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Saturday, March 25, 2017

Oraciones a la Santisima Madre de Dios.


Oraciones a la Madre de Dios, Por San Ildefonso de Toledo (607-667), de su libro “SOBRE LA PERPETUA VIRGINIDAD DE MARIA”,

uno de los tratados teológicos sobre la Madre de Dios más importantes jamás escrito.

Fragmentos tomados del volumen 320 de la BAC (Biblioteca de Autores Cristianos) de 1971 “Santos Padres Españoles. San Ildefonso de Toledo”

Oración al inicio del tratado, Páginas 49-54 del volumen 320 de la BAC:

“Señora mía, dueña y poderosa sobre mí, madre de mi Señor, sierva de tu Hijo, engendradora del que creó el mundo, a ti te ruego, te oro y te pido que tenga el espíritu de tu Señor, que tenga el espíritu de tu Hijo, que tenga el espíritu de mi Redentor, para que yo conozca lo verdadero y digno de ti, para que yo hable lo que es verdadero y digno de ti y para que ame todo lo que sea verdadero y digno de ti. Tú eres la elegida por Dios, recibida por Dios en el cielo, llamada por Dios, próxima a Dios e íntimamente unida a Dios. Tú, visitada por el ángel, saludada por el ángel, bendita y glorificada por el ángel, atónita en tu pensamiento, estupefacta por la salutación y admirada por la enunciación de las promesas.

Escuchas que has encontrado gracia ante Dios, se te manda que no temas, se te confirma en tu confianza, se te instruye con el conocimiento de los milagros y se te conduce a la gloria de un nuevo milagro nunca oído. Sobre tu prole es advertida tu pureza, y del nombre de la prole tu virginidad certifica: se te predice que de ti ha de nacer el Santo, el que ha de ser llamado Hijo de Dios, y de modo milagroso se te da a conocer el poder que tendrá el que nacerá de ti. ¿Preguntas sobre la manera de realizarse? ¿Preguntas sobre el Origen? ¿Indagas sobre la razón de este hecho? ¿Sobre cómo ha de llevarse a cabo? ¿Sobre el orden en que ha de realizarse? Escucha el oráculo nunca oído, considera la obra desacostumbrada, fíjate en el arcano desconocido y atiende al hecho nunca visto: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cobijará con su sombra. Invisiblemente, toda la Trinidad obrará en ti la concepción, pero sola la persona del Hijo de Dios, que nacerá en cuerpo, tomará de ti su carne. Por consiguiente, lo que será concebido y nazca de ti, lo que salga de ti, lo que se engendre de ti, lo que tú des a luz, será llamado Santo, Hijo de Dios. Éste será grande, Dios de las virtudes, rey de los siglos y creador de todas las cosas.

He aquí que tú eres dichosa entre las mujeres, íntegra entre las recién paridas, señora entre las doncellas, reina entre las hermana. He aquí que desde ese momento te dicen feliz todas las gentes, te conocieron feliz las celestiales virtudes, te adivinan feliz los profetas todos y celebran tu felicidad todas las naciones. Dichosa tú para mi fe, dichosa tú para mis predicciones y mis predicaciones. Te predicaré cuanto debes ser predicada, te amaré cuanto debes ser amada, te alabaré cuanto debes ser alabada, te serviré cuanto hay que servir a tu gloria. Tú, al recibir sólo a Dios, eres posterior al Hijo de Dios; tú, al engendrar a un tiempo a Dios y al hombre, eres antes que el hombre hijo, al cual, al recibirle solamente al venir, recibiste a Dios por huésped, y al concebirle tuviste por morador, al mismo tiempo, al hombre y a Dios. En el pasado eres limpia para Dios, en el presente tuviste en ti al hombre y a Dios, en el futuro serías madre del hombre y de Dios; alegre por tu concepción y tu virginidad, contenta por tu descendecia y por tu pureza y fiel a tu hijo y a tu esposo. Conservas la fidelidad a tu Hijo, de modo que ni El mismo tenga quien le engendre; y de tal modo conservas fidelidad a tu esposo, que él mismo te conozca como madre sin concurso de varón. Tanto eres digna de gloria en tu Hijo cuanto desconoces todo concurso de varón, habiendo sabido lo que debías conocer, docta en lo que debías creer, cierta en lo que debías esperar y confirmada en lo que tendrías sin pérdida alguna.(…)

He aquí que es virgen de Dios, virgen del hombre, virgen atestiguándolo el ángel, virgen juzgándolo así su esposo, virgen antes de tener esposo, virgen con su esposo, virgen, sin duda alguna, aun en el tiempo que lo dudaba su esposo. Virgen antes de la venida del Hijo, virgen después de la generación del Hijo, virgen en el nacimiento del Hijo, virgen después de nacido el Hijo.

Fecunda por el Verbo, llena del Verbo, copiosísima en el Verbo, digna de dar a luz por el Verbo; por el nacimiento de hombre por las leyes humanas, por las costumbres humanas, por la humana condición, por la humana verdad; sin falta, incorrupta, inviolada, pura y verdaderamente integérrima.

Por divino obsequio, por divino favor, por colación divina, por divino hallazgo, por don divino, por divino consentimiento, por nueva obra, por eficacia divina, por nuevo modo, por nuevo efecto, por nuevo parto, virgen con la concepcción, virgen después de la concepción, virgen durante el parto, virgen en el parto, virgen con el parto, virgen después del parto. Virgen con el que había de nacer, virgen con el que nace, virgen después del nacimiento del Hijo. Llamada esposa y virgen, tomada como esposa y virgen, tenida por esposa y virgen, con esposo y con descendencia virgen perdurable. Nunca conociste varón, ni contacto carnal, ni abrazo, ni compañía marital. Y entonces ciertamente, entonces sin niguna duda, con verdad y veracidad eres virgen santa, virgen feliz, gloriosa y honesta virgen. Pero después de la generación del Verbo hecho carne, después del nacimiento de Dios hecho hombre, después de la generación de la humanidad en Dios, después del nacimiento del Hombre unido a Dios, eres más santa y Santísima Virgen, más bienaventurada y muy bienaventurada virgen, más gloriosa y gloriosísima virgen, más noble y nobilísima virgen, más honesta y honestísima virgen, más augusta y augustísima Virgen.”

Oración hacia el final del tratado, páginas 147-149 del volumen 320 de la BAC:

“Pero ahora me llego a ti, la única virgen y madre de Dios; caigo de rodillas ante ti, la sola obra de la encarnación de mi Dios; me humillo ante ti, la sola hallada madre de mi Señor; te suplico, la sola hallada esclava de tu Hijo, que logres que sean borrados mis pecados, que hagas que yo ame la gloria de tu virginidad, que me encuentres la magnitud de la dulzura de tu Hijo, que me concedas hallar y defender la sinceridad de la fe en tu Hijo, que me otorgues también consagrarme a Dios, y ser esclavo de tu Hijo y tuyo y servir a tu Señor y a ti.

A Él como a mi Hacedor, a ti como Madre de nuestro Hacedor; a Él como señor de las virtudes, a ti como esclava del Señor de todas las cosas; a Él como a Dios, a ti como a Madre de Dios; a Él como a mi Redentor, a ti como a obra de mi redención. Porque lo que ha obrado en mi redención, lo ha formado en la verdad de tu persona. Él que fue hecho mi Redentor fue Hijo tuyo. Él que fue precio de mi rescate tomó carne de tu carne. Aquel que sanó mis heridas, sacó de tu carne un cuerpo mortal, con el cual suprimirá mi muerte; sacó un cuerpo mortal de tu cuerpo mortal, con el cual borrará mis pecados que cargó sobre sí; tomó de ti un cuerpo sin pecado; tomó de la verdad de tu humilde cuerpo mi naturaleza, que Él mismo colocó en la gloria de la mansión celestial sobre los ángeles como mi predecesora en tu reino.

Por esto yo soy tu siervo, porque mi Señor es tu Hijo. Por eso tú eres mi señora, porque eres esclava de mi Señor. Por esto yo soy esclavo de la esclava de mi Señor, porque tú, mi señora, has sido hecha Madre de mi Señor. Por esto yo he sido hecho esclavo, porque tú has sido hecha Madre de mi Hacedor.

Te suplico, Virgen santa, que yo reciba a Jesús de aquel Espíritu de quien tú engendraste a Jesús; que mi alma reciba a Jesús con aquel Espíritu por el cual tu carne recibió al mismo Jesús. Por aquel Espíritu que me sea posible conocer a Jesús, por quien te fue posible a ti conocer, concebir y dar a luz a Jesús. Que exprese conceptos humildes y elevados a Jesús en aquel Espíritu en quien confiesas que tú eres la esclava del Señor, deseando que se haga en ti según la palabra del ángel.

Que ame a Jesús en aquel Espíritu en quien tú lo adoras como Señor y lo contemplas como Hijo. Que tema a este mismo Jesús tan verdaderamente como verdaderamente él mismo, siendo Dios, es obediente a sus padres.

¡Oh premio extremadamente grande de mi salvación y de mi vida y al mismo tiempo de mi gloria! ¡Oh título nobilísimo de mi libertad! ¡Oh excelsa condición de mi carácter de hombre libre! ¡Oh seguridad de mi nobleza, indisolublemente gloriosa y rematada con la eternidad de la gloria! ¡Cómo yo, que fui torpemente engañado, deseo para mi reparación hacerme esclavo de la madre de mi Jesús! ¡Cómo yo, en el primer hombre separado al principio de la comunión angélica, voy a merecer ser considerado como esclavo de la esclava y de la Madre de mi Señor! ¡Cómo yo, obra apta en las manos del sumo Dios, voy a conseguir estar ligado en la servidumbre continua de la Virgen Madre con devoción de su esclavitud!” 

Catecismo Ortodoxo 

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Friday, January 20, 2017

Oraciones a la Santa y Gran Mártir Catalina de Alejandria

 
Oración I
Oh Santa Catalina, virgen y mártir, verdadera novia de Cristo. Te suplicamos como alguien que recibió una gracia increada especial por el dulce Jesús, tu Novio, el cual se te apareció; te rogamos que tras haber avergonzado engaños del tirano por tu sabiduría y haber vencido a los cincuenta retóricos, dándoles doctrina celestial de lo cual participaron y ascendieron a la Luz de la verdadera Fe, te dignes asimismo a pedir para nosotros esa misma sabiduría de Dios, para que también nosotros, habiendo roto en pedazos todas las trampas del tirano del hades, y habiendo rechazado las tentaciones del
mundo y la carne, nos sea mostrado ser dignos de la gloria divina, y podamos ser encontrados dignos de ser recipientes que propaguen nuestra Santa Fe Ortodoxa, y en el Tabernáculo Celestial alabemos y glorifiquemos junto a ti a Nuestro Señor y Soberano Jesús Cristo, con el Padre y el Espíritu Santo, por todos los siglos. Amen 
 
Oración II 
 
O santa gran mártir Catalina, recipiente escogido de pureza, pilar de la Ortodoxia, intercesora nuestra de digna alegría, luchadora por la ley, santa que duermes un santo sueño en la Santa Montaña. Puesto que te revelaste incluso a los cristianos que jamás te rogaron, te suplicamos con sinceridad: desciende tú vista desde lo alto, escucha el sonido de nuestra súplica, ten presente misericordiosamente las desgracias de nosotros pecadores, visita la oscuridad de nuestra mente, llévanos a mantener nuestro pensamiento en lo celestial y no en lo terrenal. Por tus intercesiones apresúrate en nuestra ayuda para que podamos superar los deseos de nuestra carne, nuestro apego apasionado al mundo y las artimañas de los espíritus malignos que con malicia guerrean contra nosotros; que por tu intercesión nos sea mostrado ser dignos de ser liberados de sus asaltos maliciosos en los días de esta vida y en los asaltos aéreos [2] tras nuestra partida. O toda-sabia virgen, concédenos todo aquello que pedimos que sea para nuestro beneficio, pues a ti te está permitido interceder por nosotros ante tu amado Novio, Cristo nuestro Dios. Sabemos que la oración del justo tiene gran poder cuando actúa de forma conjunta con la bondad de nuestro misericordioso Dios, a Quien sea la gloria, honor y acción de gracias, por los siglos de los siglos. Amén.
[2] En los puestos de peaje aéreos que debemos pasar tras la muerte.

Catecismo Ortodoxo 

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Thursday, November 5, 2015

Ruega a Dios, pídele, suplícale.... ( San Juan Crisóstomo )


“Cuando digo a alguno: Ruega a Dios, pídele, suplícale, me responde: ya pedí una vez, dos, tres, diez, veinte veces, y nada he recibido. No ceses, hermano, hasta que hayas recibido; la petición termina cuando se recibe lo pedido. Cesa cuando hayas alcanzado; mejor aún, tampoco entonces ceses. Persevera todavía. Mientras no recibas pide para conseguir, y cuando hayas conseguido da gracias”.

San Juan Crisóstomo

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Tuesday, November 3, 2015

Sobre todo perseveremos en la oración ( San Gregorio de Nisa )


Sobre todo perseveremos en la oración. Porque ella es el corifeo del coro de las virtudes y es también por medio de ella que pedimos a Dios todas las demás. Aquel que persevera en la oración comulga con Dios: le está unido por una consagración mística, una fuerza espiritual, una disposición que no se puede expresar. Porque, en adelante, tomando al Espíritu como guía y como sostén, arde con la caridad del Señor y hierve de deseos, no pudiendo saciarse con la ora-ción. Más y más se enciende con el amor al bien y reaviva el fervor de su alma según esta pala-bra de la Escritura: Aquellos que me comen tendrán más hambre, aquellos que me beben tendrán más sed (Sir 24:20). Y también: En mi corazón me has dado la alegría (Sal 4:8). Y el mismo Se-ñor ha dicho: El reino de los cielos está dentro de ustedes (Lc 17:21).

San Gregorio de Nisa


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Sunday, November 1, 2015

Oracion al Amanecer ( Archimandrita Sajarov Sophrony )


Oh Señor eterno y Creador de todas las cosas
Quien a esta vida de tu inefable bondad me llamaste;
Quien me otorgaste la gracia del Bautismo y el sello del Espíritu Santo,
Quien has instigado en mí el deseo de buscarte; único Dios verdadero,
escucha mi oración.
Vida no tengo, ni luz, ni gozo, ni sabiduría
Ni fuerza, sino solo en ti, oh Dios.
Por causa de mi indignidad no me atrevo a alzar mis ojos hacia ti.
Mas has dicho a tus discípulos:
“Cualquier cosa que pidiereis en oración creyendo, recibiréis.
Y Cualquier cosa que pidiereis en mi nombre, lo haré.”
Por tanto, me atrevo a invocarte:
Purifícame de toda mancha de carne y de espíritu,
Enséñame a orar correctamente.
Bendice este día que has dado a mí, tu siervo indigno;
por el poder de tu bendición, capacítame para hablar
y obrar en todo tiempo según tu gloria
con espíritu puro, con humildad, paciencia, amor,
gentileza, paz, valentía y sabiduría:
siempre sabedor de tu presencia.
Por tu inmensa bondad, Señor y Dios mío,
Muéstrame el camino de tu voluntad.
Y concédeme caminar ante tus ojos sin pecado.
Oh Señor, ante quien todos los corazones se abren,
Tú sabes de cuales cosas tengo necesidad,
mi ceguera y mi ignorancia tu sabes,
Tu conoces mi enfermedad y la corrupción de mi alma,
Y tampoco de ti se esconden mi dolor y angustia.
Por tanto te suplico, escucha mi oración.
Y por tu Espíritu Santo enséñame el camino por donde deba andar,
Y cuando por otros senderos mi débil voluntad me lleve,
No me abandones, Señor, y vuélveme de nuevo a ti.
Por el poder de tu amor, concédeme perseverar en lo que es bueno.
Presérvame de toda obra o palabra que corrompe el alma.
Y de todo impulso desagradable a tu vista, y dañoso a mí prójimo.
Enséñame lo que deba decir y lo que deba hablar,
Y si es tu voluntad que no responda a veces,
Inspírame a guardar silencio en un espíritu de paz,
Para que no cause pena o dolor a mi prójimo.
Establéceme en el camino de tus mandamientos,
Y hasta mi último aliento no dejes que me aparte de la luz de tus mandamientos,
Y que tus preceptos puedan ser la única ley de mi ser en esta tierra
Y en toda la eternidad.
Sí Señor, te ruego, ten piedad de mí.
Compadece mi aflicción y mi pobreza,
Y no escondas a tu siervo el camino de salvación.
En mi extravío, oh Dios, te pido muchas y grandes cosas,
Aunque conozco siempre mí flaqueza, bajeza y vilezas.
Ten piedad de mí.
De tu presencia no me quites por causa de mi presunción.
Mas bien aumenta en mí este celo,
Y concédeme a mí, el peor de todos,
Amarte como tú lo has ordenado,
Con todo mi corazón y toda mi alma,
Y con toda mi mente y con toda mi fuerza,
Y con todo mi ser.
Sí Señor, por tu Espíritu Santo,
Enséñame buen juicio y sabiduría.
Concédeme conocer tu verdad antes de descender a la tumba.
Conserva mi vida en este mundo hasta que pueda ofrecerte un arrepentimiento digno.
No me quites en medio de mis días,
Ni cuando aún mi mente esté ciega.
Cuando te plazca traer mi vida a su fin, prevén me
para que prepare mi alma a venir ante ti.
En esa hora temible está conmigo, oh Señor,
Y concédeme el gozo de tu salvación.
Purifícame de toda falta secreta, de toda iniquidad que en mí se esconda,
Y dame una respuesta propicia delante del juicio de tu trono.
Sí Señor, por tu gran misericordia
E infinito amor por la humanidad,
Escucha mi oración.
 

Archimandrita Sajarov Sophrony

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Friday, October 9, 2015

Orar juntos como uno ( San Paisios )


Desgraciadamente, hoy en día, la cortesía europea ha llegado e intenta mostrarse gentil. Quieren mostrar su superioridad, y finalmente acaban por adorar al diablo de dos cuernos. “Una sola religión, os dicen, debería existir”, y lo nivelan todo.

Algunos vienen también a verme y me dicen: “Todos los que creen en Cristo deberían creer en una sola religión”. Y yo les digo: “Ahora, es como si me dijeseis, a propósito del oro y del cobre, que el oro de tantos quilates y tal cantidad de cobre, que han sido separados, hay que unirlos y no hacer más que uno solo.

¿Es correcto mezclarlos de nuevo? Preguntadle a un joyero. ¿Es apropiado mezclar la basura y el oro? Ha sido echa tanta lucha para destilar un dogma.” Los Santos Padres debían saber algo para impedir las relaciones con los heréticos.

Hoy, dice: “Debemos orar conjuntamente, no solo con los heréticos, sino también con los budistas y los adoradores del fuego, y los adoradores del demonio. Los ortodoxos deben igualmente estar presentes en la oración común y en sus conferencias. Es una presencia …” ¿Qué presencia? Lo resuelven todo con la lógica y justifican lo injustificable.

El espíritu europeo estima que incluso las cosas espirituales pueden, igualmente entrar en el Mercado común. Algunos ortodoxos que son poco profundos y que desean hacer promoción, “una misión”, organizan conferencias con los heterodoxos para crear sensación, creyendo que de esta forma favorecen a la Ortodoxia, llegando a ser, por así decir, un gulash húngaro con los falsos creyentes.

Después, los súper celotes se apoderan del otro extremo, blasfeman también contra los misterios de los Nuevos Calendaristas, y escandalizan profundamente las almas que tienen piedad y sensibilidad ortodoxa.

Por otra parte, los heterodoxos vienen a sus conferencias, actúan como maestros, toman cualquiera que sea el bien espiritual que encuentra en la Iglesia ortodoxa, y lo transforman, dándole su propio color y marca y lo presentan como un prototipo.

Y el mundo contemporáneo extranjero es tocado por cosas extrañas y es destruido espiritualmente. El Señor, sin embargo, en el momento oportuno, presentará a los santos Marcos Eugenikos y a los Gregorios Palamás que reunirán a todos nuestros hermanos profundamente escandalizados, para confesar la fe ortodoxa y reforzar las tradiciones de la Iglesia, dando un gran júbilo a nuestra Madre la Iglesia.


San Paisios 

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Sunday, October 4, 2015

Akathisto a San Nectario de Égina, Metropolitano de Pentápolis


Diácono: Bendice, Señor.
Sacerdote: Bendito sea nuestro Dios en todo tiempo, ahora y siempre y por
los siglos de los siglos.
Coro: Amén. (Tono 6) Oh Rey Celestial, Consolador, Espíritu de la Verdad,
que estás en todas partes y llenas todas las cosas, Tesoro de todo lo bueno, y
Dispensador en la Vida, ven y mora en nosotros, purifícanos de toda mancha
y salva nuestras almas, Oh Bondadoso.
Lector: Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros (3
veces).
Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los
siglos de los siglos. Amén.
Oh, Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros. Oh, Señor, perdona
nuestros pecados. Oh, Soberano, absuelve nuestras transgresiones; Oh,
Santo, mira y sana nuestras debilidades por Tu nombre.
Señor, ten piedad (3 veces).
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los
siglos de los siglos. Amén.
Padre Nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tu nombre.
Vénganos Tu Reino, hágase Tu voluntad así en la tierra como en el cielo. El
pan sustancial nuestro, dánoslo hoy, y perdona nuestras deudas, así como
también nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos dejes caer en
tentación, más líbranos del maligno.
Sacerdote: Porque Tuyo es el Reino, el Poder y la Gloria, Padre, Hijo y
Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Lector: Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los
siglos de los siglos. Amén.
Venid, adoremos al Rey nuestro Dios.
Venid, adoremos y prosternémonos ante Cristo Rey, nuestro Dios.
Venid, adoremos y prosternémonos ante Cristo mismo, Rey y Dios nuestro.
Salmo 142
Señor, escucha mi oración; esclarece mi ruego en tu verdad: óyeme en tu
verdad y no entres en juicio con tu siervo, porque ningún viviente será
justificado ante Ti. Porque ha perseguido el enemigo a mi alma, ha echado
mi vida por tierra. Me ha colocado en lugares obscuros, como a los muertos
del siglo. En mi se ha angustiado mi espíritu y dentro de mí se ha turbado mi
corazón. Me he acordado de los días antiguos, he meditado sobre todas tus
obras, sobre los hechos de tus manos reflexionaba. He tendido mis manos a
Ti: mi alma a Ti como tierra sin agua. Óyeme prontamente Señor, mi espíritu
ha desfallecido. No apartes de mí tu rostro para que no sea semejante a los
que descienden a la fosa. Hazme oír al alba tu misericordia porque en Ti he
puesto mi esperanza. Dime por cual camino iré porque con ímpetu he
adherido mi alma a Ti. Sácame de entre mis enemigos, Señor, porque a Ti he
acudido. Enséñame a hacer tu voluntad, porque Tu eres mi Dios, Tu Espíritu
bueno me guiará a tierra de rectitud. Por tu nombre, Señor, me vivificarás
según tu verdad, sacarás de la tribulación mi alma. Y por tu misericordia
destruirás a mis enemigos y vencerás a todos los que atribulan a mi alma,
porque yo, siervo tuyo soy.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los
siglos de los siglos. Amén. Aleluya, aleluya, aleluya, gloria a Ti, oh Dios (3
veces).
Gran Letanía
Diácono: En paz, roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Por la paz que viene de lo alto y la salvación de nuestras almas,
roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Por la paz del mundo entero, por el bienestar de las santas
Iglesias de Dios y por la unión de todos, roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Por este Santo Templo y por los que entran en él con fe, devoción
y temor de Dios, roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Por nuestro Gran Soberano y Padre, Su Santidad el Patriarca N.,
por nuestro Señor Reverendísimo el Metropolitano N., Primado de la Iglesia
Rusa en el Exterior, por Nuestro Señor Ilustre Obispo N., por el honorable
presbiterado y diaconado en Cristo, por todo el clero y el pueblo, roguemos al
Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Por esta ciudad, por todas las ciudades y países y por los que los
habitan, roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Para que reciba misericordiosamente ahora el agradecimiento y
nuestras rogativas de sus indignos siervos en su Altar celestial y
perdonándoles, como benevolente que es, roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Para que no desprecie los agradecimientos que nosotros, Sus
siervos inútiles, le ofrecemos con corazón humilde, después de recibir sus
favores, que sea éste cual candil aromático y que la ofrenda incinerada sea de
su agrado, roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Por el siervo de Dios, N., y por su salvación, roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Para que sea libre de todo mal, ofensa, agresión y maledicencia,
roguemos al Señor
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Ampáranos, sálvanos, ten piedad de nosotros y guárdanos, oh
Dios, con Tu gracia.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Conmemorando a nuestra santísima, purísima, bendita y gloriosa
Soberana, la Madre de Dios y siempre Virgen María, y a todos los Santos,
encomendémonos nosotros mismos y mutuamente los unos a los otros y
toda nuestra vida a Cristo Dios.
Coro: A Ti, Señor.
Sacerdote: Pues Tú eres de misericordia y de ternura, lleno de amor por los
hombres, y Te damos gloria, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y
por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Diácono: En el Tono 1, Dios es Señor, y se nos ha revelado, bendito el que
viene en nombre del Señor. Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es
eterna su misericordia.
Coro: Dios es Señor, y se nos ha revelado, bendito el que viene en nombre
del Señor.
Diácono: Todos los pueblos me rodeaban, en el nombre del Señor los
rechacé.
Coro: Dios es Señor, y se nos ha revelado, bendito el que viene en nombre
del Señor.
Diácono: No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor.
Coro: Dios es Señor, y se nos ha revelado, bendito el que viene en nombre
del Señor.
Diácono: Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente.
Coro: Dios es Señor, y se nos ha revelado, bendito el que viene en nombre
del Señor.
Tropario a San Nectario, Tono 1
La descendencia de Selybria y el guardián de Égina, el verdadero amigo de la
virtud, que apareció en los últimos años, ¡oh Nectario!, nosotros los fieles te
honramos como a sirviente piadoso de Cristo, pues tú derramas curaciones
de toda clase para los que piadosamente te invocan: ¡Gloria a Cristo, que te
ha glorificado! ¡Gloria a Él, que te ha hecho maravilloso! ¡Gloria a Él, que
realiza curaciones para todos, por tu medio!
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos
de los siglos. Amén.
Kontaquio a San Nectario, Tono 8
Con alegría de corazón, venid y alabemos con himnos al astro de la
Ortodoxia que ha comenzado a brillar, y al recién construido baluarte de la
Iglesia; pues por el trabajo del espíritu, él fue glorificado, y derrama la gracia
abundante de curaciones sobre los que claman: regocíjate, ¡oh Padre
Nectario!
Clero: ¡Oh Santo Jerarca Padre Nectario, ruega a Dios por nosotros!
Coro: ¡Oh Santo Jerarca Padre Nectario, ruega a Dios por nosotros!
Clero: Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo
Coro: Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Clero: ¡Oh Santo Jerarca Padre Nectario, ruega a Dios por nosotros!
Coro: ¡Oh Santo Jerarca Padre Nectario, ruega a Dios por nosotros!
Clero: Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo
Coro: Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Coro: Ruega a Dios por nosotros, oh Santo Jerarca Padre Nectario, porque
nosotros fervientemente nos refugiamos en ti, el pronto auxilio e intercesor
por nuestras almas.
Clero: ¡Oh Santo Jerarca Padre Nectario, ruega a Dios por nosotros!
Coro: ¡Oh Santo Jerarca Padre Nectario, ruega a Dios por nosotros!
Clero: Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo
Coro: Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Clero: ¡Oh Santo Jerarca Padre Nectario, ruega a Dios por nosotros!
Coro: ¡Oh Santo Jerarca Padre Nectario, ruega a Dios por nosotros!
Clero: Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo
Coro: Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Clero: ¡Oh Santo Jerarca Padre Nectario, ruega a Dios por nosotros!
Coro: ¡Oh Santo Jerarca Padre Nectario, ruega a Dios por nosotros!
Clero: Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo
Coro: Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Coro: Ruega a Dios por nosotros, oh Santo Jerarca Padre Nectario, porque
nosotros fervientemente nos refugiamos en Ti, el pronto auxilio e intercesor
por nuestras almas.
Pequeña Letanía
Diácono: Una y otra vez en paz, roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Ampáranos, sálvanos, tennos misericordia, y protégenos, oh Dios,
por tu gracia.
Coro: Señor, ten piedad.
Diácono: Conmemorando a nuestra santísima, purísima, bendita y gloriosa
Soberana, la Madre de Dios y siempre Virgen María, y a todos los Santos,
encomendémonos nosotros mismos y mutuamente los unos a los otros y
toda nuestra vida a Cristo Dios.
Coro: A Ti, Señor
Sacerdote: Porque Tú eres el Rey de la Paz y el Salvador de nuestras almas,
y a Ti glorificamos, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los
siglos de los siglos.
Coro: Amén.
AKAFIST
A SAN NECTARIO DE PENTÁPOLIS
Mientras se canta el Kontakion 1, el sacerdote hace una incensación completa en la
Iglesia, comenzando con el Altar. Durante la lectura del Akafist, es incensado
continuamente el atril con el ícono.
Kontakion 1:
Con alegría en el corazón permítenos cantarte un himno, brillante estrella de
la Ortodoxia. Novísimo baluarte erigido en la Iglesia, glorificado por la
acción del Espíritu Santo, Tú que derramas abundantemente la gracia sobre
aquellos que lloran: Regocíjate, oh Padre San Nectario, modelo de
paciencia y amante de la virtud.
Ikos 1:
En el mundo has mostrado ser un hombre de mente celestial, oh Nectario,
jerarca de Cristo. Has pasado por este mundo viviendo santamente y sin
pecado, venerando y dando gracias a Dios por todas las cosas. Ahora,
intercede por aquellos que te alaban.
¡Regocíjate! por quien el creyente se edifica moralmente.
¡Regocíjate! de quien el enemigo tiene miedo.
¡Regocíjate! emulador de los venerables padres.
¡Regocíjate! maestro divino de la Ortodoxia.
¡Regocíjate! A quien canta gozosa la Iglesia.
¡Regocíjate! alegría de Égina.
Regocíjate, oh Padre San Nectario, modelo de paciencia y amante de la
virtud.
Kontakion 2:
Habiendo sido adornado con la mansedumbre tu alma desde la juventud, oh
padre santo, un deseo ferviente consumió tu corazón: ser predicador del
Santo Evangelio. Desde la niñez tú sabías que las Escrituras enseñan al
hombre el camino de la salvación, enséñanos a los que te suplicamos
diciendo: Aleluya.
Coro: Aleluya.
Ikos 2:
Cuando dejaste tú casa y viajaste a Constantinopla, trabajaste en medio de
las distracciones mundanas, mas no fuiste desamparado por la fe que te
transmitieron tu abuela y tu madre dedicándote a la oración y a la lectura y
meditación de los textos de los Santos Padres que escribías en papeles y
paquetes para que otros pudieran leerlos y pudieran recibir su bien
espiritual. Estabas en el mundo pero sin ser de él. Nosotros los creyentes te
clamamos en alta voz:
¡Regocíjate, templo santísimo de la acción de Dios!;
¡Regocíjate, inscrito en el libro divino de los puros!
¡Regocíjate, porque estás por tu perfección junto a los santos!;
¡Regocíjate, porque despreciaste sabiamente las cosas materiales!
¡Regocíjate, victoria espléndida de la Fe!;
¡Regocíjate, clarín honrado de gracia!
Regocíjate, oh Padre San Nectario, modelo de paciencia y amante de la
virtud.
Kontakion 3:
Como amante ferviente de la vida monacal, visitaste a menudo el Monasterio
de los Santos Padres, conversando allí sobre el combate espiritual con su
santo fundador, el anciano Pacomio. Como aspirabas al hábito angélico,
fuiste tonsurado y te dedicaste a la oración por aquellos que como nosotros
te cantamos: ¡Aleluya!
Coro: Aleluya.
Ikos 3:
Totalmente consumido por el amor del conocimiento celestial, recibes la
bendición de realizar los estudios teológicos a los que te dedicaste con celo y
abnegación. Mientras vivías en Atenas estudiaste con celo y abnegación no
sabiendo ningún otro camino que el de la escuela. Así pues, reconociéndote
como nuestro maestro en la teología espiritual, nosotros, que somos como
niños, alegres exclamamos:
¡Regocíjate, gran pilar de piedad!;
¡Regocíjate, ciudad de refugio para el creyente!
¡Regocíjate, firme fortaleza de la Ortodoxia!;
¡Regocíjate, vaso venerado y alabanza de la Santa Trinidad!
¡Regocíjate, tú que brillas en estos últimos tiempos en el mundo como sol
que no se apaga!;
¡Regocíjate, tú que das el néctar de la gracia a todos los creyentes!.
Regocíjate, oh Padre San Nectario, modelo de paciencia y amante de la
virtud.
Kontakion 4:
Formado en la verdadera santidad y en la pura moral, el Patriarca Sofronio
de Alejandría, vio tu gran potencial para el servicio de la santa Iglesia de
Cristo. Te dieron el sagrado orden del sacerdocio y fuiste elevado a la gracia
del obispado. Oh sapientísimo, ofreciste tu vida a Cristo como un sacrificio
puro y nosotros te cantamos: ¡Aleluya!
Coro: Aleluya.
Ikos 4:
Nombrado Metropolitano de Pentápolis, fuiste profundamente amado por
los creyentes, Vestidos con los ornamentos del obispado, el adorno de tu vida
fue la humildad. En la vida fuiste desdeñoso de las posesiones materiales, y
géneros diste libremente y distribuiste las limosnas a los pobres. Siendo el
Jerarca, no viniste a ser servido si no a servir y a dar la vida de buena gana
como un rescate por muchos. Conquistados por tu amor, nosotros honramos
tu memoria santa, y te aclamamos diciendo:
¡Regocíjate, modelo de corderos y pastores!;
¡Regocíjate, pura y honorable morada de la santidad!
¡Regocíjate, tú que dignamente conversas con los ángeles!;
¡Regocíjate, guía bueno de hombres!
¡Regocíjate, por ti nosotros somos librados de entregarnos a las pasiones
corporales!;
¡Regocíjate, por ti nosotros estamos llenos de los deleites espirituales!
Regocíjate, oh Padre San Nectario, modelo de paciencia y amante de la
virtud.
Kontakion 5:
Cuando el enemigo de nuestras almas te vio trabajar con humildad, no pudo
soportar tu presencia santa entre las personas. Levantando calumnias, y
rumores incitantes, él buscó destruir tu buen nombre y llevarte al amargor y
enojo. Pero tú superaste todas sus maquinaciones, y en todo momento
dirigiste humildemente un himno hacia Dios: ¡Aleluya!
Coro: Aleluya.
Ikos 5:
Faltándote el pan diario, calumniado por todos los lados, tú rezabas por tus
acusadores, y rogabas al Padre para que fueran perdonados. Negándote a
hablar una palabra en tu defensa, sufrías alegremente de acuerdo con la
voluntad de Dios, entregándote a hacer buenas obras y siendo fiel a tu
Creador. Así pues, asombrados por tu longanimidad y por tu firme paciencia,
nosotros exclamamos:
¡Regocíjate, tesoro de gran misericordia!;
¡Regocíjate, pan inagotable para el hambriento!
¡Regocíjate, recipiente de grandes virtudes!;
¡Regocíjate, modelo de mansedumbre espiritual!
¡Regocíjate, pues dijiste: "Padre, perdónalos, porque no saben que han
hecho"!;
¡Regocíjate, pues devolviste bien por mal!
Regocíjate, oh Padre San Nectario, modelo de paciencia y amante de la
virtud.
Kontakion 6:
Teniendo dentro de ti un fuerte deseo de vida de quietud en la Montaña
Santa, no abandonaste a tu rebaño considerando que debías permanecer en
el mundo proclamando el mensaje de la Salvación a los hombres.
Libremente recibisteis y libremente das, y llamas a todos para que aclamen
diciendo ¡Aleluya!
Coro: Aleluya.
Ikos 6:
Las palabras que salían de tu boca caían dulcemente en los corazones de
aquellos que las aceptaban con fe dirigiendo el pensamiento de los creyentes
hacia las cosas superiores. Tu enseñanza sobre las Sagradas Escrituras
alegraba los corazones de los piadosos; movido por el Espíritu Santo instruye
con las palabras de la gracia a aquellos que te claman diciendo:
¡Regocíjate, sirviente fiel de la Trinidad Santísima!;
¡Regocíjate, la morada adornada del Espíritu Santo!.
¡Regocíjate, antorcha que ilumina todos los extremos de la tierra!;
¡Regocíjate, tú que libras a los hombres del abismo de pecado!
¡Regocíjate, tú a quien la verdad exaltó!;
¡Regocíjate, tú que dispersaste la falsedad!
Regocíjate, oh Padre San Nectario, modelo de paciencia y amante de la
virtud.
Kontakion 7:
Invitado a asumir la dirección de la Escuela Eclesiástica de Ritzarios, llevaste
la paz allí donde una vez existió la confusión, tratándote todos como un
padre amoroso. Por eso los estudiantes como muestra de gratitud cantan a
Dios: ¡Aleluya!
Coro: Aleluya.
Ikos 7:
Lleno de la gracia que está en Cristo Jesús, después de haber recibido las
palabras de Vida, comprometiste a los hombres fieles que, por tu instrucción
buena y el ejemplo espiritual, fue capaces de enseñar a otros. Sufriste las
penalidades pacientemente como soldado bueno de Cristo, y no los
enredastes con los asuntos de esta vida sino en cómo agradar al Señor. Por
consiguiente, como el obrero que necesita no estar avergonzado, pues sabe
que se encuentra en la verdad, nosotros te clamamos:
¡Regocíjate, maestro de los mandatos divinos!;
¡Regocíjate, tú que conviertes al imprudente en sabio por medio de tus
enseñanzas!
¡Regocíjate, nuevo Pablo que nos has dejado un ejemplo de palabras
legítimas!;
¡Regocíjate, nuevo Judas Tadeo que nos dado la exhortación comprender
seriamente la fe!
¡Regocíjate, nuevo Crisóstomo que vertiste en la Iglesia el néctar celestial de
la piedad!;
¡Regocíjate, nuevo Damasceno que los has defendido al creyente de las
doctrinas impías!
Regocíjate, oh Padre San Nectario, modelo de paciencia y amante de la
virtud.
Contaquio VIII
Lleno de mansedumbre y sabiduría divina, reuniste a las vírgenes
venerables, para que llevaran una vida de piedad y pudieran así ir a Cristo
siguiendo tus palabras y los ejemplos de tu vida piadosa. A ellas como a
nosotros nos enseñaste a cantar: ¡Aleluya!
Coro: Aleluya.
Icos VIII
Escuchando tus oraciones, el Señor, que dijo en su Evangelio, que no
abandona a los que le temen, te ayudo a llevar a las vírgenes a la isla de Égina
donde reconstruisteis un monasterio abandonado. ¿Quién podrá describir
tus esfuerzos y trabajos? Ejerciendo tu paternal vigilancia en todas las cosas,
fuiste para ellas un modelo de divina virtud. Tus hijas espirituales, en acción
de gracias te cantan así:
Regocíjate, pura y honorable morada de la Santidad.
Regocíjate, lámpara que todo lo ilumina.
Regocíjate, pues siendo hombre vivías como los ángeles.
Regocíjate, pues por tus sabias palabras guiabas a los piadosos.
Regocíjate, regla piadosa de la fe.
Regocíjate, santa purificación para los mortales.
Regocíjate, oh Padre San Nectario, modelo de paciencia y amante de la
virtud.
Contaquio IX
Los malvados llenos del espíritu de este mundo no comprenden tu paciencia
y a pesar de todas sus insidias tu no dejaste de cuidar del monasterio y de
escribir libros piadosos para la edificación de los cristianos que vivimos en
este mundo. Asombrados por la celestial sabiduría que nos has transmitidos
alabamos a Dios diciendo: ¡Aleluya!
Coro: Aleluya.
Icos IX
Estableciéndote en el monasterio de Egina, te volviste todo espíritu llevando
una vida similar a la de los ángeles. Manso y humilde, amable, compasivo y
caritativo, sostienes a los que Cristo puso a tu cuidado y llevan una vida
piadosa. De esta manera te convertiste en un nuevo Dionisio, el buen obispo
y pastor de Egina. Junto a él recibe las alabanzas de los que alimentaste con
la gloria celestial:
Regocíjate, pues despreciaste el mundo y sus placeres engañosos.
Regocíjate, tú que recibiste las bendiciones celestiales.
Regocíjate, ya que dominaste a los que desgarraban tu espíritu.
Regocíjate, ya que sometiste tu alma únicamente al dulcísimo Jesús.
Regocíjate, amante de las enseñanzas de los Santos Padres.
Regocíjate, maestro de la hesiquía.
Regocíjate, oh Padre San Nectario, modelo de paciencia y amante de la
virtud.
Contaquio X
Nunca descuidaste la oración y en lo profundo te corazón incesantemente
repetías: “Señor Jesucristo, ten piedad de mí, pecador.” Los que te
contemplaban eran testigos de tu total espiritualización manifestándose en
tu rostro una serenidad y dulzura excepcional. Contemplando esta gracia del
cielo, exclamamos llenos de alegría: ¡Aleluya!
Coro: Aleluya.
Icos X
Sabiendo que la santísima Madre de Dios es el baluarte que defiende a los
santos y la alegría y consuelo de los monjes, con lágrimas le suplicabas
pidiendo su protección maternal. En su honor escribiste hermosos himnos
que enseñabas a los fieles que llenos de fervor le decían “Alégrate, Novia no
desposada”. Llenos de este fervor nosotros te cantamos:
Regocíjate, escogido por Dios.
Regocíjate, perfume de fragancia divina.
Regocíjate, pues mostraste un amor encendido por el Señor.
Regocíjate, pues no cesaste de alabar a su Santísima Madre.
Regocíjate, orgullo de la Iglesia Ortodoxa.
Regocíjate, por tus muchos milagros obrados por el poder de Dios.
Regocíjate, oh Padre San Nectario, modelo de paciencia y amante de la
virtud.
Contaquio XI
Cuando llego el tiempo de partir a la morada celestial para recibir la corona
de la santidad, soportaste los severos dolores de la enfermedad que sufriste
con paciencia ejemplar. Como un nuevo Job, siempre dabas gracias a Dios y
bendecías su nombre en medio de los padecimientos y lleno de alegría le
decías: ¡Aleluya!
Coro: Aleluya.
Icos XI
El Señor que siempre ensalza a sus siervos que lo glorifican, no permitió que
quedara tu virtud oculta a los ojos de los hombres e hizo que tus reliquias
sean para nosotros un precioso regalo que obra infinidad de milagros. Nada
más morir, cuando tu cuerpo estaba siendo amortajado, el Señor obró el
primer milagro por tu intercesión por medio de una prenda tuya curando y
levantando a un hombre que era desde hace muchos años paralítico. Junto a
él agradecidos te decimos:
Regocíjate, rápido auxilio de los que están en necesidad.
Regocíjate, arroyo constante de la misericordia de Dios en el cual nos
limpiamos.
Regocíjate, médico de las almas y los cuerpos.
Regocíjate, nueva piscina de Siloé en la que es sanado el débil.
Regocíjate, dulce óleo de la compasión.
Regocíjate, tú que obras milagros entre los creyentes.
Regocíjate, oh Padre San Nectario, modelo de paciencia y amante de la
virtud.
Contaquio XII
Multitud de creyentes acuden a ti desde todos los lugares de la ecumene a
venerar, oh glorioso San Nectario, la urna de tus preciosas reliquias de las
que obtienen la gracia divina y la respuesta a sus ruegos. Oh Padre San
Nectario, escucha ahora las peticiones de los que nos dirigimos suplicantes a
ti diciendo: ¡Aleluya!
Coro: Aleluya.
Icos XII
Te ofrecemos nuestras humildes alabanzas, oh Padre San Nectario, porque
en ti se ha manifestado la Santa y Bendita Trinidad, glorificada con tu vida.
Aunque te ofreciéramos himnos incesantes, nada será suficiente para
agradecerte las maravillas y milagros que obra Dios por tu intercesión.
Asombrados por tanta grandeza te decimos:
Regocíjate, tú que venciste todas las trampas del Maligno.
Regocíjate, su que has sido santificado.
Regocíjate, pronto auxilio de los necesitados.
Regocíjate, tú que devuelves la salud a los enfermos del alma..
Regocíjate, tú que sanas a los enfermos del cuerpo.
Regocíjate, auxilio de los que sufren cruelmente.
Regocíjate, oh Padre San Nectario, modelo de paciencia y amante de la
virtud.
Contaquio XIII
Teniéndote como intercesor en el cielo, donde habitas con los ángeles,
glorioso Padre San Nectario, intercede por nosotros ante Dios nuestro Señor
y acepta esta humilde ofrenda que te hacemos. Ruega por todos los cristianos
ortodoxos que te honran y sana nuestras enfermedades del cuerpo y alma
para que junto a ti en el cielo podamos cantar: ¡Aleluya!
Coro: Aleluya. (3 veces).
Y se vuelve a leer el Ikos 1 y el kontakion 1
Ikos 1:
En el mundo has mostrado ser un hombre de mente celestial, oh Nectario,
jerarca de Cristo. Has pasado por este mundo viviendo santamente y sin
pecado, venerando y dando gracias a Dios por todas las cosas. Ahora,
intercede por aquellos que te alaban.
¡Regocíjate! por quien el creyente se edifica moralmente.
¡Regocíjate! de quien el enemigo tiene miedo.
¡Regocíjate! emulador de los venerables padres.
¡Regocíjate! maestro divino de la Ortodoxia.
¡Regocíjate! A quien canta gozosa la Iglesia.
¡Regocíjate! alegría de Égina.
Regocíjate, oh Padre San Nectario, modelo de paciencia y amante de la
virtud.
Kontakion 1:
Con alegría en el corazón permítenos cantarte un himno, brillante estrella de
la Ortodoxia. Novísimo baluarte erigido en la Iglesia, glorificado por la
acción del Espíritu Santo, Tú que derramas abundantemente la gracia sobre
aquellos que lloran: Regocíjate, oh Padre San Nectario, modelo de
paciencia y amante de la virtud.
Proquimenon
Diácono: Atendamos. Sabiduría. Proquimenon en Tono 8, Su pregón salió
por toda la tierra; y sus palabras llegaron a los confines del orbe.
Coro: Su pregón salió por toda la tierra; y sus palabras llegaron a los
confines del orbe.
Diácono: Los cielos pregonan la gloria de Dios y el firmamento declaran la
obra de sus manos.
Coro: Su pregón salió por toda la tierra; y sus palabras llegaron a los
confines del orbe.
Diácono: Su pregón salió por toda la tierra.
Coro: y sus palabras llegaron a los confines del orbe.
Diácono: Roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad.
Sacerdote: Porque Tú eres santo, ¡oh, Dios nuestro! y entre los santos
descansas, y a Ti elevamos gloria, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y
siempre, y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Diácono: Todo lo que tiene aliento alabe al Señor.
Coro: Todo lo que tiene aliento alabe al Señor.
Diácono: Alabad a Dios en sus Santos; alabadle en el establecimiento de su
poder.
Coro: Todo lo que tiene aliento alabe al Señor.
Diácono: Todo lo que tiene aliento
Coro: Alabe al Señor.
Evangelio
Diácono: Para que seamos dignos de escuchar el Santo Evangelio,
roguemos al Señor.
Coro: Señor, ten piedad (3 veces).
Sacerdote: Sabiduría. De pie. Escuchemos el santo Evangelio. Paz a todos.
Coro: Y a tu espíritu.
Sacerdote: Lectura del Santo Evangelio según San Juan (Jn. 10:9-16)
Coro: Gloria a Ti, Señor, gloria a Ti.
Diácono: Atendamos.
Sacerdote: En Aquel tiempo dijo el Señor: Yo soy la puerta; si uno
entra por mí, estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará pasto. El
ladrón no viene más que a robar, matar y destruir. Yo he venido para
que tengan vida y la tengan en abundancia. Yo soy el buen pastor. El
buen pastor da su vida por las ovejas. Pero el asalariado, que no es
pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al lobo, abandona las
ovejas y huye, y el lobo hace presa en ellas y las dispersa, porque es
asalariado y no le importan nada las ovejas. Yo soy el buen pastor; y
conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí, como me conoce el
Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas. También
tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a ésas las tengo
que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo
pastor.
Coro: Gloria a Ti, Señor, gloria a Ti
Clero: ¡Oh Santo Jerarca Padre Nectario, ruega a Dios por nosotros!
Coro: ¡Oh Santo Jerarca Padre Nectario, ruega a Dios por nosotros!
Clero: Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo
Coro: Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Clero: ¡Oh Santo Jerarca Padre Nectario, ruega a Dios por nosotros!
Coro: ¡Oh Santo Jerarca Padre Nectario, ruega a Dios por nosotros!
Clero: Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo
Coro: Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Clero: ¡Oh Santo Jerarca Padre Nectario, ruega a Dios por nosotros!
Coro: ¡Oh Santo Jerarca Padre Nectario, ruega a Dios por nosotros!
Clero: Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo
Coro: Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Luego: Verdaderamente es digno bendecirte, oh progenitora de Dios,
siempre bienaventurada y purísima Madre de nuestro Dios. Tú eres más
venerable que los Querubines e incomparablemente más gloriosa que los
Serafines, a ti que sin mancha diste a luz al Verbo de Dios y que
verdaderamente eres la Madre de Dios, te celebramos.
Lector: Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros (3
veces). Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los
siglos de los siglos. Amén.
Oh, Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros. Oh, Señor, perdona
nuestros pecados. Oh, Soberano, absuelve nuestras transgresiones; Oh,
Santo, mira y sana nuestras debilidades por Tu nombre.
Señor, ten piedad (3 veces).
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los
siglos de los siglos. Amén.
Padre Nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tu nombre.
Vénganos Tu Reino, hágase Tu voluntad así en la tierra como en el cielo. El
pan sustancial nuestro, dánoslo hoy, y perdona nuestras deudas, así como
también nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos dejes caer en
tentación, más líbranos del maligno.
Sacerdote: Porque Tuyo es el Reino, el Poder y la Gloria, Padre, Hijo y
Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Tropario a San Nectario, Tono 1
Coro: La descendencia de Selybria y el guardián de Égina, el verdadero
amigo de la virtud, que apareció en los últimos años, ¡oh Nectario!, nosotros
los fieles te honramos como a sirviente piadoso de Cristo, pues tú derramas
curaciones de toda clase para los que piadosamente te invocan: ¡Gloria a
Cristo, que te ha glorificado! ¡Gloria a Él, que te ha hecho maravilloso!
¡Gloria a Él, que realiza curaciones para todos, por tu medio!
Después del Tropario:
La Ectenia
Diácono: Ten piedad de nosotros, oh Dios nuestro, por tu gran
misericordia, te suplicamos, escúchanos y ten piedad.
Coro: Señor, ten piedad. (tres veces).
Diácono: También rogamos por nuestro Gran Soberano y Padre, Su
Santidad el Patriarca N., por nuestro Señor Reverendísimo el Metropolitano
N., Primado de la Iglesia Rusa en el Exterior, por Nuestro Señor Ilustre
Obispo N., y por toda nuestra hermandad en Cristo.
Coro: Señor, ten piedad. (tres veces).
Diácono: También rogamos por el sufriente pueblo ortodoxo, y por su
salvación.
Coro: Señor, ten piedad. (tres veces).
Diácono: También rogamos por esta nación, sus autoridades y ejército y
por toda tierra Cristiana.
Coro: Señor, ten piedad. (tres veces).
Diácono: Roguemos también por la misericordia, vida, paz, salud, salvación
y por el perdón de los pecados del siervo de Dios, N..
Coro: Señor, ten piedad. (tres veces).
Diácono: Te pedimos también, oh Señor, escuchar nuestra petición y ten
piedad de Tu siervo N.. En Tu gracia y amor, cumple con sus peticiones, y
perdona todos sus pecados, sean voluntarios o involuntarios. Acepta su
sacrificio de alabanza sobre Tu celestial altar; protégele de todo enemigo
visible e invisible; líbrale de toda miseria, enfermedad y aflicción; concédele
salud y largura de días, te rogamos, oh Señor, escúchanos y ten piedad.
Coro: Señor, ten piedad. (tres veces).
Diácono: Mira, oh Soberano, Amante de la humanidad, con Tu ojo
misericordioso, a Tu siervo N., y escucha nuestra súplica que es ofrecida con
Fe, porque Tú mismo dijiste: "Todas las cosas cualquiera que piden en
oración, crean que serán recibidas y que serán hechas para ustedes; y de
nuevo: "Pedid, y se os dará." Por lo tanto, aunque indignos, nosotros
esperando aún Tu misericordia, Te pedimos: Concede Tu bondad a Tus
siervo N., y cumple sus buenos deseos, presérvale todos sus días pacífica y
tranquilamente en salud y largura de días: prontamente escúchanos y
bondadosamente ten piedad.
Coro: Señor, ten piedad. (tres veces).
Diácono: También Rogamos por el pueblo aquí presente que espera de Ti la
gran y abundante misericordia, por todos los hermanos y por todos los
Cristianos.
Coro: Señor, ten piedad. (tres veces).
Sacerdote: Escúchanos, Dios salvador nuestro, esperanza de aquellos que
moran en los confines de la tierra y de los que están lejos sobre el mar, se
indulgente, oh Señor, con nuestros pecados y ten piedad de nosotros, pues tú
eres un Dios lleno de misericordia y de amor por los hombres, y te damos
gloria, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los
siglos.
Coro: Amén.
Después de la Ectenia, se dice una oración para quien el moleben es oficiado.
Diácono: A San Nectario, roguemos.
Coro: ¡Oh Santo Jerarca Padre Nectario, ruega a Dios por nosotros!
La Oración:
Sacerdote: Oh, Bienaventurado Padre San Nectario, en los días de
alejamiento y persecución indigna, irradiaste la bienaventuranza y abatiste la
cerviz del opresor. Por eso, Cristo te concedió el don de curar las llagas
incurables que nos carcomían por nuestros pecados. De verdad creemos, oh
justo, que Dios te ama, y, por tu intermedio, tendrá misericordia de nosotros,
pecadores, nos librará de opresión y penurias, y, por todo el Universo, será
glorificado y temido Su Nombre, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y
siempre y por los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Diácono: Sabiduría.
Sacerdote: Santísima Madre de Dios, sálvanos.
Coro: Tú eres más venerable que los Querubines, y más gloriosa que los
Serafines, Tú que diste al mundo el Verbo de Dios sin dejar de ser Virgen, y
que eres la verdadera Madre de Dios, a ti te celebramos.
Sacerdote: Gloria a Ti, oh Cristo, esperanza nuestra, gloria a Ti.
Coro: Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los
siglos de los siglos. Amén. Señor ten piedad (3 veces) Bendice.
Sacerdote: Cristo, verdadero Dios nuestro, por las oraciones de su
Purísima Madre, y de nuestro Santo Padre Juan Crisóstomo, arzobispo de
Constantinopla, y de San Nectario, Metropolitano de Pentápolis el
Milagroso, de los santos y justos progenitores de Dios Joaquín y Ana, y de
todos los santos, se apiade y nos salve, por su bondad y amor a los hombres.
Coro: Amén.

Friday, October 2, 2015

Oración a la Madre de Dios ( San Serafín de Sarov )


La oración comienza así:

- Padre nuestro

Tropario del tono 6:

Ábrenos la puerta de tu benignidad,
bendita Madre de Dios,
esperando en ti no nos sentimos descarriados;
haz que seamos librados
por medio tuyo de la adversidad,
ya que eres tú la salvación de la estirpe de los cristianos.

Primera decena:

Madre de Dios, Virgen alégrate,
María, llena de gracia,
el Señor está contigo,
bendita tú eres entre las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre,
porque has dado a luz
al Salvador de nuestras almas. (10 veces)

Recordamos la Natividad de la Santísima Madre de Dios.

Tropario del tono 4:

Tú nacimiento, oh Madre de Dios,
ha anunciado la alegría a todo el universo,
porque de ti ha surgido el Sol de justicia,
Cristo nuestro Dios,
que quitando la maldición
nos ha dado la bendición,
nos ha dado la vida eterna.

Oh Santísima Señora, Madre de Dios,
salva y protege a tus siervos difuntos… (nombres)
junto con los santos, en tu eterna gloria.

Segunda decena

Madre de Dios, Virgen alégrate,
María llena de gracias
el Señor está contigo,
bendita tú eres entre las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre,
porque has dado a luz
al Salvador de nuestras almas. (10 veces)


Recordemos la entrada al Templo de la Santísima Señora, nuestra Madre de Dios.

Tropario del Tono 4:

Hoy es el prólogo de la benevolencia de Dios,
y la proclamación anticipada de la salvación de los hombres.
La Virgen se muestra abiertamente en el Templo de Dios,
y a todos Ella anuncia la venida de Cristo.
También nosotros gritamos en alta voz:
Salve oh cumplimiento del plan del Creador.


Oh Santísima Señora, nuestra Madre de Dios,
salva, protege y une a tu Santa Iglesia
a tus siervos descarriados y perdidos… (nombres)

Tercera decena

Madre de Dios, Virgen alégrate,
María llena de gracias
el Señor está contigo,
bendita tú eres entre las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre,
porque has dado a luz
al Salvador de nuestras almas. (10 veces)

Recordemos la anunciación de la Santísima Madre de Dios.

Tropario del tono 4:

Hoy es el inicio de nuestra salvación,
y la manifestación del misterio eterno.
El Hijo de Dios se vuelve Hijo de la Virgen,
y Gabriel anuncia la gracia.
Por esto también nosotros gritamos con él:
“¡Alégrate, llena de gracia,
el Señor está contigo!”

Oh Santísima Señora, Madre de Dios,
alivia nuestras penas
y consuélanos en las aflicciones
y en las enfermedades de tus siervos…. (nombres)

Cuarta decena:

Madre de Dios, Virgen alégrate,
María llena de gracias
el Señor está contigo,
bendita tú eres entre las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre,
porque has dado a luz
al Salvador de nuestras almas. (10 veces)

Recordemos el encuentro de la Santísima Madre de Dios con Santa Isabel.

Eres verdaderamente digna de alabanza,
Madre de Dios, siempre bienaventurada y
toda Inmaculada y Madre de nuestro Dios.
Más insigne que los querubines
y sin comparación más gloriosa que los Serafines,
de modo incorruptible has dado a luz al Verbo de Dios;
eres realmente Madre de Dios, te magnificamos.

Oh Santísima Señora, Madre de Dios,
reúne a tus siervos… (nombres) que están alejados.

Quinta decena:

Madre de Dios, Virgen alégrate,
María llena de gracias
el Señor está contigo,
bendita tú eres entre las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre,
porque has dado a luz
al Salvador de nuestras almas. (10 veces)

Recordemos el nacimiento de Cristo.

Tropario del tono 4º:

Tu nacimiento, oh Cristo, Dios nuestro,
ha hecho brillar en el mundo la luz del conocimiento.
Por ella los adoradores de los astros
aprendieron de una estrella a adorarte,
oh Sol de justicia,
y a reconocerte a Ti,
como el Oriente venido de los alto,
¡Señor, gloria a ti!

Oh Santísima Señora, Madre de Dios,
otórgame a mí, que en Cristo he sido bautizado,
el revestirme de Cristo.

Sexta decena:

Madre de Dios, Virgen alégrate,
María llena de gracias
el Señor está contigo,
bendita tú eres entre las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre,
porque has dado a luz
al Salvador de nuestras almas. (10 veces)

Recordamos la Presentación del Templo de nuestro Señor y el encuentro con el justo Simeón.

Tropario del tono 1º:

Alégrate, oh llena de gracia,
Virgen, Madre de Dios,
porque de ti ha surgido el Sol de justicia,
Cristo nuestro Dios, que ilumina
a los que están en las tinieblas.
Alégrate también tú, justo anciano,
que has recibido en tus brazos
a Aquel que libera nuestras almas,
y que nos da la resurrección.

Oh Santísima Señora, Madre de Dios,
Concédeme hasta el último respiro
proclamar los Santos Misterios de Cristo
y con ellos que mi alma supere
las terribles pruebas.

Séptima decena:

Madre de Dios, Virgen alégrate,
María llena de gracias
el Señor está contigo,
bendita tú eres entre las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre,
porque has dado a luz
al Salvador de nuestras almas. (10 veces)

Recordamos la huída a Egipto de la Sagrada Familia

Contactio del 8º tono:

A Ti comandante que por nosotros combates,
nosotros tus devotos salvados de los peligros,
dedicamos el himno de victoria
como canto de agradecimiento,
oh Madre de Dios.
Y tú que posees una fuerza invencible,
líbranos de todos los peligros,
para que podamos gritarte:
“¡Alégrate, oh esposa no desposada!”

¡Oh Santísima Señora, Madre de Dios,
sálvame de toda adversidad!

Octava decena:

Madre de Dios, Virgen alégrate,
María llena de gracias
el Señor está contigo,
bendita tú eres entre las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre,
porque has dado a luz
al Salvador de nuestras almas. (10 veces)

Recordemos la pérdida a los doce años del niño Jesús en Jerusalén
y el dolor de la Santísima Madre por este hecho.

Tropario del tono 7º:

Con tu espíritu ven, oh Señor,
porque eres misericordioso,
y ten piedad de mí como del publicano,
por la intercesión de tu Madre.

Novena decena:

Madre de Dios, Virgen alégrate,
María llena de gracias
el Señor está contigo,
bendita tú eres entre las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre,
porque has dado a luz
al Salvador de nuestras almas. (10 veces)

Recordemos el milagro de Caná en Galilea,
cuando el Señor cambió el agua en vino
por la palabra de su Madre: “¡No tienen vino!”

Tropario del tono 3º:

Refugio saludable eres Tú, oh Madre de Dios,
en el abismo de las pasiones cotidianas.
Protégenos de toda desventura
con tu bendición.

¡Oh Santísima Señora, Madre de Dios,
socórrenos en todas nuestras obras y necesidades!

Décima decena:

Madre de Dios, Virgen alégrate,
María llena de gracias
el Señor está contigo,
bendita tú eres entre las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre,
porque has dado a luz
al Salvador de nuestras almas. (10 veces)

Recordemos la presencia de la Santísima Madre de Dios a los pies de la cruz,
cuando el dolor, como una espada, traspasó su alma.

Contacio del tono 6º:

No llores por mí, Madre,
viéndome en el sepulcro.
A tu seno sin semilla
he venido como Hijo,
resucitado y glorificado
y elevado a la gloria
continuamente como Dios,
te espero y te amo, glorificada.

Oh Santísima Señora, Madre de Dios,
fortalece mis fuerzas espirituales
y exalta la humildad.

Undécima decena

Madre de Dios, Virgen alégrate,
María llena de gracias
el Señor está contigo,
bendita tú eres entre las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre,
porque has dado a luz
al Salvador de nuestras almas. (10 veces)

Recordemos la Resurrección de Cristo.

Tropario del tono 5º:

Cristo ha resucitado de los muertos
con su muerte ha vencido a la muerte
y a los muertos les ha dado vida.

Oh Santísima Señora, Madre de Dios,
haz resucitar a mi alma,
y dadme una perseverancia constante
en el compromiso por Cristo.

Duodécima decena

Madre de Dios, Virgen alégrate,
María llena de gracias
el Señor está contigo,
bendita tú eres entre las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre,
porque has dado a luz
al Salvador de nuestras almas. (10 veces)

Recordamos la Ascensión del Señor

Tropario del tono 4º:

Fuiste elevado a la gloria, Cristo Dios,
alegrando a tus discípulos
con la promesa del Espíritu Santo,
y los has fortalecido con tu bendición,
porque eres el Hijo de Dios,
el Redentor del mundo.

Oh santísima Señora, Madre de Dios,
levántame de los afanes y de los pensamientos terrenos
y danos el deseo por la salvación de mi alma.

Tredécima decena

Madre de Dios, Virgen alégrate,
María llena de gracias
el Señor está contigo,
bendita tú eres entre las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre,
porque has dado a luz
al Salvador de nuestras almas. (10 veces)

Recordemos el descenso del Espíritu Santo sobre el Monte Sión, sobre la Madre de Dios y sobre los Apóstoles.

Tropario del tono 8º:

Bendito eres tú, Cristo, nuestro Dios,
has hecho sabios a simples pecadores,
enviando a ellos el Espíritu Santo,
y por ellos has conquistado todo el universo.
¡Gloria a ti, oh Filántropo!

Oh Santísima Señora, Madre de Dios,
refuerza la gracia del Espíritu Santo en mi corazón.

Cuartodécima decena

Madre de Dios, Virgen alégrate,
María llena de gracias
el Señor está contigo,
bendita tú eres entre las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre,
porque has dado a luz
al Salvador de nuestras almas. (10 veces)

Recordemos la Dormición de la Madre de Dios.

Tropario del tono 1º:

En tu nacimiento has permanecido Virgen,
en tu dormición no has abandonado al mundo, oh Madre de Dios.
Tú has sido trasladada a la vida, oh Madre de la vida,
y por tu oración rescatas nuestras almas de la muerte.

Oh Santísima Señora, Madre de Dios,
dadme una muerte serena y sin trabajo.

Quindécima decena

Madre de Dios, Virgen alégrate,
María llena de gracias
el Señor está contigo,
bendita tú eres entre las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre,
porque has dado a luz
al Salvador de nuestras almas. (10 veces)

Recordamos la santa protección de la Madre de Dios sobre los cristianos

Tropario del tono 4º:

Hoy nosotros, fieles, hacemos fiesta con alegría
confortados por tu venida, oh Madre de Dios,
con los ojos fijos en tu admirable ícono,
te suplicamos con ternura:
cúbrenos con tu mando venerable,
líbranos de todo mal,
y ruega a Cristo, tu Hijo,
que salve nuestras almas.

Oh Santísima Señora, Madre de Dios,
protégeme de todo mal
y cúbreme con tu puro omoforio. Amén.

San Serafín de Sarov

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Thursday, October 1, 2015

Acerca de la oración de Jesús


Existe, en la vida de las Iglesias de Oriente y de la Iglesia Ortodoxa Rusa en particular, una práctica espiritual de la oración muy profunda: la Oración de Jesús, u Oración del corazón. La misma fue introducida en Rusia hacia mediados del siglo XIV y San Sergio, el fundador del monaquismo ruso, la conocía y la practicaba, así como sus discípulos. Entre ellos, Nil de la Sora es uno de los más conocidos. Otro monje muy conocido, Paisij Velitchkovsky, la difundió y popularizó en el siglo XVIII.

Pero, a través de las Iglesias de Oriente, esta práctica se remonta a la tradición de los Padres griegos de la Edad Media bizantina: Gregorio Palamas, Simeón el Nuevo Teólogo, Máximo el Confesor, Diádoco de Fótice; así como a los Padres del desierto de los primeros siglos: Macario y Evagrio. Algunos la vinculan con los mismos Apóstoles: «Esta oración, dice un texto de la Filocalia, nos viene de los santos apóstoles. Les servía para orar sin interrupción, siguiendo la exhortación de San Pablo a los cristianos de orar sin cesar.

Esta tradición espiritual tuvo sus principales focos de vida en los monasterios del Sinaí a partir del siglo XV, y en el Monte Athos, especialmente en el XIV. Desde fines del siglo XVIII se expandió fuera de los monasterios gracias a una obra, la Philocalie publicada en 1782 por un monje griego, Nicodemo el Hagiorita y editada en ruso, poco después, por Paisij Velitchkovsky. Otra más reciente la popularizó, los "Relatos de un peregrino ruso" (fin del siglo XIX). Ese libro está extensamente difundido en Rusia; fue traducido al francés en 1945 en las ediciones de Seuil y existen dos ediciones en castellano, una de ellas agotada y una muy reciente (Relatos de un Peregrino ruso a su Padre Espiritual. Editora Patria Grande. Bs. As. 1978).

La Oración de Jesús es una corriente de la espiritualidad oriental pero algunos ven en ella, además, el «tipo esencial de la mística ortodoxa" (Boulgakoff). Otro autor se atreve a denominarla: «corazón de la Ortodoxia».

Esta oración consiste en una invocación incesante del Nombre de Jesús, de allí su nombre: Oración de Jesús, Ella encuentra su fuerza en la virtud del Nombre divino, el Nombre de Yahveh en el Antiguo Testamento, el Nombre de Jesús en el Nuevo Testamento, particularmente en el libro de los Hechos de los Apóstoles: «Aquél que invoque el nombre del Señor será salvado» (Hechos, 2, 21). El Nombre es la Persona misma. El nombre de Jesús salva, cura, arroja los espíritus impuros, purifica el corazón. Se trata de «llevar constantemente en el corazón al muy dulce Jesús, de ser inflamado, por el recuerdo incesante de su Nombre bienamado y por un inefable amor hacia él», así se expresa el Padre Paisij Velitchkovsky ( ).

Esta oración se apoya en las exhortaciones apostólicas: «Orad sin cesar…» (1 Tes, t, 17): «Haced en todo tiempo, mediante el Espíritu, toda clase de oraciones…» (Efes. 6, 18); e incluso sobre la parábola de Jesús mostrando que «es necesario orar siempre sin descanso» (Luc. 18, 1); y sobre esta palabra de orden: «Velad y orad en todo tiempo» (Luc. 21, 36).

Dicha oración consiste en repetir sin cesar la fórmula: «Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mi, pecador» (según Luc. 18, 38). Se trata del grito del ciego de Jericó que implora a Jesús la curación, y también de la oración del publicano: «Oh Dios, compadécete de mi que soy pecador» (Luc. 18, 13). Es también el Kyrie eleison -Señor, ten piedad de nosotros- de la liturgia. "La forma primitiva de la Oración de Jesús, dice Meyendorf, parece ser el Kyrie eleison cuya repetición constante en las liturgias orientales remonta también a los Padres del desierto ( ).

Las palabras de la fórmula pueden variar, pero se recomienda aplicarse a una fórmula breve y fija. «Esto tomará el nombre de «oración monológica» «Qué vuestra oración ignore toda multiplicidad: una sola palabra bastó al publicano y al hijo pródigo para obtener el perdón de Dios. Que no exista afectación en las palabras de vuestrra oración: ¡Cuántas veces los balbuceos simples y monótonos de los niños conmueven a sus padres! No os lancéis en largos discursos para disipar vuestro espíritu en la búsqueda de palabras. Una sola palabra del Publicano conmovió la misericordia de Dios: una sola palabra llena de fe salvó al Ladrón. La prolijidad en la oración a menudo llena al espíritu de imágenes y lo disipa, mientras que a menudo una sola palabra (fonología) tiene por efecto recogerlo.


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Sunday, September 27, 2015

Oraciones a la Madre de Dios


Oraciones a la Madre de Dios, por San Ildefonso de Toledo (607-667), de su libro “SOBRE LA PERPETUA VIRGINIDAD DE MARIA”, uno de los tratados teológicos sobre la Madre de Dios más importantes jamás escrito.

Fragmentos tomados del volumen 320 de la BAC (Biblioteca de Autores Cristianos) de 1971 “Santos Padres españoles. San Ildefonso de Toledo”

Oración al inicio del tratado, páginas 49-54 del volumen 320 de la BAC:

“Señora mía, dueña y poderosa sobre mí, madre de mi Señor, sierva de tu Hijo, engendradora del que creó el mundo, a ti te ruego, te oro y te pido que tenga el espíritu de tu Señor, que tenga el espíritu de tu Hijo, que tenga el espíritu de mi Redentor, para que yo conozca lo verdadero y digno de ti, para que yo hable lo que es verdadero y digno de ti y para que ame todo lo que sea verdadero y digno de ti. Tú eres la elegida por Dios, recibida por Dios en el cielo, llamada por Dios, próxima a Dios e íntimamente unida a Dios. Tú, visitada por el ángel, saludada por el ángel, bendita y glorificada por el ángel, atónita en tu pensamiento, estupefacta por la salutación y admirada por la enunciación de las promesas.

Escuchas que has encontrado gracia ante Dios, se te manda que no temas, se te confirma en tu confianza, se te instruye con el conocimiento de los milagros y se te conduce a la gloria de un nuevo milagro nunca oído. Sobre tu prole es advertida tu pureza, y del nombre de la prole tu virginidad certifica: se te predice que de ti ha de nacer el Santo, el que ha de ser llamado Hijo de Dios, y de modo milagroso se te da a conocer el poder que tendrá el que nacerá de ti. ¿Preguntas sobre la manera de realizarse? ¿Preguntas sobre el origen? ¿Indagas sobre la razón de este hecho? ¿Sobre cómo ha de llevarse a cabo? ¿Sobre el orden en que ha de realizarse? Escucha el oráculo nunca oído, considera la obra desacostumbrada, fíjate en el arcano desconocido y atiende al hecho nunca visto: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cobijará con su sombra. Invisiblemente, toda la Trinidad obrará en ti la concepción, pero sola la persona del Hijo de Dios, que nacerá en cuerpo, tomará de ti su carne. Por consiguiente, lo que será concebido y nazca de ti, lo que salga de ti, lo que se engendre de ti, lo que tú des a luz, será llamado Santo, Hijo de Dios. Éste será grande, Dios de las virtudes, rey de los siglos y creador de todas las cosas.

He aquí que tú eres dichosa entre las mujeres, íntegra entre las recién paridas, señora entre las doncellas, reina entre las hermana. He aquí que desde ese momento te dicen feliz todas las gentes, te conocieron feliz las celestiales virtudes, te adivinan feliz los profetas todos y celebran tu felicidad todas las naciones. Dichosa tú para mi fe, dichosa tú para mis predicciones y mis predicaciones. Te predicaré cuanto debes ser predicada, te amaré cuanto debes ser amada, te alabaré cuanto debes ser alabada, te serviré cuanto hay que servir a tu gloria. Tú, al recibir sólo a Dios, eres posterior al Hijo de Dios; tú, al engendrar a un tiempo a Dios y al hombre, eres antes que el hombre hijo, al cual, al recibirle solamente al venir, recibiste a Dios por huésped, y al concebirle tuviste por morador, al mismo tiempo, al hombre y a Dios. En el pasado eres limpia para Dios, en el presente tuviste en ti al hombre y a Dios, en el futuro serías madre del hombre y de Dios; alegre por tu concepción y tu virginidad, contenta por tu descendecia y por tu pureza y fiel a tu hijo y a tu esposo. Conservas la fidelidad a tu Hijo, de modo que ni El mismo tenga quien le engendre; y de tal modo conservas fidelidad a tu esposo, que él mismo te conozca como madre sin concurso de varón. Tanto eres digna de gloria en tu Hijo cuanto desconoces todo concurso de varón, habiendo sabido lo que debías conocer, docta en lo que debías creer, cierta en lo que debías esperar y confirmada en lo que tendrías sin pérdida alguna.(…)

He aquí que es virgen de Dios, virgen del hombre, virgen atestiguándolo el ángel, virgen juzgándolo así su esposo, virgen antes de tener esposo, virgen con su esposo, virgen, sin duda alguna, aun en el tiempo que lo dudaba su esposo. Virgen antes de la venida del Hijo, virgen después de la generación del Hijo, virgen en el nacimiento del Hijo, virgen después de nacido el Hijo.

Fecunda por el Verbo, llena del Verbo, copiosísima en el Verbo, digna de dar a luz por el Verbo; por el nacimiento de hombre por las leyes humanas, por las costumbres humanas, por la humana condición, por la humana verdad; sin falta, incorrupta, inviolada, pura y verdaderamente integérrima.

Por divino obsequio, por divino favor, por colación divina, por divino hallazgo, por don divino, por divino consentimiento, por nueva obra, por eficacia divina, por nuevo modo, por nuevo efecto, por nuevo parto, virgen con la concepcción, virgen después de la concepción, virgen durante el parto, virgen en el parto, virgen con el parto, virgen después del parto. Virgen con el que había de nacer, virgen con el que nace, virgen después del nacimiento del Hijo. Llamada esposa y virgen, tomada como esposa y virgen, tenida por esposa y virgen, con esposo y con descendencia virgen perdurable. Nunca conociste varón, ni contacto carnal, ni abrazo, ni compañía marital. Y entonces ciertamente, entonces sin niguna duda, con verdad y veracidad eres virgen santa, virgen feliz, gloriosa y honesta virgen. Pero después de la generación del Verbo hecho carne, después del nacimiento de Dios hecho hombre, después de la generación de la humanidad en Dios, después del nacimiento del Hombre unido a Dios, eres más santa y santísiima virgen, más bienaventurada y muy bienaventurada virgen, más gloriosa y gloriosísima virgen, más noble y nobilísima virgen, más honesta y honestísima virgen, más augusta y augustísima virgen.”

Oración hacia el final del tratado, páginas 147-149 del volumen 320 de la BAC:

“Pero ahora me llego a ti, la única virgen y madre de Dios; caigo de rodillas ante ti, la sola obra de la encarnación de mi Dios; me humillo ante ti, la sola hallada madre de mi Señor; te suplico, la sola hallada esclava de tu Hijo, que logres que sean borrados mis pecados, que hagas que yo ame la gloria de tu virginidad, que me encuentres la magnitud de la dulzura de tu Hijo, que me concedas hallar y defender la sinceridad de la fe en tu Hijo, que me otorgues también consagrarme a Dios, y ser esclavo de tu Hijo y tuyo y servir a tu Señor y a ti.

A Él como a mi Hacedor, a ti como Madre de nuestro Hacedor; a Él como señor de las virtudes, a ti como esclava del Señor de todas las cosas; a Él como a Dios, a ti como a Madre de Dios; a Él como a mi Redentor, a ti como a obra de mi redención. Porque lo que ha obrado en mi redención, lo ha formado en la verdad de tu persona. Él que fue hecho mi Redentor fue Hijo tuyo. Él que fue precio de mi rescate tomó carne de tu carne. Aquel que sanó mis heridas, sacó de tu carne un cuerpo mortal, con el cual suprimirá mi muerte; sacó un cuerpo mortal de tu cuerpo mortal, con el cual borrará mis pecados que cargó sobre sí; tomó de ti un cuerpo sin pecado; tomó de la verdad de tu humilde cuerpo mi naturaleza, que Él mismo colocó en la gloria de la mansión celestial sobre los ángeles como mi predecesora en tu reino.

Por esto yo soy tu siervo, porque mi Señor es tu Hijo. Por eso tú eres mi señora, porque eres esclava de mi Señor. Por esto yo soy esclavo de la esclava de mi Señor, porque tú, mi señora, has sido hecha Madre de mi Señor. Por esto yo he sido hecho esclavo, porque tú has sido hecha Madre de mi Hacedor.

Te suplico, Virgen santa, que yo reciba a Jesús de aquel Espíritu de quien tú engendraste a Jesús; que mi alma reciba a Jesús con aquel Espíritu por el cual tu carne recibió al mismo Jesús. Por aquel Espíritu que me sea posible conocer a Jesús, por quien te fue posible a ti conocer, concebir y dar a luz a Jesús. Que exprese conceptos humildes y elevados a Jesús en aquel Espíritu en quien confiesas que tú eres la esclava del Señor, deseando que se haga en ti según la palabra del ángel.

Que ame a Jesús en aquel Espíritu en quien tú lo adoras como Señor y lo contemplas como Hijo. Que tema a este mismo Jesús tan verdaderamente como verdaderamente él mismo, siendo Dios, es obediente a sus padres.

¡Oh premio extremadamente grande de mi salvación y de mi vida y al mismo tiempo de mi gloria! ¡Oh título nobilísimo de mi libertad! ¡Oh excelsa condición de mi carácter de hombre libre! ¡Oh seguridad de mi nobleza, indisolublemente gloriosa y rematada con la eternidad de la gloria! ¡Cómo yo, que fui torpemente engañado, deseo para mi reparación hacerme esclavo de la madre de mi Jesús! ¡Cómo yo, en el primer hombre separado al principio de la comunión angélica, voy a merecer ser considerado como esclavo de la esclava y de la Madre de mi Señor! ¡Cómo yo, obra apta en las manos del sumo Dios, voy a conseguir estar ligado en la servidumbre continua de la Virgen Madre con devoción de su esclavitud!”


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Thursday, August 27, 2015

Retener la respiración durante la oración ( San Nicodemo el Hagiorita )


De qué forma el espíritu penetra en el corazón

Os diré ahora... como debéis guardar vuestro espíritu, es decir, el acto (energía) de vuestro espíritu y vuestro corazón. Sabéis que todo acto mantiene una relación natural con la esencia y la potencia que lo ejercita y que (una vez ejecutado) retorna naturalmente hacia ella para unírsele y reposar. Por eso una vez que se ha liberado el acto del espíritu - que tiene por órgano al cerebro - de todos los objetos exteriores del mundo por medio de la guardia sobre los sentidos y la imaginación, deberéis llevar nuevamente este acto (energía) a su esencia y a su potencia propia. En otros términos llevaréis el espíritu al centro del corazón -que es, como hemos dicho, el órgano de la esencia y de la potencia del espíritu- y contemplaréis entonces, mentalmente, al hombre interior en su integridad. Esta conversión del espíritu, los principiantes acostumbran practicarla, según la enseñanza de los santos Padres «sobrios», inclinando la cabeza y apoyando el mentón sobre el pecho. Que el retorno del espíritu al corazón esté exento de desviaciones.

Dionisio el Areopagita, en su pasaje sobre los tres movimientos del alma, llama, a esta conversión, el movimiento circular y sin desviación del espíritu. Del mismo modo en que la periferia del circulo vuelve sobre ella misma y se une a ella misma, así el espíritu, en esta conversión, vuelve sobre si mismo y se hace uno. Por eso Dionisio, el más excelente de los teólogos, ha dicho: «El movimiento circular del alma, consiste en su entraña en ella misma por el desprendimiento de los objetos exteriores y en la unificación de sus potencias intelectuales, la que le es conferida por su ausencia de desviación, como en un circulo» (Noms divins, cap. 4). Por su lado, el gran Basilio nos dice: «El espíritu que no está disperso entre los objetos exteriores ni extendido sobre el mundo por los sentidos, vuelve hacia si mismo y sube por si mismo hacia el pensamiento de Dios» (Carta 1).

El espíritu, una vez en el corazón, no se detenga solamente en la contemplación, sin hacer nada más. Allí encontrará la razón, el verbo interior gracias al cual razonamos y componemos obras, juzgamos, examinamos y leemos libros íntegros en silencio, sin que nuestra boca profiera una palabra. Que vuestro espíritu, entonces, habiendo encontrado el verbo interior, sólo le permita pronunciar la corta oración llamada monológica: «Señor Jesucristo, Hijo de Dios, tened piedad de mi».

Pero esto no basta. Debéis, además, poner en movimiento la potencia volitiva de vuestra alma, en otros términos, decir esta oración con toda vuestra voluntad, con toda vuestra potencia, con todo vuestro amor. Más claramente, que vuestro verbo interior aplique su atención, tanto con su vista mental como con su oído mental, a esas únicas palabras, y mejor aún, al sentido de las palabras. Así, permaneciendo sin imágenes ni figuras, sin imaginar ni pensar ninguna otra cosa, sensible o intelectual, exterior o interior, se producirá algo bueno. Pues Dios está más allá de todo lo sensible y lo inteligible. Por lo tanto, el espíritu que quiere unirse a Dios por la oración debe salir también de lo sensible y de lo inteligible y trascenderlo para obtener la unión divina. De allí, las palabras del divino Nilo (Evagrio): «En la oración, no te figures la divinidad, no dejes a tu espíritu sufrir la impronta de una forma cualquiera, permanece en cambio, inmaterial ante el Inmaterial, y tú comprenderás» (Acerca de la oración, 56). Que vuestra voluntad se aplique enteramente, por el amor, a las palabras de la oración, de ese modo vuestro espíritu, vuestro verbo interior y vuestra voluntad, esas tres partes del alma, serán uno y la unidad comprenderá a los tres. De este modo el hombre, que es la imagen de la santa Trinidad, adhiere y se une a su prototipo. Según la expresión de ese gran héroe y doctor de la oración y de la sobriedad mental, Gregorio Palamas de Tesalónica: «Cuando la unidad del espíritu se hace trinitaria permaneciendo una, entonces se une a la mónada trina de la divinidad, cerrando toda salida a la desviación, manteniéndose por encima de la carne, del mundo y del príncipe del mundo» (Acerca de la oración, 2).



Razones por las cuales se debe retener la respiración durante la oración

Dado que vuestro espíritu -el acto de vuestro espíritu - tiene por costumbre extenderse y dispersarse sobre los objetos sensibles y exteriores del mundo, es necesario que, al pronunciar esta santa oración, no respiréis continuamente como se acostumbra según la naturaleza. Retened un poco vuestra respiración hasta que vuestro verbo interior haya dicho una vez la oración. Entonces respirad, según la enseñanza de los Padres.

* * *

Porque la retención mesurada de la respiración atormenta, comprime y, además, hace penar al corazón que no recibe el aire reclamado por su naturaleza. El espíritu, por su lado, gracias a este método, se recoge más fácilmente y retorna al corazón, por causa, a la vez, del esfuerzo, del dolor del corazón y del placer que nace de ese recuerdo vivo y ardiente de Dios. Pues Dios procura placer y alegría a aquellos que lo recuerdan según las palabras: «Cuando de Dios me acuerdo, gimo» (Sal 76, 4). Aristóteles señaló, por otra parte, que el espíritu se localiza y se recoge en el órgano que experimenta la sensación de pena o de placer.

* * *

Porque la retención mesurada de la respiración vuelve sutil al corazón endurecido y pesado. Los elementos húmedos del corazón, convenientemente comprimidos, calentados, se vuelven más tiernos, más sensibles, humildes, mejor dispuestos para la compunción y más aptos para derramar fácilmente las lágrimas. El cerebro también se utiliza y, al mismo tiempo, el acto del espíritu se hace uniforme, transparente y más apto para la unión que procura la iluminación sobrenatural de Dios.

* * *

La retención mesurada de la respiración comprime y hace sufrir al corazón, y la pena y el dolor le hacen vomitar el anzuelo envenenado del placer y del pecado que había tragado. Según el adagio de los antiguos médicos, lo contrario cura a lo contrario, de allí las palabras de Marco: «El recuerdo de Dios es una pena de Cristo abrasada por la piedad» «cualquiera que olvida a Dios se hace amigo del placer e insensible»; y aún, «el espíritu que ora sin distracción comprime al corazón»; y «a un corazón contrito y humillado, Dios no lo desprecia».

* * *

Mediante esta retención mesurada de la respiración, todas las otras potencias del alma se unen también y vuelven al espíritu y, por el espíritu, a Dios, lo que es admirable. Así el hombre ofrece a Dios toda la naturaleza sensible e intelectual, de la que él es el lazo y la síntesis según Gregorio de Tesalónica (Vida de san Pedro, el Atonita).

Afirmo además, que son los principiantes quienes, cuando oran, tienen mayor necesidad de esta retención mesurada de la respiración. Puesto que, si bien pueden penetrar en el corazón a través del verbo interior y permanecer allí, cuando llega el momento de hacer reentrar al espíritu en el corazón, y fijarlo con mayor celo - sobre todo en la etapa de la guerra con las pasiones y los pensamientos- y, por ese retorno orar más integralmente, deben hacerlo recurriendo a la retención mesurada de la respiración.

Tal es, en resumen, la célebre oración a la cual los santos Padres han dado el nombre de oración mental y cordial. Si deseáis saber más, leed en el libro de la santa Filocalia el tratado de san Nicéforo, el discurso de Gregorio de Tesalónica sobre los santos hesicastas y la Centuria de Calixto e Ignacio Xanthopoulos.

Os exhorto calurosamente, fuera de la lectura de las siete horas canónicas cotidianas fijadas por la antigua legislación de la Iglesia, a dedicaros a esta oración cordial y mental y hacer de ella vuestra obra incesante y perpetua. A pronunciar en vuestro corazón el nombre, suave y amable entre todos, de Jesús, a pensar en Jesús en vuestro espíritu, a desear a Jesús y amarlo con vuestra voluntad. A dirigir hacia Jesús todas las potencias de vuestra alma. A buscar cerca de Jesús la misericordia en toda contrición y humildad. Si os es imposible, a causa de las preocupaciones y las inquietudes de este mundo dedicaros a ello sin cesar, por lo menos fijaos una hora o dos, de preferencia hacia la tarde y en un lugar tranquilo y oscuro, para consagraros a esta santa y espiritual ocupación.


San Nicodemo el Hagiorita