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Saturday, May 23, 2020

El Ayuno es el mejor Guardián del Alma ( San Basilio el Grande )

Dice San Basilio el Grande: “El Ayuno es el mejor Guardián del Alma, el más confiable camarada del Cuerpo, arma de los Valientes, Fortaleza de los atletas. El Ayuno aleja los (Malos) Espíritus, llama a la piedad, hace apreciar la templanza, inspira modestia, da coraje en la guerra y te enseña a amar la paz. El Ayuno le da alas a la Oración, para que pueda elevarse y entrar en los Cielos. El Ayuno es el sostén de los hogares, Padre de la Salud, Consejero de los Jóvenes, atavío de los Ancianos, agradable compañero de viaje, amigo auténtico de los Esposos”.

Si el Ayuno te ofrece todo esto, ¿Qué más Necesitas?

Si renuncias al Ayuno, es como si tú mismo te estuvieras desarmando.

Si el joven aprende hoy, de sus Padres, a Renunciar a la Carne y a otras Comidas, Mañana Aprenderá a Abstenerse de las Drogas, el Tabaco y el Alcohol. La lección de la Abstinencia y de las Restricciones que salvan al Cuerpo y al Alma en determinado momento, Ayuda al hombre a salir indemne de incontable. tentaciones y penas.

Pero dices: “Mi hijo es apenas un escolar, mejor que no ayune, para que pueda aprender bien”. Esto es un error, porque es posible aprender aún comiendo solamente frutas, vegetales, pan... Además, con el ayuno la mente se vuelve más ligera y el cuerpo más libre, capaz de mayores esfuerzos.

El cristiano tiene la prueba del ayuno para aprender a refrenarse, para cambiar el centro de su atención —de los bienes materiales a las bondades Espirituales—, y para Abrir la Puerta del Cielo y del alma con la llave de la oración. Decía un Santo Padre que aquel que sabe dominarse a sí mismo es capaz de dominar también a los demás, con la sabiduría de su Alma y su Mente. Y es que el hombre suele verse a sí mismo superficialmente, preparado siempre para ceder el primer impulso en todo lo que hace, sin aconsejarse con su Ángel, sin conectarse a la gracia con la que fuera deificado.

Aquellos que no confían en sí mismos pierden rápidamente la Confianza en Dios... Y la relación con Dios se establece por medio de un fuerte conocimiento de sí mismo, por medio de una relación de Amor con el Prójimo.
 
Catecismo Ortodoxo
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Monday, July 8, 2019

La virtud de la Paciencia ( San Basilio el Grande )


Toda la vida del justo está llena de tribulaciones, porque estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva al cielo (Mt 7:14), y "Muchos son los males del justo; Mas de todos ellos lo librará Jehová" (Sal 34:19). Por eso también el Apóstol dice: "Nos acosan por todas partes, pero no estamos aplastados ;nos encontramos en apuros, pero no desesperados" (2 Co. 4:8). Y otra vez se dice: "Y no sólo esto, sino que hasta de los sufrimientos nos sentimos orgullosos, sabiendo que los sufrimientos producen paciencia; la paciencia produce virtud sólida, y la virtud sólida, esperanza" (Rom 5:3-4), porque quien no da importancia al sufrimiento también desprecia el conocimiento. Al contrario, como a nadie coronan con la corona del triunfo sin el rival, así lo mismo a nadie llamarán probado sin el sufrimiento. Por eso estas palabras: "Dios me libera de toda miseria." No hay que entenderlas como si Dios nunca más permitirá la tentación, sino que junto a la tentación, da la posibilidad de soportarla.
Sucede que por la tentación del maligno, Dios que ama al hombre, le envía alguien como un gran luchador y para luchar con él, y El humilla su orgullo con la grandísima paciencia que da s sus siervos, como leemos en la historia de Noé. 
 
También como ejemplo para aquellos, que no saben soportar con paciencia, Dios muestra a sus fieles que hasta la muerte saben soportar todos los sufrimientos, como por ejemplo Lázaro. El, cubierto de heridas, nunca se lamentó de su condición de humilde, por eso recibió el descanso en el seno de Abraham que soportó los males de su vida (Lc. 16:25). Así también nosotros, aceptando los golpes de la mano de Dios, que con amor y sabiduría gobierna nuestra vida, ante todo pedimos conocer el motivo por el cual El nos da la cruz y entonces, para liberarnos de los sufrimientos y con la paciencia que junto con la prueba nos concede, la fuerza de soportar hasta el fin.
Yo deseo que ustedes tengan la misma convicción animándonos con la profunda esperanza a la alegría para poder en este tiempo, llevar las preocupaciones con paciencia; puede ser que con el sufrimiento, nosotros paguemos el débito de nuestros pecados. De tal manera nosotros, heridos, estaremos preservados de la airada mirada de Dios. Puede ser que Dios con tales pruebas quiera probar nuestra santidad. En tal caso el justo juez no permitirá el ser tentados por sobre nuestras fuerzas, sino nos dará - como premio de aceptar ya todos los sufrimientos - la corona de la paciencia y la esperanza.
Cuando les sucede algo doloroso, no se dejen llevar por la alteración sino deben estar preparados para esta prueba.
Luego, es importante aliviar la difícil situación con la esperanza de las cosas futuras. Como aquellos que tienen la vista débil, y se alejan de toda cosa resplandeciente, ellos no bajarán del cielo, sino que fueron expulsados del mirar solamente a las cosas tristes, ni ocuparse de las miserias, sino elevar los ojos con la meditación sobre los verdaderos bienes. Siempre ten a Dios en la mente y así podrás siempre alegrarte. ¿Alguien empañó tu gloria? Entonces orienta la atención a la gloria que te espera en el cielo por tu paciencia. ¿Te han causado disgusto? Contempla las riquezas celestiales y aquel tesoro que tu has preparado con tus buenas obras. ¿Te han expulsado de tu patria? La celestial Jerusalén, para ti es patria.

San Basilio el Grande
 
Catecismo Ortodoxo
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Saturday, May 25, 2019

Siempre ten a Dios en la mente y así podrás siempre alegrarte ( San Basilio el Grande )


Siempre ten a Dios en la mente y así podrás siempre alegrarte. ¿Alguien empañó tu gloria? Entonces orienta la atención a la gloria que te espera en el cielo por tu paciencia. ¿Te han causado disgusto? Contempla las riquezas celestiales y aquel tesoro que tu has preparado con tus buenas obras. ¿Te han expulsado de tu patria? La celestial Jerusalén, para ti es patria.


San Basilio el Grande 
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Sunday, December 30, 2018

El mandamiento del amor a Dios ( San Basilio el Grande )

Amar a Dios no necesita maestro. 
Así como sin algún aprendizaje nos alegramos de la luz, y deseamos el bien. La misma naturaleza enseña a amar a los padres, aquellos que nos educaron y nos alimentaron. Así lo mismo, en una manera muy superior y no de alguien, aprendemos a amar a Dios. Desde el nacimiento hay en nosotros como una semilla, una fuerza espiritual, una inclinación, una capacidad para el amor. En la escuela de los mandamientos de Dios esta fuerza del alma se desarrolla, se alimenta y, por gracia de Dios, llega a la perfección... Pues es necesario saber que el amor a Dios es una virtud, pero ella con su fuerza abraza y cumple todos los mandamientos: "Jesús les respondió: El que me ama, se mantendrá fiel a mis palabra. Mi padre lo amará, y mi Padre y yo vendremos a el y viviremos en él" (Jn. 14:23). Otra vez repite: "En estos dos mandamientos se basa toda la Ley y los Profetas" (Mt. 22:40). Así pues por la naturaleza humana, los hombres aspiran a cosas hermosas y buenas, y no hay algo mejor, más hermoso, que el bien: Dios es el mismo bien. Por eso el que desea el bien, desea a Dios. Aunque nosotros no conoceremos como El es bueno, pero ya el saber que El nos creó es suficiente, para que lo amemos por sobre todo y continuamente estemos unidos a El, como los hijos están unidos a su madre.
 
San Basilio el Grande 
 
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Friday, July 20, 2018

Dios que ama al hombre... ( San Basilio el Grande )

Sucede que por la tentación del maligno, Dios que ama al hombre, le envía alguien como un gran luchador y para luchar con él, y El humilla su orgullo con la grandísima paciencia que da s sus siervos, como leemos en la historia de Noé. También como ejemplo para aquellos, que no saben soportar con paciencia, Dios muestra a sus fieles que hasta la muerte saben soportar todos los sufrimientos, como por ejemplo Lázaro. El, cubierto de heridas, nunca se lamentó de su condición de humilde, por eso recibió el descanso en el seno de Abraham que soportó los males de su vida (Lc. 16:25). Así también nosotros, aceptando los golpes de la mano de Dios, que con amor y sabiduría gobierna nuestra vida, ante todo pedimos conocer el motivo por el cual El nos da la cruz y entonces, para liberarnos de los sufrimientos y con la paciencia que junto con la prueba nos concede, la fuerza de soportar hasta el fin.

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Thursday, May 10, 2018

El mandamiento del amor a Dios ( San Basilio el Grande )

Amar a Dios no necesita maestro. Así como sin algún aprendizaje nos alegramos de la luz, y deseamos el bien. La misma naturaleza enseña a amar a los padres, aquellos que nos educaron y nos alimentaron. Así lo mismo, en una manera muy superior y no de alguien, aprendemos a amar a Dios. Desde el nacimiento hay en nosotros como una semilla, una fuerza espiritual, una inclinación, una capacidad para el amor. En la escuela de los mandamientos de Dios esta fuerza del alma se desarrolla, se alimenta y, por gracia de Dios, llega a la perfección... Pues es necesario saber que el amor a Dios es una virtud, pero ella con su fuerza abraza y cumple todos los mandamientos: "Jesús les respondió: El que me ama, se mantendrá fiel a mis palabra. Mi padre lo amará, y mi Padre y yo vendremos a el y viviremos en él" (Jn. 14:23). Otra vez repite: "En estos dos mandamientos se basa toda la Ley y los Profetas" (Mt. 22:40). Así pues por la naturaleza humana, los hombres aspiran a cosas hermosas y buenas, y no hay algo mejor, más hermoso, que el bien: Dios es el mismo bien. Por eso el que desea el bien, desea a Dios. Aunque nosotros no conoceremos como El es bueno, pero ya el saber que El nos creó es suficiente, para que lo amemos por sobre todo y continuamente estemos unidos a El, como los hijos están unidos a su madre.


Si tenemos una natural unión y amor a nuestros bienhechores y tratamos de agradecerles, ¿entonces que decir de los dones espirituales? Ellos son tan importantes, que es imposible valorizarlos y cada uno de ellos es suficiente para obligarnos a un total agradecimiento hacia el Dador.

El nos redimió de la maldición, siendo El, por nosotros, maldición (Gá. 3:13). El asumió sobre sí la peor muerte, para devolvernos la vida gloriosa. Y no siendo suficiente para El dar la vida por nosotros, El nos dio todavía la gloria de su naturaleza y nos preparo la vida en la eternidad, donde la felicidad supera todo entendimiento humano.

San Basilio el Grande 
 
Catecismo Ortodoxo
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Saturday, April 21, 2018

La Paz Espiritual ( San Basilio el Grande )



La unión con Dios no se identifica con las uniones corporales, sino que las perfecciona con el fiel cumplimiento de la voluntad de Dios.

Quien acepta sacrificios por el premio de Dios, no tiene que buscar aquí consuelo sino prepararse par la recompensa del Reino de Dios. Pues tenga presente que por los sacrificios recibirá la paga y por el trabajo el premio del Dios que ama al hombre. Pienso que el intrépido luchador, que una vez que salió al campo de batalla de la santidad, tendrá que soportar virilmente los golpes del enemigo con la esperanza en la gloria de la corona. Porque: "La paciencia produce virtud sólida, y la virtud sólida esperanza. Una esperanza que no defrauda porque, al darnos el Espíritu Santo, Dios ha derramado su amor en nuestros corazones" (Rom. 5:4-5). Porque en otro lugar el mismo Apóstol dice: "Vivan alegres por la esperanza, sean pacientes en el sufrimiento y perseverantes en la oración" (Rom. 12:12). Nos recuerda el Apóstol que nosotros seamos pacientes en las tribulaciones y alegres en esperanza. Porque la esperanza origina lo que en las almas piadosas siempre causa la alegría.

En una palabra, el alma, una vez que derrotó la melancolía, por su Creador; que se acostumbró a complacerse con la belleza, entonces ella por esta felicidad y encanto no cambiará con sentimientos visibles. Al contrario, lo que en otros es tristeza, en ella aumentará la felicidad.


San Basilio el Grande
Catecismo Ortodoxo
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Wednesday, March 7, 2018

El amor a Dios se profundiza en la meditación de las verdades de la fe ( San Basilio el Grande )

Pues es necesario y útil, que cada uno aprenda la Divina Escritura, para saber como permanecer en la piedad y no acomodarse a las filosofías humanas, porque es imposible comenzar algo con ligereza y querer inmediatamente obtenerlo sin meditación, sin un continuo y atento ejercicio. Conocemos a Dios mediante la iluminación del Espíritu Santo, que es como el sol, ilumina las cosas de Dios, abriendo el ojo puro (el conocimiento), a la imagen de Dios invisible. Con su gracia el Espíritu Santo eleva también nuestro corazón hacia Dios; a los débiles El los sostiene, como una poderosa mano; y a aquellos que caminan por el camino de la santidad, El, aun mejor los perfecciona. El Espíritu Santo, purificando con su gracia a los limpios de la mancha del pecado, los espiritualiza.

Como el claro rayo del sol, refleja así a los corazones limpios; iluminados por el Espíritu Santo, ellos se transforman en espirituales y también, a los demás, les participan de esa espiritualidad. Un corazón espiritualizado llega al don del entendimiento de los misterios de Dios, al conocimiento de los misterios secretos, con el recibimiento de los dones espirituales, la ciudadanía celestial, la participación a los coros angélicos, a la felicidad eterna, a la unión con Dios y finalmente nuestra semejanza con El; es decir, nuestra civilización, que es el cumplimiento de la ascética cristiana.

¿Qué más milagroso que la belleza de Dios? ¿Qué más dulce que meditar sobre la grandeza de Dios? ¿Puede existir en el corazón algo más fuerte y más profundo sentimiento que el que Dios infunde en un alma purificada de todo pecado, para que el alma sienta todo lo que surge de estas palabras? Yo con amor exijo. En verdad es imposible narrar o describir el rayo de la belleza de Dios.

Para los ojos humanos esta belleza es inaccesible, solamente el conocimiento y el alma pueden alcanzarla. Cuando esta belleza iluminaba a los santos, entonces, dejaba en el alma de ellos una insaciable sed. Aquellos a los cuales el amor de Dios tocó y colmó no pudieron contener su ímpetu amoroso. Llenos del deseo de contemplación de la belleza de Dios, ellos rogaban que su contemplación divina se prolongara por toda la eternidad.

Con atenta y profunda meditación sobre la grandeza de la gloria de Dios, con profundidad de pensamiento, sin interrumpir la memoria sobre la bondad de Dios y con profundidad e intensidad, continuando el deseo de asemejarse a Dios, nuestra alma se hace capaz de cumplir estas palabras: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas" (Mc. 12:30). He aquí con que intención hay que servir a Dios.
 
San Basilio el Grande 

Catecismo Ortodoxo
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Saturday, January 13, 2018

La templanza es liberación de los pecados.. ( San Basilio el Grande )

La templanza es liberación de los pecados, dominio de las pasiones, mortificación del cuerpo en el desorden de su naturaleza y tentaciones; es principio de la vida espiritual, camino para conseguir el eterno bien, moderación de todo deseo de abundancia. La abundancia es una gran tentación para el mal. Ella es motivo para que la gente cometa el pecado; ella tira el alma como un anzuelo a la muerte.

San Basilio el Grande 
 
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Wednesday, February 8, 2017

La luz de la fe ( San Basilio el Grande )

 Exhortamos a ustedes para que sobre todo recuerden sobre la fe de los Padres y no se dejen engañar por aquellos que se esfuerzan por llevarlos a la soledad. Además, pues, saben que, el que en sí mismo no tiene vida de la luz de fe en Dios, no da utilidad ni verdadera confesión de la fe; sin vida ejemplar no puede recomendarnos al Señor.



Para ustedes, es necesario pues, unir las dos cosas para que el hombre, entregado a Dios, sea perfecto y la vida no tambalee por la falta de una de las dos. Porque la fe que nos salva - como dice el Apóstol - es aquella que obra mediante el amor. Nosotros creemos en un sólo Espíritu Santo. Consolador, del cual nosotros hemos recibido su sello en el día del Bautismo (Ef. 4:30); en el Espíritu de verdad, en el Espíritu de hijos, con el cual llamamos: "¡Abba Padre!" en el Espíritu Santo, que reparte a cada uno para utilidad, como quiere, y obra los dones de Dios en el espíritu; en el Espíritu Santo, que enseña y recuerda todo lo que oyó del Hijo; en el Espíritu Bueno que orienta a todos a la verdad, que confirma a todos los fieles en el seguro conocimiento; en la verdadera confesión, en el servicio divino, y en espíritu adoramos a Dios. El Espíritu Santo que enseña a inclinarse ante el verdadero Dios, Padre y a su único Hijo-Señor y Dios, nuestro Jesucristo y a sí mismo.


San Basilio el Grande 

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Tuesday, November 1, 2016

Amar a Dios no necesita maestro. ( San Basilio el Grande )

Amar a Dios no necesita maestro. Así como sin algún aprendizaje nos alegramos de la luz, y deseamos el bien. La misma naturaleza enseña a amar a los padres, aquellos que nos educaron y nos alimentaron. Así lo mismo, en una manera muy superior y no de alguien, aprendemos a amar a Dios. Desde el nacimiento hay en nosotros como una semilla, una fuerza espiritual, una inclinación, una capacidad para el amor. En la escuela de los mandamientos de Dios esta fuerza del alma se desarrolla, se alimenta y, por gracia de Dios, llega a la perfección... Pues es necesario saber que el amor a Dios es una virtud, pero ella con su fuerza abraza y cumple todos los mandamientos: "Jesús les respondió: El que me ama, se mantendrá fiel a mis palabra. Mi padre lo amará, y mi Padre y yo vendremos a el y viviremos en él" (Jn. 14:23). Otra vez repite: "En estos dos mandamientos se basa toda la Ley y los Profetas" (Mt. 22:40). Así pues por la naturaleza humana, los hombres aspiran a cosas hermosas y buenas, y no hay algo mejor, más hermoso, que el bien: Dios es el mismo bien. Por eso el que desea el bien, desea a Dios. Aunque nosotros no conoceremos como El es bueno, pero ya el saber que El nos creó es suficiente, para que lo amemos por sobre todo y continuamente estemos unidos a El, como los hijos están unidos a su madre."

San Basilio el Grande

 

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Saturday, January 16, 2016

Akathisto a San Basilio el Grande


Contaquio I

Oh ministro elegido del Rey del cielo y gran jerarca de la Iglesia de Cristo, que brillaste en todo el mundo por la confesión de la recta fe y poseíste audacia ante la Santa Trinidad. Protégenos de todas las desgracias, pues te clamamos con compunción: ¡Alégrate, oh Basilio, santo y gran jerarca, lámpara universal de la Ortodoxia!

Ikos I

El Creador de los ángeles, que te eligió desde el principio para ser una gran luminaria de su Iglesia, oh bendito padre Basilio, te reveló como un ángel en tu forma de vivir, pues habiendo luchado en el desierto con las hazañas del ascetismo y la gran contemplación de Dios, te apresuraste a las alturas de la virtud. Por lo cual, oh tú que adquiriste la gloria en el cielo, acepta de nosotros, los humildes que se atreven a alabarte, estos himnos de veneración:

Alégrate, oh Basilio, homónimo de realeza.

Alégrate, gran jerarca de Cristo.

Alégrate, pilar inquebrantable de la Iglesia.

Alégrate, honorable vástago de una santa familia.

Alégrate, pues desde tu juventud serviste al Rey del cielo con toda diligencia.

Alégrate, pues con la sabiduría terrenal, e incluso con la celestial, enriqueciste tu mente.

Alégrate, pues con tu amigo Gregorio el Teólogo sobresaliste en filosofía.

Alégrate, pues con sabias palabras convertiste a Euplo, tu maestro, a Cristo.

Alégrate, preservador maravilloso de pureza y castidad.

Alégrate, guía fiel a la salvación.

Alégrate, pues refutaste las herejías que destruyen el alma.

Alégrate, maestro divinamente inspirado del mundo entero.

Alégrate, oh Basilio, santo y gran jerarca, lámpara universal de la Ortodoxia.

Contaquio II

Viendo a la Iglesia de Cristo asediada por la tormenta de la herejía de Arrio, y sometiéndote a la llamada de Dios, oh venerable padre, saliste del desierto que amabas y fuiste a la ciudad de Cesarea, donde recibiste la gracia del sacerdocio y fuiste ordenado arzobispo, proclamando en alta voz las nuevas de la salvación a todos los confines de la tierra, enseñando a los fieles durante todos los días de tu vida a cantar y a conocer al Creador de todo: ¡Aleluya!.

Ikos II

Iluminando el entendimiento de los fieles con el conocimiento de Dios, oh Basilio, santo jerarca de Cristo, esclareciste la naturaleza de las cosas, y les enseñaste a reconocer al Dios invisible en las creaciones de sus manos. Por tanto, iluminados por tus enseñanzas divinamente sabias, te clamamos así:

Alégrate, tú que iluminaste a los fieles con el conocimiento del Dios que creó todas las cosas en seis días.

Alégrate, tú que les enseñaste a alabar sus maravillosas obras como son.

Alégrate, palacio adornado con toda la sabiduría.

Alégrate, cofre del tesoro lleno de sabiduría.

Alégrate, pues nos has enseñado a ver los misterios de la sabiduría de Dios en todo el mundo.

Alégrate, pues nos has instruido para ver la majestad de Dios incluso en las cosas más pequeñas.

Alégrate, pues describiste la belleza de la luz primigenia.

Alégrate, pues señalaste el poder de las primeras palabras de Dios en el universo.

Alégrate, pues comparaste la gloria terrenal con la hierba que se seca rápidamente.

Alégrate, pues mostraste que hemos de ver a Cristo, el Sol de justicia, en la magnificencia de las luminarias del cielo.

Alégrate, pues por el trabajo de una pequeña criatura alejaste a la gente de la pereza.

Alégrate, pues ordenaste al hombre, el rey de todas las criaturas, obtener el gobierno sobre las pasiones.

Alégrate, oh Basilio, santo y gran jerarca, lámpara universal de la Ortodoxia.

Contaquio III

Fortalecido por el poder de lo alto, oh santo padre Basilio, luchaste contra Julián, el apóstata de Dios, y suplicaste al Señor y a su purísima Madre alejar sus complots contra los cristianos, para que todos pudieran cantar con acciones de gracias al único Dios: ¡Aleluya!.

Ikos III

Teniendo gran celo por Dios Todopoderoso, y tomando sus palabras en tu mano como una espada, rápidamente cortaste la cizaña de la impiedad pagana de Julián, e hiciste a los fieles firmes en la piedad. Enséñanos también, oh venerable padre, a servir al único Dios sólo con una vida pura, pues te clamamos así:

Alégrate, pues con valentía denunciaste al orgulloso Julián por su apostasía de Dios.

Alégrate, pues alejaste su odioso complot contra Cristo.

Alégrate, pues lo heriste con tu lacrimosa oración como con una lanza.

Alégrate, pues anunciaste de antemano su pronta destrucción.

Alégrate, pues libraste al pueblo de Dios de la idolatría, igual que lo hiciera Moisés en la antigüedad.

Alégrate, pues desarraigaste la cizaña de la impiedad.

Alégrate, pues proveíste a los fieles abundantemente con el alimento de las divinas palabras.

Alégrate, pues regaste el corazón de los hombres con las corrientes de la gracia.

Alégrate, pues nos amonestaste a mantenernos firmes en los mandamientos de Cristo.

Alégrate, pues con tu forma de vida confirmaste la enseñanza de tu boca.

Alégrate, siervo bueno y fiel.

Alégrate, obrero diligente de la viña de Cristo.

Alégrate, oh Basilio, santo y gran jerarca, lámpara universal de la Ortodoxia.

Contaquio IV

Por el poder del Espíritu que permanecía en ti, oh santo de Dios, alejaste la tempestad de la ira del emperador Valente, que persistía en la herejía arriana, y diste la paz a la Santa Iglesia y en tus santas obras y fervientes súplicas a Dios le cantabas con regocijo: ¡Aleluya!

Ikos IV

Escuchando que tú, oh jerarca de Dios, te reafirmabas en la Verdad, y que todos los fieles escuchaban tu voz, el impío Valente deseó alejarte de la recta fe, y por esta causa te envió a ver a su gobernador, Modesto, y más tarde viniste a Cesarea. Pero tú, oh padre portador de Dios, permaneciste impasible tanto a la ira del emperador como a las amenazas de su temor general. Y glorificando así tu firme confesión, te clamamos:

Alégrate, invencible campeón de la recta fe.

Alégrate, pastor dispuesto a dar la vida por los fieles.

Alégrate, pues mostraste la firme confesión de Pedro.

Alégrate, pues manifestaste el celo de Elías por la gloria de la Santa Trinidad.

Alégrate, pues disipaste la ira del impío emperador con la divina magnificencia de tu sagrado servicio.

Alégrate, pues cerraste la boca de la herejía general con tus palabras divinamente sabias.

Alégrate, pues no te intimidaste por la amenaza del destierro y las torturas.

Alégrate, pues incluso deseaste recibir la muerte por Cristo.

Alégrate, pues sufriste persecución por la fe.

Alégrate, pues tras muchas tribulaciones entraste en el gozo del Señor.

Alégrate, pues sin temor proclamaste la Verdad de Cristo frente a los reyes y gobernantes.

Alégrate, pues por una firme confesión te mostraste como un fiel siervo del Rey del cielo.

Alégrate, oh Basilio, santo y gran jerarca, lámpara universal de la Ortodoxia.

Contaquio V

Te mostraste como una estrella divinamente guiada, oh Basilio, santo jerarca de Cristo, iluminando la noche oscura de las tribulaciones con los rayos radiantes de la misericordia, disipando la oscuridad de la desgracia y señalando el camino recto del reino del cielo a todos los que navegan por el tormentoso mar de la vida, para que, regocijándose, puedan cantar al Dios que salva: ¡Aleluya!

Ikos V

Los que te vieron como un padre solícito, oh santo jerarca de Dios, te ayudaron diligentemente en medio de los peligros y tristezas, y tú los trataste con misericordia, proveyéndoles en ti a un modelo de verdadera fe. Oh bondadoso padre, sé también para nosotros una ayuda veloz, pues estamos asediados por la tempestad de los pecados y las tribulaciones, mas te clamamos con amor:

Alégrate, faro de amor que brilla por Cristo.

Alégrate, pues imitaste la misericordia del Padre celestial.

Alégrate, rico tesoro de los que no tienen nada.

Alégrate, refugio seguro en medio de las necesidades.

Alégrate, pues alimentaste a los hambrientos, como lo hizo José en la antigüedad.

Alégrate, pues, en Cesarea encontraste muchos hogares para los desprovistos de hogar y los pobres.

Alégrate, pues, como el buen samaritano, vendaste las llagas de los leprosos con tus propias manos.

Alégrate, pues sanaste al enfermo Modesto, tu perseguidor, y lo salvaste de ser asesinado por el pueblo.

Alégrate, pues defendiste a la pobre viuda de la maldad del gobernador.

Alégrate, pues pediste a Dios el perdón de los pecados de una mujer pecadora.

Alégrate, padre de los huérfanos y consuelo de los que sufren.

Alégrate, pues devuelves a los que perecen en el pecado a su sentido y los estableces en la rectitud.

Alégrate, oh Basilio, santo y gran jerarca, lámpara universal de la Ortodoxia.

Contaquio VI

Te mostraste como un predicador de la Verdad de Cristo para todo el mundo, oh santo jerarca y padre Basilio, pues penetraste en los corazones pecadores con el poder lleno de gracia de tus palabras, como con una espada afilada, y los condujiste al arrepentimiento, para que todos pudieran cantar a la Santa Trinidad con un corazón puro: ¡Aleluya!

Ikos VI

Brillaste en el firmamento de la Iglesia, oh padre Basilio, como una gran y radiante luminaria iluminando todo el mundo con el entendimiento de la verdadera fe, y alejando la oscuridad de las pasiones pecaminosas, por lo que te pedimos que también nos libres a los que te clamamos así:

Alégrate, fiel siervo de la Santa Trinidad.

Alégrate, esclarecedor divinamente iluminado de los misterios de la fe.

Alégrate, pues proclamaste en alta voz que el Hijo es consustancial y que con el Espíritu igualmente es entronizado con el Padre.

Alégrate, pues hiciste clara a los fieles la verdad de la Luz pre-eterna que brillaba de la Luz pre-eterna.

Alégrate, pues confesaste al Señor y Salvador como Dios encarnado y Creador de todos los siglos.

Alégrate, pues diste a conocer el misterio de las dos naturalezas y una hipóstasis en Cristo Dios.

Alégrate, pues con el poder real de tus palabras ordenaste al rico abrir sus graneros.

Alégrate, pues por tu enseñanza alejaste a la multitud de las ganancias deshonestas.

Alégrate, pues como un rayo aniquilaste las almas destruyendo la embriaguez por tus palabras.

Alégrate, pues arrancaste de raíz la dureza de corazón y la envidia del corazón de los hombres.

Alégrate, celoso instructor de la templanza.

Alégrate, incansable predicador del arrepentimiento.

Alégrate, oh Basilio, santo y gran jerarca, lámpara universal de la Ortodoxia.

Contaquio VII

Deseando proteger a los fieles de las asambleas de los arrianos, oh Basilio, santo de Dios, adornaste toda la iglesia, y sabiamente estableciste el compungido rito de la Divina Liturgia. De tu boca salieron muchas oraciones de dulce fragancia. Y por eso te pedimos que intercedas por el perdón de nuestros pecados y nuestros corazones que se han dormido, para que glorifiquemos a la Santa Trinidad, clamando: ¡Aleluya!

Ikos VII

Los fieles vieron en ti a un nuevo Aarón, oh santo padre Basilio, cuando con divina majestad servías el Sacrificio sin sangre, resplandeciendo con los dones del Espíritu como con vestiduras recubiertas con piedras preciosas. Intercede ahora por la Iglesia en el altar de lo alto, y recuérdanos constantemente, pues te clamamos con compunción:

Alégrate, jerarca de Dios, que recibiste la gracia abundante del sacerdocio, como Aarón.

Alégrate, pues adquiriste confianza en la oración por el pueblo.

Alégrate, sabio celebrante de los misterios de Dios.

Alégrate, pues adornaste bien los ritos de la Iglesia.

Alégrate, pues aprendiste el oficio de la Liturgia de Cristo mismo, como lo hizo el apóstol Santiago.

Alégrate, hombre de oración iluminado por el Espíritu de Dios.

Alégrate, pues durante el oficio fuiste iluminado con la luz celestial, como la perciben algunos.

Alégrate, pues fuiste rodeado por los ángeles, como por hombres resplandecientes.

Alégrate, pues por tu primera oración nos preparamos para participar de los Misterios de Cristo.

Alégrate, pues con tus palabras en la tarde de Pentecostés, hacemos nuestras peticiones de rodillas.

Alégrate, gloria y adorno del trono jerárquico de Cesarea.

Alégrate, pues impartes de Dios la fuerza a los sacerdotes de toda la Iglesia en su ministerio.

Alégrate, oh Basilio, santo y jerarca, lámpara universal de la Ortodoxia.

Contaquio VIII

Una asombrosa y gloriosa visión fue revelada al venerable Efrén el Sirio sobre ti, oh santo jerarca Basilio, pues un día Dios te mostró a él como pilar de fuego elevándose hacia la altura del cielo, y más tarde, cuando viniste a Cesarea, este venerable te vio enseñando con una lengua de fuego, y con compunción clamó a Dios: ¡Aleluya!

Ikos VIII

Fuiste completamente cubierto de llamas con la luz celestial del amor seráfico, oh Basilio portador de Dios, pues tus palabras eran como relámpagos que quemaban las herejías, pero iluminaban las almas de los fieles con las llamas de la fe y el amor. Por eso, por tus súplicas, oh padre, concédenos que podamos tener una pequeña chispa de tu amor, para que clamemos así:

Alégrate, pilar de fuego que reduce las herejías a cenizas.

Alégrate, fuego ardiente de la verdadera fe y del amor sincero.

Alégrate, denunciador diestro de la falsedad de la herejía de Arrio.

Alégrate, ardiente celoso de la Verdad de Cristo.

Alégrate, pues avergonzaste al orgulloso Eunomio, que blasfemó contra el Hijo de Dios.

Alégrate, pues disputaste por la blasfemia de los macedonianos contra el Espíritu Santo.

Alégrate, pues redujiste a nada la vana creencia de Nestorio.

Alégrate, defensor ardiente del honor de la Santísima Theotokos.

Alégrate, maestro de la fe, que proclamaste palabras iluminadas.

Alégrate, olivo divinamente plantado, que produjo muchos santos para la Iglesia.

Alégrate, vid que portaba divinos y sabios campeones de la Ortodoxia.

Alégrate, oh Basilio, santo y gran jerarca, lámpara universal de la Ortodoxia.

Contaquio IX

Toda la asamblea de los herejes fue incapaz de resistir el poder de la gracia que permanecía en ti, oh santo padre, pues por el poder de tu oración arrebataste de las garras del enemigo a un joven que había caído bajo la autoridad del maligno, y lo devolviste como penitente a Cristo, cantando con acción de gracias a Dios nuestro Salvador: ¡Aleluya!

Ikos IX

Muchos herejes que fueron conquistados por tu divina retórica inspirada y que contemplaron el glorioso milagro realizado con el joven, se unieron a la Iglesia, oh santo jerarca Basilio. Intercede para que también nosotros podamos ser fieles y obedientes hijos, y podamos clamarte:

Alégrate, pues iluminaste todos los confines de la tierra con la doctrina celestial.

Alégrate, pues venciste los poderes oscuros del infierno con la gracia de Cristo.

Alégrate, pues liberaste al joven de las garras del maligno.

Alégrate, pues lo alimentaste con el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Alégrate, pues no dejaste perecer a ninguna alma redimida por la Sangre de Cristo.

Alégrate, pues rogaste a Cristo para que perdonara al joven que había caído en el pernicioso pecado.

Alégrate, pues asombraste al pueblo con tus gloriosos milagros.

Alégrate, pues por la conversión del perdido causaste el regocijo de los ángeles.

Alégrate, pues nos enseñaste a pedir la protección del Señor de los ángeles.

Alégrate, pues por tu súplica los ángeles guardianes se aprestan hacia nosotros.

Alégrate, pues concediste la liberación de los asaltos del enemigo.

Alégrate, rápido defensor en tiempo de tentaciones.

Alégrate, oh Basilio, santo y gran jerarca, lámpara universal de la Ortodoxia.

Contaquio X

Deseando salvar a sus criaturas dotadas de razón, el Creador te mostró como un firme defensor de los fieles, oh padre Basilio, y un conservador de Su Iglesia, para que por ti, la luz de la Ortodoxia pudiera ser revelada al mundo entero, y todos los fieles pudieran cantar en acción de gracias a la Santa Trinidad: ¡Aleluya!

Ikos X

Te mostraste como un baluarte de la Iglesia y una muralla de defensa firme para los fieles, oh Basilio, grande entre los jerarcas, cuando en tu ciudad de Nicea, las puertas de la Iglesia se abrieron por el poder de tu oración, y revelaste así la Verdad de la recta fe, y cerraste las bocas de los que blasfemaban contra el nombre de Cristo. Para los que ahora confesamos al Señor y salvador de una forma ortodoxa, abre las puertas de la misericordia de Dios por tu ayuda, oh padre, para que podamos clamarte:

Alégrate, ángel terrenal, conservador de la Iglesia de Cristo.

Alégrate, defensor de los fieles, elegido de antemano por Dios.

Alégrate, pues por tu oración abriste las puertas de la Iglesia, así como el antiguo Elías abrió los cielos.

Alégrate, pues devolviste a los fieles la santa iglesia que había sido confiscada por los herejes.

Alégrate, pues preservaste la Iglesia de Cristo intacta de falsas doctrinas.

Alégrate, pues magnificaste el gran nombre de Cristo en los cielos y sus maravillas en la tierra.

Alégrate, pues estableciste la Ortodoxia por todo el mundo.

Alégrate, pues por ti se alejó el orgullo de los indignos.

Alégrate, pues por ti fue exaltada la humildad de los fieles.

Alégrate, pues por ti fue glorificada la santa fe.

Alégrate, pues por ti se adornó maravillosamente la Iglesia de Cristo.

Alégrate, oh Basilio, santo y gran jerarca, lámpara universal de la Ortodoxia.

Contaquio XI

Es mas digno que se te ofrezcan himnos celestiales que terrenales, oh maravilloso Basilio, pues fuiste la revelación del cielo sobre la tierra, y trasladaste la mente de los fieles al cielo por tus sabias y divinas enseñanzas. Y ahora, míranos con misericordia desde el cielo, y concédenos la gracia sobreabundante de Cristo Dios, el Dador de la compasión, a quien tú y los ángeles del cielo cantan continuamente: ¡Aleluya!

Ikos XI

Oh faro radiante, fuiste completamente iluminado con muchos dones y virtudes de Dios, oh Basilio, santo de Dios. Ilumínanos también con ellos, y guíanos al reino celestial, pues te clamamos:

Alégrate, resplandor siempre reluciente y ornamento siempre dispuesto de la Iglesia de Cristo.

Alégrate, pues has concedido a los cristianos de todo tiempo la fortaleza en la recta fe.

Alégrate, pues perfeccionaste los talentos que Dios te confió.

Alégrate, pues recogiste de la sabiduría terrenal todo lo provechoso para la salvación.

Alégrate, pues impartiste la sanación milagrosa al hijo del emperador, para gloria de la recta fe.

Alégrate, pues percibiste la casta vida del sacerdote Anastasio y su mujer.

Alégrate, pues perdonaste mansamente a los que te ofendían.

Alégrate, pues por la humildad y la paciencia asombraste las ofensas hechas contra ti.

Alégrate, pues confirmaste para los monjes la regla de la vida perfecta.

Alégrate, pues reuniste a muchos monjes en los monasterios.

Alégrate, pues legaste reglas, cánones y doctrinas de salvación para herencia de la Iglesia.

Alégrate, pues en tus escritos divinamente sabios otorgaste un tesoro incalculable para la edificación de los cristianos.

Alégrate, oh Basilio, santo y gran jerarca, lámpara universal de la Ortodoxia.

Contaquio XII

Cristo Dios te concedió una gran gracia, oh santo padre y jerarca Basilio, para atraer no solo a los perdidos al arrepentimiento, sino para convertir a muchos infieles a Cristo, pues cuando ya estabas enfermo por los temores, y con la sabia mirada en tu bendito final, iluminaste con el santo bautismo a tu médico judío, a su mujer y a sus hijos, y con ellos cantaste himnos de acciones de gracia a la Santa Trinidad: ¡Aleluya!

Ikos XII

Todos los fieles te cantan grandes alabanzas, oh gran jerarca Basilio, pues obraste grandemente sobre la tierra, hasta el final de tu vida, y por la gloria de la justa fe, entraste en el Santo de los santos en el cielo, y como siervo fiel de Dios, te pusiste ante la Santa Trinidad, donde rezas continuamente por nosotros, tus hijos, oh padre bondadoso, para que podamos cantarte con fe y amor:

Alégrate, sacerdocio real, alabado Basilio.

Alégrate, morada adornada de la Santa Trinidad.

Alégrate, pues glorificaste al Rey del cielo con la obra de los milagros.

Alégrate, pues no abandonaste tu celo por la gloria de la fe incluso durante tu enfermedad fatal.

Alégrate, pues pediste a Dios que prolongara tu vida milagrosamente por el bien de la conversión del que no creía.

Alégrate, pues, levantándote de tu lecho mortal, iluminaste con tus propias manos el santo bautismo.

Alégrate, pues venciste el poder de la herejía por tus esfuerzos y sabiduría.

Alégrate, pues pediste la victoria sobre los enemigos para los justos reyes creyentes.

Alégrate, pues en tus obras participaste en el camino de los apóstoles.

Alégrate, pues con los santos jerarcas Gregorio el Teólogo y Juan Crisóstomo fuiste glorificado con igual honor, según tu mandato.

Alégrate, pues brillaste por la incorrupción de tus reliquias y fuiste coronado con la gloria en el cielo.

Alégrate, gran y ferviente ayuda concedida por Dios.

Alégrate, oh Basilio, santo y gran jerarca, lámpara universal de la Ortodoxia.

Contaquio XIII

(Este contaquio se repite tres veces)

Oh Basilio, santo y gran jerarca de Cristo, faro de la Ortodoxia y baluarte de los fieles. Mira desde el cielo estas alabanzas que te ofrecemos, y por tus súplicas protégenos contra las desgracias y pasiones, presérvanos en la recta fe, y concédenos el reino de los cielos, para que contigo y todos los santos, podamos cantar por siempre a la Santa Trinidad: ¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!

Oh Basilio, santo y gran jerarca de Cristo, faro de la Ortodoxia y baluarte de los fieles. Mira desde el cielo estas alabanzas que te ofrecemos, y por tus súplicas protégenos contra las desgracias y pasiones, presérvanos en la recta fe, y concédenos el reino de los cielos, para que contigo y todos los santos, podamos cantar por siempre a la Santa Trinidad: ¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!

Oh Basilio, santo y gran jerarca de Cristo, faro de la Ortodoxia y baluarte de los fieles. Mira desde el cielo estas alabanzas que te ofrecemos, y por tus súplicas protégenos contra las desgracias y pasiones, presérvanos en la recta fe, y concédenos el reino de los cielos, para que contigo y todos los santos, podamos cantar por siempre a la Santa Trinidad: ¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!

 

(Se repite el contaquio I y el ikos I)                                                                    Contaquio I.

Oh ministro elegido del Rey del cielo y gran jerarca de la Iglesia de Cristo, que brillaste en todo el mundo por la confesión de la recta fe y poseíste audacia ante la Santa Trinidad. Protégenos de todas las desgracias, pues te clamamos con compunción: ¡Alégrate, oh Basilio, santo y gran jerarca, lámpara universal de la Ortodoxia!

                                                                                                                                                              

Ikos I.

El Creador de los ángeles, que te eligió desde el principio para ser una gran luminaria de su Iglesia, oh bendito padre Basilio, te reveló como un ángel en tu forma de vivir, pues habiendo luchado en el desierto con las hazañas del ascetismo y la gran contemplación de Dios, te apresuraste a las alturas de la virtud. Por lo cual, oh tú que adquiriste la gloria en el cielo, acepta de nosotros, los humildes que se atreven a alabarte, estos himnos de veneración:

Alégrate, oh Basilio, homónimo de realeza.

Alégrate, gran jerarca de Cristo.

Alégrate, pilar inquebrantable de la Iglesia.

Alégrate, honorable vástago de una santa familia.

Alégrate, pues desde tu juventud serviste al Rey del cielo con toda diligencia.

Alégrate, pues con la sabiduría terrenal, e incluso con la celestial, enriqueciste tu mente.

Alégrate, pues con tu amigo Gregorio el Teólogo sobresaliste en filosofía.

Alégrate, pues con sabias palabras convertiste a Euplo, tu maestro, a Cristo.

Alégrate, preservador maravilloso de pureza y castidad.

Alégrate, guía fiel a la salvación.

Alégrate, pues refutaste las herejías que destruyen el alma.

Alégrate, maestro divinamente inspirado del mundo entero.

Alégrate, oh Basilio, santo y gran jerarca, lámpara universal de la Ortodoxia.

 



Oraciones al santo jerarca Basilio
Primera oración

Oh bendito padre Basilio, grande entre los jerarcas, sabio y divino maestro del mundo entero. Grandes fueron las luchas y trabajos que hiciste para gloria de la Santa Iglesia. Fuiste un firme confesor y faro de la fe de Cristo sobre la tierra, que iluminaste a los fieles con la luz del conocimiento de Dios, eliminando las falsas herejías, y anunciaste la verdad de la salvación a todo el mundo. Ahora, oh tú que tienes gran perspicacia ante la Santa Trinidad en los cielos, ayúdanos, pues nos postramos ante ti con humildad, y preserva la santa fe ortodoxa firme y sin cambio hasta el fin de nuestra vida, y líbranos de tener poca fe, de las dudas y las vacilaciones, para que no seamos engañados por las palabras de las enseñanzas que destruyen el alma y se oponen a Dios. Por tu intercesión, ilumínanos con el espíritu del santo celo con el que ardías, oh glorioso pastor de la Iglesia de Cristo, y a los que Cristo ha ordenado ser pastores, para que con diligencia podamos iluminar y confirmar en la recta fe al rebaño de Cristo dotado de razón. Oh piadoso y santo jerarca, implora al Padre de las luces, para que conceda a cada uno los dones que les sean provechosos: a los niños, un buen crecimiento en el temor de Dios; a los jóvenes, la castidad; a los ancianos y los enfermos, la fortaleza; a los tristes, el consuelo; a los enfermos, la curación; a los que están en el error, entendimiento y corrección; y para nuestros padres y hermanos que han partido de esta vida transitoria, el reposo digno. Sí, oh santo de Dios, míranos con misericordia desde las mansiones del cielo, a nosotros, humildes, que somos asediados por las tentaciones y peligros, y conduce de la tierra a la altura del cielo a los que han cerrado sus ojos. Concédenos, oh bondadoso padre, tu santa y pastoral bendición, para que, protegidos así, podamos, en esta nueva era, y durante el tiempo de nuestra vida, vivir en paz, arrepentimiento y obediencia a la Santa Iglesia Ortodoxa, cumpliendo diligentemente los mandamientos de Cristo, y luchando la buena batalla de la fe, para que podamos obtener el reino del cielo, donde seamos dignos de alabar y glorificar a la santa, consubstancial e indivisible Trinidad, contigo y todos los santos, por los siglos de los siglos. Amén.


Segunda oración
Oh gran y santo jerarca, padre Basilio, glorioso maestro de la Iglesia universal, diligente campeón de la Santísima Trinidad, confesor elegido de la Theotokos y de su inmaculada virginidad, santo modelo de pureza, humildad y paciencia. Mírame, pues soy un gran pecador e indigno de mirar hacia la altura del cielo. Te suplico humildemente, oh sabio maestro de la Iglesia de Cristo, que me enseñes a llevar una vida sin temor, para que nunca pueda extraviarme o ser alejado del camino de los mandamientos de Dios; por tu poderosa intercesión presérvame y líbrame de las tentaciones del mundo y de las asechanzas del maligno, así como libraste al joven que había apostatado de nuestro dulcísimo Salvador, y de caer bajo el poder del maligno. Concédeme fortaleza en el alma para ser un diligente imitador de tus exaltadas virtudes; hazme firme e inamovible en la recta fe; fortaléceme, pues carezco de paciencia y confianza en el Señor; haz que mi corazón sea ferviente en el amor de Cristo, para que pueda desear lo bueno del cielo, más que cualquier otra cosa, y deleitarme en él; y suplica al Señor que me conceda contrición por mis pecados, para que pueda pasar el resto de mi vida en paz, arrepentimiento y cumpliendo los mandamientos de Cristo. Y cuando el tiempo de mi fin se acerque, oh bondadoso padre, tú, con la Santísima Theotokos, apresúrate en mi ayuda, defiéndeme de los asaltos del malicioso enemigo y concédeme que pueda ser un heredero de las mansiones del paraíso, para que contigo y todos los santos pueda estar ante el trono de la inaccesible majestad de Dios y glorificar y alabar a la vivificadora, consubstancial e indivisible Trinidad, siempre, durante el tiempo sin fin. Amén.


Tercera oración
Oh glorioso, gran y santo jerarca de Cristo, maestro divinamente inspirado de toda la Iglesia universal, firme confesor y campeón de la Ortodoxia, bendito padre Basilio. Míranos desde la altura del cielo, pues humildemente nos postramos ante ti, y suplica al Señor Todopoderoso, del que fuiste un fiel sirviente en la tierra, para que nos conceda permanecer firmemente en la fe sin cambio, en la obediencia a la Santa Iglesia, la corrección para nuestra vida, la pronta ayuda en nuestras necesidades, tristezas y tentaciones, y la paciencia y fortaleza. Concédenos tu santa bendición, para que protegidos por ella, podamos vivir nuevos tiempos, y todos nuestros días, de una forma complaciente a Dios, en paz y arrepentimiento, y en el reino del cielo podamos ser dignos de alabar y glorificar a la vivificante Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, contigo y todos los santos, por los siglos de los siglos. Amén

                                       Catecismo Ortodoxo 

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