El alma humilde es bendecida. El Señor le ama. La Madre de Dios es superior a todos en humildad, por tanto todas las razas la bendicen en la tierra, mientras que los poderes celestiales le sirven. Y el Señor nos ha dado a Su bendita Madre como defensora y auxiliadora.
San Silvano el Athonita
Catecismo Ortodoxo
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“La mies es mucha” dijo el Señor, “pero los obreros son pocos” (Mt. 9,37-38; Lc. 10,2). Habiendo recibido los dones de la gracia, somos llamados a trabajar cosechando las espigas de la salvación de nuestros prójimos para entrojarlos, numerosos, en el Reino de Dios, a fin de que reporten sus frutos, unos treinta, los otros sesenta y los otros cien. Estemos atentos a fin de no ser condenados con el servidor perezoso que sepultó la mina confiada a él, sino que tratemos de imitar a los servidores fieles que rindieron al Maestro uno, en lugar de dos minas cuatro, y el otro, en lugar de cinco minas diez (Mt. 25,14-30; Lc. 19,12-27). En cuanto a la misericordia divina, no se debe dudar de ella: podéis ver, por vos mismo, que las palabras del Profeta: “Yo no soy un Dios lejano” (Jn. 23,23) se realizaron en nosotros.
San Serafín de Sarov
Catecismo Ortodoxo
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El Señor desea la salvación de toda la gente y que estén con Él en el Cielo y vean Su Gloria. La Gloria esta se comprende parcialmente con el Espíritu Santo, y el que no lo conoce, solamente cumple los Mandamientos y tiene fe. Pero ellos también son bienaventurados, como dijo Jesucristo al apóstol Tomas (Juan 20:29) y se van a igualar a los que ya en la tierra vieron la Gloria de Dios. El amor puede ser diferente por su fuerza: Quien teme ofender a Dios — es amor, la mente pura — es también amor, más grande que la primera, tener la Gracia en el alma — es el amor todavía más grande.
El amor perfecto es tener la Gracia del Espíritu Santo en el cuerpo y alma. Aquel tiene el cuerpo santificado que quedará intacto, como reliquia. Esto ocurre con los santos grandes mártires, profetas, beatos. Los que llegaron a tal nivel, ya no sienten amor carnal, porque el amor Divino es el mas fuerte. El amor corporal tiende a toda la gente, menos los que poseen plena Gracia de Dios, que trasforma toda la personalidad del hombre. Viviendo en la tierra entre la gente, pero la Gracia Divina lo hace olvidar todo el mundo. Pero el orgullo nos hace indigno de esta Gracia, y el alma sufre y, llorando dice: "Mi alma extraña a Dios." Quien desea amar a Dios, debe amar hasta a los enemigos y ser bondadoso con todos. Entonces nuestro Señor lo llenará de alegría de alabarlo día y noche, y si recuerda al mundo — es para rezar por él. Así vivían los Santos, porque el Espíritu Santo enseña al alma rezar por la gente.
San Silvano el Athonita