El amor — es la “perfección total” (Col. 3:14). Quienes lograron tal perfección, la misma es tan fuerte, que están prestos a sacrificarlo todo por el Señor y por los amados — incluso hasta sus propias vidas. La felicidad, otorgada por el Espíritu Santo, a veces los hace insensibles al sufrimiento (Bienaventurados los perseguidos por la verdad ... Regocijaos y alegraos.... 8° y 9° mandamiento de bienaventuranza. Ved también 1 Fes. 3:12; Tim. 1:7).
· Paz, paciencia, gentileza — la pacificación de las fuerzas del alma, la pureza del corazón y la sabiduría espiritual hacen a una persona capaz, también, de ayudar a otras a estar en paz con Dios (Bienaventurados los puros de corazón ...Bienaventurados los pacificadores ... 6° y 7° mandamiento).
· Misericordia — capacidad de sentir compasión de la gente, deseos de ayudarles (Bienaventurados los misericordiosos ... 5° mandamiento).
· Fe — sensibilidad espiritual e intuición para aceptar las verdades religiosas, sed de vivir con valores espirituales (Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia ... 4° mandamiento).
· Mansedumbre — apaciguamiento del temperamento — indicador del restablecimiento moral (Bienaventurados los mansos ... 3° mandamiento de Bienaventuranza).
· Abstinencia — humildad, arrepentimiento y abstinencia — es la triple base, sobre la cual se cimienta el edificio de los virtuosos (Bienaventurados los pobres de espíritu ... Bienaventurados los que sufren ... 1° y 2° mandamiento de Bienaventuranza).

Además de éstos, las Santas Escrituras mencionan otros dones benditos, que contribuyen al crecimiento espiritual de la persona. Citaremos algunos de ellos.
La primera acción del Espíritu Santo — es guiar a la gente hacia Cristo, infundiendo en ellos la fe en Él y en la absoluta veracidad de todo lo enseñado por Él (Juan 6:44; Gal. 1:15-16; Ef. 2:8; Ne. 9:20-30; Eze. 36:26-27; Juan 16:13; 1 Juan 2:20-27; 1 Cor. 12:3; 2 Cor. 3:3; Ef. 2:18). El don de fe permite, a su vez, alcanzar el resto de los dones benditos (Rom. 5:2). No obstante, de inclinar a la persona a creer en Cristo, el Espíritu Santo, no obliga o somete la voluntad de la persona. Por eso, la persona es libre de aceptar o rechazar aquello, que le induce el Espíritu Santo. Sin embargo, no deja de ser responsable ante Dios de su decisión (Juan 12:48; Hechos 7:51).
Habiendo plantado la semilla de la fe en la persona, el Espíritu Santo inclina a la persona hacia el arrepentimiento y corrección, ablandando su endurecido corazón (Zac. 12:10 — 13:1; Juan 19:37; Hechos 2:37; Rom. 2:4). Ayuda en la oración (Rom. 8:26) y purifica la conciencia del arrepentido (1 Juan 1:17; Heb. 9:9; Hechos 2:22-41).
En el Bautismo, el Espíritu Santo engendra a la persona para una forma de vida espiritual, lo renueva completamente, cambiando dentro de él la degradación de sus valores. A este renacimiento interno las Escrituras lo comparan con la resurrección de los muertos, donde el creyente se convierte en una nueva creación de Dios (Juan 3:3-6, 8:34; 2 Cor. 5:17; Gal. 6:15; Col. 2:13; Ef. 2:15).
Despertando en la persona las aptitudes espirituales, el Espíritu Santo la conduce a una forma de vida espiritual y de proeza (Lucas 4:1; Gal. 2:20; Tit. 2:11-14). Como resultado de los esfuerzos de arrepentimiernto y de abstinencia el “exterior de la persona” (Cuerpo) “decae” en cambio el “interior de la persona” es renovada día a día
(2 Cor. 4:16).
La gente que vive con intereses espirituales, el Espíritu Santo les otorga un cálido sentimiento de adopción y cercanía de Dios (1 Juan 3:1-2; Rom. 8:13-16,23; Gal. 4:6). Enciende en ellos una llama espiritual y la predisposición hacia Dios (Lucas 12:49; Fil. 2:13). Con esto Él les otorga fuerza, vigor, fortaleza e infatigabilidad (Is. 40:29-31; 1 Cor. 15:10; Ef. 6:10; Felipe 4:13; Ef. 3:20; Rom. 8:26,37; Gal. 2:20).
Literalmente cada paso de un creyente en la vida terrenal, es dirigida por el Espíritu Santo hacia la salvación y la felicidad (Ps. 142:10; Is. 63:10-14; Juan 4:13-14; Pet. 1:5), otorgándole todo los necesario parala vida y la piedad (Jac. 1:17; 2 Pet. 1:3-5; 2 Cor. 3:5; 2 Cor. 12:9-10).
Así, a lo largo de toda la vida de una persona el Espíritu Santo lo transfigura, lo adorna con el perfeccionamiento de la moral y lo asemeja a Cristo. Él santifica a los creyentes, haciendo de ellos templos vivientes de Dios (Gal. 3:27; 1 Cor. 3:16-17; Fes. 5:23).


Obispo Alejandro Mileant
 
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Wednesday, September 4, 2019

Solo cortando nuestras pasiones, podemos ayudar a otros a hacerlo. ( San Paisios el Athonita )

Eviten las ocasiones para el pecado. Si alguien tiene diabetes y no debe comer cosas dulces, ¿como podrá evitarlo, visitando confiterías.? Estén atentos con las tentaciones. Todo comienza por el pensamiento, que nos atrae. ¡Cuan más espiritual es servir a otro hombre y perdonarle sus errores.! El que recibe la beneficencia, siente una alegría humana, él que la otorga — una alegría Divina." Dirigiéndose a la juventud, el Starez dijo: "Solo cortando nuestras pasiones, podemos ayudar a otros a hacerlo. La oración debe realizarse junto con el corazón, y no solo con la boca.



San Paisios el Athonita

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Thursday, August 29, 2019

Santo Mártir Andrés Stratelatos y los otros con el (2,593 Soldados) en Cilicia. Septiembre 1.

El Mártir Andrés Stratelatos fue un comandante militar en el ejército romano durante el reinado del emperador Maximiano (284-305). Ellos lo querían en el ejército romano a causa de su valentía, por ser vencedor y por su sentido de la justicia. Cuando un gran ejército persa invadió los territorios de Siria, el gobernador Antíoco encargo a San Andrés como el jefe del ejército romano, dándole el título de "Stratelatos" ("Comandante"). San Andrés seleccionando un pequeño destacamento de soldados valientes se fue contra el adversario.

Sus soldados eran paganos, y San Andrés aún no había aceptado el bautismo, pero él creía en Jesucristo. Antes del conflicto convenció a los soldados que los dioses paganos eran demonios y no podían ayudar en la batalla. Proclamó a Jesús Cristo, el Dios omnipotente de los cielos y la tierra, dando ayuda a todos los que creen en él.

Los soldados iban a la batalla, invocando la ayuda del Salvador. El pequeño destacamento derrotó a las numerosas huestes de los persas. San Andrés regreso de la campaña en la gloria, tras haber obtenido una victoria total. Pero unos hombres envidiosos lo denunciaron al gobernador Antíoco, diciendo que el era un cristiano que había convertido a los soldados bajo su autoridad a su fe.

San Andrés fue llamado a juicio, y allí declaró su fe en Cristo. Por esto, lo sometieron a torturas. Le pusieron sobre una cama de cobre encendido, pero tan pronto como él buscó la ayuda del Señor, la cama se enfrió. Ellos crucificaron a sus soldados en los árboles, pero ninguno de ellos renunció a Cristo. Encerrando al mártir de nuevo en la prisión, Antíoco envió un informe al emperador, incapaz de decidir si se debe imponer la pena de muerte sobre el campeón elogiado. El emperador sabía que el ejército amaba a San Andrés, y temiéndose de una rebelión, dio órdenes para liberar a los mártires. En secreto, sin embargo, ordenó que cada uno de ellos sea ejecutado por cualquier pretexto.

Después de ser liberado, San Andrés se fue a la ciudad de Tarso, con sus soldados compañeros. Allí, el Obispo local Pedro y el Obispo Nonos de Berea los Bautizaron. Entonces los soldados se fueron a la vecindad de Taxanata. Antíoco escribió una carta a Seleuco, gobernador de la región de Cilicia, le ordenó capturar a San Andrés y a sus compañeros para matarlos, bajo el pretexto de que habían abandonado sus normas militares.

Seleuco vino contra a los mártires en los desfiladeros del Monte Tauro, donde evidentemente iban a sufrir. San Andrés, llamando a los soldados como sus hermanos y sus niños, los exhortó a no temer a la muerte. Él oró por todos los que quieran honrar su memoria, y pidió al Señor para crear un manantial curativo en el lugar donde su sangre iba a derramarse.

En el momento de esta oración los valientes mártires fueron decapitados con la espada. Durante este tiempo, una fuente de agua broto de la tierra. Los Obispos Pedro y Nonos, con su clero, en secreto, siguieron la compañía de San Andrés, y enterraron sus cuerpos. Uno de los clérigos, sufriendo un largo tiempo por causa de un espíritu maligno, bebió de la fuente de agua, y rápidamente se sano. Las noticias de este evento se extendió entre la población local y empezaron a llegar al manantial. A través de las oraciones de San Andrés y del sufrimiento de los 2593 Santo Mártires con él, ellos recibieron gran ayuda de Dios.
 
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Sunday, August 25, 2019

El aborto es un Pecado terrible, Por San Paisios de Monte Athos

Imagen instructiva: Cristo, la Santa Theotokos y San Estilianos bendiciendo y protegiendo a los que cargan la bendita cruz de la vida familiar en Cristo. Una mujer arrepentida carga sobre ella el pecado de su aborto. A la derecha, el Nuevo Herodes del Aborto se presenta personificado, con el médico que le ayuda, y unas mujeres, que llevan sus hijos ante ellos ávidas de amor por el placer, con el corazón enardecido por el pecado y la indiferencia.

Nota: Aquí, el Padre Paisios, con la iluminación divina que posee, muestra cuán terrible es este pecado e intenta convencer al mundo entero sobre cuán grave es el pecado del aborto. Él no usa esto como una astucia para apoyar a ningún partido político. Y no apoyaría a los que usaran la violencia para hacer apología contra los que practican el aborto o contra sus pacientes. Que sus palabras nos concedan la contrición de aprender cuán gran pecado es el aborto, y cómo podemos regresar a Cristo y su arrepentimiento, reconociendo la sagrada imagen de Dios en cada ser humano, incluso en el vientre de una madre.

–Padre, una mujer de cuarenta años, que había criado muchos hijos, estaba embarazada de tres meses. Su marido la había amenazado con que, si no abortaba, la abandonaría.

Si aborta, sus otros hijos lo pagarán con sufrimientos y accidentes. Hoy en día, los padres asesinan a sus hijos con el aborto y no tienen la bendición de Dios. En los tiempos antiguos, si un niño pequeño nacía muy enfermo, se le bautizaba, y moría como un ángel, y era más seguro.

Los padres tenían otros hijos mayores, pero también tenían la bendición de Dios. Hoy, matan a sus hijos por medio del aborto, así como se esfuerzan por mantenerlos vivos cuando están enfermos. Acuden a Inglaterra, a América para sanarlos. Y siguen dando a luz hijos, incluso más enfermos, porque, si quieren tener una familia, pueden dar a luz de nuevo a hijos enfermos, y en ese momento, ¿qué pasaría? Si tuvieran unos cuantos hijos, no podrían acudir tanto al que estuviera enfermo. Moriría y se convertiría en un angelito.

–Padre, leí una vez que cada año, hay un total de 50 millones de abortos y 200.000 mujeres mueren por complicaciones.

Matan a los niños porque dicen que, si la población se incrementara, no habría suficiente alimento para todos, con el fin de preservar a la humanidad. Hay muchas zonas sin cultivar, muchos bosques, para que, con las herramientas de hoy en día, por ejemplo, se pudieran plantar olivares para darlos a los pobres. No es que cortaran los árboles y así no hubiera oxígeno, porque estos árboles serían reemplazados por otros.

En América, arrasan el trigo, y aquí en Grecia, tiran los alimentos a la basura, etc., mientras que en África, la gente se muere de hambre. Cuando la gente estaba muriendo de hambre en Abisinia, porque tenían una gran sequía, le dije a un conocido mío, propietario de barco, que ayudara, en estas circunstancias, yendo a los vertederos de basura y cargando su barco para llevar (los alimentos sobrantes) de forma gratuita. No le permitieron hacer esto bajo ningún concepto.

–¡Cuántos miles de embriones son asesinados cada día!

El aborto es un terrible pecado. Es un asesinato, y por supuesto, un gran asesinato, el matar a niños no bautizados. Los padres deben entender que la vida empieza en el instante de la concepción.

Una noche, Dios me permitió ver una terrible visión, informándome de este asunto. Era la tarde del martes de la Semana Luminosa de 1984. Encendí dos velas en candeleros, como hago siempre cuando voy a dormir, por aquellos que sufren corporal o espiritualmente. En aquellos incluyo a los vivos y a los muertos. A media noche, mientras recitaba la oración de Jesús, vi un gran campo rodeado por una valla, cubierto por el trigo que había empezado a crecer. Permanecí fuera del campo, y encendí velas por los difuntos y las coloqué en el muro de la valla.

A la izquierda había un lugar vacío, lleno de rocas y acantilados, que temblaba constantemente por el clamoroso sonido de miles de voces que te rompían el corazón y te hacían estremecer. E incluso, el hombre más duro que lo escuchara, sería incapaz de permanecer impasible. Mientras escuchaba estos gritos desgarradores, me pregunté de donde venían esas voces, y qué estaba pasando con todo lo que veía, y escuché una voz que me decía: “El campo cubierto por el trigo que acaba de germinar, es el cementerio de las almas de los muertos que podrían resucitar. En el lugar que estaba temblando por los desgarradores clamores se encuentran las almas de los niños asesinados por los abortos”.

Recordando esta visión, he sido incapaz de descansar por la gran pena que experimenté por las almas de los niños. Ni siquiera pude tumbarme para descansar, aunque estuve ocupado todo el día.

–Padre, ¿se puede hacer algo para derogar la ley del aborto?

Si, pero la nación, la Iglesia, etc., debe estar dispuesta a informar a la gente sobre las consecuencias del descenso de la natalidad. El sacerdote debe explicar al mundo que la ley del aborto está en contra de los mandamientos del Evangelio. Los médicos, desde sus posiciones, deberían hablar sobre los riesgos que corren las mujeres que abortan. Mira, los europeos tenían realezas, y las dejaban como herencia a sus hijos. Teníamos temor de Dios, pero lo perdimos y no lo dejamos en herencia a nuestras generaciones, y por eso legalizamos el aborto, los matrimonios civiles, etc. Cuando el hombre desobedece un mandamiento del Evangelio, sólo él es responsable. Sin embargo, cuando algo que choca con los mandamientos del Evangelio se convierte en una ley de la tierra, entonces la ira de Dios cae sobre toda la nación, para que sea castigada.


(San Paisios de Monté Athos)


Ahora Es San Paisios de Monté Athos.
 
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Tuesday, August 20, 2019

El Papismo y el Protestantismo han Distorsionado el Evangelio. ( Protopresbítero Theodoros Zisis )

Protopresbítero Theodoros Zisis Profesor emérito de la Universidad Aristóteles de Tesalónica El Papismo y el Protestantismo han Distorsionado el Evangelio .


Los Ecumenistas son Co-Responsables del abuso del Evangelio y de la perdición de los heterodoxos.

Protopresbítero Theodoros Zisis
 
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Sunday, August 18, 2019

Dormición de la Santísima Virgen María ( Obispo Alejandro Mileant )

Después de la ascensión de Nuestro Señor Jesucristo a los Cielos, la Santísima Virgen habitualmente vivía en los dominios de Jerusalén, visitando los lugares donde predicaba y hacía milagros Su Hijo. Especialmente gustaba visitar el jardín de Getsemaní en la ladera del monte de los Olivos, el que anteriormente había pertenecido a sus ancestros y cerca del cual se encontraba la casa de Sus padres. Largamente rezaba allí, donde el Señor Jesucristo frecuentemente pasaba las noches rezando y desde donde Lo llevaron al juicio y a los sufrimientos en la Cruz. Rezaba la Santísima Virgen por la conversión a la fe del obstinado pueblo hebreo, y por las nuevas iglesias, organizadas por los apóstoles en varios países.
Y así pues en el final de una de estas oraciones se le presentó el Arcángel Gabriel, quien no era la primera vez que se le aparecía, anunciando la voluntad Divina. Iluminado de alegría, le comunicó, que dentro de tres días iba a finalizar el camino de Su peregrinaje terrenal, y Dios La llevaría a Sus eternas moradas. Después de decir esto, Le entregó una rama celestial, que brillaba con luz no terrenal. La Madre de Dios Se alegró por esta noticia, ya que ello le abría la oportunidad de reencontrarse con su Hijo.
De regreso del monte Olivos, comenzó a prepararse para partir de esta vida. Ante todo le comunicó a su hijo adoptivo, el apóstol Juan, que pronto dejaría este mundo, y después lo hizo saber también a sus cercanos.
Su pariente el apóstol Santiago (hijo de José del primer matrimonio, nombrado en el Evangelio "hermano de Jesucristo"), siendo obispo de la ciudad de Jerusalén, se ocupó de que la despedida con la Santísima Virgen, así como Su entierro se realizaran dignamente.
Al inicio del tercer día la casa de la Virgen María se colmó de parientes y conocidos, que no pudieron ocultar sus lágrimas, previendo la pronta separación. Para ese día, por la Providencia Divina, desde diferentes países llegaron los apóstoles, quienes desearon despedirse de Ella. La Madre de Dios, para consuelo de los que lloraban, prometió que, estando ante el trono de Dios, Ella permanecerá rezando por ellos, y por todos los que tengan fe, y estén diseminados por todos los países del mundo. Despidiéndose de todos, pidió que se repartieran entre los necesitados sus pequeños bienes, y que su cuerpo fuera sepultado en la cueva de Getsemaní, donde estaban sepultados sus padres, los justos Joaquín y Ana.
Llegó la hora finalmente, cuando la Madre de Dios debía presentarse ante el Señor. Ardían velas en la habitación, y sobre el lecho adornado yacía la Madre de Dios, rodeada de la gente que La amaba. De pronto, una luz inusual iluminó la habitación con la gloria Divina, y la parte superior quedó translúcida. Y he aquí, que en una luz extraordinaria, descendió del cielo el Mismo Señor Jesucristo, rodeado de Ángeles y de las almas de justos del Antiguo Testamento.
La Madre de Dios, contemplando a su Hijo, como adormeciéndose dulcemente, sin ningún tipo de sufrimientos corporales, entregó en Sus manos Su alma pura. Los apóstoles, viendo esta ascensión del alma de la Purísima Madre de Dios al cielo, siguieron con la vista largamente esto, de manera semejante a como siguieron la Ascensión del Salvador desde el monte de los Olivos. Mas tarde, recordando este acontecimiento, la Iglesia en uno de sus cánticos (acompañamiento al Zadostoinik) dice: "Los ángeles, viendo la Dormición de la Purísima, se extrañaron ¡Cómo la Virgen se arrebataba de la tierra al Cielo!"
Según relata la tradición, durante la sepultura de la Madre de Dios los apóstoles portaban el lecho, sobre el cual yacía Su Purísimo cuerpo, y una enorme cantidad de creyentes, rodeando la procesión, cantaban cánticos sagrados.
Los habitantes no creyentes de Jerusalén, perturbados por la solemne sepultura y enfurecidos por los honores, ofrecidos a la Madre de Aquel, a Quien ellos rechazaron y crucificaron, denunciaron lo que sucedía a los principales de los judíos. Estos últimos, ardiendo de furia contra todo lo que les recordaba a Jesucristo, enviaron siervos y soldados para deshacer esta procesión, y ultrajar el cuerpo de la Madre de Dios. Llegados los siervos y soldados, juntamente con los inservibles de la turba de la ciudad, se abalanzaron sobre la procesión fúnebre de los cristianos. Pero de repente sucedió un milagro inesperado: una nube con forma de corona, que había estado flotando en el cielo sobre el cuerpo de la Madre de Dios, bajó hacia la tierra y como una pared, protegió la marcha funeraria. A pesar de esto, uno de los sacerdotes hebreos de nombre Afonio, exclamando: "He aquí los honores que se le prodigan al cuerpo, que dio a luz al mentiroso, destructor de la ley de nuestros padres," — se lanzó hacia el lecho de la Madre de Dios para volcarlo. Mas apenas hubo tocado el lecho, un Ángel con espada inmaterial le cortó ambas manos. Horrorizado, Afonio cayó al suelo, lamentándose: "¡Desgraciado de mí! ¡Desgraciado de mí!" .
Entonces el apóstol Pedro, deteniendo la procesión, le dijo: "¡Afonio! Has recibido, lo que te merecías. Convéncete pues, ahora, que el Señor es Dios de Venganza, Quien no tarda." Viendo la desesperación en el rostro de Afonio agregó: "¡Tus heridas nosotros no las podemos sanar, a menos que a ello condescendiera nuestro Señor Jesucristo, contra Quien ustedes se levantaron y mataron! Mas ni siquiera Él te sanará, hasta que no creas en Él con todo tu corazón y no confieses con tus labios, que Él es el verdadero Mesías-Cristo, Hijo de Dios."
Afonio, viendo en todo lo sucedido la acción del Mismo Dios, exclamó: "Creo que Jesús es el profetizado por los profetas, Cristo Salvador del Mundo."
Los santos apóstoles, escuchado esta confesión pública y viendo el sincero arrepentimiento de Afonio, se alegraron por su conversión a la fe. Entonces el apóstol Pedro le ordenó que se dirigiera a la Santísima Virgen en oración para pedirle perdón, y después de lo cual colocar los bordes de sus manos a sus correspondientes partes cortadas. Apenas Afonio hubo hecho esto, sus manos se unieron. Solo una delgada cicatriz en el lugar del corte recordaba lo sucedido. Luego, colmado de sentimiento de gratitud, se prosternó ante el lecho de la Purísima y en voz alta comenzó a agradecerle. Agregándose a la procesión funeraria, él la siguió, entonando himnos de alabanza.
Durante la procesión fúnebre, muchos enfermos de toda clase se acercaban al lecho de la Madre de Dios y, tocándolo, sanaban. Llegando a Getsemaní, se detuvieron y comenzaron a despedirse del cuerpo de la Madre de Dios. Era la tarde ya entrada, cuando los apóstoles pudieron colocar el cuerpo en la gruta-sepultura, y la ocluyeron con una gran piedra.
Entre el número de los apóstoles que se habían reunido no se encontraba uno de ellos, y era el apóstol Tomás. Llegando tres días después a Jerusalén, fue a Getsemaní para despedirse, aunque fuera con atraso, del cuerpo de la Santísima. Los apóstoles, que lo acompañaron hasta la gruta, se compadecieron de él y apartaron la piedra que ocluía su entrada, para que el apóstol Tomás pudiera reverenciar los santos restos mortales. Pero, entrando en la gruta, se encontraron solo con las telas de Su sepultura que exhalaban un agradable aroma, mas allí no se encontraba el cuerpo de la Madre de Dios. Consternados por tan inexplicable desaparición de Su cuerpo, decidieron, que seguramente, el Mismo Señor Dios deseó llevarse al cielo Su Santísimo Cuerpo antes de la resurrección universal.
El apóstol Tomás y otros apóstoles, besando el sudario que aún permanecía en el sepulcro, rogaron a Dios les abriera Su voluntad acerca del cuerpo de la Purísima Madre de Dios.
Después de la resurrección del Salvador, los Apóstoles tenían la costumbre de que durante las refecciones, dejaban un lugar libre en la mesa y delante de él colocaban pan en honor del Resucitado Jesucristo, para, al finalizar, levantándose, rezar y elevar ese pan, que llamaban la parte del Señor, exclamando "Grande es el nombre de la Santísima Trinidad, Señor Jesucristo, ayúdanos." Cuando al tercer día después de la Dormición de la Madre de Dios los apóstoles comenzaron a elevar el pan en nombre del Señor Jesucristo, apenas pronunciaron: "Grande es el nombre..." cuando inesperadamente la Santísima Virgen se presentó en el aire "entre nubes y Ángeles relucientes que estaban ante Ella," diciendo: "Alegraos porque con ustedes estaré por siempre." En respuesta a esto los Apóstoles exclamaron: "¡Santísima Madre de Dios, ayúdanos!" Luego de tan milagroso suceso los apóstoles comenzaron a realizar la elevación del pan en honor de la aparición de la Santísima Madre de Dios. Comían una parte del pan dejado por ellos antes del refectorio, en nombre del Señor, y la otra parte — al finalizar el refectorio — en nombre de la Madre de Dios. Esta glorificación y alabanza se conoce con el nombre de elevación de panaguia (del griego todo-santa.)
Mirándolos dulcemente Ella dijo: "¡Alegráos! ¡Desde ahora en adelante Yo estaré siempre con ustedes!" Alegrados con Su promesa, Le replicaron: "¡Santísima Madre de Dios, ayúdanos!"
La desaparición de Su cuerpo y Su subsiguiente aparición a los apóstoles les dio a entender que la Madre de Dios fue resucitada al tercer día por su Hijo el Señor Dios Jesucristo y ascendida con su Purísimo cuerpo a la gloria de los cielos. Así, por la expresión del canto eclesiástico, el sepulcro de la Madre de Dios se convirtió en la "escalera hacia los cielos."
Todos los acontecimientos milagrosos sucedidos en la Dormición de la Purísima Madre de Dios, entre ellos Su resurrección y ascenso a los Cielos, San Damasceno los refiere a la antigua tradición de la Iglesia de Jerusalén. En su palabra sobre esta festividad él dice, que el emperador Marciano y la emperatriz Pulkeria les pidieron al obispo de Jerusalén Juvenal y a los padres del cuarto concilio Universal de Jalkidon, que les comunicaran los datos acerca de los hechos acaecidos en la honorable Dormición de la Purísima y Siempre Virgen María. La Iglesia tiene fe que el cuerpo de la Madre de Dios fue llevado al cielo, y así La glorifica en sus cánticos: "Vencidas las leyes de la tierra fueron en Ti, Purísima Virgen, después de dar a luz permaneciste Virgen, la muerte uniste a la vida: permaneciendo desde el nacimiento Virgen y después de la muerte viva, Madre de Dios, salvas siempre a Tu heredad.
Troparion Tono 1: 
Oh Madre de Dios en el alumbramiento conservaste la virginidad, en Tu Dormición no abandonaste al mundo, siendo Madre de la Vida, Te trasladaste a la vida (eterna) y por Tus oraciones salvas de la muerte a nuestras almas.

Kondaquion Tono 2:  
Incansable en Sus oraciones, Madre de Dios, y en su intercesión esperanza inquebrantable; no ha sido retenida por el sepulcro ni la muerte, porque siendo la Madre de la Vida fue trasladada a la vida por Aquel que se encarnó de su vientre virginal.
¿Cuantos años de vida terrenal vivió la Madre de Dios? Algunos padres de la Iglesia aseveran que Ella vivió hasta una edad muy avanzada. Los historiadores de la Iglesia Epifanio (monje del siglo X, quien compuso la vida de la Purísima Virgen María, sobre la base de los datos de la tradición antigua), Jorge Quedrin, (monje del siglo II, compuso la crónica desde el comienzo del mundo hasta el año 1059) consideran que la Santísima Madre de Dios vivió setenta y dos años.
Esta presuposición se basa en los hechos siguientes: San Dionisio Areopagita, obispo de Atenas, estuvo presente, entre otros, en la sepultura de la Madre de Dios. Él fue convertido a Cristo por el apóstol Pablo en el año 52, D.C. Durante cerca de tres años él acompañó al apóstol Pablo, luego de lo cual viajó a Jerusalén para visitar a la Madre de Dios. Después de esto el apóstol Pablo lo nombró obispo de Atenas, y pudo llegar a Jerusalén para la sepultura de la Madre de Dios recién en el año 57 después de Cristo. Y como Nuestro Señor Jesucristo nació cuando la Virgen María tenía 15 años, en consecuencia, los años de vida sobre la tierra de la Madre de Dios serían aproximadamente unos 72 años. Esta edad la confirma también el famoso profesor Porfirio, de acuerdo a datos encontrados en Atenas en manuscritos antiguos.
La festividad de la Asunción de la Madre de Dios se conmemora desde los tiempos antiguos del cristianismo, y ya en el siglo IV era una celebración universal, como lo testifica Gregorio de Tursk, y especialmente por el hecho, de que ya se la cita en todos los calendarios antiguos. En el siglo V fueron escritos "stijiri" (canción de alabanza para la festividad) por Anatolio, patriarca de Constantinopla y en el siglo VIII — dos cánones, atribuidos a Cosme Sviatograd y Juan Damasceno. Al principio se festejaba el 18 de Agosto. Su festejo universal el día 15 de Agosto fue establecido por voluntad del emperador Mauricio (Desde el Año 582). El ayuno en honor de la Madre de Dios se estableció en el siglo XII en el concilio de Constantinopla, durante el Patriarcado de Lucas, desde el 1 al 15 de Agosto, y la fiesta de la Asunción continúa durante nueve días.
La emperatriz Santa Pulkeria, esposa de Mauricio, colocó las telas sepulcrales de la Madre de Dios en el magnifico templo de Vlagerna, construido por ella en la ciudad de Constantinopla. El cinto de la Madre de Dios lo dejó en el templo de Jalcoprad, también ubicado en Constantinopla. En el templo de la Odigitria la santa Pulkjeria colocó la imagen de la Madre de Dios, que fue pintada, según la tradición, por el Apóstol San Lucas.
La Iglesia glorifica a la Madre de Dios, como mas honorabilísima que los querubines e inigualablemente mas gloriosa que los serafines, Quien ahora, como Reina, comparece a la derecha del Hijo, y, tomando bajo Su protección al género humano, intercede por él clemencia ante el Señor. Junto con esto, con el acontecimiento de la dormición de la Madre de Dios la Iglesia nos enseña, que la muerte no significa la aniquilación de nuestra existencia, sino, solamente nuestro pasaje de la tierra hacia el cielo, de lo perecedero — a la eterna inmortalidad. A este propósito fundamental, desde el siglo IV, se le agrega otra intención — la de descubrir el extravío de los herejes, que negaban la naturaleza humana de la Santísima Madre de Dios y aseguraban por eso, que no se podía hablar de una muerte de la Madre de Dios. Así era el extravío de los "coliridianos," herejes del siglo VI.
La santa Iglesia llama la terminación de la vida terrenal de la Madre de Dios, como "Dormición" y no como muerte, ya que la muerte como destructora del cuerpo no La tocó. Ella (la Virgen) sólo "se adormeció" para despertarse inmediatamente a la gloriosa vida eterna y después de tres días, con el cuerpo incorruptible, establecerse en la morada celestial. En los cánticos de este día la Iglesia invita a los creyentes a alegrarse; inculcando que en el admirable fallecimiento de la Madre de Dios, para consuelo de todos, se manifestó con especial solemnidad la fuerza del Señor, Quien con Su muerte y resurrección quebró el aguijón de la muerte y para Sus fieles, de espantosa la convirtió en alegre y feliz; porque la Santísima Madre de Dios "se adormeció en la muerte como en un sueño corto, despertando rápidamente de ella y se despojó de los ojos, como de una somnolencia, de la muerte sepulcral, percibiendo en la luz del rostro del Señor la vida y gloria eternas." Además, nosotros debemos alegrarnos que la Santísima Virgen, luego de Sus crueles aflicciones y sufrimientos sobre la tierra, recibió en el mundo superior la recompensa por Sus virtudes. Con esto se nos enseña un nuevo significado de la muerte, proporcionado por El resucitado del sepulcro: siendo hasta entonces un castigo por el pecado, la muerte se hizo ahora testigo de la virtud y de la recompensa de las hazañas realizadas durante la vida (Apocal. 14:13).
Debemos regocijarnos, de que la Santísima Virgen allá, en los cielos, con Todo Su Ser compareció ante el Trono de la vivificante Trinidad. Siendo aquí, en la tierra, humilde, ella se presentó en el cielo incomparablemente mas honorable que los querubines, más gloriosa que los serafines, la más luminosa entre todos los justos, no sólo sierva del Señor Dios, sino también Reina de la tierra y del cielo, Señora de las fuerzas superiores y de la gente, colmada de todos los dones Divinos, mar de gracias Divinas, manantial de todos los dones espirituales y corporales, gozo para todos los afligidos, Intercesora de los ofendidos, Saciadora para los hambrientos, visitadora para los enfermos, consuelo y cobertura de los débiles, apoyo de la vejez, protectora de las viudas y huérfanos... A Su Madre, cuando ella implora ante el Señor, Él no puede negarle nada. Ella es la única esperanza de los pecadores, socorro de los desesperados, intercesora inmutable ante el Creador, pronta defensora, amparo del mundo, manantial de misericordia, puerta de clemencia Divina. Observad la historia de la Iglesia, la historia de nuestros antepasados, recorred los templos consagrados en honor de Su nombre, enumerad Sus iconos milagrosos, recorred todo el mundo — siempre encontraréis incontable cantidad de pruebas de Su potestad e ilimitada misericordia. Es por ello que en la Iglesia Ortodoxa, no hay servicios divinos, ni oficios, ni oraciones en las cuales la Iglesia no refuerce sus pedidos con el nombre y las plegarias hacia la Santísima Soberana Nuestra, la Madre de Dios, donde no agradeciera, no exaltara con cánticos a la invencible Generala, nuestra diligente Intercesora y Madre Bienaventurada, siempre Virgen María.


Obispo Alejandro Mileant
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Tuesday, August 13, 2019

Dormición de la Santísima Virgen María.

Aconteció una vez que la Santísima Virgen María se encontraba orando en el Monte de Eleón (Cerca de Jerusalén) cuando se le apareció el Arcángel Gabriel con una rama de palma del Paraíso en sus manos y le comunicó que en tres días su vida terrenal iba a llegar a su fin y que el Señor se La llevará consigo. El Señor dispuso que, para ese entonces, los Apóstoles de distintos países se reunieran en Jerusalén. En el momento del deceso, una luz extraordinaria iluminó la habitación en la cual yacía la Virgen María. Apareció el propio Jesucristo, rodeado de Ángeles y tomó Su purísima alma. Los Apóstoles enterraron el purísimo cuerpo de la Madre de Dios, de acuerdo a Su voluntad, al pie de la montaña de Eleón, en el jardín de Getsemaní, en la gruta donde se encontraban los cuerpos de Sus padres y el de San José. Durante el entierro ocurrieron muchos milagros. Con sólo tocar el lecho de la Madre de Dios, los ciegos recobraban la vista, los demonios eran alejados y cualquier enfermedad se curaba.

Tres días después del entierro de la Madre de Dios, llegó a Jerusalén el Apóstol Tomás que no pudo arribar a tiempo. Se entristeció mucho por no haber podido despedirse de la Virgen María y, con toda su alma, expresó su deseo de venerar Su purísimo cuerpo. Cuando se abrió la gruta donde fue sepultada la Virgen María, Su cuerpo no fue encontrado y sólo quedaron las mantas funerarias. Los asombrados Apóstoles retornaron a su vivienda. Al anochecer, mientras rezaban, oyeron un canto angelical y al levantar la vista pudieron ver a la Virgen María suspendida en el aire, rodeada de Ángeles y envuelta en un brillo de gloria celestial. Ella les dijo a los Apóstoles: "¡Alégrense! ¡Estaré con ustedes todos los días!"

Su promesa de ser auxiliadora e intercesora de los cristianos se mantiene hasta el día de hoy y se convirtió en nuestra Madre celestial. Por Su gran amor y Su ayuda todopoderosa, los cristianos desde tiempos remotos la veneran y acuden a Ella para pedir ayuda y la llaman "Fervorosa Intercesora por el género humano," "Consuelo de todos los afligidos" y quien "no nos abandona después de Su dormición." Desde tiempos remotos, y siguiendo el ejemplo del Profeta Isaías y de Santa Elizabet, empezó a ser llamada Madre de Dios (o Deípara) y Madre de nuestro Señor Jesucristo. Este nombre surge como consecuencia de que Ella engendró a Aquél que siempre fue y será el verdadero Dios.

La Santísima Virgen María es un gran ejemplo para todos aquellos que tratan de complacer a Dios. Ella fue la primera que decidió entregar Su vida enteramente a Dios. Demostró que la voluntaria virginidad supera a la vida familiar y matrimonial. Siguiendo Su ejemplo, ya desde el inicio de los siglos, muchos cristianos empezaron a llevar una vida casta con oraciones, ayunos y la mente orientada a Dios. Así surgió y se afirmó el monacato. Lamentablemente, el mundo contemporáneo no ortodoxo no valora en absoluto y hasta se burla de la castidad, olvidándose de las palabras del Señor: "Porque hay eunucos (vírgenes) que nacieron así del vientre de su madre; y hay eunucos que son hechos eunucos por los hombres; y hay eunucos que se hicieron a sí mismos eunucos por causa del Reino de los Cielos; el que sea capaz de recibir esto, que lo reciba" (San Mateo 19:12).

Completando esta breve visión de la vida terrenal de la Virgen María, cabe agregar que Ella, tanto en el momento de Su suprema Gloria, cuando fue elegida para convertirse en la Madre del Salvador del Mundo como también durante las horas de Su inmensa pena, cuando al pie de la cruz y según la profecía de San Simeón "un arma traspasó Su alma," demostró tener un pleno dominio de sí misma. Con esto, descubrió toda la fuerza y la belleza de Sus virtudes: la humildad, la fe inquebrantable, el valor, la paciencia, la esperanza en Dios y el amor hacia Él. Por eso nosotros, los Ortodoxos, La Veneramos con Tanta Devoción y Tratamos de Seguir Su ejemplo.
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Thursday, August 8, 2019

El hombre no tiene nada propio: todo empieza y termina en Dios. ( GERONDA JOSÉ EL HESICASTA DE MONTE ATHOS. )


El hombre no tiene nada propio: todo empieza y termina en Dios.

¡Nuestro Señor Dios vive!

Todo está bien en ti, mi querido hijo. Por eso es que Cristo te ama tanto. Y una señal de ese amor es la Gracia Divina que recibiste siendo aún niño y que te guía.

Cuídate, no sea que con una pizca de la acritud del placer termines amargando a nuestro Buen Dios. En todo esto se esconde la envida del maligno, que odia a quienes Cristo les ha abierto los ojos del alma.

Permanece atento, entonces, mi querido hijo. Cuídate mucho.

Él ve lo que tú no puedes ver. Cristo, el Misericordioso, intenta abrirte los ojos del alma.

¡Oh, qué bueno es Él!

Y el astuto, viendo esto, intenta cerrarte los ojos, por medio del amargo placer.

No dejes de llamar el Nombre de Cristo. Hazlo con cada respiración tuya, aunque tu mente se disperse. No te intranquilices.

Este cuidado y preocupación permanentes de buscarlo harán que venga a ti, haciendo que de tu corazón brote una fuente de agua fresca que clamará sin cesar: “¡Señor Jesucristo, ten piedad de mí!”. Entonces te gozarás permanentemente de la voz y dulzura del Señor..

Solamente debes temerle al pecado y huir de él, porque todo lo destruye.

Las cosas que me escribes son señales de que Dios viene a ti. Se trata del primer acercamiento de Dios a cualquier pecador que se arrepiente y que vuelve a Él. Procura purificarte por medio de una confesión profunda. No permitas que tu interior quede la más mínima impureza del pecado, para que el maligno no tenga motivos para vencerte.

El hombre, hijo mío, no puede hacer nada solo. No tuvo, no tiene y no tendrá, jamás, la capacidad de hacer algo bueno sin la ayuda de Dios. Cualquier pensamiento bueno, cualquier acción buena del pensamiento es obra de la Gracia de Dios. Si pudieras hacer algo sin utilizar tu cuerpo, entonces sí que estarías haciéndolo con lo que te pertenece. Pero, al hacer las cosas con tu cuerpo, recuerda que ese cuerpo fue creado por Dios. Si pudieras pensar algo, sin utilizar tu mente, ese pensamiento sería exclusivamente tuyo. Pero recuerda que tu mente también es creación de Dios.

En consecuencia, el hombre no tiene nada propio: todo empieza y termina en Dios.

GERONDA JOSÉ EL HESICASTA
DE MONTE ATHOS.
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Tuesday, July 30, 2019

Las Mujeres. ( San Serafín De Sarov )

En esta celda tan frecuentemente visitada, Serafín recibía también muchas mujeres. ¿No había dicho un día que era necesario desconfiar, como de la peste, de "estas cornejas pintadas"? Envejecido, lleno como estaba de fuerza espiritual, su actitud hacia ellas había cambiado. Primero entre los santos rusos, él debía ocuparse de su muerte, prever el papel, que, en el futuro, les estaba reservado.
"No olvidaré jamás, mientras una de ellas, que, habiendo él orado conmigo delante del icono de la Madre de Dios, puso sobre mi cabeza sus manos calientes; yo sentí de pronto una fuerza vivificante expandirse a través de mi cuerpo entero. Levanté los ojos sobre el Padre y vi que lloraba. Una de sus lágrimas cayó sobre mi frente. ¿Lloraba por mí? No osé preguntarle...
¿Lloraba por la suerte de tantas mujeres, esclavas de dueños inhumanos, de maridos cuya brutalidad asesinaba sus almas y sus cuerpos, de los huérfanos sin dote y sin sostén de los que se ocupaba su madre, Agata Mochnine, de santa memoria? Es lo más probable.
Hablando a las personas casadas, el staretz no entraba en los detalles de 1a vida conyugal. Se contentaba con pedir a los esposos la fidelidad recíproca y el amor que aseguran a la familia la estabilidad y la paz.

San Serafín De Sarov 
 
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Wednesday, July 24, 2019

La Lucha Contra el Pecado ( Obispo Alejandro Mileant )


E1 Señor no habló sólo en parábolas: habló claramente del Padre, de sí mismo y del Espíritu Santo tan bien como de la auténtica vida espiritual del hombre. Si el Antiguo Testamento nos pone en guardia principalmente contra las manifestaciones exteriores del mal y sus consecuencias, el Señor mismo muestra las mismas raíces del pecado. Así el sexto mandamiento dice: "No matarás," y Jesucristo nos dice: "Guárdate de la cólera, de la venganza; perdona, no condenes" y hasta: "no juzguéis." De igual manera, el séptimo mandamiento ordena no cometer adulterio y el Señor lo explica así: "cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón" (Mateo 5:28).
Él Señor nos ha revelado que el pecado tiene su origen en el corazón del hombre; es por eso que debe comenzar la lucha contra el pecado purificando su corazón de los deseos malignos y de los pensamientos inicuos, porque "del corazón salen los malos pensamientos, muertes, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre" (Mateo 15:19-20).
Según la voluntad del Señor sobre la necesidad de purificar el corazón de sus inclinaciones perversas, los Apóstoles y, después de ellos, los Padres de la Iglesia, fundándose sobre su propia experiencia de su lucha espiritual, elaboran una enseñanza detallada sobre el nacimiento y el desarrollo del pecado y sobre los medios de combatirlo.
Primero viene la idea del pecado. Todavía no es pecado sino tentación. Luego el hombre comienza a considerar con simpatía la idea y ya se inicia el pecado. Entonces piensa en ella con complacencia, por fin su misma voluntad se inclina hacia el pecado y efectivamente lo comete. Una vez cometido el pecado, se repite fácilmente, la repetición se convierte en costumbre y luego el hombre se encuentra dominado por tal o cual vicio o pasión.
Para vencer el mal, debe luchar contra él desde el principio: cuando nace la idea del pecado. Cuanto más demora tanto más dura la lucha. La lucha contra una pasión, un vicio o una mala costumbre es muy difícil. Para erradicar los malos pensamientos en su mismo principio, uno tiene que estar atento a sí mismo, conocerse. Cuando uno reconoce un pensamiento malo, le conviene cortarlo de raíz, concentrando su atención en un objeto más elevado. No es fácil hacerlo. Lo mejor es, en cuanto aparece un pensamiento malo (sea una ofensa, mala intención, envidia, codicia o un deseo carnal). volverse inmediatamente hacia Dios y pedirle que expulse la tentación.
E1 mejor recurso propuesto por los Padres de la Iglesia es la oración de Jesús: "Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador." E1 que procede de esta manera adquiere poco a poco dominio sobre sí para llegar en fin a un estado en que el alma vive en la paz y en el gozo.
Esta renovación hacia una organización armoniosa del alma es llamada por los Padres de la Iglesia "la ciencia de las ciencias," "el arte de las artes," y sin ella, no hay vida cristiana auténtica. San Hesiquio de Jerusalén dice: "Si dentro de su corazón el hombre no hace la voluntad de Dios... tampoco la hará exteriormente."


Obispo Alejandro Mileant
 
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Saturday, July 20, 2019

ORACION A SAN PANTALEON PARA PEDIR SANACION DE UN ENFERMO.


Glorioso Médico San Pantaleón
que toleraste con invencible fortaleza
las adversidades de esta vida,
y no sentiste temor ante los sufrimientos del cuerpo, acudo ante ti y deposito mi total confianza
en tu corazón Grande y Generoso.

Santo Mártir Pantaleón, tu que tantos milagros obraste,  que a tantos diste salud del cuerpo y alma,  posa tu mirada, manos y bendición sobre ......

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(Di tu Nombre o el de la Persona Enferma)

y Restitúyele la energía y la vitalidad,
alivia y calma sus sufrimientos y dolores
dale ánimos e infunde en él la esperanza,
concédele espíritu de fortaleza y tesón
y haz que recobre la salud perdida.

San Pantaleón Mártir, modelo de todas las virtudes
que superaste todos los tormentos por amor al Señor, haz que ...... supere sus dolencias y padecimientos,
intercede por ...... para que sea sanado.

Señor Tu que inflamaste con tu amor
al joven médico San Pantaleón
y le constituiste como nuestro Abogado y Protector, Tú que siempre recompensas a los que creen en Ti,  escucha la oración de sus fieles devotos, y concédenos a quienes le honramos y confiamos en su poder
ser atendidos favorablemente en lo que solicitamos y que cuanto pedimos en su nombre nos sea otorgado.

Jesús, salud y luz del mundo,
haz que nos abracemos a tus enseñanzas
con toda el alma, a ejemplo de tu Mártir San Pantaleón, que tanto trabajó y luchó por el bienestar de los hombres;
y te rogamos que por nuestra fe en tu misericordia
nos ayudes a extender las maravillas de tus favores
a nuestro alrededor y todo aquel que lo Precisara.

Así sea.
Rezar el Credo, Padrenuestro y Gloria.

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Monday, July 8, 2019

La virtud de la Paciencia ( San Basilio el Grande )


Toda la vida del justo está llena de tribulaciones, porque estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva al cielo (Mt 7:14), y "Muchos son los males del justo; Mas de todos ellos lo librará Jehová" (Sal 34:19). Por eso también el Apóstol dice: "Nos acosan por todas partes, pero no estamos aplastados ;nos encontramos en apuros, pero no desesperados" (2 Co. 4:8). Y otra vez se dice: "Y no sólo esto, sino que hasta de los sufrimientos nos sentimos orgullosos, sabiendo que los sufrimientos producen paciencia; la paciencia produce virtud sólida, y la virtud sólida, esperanza" (Rom 5:3-4), porque quien no da importancia al sufrimiento también desprecia el conocimiento. Al contrario, como a nadie coronan con la corona del triunfo sin el rival, así lo mismo a nadie llamarán probado sin el sufrimiento. Por eso estas palabras: "Dios me libera de toda miseria." No hay que entenderlas como si Dios nunca más permitirá la tentación, sino que junto a la tentación, da la posibilidad de soportarla.
Sucede que por la tentación del maligno, Dios que ama al hombre, le envía alguien como un gran luchador y para luchar con él, y El humilla su orgullo con la grandísima paciencia que da s sus siervos, como leemos en la historia de Noé. 
 
También como ejemplo para aquellos, que no saben soportar con paciencia, Dios muestra a sus fieles que hasta la muerte saben soportar todos los sufrimientos, como por ejemplo Lázaro. El, cubierto de heridas, nunca se lamentó de su condición de humilde, por eso recibió el descanso en el seno de Abraham que soportó los males de su vida (Lc. 16:25). Así también nosotros, aceptando los golpes de la mano de Dios, que con amor y sabiduría gobierna nuestra vida, ante todo pedimos conocer el motivo por el cual El nos da la cruz y entonces, para liberarnos de los sufrimientos y con la paciencia que junto con la prueba nos concede, la fuerza de soportar hasta el fin.
Yo deseo que ustedes tengan la misma convicción animándonos con la profunda esperanza a la alegría para poder en este tiempo, llevar las preocupaciones con paciencia; puede ser que con el sufrimiento, nosotros paguemos el débito de nuestros pecados. De tal manera nosotros, heridos, estaremos preservados de la airada mirada de Dios. Puede ser que Dios con tales pruebas quiera probar nuestra santidad. En tal caso el justo juez no permitirá el ser tentados por sobre nuestras fuerzas, sino nos dará - como premio de aceptar ya todos los sufrimientos - la corona de la paciencia y la esperanza.
Cuando les sucede algo doloroso, no se dejen llevar por la alteración sino deben estar preparados para esta prueba.
Luego, es importante aliviar la difícil situación con la esperanza de las cosas futuras. Como aquellos que tienen la vista débil, y se alejan de toda cosa resplandeciente, ellos no bajarán del cielo, sino que fueron expulsados del mirar solamente a las cosas tristes, ni ocuparse de las miserias, sino elevar los ojos con la meditación sobre los verdaderos bienes. Siempre ten a Dios en la mente y así podrás siempre alegrarte. ¿Alguien empañó tu gloria? Entonces orienta la atención a la gloria que te espera en el cielo por tu paciencia. ¿Te han causado disgusto? Contempla las riquezas celestiales y aquel tesoro que tu has preparado con tus buenas obras. ¿Te han expulsado de tu patria? La celestial Jerusalén, para ti es patria.

San Basilio el Grande
 
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Saturday, June 29, 2019

San Pablo (29 de Junio/12 Julio)

El Santo Apóstol Pablo, quien antes de su apostolado se llamaba Saulo, era judío de nacimiento, de la tribu de Benjamín. Nació en Tarso de Cilicia a donde sus padres, que pertenecían a familias prominentes, se habían mudado luego de vivir en Roma; éstos tenían el codiciado rango de ciudadanos romanos, razón por la cual Pablo también era ciudadano romano. Aparentemente, el primer Santo mártir Esteban era pariente suyo, con quien probablemente lo enviaron sus padres a Jerusalén para estudiar la ley de Moisés, en donde fue discípulo del famoso Rabí Gamaliel. Su amigo y compañero de estudios era Barnabás, quien después llegó a ser Apóstol de Cristo. Cuando dicho amigo se convirtió al cristianismo, éste imploró incesantemente a Dios para que iluminara el entendimiento de Saulo y cambiara su corazón. En tanto que Saulo estudió principalmente la ley de sus padres, se convirtió en un defensor de ella y se unió al partido de los fariseos (estrictos zelotes de su herencia que se jactaban de su piedad).

En ese tiempo, en Jerusalén y en las ciudades y tierras de la región, los Santos Apóstoles se empeñaban por difundir las buenas nuevas de Cristo; pero a causa de ello, a menudo tenían que meterse en largas discusiones con los fariseos y los saduceos, los últimos de los cuales rechazaban la tradición y no creían en la inmortalidad del alma; y también con todos los escribas y los expertos legales de los judíos, quienes odiaban y perseguían a los que predicaban a Cristo. Saulo detestaba también a los Santos Apóstoles y no quería ni siquiera escuchar a nadie que hablara sobre Cristo; también se burlaba de Barnabás, quien se había convertido en Apóstol de Cristo, y blasfemaba contra el Maestro. Cuando el primer santo mártir Esteban fue apedreado por los judíos, Saulo no sólo no mostró ninguna piedad por uno de su propia sangre, quien era condenado a pesar de su inocencia, sino que aprobó su muerte y montó guardia sobre las vestiduras de los judíos que arrojaban las piedras a Esteban. Posteriormente, luego de solicitar permiso a los sacerdotes y ancianos principales de los judíos, atacó la Iglesia (la comunidad de los creyentes) con una ira todavía mayor, ingresando a las casas particulares y arrestando a hombres y mujeres a quienes enviaba a la cárcel. No satisfecho con perseguir a los fieles en Jerusalén, y profiriendo en forma permanente amenazas e intimidando de muerte a los discípulos de Cristo, se trasladó a Damasco con cartas de altos sacerdotes para las sinagogas, a fin que allí inclusive pudiera buscar a todos los que creyeran en Cristo, hombres y mujeres, y luego de arrestarlos, llevarlos de vuelta a Jerusalén. Esto aconteció durante el reinado del emperador Tiberio.

Pero cuando Saulo se aproximaba a Damasco, una luz brillante y enceguecedora apareció súbitamente del cielo, la cual lo hizo caer al suelo, y se escuchó una voz que le decía: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Lleno de asombro, le replicó preguntándole: "¿Quién eres Tú Señor?" el Señor le contestó: "Yo soy Jesús a quien tú persigues: dura cosa te es dar coces contra el aguijón." Temblando y temeroso, él le dijo: "Señor, ¿qué quieres que haga?" y el Señor le dice: "Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer" (Hechos 9:4-6). Los soldados que iban con Saulo, se pararon también atónitos, encandilados por la maravillosa luz; escuchaban la voz que le hablaba a Saulo, mas no podían ver a nadie.

Obedeciendo al Señor, Saulo se puso de pie, pero no podía ver nada, a pesar que tenía los ojos abiertos; sus ojos estaban enceguecidos, pero comenzó a ver con los ojos del alma. Los acompañantes y ayudantes de Saulo lo condujeron de la mano y lo llevaron a Damasco, donde permaneció tres días, sin poder ver nada. En su arrepentimiento no comió nada, sino se dedicó más bien a orar sin cesar para que el Señor le revelara su voluntad.

En Damasco vivía el discípulo llamado Ananías. El Señor se le apareció a éste en una visión, ordenándole que buscara a Saulo, quien estaba en casa de cierto hombre de nombre Judas, y le devolviera la visión tocándole los ojos corporales y, también, los del alma mediante el sagrado bautismo. Ananías le contestó: Señor sé que muchos hablan sobre todo el mal que ha hecho este hombre a tus Santos en Jerusalén; y aquí él tiene el permiso de los sacerdotes jefes para detener a todo aquél que invoca Tu Nombre." Y le dijo el Señor: "Ve, porque instrumento escogido me es éste, para que lleve mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel. Porque yo le mostraré cuanto le es necesario padecer por mi nombre" (Hechos 9:13-16).

Entonces Ananías, tal como el Señor le ordenó, fue y encontró a Saulo, y poniéndole las manos encima, éste recuperó inmediatamente la vista; cuando se levantó, recibió el Bautismo que lo llenó con el Espíritu Santo, y fue consagrado para el ministerio Apostólico. Saulo comenzó a predicar inmediatamente en las sinagogas al Señor Jesucristo, diciendo que era el Hijo de Dios. Todos los que le escuchaban quedaron sorprendidos por el cambio de actitud del antiguo perseguidor de la Iglesia de Cristo, y le dijeron: "¿No es éste el que asolaba en Jerusalén a los que invocaban este Nombre, y a eso vino acá, para llevarlos presos a los príncipes de los sacerdotes?" (Hechos 9:21).

Sin embargo Saulo, lleno del Santo fervor, tenía una fe cada vez más sólida y llevó a la confusión a los judíos que vivían en Damasco al probarles que Jesús era el Mesías prometido. Entonces los judíos estallaron de ira en contra de él y conspiraron para matarlo, para lo cual pusieron vigilancia en las puertas de la ciudad de día y de noche a fin que no se escapara. Pero los discípulos de Cristo que se encontraban en Damasco con Ananías, sabiendo de las intenciones de los judíos, llevaron a Saulo a una casa que estaba construida en la misma muralla de la ciudad y lo hicieron bajar en una cesta por una ventana. Al salir de Damasco, no fue inmediatamente a Jerusalén, sino que se trasladó a Arabia, tal como escribe en su Epístola a los Gálatas: "No conferí con carne y sangre; ni fui a Jerusalén a los que eran Apóstoles antes que yo; sino que me fui a Arabia, y volví de nuevo a Damasco. Después, pasados tres años, fui a Jerusalén a ver a Pedro" (Gálatas 1:16-18).

Al llegar a Jerusalén, Saulo trató de juntarse con los discípulos de Cristo, pero éstos eran temerosos, no creyendo que se había convertido en discípulo del Señor. Quien creyó en él fue el Apóstol Barnabás, cuya fervorosa súplica no había dejado sin respuesta el misericordioso Maestro. El recién convertido Saulo cayó ante los pies de su amigo e imploró: "Oh Barnabás, maestro de la verdad, ahora estoy convencido de la verdad de la que me hablaste sobre Cristo." Barnabás lloró de alegría y abrazó a su amigo y, tomándolo de la mano, lo llevó donde los Apóstoles. Entonces Saulo les contó cómo había visto al Señor en el camino a Damasco y cómo había predicado en el nombre de Jesús en esa ciudad. Los Santos Apóstoles se llenaron de gozo y glorificaron a Cristo Señor. Saulo se ponía a discutir incluso en Jerusalén con los judíos y helenos en el nombre del Señor Jesús y les demostraba que éste era el Mesías que los profetas predijeron.

Un día, mientras rezaba en el templo, Saulo le sobrevino un éxtasis y vio al Señor, quien le dijo: "Date prisa y sal prontamente de Jerusalén, porque no recibirán tu testimonio de mí." Entonces Saulo le dijo: "Señor, ellos saben que yo encerraba en la cárcel y maltrataba por las sinagogas a todos lo que creían en Ti; y cuando se derramó la sangre de tu mártir, Esteban, yo también estuve presente y consentí su muerte y guardé las ropas de los que lo mataban." Pero el Señor le dijo: "Ve, porque Yo te enviare lejos a los gentiles" (Hech. 22:18-21).

A pesar de esta visión, Saulo quiso quedarse todavía unos cuantos días en Jerusalén, porque había recibido el consuelo de la conversación con los Apóstoles, pero no pudo hacerlo. Los judíos, con quienes había tenido discusiones sobre Cristo, estaban muy enojados y querían eliminarlo. Sabiendo esto, los cristianos de Jerusalén lo acompañaron hasta Cesárea, donde zarpó hacia Tarso, su tierra natal; allí se quedó por algún tiempo predicando a sus coterráneos la palabra de Dios.

Por inspiración del Espíritu Santo, Barnabás llegó hasta allá y se llevó a Saulo a Antioquía de Siria, sabiendo que éste fue designado Apóstol para los gentiles. Predicando allí en la sinagoga por un año entero, ambos convirtieron a muchos a Cristo, quales empezaron a llamarse cristianos. Transcurrido el año, Barnabás y Saulo regresaron a Jerusalén y relataron a los Apóstoles sobre lo que había hecho la Gracia de Dios en Antioquía, lo cual produjo gran regocijo en la Iglesia de Cristo en Jerusalén. Más aún, trajeron consigo generosas limosnas de donadores cristianos de Antioquía a fin de ayudar a los hermanos pobres y menesterosos que vivían en Judea; porque en ese tiempo, durante el reinado del emperador Claudio, había una gran hambruna, la cual había sido predicha por San Agabo, uno de los setenta Apóstoles, a través de una revelación especial del Espíritu Santo.

Después de Jerusalén, Barnabás y Saulo regresaron a Antioquía. Cuando hubieron permanecido allí un cierto tiempo, ayunando y orando, en la celebración de la Divina Liturgia y predicando la palabra de Dios, el Espíritu Santo les envió a predicar a los paganos. Este díjoles a los ancianos de la iglesia de Antioquía: "Apartadme a Barnabás y a Saulo para la obra a que los he llamado" (Hechos 13:2). Entonces los ancianos de la comunidad, habiendo ayunado y orado, y puesto las manos sobre ellos, despidiéronlos.

Bajo inspiración del Espíritu Santo, Barnabás y Saulo se trasladaron a Seleucia, donde se embarcaron a la isla de Chipre (tierra natal del Apóstol Barnabás). Allí, en la ciudad de Salamis, predicaron la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos y después viajaron por toda la isla, incluso por Pafos. En este último lugar, encontraron a un tal Elimas, un judío cuyo sobrenombre era Barjesús, quien era hechicero y falso profeta. Este estaba relacionado con el gobernador de esa región, de nombre Sergio Pablo, quien era una persona inteligente y estaba al parecer influenciado por aquél. El gobernador mandó a llamar a Barnabás y a Saulo porque quería escuchar la palabra de Dios y escuchar su prédica. Pero Elimas se opuso a éstos, tratando de alejar al gobernador de la fe. Entonces Saulo, que también es Pablo, lleno del Espíritu Santo, fijando en él los ojos, le dijo: "Oh, lleno de todo engaño y de toda maldad, hijo del diablo, enemigo de toda justicia, ¿no cesarás de trastornar los caminos rectos del Señor? Ahora pues, he aquí, la mano del Señor que se va contra ti y te volverás ciego; y no verás el sol por algun tiempo" (Hechos 13:10-11). Inmediatamente la oscuridad y tinieblas cayeron sobre el hechicero, quien yendo de un lado a otro, buscó a alguien para que le llevara de la mano. Al ver lo ocurrido, el gobernador comenzó a creer completamente; maravillándose por la enseñanza del Señor; con él mucha de su gente también comensaron a creer y, por lo tanto, el número de fieles creció.

Saliendo de Pafos en bote, Pablo y sus compañeros arribaron a Perga, que se encuentra en Parnfilía, de donde partió a Antioquía de Pisidia. Allí predicó sobre Cristo; pero luego que hubo convertido a muchos a la fe, los maliciosos judíos incitaron a las personas principales de la ciudad, que eran idólatras, a echar, con su ayuda, a los Apóstoles del pueblo y sus alrededores.

Sacudiendo el polvo de sus sandalias, los Apóstoles se fueron a Iconio, donde se quedaron por algún tiempo y predicaron valientemente. Gracias a ello, una gran multitud de judíos y paganos se convirtieron a la fe, no sólo por su prédica, sino por las señales y milagros que realizaban ellos con sus manos, fue allí donde convirtieron a la santa virgen Tecla (a quien se conmemora el 24 de septiembre) y la prometieron a Cristo. Sin embargo, los judíos no creyentes agitaban a los paganos y a sus jefes para que se enfrentaran a los Apóstoles y los atacaran con piedras. Al enterarse de esto, los Apóstoles se alejaron a Licaonia, a las ciudades de Listra y Derba y sus alrededores.

Cuando predicaban el evangelio en Listra, sanaron a un cojo de nacimiento que nunca había caminado; en el nombre de Cristo pusieron de pie a éste, quien se paró inmediatamente y comenzó a caminar. Al ver este milagro, la gente elevó su voz, diciendo en dialecto licaónico: "Dioses semejantes a hombres han descendido a nosotros" (Hechos 14:11). Entonces llamaron a Barnabás Zeus, y a Pablo — Hermes. Después les llevaron bueyes y guirnaldas, y se aprestaban a ofrecerles sacrificios a los Apóstoles. Pero cuando ellos oyeron esto, desgarraron sus ropas y, metiéndose entre la multitud, gritaron: "Varones, ¿por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo, la tierra y el mar, y todo lo que está en ellos" (Hechos 14:15). Después ellos explicaron a la gente la palabra del único Dios, luego de lo cual lograron convencerla a no ofrecerles sacrificios.

Durante su permanencia en Listra, donde predicaban, llegaron unos judíos de Antioquía e Iconio quienes convencieron al pueblo para que abandonara a los Apóstoles, sosteniendo desvergonzadamente que éstos decían falsedades, mintiendo. Incitaron a los que no tenían una fe sólida, los cuales apedrearon al Santo Pablo, debido a que era el principal predicador, y lo sacaron de la ciudad, en la suposición que estaba muerto. Sin embargo, el Santo se recuperó cuando lo rodearon sus discípulos y regresó a la ciudad, pero al día siguiente partió a Derba con Barnabás. Después de predicar el Evangelio en esa ciudad y de ganar no pocos conversos, volvieron sobre sus pasos a Listra, Iconio y Antioquía, para afirmar el alma de sus discípulos y exhortarlos a permanecer fieles. Ordenaron sacerdotes en cada iglesia, oraron y ayunaron, y encomendaron al Señor a los creyentes.

Posteriormente, pasando por Pisidia llegaron a Pamfilia; y luego de predicar la palabra del Señor en Perga, se trasladaron a Atalia, en donde se embarcaron hacia Antioquía de Siria, lugar del cual habían sido enviados originalmente por el Espíritu Santo para predicar a los paganos la palabra del Señor. Una vez en esta última ciudad, reunieron a los fieles y les contaron sobre lo que Dios había hecho a través de ellos y la cantidad de paganos que habían convertido a Cristo.

Después de un tiempo, se suscitó entre los judíos y los helenos una discusión en relasión a la circuncisión; algunos afirmaban que era imposible salvarse sin ella, en cambio otros consideraban que no era necesaria. Por eso los Apóstoles tuvieron que ir a Jerusalén para preguntar a los Apóstoles y los presbíteros ancianos cuál era su opinión con respecto a este asunto y para informarles también que Dios había abierto la puerta de la fe a los paganos. Al enterarse de este hecho, los hermanos de Jerusalén se alegraron mucho.

Cuando los Santos Apóstoles y presbíteros se reunieron, rechazaron totalmente la circuncisión, indicando que era innecesaria bajo la Gracia Divina. Ordenaron que los cristianos no se dejaran tentar por las cosas sacrificadas a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación; para no ofender a su prójimo. Con esta decisión, los Apóstoles y los ancianos, junto con la iglesia, se sintieron contentos de enviar a Judas y a Silas, elegidos de entre su compañía, a Antioquía con Pablo y Barnabás (Hechos 15:20-22).

Al llegar a Antioquía, los Apóstoles aguardaron mucho tiempo antes de regresar donde los gentiles. Pablo le dijo a Barnabás: "Regresemos y visitemos a nuestros hermanos en todas las ciudades donde proclamamos la palabra del Señor y veamos cómo están." Pero Barnabás quería que los acompañase su sobrino Juan, que tenía por sobrenombre Marcos. Sin embargo, a Pablo no le parecía bien llevarlo porque éste los había abandonado en Pamfilia y no les había ayudado en su tarea. Entonces se produjo un desacuerdo, por lo cual se separaron. Barnabás tomando a Marcos, navegó a Chipre; mientras que Pablo eligiendo Silas, partió encomendado por los hermanos a la gracia de Dios hacia Siria y Cilicia, donde confirmó las iglesias (Hechos 15:36-41). Luego se trasladó a Derba y a Listra; en esta última ciudad circuncidó a su discípulo Timoteo a fin de acallar las murmuraciones de los cristianos judíos, y se lo llevó con él. Después fue a Frigia y a Galacia, de donde se dirigió a Misia para tratar de ir a Bitinia, pero el Espíritu Santo no los dejó. Cuando Pablo y sus acompañantes se encontraron en Troas, en un sueño vio a un hombre que parecía ser de Macedonia, el cual se puso delante y le rogó, diciendo: "Pasa a Macedonia para ayudarnos!" (Hechos 16:9). Pablo interpretó esta visión como que el Señor lo estaba llamando para predicar en Macedonia. Primero navegó a Troas, pero la barca en que zarpó lo llevó primero a la isla de Samotracia; y al día siguiente llegó a Neápolis, de donde continuó a Filipos, ciudad que era colonia romana y la que estaba más cerca a Macedonia. En Filipos, enseñó y bautizó primero a una mujer de nombre Lidia, que vendía telas púrpuras, la cual le pidió que se quedara él y sus discípulos en su casa.

Cierto día, cuando Pablo y Sus discípulos iban a la oración, se toparon con una muchacha esclava que tenia espiritu de adivinacion, la cual reportaba considerables ganancias a sus amos porque predecía el futuro. Siguiendo a Pablo y sus acompañantes, ella dijo en voz alta: "Estos hombres son siervos del Dios el Altísimo, los cuales os anuncian el camino de la salvación" (Hechos 16:17). Así continuó diciendo por muchos días, lo cual desagradó a Pablo, quien volviéndose a ella, dijo al espíritu: Te mando en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella. Al ver sus amos que se había arruinado la fuente de sus ingresos, estos agarraron a Pablo y a Silas y los llevaron ante los magistrados de la ciudad, diciendo: "Estos hombres, siendo judíos, alborotan demasiado nuestra ciudad y enseñan costumbres que no nos son lícitas de recibir ni observar como romanos" (Hechos 16:20-21). Los magistrados mandaron a azotar a los Apóstoles con varas, luego de haberles rasgado los vestidos, y después que les dieron muchos azotes, los echaron en la cárcel. Pero en la medianoche, cuando ambos oraban, se produjo un terremoto y todas las puertas se abrieron, y también se soltaron las ataduras de los prisioneros. El carcelero, al ver esto, comenzó a creer en Cristo y los llevó a su casa, donde lavó sus heridas. El y todos los miembros de su familia se bautizaron inmediatamente y prepararon una fiesta para los Santos, los cuales regresaron después a la cárcel. Al día siguiente, las autoridades de la ciudad, dándose cuenta que habían castigado cruelmente a inocentes, enviaron a los alguaciles a la prisión con órdenes de poner en libertad a los Apóstoles para que estos fueran donde quisieran. Pero Pablo les dijo: "Nos azotaron públicamente sin ser condenados, siendo ciudadanos romanos, y nos echaron a la cárcel; ¿y ahora nos echan encubiertamente? No, por cierto, ¡Que vengan ellos mismos a sacarnos!" (Hechos 16:37). Cuando los magistrados se enteraron de lo dicho por Pablo, sintieron temor porque los prisioneros a quienes habían hecho azotar eran, en efecto, ciudadanos romanos. Apresuradamente fueron donde ellos y les rogaron que salieran de la cárcel y se alejaran de la ciudad. Entonces, saliendo de dicho lugar, fueron primero a casa de Lidia, donde habían estado antes, lo cual alegró a los fieles que allí se reunían. Finalmente, se despidieron de ellos y partieron a Arnfipolis y a Apolonia, de donde se trasladaron a Tesalónica.

En este último sitio, cuando ya habían ganado a muchos gracias a su evangelismo, los malvados judíos, luego de reunir a varias personas ruines, atacaron la casa de Jasón en donde se hospedaban los Apóstoles. Pero como no encontraron allí a éstos, agarraron a Jasón y a varios otros hermanos y los llevaron ante las autoridades de la ciudad, acusándolos de estar contra el César y de reconocer a otro emperador de nombre Jesús. Sin embargo, Jasón apenas logró zafarse de este peligro.

No obstante, los Apóstoles lograron esconderse de estos infames y salieron de Tesalónica por la noche hacia Berea. Incluso allí, la perversidad de los judíos no le permitió estar tranquilo a Pablo. Cuando los judíos de Tesalónica se enteraron que la palabra de Dios estaba siendo predicada por Pablo en Berea, fueron hasta allí para agitar e instigar a la gente contra Pablo. Por eso, el Santo Apóstol se vio obligado a partir, no por temor a morir, sino por insistencia de la hermandad, la cual le pidió que conservara su vida por el bien de la salvación de muchos y lo acompañó hasta la ribera del mar. El Apóstol dejó en Berea a sus compañeros de viaje, Silas y Timoteo, para que confirmaran a los recién convertidos a la fe, ya que sabía que los judíos buscaban sólo su cabeza. Después se embarcó hacia Atenas.

En esta ciudad, Pablo quedó consternado cuando vio la gran cantidad de ídolos que llenaba la ciudad y se afligió por la condenación de tantas almas. Comenzó a entablar discusiones con los judíos en las sinagogas y a diario debatía en las plazas públicas con los helenos y sus filósofos. Quienes le escuchaban lo llevaron al Areópago (lugar donde se reunía el tribunal superior para deliberar).

Pero el Santo Pablo, habiendo visto en la ciudad un altar donde se leía la inscripción: "Al Dios no conocido," comenzó su anuncio haciendo referencia a esto y les predicó sobre el verdadero Dios, antes desconocido para ellos, diciendo: "Aquel, pues, que vosotros honráis sin conocerlo, a este os anuncio yo" (Hechos 17:23). Y les habló de Dios, el Creador de todo el mundo, del arrepentimiento, del juicio y de la resurrección de los muertos. Algunos se rieron cuando habló de la resurrección, pero otros querían saber más. Sin embargo, Pablo se apartó de ellos, aunque no sin llevar el bien a algunas almas; ya que varios comenzaron a creer en Cristo, entre los cuales estaba Dionisio el Areopagita y cierta importante mujer de nombre Dámaris, así como muchos otros, quienes fueron bautizados.

De Atenas, Pablo se trasladó a Corinto, donde permaneció junto a cierto judío llamado Aquila; allí también llegaron Silas y Timoteo desde Macedonia, y todos juntos anunciaron a Cristo. Aquila y su mujer Priscila se dedicaban a hacer tiendas (carpas), oficio que también conocía bien Pablo, por lo cual éste trabajaba con ellos, ganándose así su sustento y el de sus compañeros, tal como él mismo lo señala en su epístola a los Tesalonicenses: "Ni comimos el pan de ninguno en balde, sino que obramos con trabajo y fatiga día y noche para no ser carga de ninguno de vosotros" (II Tesalonicenses 3:8). En otra parte señala también: Ustedes mismos saben que estas manos me han proporcionado mis necesidades y a los que están conmigo" (Hechos 20:34).

Todos los sábados exhortaba a los judíos en las sinagogas, demostrando que Jesús era el Mesías. Pero como éstos se resistían obstinadamente y blasfemaban, él sacudió sus vestidos y les dijo: "Vuestra sangre sea sobre vuestra cabeza; yo, limpio, desde ahora me iré a los gentiles" (Hechos 18:6). Pero cuando se disponía a abandonar Corinto, el Señor se le apareció por la noche en una visión y le dijo: "No temas; más bien, habla y no te quedas callado, porque Yo estoy contigo; y nadie te hará daño, porque Yo tengo mucha gente en esta ciudad" (Hechos 18:1-10).

San Pablo se quedó en Corinto durante un año y medio, proclamando la palabra de Dios a los judíos y a los helenos; muchos creyeron y se bautizaron, incluso Crispo, jefe principal de la sinagoga, quien comenzó a creer en el Señor y se hizo bautizar junto a toda su familia. Sin embargo, un grupo de judíos no creyentes atacó a Pablo y lo llevó ante el tribunal de Galio, quien era procónsul de Acaya y hermano del filósofo Séneca; pero éste se rehusó a condenar al Apóstol, diciendo: "Si él hubiera cometido algún crimen o si estuviese envuelto en algún acto nefasto, tendría razones para escucharos y condenarlo; pero no tengo deseos de actuar como juez de ninguna disputa sobre vuestras doctrinas y leyes." Y luego los echó de la corte. Pero al cabo de algunos días, el Santo Pablo se despidió de sus hermanos y navegó a Siria con sus acompañantes. Aquila y Priscila lo siguieron y todos se quedaron en Efeso. Aquí, predicando la palabra del Señor, el Santo Apóstol obró numerosos milagros; pero no sólo sus manos realizaban milagros, curando todas las enfermedades sólo con su toque, sino que incluso sus pañuelos y vestiduras que hubiesen absorbido el sudor de su cuerpo, adquirían este mismo milagroso poder; porque cuando éstos eran colocados sobre los dolientes, inmediatamente los sanaban y expulsaban a los espíritus inmundos de la gente. Al ver esto, varios exorcistas itinerantes judíos comenzaron a invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que estaban poseídos por los malos espíritus, diciendo: "Os conjuro por Jesús, el que Pablo predica." Pero el espíritu maligno les respondió, diciendo: "A Jesús conozco y sé quién es Pablo, pero vosotros ¿quiénes sois?" Entonces el hombre que estaba poseído, se lanzó sobre los exorcistas y, luego de dominarlos, adquirió tal poder sobre éstos que los golpeó e hirió hasta que éstos apenas lograron escapar desnudos de las manos del poseído. Al enterarse de esto los judíos y los griegos de Efeso, el temor se apoderó de ellos y glorificaron el nombre del Señor Jesús, y muchos comenzaron a creer en El. Incluso muchos hechiceros, después de aceptar la fe, echaron al fuego sus libros de conjuros; y cuando se calculó el precio de ellos, encontraron que valían cincuenta mil dracmas. Así la palabra de Dios creció poderosamente y se extendió.

Después, Pablo se preparó para ir a Jerusalén, y señaló: "Después que hubiera estado allá, tendré también que ir a Roma" (Hechos 19:21). Pero en eso se produjo una pequeña revuelta en Efeso de parte de los orfebres de plata, quienes hacían templecillos de este metal para la diosa Artemisa. Una vez que la revuelta hubo concluido, el Santo Pablo, que se había quedado en Efeso tres días, partió hacia Macedonia, de donde se dirigió a Troas, lugar en el cual se quedó siete días.

El primer día de la semana, cuando los fieles se reunieron para partir el pan,Pablo les pronunció un largo discurso, porque pensaba dejarlos al día siguiente, y continuó hasta la medianoche; la reunión se realizó en un cuarto superior, el cual era iluminado con muchas lámparas. Entre los que le escuchaban estaba cierto joven llamado Eutiquio, quien estaba sentado a la ventana; pero éste se quedó profundamente dormido y cayó fuera desde el tercer piso. Cuando lo levantaron ya estaba muerto; pero San Pablo bajó y lo abrazó, diciéndole: "No os preocupéis, porque su vida está en él" (Hechos 20:10). Después Pablo regresó arriba y los demás subieron al mozo vivo, y fueron consolados no pocos. Luego de hablar largamente hasta el alba, el Apóstol se despidió de los fieles y se marchó.

Al llegar a Mileto, Pablo escribió a Efeso luego de reunir a los ancianos de la iglesia, porque no deseaba ir allá personalmente, a menos que se retrasara; porque le urgía estar en Jerusalén para la fiesta de Pentecostés. Cuando los ancianos estuvieron presentes, el Apóstol les dirigió un instructivo discurso, diciendo, entre otras cosas: "por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la Iglesia del Señor, la cual ganó por su sangre" (Hechos 20:28). Después les predijo que después de su partida los atacarían feroces lobos que asolarían el rebaño; y también los habló de su propia jornada venidera: "Y ahora, he aquí, ligado yo en espíritu, voy a Jerusalén sin saber lo que allá me ha de acontecer; más que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio diciendo que prisiones y tribulaciones me esperan. Mas de ninguna cosa hago caso, ni estimo mi preciosa vida para mí mismo; solamente que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la Gracia de Dios. Y ahora, he aquí yo sé que ninguno de todos vosotros, por quien he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro" (Hechos 20:22-25). A esto hubo un gran llanto de todos; y echándose al cuello de Pablo, lo besaron, doliéndose de gran manera por las palabras que dijo respecto a que nunca más ellos volverían a ver su rostro. Lo acompañaron al navío y éste, dándoles un último beso, emprendió su viaje.

Pasó por muchas ciudades y tierras, tanto de la costa como de varias islas, visitando y dando ánimo a los fieles, hasta arribar a Tolorneo, de donde partió a Cesárea Marítima, lugar en que se alojó en casa del Apóstol Felipe, uno de los siete diáconos.

Allí, un día llegó de Judea el profeta Agabo buscando a Pablo; y cuando lo encontró, le tomó el cinto de éste y se ató los pies y las manos, diciendo: "Esto dice el Espíritu Santo: Así atarán los judíos en Jerusalén al varón de quien es este cinto y lo entregarán en manos de los gentiles" (Hechos 21:11). A pesar de esto, el Santo Apóstol Pablo fue a Jerusalén junto con sus discípulos (entre los que estaba Trofimo, un éfesó que se había convertido al cristianismo del paganismo) y allí fue recibido alegremente por el Santo Apóstol Jacobo, el hermano del Señor, y por toda la congregación de fieles.

Por esos días, llegaron unos judíos, que eran implacables enemigos de Pablo y siempre habían tratado de provocar desórdenes en su contra, desde el Asia Menor para celebrar la fiesta de Pentecostés en Jerusalén. Al ver éstos a Pablo en esta ciudad, junto a Trofimo de Efeso, se quejaron en contra del Apóstol ante los sacerdotes principales de los judíos, así como ante los escribas y los ancianos, acusándolo de violar la ley de Moisés al no ordenar que sus seguidores se circuncidaran y al predicar en todas partes a Jesús crucificado. Las autoridades se alteraron tanto que decidieron apresarlo. Durante la fiesta, al ver unos judíos de Asia a Pablo en el templo de Salomón, ellos lo insultaron y agitaron a la gente, y se abalanzaron sobre él, dando voces: "¡Varones israelitas, ayudad! Este es el hombre que por todas partes enseña a todos contra el pueblo, contra la ley y contra este lugar; y además ha metido gentiles en el templo y ha contaminado este lugar Santo." Porque antes lo habían visto acompañado por Trofimo, el éfeso, de quien suponían que Pablo había llevado al templo (Hechos 21:28-30).

Al oír los gritos, toda la ciudad se alborotó y se agolpó. La multitud agarró a Pablo y lo expulsó del templo, cerrando las puertas inmediatamente. Ellos querían matarlo, pero no en el templo, para no manchar el lugar sagrado. Sin embargo, en ese momento, la noticia había llegado donde el comandante militar de la ciudad, el cual juntó rápidamente a sus soldados y centuriones y partió hacia el templo sin demora. Al ver la gente al comandante y sus guerreros, dejaron de golpear a Pablo. Entonces el tribuno lo tomó y lo hizo atar con dos cadenas de hierro; sólo entonces le preguntó quién era y qué había hecho.

La muchedumbre le pidió a voces al comandante que lo hiciera matar; pero debido al alboroto del gentío, él no logró captar cuál había sido el crimen de Pablo, por lo que mandó llevarlo a la fortaleza. Numerosas personas siguieron al comandante y sus soldados, pidiéndole a voces la muerte del Apóstol. Cuando Pablo llegó a subir las gradas de la fortaleza, pidió permiso al comandante para dirigir unas cuantas palabras a la multitud, a lo cual asintió éste. El Apóstol se paró en las gradas y se dirigió a la gente en idioma hebreo, diciéndole en voz alta: "¡Varones, hermanos y padres, escuchad mi razón que ahora os doy!" (Hechos 21:1). Entonces comenzó a narrarles sobre su antiguo celo por la ley de Moisés y sobre la forma como, en su trayecto a Damasco, había sido enceguecido por una luz celestial y cómo había visto al Señor, quien lo había enviado a los gentiles. Pero la turba, no deseando escuchar más, comenzó a gritar al comandante: "¡Quita de la tierra a un hombre así, porque no conviene que viva!" Y dando ellos voces y arrojando sus ropas, echando polvo al aire, el comandante ordenó llevarlo a la fortaleza para examinarlo con azotes, a fin de saber por qué razón clamaban así contra él. Pero cuando lo ataban con correas, Pablo le dijo al centurión que estaba presente: "¿Os es lícito azotar a un romano sin ser condenado?" Entonces el centurión fue a comunicárselo al comandante, diciendo: "Ten cuidado de lo que haces, porque este hombre es romano." y este vino y le dijo: Dime ¿eres romano?" el le contestó que sí. Turbado, el comandante le dijo: "Con gran suma obtuve esta ciudadanía" (Hechos 22:22-28). Entonces lo soltó inmediatamente de sus ataduras.

Al día siguiente, el comandante mandó venir a los príncipes de los sacerdotes y al sanedrín a fin de poner al Santo Pablo ante ellos. Este, dirigiéndose fijamente al sanedrín, dijo: "Varones y hermanos, hasta hoy he vívido con toda buena conciencia ante Dios." El príncipe de los sacerdotes, Ananías, ordenó a los que estaban delante de él que le golpearan en la boca. Entonces Pablo le dijo: "Dios a ti te herirá, pared banqueada; ¿y estás tú sentado para juzgarme conforme a la ley, y contra la ley me mandas herir?" (Hechos 21:1-3). Sabiendo que el concilio estaba compuesto por saduceos y fariseos, Pablo clamó: "Varones y hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseo; de la esperanza y de la resurrección de los muertos soy yo juzgado." Cuando dijo esto, se produjo una discusión entre los fariseos y los saduceos, mientras que la multitud estaba dividida. Los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángeles, ni espíritus; pero los fariseos confiesan ambas cosas. Entonces se produjo un bulliciosos griterío. Los escribas, que estaban de parte de los fariseos, discutieron agriamente, diciendo: "No encontramos nada malo en este hombre" (Hechos 21:6-9). Pero los saduceos sostenían lo contrarío, por lo cual continuó la fuerte discusión. Temiendo que el concilio despedazará a Pablo, el capitán jefe mandó a sus soldados sacarlo de allí y llevarlo de vuelta a la fortaleza. A la noche siguiente, el Señor se le apareció al Santo y le dijo: "Confía, Pablo; que como has testifícado de mí en Jerusalén, así es menester que testifiques también en Roma" (Hechos 23:1 l).

Cuando llegó el día, algunos judíos se juntaron y juraron que no comerían ni beberían hasta ver a Pablo muerto. Eran más de cuarenta los que habían hecho esta conjuración (Hechos 23:12-13). Viendo esto, el comandante mandó a Pablo bajo una severa custodia donde el procurador Félix, en Cesárea. El príncipal de los sacerdotes, Ananías, y los miembros ancianos del sanedrín se trasladaron también a Cesárea para calumniar a Pablo ante el procurador y pedir su muerte; pero no tuvieron éxito, porque no se le halló ninguna falta como para merecer la pena de muerte. El procurador, sin embargo, deseando ganarse la simpatía de los judíos, hizo encadenar al Apóstol.

Después de dos años, Félix fue reemplazado como procurador por Porcio Festo. Entonces el príncipe de los sacerdotes le solicitó a éste, con maliciosa intención, que enviara a Pablo a Jerusalén, porque tenía la esperanza de asesinar al Apóstol de Cristo en el camino. Festo, deseando ganarse servilmente el favor de los judíos, preguntó a Pablo: "¿Quieres ir hasta Jerusalén para ser juzgado allá ante mí?" Pablo le respondió: "Estoy ante el tribunal del César donde debo ser juzgado; a los judíos no he hecho nada malo, como tú lo sabes muy bien. Si hubiera ofendido o hubiera cometido algo que merezca la muerte, no rehúso morir; pero si no hay nada de lo que me acusan, nadie puede llevarme ante ellos. ¡Apelo ante el César!" (Hechos 25:9-11). Festo, luego de conversar con sus consejeros, le respondió a Pablo: "Si al César apelas, al César irás" (Hechos 25:12).

Algunos días después, llegó a Cesárea el rey Agripa para saludar a Festo; y cuando escuchó hablar de Pablo, deseó verlo. Cuando éste estuvo ante el rey y el procurador, él les habló detenidamente del Señor Cristo y de cómo había llegado a creer en El; entonses el rey le dijo: "Casi me convences a ser cristiano." Entonces Pablo le dijo: "¡Placíese a Dios que por poco o por mucho, no solamente tú, sino también todos los que hoy me oyen, fuiseis hechos como yo soy, excepto estas ataduras!" (Hechos 26:28-29). Luego de estas palabras, el rey, el procurador y quienes los acompañaban, se retiraron a un rincón para deliberar, decidiendo luego: "Este hombre no ha hecho nada que merezca la muerte o la prisión." Entonces Agripa le dijo a Festo: "Este hombre podía ser suelto, si no hubiera apelado a César" (Hechos 26:31-32).

Así pues, ellos decidieron mandar a Pablo donde el César en Roma, para lo cual lo encomendaron, junto con varios otros prisioneros, al centurión de un regimiento imperial de nombre julio, quien los embarcó y partió con ellos. El viaje estuvo lleno de peligros debido a los vientos en contra; y cuando atracaron en la isla de Creta, en el puerto conocido como Buenos Puertos, el Santo predijo el futuro, recomendando a los encargados que permanecieran en puerto hasta que pasara el invierno. Pero el centurión creyó más en el piloto y en el propietario de la nave que en las palabras de Pablo. Estando ya en alta mar, sobrevino un tempestuoso viento que levantó grandes olas y había tanta niebla que durante catorce días ellos no pudieron ver ni el sol de día ni las estrellas de noche; ni siquiera sabían donde se encontraban, porque la oleada los había arrastrado; y en su desesperación no comieron todos esos días y esperaban la muerte en cualquier momento. A bordo de la nave había doscientas setenta y seis personas. Metido entre ellos, Pablo los consolaba, diciendo: "Varones, si me hubieseis escuchado y no zarpado de Creta, os habríais evitado todo este sufrimientos y pérdida. Pero ahora os exhorto a tener buen ánimo, porque ninguna vida se perderá, sino sólo la nave. Anoche se me presentó un ángel de Dios, a quien pertenezco y sirvo, diciendo: ‘No temas, Pablo: es menester que seas presentado ante el César; y he aquí, Dios te ha dado a todos los que navegan contigo.’ Por eso, varones, tened buen ánimo; porque en Dios creo que sucederá tal como me dijo" (Hechos 27:21-25). Después Pablo los convenció a todos que probaran alimento, diciendo: "Esto es para vuestra salud, porque ni un pelo se caerá de la cabeza de ninguno de vosotros" (Hechos 27:34). Entonces él tomó un pedazo de pan y, dando gracias a Dios, lo partió y comenzó a comérselo. Entonces todos teniendo ya mejor ánimo, comieron también.

Al amanecer el día, ellos vieron tierra, pero no reconocieron el lugar. Trataron de guiar la nave hacía la orilla, pero apenas la movieron, ésta comenzó a hundirse; su proa se quedó inmovilizada y su popa se partía con el golpe de las olas. Los soldados, entonces, decidieron matar a todos los prisioneros, arrojándolos al mar, para que nadie escapara; peró el centurión, deseando salvar a Pablo, les impidió hacerlo y ordenó echar al agua a los que supieran nadar, para acercarse a la orilla. El resto se las arregló como pudo; algunos en tablones, otros en restos del naufragio; pero todos llegaron salvos y fueron sacados del mar.

Entonces descubrieron que la isla se llamaba Melita (la actual isla de Malta). Sus habitantes, que eran bárbaros, les mostraron no poca humanidad, porque, como llovía y hacía frío, ellos encendieron una fogata para calentar a los que se habían mojado en el mar. Entretanto, Pablo reunió una gran cantidad de leña, la cual echó en la hoguera; en eso, una serpiente, que se alejaba del calor, saltó sobre su mano. Al ver la gente la víbora que colgaba de su mano, se dijeron entre ellos: "Sin duda que este hombre es un homicida, a quien, escapado, de la mar, la justicia no deja vivir" (Hechos 28:4). Pero Pablo, sacudiendo la víbora en el fuego, no sufrió ningún mal. Ellos esperaban cuándo se había de hinchar o caer muerto, pero habiendo aguardado mucho y viendo que nada le pasaba, cambiaron de opinión y comenzaron a decir que se trataba de un dios.

El gobernador de esa isla, el cual se llamaba Publio, condujo a los náufragos a su casa, donde éstos se quedaron por tres días. Por esos días, su padre se encontraba enfermo con fiebre y sufría de disentería. Entonces Pablo lo sanó después de rezar al Señor y colocar las manos sobre el enfermo. Después de esto, todos los enfermos de la isla fueron donde el Santo Apóstol para ser sanados.

Tres meses más tarde, todos los náufragos, incluyendo el Apóstol, partieron en otra nave hacia Roma, pasando primero por Siracusa y Puteoli. Cuando los hermanos que vivían en Roma se enteraron de la llegada de Pablo, fueron a darle encuentro, llegando incluso hasta la plaza de Apio y las Tres Tabernas. Al verlos, Pablo se sintió confortado de espíritu y dio gracias a Dios.

En Roma, el centurión entregó los presos de Jerusalén al capitán de la guardia, pero a Pablo se le permitió estar solo, con un guardia que lo custodiara. Así vivió el Apóstol durante dos años enteros, recibiendo a todos los que acudían a él, predicando sin temor y abiertamente el reino de Dios y proclamando a nuestro Señor Jesucristo.

El libro de los Hechos de los Apóstoles, escrito por San Lucas, relata hasta aquí la vida y la obra de Pablo. Sus posteriores labores y sufrimientos son contados por el mismo en su segunda epístola a los Corintios de la manera siguiente: "(En comparación con otros, yo era) en los trabajos más generoso, en azotes indeciblemente sufrido, en las prisiones más frecuente, en las muertes más a menudo. De los judíos cinco veces recibí cuarenta azotes menos uno. Tres veces fui golpeado con varas, una vez fui apedreado, tres veces he naufragado, una noche y un día he estado en mar profundo. En caminos muchas veces; peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros en el desierto, peligros en la mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchas vigilias, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez" (2 Corintios 11:23-27).

Después de atravesar a lo largo y lo ancho de la tierra, a pie y en barco, el Apóstol Pablo llegó también a conocer las alturas del cielo, cuando ascendió al tercer cielo; porque el Señor, consolando a su Apóstol en el momento de sus labores más difíciles, las cuales eran hechas por causa de su Santo Nombre, le ensoñó la gloria del cielo que ojo alguno ha visto, escuchando palabras secretas que el hombre no puede decir.

La forma como el Santo Apóstol realizó las restantes luchas de su vida y actividades, la relata el historiador eclesiástico Eusebio Pánfilo, en su segundo libro "Historia Eclesiástica." Este señala que luego de dos años de encarcelamiento en Roma, el Santo Pablo fue puesto en libertad por su inocencia, y predicó la palabra de Dios en esa ciudad y en otras tierras de Occidente.

San Simeón Metafrastes escribe que, después de su reclusión en Roma, el Apóstol se dedicó a difundir las buenas nuevas de Cristo. De Roma salió para visitar España, Galia y toda Italia, iluminando a los paganos con la luz de la fe y convirtiéndolos de la idolatría al cristianismo. Cuando estuvo en España, cierta mujer noble y rica, llamada Xantipa, al escuchar predicar al Apóstol sobre Cristo, quiso ver a Pablo en persona y convenció a su marido, Probo, para que invitara a éste a la casa de ellos a fin de demostrarle su hospitalidad. Cuando el Apóstol entró a la casa de ellos, en el rostro del Santo vio ella sobre sus cejas escritas con letras de oro las palabras: Pablo el predicador de Cristo." Al leer esto, a pesar que nadie más podía verlo, ella se postró ante el Apóstol con gozo y temor, confesando a Cristo como el verdadero Dios y rogando ser bautizada. Xantípa fue la primera en recibir este sacramento; luego fue seguida por su marido, Probo, y todos los miembros de su familia, así como por Filoteo, el magistrado de la ciudad, y muchos otros.

Después de visitar todas estas tierras de Occidente e iluminarlas con la luz de la santa fe, san Pablo se dio cuenta que se acercaba su propio martirio. De vuelta en Roma, escribió a su discípulo Timoteo, diciéndole: "Ahora ya estoy listo para ser ofrecido y está cercano el momento de mí partida. He peleado la buena batalla, he recorrido mi trayecto, he guardado la fe; por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará en aquel día el Señor, juez justo" (2 Timoteo 4:6-8).

La etapa de los sufrimientos de Pablo es citada diversamente por los historiadores eclesiásticos. Gayo, cronista eclesiástico; Seferino, obispo de Roma, y Dionisio, obispo de Corinto, afirman que los Apóstoles Pedro y Pablo fueron rnartirizados juntos, el 29 de junio del año 67 d.C., en el désimo tercer año del reinado de Nerón. Ellos estaban retenidos en la prisión de Mamertino en Roma, de donde fueron sacados para ser ejecutados al mismo tiempo. A la entrada de las puertas de la ciudad, los guías de los Apóstoles se despidieron de estos. Nícéforo Calisto (+1350) — en el segundo libro de su historia, capítulo 36 escribe también que San Pablo padeció junto a San Pedro el mismo día. San Sofronio, patriarca de Jerusalén, y los cronistas Justino e Ireneo señalan que Pablo fue martirizado un año después que Pedro, pero en una misma fecha, el 29 de junio. Ellos afirman que la razón de su condena a muerte se debió a que, cuando anunciaba a Cristo, exhortaba a las doncellas y las mujeres a que abrazaban la vida de castidad. Sin embargo, no existe gran discrepancia; porque en la vida de San Pedro (según Simeón Metafrastes), se afirma que San Pedro no padeció inmediatamente (después de la muerte de Simón Mago), sino varios años después; debido a que las doce concubinas favoritas de Nerón se convirtieron al cristianismo y eligieron vivir en castidad gracias al Apóstol Pedro. Como Pablo vivía también en Roma y en las tierras cercanas en el mismo tiempo que Pedro, es probable que aquel ayudara a éste en su lucha contra Simón Mago, durante la primera estadía de Pablo en Roma; y cuando llegó a Roma por segunda vez, él y el Santo Pedro ayudaron a la salvación de los hombres, enseñando a hombres y mujeres por igual para vivir una vida pura de castidad. Fue así como los Apóstoles despertaron la ira del descreyente emperador Nerón, el cual llevaba una vida depravada y los condenó a muerte, haciendo ejecutar a Pedro como no ciudadano, mediante la crucifixión en la colina de Janículo, y a Pablo, como a ciudadano romano (ya que era prohibido ejecutar a ciudadanos de una manera deshonrosa) mediante decapitación; si no en el mismo año, por lo menos en la misma fecha. Cuando cortaron la honorable cabeza de San Pablo, de la herida fluyó leche junto a la sangre. La ejecución fue realizada a corta distancia de la ciudad, en el camino de Ostia. Sus preciosas reliquias fueron enterradas por los fieles en el lugar donde ratificó su testimonio con el martirio.

Cuando el Apóstol era conducido por los soldados para su decapitación, se produjo un milagro fuera de la ciudad. El se encontró con una mujer, llamada Perpetua, quien era ciega del ojo derecho. El Apóstol le dijo: "Mujer, dame tu pañuelo; te lo devolveré cuando regrese." Los soldados le afirmaron en broma: "Oh mujer, lo resibirás rápidamente." Cuando llegaron al lugar de ejecución, le cubrieron al Apóstol los ojos con este mismo pañuelo. ¿Qué fue lo que Dios hizo para glorificar a su siervo Pablo? Invisiblemente, el pañuelo manchado de sangre apareció en las manos de Perpetua. Ella se frotó con él los ojos y se sanó. Cuando los soldados regresaron y la vieron sanada, ellos también comenzaron a creer en Cristo y exclamaron: Grande es el Dios a quien Pablo predica." Cuando Nerón se enteró de lo sucedido, se puso terriblemente furioso y mandó a ejecutar a los soldados de una manera diferente: mediante decapitación, inmolación, apedreamiento, descuartizamiento, ahorcamiento, ahogamiento y desollamiento. Perpetua también fue aprehendida; le ataron al cuello una carga pesada y la arrojaron al río Tiber de Roma.

Fue así como reposó el recipiente elegido de Cristo, el maestro de todas las naciones, el predicador universal, el testigo de las alturas del cielo y de las bellezas del paraíso, objeto de embeleso de ángeles y hombres, el gran luchador y atleta, que soportó en carne propia las heridas de su Señor, el preeminente Santo Apóstol Pablo. Por segunda vez, aunque sin su cuerpo, fue elevado al tercer cielo, donde tomó su lugar ante la luz de la Trinidad, junto a su amigo y colaborador, el Santo y preeminente Apóstol Pedro, siendo transportado de la iglesia militante a la iglesia triunfante, en medio de la alegre acción de gracias, elevando las voces y el júbilo de los que se alegraban; y ahora, ellos glorifican al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, al Dios Trino, a Quien todos honran, glorifican, adoran y agradecen, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.



Tropario Tono 4: 
Oh líderes de los Apóstoles y maestros del mundo interceded ante el Maestro de todos, para que conceda la paz al mundo y a nuestras almas la gran misericordia.

Kontaquio Tono 4: 
Te convertiste en un receptor del Salvador, porque iluminaste las naciones a través de Tu prédica, la que se llevó a cabo en medio de los peligros del mar y las persecuciones a los atenienses revelaste el Dios desconocido, oh Pablo, Apóstol y maestro de las naciones y nuestro Santo Patrono, intercede por aquellos que te honran para que lo salves de todo peligro.

Megalinarion:  
Alabemos a los primeros heraldos del mundo: a Pedro, el más honrado Apóstol entre los doce; y a Pablo, el impetuoso predicador del designio divino de Cristo; porque, ceñidos con la corona de la gloria, ellos interceden en nuestro bien. 
 
Catecismo Ortodoxo
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