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Friday, October 16, 2020

El rosario ( Obispo Alexander Mileant )


La vida del cristiano es — trabajo y oración. Оrad constantemente (1 Tes. 5:17) — dice el Apóstol y luego los Santos de nuestra Iglesia, que han sabido por experiencia el poder y la bondad de la oración permanente. La oración a la cual más se recurre, es la denominada Oración de Cristo: 

Señor Jesucristo, Hijo de Dios, perdóname mis pecados.

Si reuniéramos todos los escritos de los Santos Padres sobre los hechos de la Oración de Jesús, resultaría una gran biblioteca. La brevedad y sencillez de esta Oración permiten a todo cristiano incluirla en su norma diaria (por supuesto, con la bendición de su padre espiritual), repitiéndola diariamente: 50, 100, 200 veces o mas. ¿Pero cómo rezar y contar las veces al mismo tiempo? He aquí el rosario que nos ayuda en ello.

El rosario actual es un hilo en círculo cerrado, con 50 o 100 pepitas a modo de un collar, donde cada décima pepita tiene un tamaño algo mayor que las demás. Efectivamente, el rosario ayuda a contar las veces que se repite una oración o una inclinación, pasando con los dedos de la mano izquierda las pepitas sobre el hilo. Llegando a la décima pepita, se dice el Padre Nuestro, o "Alégrate, Virgen Santa…" y la Oración de Jesús. Al concluir las veces estipuladas, se reza "Digno es verdaderamente…" El rosario puede emplearse con cualesquiera otras oraciones.

En Rusia antigua el rosario tenía otra forma: la de una escalerilla, igualmente cerrada, compuesta de "pequeños escalones" de madera revestidos de cuero o tela. Se llamaba "escalera" y significaba en el sentido espiritual, la escalera de la salvación, de la subida al Cielo. El círculo cerrado del rosario significa la oración interminable, eterna.

El rosario es parte de la vestidura de los monjes; los laicos pueden usarlo en sus oraciones con la bendición del padre espiritual: en el trabajo, en lugares públicos. Basta poner la mano en el bolsillo y repasar las cuentas.

La mala costumbre de llevar el rosario en el cuello, envolverlo en la muñeca, darle vueltas en el dedo, es inapropiada. Como cualquier cosa sagrada (y el rosario es rociado con agua bendita), debe ser tratado con respeto y sin demostración ostentosa.

Obispo Alexander Mileant

Catecismo Ortodoxo 

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Friday, February 7, 2020

La Oración. ( San Serafín De Sarov )


Cuando era tentado por el demonio él ayunaba y oraba sin cesar durante mil días y mil noches, de pie o arrodillado sobre una gruesa piedra plana, o en una cueva cavada bajo su isba, Serafín de Sarov exclamó, como el publicano del Evangelio:
"¡Señor Jesús, ten piedad de mí, pecador!"
Nadie sabrá jamás a qué imágenes horribles, a qué tentaciones, tan sutiles como atroces, respondía ese grito de alarma. Pero Cristo estaba allí. "¿Quién nos separará del amor de Cristo? exclamó san Pablo, ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?.. Por la cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles ni los príncipes, ni potestades, ni el presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro" (Ro. 8-35-38).

Obispo Alexander Mileant
 
Catecismo Ortodoxo
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Monday, March 11, 2019

Ahora es época de Ayuno, un tiempo conveniente para la limpieza del Alma. ( San Juan Maximovich )

Ahora es época de Ayuno, un tiempo conveniente para la limpieza del Alma. El Señor habla a toda la gente de todos los tiempos y razas, y les dice algo claro y bien conocido. Hoy una persona esta viva, pero mañana muere y todo lo que él tiene esta perdido para él. Pero el alma, la cual mueve al cuerpo, continúa viviendo y es confortada y feliz, o bien, triste y atormentada. El hombre es creado así; el cuerpo debe vivir como el alma desea. En el momento de la muerte el alma continúa viviendo sin el cuerpo. Todo perecerá excepto aquello que el alma reunió a través del amor y la oración. Todo lo virtuoso hecho por un hombre es escrito en el alma y no será tomado de él. Mientras una persona vive, encuentra a sí mismo prestando atención a muchas cosas: vestido, salud, trabajo y estudio. Hay épocas cuando ella esta interesada solo con el pensamiento de guerra o de una cosecha inútil – de todo aquello que es necesario para la vida en la tierra.

Así, también, en la vida espiritual hay épocas de especial atención a lo que es necesario para el alma. Tal es la Gran Cuaresma – una época de especial atención, examinación, de la liberación de fuerzas espirituales. El ayuno es establecido por el Espíritu Santo. Los hombres rectos, esforzándose hacia Dios, a través de la experiencia de vida han venido a conocer el significado del ayuno y a sostener testimonio que sin ayuno no puede haber vida espiritual. Todos los ataques variados del diablo, todas sus tentaciones, todo lo que concierne al mundo diabólico, son apartados – se vuelve sin poder y es avergonzado – cuando una persona firmemente sigue las palabras del propio Salvador, el Señor Jesucristo: ” … este género no se va sino con oración y ayuno” (Mateo 17:21).

Ahora es época de ayuno, un tiempo conveniente para la limpieza del alma. Esta es la cosa más importante, para que un alma este apta para aceptar la gracia de Dios, tal que aquellos tesoros sean almacenados en el alma, que no serán tomadas de ella. Y entonces el paso por su vida será recto; en el alma habrá paz y regocijo. “Crea en mí un corazón puro, ¡oh Dios! Y renueva un espíritu recto dentro de mí”…


Obispo Alexander Mileant


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Saturday, February 16, 2019

Oración a San Juan Maximovich. ( Obispo Alexander Mileant )

¡Oh amado Jerarca Juan! 
Mientras vivías entre nosotros Tú viste el futuro como presente, cosas distantes como cercanas, los corazones y mentes de los hombres como si fueran tuyos propios. Nosotros sabemos que en esto tú estabas iluminado por Dios, con Quien Tú estabas siempre en la mística comunión de oración, y con Quien Tú ahora moras eternamente. Así como Tú una vez escuchaste las peticiones mentales de tu rebaño disperso incluso antes de que ellos pudieran hablarte, así escucha ahora nuestras plegarias y llévalas ante el Señor. Tú has cambiado de sitio a la vida sin dolor, al otro mundo, aún Tú estás, en verdad, no lejos de nosotros, por lo que el cielo está más cerca nuestro que nuestras propias almas. Muéstranos a quienes sentimos temor y soledad, la misma compasión que Tú mostraste a una vez los temblorosos huérfanos. Danos a nosotros que caímos en el pecado, confusión y desesperación la misma austera amada instrucción que Tú diste una vez al rebaño elegido. En Ti vemos la semejanza viviente de nuestro Hacedor, el espíritu viviente del Evangelio y el fundamento de nuestra Fe.
En la vida pura que Tú has conducido durante nuestro tiempo pecaminoso, nosotros vemos un modelo de virtud, una fuente de instrucción e inspiración. Contemplando la gracia otorgada a Ti, sabemos que Dios no ha abandonado a Su gente. Más bien nosotros caímos lejos de Él, y debemos recuperar la semejanza de Divinidad como Tú lo has hecho. A través de Tu intercesión ¡oh Bendito! Concédenos que podamos incrementar nuestro esfuerzo hacia nuestro hogar celestial, poniendo nuestros afectos en cosas elevadas, perfeccionando en oración y virtud, sosteniendo guerra contra los ataques de nuestra naturaleza caída.
Invoca la misericordia de Dios, que podamos un día encontrarte en Su Reino. Porque nuestro más profundo deseo es vivir por siempre con El, con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.


Obispo Alexander Mileant
 
Catecismo Ortodoxo
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Thursday, December 13, 2018

La Doctrina de Nuestro Señor Jesucristo. ( Obispo Alexander Mileant )


Acerca de su doctrina Jesucristo dijo así: "Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Y todo aquel que es de la verdad, escucha mi voz" (Jn. 18:37). Por eso, nosotros, debemos recibir con reverencia cada palabra de Cristo como absoluta e indiscutible verdad, y sobre basar sobre ella nuestra vida y nuestra concepción del mundo.
Jesucristo enseñó sobre sí mismo como el Salvador de la humanidad "El Hijo del hombre ha venido para salvar lo que se había perdido... vino para servir y para dar su vida en rescate por muchos" (Mt.18:11 y 20:28). El Hijo de Dios, hizo suya la misión de salvar a la gente, haciendo la voluntad de su Padre que amó de tal manera al mundo, que "ha dado a su Hijo unigénito para que todo aquel que en El cree, no se pierda, y tenga vida eterna" (Jn. 3:16).
Jesucristo enseñó que El es de la misma naturaleza con el Dios Padre. "Yo y el Padre, Somos uno" (Juan 10:30). Jesucristo también enseñó que al mismo tiempo descendió del cielo y a la vez está en el cielo. Simultáneamente permanece en la tierra como hombre y permanece en el cielo como Hijo de Dios siendo Dios hombre (Jn. 3:13). "Por eso todos deben honrar al Hijo, como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió" (Jn. 5:23). Jesucristo profesó la verdad de su naturaleza divina incluso antes de sus sufrimientos en la Cruz, y por esta razón fue condenado a muerte por el concilio. Los miembros del concilio le comunicaron a Pilato: "Nesotros tenemos una ley y según nuestra ley debe morir porque se hizo a sí mismo Hijo de Dios" (Jn. 19:7.).
Habiendo dado la espalda a Dios, la gente se confundió en sus ideas religiosas acerca del Creador, su naturaleza inmortal, el sentido de la vida, lo que está bien, lo que está mal. El Señor Jesucristo revela al hombre las bases de la fe y la vida, Jesucristo marca el rumbo de sus pensamientos y aspiraciones. Mencionando las exhortaciones del Salvador, los Apóstoles escriben que: "Jesús recorría todas las ciudades y aldeas enseñando en las sinagogas, y predicando el evangelio del Reino" (Mt. 9:35). A menudo el Señor empezaba sus enseñanzas con las palabras: "el Reino de Dios se parece a... " De esto se debe concluir que, según Jesucristo la gente está llamada a recibir salvación no individualmente, sino en conjunto, como una familia espiritual a través de todos los medios de gracia; que Él proveyó a la Iglesia. Estos medios se pueden definir con dos palabras: Gracia y Verdad. (La gracia, es una fuerza invisible dada por el Espíritu Santo, que ilumina la inteligencia del hombre, dirige su voluntad a hacer el bien, fortalece sus fuerzas del alma, le trae paz interior y alegría pura y santifica todo su ser).
Hablando de la salvación, Jesucristo, enseñó acerca de las condiciones necesarias para que el hombre entre en su Reino de gracia. Nos enseño cómo debe vivir y a qué debe aspirar el cristiano y cómo es la naturaleza y organización de su Reino. Ahora vamos a analizar los distintos aspectos de la doctrina del Salvador.


A) ¿Cómo entrar al Reino de Dios?

El primer paso en el camino de la salvación es la fe en Jesucristo, como enviado de Dios, Salvador del mundo, y reconocer que "El es el camino, la verdad y la vida que nadie puede llegar al Padre si no es a través de Él" (Jn. 14:6). A la pregunta de los judíos ¿qué hay que hacer para agradar a Dios? Jesús contestó: "La obra de Dios es ésta: creer en aquél que Dios ha enviado" (Jn. 6:29). "El que cree en el Hijo tiene vida eterna, pero el que se rehusa a creer en el Hijo, no verá la vida, sino que la ira de Dios estará sobre él" (Juan 3:36). La fe en Jesús consiste no sólo en reconocerlo a El como Hijo de Dios, sino hacerlo humildemente, como lo haría un niño, es decir, de una manera simple, confiando y con todo el corazón aceptar sus enseñanzas sin interpretaciones propias ni enmiendas. El Señor espera de nosotros una fe así de sincera, cuando dice: "De cierto os digo, que si no volvéis y os hacéis como niños no entrareis en el Reino de los cielos" (Mateo 18:3). Esta fe de corazón en el Salvador esclarece la mente del hombre, ilumina todo el camino de su vida con la promesa del Salvador: "Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida" (Jn. 8:12).
El Señor cuando atraía a la gente a su Reino hacia un llamado a llevar un modo de vida piadoso, cuando dijo: "Arrepentios porque el Reino de los Cielos se ha acercado" (Mt. 4:17). Arrepentirse significa censurar todo acto propio de pecado, cambiar la manera de pensar y tomar la firme decisión, con la ayuda de Dios, de empezar un nuevo modo de vida basado en el amor a Dios y al prójimo.
Sin embargo, para empezar una vida piadosa, no es suficiente sólo desearlo sino que es indispensable, además la ayuda de Dios, que Dios brinda al creyente en el bautismo de gracia. En el bautismo al hombre se le perdonan todos los pecados, él nace para un modo de vida espiritual, y se convierte en ciudadano del Reino de Dios. El Señor dijo lo siguiente acerca del bautismo: "El que no renaciere de agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne y lo que nace del Espíritu es espíritu" (Jn. 3:5-6). Cuando mandaba a los Apóstoles a evangelizar por todo el mundo, Jesucristo los exhortó: "Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles que guarden todas las cosas que os He mandado" (Mt. 28:18). Además: "El que creyere y fuere bautizado, será salvo, mas el que no creyere será condenado" (Marc. 16:10). Las palabras "Todas las cosas que os He mandado," subrayan la pureza de la doctrina del Salvador, en la cual todo es importante e indispensable para la salvacion.


B) Acerca de la vida Cristiana.


En los nueve preceptos de las Bienaventuranzas, (Mt. Cap. 5) Jesucristo definió el camino para la renovación espiritual. Este camino está compuesto de: humildad, arrepentimiento, mansedumbre, aspiración a una vida de bien, en las acciones de caridad, limpieza de corazón, hacer la paz y confesar los pecados. Con las palabras: "Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos." Jesucristo llama al ser humano a la humildad, al reconocimiento de sus pecados y de su debilidad espiritual. La humildad es el principio o fundamento para la corrección del ser humano. De la humildad proviene el arrepentimiento: pena por sus deficiencias, pero: "Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. Recibirán perdón y pacificación de la conciencia. Una vez obtenida la paz del alma, el hombre mismo se hace apacible, manso. Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra heredada," recibirán lo que a ellos les quita gente saqueadora y agresiva. Después de estar limpio por el arrepentimiento, el hombre empieza a extrañar las buenas obras y la rectitud. "Bienaventurados los que tienen hambre y sed de verdad porque ellos serán saciados." Es decir, con la ayuda de Dios, conseguirán la verdad. Una vez que él mismo ha sentido la gran misericordia de Dios, el hombre empieza a sentir compasión hacia otras personas. Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzaran misericordia. El misericordioso se desprende de su apego pecaminoso a las cosas materiales y la luz de Dios penetra en él como en agua limpia de un manso lago. Bienaventurados los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios. Esta luz da al hombre la sabiduría necesaria para dirigir espiritualmente a otras personas para que estén en paz con ellos mismos, con el prójimo y con Dios. "Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados Hijos de Dios',. El mundo pecador no puede soportar la auténtica rectitud y se levanta con odio contra los que la ostentan. Pero no hay que afligirse. Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la verdad porque de ellos es el Reino de los cielos."
Más adelante en el sermón de la montaña (Mt. Cap. 5 y 7) el Señor enseña no vengarse, a superar el sentimiento de rencor, a ser castos, a ser fieles a su palabra, a perdonar a los enemigos, a aspirar una auténtica rectitud, que hay en el corazón del hombre; explica como dar limosna, como orar y ayunar para que estas obras sean del agrado de Dios. Más adelante nos llama a no acaparar y a tener esperanza en Dios, nos enseña a no juzgar al prójimo y ser constantes en las buenas obras.
El Señor enseña a no atarse a los bienes materiales y terrenales porque: "¿De qué le sirve a uno si ha ganado el mundo entero, pero se ha destruido a sí mismo (perdió su propia alma)? ¿Qué podría dar para rescatarse a sí mismo?" (Marc. 8:36-37). Porque el hombre que busca enriquecerse está lejos de Dios, "Porque donde esta vuestro tesoro, ahí estará también vuestro corazón" (Luc. 12:34). Lo mejor para el hombre es encontrarse en contacto personal y estar en gracia de Dios, por eso Cristo llama: "Buscad el Reino de Dios y todas esas cosas os serán añadidas" (Mt. 6:33). Cuando habló del valor espiritual del Reino de Dios, Jesucristo en una de sus parábolas dijo que "El Reino de los Cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, y que habiendo hallado una perla preciosa fue y vendió todo lo que tenía y la compró"(Mt. 13:45 46).
La salvación del alma debe ser el primordial anhelo del hombre. El camino de la renovación espiritual suele ser difícil por eso: "Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición y muchos son los que entran por ella porque estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida y pocos son los que la hallan" (Mt. 7:13-14). El cristiano deber soportar las penas ineludibles sin murmurar, ya que son su cruz de todos los días. "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame" (Mt. 16:24). En resumen: "El Reino de Dios sufre violencia y los que usan la fuerza pretenden acabar con él" (Mt. 11:12) Para comprender todo esto mejor es indispensable pedir ayuda a Dios: "Velad y orad para que no entréis en tentación, el espíritu está dispuesto a la verdad pero la carne es débil" (Marc. 14:38). "Con vuestra paciencia ganareis vuestras almas" (Luc. 21:19).
El Hijo de Dios al venir al mundo por su infinito amor hacia nosotros les enseñó a sus discípulos a tener al amor como el fundamento de la vida cuando dijo:
"Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente." Este es el primer mandamiento, que es el más importante y el segundo, que es parecido a éste dice: "Ama a tu prójimo como a ti mismo." "Estos dos mandamientos son la base de toda la ley y de las enseñanzas de los profetas" (Mateo 22:37-39). Mi mandamiento es éste: "Que se amen unos a otros como yo los he amado" (Jn. 15:12).
El amor al prójimo se descubre a través de las obras de misericordia.
Hablando desde la cruz y del dolor y del camino estrecho, Cristo nos anima con la promesa de su ayuda: "Venid a mí todos ustedes que están cansados de sus trabajos y cargas y yo les haré descansar. Acepten el yugo que les impongo y aprendan de mí que soy paciente y de corazón humilde, así encontrarán descanso. Porque el yugo que les impongo y la carga que les doy para llevar son ligeros" (Mt. 11:28-30). Tanto los preceptos de las bienaventuranzas como toda la doctrina del Salvador están llenas de fe en la victoria del bien y tienen espíritu de alegría. "Alégrense, estén contentos porque van a recibir un gran premio en el cielo" (Mt. 5:12). "Por mi parte yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo" (Mt. 28:20); y promete que todo el que crea en El no se perderá, sino que tendrá la vida eterna (Jn. 3:15).


C) Acerca de la naturaleza del Reino de Dios

Jesucristo usaba ejemplos de la vida diaria, parábolas., para explicar su doctrina acerca del Reino de Dios. En una de esas parábolas se hizo una comparación del Reino de los cielos con un corral de ovejas donde viven seguras las ovejas obedientes cuidadas y guiadas por el buen Pastor que es Cristo.
"Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas... tengo también otras ovejas, que no son de este corral, también a ellas debo traerlas. Ellas me obedecerán y habrá un solo rebaño y un solo pastor... yo les doy (a mis ovejas) la vida eterna, jamás perecerán ni nadie me las quitará... El Padre me ama porque yo doy mi vida para volverla a recibir. Nadie me quita la vida, sino que yo la doy por mi propia voluntad. Tengo derecho de darla y de volver a recibirla" (Jn. Cap. 10).
En esta comparación del Reino de Dios con un rebaño de ovejas se enfatiza la unidad de la iglesia: Muchas ovejas permanecen en un rebaño protegido, tienen fe y una forma de vida. Todas tienen un solo Pastor - Cristo. Jesucristo oró ante su Padre por la unidad de los creyentes antes de los sufrimientos en la cruz cuando dijo: "Te pido que estén completamente unidos, que sean una sola cosa en unión con nosotros, oh Padre, así como tu estas en mi y yo en ti que estén completamente unidos, para que el mundo crea que tu me enviaste" (Jn. 17:21). El principio de unión en el Reino de Dios es el amor del pastor a sus ovejas y el amor de las ovejas hacia el pastor. El amor a Cristo se expresa en la obediencia a Él, en la aspiración de vivir según su voluntad. "Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos "(Jn. 14:15). El amor mutuo de los creyentes es una señal importante de su Reino: "Si se aman los unos a los otros, todo el mundo se dará cuenta que son Discípulos míos"(Jn. 13:35).
La gracia y la verdad son dos tesoros que Dios dio a la iglesia en calidad de las más importantes virtudes que constituyen su propia esencia. Véase Juan 1:17. El Señor prometió a sus Apóstoles que el Espíritu Santo guardará en la iglesia su legítima e inmaculada doctrina hasta el fin del mundo. "Yo pediré al Padre que les mande a otro defensor, el Espíritu Santo de la verdad, que permanecerá para siempre con ustedes. Los que son de este mundo no lo pueden recibir porque no lo ven, ni lo conocen ; pero ustedes lo conocen porque Él está con ustedes y permanecerá siempre con ustedes" (Jn. 14:16-17). "Cuando venga el Espíritu de la Verdad, Él les guiará hacia toda verdad" (Jn. 16:13). De la misma manera nosotros creemos que los dones de la gracia del Espíritu Santo van a estar activos en la iglesia dando nueva vida a sus hijos y saciando su sed espiritual, "El que beba del agua que yo le daré, nunca volverá a tener sed. Porque el agua que Yo le daré, brotará en El como manantial de vida eterna" (Jn. 4:14).
Así como a los reinos terrenales les son indispensables las leyes, gobernantes y distintas instituciones sin las cuales ningún estado puede existir, asimismo nuestro Señor Jesucristo provee a la iglesia de todo lo necesario para la salvación de sus creyentes: la doctrina del Evangelio, los misterios de la gracia y líderes espirituales, los pastores de la iglesia. Así dijo el Señor a sus discípulos al respecto: "Como el Padre me envío a mí, Yo los envío a ustedes." Y sopló sobre ellos y les dijo: "Reciban el Espíritu Santo" (Jn. 20:21-22). El Señor depositó en los pastores de la iglesia la obligación de instruir a los creyentes, limpiar sus conciencias, dar nueva vida a sus almas. Los pastores deben seguir al Pastor Supremo, en su amor por las ovejas. Las ovejas deberán respetar a sus pastores, seguir sus exhortaciones pues Cristo dijo: "El que los escucha a ustedes, me escucha a mí, y el que los rechaza a ustedes, me rechaza a mí." (Luc. 10:16).
El hombre no llega a ser piadoso instantáneamente. En la parábola acerca de la mala hierba entre el trigo Cristo explicó que al igual que en el campo sembrado la mala hierba crece junto al trigo. Asimismo entre los hijos justos de la iglesia se encuentran miembros indignos. Unas personas pecan por ignorancia, falta de experiencia y debilidad de sus fuerzas espirituales pero se arrepienten de sus pecados y tratan de corregirse; otros se estancan en el pecado durante mucho tiempo, desdeñando la gran tolerancia de Dios. El mayor sembrador de tentaciones y de todo mal entre la gente es el diablo. Hablando de la mala hierba en su Reino el Señor llama a todos a luchar contra las tentaciones y orar: "Perdona nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación sino líbranos del mal." Conociendo la debilidad espiritual y la inconstancia de los creyentes el Señor otorgó a los Apóstoles el poder de perdonar los pecados: "A quien ustedes perdonen los pecados les quedarán perdonados, y a los que no se los perdonen, les quedaran sin perdonar" (Jn. 20:23). El perdón de los pecados, supone que el pecador se arrepiente sinceramente de su mala acción y quiere corregirse. Pero el mal en el Reino de Dios no va a ser soportado eternamente. "Les aseguro que todos los que pecan son esclavos del pecado. Un esclavo no pertenece para siempre a la familia, pero un hijo sí pertenece para siempre a la familia. Así que si el Hijo los hace libres, ustedes serán verdaderamente libres" (Jn. 8:34-36). Cristo indica que la gente que persiste en sus pecados o que no se somete a la doctrina de la iglesia no estará junto al pueblo de gracia: "Si no hace caso a la Iglesia, entonces habrás de considerarlo como un pagano o un publicano" (Mt. 18:17).
En el Reino de Dios, se lleva a cabo la unión real de los creyentes con Dios y entre sí. El principio de la unión en la iglesia es la naturaleza de Cristo, quien es Dios hombre con la cual los creyentes se encuentran en el sacramento de la Santa Eucaristía. En la Eucaristía la vida divina del Dios hombre sacramentalmente desciende a los creyentes, como ha sido dicho: "El que me ama, mi palabra guardará, y mi Padre lo amará y vendremos a el y haremos morada con él" (Juan 14:23). Así el Reino de Dios entra en el hombre. Jesucristo subraya la necesidad de la Eucaristía con las siguientes palabras: "Les aseguro que si ustedes no comen del cuerpo del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán vida. El que come mi cuerpo y bebe mi sangre tiene vida eterna y Yo lo resucitaré en el último día" (Juan 6:53-54). Sin unión con Cristo el hombre es como una rama quebrada, se desvanece espiritualmente y no es capaz de hacer buenas obras. "Una rama no puede dar uvas por sí misma, si no está unida a la vida, de igual manera, ustedes no pueden dar fruto si no permanecen unidos a mí. Yo soy la vida y ustedes son las ramas. El que permanece unido a Mí y Yo unido a él, da mucho fruto; pues sin mí no pueden hacer nada" (Jn. 15:4-5). Habiéndoles enseñado a sus Discípulos la necesidad de tener unión con El Jesucristo, la noche en la que fue entregado que fuera la víspera de sus sufrimientos en la Cruz, instituyó el Sacramento de la Santa Eucaristía ordenándoles a ellos al final: "Hagan esto en memoria mía" (Lucas 22-19).
Jesucristo contraponía Su Reino de Gracia al mundo que se revuelca en la perversidad cuando les dijo a sus Discípulos: "Yo los escogí a ustedes de entre los que son del mundo"(Jn. 15:19), 0 sea, los aparto del mundo; "Y Mi Reino no es de este mundo"(Jn. 18:36). "El príncipe de este mundo es el diablo," un lobo que mata a los hombres y es el padre de la mentira. Pero los hijos del Reino no deben temer al maligno y sus hijos. "Ahora el príncipe de este mundo va a ser echado fuera... háganle frente al reto porque yo vencí al mundo" (Jn. 16:33). El Reino de Cristo va a perdurar hasta el fin del mundo y todos los esfuerzos del diablo y sus sirvientes de destruir el Reino de Cristo se romperán como olas en la roca. "Voy a construir mi iglesia, ni siquiera el poder de la muerte podrá vencerla" (Mt. 16:18). Estas palabras hablan no sólo acerca de la existencia física de la iglesia hasta el fin de los tiempos, sino también acerca de que la iglesia va a conservar su integridad espiritual, llena de gracia y verdad.
Jesucristo nos enseñó a nosotros con Su palabra y con Su ejemplo. Él, es para nosotros el más perfecto ejemplo de rectitud. "Mi alimento es hacer la voluntad del que me envío a Mí y hacer Su obra," dijo Cristo. Y cada acción, palabra y pensamiento estaban llenos de deseos de hacer la voluntad de Su Padre. Conociendo más profundamente la vida del Salvador descripta en los Evangelios, vemos en Sus acciones el más alto ejemplo de virtud. Entre tanto debemos entender que nosotros podemos seguir a Cristo sólo en aquello que está a nuestro alcance. Como mortales que somos, no nos atrevemos a reproducir sus acciones individuales, como por ejemplo: Sus obras de omnipotencia y omnisapiencia, que nos son imposibles de reproducir, pero podemos y debemos seguir el espíritu general de Sus virtudes. Precisamente en Cristo el hombre encuentra la imagen viva del ideal, hacia el cual Él llamó a toda la gente cuando dijo: "Sean ustedes perfectos como su Padre que está en el cielo es perfecto" (Mateo 5:48). Y un poco después explicaba: "Si ustedes Me conocen a Mí, también conocerán a Mi Padre" (Juan 14:7).


Obispo Alexander Mileant
 
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Sunday, March 6, 2016

Un Solo Dios Adorado en la Trinidad. ( Obispo Alexander Mileant )




La grandeza de Dios

y el deseo humano de conocerlo.

Dios es un Ser sublime y perfectísimo, Creador y Rector del universo, Espíritu eterno, omnipresente, omnisciente y todopoderoso.


La esencia de Dios es incomprensible tanto para la mente humana, como para la de los ángeles. Él habita en una luz inaccesible; a Él nadie le ha visto ni le puede ver. (I Tim 6:16).


San Basilio el Grande, escribe:

"Si quieres hablar acerca de Dios, renuncia a tu cuerpo y a los sentidos físicos, abandona la tierra y el mar. Haz que el aire quede debajo de ti. Deja de lado la cronología de los años, su orden preciso, y el ornamento de la tierra. Sitúate sobre el éter, deja a tras las estrellas, su belleza y tamaño, la utilidad que brindan al universo, su organización, luminosidad, posición, movimiento y todo cuanto próximo o distante haya entre ellas. Sobrepasando todo esto con la mente, circunda el cielo y situándote por encima de él imagínate la belleza del lugar. Desestima las huestes de los ángeles, la autoridad de los arcángeles, la gloria de los señoríos, la presencia de los tronos, las virtudes, los principados y las potestades. Desestimándolos a todos ellos cruza los límites de la creación dejándola por debajo de tus pensamientos. Imagínate la naturaleza divina, firme inmutable, desapasionada, simple e indivisible, Imagina la luz inaccesible, la grandeza ilimitada, el poder inefable, la gloria resplandeciente, la bondad ansiada y la belleza inconmensurable que impresiona fuertemente las almas sensibles y que no puede describirse dignamente con palabras."


(N de T: Señoríos, Tronos, Principados, Virtudes, Querubines y Serafines, son los nombres de las jerarquías de los ángeles. El mundo espiritual de los ángeles es mucho más numeroso que el nuestro).

Semejante elevación espiritual es necesaria para meditar acerca de Dios.


Es paradójico que el hombre desde temprana edad, y a pesar de sus limitaciones mentales y espirituales, desee conocer a Dios. La tendencia instintiva de la mente humana de conocer al Ser Supremo y al mundo espiritual, se advierte en personas de cualquier que raza, cultura o de desarrollo. Evidentemente, hay algo misterioso en la naturaleza del hombre, que como un imán lo atrae hacia la esfera de lo invisible y lo perfecto. Las Sagradas Escrituras definen a este "algo" como "imagen y semejanza de Dios" en el hombre, grabada por el Creador en los cimientos de nuestra naturaleza espiritual. (génesis 1:27).


Sólo la presencia de este vínculo entre el alma y su Creador, puede explicar que ante las más adversas circunstancias, aún las personas sin formación religiosa alguna pueden tener una idea más o menos correcta acerca de Dios. Lo extraordinario es que Dios siempre va al encuentro de la persona que lo busca, manifestándose ante ella misteriosamente.


Las Sagradas Escrituras conservan el recuerdo de un breve pero muy valioso tiempo en el que en los albores de la humanidad, Dios aparecía y hablaba con Adán y Eva, como un padre con sus hijos. En aquellos días no había siquiera un atisbo de temor entre los primeros hombres ante la presencia del Ser Supremo. Sobre esto, los ateos pretenden convencernos de que la surgió como consecuencia del temor inconsciente que experimentaba el hombre primitivo frente a las fuerzas de la naturaleza. Por el contrario, de acuerdo al Génesis, el primer encuentro del Creador al hombre estuvo pleno de confianza y beatitud. Fue la caída en el pecado lo que privó realmente al hombre del sentimiento de proximidad y bienaventuranza de Dios.




La noción de Dios entre

los filósofos y las civilizaciones antiguas

Luego de la caída de Adán y Eva en el pecado, la mayoría de sus descendientes fueron alejándose de Dios y volviéndose cada vez más rudos, y entregándose a los vicios cayeron en la superstición. Lentamente fue desarrollándose la idolatría. Pero a pesar de esto, la tendencia instintiva de buscar a Dios permaneció en el hombre


Toda la historia antigua de la humanidad testimonia que el hombre, a diferencia de los animales, no puede limitarse solo a satisfacer sus requerimientos físicos. Inconscientemente, su pensamiento es atraído hacia niveles más altos, hacia el mundo trascendental, hacia su Creador. El hombre anhela conocer: ¿cómo y por qué apareció este mundo que lo rodea? ¿Tiene su vida un significado más importante? ¿Qué le espera detrás del umbral de la muerte? Existe otro más perfecto? ¿ Existe la justicia absoluta y excelsa? ¿Habrá una recompensa por las obras buenas y un castigo por los crímenes? Al Contemplar la grandeza, la armonía y la hermosura del mundo, el hombre llega al convencimiento de que debe existir un Creador. Su sentido moral le dicta sobre la existencia de un Legislador recto que dará a cada uno según sus obras. De esta manera, bajo la influencia de motivos internos y externos, paulatinamente comenzó a gestarse en el hombre un sentimiento religioso, una necesidad de conocer y acercarse a su Creador.


Por esta razón, nunca existió un pueblo totalmente privado de la noción de un Dios.


"Observen la faz de la tierra - dice Plutarco (siglo I AC) - ustedes encontrarán ciudades sin fortalezas, sin ciencias, sin autoridades, verán personas sin hogar, personas que desconocen el uso del dinero o que ignoran totalmente la hermosura del arte, sin embargo, nunca encontrarán una sociedad que viva sin fe en una Divinidad."


Debido a que no existe una información detallada sobre las diferentes creencias y la vida de los pueblos antiguos, es difícil establecer puntualmente como surgieron y se desarrollaron sus diferentes conceptos religiosos. Sin embargo muchos religiosos de las religiones comparadas afirman que en las religiones primitivas existió la idea del monoteísmo (un solo Dios); en tanto que la deificación de las fuerzas naturales y diferentes dioses (politeísmo) apareció mucho más tarde. * Los primeros capítulos del Génesis relatan el desarrollo del politeísmo entre "los hijos del hombre" como el resultado del entorpecimiento moral. También nos enseña como "los hijos de Dios" (los descendientes de Set) conservaron su fe en un solo Dios. Además debemos aclarar, que en las religiones politeístas, siempre existió un dios supremo por encima de otras divinidades. Por ello al margen de las imperfecciones de las religiones paganas el reconocimiento de la existencia de un Ser Supremo, nos indica que el hombre en su naturaleza interna es religioso. El ateísmo es un estado anormal y patológico del alma humana surgido de un estilo de vida pecaminoso y que con los años se fortalece aún más con la penetración de los conceptos ateos.


En Grecia, donde 600 años AC, el politeísmo desplazó al monoteísmo, advertimos una saludable oposición por parte de los filósofos. Uno de los primeros filósofos en oponerse al politeísmo, fue Xenofonte (570 – 466 AC) quien luchó contra los adoradores de animales y héroes legendarios. Él dijo "Entre los dioses y los hombres existe un Dios supremo, el cual no se parece a ellos, ni mentalmente, ni en su apariencia externa. El es toda visión, todo pensamiento y oído. Él habita, eterno e inamoviblemente, en un solo lugar y con su mente dirige todo sin esfuerzo"


Heráclito habla sobre el Logos de quien todo recibió su existencia. El llama Logos a la Sabiduría Divina (1) Anaxagoras llama Dios "Razón purísima" omnisciente y omnipotente. Esta Razón, siendo de naturaleza espiritual, todopoderosa y omnipresente mantiene todo en un orden. Ella formó al mundo a partir de un caos primitivo.


Sócrates reconoce que Dios solo hay uno. Él es el principio moral del mundo y es la "Providencia," que se preocupa del mundo y la gente.


Platón, combatiendo las supersticiones paganas, exige que se excluyan del concepto de Dios, ciertas cualidades imperfectas como la envidia o la metamórfosis. "Dios, y no el hombre, es la última palabra en todo." Para Platón, Dios — "Demiurgo" es el creador de todo, el Pintor. Del Universo. Él es un espíritu inmortal, que cambia y da forma a la materia según Su idea. Existe un mundo eterno y real de ideas, al que se atribuye la auténtica realidad. Al frente de este reino de ideas se encuentra la Idea del Bien, el Dios Creador del universo.


Aristóteles sostiene que Dio está sobre todas las cosas, y es el Principio motor del universo "el Inmóvil Primer Motor," fuente del movimiento universal. Él es un ser eterno y perfecto, centro de toda actividad y energía, autónomo e inaccesible. Él, es pura razón "mente de las mente" y ajeno a cualquier materialidad vive en un intenso estado de acción intelectual y de autocontemplación: "La realidad del pensamiento es la vida, y Dios es esta realidad." De acuerdo con Aristóteles, todo el mundo busca a Dios porque Dios es amado por su perfección.


Artaus de Cilicia, (escritor del siglo III a. de Cristo), elevándose mentalmente llegó a la idea de una "imagen de Dios en el hombre" diciendo: "nosotros somos Su generación."(2) Tal vez influencia influenciados por los filósofos, que insistieron sobre la existencia un Ser sapientísimo que está sobre todas las cosas, los atenienses hayan construido un altar al "Dios Desconocido," como menciona el Apóstol San Pablo al principio de su famoso sermón en Atenas. (Hechos 17:23).


De esta manera, los conceptos que algunos filósofos tuvieron sobre Dios fueron correctos y profundos. Los filósofos más destacados entendieron que debe existir sólo un Dios verdadero. Dios es todo pensamiento y es el poseedor de la suprema sabiduría. Él es eterno, absoluto, transcendente, la Primer causa de toda acción y movimiento en el mundo. Algunos filósofos llegaron a una opinión tan elevada sobre Dios, que lo consideraban como el "Demiurgo," conductor del universo. Sin embargo, carecieron de una clara noción de Dios Creador que hizo el mundo de la nada, como leemos en la Biblia. La principal falla en la opinión es considerar que Dios es un Ser "frío," distante al mundo, como encerrado en Su vida introspectiva. La causa de esta opinión tan alejada del Dios verdadero, reside, en que los filósofos carecieron de una experiencia espiritual personal. No experimentaron la viva unión con el Dios bondadosísimo, que es alcanzada durante la oración ferviente y atenta.


A pesar de esto, muchos Santos Padres estimaron a los filósofos antiguos hasta el punto de llamarlos "cristianos antes de Cristo." Su principal mérito fue el desarrollo de un entendimiento religioso – moral. Acuñaron una terminología que permitió a los primeros apologetas cristianos y Padres de la Iglesia confesar y defender las verdades cristianas.


Las opiniones filosóficas aquí presentadas sobre el Ser Supremo, son interesantes, porque demuestran el límite del conocimiento sobre Dios al que puede llegar el hombre a través de su esfuerzo natural. Pero mucho más puro y perfecto aún es el testimonio que hallamos sobre Dios en las Sagradas Escrituras. Mediante ellas sabemos que Dios se ha revelado ante quienes lo han buscado como los (Rectos/ Justos) del Antiguo y Nuevo Testamento. Aquí no se trata de un producto de ideas abstractas o de posibles adivinanzas, sino de una espontánea iluminación desde lo alto, recibida por los santos como una viva experiencia espiritual. Los santos escribieron sobre Dios según lo revelado por el Espíritu Santo. Por esta razón en las Sagradas Escrituras, y en las obras de los santos cristianos, no hay adivinanzas ni contradicciones sino una completa unanimidad.


 


* (Confrontar W. Schmidt " Der Ursprung der gottesidee).


(1) (la enseñanza sobre el Logos fue desarrollada por Filón en el siglo I AC).


(2) (una idea similar fue expresada por su contemporáneo estoico, Cleanfas).


Los atributos de Dios


según las Sagradas Escrituras


y los Santos Padres


Las Sagradas Escrituras nos dan una sublime y completa información sobre Dios. Ellas nos enseñan que Dios es Uno, Él es un ser personal, supremo, que está sobre todas las cosas. Dios es Espíritu eterno, bondadosísimo, omnisciente, fidelisimo, todopoderoso, omnipresente, perfectísimo y muy bienaventurado. Sin tener necesidad alguna, Dios todopoderoso, por su bondad creó de la nada al mundo visible e invisible, y también nos creó. Hasta la creación del mundo no existían ni el espacio ni el tiempo. Ambos surgieron con el mundo. Dios, como un Padre amoroso, se preocupa por todo el mundo, por cada ser creado por Él, aún el más pequeño. Por sus sendas misteriosas. Él conduce a cada hombre hacia la salvación eterna pero sin forzarlo, sino iluminándolo y ayudándolo a realizar sus buenas intenciones.


Contemplaremos ahora, atentamente, algunas cualidades divinas que han sido reveladas por las Sagradas Escrituras y los Santos Padres de la Iglesia. Dios se manifiesta al hombre como un Ser absolutamente distinto del mundo físico, es decir como Espíritu. "Dios es Espíritu," — dicen las Escrituras, — "donde está el Espíritu de Dios — allí esta la libertad" (Ju: 4:24 II Cor 3:17) En otras palabras, Dios es ajeno a cualquier materialidad o corporeidad, propias de los seres humanos e incluso de los ángeles, quienes aparecen tan solo como "imagen" de la espiritualidad de Dios. Dios es Espíritu excelso, purísimo y perfectísimo. El se manifestó ante el profeta Moisés como " El que Es " un Ser Supremo, puro y espiritual. (1).


Es inusual que las mentes contemporáneas imaginen a Dios como Espíritu puro. Por su parte el panteísmo (2), tan difundido en nuestros tiempos, también contradice esta verdad. Por esta razón, en el " rito de la Ortodoxia," celebrado el primer Domingo de la Gran Cuaresma escuchamos que: " Sean anatemas aquellos que dicen que Dios no es Espíritu, que es sólo cuerpo."


Dios es eterno — Dios existe fuera del tiempo, pues el tiempo es finito y variable (el tiempo se considera como la cuarta dimensión en la teoría física de la relatividad. De acuerdo con la cosmología actual, el espacio y el tiempo no son eternos. Ellos aparecieron y desaparecerán con el mundo). Para Dios no existen ni el pasado, ni el futuro, solo existe el presente. "En el principio Tú, Señor, fundaste la tierra, y los cielos son obra de Tus manos. Ellos van pasando, más Tú permanecerás; Todo en ellos envejece como una vestidura. Tú los mudarás, y quedarán cambiados; más Tú eres el mismo, y Tus años no tienen fin"(salmo 101, 26-28). Algunos Santos Padres señalan la diferencia conceptual entre la "eternidad " y la "inmortalidad." La eternidad es vitalidad, que no tiene principio ni fin. El entendimiento de la eternidad puede aplicarse únicamente a la esencia de Dios que es sin principio y en quien todo es siempre igual y tiene el mismo aspecto.


El entendimiento de la inmortalidad se atribuye a aquellos seres a los que se les dio la existencia y son inmortales como los ángeles y el alma humana. La eternidad es algo que pertenece únicamente a la Esencia Divina (San Isidro Pelusiota).


Dios — es bondadosísima — es decir, infinitamente bueno. Las escrituras testifican: "Generoso y clemente es el Señor Dios, paciente en exceso y grande en misericordia" (Salmo 102:8).


Dios es amor. La bondad de Dios se extiende sobre todo el mundo y sobre cada ser que habita en él. Es decir, no se restringe a una determinada región, pues un amor así es propio de seres limitados. Él se preocupa con amor por la vida y las necesidades de cada criatura, por más pequeña e insignificante que pueda parecer.


San Gregorio el Teólogo dice: "Si alguien nos pregunta a quién honramos y a quien adoramos, debemos contestar: "adoramos al amor."


Dios concede tantos bienes a su creación en la medida en que cada uno puede recibirlos de acuerdo a su naturaleza y estado, y en correspondencia con la armonía del mundo. Dios manifiesta al ser humano una bondad especial. San Clemente de Alejandría dice: "Él, como un ave-madre, al ver a su pichón caer fuera del nido, acude en su ayuda para levantarlo, y cuando ve que su pichón puede ser devorado por una serpiente, con un penoso graznido, vuela alrededor de él y de sus otros pichones sin mostrar indiferencia ante la pérdida de alguno de ellos."


Dios nos ama mucho más de lo que nos aman nuestros padres, nuestros amigos, e incluso de lo que nos amamos nosotros mismos. Él, se preocupa más por nuestra salvación, que por su propia gloria, como lo demuestra el hecho de que envió a Su Hijo Unigénito encarnado al mundo para que con sus padecimientos y su muerte nos sea revelado el camino de la salvación y la vida eterna.


Si el hombre muchas veces no entiende toda la fuerza de la bondad de Dios, es porque concentra su mente y sus deseos en la prosperidad terrenal. La Providencia Divina, en cambio relaciona la concesión de bienes temporales y terrenales con el llamado a la conquista para sí y para nuestras almas de los bienes eternos.


Ciertamente, hay pasajes de las Sagradas Escrituras en los que de manera simbólica son adjudicados a Dios órganos o miembros humanos: oídos, ojos, manos y otros, que reciben el nombre de "antropomorfísmos." Estas expresiones son usadas en sentido demostrativo y son halladas con frecuencia entre los libros poéticos de la Biblia. Con ellos, las Escrituras establecen una correspondencia con los atributos espirituales de


Dios. Así, por ejemplo, los oídos y ojos simbolizan la omnisciencia divina, la mano su omnipotencia y el corazón, su Amor.


(2) Pamteismo: creencia en una divinidad irracional e impersonal esparcida por toda la naturaleza.... (FALTA NO SALIO LA FOTOCOPIA).


Dios es omnisciente." Todo está desnudo y descubierto ante sus ojos" (Heb. 4:13) El rey David escribió: "Tus ojos han visto mi origen" (Salmos 138:16).


La ciencia de Dios es visión y conocimiento de todas las cosas existentes y posibles, del presente, del pasado y del futuro. La previsión del futuro es una visión espiritual, porque para Dios el futuro es presente. La previsión de Dios no altera la libre voluntad de la creación, así como la libertad de nuestro prójimo no es alterada a pesar de que nosotros podemos ver sus acciones. La previsión de Dios, con respecto al mal en el mundo y las acciones de los seres libres, se coronan con la previsión de la salvación del mundo cuando "Dios sea todo en todos" (1 Cor. 15:28).


Otro aspecto de la omnisciencia de Dios es Su sabiduría. "Grande es nuestro Señor, grande es su fortaleza y su sabiduría es infinita" (Salm. 146:5).


Los Santos Padres de la Iglesia, siguiendo la palabra de Dios, siempre han enseñado con profunda piedad la grandeza de la Sabiduría de Dios en la economía del mundo visible, dedicando a este tema una gran cantidad de obras como por ejemplo: "el Hexameron" es decir el proceso de la creación de mundo (San Basilio Magno, San Juan Crisóstomo, San Gregorio de Niza). San Basilio magno dice: "Un pequeño tallo, una hierbezuela es suficiente para ocupar toda la atención de tu mente en examinar el arte de su creación."


Dios es absolutamente recto. El entendimiento del vocablo rectitud tanto en la Palabra de Dios, como en el uso corriente del término comprende dos significados: la santidad y la justicia. La santidad no solo consiste en la ausencia del mal o del pecado, es además la presencia de elevados valores espirituales unidos a la pureza. La santidad es semejante a la luz, y la santidad de Dios es luz purísima. Dios es "el único Santo" en esencia, por su naturaleza. Él es la Fuente de santidad para los ángeles y los seres mismos. El justo juicio de Dios es otro aspecto de su rectitud. Él juzgará al mundo según la verdad, y a los pueblos con rectitud" (Salmo 9:8)."El retribuirá a cada uno conforme a sus obras, porque Dios no hace acepción de personas" (Rom. 2:6-11).


¿Cómo concuerdan el amor Divino y la rectitud de Dios con el juicio severo por los pecados y el castigo del culpable? Con respecto a esta pregunta muchos Santos Padres expresan su opinión. Ellos comparan la ira de Dios con la ira de un padre, que para hacer entrar en razón al hijo desobediente, acude a métodos paternales de castigo. Al mismo tiempo, se apena por el hijo insensato, compadeciéndose por la aflicción que le causa. Por eso la justicia de Dios es siempre la misericordia y la misericordia es siempre la verdad, como está escrito: "La misericordia y la verdad se encontraron; se darán el ósculo" (Salm. 84:10).


La santidad y la verdad de Dios están estrechamente vinculadas entre sí. Dios llama a todos a la vida eterna en Su Reino. Pero al Reino de Dios no puede ingresar nada impuro. Por esa razón, Dios nos purifica mediante el castigo como método de corrección a causa del gran amor que nos tiene. Nos espera el juicio justo, el juicio terrible, ¿cómo podríamos entrar en el Reino de la santidad y la luz, y cómo nos sentiríamos estando allí, siendo impuros, oscuros, sin ninguna santidad y sin tener ningún valor espiritual o moral positivo?


Dios es Todopoderoso. "Porque Él habló y todo fue hecho, Él ordenó y todo apareció" (Salm. 32:9). Así se expresa el salmista sobre la omnipotencia de Dios. Dios es el Creador y sustentador del mundo.


El es omnipotente, "El único que hace maravillas" (Sal. 71:18). Si Dios tolera el mal y a los malvados en el mundo, no es porque El no pueda eliminarlos. Es porque Él da libertad a los seres espirituales y los guía, de tal forma, que ellos por su propia voluntad rechazan el mal y se dirigen hacia el bien (sobre las cuestiones casuística, de que hay ciertas cosas que Dios "no puede realizar," responderemos que la Omnipotencia de Dios se extiende sobre todo aquello que le place a su mente, a su benevolencia y a su voluntad).


Dios es Omnipresente. "¿Adónde iré que me sustraiga a tu Espíritu? ¿Adónde huiré de tu rostro? Si subieres a los cielos allí estas Tú. Y descendiere al abismo, allí estás Tú. Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, también allí me guiaría Tú mano, y me asirá Tu diestra" (Salm. 138:7-10) .


Dios no esta limitado espacialmente. Él impregna todo con su Ser. Siendo de naturaleza simple (indivisible), está presente en todo lugar pero no parcialmente ni con su fuerza, sino con todo su Ser y sin mezclarse con nada. Dios impregna todo, sin mezclarse con nada y nada puede penetrar en Él. (San Juan Damasceno).


Dios es inmutable. "En e Padre de las luces no hay cambio, ni sombra de variación" (Stg. 1:17). Dios es perfección. Un cambio es signo de imperfección, por esa razón, la mutabilidad es inconcebible en un Ser perfecto. Cuando se habla de Dios no se puede decir que en Él existe un proceso de desarrollo, cambio, evolución, progreso o algo parecido. Pero el hecho de que Dios es invariable, no significa de que El se encuentre en un estado inmóvil o este encerrado en sí. Todo lo contrario, a pesar de que Dios es invariable, Él es vida, y se encuentra siempre en un estado activo y energético. Dios por sí mismo es vida, y esta vida es el estado de Su existencia.


Dios es muy bienaventurado y perfectísimo. Estos dos conceptos son muy parecidos. Perfectisimo significa que posee todo, que tiene plena riqueza, plenitud de bienes, y su significado no es estar contento consigo mismo. Dios no tiene necesidad de nada pero, "es el que da a todos la vida y el aliento, y todas las cosas" (Hech.17:25). De esta manera, Dios es la fuente de toda existencia y de todos los bienes. Los seres creados reciben la perfección de esa Fuente. El apóstol San Pablo se refiere dos veces en sus epístolas a Dios como Bienaventurado en 1 Timot. 1:11 dice "del evangelio que me ha sido confiado y que nos revela la gloria del Bienaventurado," y en 1 Timot. 1:15 dice "a su tiempo mostrará el Bienaventurado y único soberano, Rey de reinantes y Señor de señoreadores." No debe entenderse la palabra "Bienaventurado" en el sentido que Dios, siendo perfecto y teniendo todo en Sí Mismo, es indiferente a Su creación y a sus sufrimientos; si no que de Él y en El todos sus seres reciben la bienaventuranza. Dios no sufre, pero es misericordioso. "Jesucristo sufre como un mortal" (canon de la Pascua) no como Dios, sino, por su naturaleza humana. Dios es la fuente de la bienaventuranza, en Él habitan la plena felicidad, la dulzura, y la alegría para aquellos que lo aman; Como dice en el salmo: "plenitud de gozo; a la vista de tu rostro, las eternas delicias de Tú diestra" (Salm.15:11).


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(1) Ciertamente hay pasajes de las Sagradas Escrituras en los que de manera simbólica son adjudicados a Dios órganos y miembros humanos: oídos, ojos, manos y otros, que reciben el nombre de "antropomórfisimos." Estas expresiones son usadas en sentido demostrativo y son hallados con frecuencia entre los libros poéticos de la Biblia. Con ellos, las Escrituras establecen una concordancia con los atributos espirituales de Dios. Así, por ejemplo, los oídos y ojos simbolizan la omnisciencia Divina, la mano su Omnipotencia y el corazón, su Amor.


(2) (Panteísmo = creencia en una divinidad irracional e impersonal esparcida por toda la naturaleza. El Budismo y otras creencias orientales se fundamentan en el panteísmo).


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Es importante tener en cuenta que, la Sagradas Escritura y los Santos Padres hablan predominantemente de las cualidades divinas, y no de la naturaleza de Dios. Los Santos Padres rara vez hablan de la naturaleza de Dios, y cuando lo hacen, lo hacen tangensialmente, explicando que "su naturaleza es simple, única y sencilla." Pero esta sencillez y simplicidad no son un todo indiferente o insubstancial, por el contrario, contienen en sí, la plenitud de Sus cualidades. "Dios es un mar de esencia, ilimitado e incalculable" (San Gregorio el Teólogo). "Dios es la plenitud de todas las cualidades y perfecciones en su aspecto más sublime e infinito (San Basilio Magno). "Dios es simple. Él es todo sentido, todo espíritu, todo pensamiento y toda fuente de bienes" (San Irineo, Obispo de Lyon).


Refiriéndose a los atributos de Dios, los Santos Padres señalan que su multitud, en comparación con la naturaleza simple de Dios, es resultado de nuestra incapacidad de encontrar una sola forma de apreciar la naturaleza divina. En Dios un atributo es aspecto de otro atributo. Dios es recto, esto significa que Él es omnisciente, omnipotente, bondadoso y bienaventurado. Esta multiplicidad de la simpleza de Dios puede compararse con la luz del sol que se evidencia en los colores del arco iris.


Nuestros pensamientos sobre Dios se refieren en primer lugar a Su distinción del mundo (por ejemplo: Dios - es "sin Principio," mientras que el mundo tiene un origen, Dios es eterno, mientras que el mundo es finito; y en segundo lugar a sus acciones en el mundo y la relación del Creador con la creación (Creador, Sustentador, Misericordioso, Juez recto).


Al referirnos a las cualidades divinas, nosotros no definimos con precisión lo que es Dios pues, Su naturaleza hace imposible una definición. Cualquier definición establece límites, marca una restricción, una imperfección. Dios no tiene límites, por ello, no es posible precisar un concepto sobra la Divinidad porque "incluso el entendimiento es una forma de limitación."


 


El Misterio de la


Santísima Trinidad


La comprensión de la unidad y de las excelsas cualidades divinas no agotan la plenitud de la enseñanza cristiana sobre Dios. La fe cristiana nos consagra al profundísimo misterio de la vida interna de Dios; ella presenta a Dios como uno en esencia y trino personas. Así como Dios en su esencia es Uno, todas sus cualidades - eternidad, omnipotencia, omnipresencia y demás, pertenecen igualmente a las tres Personas de la Santísima Trinidad. En otras palabras, el Hijo de Dios y el Espíritu Santo, son eternos y todopoderosos como Dios Padre.


La verdad acerca de la trinidad de Dios constituye la sobresaliente herencia del cristianismo. Las religiones naturales ignoran esta verdad, e inclusive en la enseñanza del Antiguo Testamento no existe una revelación clara y directa sobre el tema. Allí hay rudimentos, indicaciones alegóricas u oscuras sobre este misterio, que solo puede entenderse, en su plenitud con la luz del nuevo testamento que revela la enseñanza sobre Dios uno y trino con total claridad. Hay fragmentos del Antiguo Testamento que se refieren a la pluralidad de personas en la divinidad "Hagamos al hombre en nuestra imagen y semejanza" (Gen. 1:26), "He aquí el hombre es como uno de nosotros" (Gen. 3:22).


"Ahora, pues, descendamos y confundamos allí su lengua" (Gen. 11:7). En estos ejemplos podemos ver que Dios usa el plural cuando habla de Su propia Persona. Hay otro ejemplo bíblico en el que la narración dice que Dios se manifiesta como Uno en Tres Personas Es la teofanía ante Abraham en la forma de tres peregrinos (ángeles). Abraham conversa con los tres usando el singular. Esta manifestación de Dios ante Abraham sirvió de inspiración a Andrés Rublev, para escribir el icono de la Santísima Trinidad.


La enseñanza sobre la Trinidad es el cimiento sobre el cual se fundamenta la fe cristiana. Todas las verdades felices y saludables del cristianismo sobre la salvación, la santificación y la bienaventuranza del hombre, pueden ser adquirirse únicamente con la condición de crecer en el Dios Trinitario, porque todos estos magníficos bienes nos son dados por la acción conjunta y común de las Personas Divinas. San Gregorio el Teólogo dice: "El diseño de nuestra enseñanza es uno y breve. Es como un letrero sobre un poste que hace entrar en razón a todos y que dice: Estas personas adoran sinceramente a la Trinidad."


La gran importancia y el principal significado del dogma de la Santísima Trinidad encuentra su explicación en la constante preocupación con la que la Iglesia siempre ha guardado este Dogma. Esa vigilancia y tensa labor del pensamiento con las que defendió su fe ante los herejes estableciendo la exacta definición: "Dios es uno en esencia y trino en personas, unisubstancial e indivisible." Con estas palabras se expresa la naturaleza de la enseñanza cristiana sobre la Santísima Trinidad. Pero a pesar de esta evidente síntesis y simpleza, el dogma de la Trinidad es el más profundo, incomprensible y desconocido misterio de la divina revelación. Sin importar el esfuerzo de nuestras mentes nos es imposible imaginar de qué manera Tres Personas Divinas, independientes, completamente iguales en dignidad divina pueden constituir un solo e independiente Ser.


Los Santos Padres de la Iglesia, cuyas mentes fueron iluminadas por Dios, más de una vez se acercaban a esta verdad sublime e incomprensiblemente profunda. En sus esfuerzos por explicarla y aproximarla al entendimiento de nuestras mentes limitadas, acudían a diferentes ejemplos tomados de las manifestaciones de la naturaleza o de la formación espiritual del hombre. Por ejemplo: 1) sol, luz y calor, (de aquí surge luz verdadera de luz verdadera en el Credo); 2) manantial, llave y corriente; 3) raíz, tronco y ramas; 4) mente, sentimiento y voluntad... San Cirilo, el equiapóstol instructor de los eslavos año 869 durante una conversación con los musulmanes sobre la Santísima Trinidad, indicando al sol, dijo: "Ven Ustedes en el cielo un círculo brillante del cual nace la luz y el calor? Dios Padre, como este círculo solar, es sin principio ni fin. De Él nace el Hijo de Dios como del sol nace la luz, y como del sol, juntamente con los rayos luminosos, sale también el calor, así procede el Espíritu Santo de Dios Padre. Todos nosotros diferenciamos en el sol él circulo, la luz y el calor, pero el sol es uno solo en el cielo. Así es la Santísima Trinidad: en ella hay tres Personas, pero Dios es Uno e Indivisible." Todas estas y otras semejanzas que facilitan un poco el entendimiento del misterio de la Santísima Trinidad, no son más que una débil insinuación sobre la naturaleza de un Ser excelso. Ellas dejan la sensación de insuficiencia, de falta de correspondencia con aquel concepto sublime para cuya explicación fueron elegidas. No pueden quitar de la enseñanza sobre Dios Uno y Trino, el velo de lo incomprensible y e lo misterioso con el que se cubre esta enseñanza para la mente humana.


Existe un relato muy instructivo sobre San Agustín, famoso maestro de la iglesia occidental. Sumido en la contemplación del misterio de la Trinidad, y planeando una composición sobre el tema, fue a pasear a la orilla del mar. Allí vio a un niño que jugaba excavando un hoyo en la arena. Acercándose al niño, San Agustín le preguntó: "¿Qué estas haciendo?" – "Quiero pasar todo el mar a este hoyo" le contestó el niño, sonriendo. En ese momento San Agustín entendió y se dijo: Acaso no estoy yo haciendo lo mismo que esta haciendo este niño cuando trato de entender al infinito mar, que es Dios, con mi mente?


De la misma manera, San Gregorio Nacianceno, el gran jerarca universal llamado el Teólogo por su capacidad de penetrar mentalmente hasta los más profundos misterios de la fe, escribía que él hablaba más de la Santísima Trinidad de lo que respiraba, admitiendo que no existe un término satisfactorio para el entendimiento del dogma de la Trinidad. Él decía, que todo cuanto estudiaba escudriñadora, y empeñándose en enriquecerla con analogías era insuficiente para explicar la esencia de Dios.


Así la enseñanza sobre la Santísima Trinidad, es el más profundo e incomprensible misterio de la fe. Todos los esfuerzos por hacerla entendible, introduciéndola en el marco de nuestra manera de pensar, son vanos. San Atanasio el Grande dice: "Aquí se encuentra el límite de todo aquello que los querubines cubren con sus alas."


Sin embargo, a pesar de toda su incomprensibilidad, la enseñanza sobre la Santísima Trinidad tiene para nosotros un importante significado moral, y por esta causa este misterio fue revelado a los hombres. En realidad, ésta enseñanza eleva la idea del monoteísmo, la establece sobre un cimiento sólido y aleja aquellas dificultades importantes e insuperables que aparecieron tempranamente en la mente humana. Algunos filósofos de la antigüedad pre-cristiana, elevándose al entendimiento de la Unidad del Ser Supremo, no pudieron resolver la cuestión de, como se manifiesta la vida y la actividad de este Ser por sí mismo fuera de Su relación con el mundo. Entonces la Divinidad se identificaba con el mundo (panteísmo), o bien tenía vida, estaba encerrada en sí misma, era inmóvil constituyendo un principio aislado (deísmo), o se convertía en un terrible e inexorable destino que gobernaba el mundo (fatalismo). La enseñanza cristiana sobre la Santísima Trinidad revela que en las Tres-Hipóstasis del Ser Supremo, además de su relación con el mundo, se manifiesta la infinita plenitud de una misteriosa vida interior. Dios, según la expresión de uno de los más antiguos Padres de la Iglesia, Pedro Crisologo: "es Uno, pero no solitario." En Él hay distinción de Personas que permanecen ininterrumpidamente en comunicación la una con la otra. "Dios Padre no nace ni procede de otra Persona, el Hijo de Dios es engendrado eternamente del Padre, el Espíritu Santo eternamente procede del Padre." Esta relación recíproca de las Personas Divinas, desde siempre consistió la vida interior y mística de Dios, que antes de Cristo estaba oculta para nosotros por una impenetrable cortina.


Gracias al misterio de la Trinidad, el cristianismo, no solo nos enseñó como adorar a Dios y ser piadosos ante su presencia, también nos enseñó a amarlo. Justamente por este misterio, el mundo adquirió la feliz y significante idea, que Dios es amor perfecto e ilimitado. El estricto y seco monoteísmo de estas enseñanzas religiosas, Judaísmo, Islamismo, les impide elevarse hasta la revelación espiritual de la Trinidad de Dios, y por lo tanto no pueden alcanzar el verdadero entendimiento del amor como cualidad soberana de Dios. El amor, en su esencia, no tiene ningún sentido sin una alianza y una comunión. Si Dios fuera unipersonal, entonces ¿con respecto a quién se manifestaría su amor?, ¿Con respecto al mundo? Pero el mundo no es eterno. Entonces, ¿En qué podría revelarse el amor divino en la eternidad antes de la creación del mundo? Al mismo tiempo el mundo es limitado, y el amor de Dios no puede manifestarse en toda su infinita dimensión. El amor sublime para su completa revelación necesita de alguien igualmente sublime. Pero ¿dónde encontrarlo? Unicamente el misterio del Dios Uno y Trino nos ofrece la solución al dilema ya presentado. Este misterio nos revela que el amor de Dios nunca permaneció inactivo o sin manifestarse: Las Personas de la Santísima Trinidad permanecen desde la eternidad en una comunión de amor mutuo e ininterrumpido. El Padre ama al Hijo y lo llama amadísimo. El Hijo dice de sí mismo: "Yo amo al Padre" (Ju 14:31) Son de profundamente ciertas las palabras de San Agustín: "El misterio cristiano de la Trinidad es el misterio del amor Divino. Tu ves la Trinidad, cuando ves el amor."


Sobre la doctrina de la Santísima Trinidad se basa todo el entendimiento de qué es Amor. Sobre esta enseñanza se basa toda la enseñanza moral cristiana, cuya esencia reside en el mandamiento del amor.


Humildemente conscientes de nuestra incapacidad de entender los misterios de la Santísima Trinidad, debemos recibirla con plena fe y hacerlo de tal forma que esta verdad no quede como algo superficial y ajeno a nosotros, sino, que penetre hasta los más profundos rincones de nuestro espíritu y sea parte de nuestras almas y guíe nuestras vidas. Así debe ser nuestro entendimiento de todas las verdades cristianas, porque el cristianismo no es una teoría abstracta sino, la vida nueva y renaciente.


Notas: La antigua enseñanza ortodoxa sobre los atributos del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo fue tergiversada por la Iglesia Católica Romana con la formulación de un nuevo dogma que sostiene la procedencia del Espíritu Santo, del Padre y del Hijo (filioque). Las primeras menciones sobre este agregado surgieron en el siglo VI en España. En el siglo IX el Papa León III aprobó personalmente esta enseñanza, sin embargo, prohibió su inclusión en el Credo Niceo-Constantinopolitano, el cual dice que el Espíritu Santo procede únicamente del Padre. Pero unos cuantos siglos más tarde, el "filoque" fue incluido en el Credo de la Iglesia Romana. La Iglesia Ortodoxa nunca aprobó este agregado en el Símbolo de la Fe, porque esta enseñanza no existe en las Sagradas Escrituras, ni en la iglesia cristiana de los primeros tiempos, y es tan solo una invención de la mente humana. Esta tergiversación de la fe cristiana es uno de los obstáculos más grandes que impiden la unión de la Iglesia Ortodoxa y la Iglesia Romana. Los Protestantes, que se separaron en el siglo XVI de la Iglesia Romana, heredaron esta falsa teoría.


 


La perfección de Dios


manifestada en nuestro


Señor Jesucristo


Hace dos mil años ocurrió un gran milagro: se reveló el misterio de piedad: Dios excelso, que habita en la gloria inaccesible, en la Persona del Unigénito Hijo de Dios, descendió a nuestro mundo y se hizo hombre. Para no reducirnos a cenizas ante la presencia de Su Gloria y naturaleza Divina, el Hijo de Dios la ocultó en un cuerpo humano. De esta forma, el invisible, se hizo visible, el intangible, tangible, y el desconocido, se dio a conocer.


"El que me ha visto a mí, ha visto al Padre," dice Jesucristo a sus contemporáneos (San Juan 14:9). ¿Cuáles son las perfecciones divinas que se manifestaron a aquellos que lo vieron y tuvieron contacto con el Hijo de Dios? Ellos vieron aquello, que es característica de Dios: Su omnipotencia, y omnisciencia. La vida de Jesucristo sobre la tierra se acompañó de milagros. Para El no existe enfermedad incurable, y la naturaleza irracional obedecía maravillosamente a su palabra Divina. Los ángeles le sirven con temor, como al gran Soberano. Los demonios malignos huyen de El temerosos, como esclavos llenos de culpa; Hasta la muerte despiadada y el infierno tenebroso se sometieron a Él, dejando ir hacia el Paraíso a sus rehenes. Todas las obras de su Divinidad Todopoderosa se llevan a cabo ante la vista de todos. Estas obras dejaron una huella imborrable en la historia de la humanidad. La conciencia sobre la realidad del encuentro con el Creador fue tan firme en los discípulos de Cristo, que todos ellos consagraron sus vidas a la enseñanza de la feliz noticia de la venida de Dios a la tierra "Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocantes al Verbo de vida. Porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó" escribe San Juan (1 Juan 1:1-2).


Además de la Omnipotencia Divina, la gente percibió en Jesucristo algo muy valioso en el sentido moral Sus cualidades espirituales y su santidad. Durante su vida terrenal el Salvador manifestó la grandeza de su virtud: su sensibilidad, su misericordia, su humildad, su mansedumbre, su obediencia al Padre, su aspiración hacia la verdad, su total pureza y santidad, su desinterés, valentía, paciencia y especialmente su amor sin límite. Los apóstoles nos recuerdan constantemente la misericordia de Jesucristo y su compasión por el hombre en "En esto hemos conocido el amor, en que Él dio su vida por nosotros: También nosotros debemos dar nuestras vidas por los hermanos" (1 Juan 3:16).


San Pablo, que sintió la fuerza del amor de Cristo, describe las cualidades de esta virtud: "El amor es paciente, es benigno; el amor no envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no busca mal; no se regocija en la injusticia, mas goza de la verdad. Todo lo sobrelleva, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca se acaba; en cambio, las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia tendrá su fin" (1 Cor 13:4-8).


Así, Jesucristo con Su vida y Su obra manifestó al mundo la perfección moral de Dios y nos otorgó la posibilidad de entender en qué consiste la imagen y semejanza de Dios en el hombre y hacia qué debemos dirigir nuestras aspiraciones.


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Dios es el Ser Espiritual excelso, de quién todo procede y sin el que nada es posible. El no tiene principio y nunca tendrá fin. Él esta sobre todo tiempo y espacio. Él es omnipresente, se encuentra en todos los lugares al mismo tiempo e impregna todo, pero El no puede ser impregnado por nada. El es el Principio, la continuación y la vida y de todo cuanto existe. Él es infinitamente bondadoso y justo. Sin tener necesidad alguna Él, por Su bondad, se preocupa de todo el mundo visible e invisible y dirige la vida de cada ser humano hacia la salvación. El camino del conocimiento de Dios y la eterna bienaventuranza se manifiesta a las personas por medio del Hijo Unigénito de Dios.


El hombre contemporáneo, a pesar de sus conocimientos, sabe muy poco y no piensa casi en Dios. Parece que a propósito, todo está destinado a desviar la mente del hombre de lo más importante que es Dios y la eternidad, privando al hombre de una viva comunión con su Creador. El resultado es la lúgubre vanidad, la pena constante y la oscuridad espiritual. Es imprescindible realizar un esfuerzo de voluntad para desplazar la vanidad en un segundo plano y dirigir nuestra mirada hacia Dios y percibir su luz. De esta manera, en comunión con Dios, sentiremos su proximidad y bondad, veremos su diestra rectora en nuestras vidas, y aprenderemos a obedecer su voluntad. Así, paulatinamente, Dios se convertirá para nosotros en lo más importante de nuestras vidas la fuente de nuestra energía, paz y alegría y la razón de nuestra existencia. Él será nuestro Padre, y nosotros, sus hijos.


Obispo Alexander Mileant

                                   Catecismo Ortodoxo 

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