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Monday, December 26, 2016

Akathisto a San Alexander Nevsky



Bendito sea nuestro Dios ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

Si no hay Sacerdote: Por las oraciones de nuestros Santos Padres, oh Señor Jesucristo, Dios Nuestro, Ten piedad de nosotros. Amén.


Gloria a Ti, Dios Nuestro, Gloria a Ti.

Rey del Cielo, Consolador, Espíritu de la Verdad, que estás en todo lugar, y que todo lo llenas, Tesoro de bienes y Dador de la Vida, ven y haz de nosotros tu morada, purifícanos de toda mancha, y salva, Tú que eres bueno, nuestras almas.

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros

Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros. Señor, purifícanos de nuestros pecados. Maestro, perdona nuestras transgresiones. Santo, visítanos y cura nuestras dolencias, por tu nombre.

Señor, ten piedad, Señor, ten piedad, Señor, ten piedad

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,
ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.


Padre nuestro que estas en los cielos, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu Majestad, hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo; el pan sobreesencial dánosle hoy, perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos introduzcas en la tentación, mas líbranos del maligno.

Porque tuyo es el reino y el poder y la gloria, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.


Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,
ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.


Salmo 50

Ten piedad de mí, oh Dios según Tu gran piedad
y según la multitud de Tus misericordias borra mi iniquidad.
Acaba de lavarme de mi injusticia y purifícame de mi pecado.
Porque conozco mi injusticia y mi pecado está siempre ante mí.
Contra Ti solo he pecado y lo malo he hecho ante Ti,
para que seas justificado en Tus palabras
y venzas cuando se Te juzgue.
Pues he aquí, fui concebido en iniquidades
y en pecados me apeteció mi madre.

Pues he aquí, amaste la verdad,
lo desconocido y oculto de Tu sabiduría me manifestaste.
Me rociarás con hisopo y seré purificado,
me lavarás y más que nieve blanquearé.

Me enseñarás alborozo y alegría
y mis huesos humillados se alborozarán.
Aparta Tu faz de mis pecados y borra todas mis iniquidades.

Crea en mí un corazón puro, oh Dios
y un espíritu recto renueva en mis entrañas.
No me arrojes de Tu faz y Tu Espíritu Santo no me quites.

Devuélveme el alborozo de Tu salvación
y afiánzame con Tu Espíritu príncipe.
Enseñaré a los inicuos Tus sendas
y los impíos se convertirán a Ti.

Líbrame de sangres, oh Dios, Dios de mi salvación
y exultará mi lengua en Tu justicia.
Oh Señor, abrirás mis labios y mi boca anunciará Tu alabanza.

Porque si hubieras querido sacrificio Te lo daría.
En holocaustos no Te complacerás.
El sacrificio a Dios es un espíritu contrito,
un corazón contrito y humillado, Dios no despreciará.

Haz bien, Señor, en Tu beneplácito a Sión
y edifíquense los muros de Jerusalén.
Entonces Te complacerás en sacrificio de justicia,
oblación y holocaustos,
entonces ofrecerán becerros sobre Tu altar.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,
ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.


Salmo 142

Señor, escucha mi oración, presta oído a mi súplica según tu fidelidad; óyeme por tu justicia, y no entres en juicio con tu siervo, porque ningún viviente es justo delante de Ti. El enemigo persigue mi alma, ha postrado en tierra mi vida; me ha encerrado en las tinieblas, como los ya difuntos. El espíritu ha desfallecido en mí, y mi corazón está helado en mi pecho. Me acuerdo de los días antiguos, medito en todas tus obras, contemplo las hazañas de tus manos, y extiendo hacia Ti las mías; como tierra falta de agua, mi alma tiene sed de Ti. Escúchame pronto, Señor, porque mi espíritu languidece. No quieras esconder de mí tu rostro: sería yo como los que bajaron a la tumba. Hazme sentir al punto tu misericordia, pues en Ti coloco mi confianza. Muéstrame el camino que debo seguir, ya que hacia Ti levanto mi alma. Líbrame de mis enemigos, Señor; a Ti me entrego. Enséñame a hacer tu voluntad, porque Tú eres mi Dios. Tu Espíritu es bueno; guíame, pues, por camino llano. Por tu Nombre, Señor, guarda mi vida; por tu clemencia saca mi alma de la angustia. Y por tu gracia acaba con mis enemigos, y disipa a cuantos atribulan mi alma, porque soy siervo tuyo.


Akathisto a San Alexander Nevsky.

kontaquio I.

Dedicando himnos de alabanza al santo y recto creyente, el gran príncipe Alexander Nevsky, el capitán elegido de la tierra rusa, el espléndido adorno de la Iglesia Ortodoxa, que por la fe venció a los enemigos visibles e invisibles, y que en su fe mostró amor fraternal y afección, y, que como dijo el apóstol, a su fe añadió virtud, a la virtud, conocimiento, al conocimiento, templanza, y a la templanza, piedad, clamémosle con compunción y júbilo:

¡Alégrate, oh santo y recto creyente Gran Príncipe Alexander!

Ikos I

Ahora estás con los ángeles y todos los santos ante Cristo, oh bendito Alexander, suplicando por los que te honran con amor. Por eso, conscientes de que, habiendo amado a Cristo desde tu infancia, te afanaste en espíritu hacia el cielo, emulando la vida de los incorpóreos, te bendecimos, clamando:

Alégrate, vástago de una piadosa raíz.

Alégrate, heredero de la excelente fe de tus antepasados.

Alégrate, emulador de las virtudes de tu padre, amante de Dios.

Alégrate, heredero de la devoción y la mansedumbre de tu madre.

Alégrate, tú que guías hacia el cielo al rebaño amante de Cristo.

Alégrate, amigo de todos los siervos de Dios en esta vida y conversador con los amantes de la piedad.

Alégrate, miembro del divino coro radiante de los venerables.

Alégrate, invencible confesor de la fe de Cristo.

Alégrate, mártir voluntario, que ahora estás unido al coro de la justa y victoriosa compañía de los mártires.

Alégrate, proclamador virginal de la esperanza y el amor cristiano para todos nosotros.

Alégrate, amante del magnífico mandato de la Iglesia.

Alégrate, coheredero con los fieles hijos de la Iglesia y los elegidos de Dios.

¡Alégrate, oh santo y recto creyente Gran Príncipe Alexander!


Kontaquio II

Contemplando la hermosura de tu rostro y tu estatura corporal, el pueblo de Novgorod se alegró y glorificó a Dios, y conscientes de tus virtudes, que son más resplandecientes que el sol, oh bienaventurado Alexander, cantamos al Señor, que te ha glorificado: ¡Aleluya!.

Ikos II

Oh divinamente sabio Alexander, tú comprendiste que la vida de este mundo es pasajera, y que sólo es necesaria una cosa para los hombres: complacer a Dios. Por eso, desde tu infancia, te alejaste del amor del mundo y de las cosas terrenales y, deseando adquirir en esta vida las cosas celestiales, te apresuraste a servir al Señor como un siervo fiel durante toda tu vida. Por eso, te clamamos:

Alégrate, oh luchador por la fe, que preferiste complacer a Dios sobre todas las cosas.

Alégrate, tú, que como Abraham, viviste toda tu vida de forma irreprochable ante Dios.

Alégrate, tú, que mostraste la obediencia de Isaac.

Alégrate, tú, que anduviste por el camino de la humildad de espíritu de Jacob.

Alégrate, tú que adquiriste la pureza y la castidad de José.

Alégrate, tú que mostraste el amor de Moisés por tu propio pueblo.

Alégrate, tú que, como Samuel, te preservaste sin mancha de avaricia.

Alégrate, tú que venciste a tus enemigos con la mansedumbre de David.

Alégrate, tú que emulaste la fe ardiente de Pedro.

Alégrate, tú que con Pablo, te esclavizaste bajo el yugo de Cristo.

Alégrate, tú que, por tu esfuerzo constante del estudio de la Palabra de Dios, acumulaste el divino conocimiento de Juan.

Alégrate, tú que reuniste en ti las virtudes de muchos santos.

¡Alégrate, oh santo y recto creyente Gran Príncipe Alexander!

Kontaquio III

Por el poder de la Fe, adquiriste una filosofía elevada, oh bendito Alexander, por lo cual, desdeñando la carne, cuidaste de tu alma inmortal. Así, bendiciéndote por ser uno de los que han adquirido la inmortalidad, clamamos a Cristo, que te ha glorificado: ¡Aleluya!

Ikos III

Teniendo siempre al Señor ante tus ojos, viviste sobriamente, oh bienaventurado Alexander, y realizando todo lo que hiciste para gloria de Dios, complaciste a Dios, ante quien estás ahora junto a los coros de aquellos que le complacieron desde antaño. Por eso, alegrándonos en ti, te clamamos:

Alégrate, luchador por la verdadera sobriedad.

Alégrate, amante de la contemplación salvadora.

Alégrate, nuestro guía en el esfuerzo por alejarnos del mundo.

Alégrate, adquisidor del perfecto don de la atención vigilante en ti.

Alégrate, firme oponente ante todo deseo irracional.

Alégrate, buen atleta de la piedad, que sobresaliste en discernimiento y labor.

Alégrate, pues por el poder de la oración venciste a las tentaciones del maligno.

Alégrate, pues te protegiste del pecado reflexionando sobre las cosas postreras.

Alégrate, pues con toda tu alma deseaste habitar en las moradas celestiales.

Alégrate, pues sobresaliste por tu deseo de permanecer en oración ante Dios.

Alégrate, pues santificaste tu vida con la invocación continua del nombre de Dios.

Alégrate, pues complaciste al Señor en todo.

¡Alégrate, oh santo y recto creyente Gran Príncipe Alexander!

Kontaquio IV

El enemigo levantó una tormenta de tentaciones contra ti, oh bienaventurado Alexander, pero las venciste con el poder de la gracia de Cristo. Por eso, habiendo llegado al refugio tranquilo, con los coros de los que fueron probados en el mundo, y habiendo vencido al mundo, clamaste a Cristo: ¡Aleluya!

Ikos IV

Habiendo escuchado a Pablo, que dijo: “Todo el que entra en la liza se modera en todo” (1ª Corintios 9:25), lo consideraste todo como podredumbre, oh bendito Alexander, para poder obtener a Cristo. Y por las luchas de tu propia abnegación y compromiso por las buenas obras, adquiriste la libertad de la gloria de los hijos de Dios. Por eso, bendiciéndote, te clamamos:


Alégrate, pues te has mostrado como un ejemplo de abnegación.

Alégrate, pues nos has enseñado a llevar la Cruz siguiendo a Cristo.

Alégrate, pues pisoteaste la carne y sus pasiones y las lujurias bajo tus pies.

Alégrate, pues por tu vida denunciaste la vanidad del mundo.

Alégrate, pues alejaste de ti todo apego mundano apasionado.

Alégrate, pues hiciste de tu razón esclava de tu fe.

Alégrate, pues por tu voluntad tomaste el yugo ligero de los mandamientos de Cristo.

Alégrate, pues guardaste tu corazón puro de toda pasión espiritual perniciosa.

Alégrate, pues te sometiste a Dios más perfectamente.

Alégrate, pues serviste a Dios durante toda tu vida.

Alégrate, pues, guardando los mandamientos, obtuviste para ti el amor de Dios.

Alégrate, pues recibiste la herencia del reino complaciendo a Dios.

¡Alégrate, oh santo y recto creyente Gran Príncipe Alexander!


Kontaquio V

Pasaste por el mundo como una estrella divinamente guiada, oh bienaventurado Alexander, resplandeciendo con gloria y virtud. Por eso, con los coros de los justos, resplandeces ahora en el cielo con gloria, y con ellos, cantas por siempre a Cristo: ¡Aleluya!.

Ikos V

Viendo que nunca fuiste vencido en la batalla, sino que siempre salías victorioso, oh bendito Alexander, los infieles se atemorizaban al escuchar tu nombre, y recordando tu valor, que estaba lleno de fe, te bendecimos, diciendo:

Alégrate, valiente campeón de la defensa de la Fe y de la Iglesia.

Alégrate, bravo defensor de tu patria.

Alégrate, sabio ahuyentador de los asaltos del enemigo.

Alégrate, poderoso guardián de la paz para los indefensos.

Alégrate, glorioso conquistador del ejército sueco en las orillas del Neva.

Alégrate, preservador de la seguridad de todas las tierras de Rusia.

Alégrate, destructor de las malignas maquinaciones de los infieles extranjeros que luchan contra nuestra patria.

Alégrate, establecedor divinamente fortalecido de las leyes de la justicia.

Alégrate, libertador de Pskov, la ciudad natal de Santa Olga.

Alégrate, pacificador de los que odian la paz.

Alégrate, subyugador de los insensatos disturbios de los lituanos, en aquellos días.

Alégrate, sabio líder de tus ejércitos, amantes de Cristo, en todas tus batallas.

¡Alégrate, oh santo y recto creyente Gran Príncipe Alexander!

Kontaquio VI

Te mostraste como un predicador de la mansedumbre y la tolerancia tras tus gloriosas victorias, oh bienaventurado Alexander. Y por eso, has obtenido la doble corona de Cristo el Rey, ante quien estás ahora, clamando: ¡Aleluya!

Ikos VI

Fuiste espléndido más allá de toda valentía en la paciencia que adquiriste, oh bendito Alexander, esperando en Jesús Cristo, el Autor y Perfeccionador de la Fe, que en lugar de gozo, padeció la Cruz. Por eso, alabándote, te clamamos con solemnidad:

Alégrate, pues perseveraste en las luchas por servir a Dios hasta el fin.

Alégrate, pues emulaste fielmente la paciencia de Cristo.

Alégrate, pues sabiamente entendiste el poder de los mandamientos de Cristo para amar a los enemigos.

Alégrate, pues mostraste verdadero amor por aquellos que pecaron contra ti y con los que liberaste.

Alégrate, pues reconociste claramente los ardides del maligno en las pruebas impuestas en ti y en tu propio pueblo.

Alégrate, pues pisoteaste la maldad de enemigo bajo tus pies partiendo pacíficamente de tu propia tierra.

Alégrate, pues percibiste las maquinaciones del maligno durante toda tu vida.

Alégrate, pues venciste todo mal con el bien, siguiendo las palabras de los apóstoles.

Alégrate, pues en el momento en que Novgorod necesitó tu ayuda, fuiste de nuevo capaz de ayudar a esta cuidad, aunque te maltrató.

Alégrate, pues de este modo obtuviste el amor ardiente de tu pueblo.

Alégrate, pues sobrellevaste confiadamente las visitaciones de Dios: la enfermedad y la privación.

Alégrate, pues obtuviste del Señor una espléndida corona.

¡Alégrate, oh santo y recto creyente Gran Príncipe Alexander!


Kontaquio VII

Deseando hacer resplandecer en ti todas las virtudes, oh bienaventurado Alexander, Cristo el Maestro te llamó a servir a Su pueblo en un tiempo de prueba, y tú tuviste humildad y paciencia, por lo cual, has sido exaltado, y ahora estás ante Dios cantando el himno: ¡Aleluya!

Ikos VII

Maravilloso fue contemplar cómo el invencible capitán rendía homenaje humildemente a los incrédulos a los que el Señor había enviado contra Su pueblo a causa de sus pecados, y también es maravilloso recordar tu invencible humildad, oh bendito Alexander, con la que complaciste al Señor y salvaste a tu pueblo. Por eso, te cantamos con acciones de gracias:

Alégrate, imitador de la humildad del Señor.

Alégrate, maestro del respeto debido a las autoridades establecidas por Dios.

Alégrate, enemigo de toda vanagloria.

Alégrate, trabajador incansable por la verdadera obediencia.

Alégrate, modelo de verdadero servicio a Dios para todos.

Alégrate, instructor de los gobernantes para un liderazgo sobre el pueblo, complaciente a Dios.

Alégrate, guía de los sometidos a obediencia a las autoridades debidamente establecidas, que son dispuestas por Dios.

Alégrate, pues hiciste repetidos viajes hacia los impíos por el bien de tu pueblo, contando como nada las humillaciones a las que te sometían.

Alégrate, pues clamando a Dios, no tuviste temor de ir ante Batu y cumplir sus mandatos.

Alégrate, pues repetidas veces aceptaste temibles responsabilidades por las rebeliones irreflexivas de tu pueblo.

Alégrate, pues protegiste a tu pueblo de las dañinas relaciones espirituales con los infieles.

Alégrate, pues salvaguardaste sabiamente en tu tierra los espléndidos hechos y tradiciones de tus padres.

¡Alégrate, oh santo y recto creyente Gran Príncipe Alexander!

Kontaquio VIII

Viviste toda tu vida en la tierra como un extranjero, oh bienaventurado Alexander, sin conocer descanso en tus trabajos y sin tener cuidad permanente, sino buscando la que es futura. Por eso, oh bendito, ahora has hecho tu morada en las mansiones eternas, cantando continuamente a Dios: ¡Aleluya!

Ikos VIII

Habiendo servido al Señor con toda tu alma, y habiéndolo complacido durante toda tu vida, conseguiste glorificarlo en la piedad. Por eso, te mostraste como un confesor de la Fe de Cristo. Por tanto, recordando tu hazaña de confesión, oh bendito Alexander, te clamamos:

Alégrate, pues no tuviste temor de la maldad de los infieles.

Alégrate, pues no adoraste a las cosas creadas, sino al Creador.

Alégrate, pues no te inclinaste ante el sol y el fuego en el campo de los impíos.

Alégrate, pues guardaste tu Fe en medio de la tentación.

Alégrate, pues no obedeciste el mandato impío.

Alégrate, pues te mostraste como un firme predicador de la Fe ante los incrédulos.

Alégrate, pues regresaste a tu tierra con la doble corona de gloria tras tu confesión.

Alégrate, pues toda tu vida permaneciste fiel a la Fe de tus padres.

Alégrate, pues evitaste sabiamente el engaño de la religión falsa.

Alégrate, pues denunciaste abiertamente la maldad de los predicadores de la falsa enseñanza.

Alégrate, pues se mostraste como un firme defensor de la Ortodoxia.

Alégrate, pues con un discurso sensato triunfaste sobre la falsa elocuencia de los enemigos de la Ortodoxia.

¡Alégrate, oh santo y recto creyente Gran Príncipe Alexander!
Kontaquio IX

Sometiéndote completamente a Dios, Le serviste como un siervo fiel y bueno, oh bienaventurado Alexander, trabajando por tu tierra más que ninguno de los príncipes. Por eso, se te ha concedido entrar en el gozo de tu Señor, ante quien estás ahora, cantando con los ángeles: ¡Aleluya!

Ikos IX

Ni la lengua más elocuente podría alabar las obras que realizaste, sacrificando tu alma por tus hermanos, oh bendito Alexander. Por eso, recordando humildemente tus pruebas, te ofrecemos estos himnos con devoción, diciendo:

Alégrate, sincero amante de la amistad fraterna.

Alégrate, imitador del amor fraternal de Moisés y Pablo.

Alégrate, fiel guardián de los mandamientos del amor de Cristo.

Alégrate, maravilloso instructor del amor por el prójimo.

Alégrate, pues por tu ejemplo te mostraste como pacificador de tus hermanos, que habían llegado a luchar por su herencia.

Alégrate, pues durante toda tu vida mostraste un cuidado diligente por el bien de tu pueblo.

Alégrate, obrador de la paz universal en tus días.

Alégrate, unificador de tu nación, que había sido destruida por el temor de las invasiones tártaras.

Alégrate, verdadero defensor de los indefensos.

Alégrate, alimentador de los pobres hambrientos.

Alégrate, poderoso protector de los huérfanos.

Alégrate, poderoso intercesor ante el Señor, por aquellos que son perturbados y están en necesidad.

¡Alégrate, oh santo y recto creyente Gran Príncipe Alexander!

Kontaquio X

Deseando salvar tu alma, y sabiendo que no es posible para aquel que no tiene amor por Dios el recibir la salvación, sin importar cuales sean sus luchas y virtudes, adquiriste la corona de las virtudes, que es el amor a Dios, ante quien estás ahora, cantando con júbilo: ¡Aleluya!

Ikos X

Amando al Rey del cielo con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente, oh bendito Alexander, tras múltiples sacrificios hechos con fe y celo, te ofreciste a Él como sacrificio vivo, santo y complaciente a Dios. Por eso, bendiciéndote, te clamamos:

Alégrate, pues durante tu vida serviste la Señor con obras complacientes.

Alégrate, pues coronaste tu vida con los votos del monaquismo.

Alégrate, pues restauraste muchos templos de Dios, que habían sido destruidos por los incrédulos.

Alégrate, pues estableciste santos monasterios, para que pudiera florecer el ascetismo.

Alégrate, pues desde tu infancia amaste a los que luchaban en la piedad por Dios.

Alégrate, pues con un alma pura elegiste de antemano el hábito angélico.

Alégrate, pues hasta el final de tu vida te dedicaste completamente a Dios.

Alégrate, pues te comprometiste más perfectamente con Dios recibiendo el esquema monástico y el nombre de Alexis.

Alégrate, pues por el voto de castidad mostraste la pureza de tu corazón.

Alégrate, pues por el voto de pobreza mostraste la gran estatura de tu espíritu.

Alégrate, pues por el voto de obediencia confirmaste todo tu servicio al Único Dios.

Alégrate, pues a cambio de la corona de príncipe sabio y bueno recibiste la recompensa de un monje.

¡Alégrate, oh santo y recto creyente Gran Príncipe Alexander!

Kontaquio XI


En tu sepultura se elevaron himnos fúnebres con lágrimas, oh bienaventurado Alexander; tu pueblo lloró por ti, el sol de la tierra rusa, que fue establecido al mediodía, y susurraron su devoto himno de lamento a Dios, cantando: ¡Aleluya!

Ikos XI

La luz de la gloria del cielo pronto te iluminó, oh bendito Alexander, consolando al pueblo que lloraba. Por eso, viendo signos y maravillas en tu tumba, los hijos de Rusia te invocaron apropiadamente en oración como intercesor. Y conscientes de tu pronta ayuda, te clamamos:

Alégrate, oh elegido de Dios, que en tu propio entierro fuiste glorificado por Dios.

Alégrate, nuestro pronto intercesor, a quien nuestros padres invocaron en tiempo de aflicción y necesidad.

Alégrate, pues ayudaste al príncipe Demetrio Donskoi en combate contra los tártaros.

Alégrate, pues ayudaste al Zar Juan a conquistar el pueblo de Kazan.

Alégrate, pues concedes muchas y diversas curaciones a todos.

Alégrate, pues por tu súplica devuelves la vista a los ciegos.

Alégrate, que concedes andar a los cojos que se postran ante tu tumba.

Alégrate, pues sanas la enfermedad de los paralíticos.

Alégrate, pues concedes la liberación de los demonios a los que están poseídos.

Alégrate, pues con esperanza de salvación das valor a los desesperados.

Alégrate, pues restauras la salud a los que han perdido sus sentidos.

Alégrate, pues siempre haces surgir multitud de milagros de tu tumba.

¡Alégrate, oh santo y recto creyente Gran Príncipe Alexander!

Kontaquio XII

Reconociendo la gracia que reside en tus reliquias incorruptas, el pueblo de Vladimir venía a tu bendito santuario con amor, y venerándolas con júbilo, pues por ti glorificaban a Dios que es glorificado en Sus santos, Le clamaban con compunción: ¡Aleluya!

Ikos XII


Ensalzando tus virtudes y milagros, nuestros padres recibieron y acompañaron tu santo cuerpo cuando, según el deseo de corazón del emperador Pedro I, tus santas reliquias fueron trasladadas a un nuevo lugar de consagración en la capital imperial de San Petersburgo, y regocijándonos ahora tu gloria celestial y en la continuidad de tus reliquias incorruptas en esta cuidad, clamamos con ellos:

Alégrate, oh ruso José que fuiste trasladado a un nuevo lugar de descanso.

Alégrate, protector de todos los confines de la tierra rusa.

Alégrate, pronta seguridad de San Petersburgo.

Alégrate, defensor celestial de esta cuidad.

Alégrate, ornamento inestimable de la capital del norte.

Alégrate, gloria y seguridad del monasterio que lleva tu nombre.

Alégrate, pues por tus súplicas concedes la ayuda divina a todos los cristianos ortodoxos.

Alégrate, maestro divinamente sabio de todos los que residen en esta cuidad.

Alégrate, pues, como monje, instruyes a los monjes por el ejemplo de tu vida.

Alégrate, guía de los fieles hacia las virtudes, en las que trabajaste en el mundo.

Alégrate, pues por tu incorrupción concedes la esperanza de la resurrección a todos.

Alégrate, campeón, guardián y libertador nuestro, en medio de los peligros y las tribulaciones.

¡Alégrate, oh santo y recto creyente Gran Príncipe Alexander!

Kontaquio XIII. (3 veces)

Oh santo y recto creyente Gran Príncipe Alexander, acepta nuestro reverente y ferviente himno de alabanza, aunque sea indigno de ti, como ferviente ofrecimiento de los corazones de los que te aman y bendicen tu santa memoria. Presérvanos por tus súplicas; protege por tu mediación a todos los cristianos ortodoxos y a todo el pueblo de la tierra rusa, para que, habiendo vivido una vida pacífica y en paz en esta era, podamos heredar la bendición eterna, y contigo y todos los santos, podamos ser contados y hechos dignos de cantar a Dios: ¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!

Oh santo y recto creyente Gran Príncipe Alexander, acepta nuestro reverente y ferviente himno de alabanza, aunque sea indigno de ti, como ferviente ofrecimiento de los corazones de los que te aman y bendicen tu santa memoria. Presérvanos por tus súplicas; protege por tu mediación a todos los cristianos ortodoxos y a todo el pueblo de la tierra rusa, para que, habiendo vivido una vida pacífica y en paz en esta era, podamos heredar la bendición eterna, y contigo y todos los santos, podamos ser contados y hechos dignos de cantar a Dios: ¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!

Oh santo y recto creyente Gran Príncipe Alexander, acepta nuestro reverente y ferviente himno de alabanza, aunque sea indigno de ti, como ferviente ofrecimiento de los corazones de los que te aman y bendicen tu santa memoria. Presérvanos por tus súplicas; protege por tu mediación a todos los cristianos ortodoxos y a todo el pueblo de la tierra rusa, para que, habiendo vivido una vida pacífica y en paz en esta era, podamos heredar la bendición eterna, y contigo y todos los santos, podamos ser contados y hechos dignos de cantar a Dios: ¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!

(Se Repite el ikos y el Kontaquio I)

Ikos I

Ahora estás con los ángeles y todos los santos ante Cristo, oh bendito Alexander, suplicando por los que te honran con amor. Por eso, conscientes de que, habiendo amado a Cristo desde tu infancia, te afanaste en espíritu hacia el cielo, emulando la vida de los incorpóreos, te bendecimos, clamando:

Alégrate, vástago de una piadosa raíz.

Alégrate, heredero de la excelente fe de tus antepasados.

Alégrate, emulador de las virtudes de tu padre, amante de Dios.

Alégrate, heredero de la devoción y la mansedumbre de tu madre.

Alégrate, tú que guías hacia el cielo al rebaño amante de Cristo.

Alégrate, amigo de todos los siervos de Dios en esta vida y conversador con los amantes de la piedad.

Alégrate, miembro del divino coro radiante de los venerables.

Alégrate, invencible confesor de la fe de Cristo.

Alégrate, mártir voluntario, que ahora estás unido al coro de la justa y victoriosa compañía de los mártires.

Alégrate, proclamador virginal de la esperanza y el amor cristiano para todos nosotros.

Alégrate, amante del magnífico mandato de la Iglesia.

Alégrate, coheredero con los fieles hijos de la Iglesia y los elegidos de Dios.

¡Alégrate, oh santo y recto creyente Gran Príncipe Alexander!

kontaquio I

Dedicando himnos de alabanza al santo y recto creyente, el gran príncipe Alexander Nevsky, el capitán elegido de la tierra rusa, el espléndido adorno de la Iglesia Ortodoxa, que por la fe venció a los enemigos visibles e invisibles, y que en su fe mostró amor fraternal y afección, y, que como dijo el apóstol, a su fe añadió virtud, a la virtud, conocimiento, al conocimiento, templanza, y a la templanza, piedad, clamémosle con compunción y júbilo:

¡Alégrate, oh santo y recto creyente Gran Príncipe Alexander!


Oración al Santo y Recto Creyente Gran Príncipe Alexander Nevsky.

¡Oh pronta ayuda de los que acuden a ti solemnemente, nuestro ferviente intercesor ante el Señor, santo y recto creyente Gran Príncipe Alexander! Míranos con misericordia, aunque somos indignos, pues nos hemos hecho inútiles a nosotros mismos por la multitud de nuestras iniquidades, mas ahora acudimos al santuario de tus reliquias y te clamamos desde el fondo de nuestros corazones. En tu vida fuiste un amante y defensor de la Fe Ortodoxa: por tus oraciones a Dios haznos inquebrantables en ella. Cumpliste celosamente el ministerio que se te impuso: con tu ayuda, enséñanos a perseverar en aquello a lo que hemos sido llamados. Venciendo a las legiones de los adversarios los condujiste más allá de las fronteras de Rusia: expulsa también a nuestros enemigos, visibles e invisibles, que se aprestan contra nosotros. Renegando de la corona perecedera de un reino terrenal, elegiste la vida de la quietud, y habiendo sido coronado rectamente con una corona inmarcesible, ahora reinas en el cielo: intercede por nosotros, te lo suplicamos, para que por tu intercesión podamos obtener una vida pacífica y sin turbación y un paso directo al reino eterno. Estando con todos los santos ante el trono de Dios, ruega por todos los cristianos ortodoxos, para que en Su bondad, el Señor Dios nos preserve en la paz, en largos días y en prosperidad por muchos años, para que siempre glorifiquemos y bendigamos a Dios, que es adorado en la Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros.

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros.
Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo,
ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.


Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros. Señor, purifícanos de nuestros pecados. Maestro, perdona nuestras transgresiones. Santo, visítanos y cura nuestras dolencias por tu nombre.

Señor, ten Piedad, Señor ten Piedad , Señor ten Piedad.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,
ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.


Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre. Venga a nosotros tu reino, hágase tu Voluntad, así en la tierra como en el cielo. El pan sobreesencial dánosle hoy; perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos dejes sucumbir en la tentación, mas líbranos del maligno.

Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Bendice, Padre.

Aquél, que es bendito os bendiga, Cristo, Dios nuestro, en todo tiempo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

Amén. Oh Cristo nuestro Dios, fortalece en la santa y verdadera fe a todos los cristianos piadosos y ortodoxos, así como a esta santa asamblea por los siglos de los siglos.

¡Santísima Madre de Dios, sálvanos!

Tú más venerable que los querubines, e incomparablemente más gloriosa que los serafines, que sin mancha engendraste a Dios el Verbo, a Ti verdadera Madre de Dios, te magnificamos.

¡Gloria a Ti, Cristo Dios nuestro, esperanza nuestra, gloria a Ti!

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,

ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Señor ten Piedad ,Señor ten Piedad , Señor ten Piedad .

Padre, bendice.

Que Cristo, nuestro verdadero Dios, por las plegarias de su Madre Santísima, toda pura e inmaculada, de los santos gloriosos Apóstoles, de los santos y justos antepasados del Señor, Joaquín y Ana, de San Alexander Nevsky y de todos los Santos, tenga piedad de nosotros y nos salve, porque él es bueno y amante de la humanidad.Amén.

Por las oraciones de nuestros Santos Padres, oh Señor Jesucristo, Dios Nuestro, Ten piedad de nosotros. Amén.

Fue canonizado en 1547, Como San Alejandro Nevski, Por la Iglesia Ortodoxa Rusa y su festividad se celebra el 12 de Septiembre.

Catecismo Ortodoxo
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Tuesday, December 13, 2016

Akathistos de la Pasion de Nuestro Señor Jesucristo




Bendito sea nuestro Dios ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

Si no hay Sacerdote: Por las oraciones de nuestros Santos Padres, oh Señor Jesucristo, Dios Nuestro, Ten piedad de nosotros. Amén.


Gloria a Ti, Dios Nuestro, Gloria a Ti.

Rey del Cielo, Consolador, Espíritu de la Verdad, que estás en todo lugar, y que todo lo llenas, Tesoro de bienes y Dador de la Vida, ven y haz de nosotros tu morada, purifícanos de toda mancha, y salva, Tú que eres bueno, nuestras almas.

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros


Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros. Señor, purifícanos de nuestros pecados. Maestro, perdona nuestras transgresiones. Santo, visítanos y cura nuestras dolencias, por tu nombre.

Señor, ten piedad, Señor, ten piedad, Señor, ten piedad



Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,

ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.



Padre nuestro que estas en los cielos, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu Majestad, hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo; el pan sobreesencial dánosle hoy, perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos introduzcas en la tentación, mas líbranos del maligno.


Porque tuyo es el reino y el poder y la gloria, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.


Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,
ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.



Salmo 50

Ten piedad de mí, oh Dios según Tu gran piedad

y según la multitud de Tus misericordias borra mi iniquidad.

Acaba de lavarme de mi injusticia y purifícame de mi pecado.

Porque conozco mi injusticia y mi pecado está siempre ante mí.

Contra Ti solo he pecado y lo malo he hecho ante Ti,

para que seas justificado en Tus palabras

y venzas cuando se Te juzgue.

Pues he aquí, fui concebido en iniquidades

y en pecados me apeteció mi madre.

Pues he aquí, amaste la verdad,

lo desconocido y oculto de Tu sabiduría me manifestaste.

Me rociarás con hisopo y seré purificado,

me lavarás y más que nieve blanquearé.

Me enseñarás alborozo y alegría

y mis huesos humillados se alborozarán.

Aparta Tu faz de mis pecados y borra todas mis iniquidades.

Crea en mí un corazón puro, oh Dios

y un espíritu recto renueva en mis entrañas.

No me arrojes de Tu faz y Tu Espíritu Santo no me quites.

Devuélveme el alborozo de Tu salvación

y afiánzame con Tu Espíritu príncipe.

Enseñaré a los inicuos Tus sendas

y los impíos se convertirán a Ti.

Líbrame de sangres, oh Dios, Dios de mi salvación

y exultará mi lengua en Tu justicia.

Oh Señor, abrirás mis labios y mi boca anunciará Tu alabanza.

Porque si hubieras querido sacrificio Te lo daría.

En holocaustos no Te complacerás.

El sacrificio a Dios es un espíritu contrito,

un corazón contrito y humillado, Dios no despreciará.

Haz bien, Señor, en Tu beneplácito a Sión

y edifíquense los muros de Jerusalén.

Entonces Te complacerás en sacrificio de justicia,

oblación y holocaustos,

entonces ofrecerán becerros sobre Tu altar.


Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,
ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.


Salmo 142

Señor, escucha mi oración, presta oído a mi súplica según tu fidelidad; óyeme por tu justicia, y no entres en juicio con tu siervo, porque ningún viviente es justo delante de Ti. El enemigo persigue mi alma, ha postrado en tierra mi vida; me ha encerrado en las tinieblas, como los ya difuntos. El espíritu ha desfallecido en mí, y mi corazón está helado en mi pecho. Me acuerdo de los días antiguos, medito en todas tus obras, contemplo las hazañas de tus manos, y extiendo hacia Ti las mías; como tierra falta de agua, mi alma tiene sed de Ti. Escúchame pronto, Señor, porque mi espíritu languidece. No quieras esconder de mí tu rostro: sería yo como los que bajaron a la tumba. Hazme sentir al punto tu misericordia, pues en Ti coloco mi confianza. Muéstrame el camino que debo seguir, ya que hacia Ti levanto mi alma. Líbrame de mis enemigos, Señor; a Ti me entrego. Enséñame a hacer tu voluntad, porque Tú eres mi Dios. Tu Espíritu es bueno; guíame, pues, por camino llano. Por tu Nombre, Señor, guarda mi vida; por tu clemencia saca mi alma de la angustia. Y por tu gracia acaba con mis enemigos, y disipa a cuantos atribulan mi alma, porque soy siervo tuyo.


Akathistos de la Pasion de Nuestro Señor Jesucristo.


Kontaquio 1.

tono 8:

Soberano Dueño y Señor del cielo y de la tierra, viéndote suspendido en la Cruz, Rey Inmortal, se turbo la creación entera, se amedrentó el cielo y los cimientos de la tierra temblaron. Mas, nosotros, aunque indignos, te ofrecemos esta acción de gracias por tu pasión por causa nuestra. Y con el ladrón te clamamos:

Jesús, Hijo de Dios, Acuérdate de Nosotros Cuando Vengas en tu Reino.

Ikos 1:
Tú que perfeccionaste el coro angelical, no tomaste la naturaleza de los ángeles para ti, S siendo Dios verdadero, te hiciste hombre por nosotros, y por tu vivificador cuerpo y sangre vivificaste al hombre, muerto desde antaño en el pecado. Por eso agradecidos por tu gran amor clamamos a ti: Jesús Dios mío amor de todos los siglos, que a nosotros los mortales de la tierra revelaste tu voluntad; Jesús misericordia inconmensurable, que descendiste al hombre caldo; Jesús revestido de nuestra carne, y que por tu muerte destruiste el dominio de la muerte; Jesús que nos deificas por tus Divinos Misterios; Jesús que redimiste al mundo entero por tus sufrimientos en la Cruz;


Jesús, Hijo de Dios, Acuérdate de Nosotros Cuando Vengas en tu Reino.

Kontaquio 2:
Viéndote en Getsemani, agonizando en oración hasta sudar sangre, se acercó un ángel y te fortalecía, cuando como carga pesada nuestros pecados pesaron sobre ti. Habiendo levantado al caído Adán sobre tus hombros, lo presentaste al Padre, arrodillándote y suplicando. Y a causa de esto, con fe y amor, te canto: Aleluya.

Ikos 2:

Los Judíos no comprendieron el inefable significado de tus sufrimientos voluntarios. Y cuando dijiste: Yo Soy a los que te buscaban de noche con lámparas, aunque se cayeron al suelo, después te ligaron y te llevaron al tribunal. Los que pasamos por el mismo camino, caemos ante ti y con amor clamamos: Jesús, Luz del mundo, odiado por el mal del mundo; Jesús, que moras en luz inaccesible, apresado por el reino de las tinieblas; Jesús, Inmortal Hijo de Dios, traicionado hasta la muerte por el hijo de perdición; Jesús en quien no hay engaño, besado con disimulo por el traidor; Jesús, que te das libremente a todos, vendido por unas monedas de plata;

Jesús, Hijo de Dios, Acuérdate de Nosotros Cuando Vengas en tu Reino.

Kontaquio 3:
Por el poder de tu Divinidad predijiste a tu discípulo su triple negación. Mas, después, aunque te había negado con un juramento, cuando te vio, su Señor y Dueño, en la corte del sumo sacerdote, se derritió su corazón y salió y lloró amargante. Mírame también, Señor, y tócame en mi duro corazón a fin de que con mis lágrimas lave mis pecados, alabándote con: Aleluya.

Ikos 3:
Como Sumo Sacerdote eterno, dotado de veras de potestad según el orden de Melquísedec, estabas ante Caifás, el sumo sacerdote transgresor, Tú que eres Dueño y Señor de todo, que recibiste suplicio de tus siervos, recibe de nosotros estas preces: Jesús, inapreciable, comprado por un precio, poséeme en tu eterna heredad; Jesús, apetecido de todos, de Pedro rechazado por miedo, no me rechaces a mí, pecador; Jesús Cordero inocente, golpeado a crueles azotes, rescátame de mis enemigos; Jesús Sumo Sacerdote, que por tu sangre has entrado en el Sanctasanctorum, purifícame de mis manchas carnales; Jesús aherrojado, que tienes poder de ligar y desatar, absuelve mis graves iniquidades;


Jesús, Hijo de Dios, Acuérdate de Nosotros Cuando Vengas en tu Reino.

Kontaquio 4:
La tempestad de Cristicidio enfurecida, los judíos, escuchando la voz del padre de la mentira y del asesino de antaño, Satanás, te rechazaron, el Recto Camino, la Verdad y la Vida. Mas te confesamos, Cristo Potencia de Dios, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la razón, te clamamos: Aleluya.

Ikos 4:
Al oír tus humildes palabras, Pilatos te entregó a la crucifixión, como si merecieras la muerte, aunque mismo atestó no hallarte falta alguna. Luego lavóse las manos, mas su corazón le manchó. Maravillándonos del misterio de tus sufrimientos voluntarios, compungidos te clamamos: Jesús, Hijo de Dios e Hijo de la virgen, torturado por los hijos de la maldad; Jesús, mofado y desnudado, que das belleza a los lirios del campo y vistes el cielo de nubes; Jesus lleno de heridas, que con cinco panes llenaste a los cinco mil; Jesús, Rey de todo, que en vez de un tributo de amor y gratitud, recibiste crueles suplicios; Jesús, que por nosotros fuiste herido todo un día, cura las heridas de nuestras almas.

Jesús, Hijo de Dios, Acuérdate de Nosotros Cuando Vengas en tu Reino.


Kontaquio 5:
Fuiste ataviado de tu Divina Sangre, Tú que te cubres de luz como de vestidura. Yo sé, en verdad, yo sé con el profeta por qué tus vestiduras son de escarlata. Soy yo, Señor, que te herí con mis pecados. A ti, pues, que por mí fuiste herido, te clamo con gratitud: Aleluya.

Ikos 5:
En el espíritu viéndote cubierto de deshonra y de heridas, el divinamente inspirado Isaías clamo aterrado, "Lo hemos visto y no tiene ni forma ni belleza." Y nosotros viéndote en la Cruz con fe y temor exclamamos: Jesus sufriendo deshonra, que has coronado al hombre de gloria y honor; Jesus a quien no pueden contemplar los ángeles, abofetado; Jesús, golpeado en la cabeza con una caña, inclina mi cabeza en humildad; Jesús cuyos claros ojos fueron obscurecidos con tu sangre, aparta mis ojos para que no vean la vanidad; Jesús que de pies a cabeza no tenías parte ilesa, hazme enteramente sano e ileso;


Jesús, Hijo de Dios, Acuérdate de Nosotros Cuando Vengas en tu Reino.

Kontaquio 6:
Pilatos resultó abogado de tu mansedumbre cuando declaró a la multitud que no habla en ti nada digno de la muerte, mas los judíos, como fieras sanguinarias, rechinaron los dientes y clamaron, ¡Crucifícale, crucifícale¡ Nosotros, honrando tus purísimas heridas, clamamos: Aleluya.

Ikos 6:
Brillaste como espectáculo y maravilla a los ángeles y a los hombres, y aún a Pilatos, que de ti dijo, "He aquí el hombre." Venid, pues, adoremos a Cristo, ultrajado por causa nuestra, clamando: Jesús, Creador y Juez de todo, juzgado y torturado por tus criaturas; Jesús, Dador de sabiduría, que ni siquiera diste contestación a los impíos; Jesús, Sanador de los que estamos heridos por el pecado, concédeme el sanativo de la penitencia; Jesús, Pastor acometido, ahuyenta a los demonios que me tientan; Jesús, que tuviste tu cuerpo en aflicción, aflige mi corazón de temor de ti;




Jesús, Hijo de Dios, Acuérdate de Nosotros Cuando Vengas en tu Reino.

Kontaquio 7:
Deseando librar al hombre de las obras del Enemigo, te humillaste ante tus enemigos, Jesús, y como cordero que no abre su boca, fuiste llevado al matadero, todo cubierto de heridas para curar a todos los hombres, que claman: Aleluya. 
 
Ikos 7:
Revelando paciencia maravillosa, cuando con la sentencia del injusto juez, los soldados te vituperaron, y con crueles heridas, afligieron tu purísimo cuerpo, de modo que estaba purpúreo de sangre de pies a cabeza. Por eso, con lágrimas te clamamos: Jesús, que amas a los hombres, coronado de espinas por los hombres; Jesús, sin pasión en tu Divinidad, sufriendo la pasión, para que de la pasión seamos librados; Jesús, salvador mío, sálvame que merezco todo tormento; Jesús, abandonado de todos, mi time fundamento, fortaléceme a mí;Jesús, injuriado de todos, mi felicidad, hazme feliz;

Jesús, Hijo de Dios, Acuérdate de Nosotros Cuando Vengas en tu Reino.


Kontaquio 8:
Maravilloso y extraño fue cuando Moisés y Elías te aparecieron en el Monte Tabor y hablaron de tu muerte, que ibas a sufrir en Jerusalén. Habiendo visto allí tu gloria y aquí nuestra salvación, te clamamos: Aleluya.

Ikos 8:
Perseguido dondequiera por los judíos a causa de la gran multitud de nuestros pecados, sufriste el escándalo y el tormento. Hay quien te acusa de rebeldía contra César, quien te acusa como a reo, y quien clama: "Quita, quita, crucifícale." A ti, Señor, condenado de todos y llevado a la crucifixión, del fondo de nuestra alma, decimos: Jesús, injustamente condenado, Juez nuestro, no nos condenes de acuerdo con nuestras hazañas Jesús agotado en el camino bajo la Cruz, mi fortaleza, en la hora de mí tristeza y aflicción, no te alejes de mí; Jesús, que pediste ayuda al Padre, mi firme contendedor, fortaléceme en mis enfermedades; Jesús, que aceptaste las deshonras, Gloria mía, no me prives de tu gloria; Jesús, imagen de, la brillantísima hipóstasis del Padre, transforma mi impura y sombría vida;

Jesús, Hijo de Dios, Acuérdate de Nosotros Cuando Vengas en tu Reino.

Kontaquio 9:
Confundióse la naturaleza entera al verte pendiente de la Cruz; el Sol de los cielos encondió sus rayos, tembló la tierra, el velo del templo se rompió por medio, las piedras se partieron, salieron los muertos del infierno. Mas nosotros adoramos tus purísimas plantas y cantamos: Aleluya.

Ikos 9:
Elocuentes oradores, aunque declamen mucho, no saben rendirte debida gratitud por tu Divina Pasión, Tú que amas a los hombres. Mas nuestra alma y nuestro cuerpo, nuestro corazón y todos nuestros miembros, compungidos, te claman: Jesús, clavado a la Cruz, empala y destruye la cédula de nuestros pecados; Jesús, que extiendes tus manos desde la Cruz a todos, acércame a mí, que estoy extraviado; Jesús, Entrada de los corderos, tu costado traspasado, condúceme por tus heridas a la cámara nupcial; Jesús, crucificado en la carne, crucifica mi carne con sus pasiones y sus vicios; Jesús, que finaste en la agonía, concede que no conozca mi corazón nada aparte de tí crucificado;

Jesús, Hijo de Dios, Acuérdate de Nosotros Cuando Vengas en tu Reino.


Kontaquio 10:
Deseando salvar al mundo, sanaste a los ciegos, a los cojos, a los leprosos, a los sordos, y a los mudos, y echaste fuera demonios. Mas los necios judíos, respirando malicia y turbados por envidia, te suspendieron en la Cruz, sin saber cantarte: Aleluya.

Ikos 10:
Jesús, Rey de todos los siglos, que sufriste en cada miembro por mi incontinencia, para hacerme enteramente puro, dándonos el ejemplo en todo para que siguiéramos tus pasos, clamando: Jesús, Amor insondable, que no acusaste de pecadores a los que te crucificaron; Jesús, que oraste con ardiente lamento y lágrimas en el huerto, enséñanos a orar; Jesús que en ti mismo eres el cumplimiento de toda la profecía, cumple el deseo de nuestro corazón de ser buenos; Jesús que encomendaste tu espíritu en manos del Padre, a la hora de mi muerte recibe mi espíritu; Jesús que no prohibiste que partieran tus vestiduras, suavemente parte mi alma de mi cuerpo;


Jesús, Hijo de Dios, Acuérdate de Nosotros Cuando Vengas en tu Reino.




Kontaquio 11:
Tu inmaculada Madre te ofreció cánticos de ternura, diciendo, "Aunque sufres en la Cruz, yo sé de Ti desde el vientre que fuiste engendrado del Padre antes del lucero, porque veo que la creación entera sufre contigo." Tú rindes tu espíritu al Padre; recibe asimismo mi espíritu y no me abandones, porque te clamo: Aleluya.

Ikos 11:
Como vela radiante estuvo la inmaculada Virgen junto a la Cruz, ardiendo de amor y agobiada de dolor maternal por ti, el verdadero Sol de la justicia que estaba en la tumba; juntamente con las de ella, acepta estas oraciones de nuestro corazón: Jesús elevado en el Madero, para elevarnos al Padre, a nosotros los caídos; Jesus que diste a la Siempre-Vírgen como Madre al castísimo Apóstol, para enseñarnos la virginidad y la pureza; Jesus que confiaste a la que te dio a luz a tu discípulo divino, Dios Verbo, encomiéndanos a todos a su protección maternal; Jesus Conquistador del mundo y del infierno, conquista la infidelidad, el orgullo de vida y la lujuria de los ojos que reside dentro de nosotros; Jesus Destruidor del reino de la muerte, líbrame de la muerte eterna;


Jesús, Hijo de Dios, Acuérdate de Nosotros Cuando Vengas en tu Reino.


Kontaquio 12:
Concédeme tu gracia, Jesus Dios mío> recíbeme como recibiste a José y a Nicodemo, para que te pueda ofrecer mi alma como mortaja limpia y ungir tu purísimo cuerpo con la fragancia de la virtud, y guardarte en mi corazón como en un sepulcro, clamando: Aleluya.


Ikos 12:

Alabando tu voluntaria crucifixión, adoramos tu Pasión, Cristo. Creemos con el centurión que eres verdaderamente el Hijo de Dios, que vendrás sobre las nubes con grande gloria y potencia; no nos avergüences que estamos redimidos por tu Sangre, clamando: Jesús, paciente, por la lamentación de tu madre Virgen, rescátanos del llanto eterno; Jesús, abandonado de todos, no me abandones a la hora de mi muerte; Jesús, cuyos pies fueron tocados por Magdalena, recíbeme como a quien quiere seguir tus pasos; Jesús, no me condenes con el Traidor y con tus crucificadores; Jesús, condúceme al Paraíso con el buen Ladrón sabio;

Jesús, Hijo de Dios, Acuérdate de Nosotros Cuando Vengas en tu Reino.


Kontaquio 13:
Jesucristo, Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, acepta esta corta acción de gracias ofrecida a ti del fondo de nuestra alma, y cúranos por tus salubres sufrimientos de toda enfermedad de cuerpo y alma. Ampáranos por tu Cruz, de enemigos visibles e invisibles, y al fin de nuestra vida, no nos abandones, porque tu muerte nos libró de la muerte eterna, para que te clamemos para siempre: Aleluya, Aleluya, Aleluya.

(Repítanse Ikons 1 y Kontaquio 1.)


Ikos 1:
Tú que perfeccionaste el coro angelical, no tomaste la naturaleza de los ángeles para ti, S siendo Dios verdadero, te hiciste hombre por nosotros, y por tu vivificador cuerpo y sangre vivificaste al hombre, muerto desde antaño en el pecado. Por eso agradecidos por tu gran amor clamamos a ti: Jesús Dios mío amor de todos los siglos, que a nosotros los mortales de la tierra revelaste tu voluntad; Jesús misericordia inconmensurable, que descendiste al hombre caldo; Jesús revestido de nuestra carne, y que por tu muerte destruiste el dominio de la muerte; Jesús que nos deificas por tus Divinos Misterios; Jesús que redimiste al mundo entero por tus sufrimientos en la Cruz;

Jesús, Hijo de Dios, Acuérdate de Nosotros Cuando Vengas en tu Reino.


Kontaquio 1.


tono 8:

Soberano Dueño y Señor del cielo y de la tierra, viéndote suspendido en la Cruz, Rey Inmortal, se turbo la creación entera, se amedrentó el cielo y los cimientos de la tierra temblaron. Mas, nosotros, aunque indignos, te ofrecemos esta acción de gracias por tu pasión por causa nuestra. Y con el ladrón te clamamos:

Jesús, Hijo de Dios, Acuérdate de Nosotros Cuando Vengas en tu Reino.


Oracion al Señor Jesus Crucificado

Señor Jesucristo crucificado, Creador del cielo y de la tierra, Salvador del mundo, he aquí que yo que soy indigno, y de todos el más pecaminoso, habiendo doblado humildemente la rodilla de mi corazón ante la gloria de tu majestad, alabo tu Cruz y tu Pasión, y te ofrezco gracias, Rey de todo, porque quisiste sufrir como hombre toda opresión, calamidad, desventura y tortura, para ser nuestro compañero en el sufrimiento, nuestro auxilio, el Salvador de todos en la tristeza, necesidad y adversidad. Yo sé, omnipotente Dueño, que todo esto no te fue necesario, mas, por la salvación de la raza humana, sufriste la Cruz, y sufriendo, nos redimiste a todos de las crueles obras del Enemigo ¿Cómo te pagaré, tú que amas a los hombres, todo lo que has sufrido por causa mía, siendo yo pecador? No sé yo, pues el alma y el cuerpo, y toda bondad nos vienen de ti, y todo lo mío es tuyo; yo soy tuyo. Confiando tan solamente en tu infinita Compasión, bondadoso Señor, alabo tu inefable paciencia, magnífico tu indecible humillación, glorifico tu inconmensurable misericordia, alabo tu purísima Pasión, y con amor abrazo tus heridas, clamando: Ten misericordia de mí pecador, y concede que tu Santa Cruz no sea vana en mi, que participando aquí con fe de tus sufrimientos, sea yo digno de contemplar igualmente la gloria de tu reino celestial. Amén.

Por las oraciones de nuestros Santos Padres, oh Señor Jesucristo, Dios Nuestro, Ten piedad de nosotros. Amén.
 
Catecismo Ortodoxo
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Wednesday, December 7, 2016

Akathisto a San Nicolás El Taumaturgo

    

Bendito sea nuestro Dios ahora y siempre y por los siglos de los siglos.


Si no hay Sacerdote: Por las oraciones de nuestros Santos Padres, oh Señor Jesucristo, Dios Nuestro, Ten piedad de nosotros. Amén.

Gloria a Ti, Dios Nuestro, Gloria a Ti.

Rey del Cielo, Consolador, Espíritu de la Verdad, que estás en todo lugar, y que todo lo llenas, Tesoro de bienes y Dador de la Vida, ven y haz de nosotros tu morada, purifícanos de toda mancha, y salva, Tú que eres bueno, nuestras almas.

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros
Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros
Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros

Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros. Señor, purifícanos de nuestros pecados. Maestro, perdona nuestras transgresiones. Santo, visítanos y cura nuestras dolencias, por tu nombre.
Señor, ten piedad, Señor, ten piedad, Señor, ten piedad

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,

ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.


Padre nuestro que estas en los cielos, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu Majestad, hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo; el pan sobreesencial dánosle hoy, perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos introduzcas en la tentación, mas líbranos del maligno.
Porque tuyo es el reino y el poder y la gloria, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,

ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 50

Ten piedad de mí, oh Dios según Tu gran piedad
y según la multitud de Tus misericordias borra mi iniquidad.
Acaba de lavarme de mi injusticia y purifícame de mi pecado.
Porque conozco mi injusticia y mi pecado está siempre ante mí.
Contra Ti solo he pecado y lo malo he hecho ante Ti,
para que seas justificado en Tus palabras
y venzas cuando se Te juzgue.
Pues he aquí, fui concebido en iniquidades
y en pecados me apeteció mi madre.
Pues he aquí, amaste la verdad,
lo desconocido y oculto de Tu sabiduría me manifestaste.
Me rociarás con hisopo y seré purificado,
me lavarás y más que nieve blanquearé.
Me enseñarás alborozo y alegría
y mis huesos humillados se alborozarán.
Aparta Tu faz de mis pecados y borra todas mis iniquidades.
Crea en mí un corazón puro, oh Dios
y un espíritu recto renueva en mis entrañas.
No me arrojes de Tu faz y Tu Espíritu Santo no me quites.
Devuélveme el alborozo de Tu salvación
y afiánzame con Tu Espíritu príncipe.
Enseñaré a los inicuos Tus sendas
y los impíos se convertirán a Ti.
Líbrame de sangres, oh Dios, Dios de mi salvación
y exultará mi lengua en Tu justicia.
Oh Señor, abrirás mis labios y mi boca anunciará Tu alabanza.
Porque si hubieras querido sacrificio Te lo daría.
En holocaustos no Te complacerás.
El sacrificio a Dios es un espíritu contrito,
un corazón contrito y humillado, Dios no despreciará.
Haz bien, Señor, en Tu beneplácito a Sión
y edifíquense los muros de Jerusalén.
Entonces Te complacerás en sacrificio de justicia,
oblación y holocaustos,
entonces ofrecerán becerros sobre Tu altar.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,

ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 142

Señor, escucha mi oración, presta oído a mi súplica según tu fidelidad;  óyeme por tu justicia, y no entres en juicio con tu siervo, porque ningún  viviente es justo delante de Ti. El enemigo persigue mi alma, ha postrado en tierra mi vida; me ha encerrado en las tinieblas, como los ya difuntos. El espíritu ha desfallecido en mí, y mi corazón está helado en mi pecho. Me acuerdo de los días antiguos, medito en todas tus obras, contemplo las hazañas de tus manos, y extiendo hacia Ti las mías; como tierra falta de agua, mi alma tiene sed de Ti. Escúchame pronto, Señor, porque mi espíritu languidece. No quieras esconder de mí tu rostro: sería yo como los que bajaron a la tumba. Hazme sentir al punto tu misericordia, pues en Ti coloco mi confianza. Muéstrame el camino que debo seguir, ya que hacia Ti levanto mi alma. Líbrame de mis enemigos, Señor; a Ti me entrego. Enséñame a hacer tu voluntad, porque Tú eres mi Dios. Tu Espíritu es bueno; guíame, pues, por camino llano. Por tu Nombre, Señor, guarda mi vida; por tu clemencia saca mi alma de la angustia. Y por tu gracia acaba con mis enemigos, y disipa a cuantos atribulan mi alma, porque soy siervo tuyo.
Αποτέλεσμα εικόνας για εικονα αγιου νικολαου                                                     

Akathisto a San Nicolás El Taumaturgo.

Kontakio I
¡Oh! excelso hacedor de milagros y excelente servidor de Cristo, Tú viertes al mundo el valiosísimo crisma de misericordia y el inagotable mar de milagros. Con amor te alabo, ¡oh, Pontífice Nicolás! Tú que tienes osadía hacia el Señor, líbrame de todos los males, para que te exclame:
¡Regocíjate, oh, Nicolás, Gran Taumaturgo!
Ikos I
Siendo tú de naturaleza terrenal, el Creador de todo te reveló con imagen de ángel; pues previó la fructífera bondad de tu alma, ¡oh, muy bendito Nicolás!, y enseñó a todos a exclamarte así:
¡Regocíjate! tú que fuiste purificado desde el seno materno.
¡Regocíjate! tú que hasta el final has sido santificado.
¡Regocíjate! que has maravillado a tus padres con tu nacimiento.
¡Regocíjate! pues manifestaste inmediatamente después de tu nacimiento la fuerza de tu alma.
¡Regocíjate! planta de la tierra prometida.
¡Regocíjate! flor de la siembra divina.
¡Regocíjate! virtuoso sarmiento de la viña de Cristo.
¡Regocíjate! árbol milagroso del paraíso de Jesús.
¡Regocíjate! lirio brotado en el paraíso.
¡Regocíjate! crisma de la fragancia de Cristo.
¡Regocíjate! por ti se aparta el llanto.
¡Regocíjate! por ti se allega la alegría.

¡Regocíjate, oh, Nicolás, Gran Taumaturgo!

Kontakio 2
Viendo la efusión de tu miro, oh sabio de Dios, nuestras almas y cuerpos se instruyen al conocerte a ti, oh maravilloso, vertedor de miro y portador de vida, Nicolás. Ya que con milagros que fluyen por la gracia de Dios como agua, sacias a los que fielmente claman a Dios: ¡Aleluya!
Ikos 2
Infundiendo entendimientos incomprensibles sobre la Santísima Trinidad, con los Santos Padres de Nicea tú fuiste defensor de la confesión de la fe Ortodoxa, pues tú confesaste al Hijo igual al Padre, consubstancial y correinante, y desenmascarando al demente Arrio. por ello los fieles aprendieron a cantarte:
¡Regocíjate! magnífica columna de piedad.
¡Regocíjate! ciudad donde se refugian los fieles.
¡Regocíjate! fortaleza firme de la Ortodoxia.
¡Regocíjate! venerable portador y alabanza de la Santísima Trinidad.
¡Regocíjate! tú que predicaste al Hijo, con igual honor que al Padre.
¡Regocíjate! tú que expulsaste al poseído Arrio del concilio de los Santos.
¡Regocíjate! padre, gloriosa belleza de los Padres.
¡Regocíjate! muy sabia bondad de todos los divinamente sabios.
¡Regocíjate! tú que expresas palabras de fuego.
¡Regocíjate! tú que guías bien a tu rebaño.
¡Regocíjate! pues por ti se fortalece la fe.
¡Regocíjate! pues por ti se vence la herejía.

¡Regocíjate, oh, Nicolás, Gran Taumaturgo!

 
Kondakio 3
Oh teóforo Padre Nicolás, con el poder que te fue dado de lo alto, tú limpiaste cada lágrima del rostro de los que sufren cruelmente, tú te mostraste como sustento de los hambrientos, gran timonel de los que están en alta mar, cura de los enfermos manifestándote como ayuda de todos los que claman a Dios: ¡Aleluya!
Ikos 3
Verdaderamente, Padre Nicolás, una canción te debería ser cantada desde los Cielos y no desde la tierra; pues, ¿cómo puede un hombre confesar la grandeza de tu santidad? Pero nosotros conquistados por tu amor te clamamos así:
¡Regocíjate! imagen de ovejas y pastores.
¡Regocíjate! santa purificación de la moral.
¡Regocíjate! recipiente de grandes virtudes.
¡Regocíjate! pura y honorable morada de la santidad.
¡Regocíjate! luminosa lámpara amada por todos.
¡Regocíjate! luz refulgente e inmaculada.
¡Regocíjate! digno interlocutor de los ángeles.
¡Regocíjate! buen instructor de los hombres.
¡Regocíjate! piadosa regla de la fe.
¡Regocíjate! imagen de mansedumbre espiritual.
¡Regocíjate! ya que por ti somos liberados de las pasiones carnales.
¡Regocíjate! ya que por ti nos colmamos de dulzuras espirituales.

¡Regocíjate, oh, Nicolás, Gran Taumaturgo!

Kondakio 4
Una tempestad de pensamientos dubitativos atormenta mi mente, ¿cómo cantar dignamente tus milagros, bienaventurado Nicolás? Pues nadie los puede enumerar aunque tuviese muchas lenguas y los quisiese narrar, pero nosotros nos atrevemos a celebrar a Dios quien es maravillosamente glorificado en ti: ¡Aleluya!
Ikos 4
¡Oh, sabio de Dios Nicolás! Cercanos y alejados han escuchado sobre la grandeza de tus milagros, ya que por los aires, con tus ligeras y gráciles alas, acostumbraste a prevenir a los apenados, librando rápidamente a todos los que así te cantan:
¡Regocíjate! liberación de las penas.
¡Regocíjate! vehículo de la gracia.
¡Regocíjate! pues dispersas los males inesperados.
¡Regocíjate! sembrador de bienes deseados.
¡Regocíjate! rápido consuelo de los apesadumbrados.
¡Regocíjate! terrible azote de los ofensores.
¡Regocíjate! abismo de milagros vertido por Dios.
¡Regocíjate! tablas de la ley de Cristo escritas por Dios.
¡Regocíjate! firme sostén de los caídos.
¡Regocíjate! pilar de los que están erguidos.
¡Regocíjate! ya que contigo se descubre todo engaño.
¡Regocíjate! ya que por ti toda verdad se cumple.

¡Regocíjate, oh, Nicolás, Gran Taumaturgo!

Kontakio 5
Te manifestaste como una estrella dirigida por Dios, instruyendo a los que navegan el mar enfurecido. Toda vez que la muerte les era inminente, tú intercediste por los que pedían tu ayuda, ¡Oh, Santo Taumaturgo Nicolás! al prohibir a los desvergonzados demonios voladores hundir los barcos, los echaste. Enseñaste a los fieles a clamar al Dios que salva por tu intermedio:¡Aleluya!
Ikos 5
Vieron las doncellas, preparadas para un matrimonio deshonroso a causa de su pobreza, tu gran misericordia hacia los pobres, ¡oh, muy Bienaventurado Padre Nicolás! cuando le diste, en secreto, a su anciano padre, tres alianzas de oro, salvándolo con sus hijas de la caída pecaminosa. por ello escuchas de todos así:
¡Regocíjate! tesoro de la grandísima misericordia .
¡Regocíjate! depositario de la providencia para con los hombres .
¡Regocíjate! alimento y consuelo de quienes acuden a ti.
¡Regocíjate! pan inagotable de los hambrientos.
¡Regocíjate! riqueza dada por Dios a quienes viven pobremente en la tierra.
¡Regocíjate! pronta exaltación de los indigentes.
¡Regocíjate! rápida escucha de los mendigos.
¡Regocíjate! agradable cuidador de los que sufren.
¡Regocíjate! novio sin mancha de las tres vírgenes.
¡Regocíjate! ferviente guardián de la pureza.
¡Regocíjate! esperanza de los desesperanzados.
¡Regocíjate! gozo de todo el mundo.

¡Regocíjate, oh, Nicolás, Gran Taumaturgo!

Kontakio 6
Todo el mundo te proclama, muy bienaventurado Nicolás, pronto intercesor en las adversidades, ya que muchas veces y a una misma hora te anticipas ayudando a los que viajan por tierra y por mar, y al mismo tiempo proteges de los furiosos a todos los que claman a Dios: ¡Aleluya!
Ikos 6
Has brillado como luz vivificadora, trayendo redención a los jefes sentenciados a una muerte impropia, y quienes te llamaron a ti, buen pastor Nicolás, cuando prontamente te apareciste en sueños al rey y atemorizándole le mandaste liberar ilesos a los sentenciados. por tanto, nosotros dando gracias junto con ellos te exclamamos:
¡Regocíjate! ayuda de quienes fervientemente te imploran.
¡Regocíjate! tú que nos liberas de la muerte injusta.
¡Regocíjate! tú que preservas de las falsas acusaciones.
¡Regocíjate! tú que destruyes el consejo de los impíos.
¡Regocíjate! tú que deshaces la falsedad como tela de araña.
¡Regocíjate! tú que exaltas gloriosamente la verdad.
¡Regocíjate! tú que liberas de los lazos a los inocentes.
¡Regocíjate! tú que revives a los moribundos.
¡Regocíjate! tú que revelas la verdad.
¡Regocíjate! tú que oscureces la mentira.
¡Regocíjate! pues por tu intermedio los inocentes son liberados de la espada.
¡Regocíjate! pues contigo se complacen de la luz.

¡Regocíjate, oh, Nicolás, Gran Taumaturgo!

Kontakio 7
Queriendo disipar el blasfemo hedor de la herejía, tú has aparecido verdaderamente como fragante y místico miro ¡oh, Nicolás! Apacentando al pueblo de Mira, tú has llenado todo el mundo con tu crisma lleno de gracia. Aparta de nosotros también el hedor del pecado abominado por Dios para que le clamemos agradablemente: ¡Aleluya!
Ikos 7
Te conocemos ¡oh, Padre santo Nicolás! como el nuevo Noé, guía del arca de la salvación; disipador de la tormenta de todo lo malvado con tu dirección, y traes calma divina a todos quienes te claman así:
¡Regocíjate! puerto sereno de los atormentados.
¡Regocíjate! segura protección de quienes se ahogan.
¡Regocíjate! buen timonel de quienes navegan en medio de las profundidades.
¡Regocíjate! tú que calmas la furia de los mares.
¡Regocíjate! conductor de los que se encuentran en vendavales.
¡Regocíjate! abrigo de los que se encuentran en las heladas.
¡Regocíjate! brillo que disipa las penosas tinieblas.
¡Regocíjate! astro que iluminas todos los confines de la tierra.
¡Regocíjate! tú que liberas a los hombres del abismo del pecado.
¡Regocíjate! tú que sumes a satanás en la profundidad del hades.
¡Regocíjate! pues por ti osadamente invocamos la cima de la misericordia de Dios.
¡Regocíjate! pues contigo nos libramos del diluvio de la ira y encontramos la paz con Dios.

¡Regocíjate, oh, Nicolás, Gran Taumaturgo!

Kontakio 8
Tu sagrada iglesia se manifiesta como un extraordinario milagro a quienes acuden a ti ¡oh, bienaventurado Nicolás! en ella, aun ofreciendo pequeñas oraciones, recibimos la curación de grandes males, solo si por la fe en Dios, depositamos en ti nuestra esperanza, exclamando fielmente: ¡Aleluya!
Ikos 8
Tú eres verdaderamente ayuda de todos ¡oh, teóforo Nicolás! y uniste a todos los que acuden a ti como libertador, alimentador y médico diligente de todos los habitantes de la tierra, instando a todos a alabar clamándote así:
¡Regocíjate! fuente de toda curación.
¡Regocíjate! ayuda de los que sufren cruelmente.
¡Regocíjate! alba que brilla para los perdidos en la noche pecaminosa.
¡Regocíjate! rocío celestial para los que están en el calor del trabajo.
¡Regocíjate! tú que otorgas prosperidad a los que la necesitan.
¡Regocíjate! tú que preparas abundancia para los que la piden.
¡Regocíjate! tú que frecuentemente te anticipas a las peticiones.
¡Regocíjate! tú que restauras las fuerzas de los ancianos.
¡Regocíjate! revelador de muchos que se han apartado del camino de la verdad.
¡Regocíjate! fiel servidor de los misterios de Dios.
¡Regocíjate! ya que por ti pisoteamos la envidia.
¡Regocíjate! ya que por ti llevamos una vida virtuosa.

¡Regocíjate, oh, Nicolás, Gran Taumaturgo!

Kontakio 9
Alivia todas las enfermedades, Oh Nicolás, nuestro gran intercesor, distribuyendo bienaventuradas curaciones, que dulcifican nuestras almas, alegrando los corazones de todos quienes fervientemente acuden a tu ayuda, clamando a Dios: ¡Aleluya!
Ikos 9
Oh sabio de Dios, padre Nicolás, vemos a los oradores vanidosos e impíos avergonzados por ti, como al blasfemo Arrio, divisor de la Deidad y Sabelio, sobre quien prevaleciste, el que confundió las personas de la Santísima Trinidad. en cambio a nosotros nos fortaleciste en la fe Ortodoxa. por lo tanto te clamamos así:
¡Regocíjate! escudo defensor de la piedad.
¡Regocíjate! espada que cortas la iniquidad.
¡Regocíjate! maestro de los mandatos divinos.
¡Regocíjate! tu que exterminas las enseñanzas contrarias a Dios.
¡Regocíjate! escalera confirmada por Dios, por la cual subimos al cielo.
¡Regocíjate! amparo hecho por Dios, bajo el cual muchos se cubren.
¡Regocíjate! porque hiciste sabios a los ignorantes con tus palabras.
¡Regocíjate! que sacudiste a los perezosos con tu temple.
¡Regocíjate! luz inextinguible de los mandamientos de Dios.
¡Regocíjate! rayo luminoso de las leyes del Señor.
¡Regocíjate! ya que con tu enseñanza se destruyen las cabezas de los herejes.
¡Regocíjate! pues por ti los fieles se hacen dignos de la Gloria.

¡Regocíjate, oh, Nicolás, Gran Taumaturgo!


Kontakio 10
¡Oh! padre nuestro Nicolás, deseando salvar tu alma, en verdad sometiste tu cuerpo al espíritu; al principio silenciosamente y combatiendo los pensamientos; luego sumando la contemplación de Dios a los hechos adquiriste entendimiento perfecto y con él confiadamente conversaste con Dios y los Ángeles, clamando siempre: ¡Aleluya!
Ikos 10
Eres muralla, oh muy bienaventurado, para quienes alaban tus milagros y para todos los que acuden a tu intercesión. por ello líbranos a nosotros, débiles en virtudes, de la pobreza, tentaciones, enfermedades y diferentes necesidades, que con amor te cantamos así:
¡Regocíjate! tú que rescatas de la miseria eterna.
¡Regocíjate! tú que otorgas la riqueza incorruptible.
¡Regocíjate! alimento imperecedero para los hambrientos de la verdad.
¡Regocíjate! bebida inagotable de los sedientos de la vida.
¡Regocíjate! tú que preservas de la subversión y la guerra.
¡Regocíjate! tú que liberas de las cadenas y el cautiverio.
¡Regocíjate! muy glorioso intercesor en las desgracias.
¡Regocíjate! magno defensor en las tentaciones.
¡Regocíjate! tú que rescataste a muchos de la perdición.
¡Regocíjate! tú que a tantos has conservado indemnes.
¡Regocíjate! pues por ti, los pecadores escapan de la muerte cruel.
¡Regocíjate! pues por ti los arrepentidos reciben la vida eterna.

¡Regocíjate, oh, Nicolás, Gran Taumaturgo!

Kontakio 11
¡Oh muy bienaventurado Nicolás! Tu más que nadie has ofrecido himnos a la Santísima Trinidad, con el pensamiento, la palabra y los hechos. Mediante muchas pruebas explicaste los preceptos de la verdadera fe, instruyéndonos con fe, esperanza y amor a cantar al Único Dios en la Trinidad: ¡Aleluya!
Ikos 11
¡Oh, Padre Nicolás, elegido por Dios! Te vemos como rayo refulgente e inextinguible en la penumbra de la vida; ya que tú has conversado sobre la Luz no creada de la Trinidad con las inmateriales luces angelicales, y has iluminado las almas de los fieles que te cantan así:
¡Regocíjate! brillo de la luz del sol trino.
¡Regocíjate! aurora del sol sin ocaso.
¡Regocíjate! cirio encendido por la llama Divina.
¡Regocíjate! pues apagaste la llama demoníaca de la deshonra.
¡Regocíjate! prédica radiante de la fe ortodoxa.
¡Regocíjate! hermoso resplandor de la luz del Evangelio.
¡Regocíjate! relámpago que extingues las herejías.
¡Regocíjate! trueno que asustas a los seductores.
¡Regocíjate! maestro del entendimiento verdadero.
¡Regocíjate! tú que revelas los secretos de la mente.
¡Regocíjate! ya que por ti se abolió la adoración de lo creado.
¡Regocíjate! ya que por ti aprendimos a adorar en la Trinidad al Creador.

¡Regocíjate, oh, Nicolás, Gran Taumaturgo!

Kontakio 12
Conociendo la gracia que te ha sido otorgada por Dios, alegrándonos, celebramos tu memoria correctamente; ¡oh, gloriosísimo, Padre Nicolás! recurrimos con fervor a tu milagrosa intercesión. Sin poder contar tus gloriosos hechos, innumerables como los granos de arena y la multitud de las estrellas, sumidos en la perplejidad, cantamos a Dios: ¡Aleluya!
Ikos 12
Cantando tus milagros, te engrandecemos, ¡oh, muy alabado Nicolás! pues en ti Dios, glorificado en la Trinidad, maravillosamente fue glorificado. Aunque te ofreciéramos una multitud de himnos y salmos compuestos por el alma, ¡oh! santo taumaturgo, no hacemos nada para igualar el don de tus milagros, y sorprendidos por ellos te exclamamos así:
¡Regocíjate! servidor del Rey de reinantes y del Señor de señores.
¡Regocíjate! tú que moras con Sus siervos celestiales.
¡Regocíjate! ayuda de reyes fieles.
¡Regocíjate! elevación del género cristiano.
¡Regocíjate! sinónimo de victoria.
¡Regocíjate! eminente portador de la corona*. (*corona de la victoria).
¡Regocíjate! espejo de todas las virtudes.
¡Regocíjate! fuerte defensa de los que acuden a ti.
¡Regocíjate! toda nuestra esperanza en Dios y en Su Madre.
¡Regocíjate! salud de nuestros cuerpos y salvación de nuestras almas.
¡Regocíjate! pues por ti somos liberados de la muerte eterna.
¡Regocíjate! ya que por ti somos merecedores de la vida sin fin.

¡Regocíjate, oh, Nicolás, Gran Taumaturgo!

Kontakio 13
¡Oh, santísimo y muy milagroso Padre Nicolás! Consuelo de todos los desdichados, acepta nuestra presente ofrenda y ruega al Señor que seamos liberados de la Gehena por tu intercesión agradable a Dios, para que podamos cantar contigo: ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!
¡Oh, santísimo y muy milagroso Padre Nicolás! Consuelo de todos los desdichados, acepta nuestra presente ofrenda y ruega al Señor que seamos liberados de la Gehena por tu intercesión agradable a Dios, para que podamos cantar contigo: ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!
¡Oh, santísimo y muy milagroso Padre Nicolás! Consuelo de todos los desdichados, acepta nuestra presente ofrenda y ruega al Señor que seamos liberados de la Gehena por tu intercesión agradable a Dios, para que podamos cantar contigo: ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!

Ikos I
Siendo tú de naturaleza terrenal, el Creador de todo te reveló con imagen de ángel; pues previó la fructífera bondad de tu alma, ¡oh, muy bendito Nicolás!, y enseñó a todos a exclamarte así:
¡Regocíjate! tú que fuiste purificado desde el seno materno.
¡Regocíjate! tú que hasta el final has sido santificado.
¡Regocíjate! que has maravillado a tus padres con tu nacimiento.
¡Regocíjate! pues manifestaste inmediatamente después de tu nacimiento la fuerza de tu alma.
¡Regocíjate! planta de la tierra prometida.
¡Regocíjate! flor de la siembra divina.
¡Regocíjate! virtuoso sarmiento de la viña de Cristo.
¡Regocíjate! árbol milagroso del paraíso de Jesús.
¡Regocíjate! lirio brotado en el paraíso.
¡Regocíjate! crisma de la fragancia de Cristo.
¡Regocíjate! por ti se aparta el llanto.
¡Regocíjate! por ti se allega la alegría.

¡Regocíjate, oh, Nicolás, Gran Taumaturgo!

Kontakio I
¡Oh! excelso hacedor de milagros y excelente servidor de Cristo, Tú viertes al mundo el valiosísimo crisma de misericordia y el inagotable mar de milagros. Con amor te alabo, ¡oh, Pontífice Nicolás! Tú que tienes osadía hacia el Señor, líbrame de todos los males, para que te exclame: ¡Regocíjate, oh, Nicolás, Gran Taumaturgo!

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Oración a San Nicolás
¡Oh, muy santo Nicolás! Excelentísimo servidor del Señor, cálido protector nuestro y siempre rápida ayuda en las penas. Ayúdame a mí, pecador desalentado, en la presente vida, implora al Señor Dios que me otorgue el perdón de todos los pecados que cometí desde mi juventud, durante toda mi vida, en hechos, palabras, pensamientos y con todos mis sentidos. y al partir mi alma ayúdame a mí, que soy miserable, implora al Señor Dios, Creador de todo que me libere de todas las penurias y del tormento eterno, a fin de que siempre glorifique al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo y a tu intercesión misericordiosa, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Por las oraciones de nuestros Santos Padres, oh Señor Jesucristo, Dios Nuestro, Ten piedad de nosotros. Amén.

                                  Catecismo Ortodoxo 

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