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Sunday, December 29, 2019

Los Santos Padres acerca de la lucha con la Pasión carnal.

La lucha con el espíritu de lujuria es la más prolongada y constante y para pocos termina en victoria. La pasión carnal comienza a manifestarse en el hombre desde la temprana madurez y no se detiene antes de vencer a las otras pasiones. Por cuanto el peligro de esta pasión es doble (en el cuerpo y en el alma) también hay que enfrentarlo con doble arma. No es suficiente el ayuno para conseguir la perfecta castidad. Es necesario agregarle tanto una penitente contrición del espíritu como la oración ininterrumpida contra este repugnante espíritu (la pasión lujuriosa). Además de esto es necesario leer continuamente Las Sagradas Escrituras, ocuparse en la meditación acerca de Dios, alternar esto con el trabajo físico y manual, lo cual detiene el vagar errante de los pensamientos. Sobre todo hay que tener una profunda humildad, sin la cual no se puede conseguir la victoria sobre ninguna pasión (san Juan Casiano el Romano).
 
Por cuanto es tan alta la dignidad de la castidad, también son tan fuertes los embates del enemigo al enfrentarse a ella. Por eso nosotros, con toda aplicación, debemos no sólo contenernos en todo, sino contristar continuamente en nuestro corazón con oración penitente, para que El Espíritu Santo con el rocío de Su Gracia que penetra en el corazón refresque y apague el horno de nuestra carne, que el rey de Babilonia (el diablo) continuamente trata de encender.
 (san Juan Casiano).
 
Ante el ardor de los deseos medita acerca del fuego inapagable y del gusano que nunca muere e instantáneamente se apagará el ardor en tus miembros. De otra manera te debilitarás, serás vencido y te acostumbrarás al pecado por más que te arrepientas.
Por eso desde el mismo comienzo sé estricto hacia cualquier deseo semejante para que no seas vencido y para que no te acostumbres a cederle la victoria al enemigo. Pues la costumbre es la segunda naturaleza. Quien se acostumbra a cederle la victoria al deseo pecaminoso será reprendido continuamente por su conciencia; y aunque delante de otros muestre un rostro alegre en su interior estará amargado por la acusación de la conciencia. Porque es propiedad del deseo transmitirle una dolorosa congoja a los que lo practican. Por eso préstale atención a tu alma, siempre teniendo a Dios dentro de ti.
 (San Efrén el Sirio).
 
Cuando el demonio comienza a dibujar en tu imaginación tentadoras visiones y representa en tu mente la hermosura de una mujer que alguna vez viste, introduce dentro de ti el temor de Dios y recuerda acerca de los muertos en el pecado, piensa en el día que tu alma va a despedirse de tu cuerpo, imagínate la voz de Dios que con terror oirán los que no se preocuparon por tener una vida justa y no han guardado los mandamientos de Cristo: "Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno, preparado al diablo y a sus ángeles" (Mat. 25:41). También imagínate al gusano que no muere y los tormentos ininterrumpidos. Piensa sobre esto y se disolverá la sed de gozo, así como se derrite la cera del rostro del fuego, porque los demonios no pueden permanecer ni un momento contra el temor de Dios. (San Efrén el Sirio).
 
La victoria sobre esta pasión se condiciona con la limpieza completa del corazón, del cual según la palabra del Señor surge el veneno de esta enfermedad. "Del corazón, — dice Él — salen los malos pensamientos... los adulterios, las fornicaciones, y otros" (Mat. 15:19; San Juan Casiano).
 
No le permitas a tus ojos vagar de aquí para allá y no te quedes mirando la belleza ajena para que tu enemigo no te derrote con la ayuda de tus ojos (san Efrén).
 
Si te molesta el demonio de la lujuria prohíbelo diciéndole: "Que el Señor te destruya hediondo diablo impuro" ya que conocemos al que dijo: "Los pensamientos Carnales — son lucha contra Dios" (Rom. 8:7; San Efrén el Sirio).
 
Si se levanta dentro de ti la lucha de la carne no temas y que no decaiga tu espíritu. De otra manera tu aumentarás el arrojo de tu enemigo (el diablo) quien comenzará a sugerirte pensamientos de tentación: "No cesará tu ardor hasta que no satisfagas tu deseo." Pero soporta, tenle paciencia al Señor y con llanto derrama tu oración delante de Su bondad y Él te oirá y te liberará del pozo de las pasiones (los pensamientos impuros) y del lodo del cieno (los deseos vergonzosos) y pondrá tus pies sobre la piedra de la pureza (Salmo 39:1-3). Entonces verás Su ayuda venida a ti. Solamente debes soportar, no te debilites con el pensamiento, no te canses de sacar el agua del bote porque el puerto de la vida esta cercano. Entonces tú exclamarás y Él dirá: "Aquí estoy" (Is. 58:9). Pero Él espera para ver tu esfuerzo, para ver si es cierto que estás dispuesto a luchar contra el pecado hasta tu muerte. Así, no caigas de espíritu: Dios no te dejará. Dios mira tu esfuerzo, lo ven también las huestes de ángeles y la turba de demonios. Los ángeles están dispuestos a entregar la corona al vencedor y los demonios a cubrir con la vergüenza al vencido. Estate atento para no entristecer a los tuyos (los ángeles) y para no alegrar a los extraños (los demonios. San Efrén el Sirio).
 
El Abba Pimen dice acerca de los pensamientos lujuriosos: "Si un cofre lleno de cosas permanece mucho tiempo cerrado y la ropa contenida en él no es examinada, su contenido con el tiempo se pudrirá. Así sucede también con los pensamientos repugnantes que nos introduce el diablo: si no los cumplimos en los hechos se pudrirán y desaparecerán con el tiempo" (Abba Pimen).
 
Un discípulo le preguntó al abba Agaphon como luchar contra la lujuria. El maestro contestó: "Ve, inclina ante Dios tu fuerza (sé humilde en extremo ante Él) y encontrarás tranquilidad."
Efectivamente, si todo logro en las virtudes es acción de la gracia del Señor y la victoria sobre las distintas pasiones es Su victoria, entonces la consecución de la pureza y la victoria sobre la pasión de la lujuria es obra de una especial gracia de Dios, de lo que dan testimonio los santos padres experimentados en la limpieza de esta pasión. Porque permanecer en la carne y no sentir su aguijón es semejante en cierta forma a salir de ella. Y es por eso que no le es posible al hombre volar con sus propias alas hacia la celestial altura de la perfección si la Gracia del Señor no lo saca del terrenal cieno. Porque la gente con ninguna otra virtud se asemeja tanto a los ángeles como con la consecución de la gracia de la pureza 
(san Juan Casiano).
 
Un indicador de la pureza y del perfeccionamiento alcanzado es cuando a la persona en el descanso o en un sueño agradable no le surge ninguna imagen tentadora o, si bien surge una imagen, no despierta en él ningún deseo carnal. Sin embargo el deseo involuntario, aunque no es considerado pecado, indica que el alma aun no ha alcanzado la perfección y que las raíces de la pasión todavía no están desarraigadas (san Juan Casiano).

Obispo Alejandro Mileant. 
 
Catecismo Ortodoxo
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Thursday, January 21, 2016

Los Santos Padres de la Iglesia Ortodoxa


 Existen en la Iglesia algunos santos que fueron teólogos y maestros espirituales. Ellos defendieron y explicaron las doctrinas de la Fe Cristiana. Estos santos se llaman los Santos Padres de la Iglesia y sus enseñanzas se llaman las enseñanzas patrísticas. (La palabra patrística viene de la palabra griega que quiere decir "padre".)

Algunos de los Santos Padres se llaman Apologetas, porque defendieron las enseñanzas cristianas contra aquellas personas que desde fuera de la Iglesia atacaban o ridiculizaban la Fe. Sus escritos se llaman "apologías", que quiere decir "respuestas" o "defensas".

Otros de los santos padres defendieron la fe cristiana contra ciertos miembros de la Iglesia que deformaban la verdad y vida del cristianismo, escogiendo ciertas partes de la revelación y doctrina cristiana, y negando otros aspectos. Aquellas personas que deformaron la fe cristiana y de esta forma amenazaron destruir la integridad de la Iglesia Cristiana se llaman herejes, y sus doctrinas se llaman herejías. Por definición herejía significa "selección", y un hereje es alguien que elige lo que él desea según sus propias ideas y opiniones, eligiendo ciertas partes de la Tradición Cristiana y rechazando otras. Por sus acciones un hereje no sólo destruye la plenitud de la verdad cristiana sino que también divide la vida de la Iglesia y provoca separaciones en la comunidad.

Generalmente, la Tradición Ortodoxa considera que los que enseñan herejías no solamente son equivocados o mal guiados o ignorantes. La Iglesia los acusa de estar activamente conscientes de sus acciones, y por lo tanto, en estado de pecado. No se considera como hereje, en el verdadero sentido de la palabra, a la persona que es simplemente mal guiado o equivocado, o que enseña lo que él cree ser la verdad sin que nadie se oponga a sus posibles errores. Muchos de los Santos e incluso de los Padres Santos tienen elementos en sus enseñanzas que cristianos de épocas más tardes han considerado como erróneos o inexactos. Esto, por supuesto, no significa que fueron herejes.

No todos los Santos Padres fueron defensores contra el error o herejía. Algunos fueron ardientes predicadores, y fueron maestros importantes de la fe cristiana, desarrollando y explicando su significado de una manera más profunda y más completa. Otros fueron maestros de la vida espiritual, dando instrucción a los fieles acerca del significado y método de la comunión con Dios mediante la oración y la vida en Cristo. Aquellos otros Padres que se concentraban en la lucha de la vida espiritual se llaman los padres ascetas. El ascetismo se refiere al ejercicio y preparación de los "atletas espirituales". Los padres que se concentraban en cómo lograr la comunión espiritual con Dios se llaman los Padres místicos. Se define el misticismo como la unión verdadera, experiencial, con lo Divino.

Todos los Santos Padres, sean teólogos, pastores, ascetas o místicos, entregaron sus enseñanzas a partir de la experiencia de su propia vivencia en Cristo. Ellos defendieron, describieron y explicaron las doctrinas teológicas y los caminos de la vida espiritual de su propio conocimiento vivo de estas realidades. Unieron el brillo del intelecto con la pureza del corazón y la vida excepcionalmente virtuosa. Por esto son considerados Padres Santos de la Iglesia.

Los escritos de los Padres de la Iglesia no son infalibles, y aún más se ha dicho que en las escrituras de algunos de los padres se puede encontrar algunos aspectos que podrían ser cuestionables a la luz de la plenitud de la Tradición de la Iglesia. Sin embargo, globalmente, los escritos de los Padres, están asentados sobre los fundamentos bíblicos y litúrgicos de la fe cristiana vivida, gozan de una gran autoridad dentro de la Iglesia Ortodoxa y son fuentes fundamentales para la profundización de la doctrina de la Iglesia.

Los escritos de algunos de los padres que han recibido la aprobación y alabanza universal de la Iglesia durante los siglos son de particular importancia. Entre ellos cuentan los de Ignacio de Antioquía, Ireneo de Lyon, Atanasio de Alejandría, Basilio el Grande, Gregorio de Nisa, Gregorio Nacianceno (llamado el Teólogo), Juan Crisóstomo, Cirilo de Alejandría, Cirilo de Jerusalén, Máximo el Confesor, Juan de Damasco, Focio de Constantinopla y Gregorio Palamás, así como los padres ascetas y espirituales como San Antonio de Egipto, Macario de Egipto, Juan Clímaco, Isaac de Siria, Efrem de Siria y Simeón el Nuevo Teólogo, entre otros.

A veces suele ser difícil para nosotros leer los escritos de los Padres de la Iglesia ya que frecuentemente los problemas que trataron eran muy complicados y su manera de escribir muy diferente al estilo nuestro. Además, la mayoría de los escritos espirituales y ascetas provienen de un ambiente monástico, debiendo ser transpuestas a nuestra realidad para que sean comprensibles y útiles para nosotros que no somos monjes o monjas. Sin embargo, es muy importante leer los escritos de los Padres directamente. Se deben leer lentamente, poco a poco, con pensamiento cuidadoso y mucha consideración, sin llegar a ninguna conclusión rápida y caprichosa... de la misma manera en que se debe leer la Biblia. Entre los Padres de la Iglesia, los escritos de San Juan Crisóstomo son muy claros y directos, y muchas personas pueden leerlos, recibiendo gran beneficio si se les da el esmero necesario. También existe la Filocalia, una antología de escritos espirituales, que existen (por lo menos una pequeña parte) traducidos al español, y que con la consideración exigida puede ayudar al cristiano maduro que busca discernimientos más profundos en la vida espiritual.


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Monday, October 5, 2015

Los Santos Padres claramente nos dicen que no confiemos en el cuerpo....( San Antonio el Grande )


Los Santos Padres claramente nos dicen que no confiemos en el cuerpo: "Desprecia su cuerpo, porque él va a ser consumido por gusanos. Cuando él está echado en corrupción no le servirá de ninguna ayuda para usted. Por lo tanto el Apóstol dice: No haga provisiones para la carne (Rom. 13:14)." (Santos Barsanuphius y Juan, Direcciones en el Trabajo Espiritual). Pero al mismo tiempo debemos acordarnos que "cuida del cuerpo como un instrumento del alma, así como nosotros cuidamos a los animales que nos sirven. Cuando la herramienta está desafilada, ella engaña al artista, no importa cuan hábil y rápido es él... Un hombre debería mantenerse al juicio correcto en todas las cosas para que no se tropiece" (Ibíd..). Como " en todas las cosas," así con el cuerpo; nosotros debemos encontrar el equilibrio correcto. La dificultad no es si desatendemos al cuerpo, privándolo de una forma irracional y dañina, pero que nosotros tomamos excesivo cuidado de él. Por lo tanto "No dé toda su atención al cuerpo. Dale trabajo que sea conforme su fuerza y entonces dé toda la atención a lo que está adentro, Porque del ejercicio corporal se beneficia un poco; pero la santidad es beneficiosa a todas las cosas (I Tim. 4:8). Siempre que nuestra carne sobrepasa el peso del alma en las balanzas, ella tortura el alma y la jala hacia abajo con una carga, pujando la hacia la dirección de los deseos e impulsos corruptos e inapropiados, como está escrito: La carne desea contra el Espíritu, y el Espíritu en contra de la carne (Gal. 5:17). Pero, habiendo disciplinado en cuerpo por el ayuno, usted debería mortificarlo hasta, aunque mismo con desganas, él se torna obediente con su dirigente. ..como dice San Pablo: Desde nuestro exterior el hombre perece, sin embargo el hombre exterior es renovado a cada día (II Cor. 4:16). Y San Isaac dice: "Deje usted morirse en esfuerzo que vivir en indolencia. Porque aquellos que mueren intentando mantener los mandamientos son mártires tanto como aquellos que murieron por la fe de Cristo" (San Máximo el Confesor, Cuatro Siglos de Amor). Pero la "mayoría [de los hombres] cuya alma no posee sentido común...se inclina hacia una corta existencia de compañerismo con su cuerpo...pensando solamente en cosas físicas, tal como animales estúpidos inflamados por el deseo. Ellos se aíslan de Dios por sus propia acción y traen sus almas abajo desde el Cielo, dentro del abismo de los deseos carnales" .

San Antonio el Grande



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