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Friday, December 25, 2015

Homilía para la Natividad de nuestro Señor Jesús Cristo



Contemplo un misterio nuevo y admirable; la voz de los pastores sonando en mis oídos, no semejante a los acordes agrestes del cálamo, sino al canto de himnos celestiales. Los ángeles cantan, los arcángeles hacen oír sus acordes y los querubines sus cantos, los serafines dan gloria, todos celebran esta fiesta en la que contemplan a un Dios en la tierra y al hombre en los cielos, a Aquel que descendió por su encarnación y aquél que fue ascendido por la misericordia. Hoy, Belén imita al cielo: los astros de su firmamento son los ángeles que cantan sus cánticos; su sol es el Sol de justicia que no puede ser circunscrito. Y no busquéis saber cómo pudo cumplirse esto, pues cuando Dios quiere, el orden de la naturaleza debe ceder. Él quiso, tuvo el poder, descendió y nos ha salvado: la voluntad de Dios se cumple en todas las cosas.

Hoy, el Que nace, se convierte en lo que no era. Siendo Dios, se hace hombre y no abandona su divinidad. Pues, no es por la pérdida de Su divinidad por lo que se hace hombre, ni por adición de cualidad el que el hombre se convierta en Dios, mas es el Verbo y, siendo su naturaleza la misma a causa de su inmutabilidad, se hizo carne. Pero cuando vino a nacer, los judíos rechazaron creer en este alumbramiento maravilloso, los fariseos interpretaron contra todo sentido los libros sagrados, los escribas enseñaron lo contrario de la ley, y Herodes buscaba al que acababa de nacer, no para honrarlo, sino para hacerlo perecer.

En este día, todo lo que veían era contradicción. Pues así lo dice el salmista: “no lo ocultaremos a sus hijos” (Salmos 77:4). Vinieron reyes, y lo hicieron para venerar al rey celestial que venía a la tierra, no acompañado de ángeles, de arcángeles, de tronos, de dominaciones, de potestades, de virtudes, sino recorriendo un camino nuevo, una carretera no asfaltada, y surgiendo de un seno inmaculado. Sin embargo, no abandonó el gobierno de las legiones celestiales, ni se despojó de su divinidad cuando se hizo hombre: los reyes vinieron a adorarle como el celeste Rey de gloria; los soldados lo reconocieron como el Señor de los ejércitos; las mujeres lo veneraron como nacido de la mujer y por cambiar los dolores de la mujer en gozo y alegría; las vírgenes lo proclamaron como hijo de una virgen admirando que Aquel que creó la leche y los senos, y que concedió al seno de la mujer el ser una fuente inagotable, recibe de una madre virgen el alimento de los niños pequeños; los niños lo vieron ser un niño pequeño para que de la boca de los niños y de los lactantes surgiera la alabanza perfecta; los niños vieron en Él al niño que se sirvió del furor de Herodes para dar a su edad la gloria del martirio; los hombres creados reconocieron a Aquel que se hizo hombre para traer remedio a los males de los que vivían bajo el yugo; para los pastores, es el Buen Pastor que da su vida por las ovejas; para los sacerdotes, es el soberano Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec (Hebreos 7:17; Salmos 109:4); para los esclavos, es el que ha tomado forma de esclavo, a fin de sacarnos de la esclavitud (Filipenses 2:7); para los pecadores, es el que ha tirado de las redes de los que fueron enviados para apresar de nuevo a los hombres; para los publicanos, es Aquel que ha elegido a un publicano a fin de hacer de él un evangelista; para las mujeres de mala vida, es Aquel cuyos pies fueron rociados con las lágrimas de una cortesana y, por decirlo en una palabra, los pecadores pudieron ver en Él al Cordero de Dios que quita los pecados del mundo; los magos le ofrecieron su guardia real, los pastores fueron rodeados con sus bendiciones, los publicanos anunciaron Su Evangelio, las cortesanas lo embalsamaron con mira, la samaritana tuvo sed de la fuente de vida que Él hace conocer, y la cananea mostró por Él, su fe inquebrantable.

Puesto que todos se regocijan así, yo también quiero regocijarme, quiero formar coros, quiero celebrar una fiesta, pero formaré coros, no tocando la cítara, no agitando el tirso, no acompañándome de la flauta, no llevando las antorchas encendidas, sino que quiero, en lugar de los instrumentos de música, llevar los pañales de Cristo. Estos pañales son mi esperanza, mi vida, mi salvación; me alegran en lugar de la flauta y de la cítara. Por eso, me adelanto llevándolos, a fin de que Su poder sea toda la fuerza de mi discurso y así pueda decir con el barro: “¡Gloria a Dios en lo alto del cielo!”, y con los pastores, “¡Y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad!” (Lucas 2:14).

Hoy, Aquel que nació del Padre, de una manera inefable nace de la Virgen por amor a mí, de una forma inexplicable y maravillosa. Él nació del Padre, antes de todos los siglos, conforme a las leyes de Su naturaleza, y Aquel que fue engendrado lo sabe; hoy, nace fuera dentro de las leyes de la naturaleza, y la gracia del Espíritu Santo es testigo. Su generación celeste es legítima y la generación terrestre no lo es menos; es verdaderamente el Dios engendrado de Dios, es verdaderamente hombre nacido de una virgen. En el cielo, es el Hijo único de un solo Dios; en la tierra, es el Hijo único de una sola virgen. Así como en Su generación celeste sería impío buscarle una madre, así mismo, en su generación terrestre sería una blasfemia buscarle un padre. El Padre Lo engendró sin el fluido de su sustancia, y la Virgen dio a luz sin conocer la corrupción. Dios no sufrió la pérdida de Su sustancia, pues engendró como convenía a un Dios, y la Virgen no conoció la corrupción cuando dio a luz, porque ella dio a luz espiritualmente (es decir, por la operación del Espíritu Santo). De ahí surge que Su generación celeste no puede ser explicada por palabras humanas y su venida en el tiempo no puede ser el tema de nuestras investigaciones. Sé que una virgen ha dado a luz hoy, y creo que un Dios ha engendrado dentro del tiempo, pero he conocido que el modo de esta generación debe ser honrado por el silencio, y no puede ser el objeto de una curiosidad indiscreta. Pues, cuando se trata de Dios, no es necesario detenernos en la naturaleza de las cosas, sino creer en el poder del que obra. Es una ley de la naturaleza el hecho de que una mujer dé a luz cuando ha contraído matrimonio, pero si una virgen, sin conocer el matrimonio, da a luz y permanece virgen, esto está por encima de la naturaleza. Que se escrute lo que es conforme a la naturaleza, esto lo consiento, pero se debe honrar con el silencio lo que está por encima de la naturaleza, no porque sea necesario alejarse de tales temas, sino porque son inefables y dignos de ser celebrados más que por palabras.

Pero concededme, os lo ruego, el permiso para poner fin a este discurso desde el exordio. Pues temo elevarme hasta esta región de las cosas sobre las cuales no está permitido hablar y no sé de qué lado ni cómo dirigir el timón. ¿Qué diré, o cómo podré hablar? Veo a una madre que da a luz, contemplo a un hijo traído al mundo, pero ignoro el modo de esta generación; cuando Dios quiere, la naturaleza es vencida, los límites del orden establecido en la naturaleza son franqueados. Nada sucede aquí según el orden de la naturaleza, sino que se cumple un milagro por encima de las leyes de la naturaleza. La naturaleza no ha obrado; es la voluntad del Señor la que ha actuado. ¡Oh gracia que sobrepasa todo lenguaje! ¡El Hijo único, que es anterior a los siglos, a quien el sentido del tacto no puede alcanzar, que es simple, incorporal, se ha revestido de un cuerpo mortal y visible como el mío!. ¿Y por qué motivo, sino para que su aspecto nos enseñe, y que enseñados así, nos conduzca por la mano a las cosas invisibles? Puesto que los hombres tienen mayor confianza en lo que sus ojos ven que en lo que sus oídos escuchan, y dudan cuando no han visto, quiso hablar a los ojos por medio de Su cuerpo, de forma que se quitara todo pretexto a la incredulidad. Nace de una virgen que no conoce lo que tiene relación con la generación, que no ha cooperado en lo que se cumplió, que no ha contribuido en nada a lo que se hace, pero que es un simple instrumento del poder inefable y que sabe solamente lo que ella supo de Gabriel al interrogarlo. “¿Cómo será eso, pues no conozco varón?” (Lucas 1:34). A lo cual responde: ¿queréis saberlo?. “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá” (Lucas 1:35). Así, ¿cómo estaba el Señor con ella, y poco después, recibía de ella el nacimiento? Así como el artesano que encuentra una materia hermosa y perfectamente dispuesta, fabrica una vasija maravillosa, así Cristo, encontrando el cuerpo y el alma de la virgen santa, se construye un templo animado, forma en su seno al hombre tal y como ha resuelto, se reviste de esta naturaleza humana y se manifiesta hoy, no habiéndose avergonzado de la deformidad de nuestra naturaleza. No ha sido para Él un oprobio el revestirse con su propia obra, y era para Su obra una gloria brillante el ser la vestidura de Aquel que la había creado. Así como en la primera formación era imposible que el hombre existiera antes que la tierra con la que fue creado llegara a las manos de Su Creador, así era imposible que el cuerpo corruptible del hombre recibiera una nueva naturaleza antes que Aquel que lo había hecho se revistiera con ella.

¿Qué diré, pues, o cómo hablaré? Este misterio me llena de admiración. El Anciano de días se hace niño; Aquel que está sentado sobre un trono elevado e inaccesible reposa en el pesebre; Aquel a quien el sentido del tacto no puede conocer, que es simple, sin composición de partes y que ninguna parte de Su cuerpo es tocada por manos humanas; Aquel que elimina los lazos de la iniquidad es retenido en los lazos que forman sus pañales, porque así lo ha querido. Decidió cambiar la ignominia por el honor, la infamia por un título de gloria, el ultraje extremo por una prueba de virtud. Por eso, ha tomado mi cuerpo, a fin de que pueda llevar en mí Su Verbo; y tomando mi carne, me ha dado Su Espíritu, a fin de que dando y recibiendo, pueda amasar para mí un tesoro de vida. Ha tomado mi carne, a fin de santificarme; me ha dado Su Espíritu, a fin de salvarme.

Pero, una vez más, ¿qué diré, o cómo hablaré? “He aquí que la virgen concebirá” (Isaías 7:14). Lo que se habla, ya no es algo venidero; es algo cumplido lo que se propone a nuestra admiración. Fue entre los judíos entre quienes se cumplió esta palabra pronunciada en medio de ellos; es entre nosotros donde es creída, entre nosotros, que no habíamos escuchado ni siquiera la primera palabra: “He aquí que la virgen concebirá” (Isaías 7:!4). La sinagoga guardaba la promesa escrita; la Iglesia posee el objeto de la promesa. Una poseía el libro, y la otra, el tesoro prometido por este libro; una supo teñir la lana, y la otra revistió la vestidura púrpura que fue teñida. Judea le dio a luz; la tierra entera lo recibió. La sinagoga lo alimentó y lo educó; la Iglesia lo posee y recoge los frutos de Su presencia. Aquella tuvo la cepa de la viña y cerca de mí están los frutos maduros de la verdad. Aquella cosechó las uvas, pero las naciones beben el líquido místico. Aquella sembró el grano de trigo en Judea, pero las naciones recolectaron la cosecha con la guadaña de la fe. Las naciones recogieron con piedad la rosa, mientras que la espina de la incredulidad permaneció en los judíos. El pequeño voló y los insensatos permanecen sentados cerca del nido que permanece vacío. Los judíos interpretaron la letra, que es semejante a la hoja, y las naciones recogieron el fruto del Espíritu.

“La virgen concebirá”. ¡Dime, pues, el resto, oh judío! Dime, ¿quién es Aquel a quien ella ha dado a luz? Haya en mi mayor confianza en que Herodes. Pero careces de confianza, y sé porqué. No piensas más que en sembrar engaños. Se lo has dicho a Herodes a fin de que lo mate; no me lo dices a mí, para que no pueda adorarlo. ¿Quién es, pues, Aquel a quien ella ha dado a luz? ¿Quién es? Es el Creador de la naturaleza. Cuando guardas silencio, la naturaleza grita. Ella ha dado a luz a Aquel que vino al mundo de la forma que había elegido para nacer. No es la naturaleza la que reguló este alumbramiento, sino que es el Maestro de la naturaleza quien introduce este modo inusitado de nacimiento, a fin de mostrar, haciéndose hombre, que no nace como un hombre, sino como un Dios.

Nace hoy de una virgen que triunfa sobre la naturaleza y que trae la victoria sobre el matrimonio. Convenía al Dispensador de la santidad nacer de un alumbramiento puro y santo. Es Él quien formó en otro tiempo a Adán de una tierra virgen y a continuación hizo a la mujer de Adán sin el concurso de una madre. Así como Adán, sin madre, dio nacimiento a la mujer, así la Virgen da a luz hoy a un hombre sin el concurso del hombre. Y puesto que el género de la mujer le era debido al hombre desde que Adán diera nacimiento a la mujer sin el socorro de una mujer, hoy la Virgen paga al hombre la deuda contraída por Eva, pues da a luz sin el socorro del hombre. A fin de que Adán no pudiera enorgullecerse de haber producido a la mujer sin el socorro de una mujer, la Virgen engendra a un hombre sin el socorro del hombre, de forma que la igualdad resulta de la paridad de las maravillas obradas. Adán perdió una de sus costillas y no fue disminuido; por otra parte, el Señor se ha formado en el seno de la Virgen un templo animado y no ha destruido su virginidad. Adán permaneció sano y salvo tras quitársele la costilla; la Virgen no ha sido marchitada tras el nacimiento de su Hijo.

El Señor no ha querido construirse otro templo, ni revestirse de un cuerpo formado de otra forma, para hacer conocer que no desprecia el barro de Adán. Y puesto que el hombre engañado se convirtió en el instrumento del maligno, era necesario que tomara como un templo animado a aquel mismo que había sido seducido, a fin de que por esta unión con su creador, lo arrancara de la unión y del servicio al maligno. Y, sin embargo, haciéndose hombre, Cristo no es puesto en el mundo como un hombre, sino como un Dios, porque si hubiera surgido, como uno de nosotros, de un matrimonio ordinario, la multitud no habría querido creer en Él. Pero nace de una virgen y, naciendo, guarda el seno de Su madre inmaculado, y a esta virgen, sin mancha, a fin de que las circunstancias inusitadas de tal alumbramiento nos inspiren una fe más grande. Pues, si el gentil me interroga o el judío no me interroga para saber si Cristo, siendo Dios por naturaleza, se hizo hombre fuera de las leyes de la naturaleza, responderé que es así, y dará por pruebas las marcas de una virginidad que no ha sido violada. Pues sólo hay un Dios que pueda vencer el orden de la naturaleza, sólo hay Aquel que hizo el seno de la mujer y le dio su virginidad, para que pudiera preparar para sí mismo este modo inmaculado de su nacimiento y así construirse, según su deseo, un templo edificado de una manera inefable.

¡Dime, pues, oh judío, si la Virgen ha dado a luz o no! Si ha dado a luz, reconoce la maravilla de este alumbramiento. Pero si ella no ha dado a luz, ¿por qué has engañado a Herodes? Eres tú quien has respondido cuando te preguntaba dónde debía nacer Cristo: “En Belén de Judea” (Mateo 2:5). ¿Conozco yo este pueblo o este lugar? ¿Estaba informado de la dignidad del que iba a nacer? ¿No es Isaías quien hace mención de Él como de un Dios?. “Y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel” (Isaías 7:14). ¿No sois vosotros, adversarios sin buena fe, quienes nos habéis enseñado la verdad? ¿No sois vosotros, escribas y fariseos, observadores exactos de la ley, quienes nos habéis instruido en todo este asunto? (Mateo 1:23). ¿A caso conocemos nosotros la lengua hebrea? ¿No habéis sido vosotros mismos los intérpretes de las Escrituras? Después de que la Virgen hubiera dado a luz, antes de que diera a luz, ¿no fuisteis vosotros quienes, interrogados por Herodes, y para que estuviera claro que este pasaje no es interpretado con parcialidad, disteis como testimonio al profeta Miqueas, apoyando así vuestro discurso?. Dice él: “Pero tú, Belén de Efrata, pequeña para figurar entre los millares de Judá, de ti me saldrá el que ha de ser dominador de Israel” (Miqueas 5:2; Mateo 2:6). El profeta dice con razón: “de ti”, pues surgió de vosotros para ser dado al mundo.

Lo que es, se manifiesta, pero lo que no es, es creado o formado. Pero Él, era; era antes; era siempre. Estaba desde la eternidad como Dios, gobernando el mundo. Hoy, se manifiesta como hombre a fin de gobernar a su pueblo, pero como Dios salva a toda la tierra. ¡Oh enemigos útiles! ¡Oh acusadores bienaventurados! ¡Vosotros, cuya imprudencia ha revelado al Dios nacido en Belén, vosotros, que habéis hecho conocer al Señor oculto en el pesebre, que sin quererlo habéis mostrado el regazo en el que reposa, vosotros, que, hechos nuestros benefactores contra vuestra voluntad, habéis descubierto aquello que querías dejar oculto en la sombra!. ¿Veis a estos maestros inhábiles? Lo que enseñan, lo ignoran; ellos mueren de hambre y nos alimentan a nosotros; tienen sed y nos mitigan la sed; están en la indigencia, y nos enriquecen.

Venid, pues, y celebremos esta fiesta; venid y que sea para nosotros un día de solemnidad. Que la forma de celebrar esta fiesta sea extraordinaria, pues el relato de este nacimiento es extraordinario. Hoy, el lazo antiguo es roto, el diablo es cubierto de confusión, los demonios huyen, la muerte es destruida, el paraíso se ha abierto, la maldición ha sido borrada, el pecado ha sido eliminado, el error ha sido vencido, la verdad ha vuelto, y la palabra de la piedad se extiende y se propaga en todo lugar. La vida del cielo se planta en la tierra, los ángeles conversan con los hombres, los hombres no temen conversar con los ángeles. ¿Y por qué? Porque un Dios ha venido a la tierra, y el hombre, al cielo, y así, todo ha sido unido y mezclado. Ha venido a la tierra, Él, que está totalmente en el cielo, y, estando totalmente en el cielo, está totalmente en la tierra. Siendo Dios, se hizo hombre, sin renunciar a Su divinidad. Siendo el Verbo, no sujeto a cambio, se hizo carne: se hizo carne a fin de habitar entre nosotros. No se hizo Dios, sino que era Dios. Pero se hizo carne, a fin de que un pesebre pudiera recibir a Aquel al que el cielo no podía contener. Así pues, es puesto en el pesebre, a fin de que Aquel que alimenta a toda criatura, reciba de una virgen madre el alimento que conviene a un niño pequeño.

Por lo tanto, el Padre del siglo venidero se convierte en un niño de pecho y reposa en los brazos de una virgen, a fin de ofrecer a los magos un acceso más fácil. Pues hoy, los magos llegan y dan el ejemplo de no obedecer a un tirano: el cielo se regocija e indica el lugar en el que reposa su Señor, y este Señor, llevado en la nube ligera del cuerpo que ha elegido, avanza rápidamente hacia el país de Egipto. En apariencia, lucen los engaños de Herodes; en la realidad, cumple lo que había sido dicho por el profeta Isaías: “En aquel día Israel será el tercero con Egipto y con Asiria, una bendición en medio de la tierra. Y el Señor de los ejércitos los bendecirá diciendo: ‘¡Bendito sea mi pueblo de Egipto, y Asiria, obra de mis manos, e Israel, herencia mía!’” (Isaías 19:24-25).

¿Qué dirás tú, oh judío, que siendo el primero, ahora te conviertes en el tercero? Los egipcios y los asirios son puestos ante ti, e Israel, el primogénito, es contado a continuación. Sucede así con justicia. Los asirios vendrán primero, puesto que Lo adoraron en la persona de los magos. Los egipcios después de los asirios, porque lo recibieron huyendo de las trampas de Herodes. Israel será contado el último, porque tras la salida del Jordán, Lo reconoció por la persona de los apóstoles. Entró en Egipto derribando los ídolos de Egipto hechos por la mano del hombre, tras haber hecho morir a los primogénitos de los egipcios (Isaías 19:1). Por eso hoy se presenta en calidad de primogénito, a fin de hacer desaparecer el antiguo duelo. Que sea llamado primogénito, es lo que testifica Lucas el Evangelista, diciendo: “Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la hostería” (Lucas 2:7). Entra en Egipto para poner fin al duelo antiguo, trayendo el gozo y no nuevas plagas, y en lugar de la noche y las tinieblas, la luz de la salvación. Antaño, el agua del río había sido manchada por la muerte de los hijos quitados antes de la edad. Ahora, aquel mismo entra en Egipto que, en otro tiempo, había enrojecido esta agua; da al agua del río la virtud de engendrar la salvación, purificando por el poder del Espíritu todo lo que había en ella de impuro y manchado. Los egipcios, castigados con diversas plagas y dejándose llevar por su furor, desconocieron a Dios. Entra en Egipto y llena del conocimiento de Dios a las almas religiosas que están en este país, de modo que la tierra rodeada por el Nilo tenga pronto más mártires que espigas.

A causa de la brevedad del tiempo, terminaré aquí mi discurso. Terminaré cuando haya dicho cómo el Verbo, que es inmutable, se hizo carne sin cambiar su naturaleza. Pero, ¿qué diré, o cómo hablaré? Veo a un artesano, un pesebre, a un niño, pañales, a un hijo nacido de la Virgen y privado de las cosas necesarias, y en todo lugar la pobreza, en todo lugar, la indigencia. ¿Habéis visto al rico en una profunda pobreza? ¿Cómo siendo rico se hizo pobre por causa nuestra? ¿Cómo es que no tuvo un lecho, ni un suave toisón, sino el pesebre desnudo en el que es depositado? ¡Oh pobreza, fuente de riquezas! ¡Oh riqueza sin medida, que no tienes más que la apariencia de la pobreza! Reposa en el pesebre y agita al mundo entero. Es envuelto en los lazos de sus pañales y rompe los lazos del pecado. Aún no ha hecho escuchar su voz y ha instruido a los magos y los ha dispuesto para la conversión.

¿Qué diré, pues, o cómo hablaré? He aquí al niño envuelto en sus pañales y acostado en un pesebre; María, virgen y madre, está cerca de Él; cerca de Él está José, visto como Su padre. Este es llamado el marido, aquella es saludada con el nombre de “mujer”, pero estos nombres legítimos son despojados de todo su significado habitual y deben ser comprendidos como una simple apelación, mas una apelación que no va hasta la naturaleza de las cosas. José es el esposo de María, pero el Espíritu Santo la ha cubierto con su sombra. Por eso José duda y no sabe qué nombre dar al niño. No osa decir que fue el fruto del adulterio y no podía proferir esta blasfemia contra la Virgen, pero no podía decir que fue su propio hijo, pues sabía que ignoraba cómo y de dónde tomaba este niño su origen. Por eso, mientras duda, un oráculo del cielo se le presenta por la voz del ángel: “José, hijo de David, no temas recibir a María tu esposa, porque su concepción es del Espíritu Santo” (Mateo 1:20).

El Espíritu Santo ha cubierto a la Virgen con su sombra. ¿Por qué, pues, nació de la Virgen, conservando esta su virginidad inmaculada? A fin de que, si antaño el maligno engañó a Eva aún virgen, Gabriel, a su vez, viniera a traer un feliz mensaje a María, siendo virgen. Pero Eva, siendo engañada, dio a luz una palabra que introdujo la muerte en el mundo, mientras que María, recibiendo un feliz mensaje, dio a luz en la carne al Verbo que nos da la vida eterna. La palabra de Eva indica el bosque del cual Adán fue expulsado del paraíso; el Verbo salido de la virgen muestra la cruz por la que introdujo al ladrón en el lugar de Adán en el paraíso. Pues como los gentiles, los judíos y los herejes no querían creer que Dios engendra sin el fluido de su sustancia, permaneciendo inmutable, por eso hoy, salido de un cuerpo sujeto al cambio, ha conservado, en su integridad, este cuerpo sujeto al cambio, para hacernos comprender que, así como nació de una virgen sin romper su virginidad, así Dios, sin cambio ni utilización del fluido de Su santa sustancia, como Dios, ha engendrado a un Dios, así como convenía a un Dios.

Y puesto que los hombres, habiendo abandonado a Dios, se hicieron estatuas de forma humana a las que daban su culto, despreciando al Creador, así pues, por causa de esto, hoy, el Verbo de Dios, siendo Dios, aparece bajo la forma de hombre, a fin de destruir la mentira y atraer hacia Él todo culto. A Él, pues, que restableció, por tanto, todas las cosas a un camino mejorado, a Este, que es Cristo nuestro Señor, que sea la gloria, el honor y el poder, así como al Padre sin principio y al Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Traducido por psaltir Nektario

para cristoesortodoxo.es

en Diciembre de 2015


http://cristoesortodoxo.com/2015/12/25/homilia-para-la-natividad-de-nuestro-senor-jesus-cristo/

Thursday, November 26, 2015

Paráclesis de la cuaresma de la Natividad de Nuestro Señor Jesús Cristo


Bendito sea nuestro Dios ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

Si no hay sacerdote: Por las oraciones de nuestros Santos Padres, oh Señor Jesucristo, Dios Nuestro, Ten piedad de nosotros. Amén.



Gloria a Ti, Dios Nuestro, Gloria a Ti.



Rey del Cielo, Consolador, Espíritu de la Verdad, que estás en todo lugar, y que todo lo llenas, Tesoro de bienes y Dador de la Vida, ven y haz de nosotros tu morada, purifícanos de toda mancha, y salva, Tú que eres bueno, nuestras almas.



Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros (tres veces)



Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros. Señor, purifícanos de nuestros pecados. Maestro, perdona nuestras transgresiones. Santo, visítanos y cura nuestras dolencias, por tu nombre.



Señor, ten piedad (tres veces)



Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.



Padre nuestro que estas en los cielos, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu Realeza, hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo; el pan sobreesencial dánosle hoy, perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del maligno.

Porque tuyo es el reino y el poder y la gloria, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.





Salmo 142



Señor, escucha mi oración, presta oído a mi súplica según tu fidelidad; óyeme por tu justicia, y no entres en juicio con tu siervo, porque ningún viviente es justo delante de Ti. El enemigo persigue mi alma, ha postrado en tierra mi vida; me ha encerrado en las tinieblas, como los ya difuntos. El espíritu ha desfallecido en mí, y mi corazón está helado en mi pecho. Me acuerdo de los días antiguos, medito en todas tus obras, contemplo las hazañas de tus manos, y extiendo hacia Ti las mías; como tierra falta de agua, mi alma tiene sed de Ti. Escúchame pronto, Señor, porque mi espíritu languidece. No quieras esconder de mí tu rostro: sería yo como los que bajaron a la tumba. Hazme sentir al punto tu misericordia, pues en Ti coloco mi confianza. Muéstrame el camino que debo seguir, ya que hacia Ti levanto mi alma. Líbrame de mis enemigos, Señor; a Ti me entrego. Enséñame a hacer tu voluntad, porque Tú eres mi Dios. Tu Espíritu es bueno; guíame, pues, por camino llano. Por tu Nombre, Señor, guarda mi vida; por tu clemencia saca mi alma de la angustia. Y por tu gracia acaba con mis enemigos, y disipa a cuantos atribulan mi alma, porque soy siervo tuyo.





Dios es Señor



Tono 4º



Diácono: Dios es Señor, y se nos ha manifestado. Bendito el que viene en el nombre del Señor.



Coro: Dios es Señor, y se nos ha manifestado. Bendito el que viene en el nombre del Señor.



V./ Confesad al Señor, porque es bueno; porque su misericordia es eterna.



R./ Dios es Señor, y se nos ha manifestado. Bendito el que viene en el nombre del Señor.



V./ Todas las naciones me rodeaban, mas en el nombre del Señor las rechacé.



R./ Dios es Señor, y se nos ha manifestado. Bendito el que viene en el nombre del Señor.



V./ No he de morir, viviré, y para contar las obras del Señor.



R./ Dios es Señor, y se nos ha manifestado. Bendito el que viene en el nombre del Señor.



V./ La piedra que desecharon los arquitectos, es ahora la piedra angular; es el Señor el que lo ha hecho y es un milagro patente.



R./ Dios es Señor, y se nos ha manifestado. Bendito el que viene en el nombre del Señor.




Tropario, tono 4



Prepárate, oh Belén, pues el Edén ha sido abierto para todos. Prepárate, oh Efrata, pues el Árbol de la Vida ha florecido de la Virgen en la cueva. Pues su vientre apareció como un paraíso escogido en el que fue plantada esta santa viña. Si comemos de ella, viviremos y no moriremos, como el antiguo Adán. Cristo nacerá, levantando la imagen que cayó en el principio.



Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.



Oh Madre de Dios, jamás dejaremos nosotros, aunque indignos, de exaltar tus grandezas, pues si tú no rogaras por nosotros, ¿quién nos libraría de todos los males? o ¿Quién nos conservaría libres hasta ahora? No nos apartaremos de ti, oh Señora que libras a tus siervos de toda adversidad.




Salmo 50



Ten compasión de mí, oh Dios, en la medida de tu misericordia; según la grandeza de tus bondades, borra mi iniquidad. Lávame a fondo de mi culpa, límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mi maldad y tengo siempre delante mi delito. He pecado contra Ti, contra Ti solo, he obrado lo que es desagradable a tus ojos, de modo que se manifieste la justicia de tu juicio y tengas razón en condenarme. Es que soy nacido en la iniquidad, y ya mi madre me concibió en pecado. Mas he aquí que Tú te complaces en la sinceridad del corazón, y en lo íntimo del mío me haces conocer la sabiduría. Rocíame, pues, con hisopo, y seré limpio; lávame Tú, y quedaré más blanco que la nieve. Hazme oír tu palabra de gozo y de alegría, y saltarán de felicidad estos huesos que has quebrantado. Aparta tu rostro de mis pecados, y borra todas mis culpas. Crea en mí, oh Dios, un corazón sencillo, y renueva en mi interior un espíritu recto. No me rechaces de tu presencia, y no me quites el espíritu de tu santidad. Devuélveme la alegría de tu salud; confírmame en un espíritu de príncipe. Enseñaré a los malos tus caminos; y los pecadores se convertirán a Ti. Líbrame de la sangre, oh Dios, Dios Salvador mío, y vibre mi lengua de exultación por tu justicia. Abre Tú mis labios, oh Señor, y mi boca publicará tus alabanzas, pues los sacrificios no te agradan, y si te ofreciera un holocausto no lo aceptarías. Mi sacrificio, oh Dios, es el espíritu compungido; Tú no despreciarás, Señor, un corazón contrito y humillado. Por tu misericordia, Señor, obra benignamente con Sión; reconstruye los muros de Jerusalén. Entonces te agradarán los sacrificios legales, las oblaciones y los holocaustos; entonces se ofrecerán becerros sobre tu altar.







CANON



Tono 2º






Oda I



Irmos: Una fuerza triunfal humilló una vez a los ejércitos del Faraón en el abismo: así también, el glorioso Señor, el Logos hecho carne, ha borrado el maligno pecado, pues ha sido grandemente glorificado.



Gloria a ti Señor, gloria a Ti.



Oh Rey de todos, deseando que el hombre fuera inscrito en el libro de la vida, te inscribiste a ti mismo según la ley del Cesar. Como extraño viniste a nosotros por tu propia voluntad, haciendo volver al cielo a los que tristemente fueron separados del paraíso.



Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.



Oh Belén, recibe a Cristo: pues, hecho carne, vino a morar en ti, abriendo el Edén para mí. Prepárate, oh Cueva, para ver que, extrañamente, es contenido en ti Aquel que no puede ser contenido, y que ahora se hace pobre en la riqueza de sus tiernas misericordias.



Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.



Cristo nace, concediendo en su bondad un nuevo nacimiento a los que nacieron de Adán. Alégrate, naturaleza del hombre mortal, que eres estéril y que no diste a luz: el Maestro ha venido a hacerte madre de muchos hijos.




Oda III



Irmos: El desierto floreció como un lirio en tu venida, oh Señor, y así mismo, la iglesia de los gentiles, que era estéril: y por esta venida, también mi corazón ha sido establecido.



Gloria a ti, Señor, gloria a Ti.



Redimiéndome de los lazos de mal, oh Señor que amas a la humanidad, viniste para ser envuelto en pañales como un niño. Por eso, venero tu divina condescendencia.



Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.



La Virgen viene para cargar contigo, oh Señor, pues eternamente del Padre, ahora has venido a nuestro tiempo, liberando nuestras almas de las pasiones temporales.



Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.



Señor misericordioso y lleno de piedad, buscándome a causa de mi perdición en la transgresión, Tú has venido a morar en la cueva como en el cielo, preparando así las mansiones celestiales para mí.

Ahora se nombran aquellos por quienes se reza esta paráclesis.



Letanía



Sacerdote: Ten piedad de nosotros, oh Señor, según tu gran misericordia te suplicamos que nos escuches y tengas piedad.

Coro: Señor ten piedad (3 veces)


De nuevo rogamos por nuestro padre y Obispo N. y por todos nuestros hermanos en Cristo.


También rogamos por la vida, paz, salud, salvación, visitación, perdón y remisión de los pecados de los siervos de Dios, los cristianos ortodoxos, los que viven en esta ciudad y los reunidos en este santo templo, sus feligreses y bienhechores.


De nuevo rogamos por los siervos de Dios N. N. (Aquí se insertan los nombres de los fieles por los cuales se ruega) que elevan esta súplica.


Porque eres un Dios misericordioso y amante de la humanidad, te rendimos gloria, oh Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.


Amén.








Catisma, tono 1



Alégrate en gran manera, oh Sión: prepárate, oh Belén. El que sostiene todas las cosas, ha hecho conocer su condescendencia sin medida enviando ante Él la estrella. Él, ante quien tiemblan todos los poderes celestiales, nuestro Único Dios, ha nacido en verdad de la Virgen sin sufrir cambio alguno.




Oda IV



Irmos: Tú has nacido de una virgen, pero no como ángel ni como embajador, sino como el Señor hecho carne, y a mí, como hombre, me has concedido la salvación. Por eso, te clamo: ¡Gloria a tu poder, oh Señor!.



Gloria a Ti, Señor, Gloria a Ti.



Que toda la creación deseche ahora todas las cosas antiguas, contemplándote a Ti, el Creador hecho niño. Pues por tu nacimiento has formado todas las cosas de nuevo, haciéndolas nuevas otra vez y conduciéndolas a su primigenia belleza.



Gloria a Ti, Señor, Gloria a Ti.



Los magos, que fueron guiados por una estrella divina, se postraron ante Ti, maravillados por tu asombroso nacimiento, y trayendo regalos, vieron el Sol que se alzó de la nube virgen.



Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.



Contemplad: la Virgen viene como una novilla, llevando en su vientre el Novillo cebado que quita los pecados del mundo. Que toda la creación se regocije en gran manera.



Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.



La predicación de los profetas, previendo la manifestación de Cristo, ha recibido hoy su seguro cumplimiento: pues Él ha venido en la carne para iluminar a los que perecen en la oscuridad.




Oda V



Irmos: Te has convertido en mediador entre Dios y el hombre, oh Cristo nuestro Dios, pues por ti, oh Señor, hemos salido de la oscuridad de la ignorancia, a Tu Padre, el Autor de la luz.



Gloria a Ti, Señor, gloria a Ti.



Que el pueblo que se estableció una vez en la oscuridad vea la Luz resplandeciente que no conoce ocaso: Cristo, que se dio a conocer por la estrella a los reyes de Persia, que adoraban el fuego.



Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.



El gran Rey viene con premura para entrar en una pequeña cueva, para hacerme grande, aunque Él había crecido siendo pequeño en grandeza, y para que, como Dios trascendente, por su pobreza sin medida, pueda hacerme rico, aunque Él creció pobre.



Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.



‘Ahora Cristo nace de Jacob’, por eso dijo Balaam: ‘y gobernará sobre todas las naciones, y su reino será exaltado en la gracia, y permanecerá eternamente’.




Oda VI



Irmos: Rodeado por el abismo del pecado, clamo ante el abismo insondable de tu misericordia: sácame de la corrupción, oh Dios mío.



Gloria a Ti, Señor, gloria a Ti.



Cristo, en su insondable sabiduría, viene a nosotros por Su propia voluntad. Hagámonos extraños al pecado, y recibámosle, pues mora en las almas de los mansos.



Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.



Tú, oh Belén, no eres la menor entre todas las naciones: pues de ti ha nacido el Rey y Señor que se dispondrá como pastor de Su propio pueblo.



Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.



Cuán pequeña es la cueva que Te acoge, pues el mundo no puede encontrar habitáculo para Ti, oh Cristo, a quien nada puede contener. Tú, que con el Padre eres sin principio, has aparecido como un Niño pequeño.





Ahora se nombran aquellos por quienes se reza esta paráclesis.



Letanía



Sacerdote: Ten piedad de nosotros, oh Señor, según tu gran misericordia te suplicamos que nos escuches y tengas piedad.

Coro: Señor ten piedad (3 veces)


De nuevo rogamos por nuestro padre y Obispo N. y por todos nuestros hermanos en Cristo.


También rogamos por la vida, paz, salud, salvación, visitación, perdón y remisión de los pecados de los siervos de Dios, los cristianos ortodoxos, los que viven en esta ciudad y los reunidos en este santo templo, sus feligreses y bienhechores.


De nuevo rogamos por los siervos de Dios N. N. (Aquí se insertan los nombres de los fieles por los cuales se ruega) que elevan esta súplica.


Porque eres un Dios misericordioso y amante de la humanidad, te rendimos gloria, oh Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.


Amén.




Contaquio, tono 3



Hoy, la Virgen viene a la cueva para dar a luz de una manera inefable al Logos pre-eterno. Por eso, alégrate, oh universo, cuando oigas, y glorifica con los ángeles y pastores a Aquel que aparece por Su propia voluntad como un nuevo Niño, el Dios pre-eterno.





Anavathmi



Primera antífona de los Himnos de Ascensión del tono 4º



Desde mi juventud me sitiaban pasiones, pero Tú, oh Salvador, me proteges y salvas. (dos veces)



Que sean confundidos por el Señor todos los enemigos de Sión, que sean como hierba quemada por un fuego desolador. (dos veces)



Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.



Toda alma vive por la gracia del Espíritu Santo, y cuando está totalmente purificada se eleva hasta que por un misterio sagrado, resplandece con la Unidad Trinitaria.



Ahora y siempre y por lo siglos de los siglos. Amén.



Por el Espíritu Santo, fluyen los arroyos de la gracia, regando toda la creación y llenándola de vida.






Prokimenon tono 4º



Celebraré Tu Nombre de generación en generación

V: Escucha, oh hija, y ve e inclina tu oído, y olvida tu pueblo y la casa de tu padre; y el Rey deseará en gran medida tu belleza.




Lectura del Evangelio



Sacerdote: Para que seamos dignos de escuchar el santo Evangelio, roguemos al Señor nuestro Dios.



Coro: Señor ten piedad (tres veces)



Sacerdote: Sabiduría, en pie, escuchemos el Santo Evangelio. Paz a todos.



Coro: Y con tu espíritu.



Sacerdote: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas.



Coro: Gloria a ti Señor, gloria a ti.



(1:39-56)



“En aquellos días, María se levantó y fue, apresuradamente a la montaña, a una ciudad de Judá; y entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió cuando Isabel oyó el saludo de María, que el niño dio saltos en su seno e Isabel quedó llena del Espíritu Santo. Y exclamó en alta voz y dijo: ‘¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu seno!. ¿Y de dónde me viene, que la madre de mi Señor venga a mí?. Pues, desde el mismo instante en que tu saludo sonó en mis oídos, el hijo saltó de gozo en mi seno. Y dichos la que creyó, porque tendrá cumplimiento lo que se le dijo de parte del Señor’. Y María dijo: ‘Glorifica mi alma al Señor, y mi espíritu se goza en Dios mi Salvador, porque ha mirado la pequeñez de su esclava. Y he aquí que desde ahora me felicitarán todas las generaciones; porque en mí obró grandezas el Poderoso. Santo es su nombre, y su misericordia, para los que le temen va de generación en generación. Desplegó el poder de su brazo; dispersó a los que se engrieron en los pensamientos de su corazón. Bajó del trono a los poderosos, y levantó a los pequeños; llenó de bienes a los hambrientos, y a los ricos despidió vacíos. Acogió a Israel su siervo, recordando la misericordia, conforme lo dijera a nuestros padres en favor de Abraham y su posteridad para siempre’. Y quedóse María con ella como tres meses, y después se volvió a su casa”.





Coro: Gloria a Ti, Señor, gloria a Ti.




Tono 2º



Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.



Por las oraciones de los profetas, oh Misericordioso, borra la multitud de nuestros pecados.



Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.



Por las oraciones de la Theotokos, oh Misericordiosos, borra la multitud de nuestros pecados.



Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa.


Tono 6º



Las profecías de los profetas se han cumplido ahora, pues nuestro Dios nacerá de la Virgen María según las antiguas escrituras, y sin embargo, permanecerá tal y como era antes de su nacimiento. Los magos vienen trayendo regalos, los pastores yacen en los campos, y nosotros también cantamos con todos ellos: “Oh Señor, nacido de una Virgen, gloria a Ti”.




Oda VII



Irmos: El mandato profano de un tirano ilícito avivó la llama del horno en gran manera, pero Cristo vertió el rocío del Espíritu sobre los jóvenes que temían a Dios y clamaban: ‘Bendito sea Él, y exaltado por encima de todo”.



Gloria a Ti, Señor, gloria a Ti.



Que las nubes dejen caer agua desde lo alto; el que hace de las nubes, en gloria, Su carruaje, viene sobre una nube, que es la Virgen. La Luz que no conoce ocaso, resplandece sobre los que están en la oscuridad y en el peligro.



Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.



Oh huestes de los ángeles divinos, preparaos para cantar las alabanzas de la inefable condescendencia del Señor. Oh vosotros, magos, venid con premura; oh pastores, apresuraos. Cristo viene, Él, que es la Esperanza profetizada de las naciones y Su Liberación.



Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.



“¿Qué es esta gran y asombrosa maravilla? ¿Cómo puedo llevarte en mis brazos, a Ti, que sostienes al mundo por Tu palabra? ¡Oh Hijo mío, que eres sin principio, Tu nacimiento está más allá de toda palabra!”. Así habló la Toda Pura, sosteniendo temerosamente a Cristo en sus brazos.




Oda VIII



Irmos: En la antigua Babilonia, por el mandato de Dios, el horno de fuego obró de forma contraria: quemando a los caldeos, refrescó a los tres jóvenes mientras cantaban: ¡Obras todas del Señor, bendecid al Señor!.



Gloria a Ti Señor, gloria a Ti.



La purísima Señora se asombró por la grandeza del misterio que cubría el cielo con conocimiento, y dijo: “El trono celestial que te aposenta está colmado por llamas radiantes; así pues, ¿cómo es que puedo llevarte en mí, oh Hijo mío?”.



Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.



“Tienes la semejanza de Tu Padre, oh Hijo mío. Por eso, ¿cómo es que te haces pobres y tomas sobre ti la semejanza de un siervo? ¿Cómo te he de colocar en un pesebre de bestias sin razón, Tú que libras a todos los hombres de la sin razón?. Canto alabanzas a Tu gran compasión”.



Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.



Regocíjate, oh toda la tierra; he aquí que Cristo se acerca para nacer en Belén. Alégrate, oh mar; danza de alegría, tú, congregación de los profetas, viendo el cumplimiento de tus obras; alegraos, todos los justos.




Oda IX



Irmos: El Hijo del Padre sin principio se nos ha manifestado, Dios el Señor hecho carne de la Virgen, para dar la luz a los que están en la oscuridad, y para reunir a los dispersos. Por eso, magnificamos a la gloriosa Theotokos.



Gloria a Ti, Señor, gloria a Ti.



Que los reyes de la tierra canten de alegría, y que todas las naciones exulten de regocijo. Montañas, colinas y valles, ríos y mares, y toda la creación, magnifique al Señor que ha nacido hoy.



Gloria a ti Señor, gloria a Ti.



Hasta donde era justo, fuiste visto por los profetas. Hecho hombre en los últimos tiempos, apareciste a todos en Belén, ciudad de Judá, y una estrella Te mostró a los astrónomos y magos, oh Tú, que sobrepasas toda interpretación.



Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.



He aquí que el santísimo Logos viene a Su propio y santo cuerpo que no es suyo. Por un asombroso nacimiento hace suyo al mundo que le era ajeno. Cantémosle himnos de alabanza a Él, que se hizo pobre por nosotros.



Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.



“Oh dulcísimo Hijo, ¿cómo te alimentaré, a Ti, que das alimento a todos? ¿Cómo te sostendré, a Ti, que lo sostienes todo con tu poder? ¿Cómo te envolveré en pañales, a Ti, que envuelves la tierra con las nubes?”. Así clamó la Toda Pura Señora, a la que con fe, magnificamos.







En verdad es digno y justo, a ti alabarte Theotokos, siempre santa e inmaculada, Madre de Nuestro Señor. Más venerable que los querubines, e incomparablemente más gloriosa que los serafines, que sin mancha engendraste al Verbo Dios. A Ti verdadera Theotokos, te ensalzamos.




Megalimnario, tono 8º



Eres más grande que los cielos, y más pura que el resplandor del sol, pues nos has redimido de la maldición que pesaba sobre nosotros, oh Reina de la creación. Por eso, con himnos te veneramos.



Por la abundancia de mis pecados, estoy enfermo en el cuerpo y también en el alma. A Ti te tengo como refugio. Por eso, ayúdame Tú, oh esperanza de los desesperados, pues eres llena de gracia.



Oh Señora y Madre de Cristo nuestro Dios, recibe nuestras oraciones, pobres pecadores, pues te pedimos para que supliques Al que nació de ti. Oh Señora de la creación, ruega a Dios por nosotros.



Hoy te cantamos con admiración, con esta oda jubilosa, oh alabadísima Madre de nuestro Dios. Junto con el Bautista y todos los santos coros implora, oh Theotokos, para que podamos encontrar clemencia.



Purifiquemos nuestros cuerpos y nuestras almas del pecado, para que con una conciencia pura recibamos en Belén a Cristo, el Rey de la gloria que nació de la Virgen pura y sin pecado. ¡Venid y adorémosle!.



Tú, humilde pesebre, prepárate. Apresuraos, oh pastores, pues el nacimiento de Cristo está a punto. Apresuraos, oh magos, y reunios, todos los ángeles, y clamad: ¡A ti sea la gloria, pues por nosotros has nacido!.



¡Gloria a Dios que ha nacido hoy de la Virgen Madre, en la ciudad de Belén! Y así, que clamen los hombres y los ángeles con voces unidas, adorando la santa natividad del Salvador.



Ejércitos celestiales, Precursor del Señor, Apóstoles bienaventurados, y todos los santos, suplicad junto a la Madre de Dios, por nuestra liberación y salvación.





Lector: Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros. (tres veces)



Gloria al Padre … Ahora y siempre …



Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros. Señor, purifícanos de nuestros pecados. Soberano, perdona nuestras transgresiones. Santo, visítanos y cura nuestras dolencias por tu nombre.



Señor, ten piedad. (tres veces)



Gloria al Padre … Ahora y siempre …



Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre. Venga a nosotros tu Realeza, hágase tu Voluntad, así en la tierra como en el cielo. El pan sobreesencial dánosle hoy; perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del maligno.



Sacerdote: Porque tuyo es el Reino, el poder y la gloria, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.





Tropario, tono 4



Prepárate, oh Belén, pues el Edén ha sido abierto para todos. Prepárate, oh Efrata, pues el Árbol de la Vida ha florecido de la Virgen en la cueva. Pues su vientre apareció como un paraíso escogido en el que fue plantada esta santa viña. Si comemos de ella, viviremos y no moriremos, como el antiguo Adán. Cristo nacerá, levantando la imagen que cayó en el principio.





Letanía



Sacerdote: Ten piedad de nosotros, oh Señor, según tu gran misericordia, te suplicamos que nos escuches y tengas piedad.



Coro: Señor, ten piedad (tres veces)


También rogamos por todos los fieles cristianos ortodoxos.


De nuevo rogamos por nuestro padre y Obispo N. y por toda nuestra hermandad en Cristo.


Roguemos también para que obtengamos misericordia, vida, paz, salud, protección, perdón y remisión de los pecados de los siervos de Dios N. N., por los miembros de nuestra parroquia, y por los benefactores de este santo lugar.


Roguemos también por los que hacen el bien en esta santa y venerable iglesia, por todos los que trabajan y cantan y por todo el pueblo aquí presente que espera de ti una grande y abundante misericordia.


De nuevo pidamos para que libre a esta santa iglesia, a esta ciudad, a todas las ciudades y campos del hambre, la ira, las plagas y terremotos, de las inundaciones, de los incendios, de la espada, de las invasiones extranjeras, de la guerra civil y de la muerte súbita; que nuestro Dios, amante de la humanidad, sea misericordioso y se nos muestre favorable y nos libre de toda violencia y enfermedad y del justo castigo que merecen nuestros pecados y tenga misericordia de nosotros.


Señor, ten piedad. (cuarenta veces)


Roguemos también para que el Señor, y aunque somos pecadores, escuche nuestra súplica y tenga piedad de nosotros.


Señor, ten piedad. (tres veces)



Sacerdote: Escúchanos, oh Dios Salvador nuestro, Esperanza de los que se encuentras en los confines de la tierra y de los que navegan por el mar; sé misericordioso, oh Señor, sé misericordioso, perdona nuestros pecados y ten piedad de nosotros. Porque eres un Dios compasivo y amante de la humanidad y a ti te damos gloria, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

A la Theotokos

Oh Señora nuestra, recibe las oraciones de tus siervos y líbranos de todas las adversidades.

Toda nuestra esperanza está depositada en ti, oh Theotokos, protégenos con tu sagrado velo.


                                     Catecismo Ortodoxo 

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