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Sunday, March 6, 2016

Sobre cómo los santos son puestos aparte y santificados gracias a la inhabitación del Espíritu Santo. ( San Isaac el Sirio )


Del mismo mar Isaac. Sobre cómo los santos son puestos aparte y santificados gracias a la inhabitación del Espíritu Santo.

1. Templo de Dios es una casa de oración . Casa de oración es pues el alma en la cual la memoria de Dios es santificada continuamente. Si todos los santos son santificados por el Espíritu para que sean templos de la adorable Trinidad , [esto significa que] el Espíritu Santo les santifica manteniendo vivo [en ellos] el recuerdo de Dios. En efecto, la oración continua consiste en el recuerdo continuo de Dios. Entonces, por medio de una oración continua, los santos son santificados volviéndose morada de la acción del Espíritu Santo, como dice uno de los santos: “Acuérdate siempre de Dios y tu inteligencia estará en el cielo”.

2. Si, por tanto, nuestra alma, gracias a la oración continua, se convierte en otro cielo, en el cielo no hay bien que falte, ni es atravesado por ningún mal, ni se le acerca la tentación, ni las pasiones del cuerpo y del alma, ni el recuerdo de los males, ni ninguna cosa que aflige al cuerpo, ni las tinieblas ni las vejaciones del alma. Si, en cambio, todas estas tentaciones [se abaten sobre nosotros, deducimos de esto], que esto nos sucede porque vagamos y nos alejamos del recuerdo de Dios, y es por esto que nosotros erramos cayendo en toda clase de mal. La oración, en efecto, es el resultado del recuerdo de Dios que hace cesar las causas del errar. Aquel errar por el cual nosotros sufrimos todos los males.

3. Perseveremos pues en la oración, que es la forma luminosa del recuerdo del Señor, nuestro Dios: [entonces] nos abandonarán todas las tentaciones –que la providencia, en vista de la [oración], permite que sean mandadas para estropear en nosotros el recuerdo de Dios- gracias a la vehemencia de la intercesión y a la crucifixión del intelecto que esta [se realiza]. En efecto, estos carceleros –que son las tentaciones- nos empujan necesariamente a infringir la [oración]. Uno de los santos ha dicho: “Ora constantemente y el espíritu del error huirá lejos de ti” .



4. Cuando por tanto nos aplicamos a la [oración] y hacemos espacio en nosotros al recuerdo del Señor por medio de nuestra oración continua dirigida a él, entonces las tentaciones se alejan, las pasiones se aquietan, Satanás es enviado lejos, las penas no encuentran espacio en nosotros, las aflicciones se marchitan; y todas las realidades adversas ceden el lugar al recuerdo de Dios del cual [gozamos] en precedencia, éstas se van y huyen ante su Señor. 5. Mientras tanto los ángeles celebran continuamente el misterio de su Señor en la casa en la cual se encuentra el altar del Santo. El recuerdo continuo de Dios es, en efecto, un altar establecido en el corazón por el cual todos los misterios son elevados hacia el Santo del Señor , y donde ninguna realidad contraria que hemos enumerado llega. Éstas se atemorizan ante el fulgor de la luz divina que se inflama en medio de los misterios. Y sucede así, naturalmente, que todos los adversarios son vencidos allí donde Dios es nombrado.

6. Si en efecto sucediese que, también cuando nos aplicamos a la [oración], algunas de aquellas realidades salieran todavía a perturbarnos y a mostrar su impudencia siendo ocasión de molestia, [esto sería signo] de que el recuerdo continuo del Señor no lo hemos custodiado como conviene. Y así, con motivo de nuestra falta, éstas han encontrado el modo de asaltarnos. La insidia de los enemigos, en efecto, no puede acercarse a la casa del rey cuando éste está presente.

7. La divinidad, sin embargo, habita en el hombre no con la [propia] naturaleza, desde el momento que su naturaleza no es circunscribible, y no puede ser ni circunscripta ni encerrada en un lugar. De ella están llenos el cielo y la tierra y no hay lugar que pueda contenerla . Está en efecto en todo lugar y de cada lugar está lejos: [es lejana] por la incircunscribilidad y la excelencia de su naturaleza, pero [está en cada lugar] por las realidades incomprensibles realizadas para nosotros. Se afirma que Dios habita en un lugar mediante la voluntad y el actuar de su fuerza, como está escrito: Habitaré en ellos y en estos caminaré ; es decir: “Mostraré en ellos la fuerza de mi actuar”. Como también está escrito que [Dios] cubrió el templo de Jerusalén o la tienda erigida por Moisés..



8. Cuando la casa de [Dios] fue edificada y llevada a cumplimiento por Salomón, se afirma que su Shekinah la cubrió y llenó la casa con su magnificencia, y los sacerdotes salieron del Santo, ante la Shekinah del Señor, ya que no podían prestar servicio en cuanto la casa entera estaba llena de la nube de la magnificencia del Señor . Este fue el signo de que Dios se complació de aquella [casa] y la tomó por morada. Así sucede también en el alma, que ha sido edificada mediante lo que es excelente, cuando al momento de la oración siente esta nube que cubre el intelecto en oración.

9. Esto sucede de manera invisible, y [el orante] no es capaz de terminar la recitación de su oración. Por esto él se aquieta ante la magnificencia del Señor que a través de la intuición se revela al intelecto y es reducido al silencio en el asombro: ¡esto es entonces el signo que el Señor se ha complacido de él y lo cubre! Lo mismo vio Ezequiel cuando le fue mostrado en revelación la construcción del templo: tan pronto aquella casa que fue construida ante él -que le era mostrada como revelación divina- fue llevada a cumplimiento, ve también la Shekinah divina que cubre la casa y era llena de ella.

10. En la visión que veía estaba cómo la obra divina que era impresa en él, por medio de aquella admirable vista que, antes que fuese realizada, le fue dado ver. E, incluso estando él físicamente en Babilonia, veía la revelación en Jerusalén, que estaba alejada alrededor de trecientas parsahe de camino. Le fue así mostrado a Aquel que entró [en la] casa y la Shekinah de Dios que la cubría. Como [él mismo] dice: Me condujo a la puerta que miraba al oriente ; había en efecto un hombre que le mostraba todas estas cosas por revelación: era un ángel que le hablaba. [Este] dijo: Pon en tu corazón todo lo que yo te muestro, ya que es para mostrártelo que he venido .

11. Mediante estos [ejemplos] se nos dan a conocer dos cosas: que todas las revelaciones de los santos les han sido concedidas mediante la mediación de los ángeles y que éstos, [es decir los ángeles], les instruían hasta que uno no se había acercado a la revelación de la visión divina; y lo segundo es que las revelaciones angélicas preceden a la revelación divina y la condición realizada en los [santos] gracias a la acción del Espíritu Santo, como también aquí se nos da a conocer . Por esto [Ezequiel] dice: Me condujo a la puerta que mira al oriente y he aquí la gloria del Dios de Israel que venía del camino del oriente y su voz era como la voz de muchas aguas . 12. También aquella revelación que [Dios] le mostró es según el orden de aquí abajo. Dice en efecto: la tierra ha resplandecido de la gloria; y continúa: yo caí sobre mi rostro y la gloria del Señor entró en la casa . Y también, en otro lugar, dice: el patio interno fue colmado por la nube, la gloria de Dios se elevó por encima de los querubines y la casa fue colmada por la nube . Y también: el patio interno fue colmado por la gloria del Señor ; y otras cosas semejantes, que las Escrituras dan a conocer acerca de cuanto es obrado según el orden de la Shekinah, cuya fuerza cubre el [lugar] reservado al Nombre de la santidad de [Dios] y en la cual su memoria es santificada en todo tiempo. Así [las Escrituras], con el fin de instruir, muestran mediante una visión clara esto que la gloria de [Dios] obra.

13. En cuanto a aquellas expresiones [en las cuales se dice que Dios] “mora” y “habita” , no [debe entenderse que esto suceda] con su naturaleza, sino es con su gloria y su obrar que Él habita en el lugar reservado a su santidad. [Es así que], sea [que habite] en un edificio hecho por manos [de hombre] y [en] realidades no dotado de razón, llamadas utensilios de su santuario, sea [que habite] en los templos racionales que son las almas. Son, en efecto, la fuerza y el obrar [de Dios] que santifican y separan de las otras almas a aquella alma en la cual el Señor es santificado por medio del recuerdo de Él. Por tanto, es gracias a la manifestación de una revelación y del conocimiento de los misterios en ésta revelados, y no por medio de la inhabitación de la naturaleza [de Dios en nosotros], que nosotros deseamos este bien y en todo tiempo santificamos nuestros miembros, junto a nuestra alma, en las alabanzas de Dios.

14. ¡Nos santificamos por tanto a nosotros mismos con el recuerdo continuo de Él, que nos es posible mediante la oración! Nos volvemos templos santos por medio de la oración, para acoger en nosotros mismos la adorable acción del Espíritu, como dice el Apóstol: Todo es purificado y santificado por medio de la palabra de Dios y de la oración ; en efecto, el recuerdo de Dios, que es custodiado aquí abajo y la invocación del Nombre del Señor santifican [todo] y alejan toda mancha y toda fuerza extraña. 15. Se ha dicho también: En todo lugar te acordarás de mi Nombre, vendré a ti y te bendeciré . Nosotros nos acordaremos por tanto continuamente de Dios y nuestra boca será bendecida, como dijo hace un tiempo un santo a algunos seglares que estaban sentados: “¡Levantaos y saludad a los solitarios para que seáis bendecidos! Sus bocas, en efecto, son santas, desde el momento en que hablan continuamente con Dios” .

16. ¡Ved, por tanto, como es hecha digna de santidad la boca que en todo momento habla con Dios [como] es santificado el corazón en el cual continuamente el Nombre del Señor es bendecido! ¡Bendice continuamente a Dios en tu corazón para ser bendecido y no dejes de bendecirlo! Santifica tu alma y todos tus miembros bendiciéndolo, diciendo: Bendice al Señor, alma mía; y todos mis huesos, su Nombre santo ; y también: Te alabo, mi Señor, mi Rey, etc. .

17. Pronuncia con tu boca su alabanza y no te canses jamás de glorificarlo, y [así] su magnificencia y su gloria llenarán tu alma. Sea exaltado Dios en tu corazón en todo momento y no seas jamás saciado de su magnificencia y de sus bendiciones, y tampoco de aquella gloria que el Profeta ve morar sobre Jerusalén, y [así] tu alma será colmada. Dice [Ezequiel]: La tierra ha resplandecido de su gloria . Y también [alguien ha dicho]: “Acuérdate siempre de Dios y tu inteligencia será un cielo” .

18. Aspiremos por tanto a esta magnificencia, para [ser] templos de Dios, por medio del recuerdo continuo de Él, en las oraciones y las alabanzas, como dice el santo obispo Basilio: “La oración pura es la que realiza en el alma el recuerdo continuo de Dios. Así nosotros seremos templos para Dios, porque él mora en nosotros por medio del recuerdo continuo con el cual nosotros nos acordamos de Él” . De esta gloria celeste son hechos dignos los que son casa de oración ; y el templo en el cual mora la memoria continua del Señor resplandece hasta el punto en que los rayos que por él [emanan] irradian y resplandecen también a lo lejos.

19. ¡El recuerdo continuo de Dios es el misterio del mundo futuro en el cual nosotros recibimos plenamente aquí abajo la gracia entera del Espíritu y [de tal modo] el recuerdo de Dios no se alejará más de nosotros aquí abajo, porque así nosotros somos su templo en plenitud! Los santos sobre la tierra han deseado ardientemente este misterio de la alegría futura, con aquella avidez persistente, típica de la oración; [han deseado] ser hechos dignos de ella, por medio de la gracia y de la misericordia de Cristo, nuestra esperanza , junto a todos sus santos, por los siglos de los siglos. Amén.

San Isaac el Sirio


                                        Catecismo Ortodoxo 

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Tuesday, February 16, 2016

La veneración de los santos ángeles y los santos en la Iglesia Ortodoxa, crean una atmósfera de una familia espiritual llena de un profundo amor y paz


La Iglesia Ortodoxa venera a la Virgen María y la considera más honorable que los Querubines, e incomparablemente más gloriosa que los Serafines y supera a todos los seres creados. La Iglesia ve en la Madre de Dios, la Intercesora delante de Su Hijo por todo el género humano y constantemente reza a Ella por esta intercesión. Existe un sentimiento muy profundo de amor y veneración hacia la Virgen María de parte de la gente ortodoxa y, por medio de este sentimiento, el corazón de ellos está lleno de una vivificante calidez que penetra toda la persona. El cristianismo ortodoxo consiste en la vida en Cristo y en el contacto espiritual con Su Purísima Madre; la fe en Jesucristo, como el Hijo de Dios, y en la Virgen María; el amor a Cristo es inseparable al amor hacia Su Madre. En un solo aliento la Iglesia Ortodoxa llama el nombre santísimo de Jesús juntamente con el dulce nombre de María (así como en los iconos de la Madre de Dios, generalmente Ella es representada juntamente con Su Niño eterno) sin crear diferencias en el amor hacia ellos. Aquel que no venera a la Virgen María no conoce a Jesucristo, y si la fe en Cristo no incluye la veneración de la Virgen, entonces esa fe es ajena, otro cristianismo, diferente al que representa la Iglesia. Así es que existe otro cristianismo, ajeno al ortodoxo, que se llama protestantismo, el cual básicamente contiene en sí una incomprensible insensibilidad con respecto a la Madre de Dios, la cual comenzó a manifestarse desde el momento de la Reforma, y se aleja más que nada de la Iglesia cristiana Ortodoxa y Católica. Esto se debe a la ignorancia dogmática y por esta razón, el entendimiento de la reencarnación pierde su plenitud y fuerza. La idea del Dios-Hombre está relacionada con la consagración y glorificación de la esencia humana, en primer lugar, la Virgen María.

La Iglesia Ortodoxa no está de acuerdo con el dogma católico escrito en el año 1854 sobre la inmaculada concepción de la Virgen María, significando que Ella, cuando nació, fue protegida del pecado original. Si este fuese el caso, Ella estaría separada del género humano y ya no podría ser Aquella por medio de la cual el Señor recibió la esencia humana. Pero la Iglesia Ortodoxa considera que la "Inmaculada" no tenía pecados personales. La relación de la Virgen María con Su Hijo no finaliza únicamente con el nacimiento del Señor, sino continúa en la misma medida en la cual indivisiblemente se unieron en Él las dos esencias, Dios y Hombre. Debido a Su gran humildad, la Virgen María queda aislada durante el tiempo de la misión de Jesucristo en la tierra, y sale de este aislamiento en el momento cuando presenció los sufrimientos de Su Hijo en la Cruz sobre el Gólgota. Por medio de los sufrimientos maternales, juntamente con Su Hijo, Ella siguió el camino al calvario y compartió con Él Su calvario. Ella fue la primer copartícipe de Su resurrección. La Virgen María es el punto real e invisible sobre el cual se concentra la Iglesia apostólica. Habiendo experimentado la muerte natural, en Su Asunción Ella no quedó presa del proceso de descomposición del cuerpo, sino, según la fe de la Iglesia, Ella fue resucitada por Su Hijo y permanece en Su glorioso cuerpo a la diestra de Él como la Reina del Cielo.

Un lugar muy importante en la Iglesia ortodoxa ocupa la veneración de los santos. Los santos representan a los protectores y oradores en el Cielo por nosotros, y por esta razón son los miembros activos de la Iglesia que lucha aquí en la tierra. La presencia de la gracia de los santos en la Iglesia por medio de los iconos y sus reliquias como una nube nos rodean por la gloria de Dios por medio de sus oraciones. Este hecho no nos separa de Dios, sino nos une y acerca más a Él. Ellos no son intercesores entre Dios y la gente, sino oradores que rezan con nosotros, nuestros amigos, y ayudantes en nuestro servicio a Cristo y de nuestra unión con Él. Los fundamentos dogmáticos para la veneración de los santos justamente consisten en esta relación. La Iglesia es el Cuerpo de Cristo, y los que se salvan en la Iglesia reciben la fuerza y vida en Cristo, se adoran y se convierten en "dioses por la Gracia." Aunque el destino de la persona se decidirá en el Juicio Final, sin embargo, en el juicio preliminar, inmediatamente después de la muerte, es evidente la predestinación de la gloria y corona de la santidad de esta persona, pues el juicio es únicamente la manifestación de su condición espiritual. "La vida eterna" en Dios comienza aquí, en la Tierra, sobre las olas del tiempo y su profundidad es la eternidad, pero cuando la persona abandona este mundo se convierte en la definición del principio de la existencia.

La ortodoxia explica que la razón de la glorificación de los santos no se debe a que los santos tengan ciertos méritos delante de Dios y que por medio de ellos tengan ciertos derechos de recibir de Dios una gratificación, que ellos podrían compartir con los que no la tienen. La causa es que los santos, por medio de sus sacrificios de fe y amor, llegaron a realizar en sí la semejanza de Dios y con esto manifestaron, por medio de la fuerza de Dios, una personalidad mediante la cual ellos atraen la gracia de Dios. Jesucristo participa en la purificación del corazón de la persona por medio del sacrificio del alma y del cuerpo de la última, siendo ésta su salvación: "El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él" (Juan 14:23). Sobre el camino de la salvación la gente es transformada de cantidad en cualidad, o sea que para ellos se define el destino eterno. Detrás de este umbral se prepara su salvación, decisivamente y auto-definida, comienza el crecimiento de la gracia para cada persona de acuerdo a su imagen personal y la condición de su espiritualidad. La santidad es tan diversa como las individualidades de la persona. El sacrificio de la santidad siempre contiene en sí un carácter de creación individual.

La santidad, antes que nada, es una salida de una condición incierta hacia la victoria, por medio de la cual se liberan las fuerzas para una activa oración de amor. Los santos nos pueden ayudar, no por fuerza de sus méritos, sino a fuerza del recibimiento por ellos de la libertad espiritual en el amor, conseguida por medio del sacrificio. Esta libertad espiritual les otorga la fuerza de poder representarnos delante de Dios por medio de la oración y, así mismo, en el amor activo hacia la gente. Igual que a los ángeles, Dios otorga a los santos la posibilidad de manifestar Su voluntad en la vida de la gente por medio de una ayuda invisible. Ellos son como las manos de Dios por medio de las cuales Dios cumple Su voluntad. También por esta razón a los santos se les da la posibilidad de manifestar las acciones de amor, no en calidad de sacrificio para la salvación de ellos (debido a que la salvación de los santos ya fue realizada), sino realmente para la salvación de sus hermanos aquí en la tierra. La medida de la fuerza de esta intervención activa está de acuerdo a la medida del espíritu y el tamaño del sacrificio: "pues una estrella es diferente de otra en gloria" (1 Cor. 15:41).

¿Cómo conoce la Iglesia el misterio del juicio de Dios con respecto a aquellos santos que ella canoniza y cómo se realiza la canonización de los santos? La respuesta a esta pregunta está en las evidencias de las testificaciones de los diferentes signos manifestados de diversas formas (como los milagros, las reliquias que no se descomponen y más que nada la gracia perceptible por medio de la ayuda hacía nosotros). Las autoridades de la Iglesia, por medio del acto de la canonización, únicamente testifican esta evidencia. La decisión yace sobre la conciencia del concilio de la Iglesia que legaliza la veneración de los santos. La canonización puede ser regional o general. En la Iglesia Ortodoxa, para este acto, no se estableció como en la Iglesia Católica una forma tan terminada en cuanto al proceso de canonización sino, más bien, se realiza por medio de un acto que yace sobre las autoridades de toda la Iglesia en general o local. No se acaba la santidad en la Iglesia, pues ella conoce a sus santos elegidos durante todo el tiempo de su existencia. Uno de los santos más grandes de la Iglesia de nuestros tiempos es San Serafín de Sarov. También tenemos una inmensa cantidad de mártires por la fe cristiana que sufrieron y fueron asesinados durante la persecución de la fe en Rusia, comenzando el año 1917. La historia de la humanidad no recuerda semejante horror. Ellos, con su sangre, glorifican a Dios, pero la santidad de ellos todavía permanece en secreto y la canonización de muchos mártires se decidirá en el futuro. Al mismo tiempo, el futuro manifestará nuevas imágenes de santidad, de acuerdo a su época, y creemos que con el aura se coronará la santidad y creatividad de la humanidad, en nombre de Jesucristo.

Aparte de venerar a los santos, igualmente se veneran sus restos, sus santas reliquias. A veces sucede que el cuerpo del santo no se descompone, y esto se considera como un signo de su santidad; sin embargo, esto no es una regla general y no es necesaria para su canonización. Pero a pesar de esto, si los restos de los santos quedaron intactos (no en todos los casos) ellos se veneran de una forma especial; muchas veces pequeñas partes de sus reliquias se colocan sobre el antimins, sobre el cual se celebra la liturgia (en memoria de la Iglesia de los primeros siglos, cuando se celebraba la misa sobre las reliquias de los mártires). La veneración dogmática de los restos (igual que los iconos de los santos) se basa sobre la fe en la existencia de una relación del Espíritu Santo con estos restos físicos muy especial, esta relación no se destruye por la muerte. La última limita sus fuerzas con respecto a los santos, los cuales con sus almas no abandonan totalmente sus restos y están unidos con ellos por medio de una presencia de gracia muy peculiar hasta la partícula más pequeña. La reliquia es un cuerpo que de una forma anticipada a la resurrección general de la humanidad, es glorificado, aunque, de igual manera que los demás, está en espera de ésta glorificación general de todos aquellos que la merecen. La reliquia es semejante a la condición del cuerpo del Señor cuando Él se encontraba todavía en la tumba, abandonado por el alma, pero sin ser abandonado por Su Espíritu Celestial, esperando su resurrección.

Los santos en su totalidad, encabezados por la Madre de Dios y San Juan Bautista, son participes de la Gloria de Dios con respecto a la creación del hombre, en ellos se justifica la Sabiduría. Esta idea está expresada en un versículo en el servicio a los santos: "DIOS está en la reunión de los dioses; En medio de los dioses juzga" (Salmos 82:1). "Divino es Dios a Sus santos, Dios de Israel." A la eterna gloria de Dios en la creación corresponde también la gloria del mundo animal, "la muchedumbre de los dioses" es la victoria de la creación.

Pero la gloria de Su creación no sólo consiste en el hombre, sino también en el mundo de los ángeles, no sólo los seres de la "tierra" sino también los del "cielo." La fe Ortodoxa confiesa la enseñanza sobre los ángeles y los venera de una manera similar como a los santos. Igual que los santos, los ángeles son los oradores e intercesores del género humano, y nosotros nos dirigimos a ellos con la oración. Pero este acercamiento no aleja la distinción que existe entre el mundo de las fuerzas incorpóreas y el género humano. Los ángeles representan una forma muy peculiar de la creación, la cual igualmente está en contacto con la humanidad, y le es muy cercana. Igual que la gente, los ángeles llevan en sí la imagen de Dios. Su plenitud es inherente únicamente al hombre debido a que él posee un cuerpo, siendo de esta forma parte del mundo físico, el cual él posee por las reglas establecidas por Dios. Los ángeles, siendo seres incorpóreos, no poseen su propio mundo, pero debido a la ausencia de una naturaleza propia, ellos son compensados mediante la cercanía a Dios y vida con Él.

En la religión ortodoxa existe la costumbre de otorgar un nombre a la persona durante el bautismo en honor de algún santo. Estos santos se llaman "ángeles," o sea, es como un ángel con respecto al bautizado. El día del santo, se llama también, día del ángel. Este uso de la palabra indica que el santo y el ángel guardián están cerca uno del otro en el sentido que sirven juntos a esta persona. Debido a esta razón, los dos se llaman ángeles (pero no se unen). En caso de un cambio del estado espiritual, como si representando un nuevo nacimiento, se cambia el nombre, justamente durante la tonsura al monacato, y la persona se entrega a un nuevo santo.

La veneración de los santos ángeles y los santos en la Iglesia Ortodoxa, crean una atmósfera de una familia espiritual llena de un profundo amor y paz, sin poder estar separada del amor hacia Cristo y Su Cuerpo: la Iglesia.

                                  Catecismo Ortodoxo 

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Thursday, January 21, 2016

Los Santos de la Iglesia Ortodoxa


 La doctrina de la Iglesia se encarna en la vida de los creyentes verdaderos, los santos. Los Santos son aquellos que literalmente comparten la Santidad de Dios. "Sed Santos, porque Yo, vuestro Dios, soy Santo" (Levítico 11, 44; I Pedro 1, 16) Las vidas de los Santos atestiguan la autenticidad y la verdad del Evangelio Cristiano, don verdadero de la Santidad de Dios a los hombres.

En la Iglesia existen diferentes clases de Santos. Además de los Santos padres quienes son glorificados específica y especialmente por sus enseñanzas, hay otros tipos de santos según los aspectos particulares de su santidad.

Así es que se encuentran los apóstoles quienes son enviados para proclamar la fe cristiana, los evangelistas quienes específicamente anuncian y escriben los evangelios, y los profetas que son directamente inspirados para hablar la Palabra de Dios a los hombres. Están los confesores quienes han sufrido por la fe y los mártires quienes mueren por la fe. Están las llamadas “personas santas”, santos que fueron monjes o monjas; y los "justos", santos de entre los laicos.

Además, los libros litúrgicos tienen un titulo especial para los santos que eran del clero y otro título especial para los que fueron monarcas o jefes de estado. También hay una clasificación extraña que se denomina a los "locos o insensatos por causa de Cristo". Estos son aquellos santos que atestiguaron al Evangelio Cristiano del Reino de los Cielos mediante su total despreocupación por aquellas cosas que generalmente las personas consideran necesarias: ropa, comida, dinero, casa, seguridad, reputación pública, etc. Reciben su nombre de la frase del Apóstol Pablo: "Nosotros somos insensatos por Amor de Cristo" (I Cor. 4, 10; 3, 18)

Existen incontables volúmenes de escritos sobre las vidas de los santos en la Tradición Ortodoxa. Estos se llaman “Hagiografías”. Su atenta lectura y estudio puede dar muchos frutos espirituales para el descubrimiento del significado de la fe y vida cristiana. En estas "vidas" se ve claramente la visión cristiana de Dios, del ser humano y del mundo. Sin embargo, como estos libros fueron escritos en épocas muy diferentes a la nuestra, es necesario leerlos cuidadosamente y con mucha atención para poder distinguir los puntos esenciales de los adornos artificiales y a veces fantasiosos que frecuentemente fueron incluidos en ellos. En la Edad Media, por ejemplo, era costumbre adaptar las vidas de los santos a obras literarias de épocas anteriores e inclusive adornar las vidas de los santos menos conocidos para que fueran más parecidas a santos anteriores del mismo tipo. También era bastante común agregar muchos elementos, particularmente acontecimientos sobrenaturales y milagrosos de lo más extraordinario, para volver más creíble la genuina santidad del santo, aumentar su verdadera bondad y espiritualidad, y para alentar a sus oyentes o a los lectores para imitar sus virtudes. En muchos casos lo milagroso era exagerado para enfatizar la rectitud ética y la pureza del santo frente a sus detractores.

Por lo general, no es difícil distinguir en las vidas de los Santos entre los elementos definitivamente verdaderos, y los detalles y adornos que fueron agregados en el espíritu de piedad y entusiasmo en épocas posteriores. Se debe hacer el esfuerzo necesario para discernir cuál es la verdad esencial en las vidas de los santos. Sin embargo, el hecho de que elementos naturales de la naturaleza milagrosa fueran agregados a las vidas de los santos durante la Edad Media con el objetivo de educar, entretener e incluso hasta divertir, no debe llevarnos a la conclusión que todo lo milagroso que encontramos en las vidas de los santos es inventado por algún motivo literario o moralizante. Por el contrario, se debe insistir que una lectura atenta de las vidas de los santos casi siempre revelará lo que es auténtico y verdadero en lo milagroso. Además, como ya hemos dicho, y con razón, podemos también aprender casi tanto acerca del verdadero significado del cristianismo de las leyendas de los santos producidas dentro de la Tradición de la Iglesia como de las mismas vidas auténticas.

                                   Catecismo Ortodoxo 

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