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Tuesday, December 13, 2016

Akathistos de la Pasion de Nuestro Señor Jesucristo




Bendito sea nuestro Dios ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

Si no hay Sacerdote: Por las oraciones de nuestros Santos Padres, oh Señor Jesucristo, Dios Nuestro, Ten piedad de nosotros. Amén.


Gloria a Ti, Dios Nuestro, Gloria a Ti.

Rey del Cielo, Consolador, Espíritu de la Verdad, que estás en todo lugar, y que todo lo llenas, Tesoro de bienes y Dador de la Vida, ven y haz de nosotros tu morada, purifícanos de toda mancha, y salva, Tú que eres bueno, nuestras almas.

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros


Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros. Señor, purifícanos de nuestros pecados. Maestro, perdona nuestras transgresiones. Santo, visítanos y cura nuestras dolencias, por tu nombre.

Señor, ten piedad, Señor, ten piedad, Señor, ten piedad



Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,

ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.



Padre nuestro que estas en los cielos, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu Majestad, hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo; el pan sobreesencial dánosle hoy, perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos introduzcas en la tentación, mas líbranos del maligno.


Porque tuyo es el reino y el poder y la gloria, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.


Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,
ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.



Salmo 50

Ten piedad de mí, oh Dios según Tu gran piedad

y según la multitud de Tus misericordias borra mi iniquidad.

Acaba de lavarme de mi injusticia y purifícame de mi pecado.

Porque conozco mi injusticia y mi pecado está siempre ante mí.

Contra Ti solo he pecado y lo malo he hecho ante Ti,

para que seas justificado en Tus palabras

y venzas cuando se Te juzgue.

Pues he aquí, fui concebido en iniquidades

y en pecados me apeteció mi madre.

Pues he aquí, amaste la verdad,

lo desconocido y oculto de Tu sabiduría me manifestaste.

Me rociarás con hisopo y seré purificado,

me lavarás y más que nieve blanquearé.

Me enseñarás alborozo y alegría

y mis huesos humillados se alborozarán.

Aparta Tu faz de mis pecados y borra todas mis iniquidades.

Crea en mí un corazón puro, oh Dios

y un espíritu recto renueva en mis entrañas.

No me arrojes de Tu faz y Tu Espíritu Santo no me quites.

Devuélveme el alborozo de Tu salvación

y afiánzame con Tu Espíritu príncipe.

Enseñaré a los inicuos Tus sendas

y los impíos se convertirán a Ti.

Líbrame de sangres, oh Dios, Dios de mi salvación

y exultará mi lengua en Tu justicia.

Oh Señor, abrirás mis labios y mi boca anunciará Tu alabanza.

Porque si hubieras querido sacrificio Te lo daría.

En holocaustos no Te complacerás.

El sacrificio a Dios es un espíritu contrito,

un corazón contrito y humillado, Dios no despreciará.

Haz bien, Señor, en Tu beneplácito a Sión

y edifíquense los muros de Jerusalén.

Entonces Te complacerás en sacrificio de justicia,

oblación y holocaustos,

entonces ofrecerán becerros sobre Tu altar.


Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,
ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.


Salmo 142

Señor, escucha mi oración, presta oído a mi súplica según tu fidelidad; óyeme por tu justicia, y no entres en juicio con tu siervo, porque ningún viviente es justo delante de Ti. El enemigo persigue mi alma, ha postrado en tierra mi vida; me ha encerrado en las tinieblas, como los ya difuntos. El espíritu ha desfallecido en mí, y mi corazón está helado en mi pecho. Me acuerdo de los días antiguos, medito en todas tus obras, contemplo las hazañas de tus manos, y extiendo hacia Ti las mías; como tierra falta de agua, mi alma tiene sed de Ti. Escúchame pronto, Señor, porque mi espíritu languidece. No quieras esconder de mí tu rostro: sería yo como los que bajaron a la tumba. Hazme sentir al punto tu misericordia, pues en Ti coloco mi confianza. Muéstrame el camino que debo seguir, ya que hacia Ti levanto mi alma. Líbrame de mis enemigos, Señor; a Ti me entrego. Enséñame a hacer tu voluntad, porque Tú eres mi Dios. Tu Espíritu es bueno; guíame, pues, por camino llano. Por tu Nombre, Señor, guarda mi vida; por tu clemencia saca mi alma de la angustia. Y por tu gracia acaba con mis enemigos, y disipa a cuantos atribulan mi alma, porque soy siervo tuyo.


Akathistos de la Pasion de Nuestro Señor Jesucristo.


Kontaquio 1.

tono 8:

Soberano Dueño y Señor del cielo y de la tierra, viéndote suspendido en la Cruz, Rey Inmortal, se turbo la creación entera, se amedrentó el cielo y los cimientos de la tierra temblaron. Mas, nosotros, aunque indignos, te ofrecemos esta acción de gracias por tu pasión por causa nuestra. Y con el ladrón te clamamos:

Jesús, Hijo de Dios, Acuérdate de Nosotros Cuando Vengas en tu Reino.

Ikos 1:
Tú que perfeccionaste el coro angelical, no tomaste la naturaleza de los ángeles para ti, S siendo Dios verdadero, te hiciste hombre por nosotros, y por tu vivificador cuerpo y sangre vivificaste al hombre, muerto desde antaño en el pecado. Por eso agradecidos por tu gran amor clamamos a ti: Jesús Dios mío amor de todos los siglos, que a nosotros los mortales de la tierra revelaste tu voluntad; Jesús misericordia inconmensurable, que descendiste al hombre caldo; Jesús revestido de nuestra carne, y que por tu muerte destruiste el dominio de la muerte; Jesús que nos deificas por tus Divinos Misterios; Jesús que redimiste al mundo entero por tus sufrimientos en la Cruz;


Jesús, Hijo de Dios, Acuérdate de Nosotros Cuando Vengas en tu Reino.

Kontaquio 2:
Viéndote en Getsemani, agonizando en oración hasta sudar sangre, se acercó un ángel y te fortalecía, cuando como carga pesada nuestros pecados pesaron sobre ti. Habiendo levantado al caído Adán sobre tus hombros, lo presentaste al Padre, arrodillándote y suplicando. Y a causa de esto, con fe y amor, te canto: Aleluya.

Ikos 2:

Los Judíos no comprendieron el inefable significado de tus sufrimientos voluntarios. Y cuando dijiste: Yo Soy a los que te buscaban de noche con lámparas, aunque se cayeron al suelo, después te ligaron y te llevaron al tribunal. Los que pasamos por el mismo camino, caemos ante ti y con amor clamamos: Jesús, Luz del mundo, odiado por el mal del mundo; Jesús, que moras en luz inaccesible, apresado por el reino de las tinieblas; Jesús, Inmortal Hijo de Dios, traicionado hasta la muerte por el hijo de perdición; Jesús en quien no hay engaño, besado con disimulo por el traidor; Jesús, que te das libremente a todos, vendido por unas monedas de plata;

Jesús, Hijo de Dios, Acuérdate de Nosotros Cuando Vengas en tu Reino.

Kontaquio 3:
Por el poder de tu Divinidad predijiste a tu discípulo su triple negación. Mas, después, aunque te había negado con un juramento, cuando te vio, su Señor y Dueño, en la corte del sumo sacerdote, se derritió su corazón y salió y lloró amargante. Mírame también, Señor, y tócame en mi duro corazón a fin de que con mis lágrimas lave mis pecados, alabándote con: Aleluya.

Ikos 3:
Como Sumo Sacerdote eterno, dotado de veras de potestad según el orden de Melquísedec, estabas ante Caifás, el sumo sacerdote transgresor, Tú que eres Dueño y Señor de todo, que recibiste suplicio de tus siervos, recibe de nosotros estas preces: Jesús, inapreciable, comprado por un precio, poséeme en tu eterna heredad; Jesús, apetecido de todos, de Pedro rechazado por miedo, no me rechaces a mí, pecador; Jesús Cordero inocente, golpeado a crueles azotes, rescátame de mis enemigos; Jesús Sumo Sacerdote, que por tu sangre has entrado en el Sanctasanctorum, purifícame de mis manchas carnales; Jesús aherrojado, que tienes poder de ligar y desatar, absuelve mis graves iniquidades;


Jesús, Hijo de Dios, Acuérdate de Nosotros Cuando Vengas en tu Reino.

Kontaquio 4:
La tempestad de Cristicidio enfurecida, los judíos, escuchando la voz del padre de la mentira y del asesino de antaño, Satanás, te rechazaron, el Recto Camino, la Verdad y la Vida. Mas te confesamos, Cristo Potencia de Dios, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la razón, te clamamos: Aleluya.

Ikos 4:
Al oír tus humildes palabras, Pilatos te entregó a la crucifixión, como si merecieras la muerte, aunque mismo atestó no hallarte falta alguna. Luego lavóse las manos, mas su corazón le manchó. Maravillándonos del misterio de tus sufrimientos voluntarios, compungidos te clamamos: Jesús, Hijo de Dios e Hijo de la virgen, torturado por los hijos de la maldad; Jesús, mofado y desnudado, que das belleza a los lirios del campo y vistes el cielo de nubes; Jesus lleno de heridas, que con cinco panes llenaste a los cinco mil; Jesús, Rey de todo, que en vez de un tributo de amor y gratitud, recibiste crueles suplicios; Jesús, que por nosotros fuiste herido todo un día, cura las heridas de nuestras almas.

Jesús, Hijo de Dios, Acuérdate de Nosotros Cuando Vengas en tu Reino.


Kontaquio 5:
Fuiste ataviado de tu Divina Sangre, Tú que te cubres de luz como de vestidura. Yo sé, en verdad, yo sé con el profeta por qué tus vestiduras son de escarlata. Soy yo, Señor, que te herí con mis pecados. A ti, pues, que por mí fuiste herido, te clamo con gratitud: Aleluya.

Ikos 5:
En el espíritu viéndote cubierto de deshonra y de heridas, el divinamente inspirado Isaías clamo aterrado, "Lo hemos visto y no tiene ni forma ni belleza." Y nosotros viéndote en la Cruz con fe y temor exclamamos: Jesus sufriendo deshonra, que has coronado al hombre de gloria y honor; Jesus a quien no pueden contemplar los ángeles, abofetado; Jesús, golpeado en la cabeza con una caña, inclina mi cabeza en humildad; Jesús cuyos claros ojos fueron obscurecidos con tu sangre, aparta mis ojos para que no vean la vanidad; Jesús que de pies a cabeza no tenías parte ilesa, hazme enteramente sano e ileso;


Jesús, Hijo de Dios, Acuérdate de Nosotros Cuando Vengas en tu Reino.

Kontaquio 6:
Pilatos resultó abogado de tu mansedumbre cuando declaró a la multitud que no habla en ti nada digno de la muerte, mas los judíos, como fieras sanguinarias, rechinaron los dientes y clamaron, ¡Crucifícale, crucifícale¡ Nosotros, honrando tus purísimas heridas, clamamos: Aleluya.

Ikos 6:
Brillaste como espectáculo y maravilla a los ángeles y a los hombres, y aún a Pilatos, que de ti dijo, "He aquí el hombre." Venid, pues, adoremos a Cristo, ultrajado por causa nuestra, clamando: Jesús, Creador y Juez de todo, juzgado y torturado por tus criaturas; Jesús, Dador de sabiduría, que ni siquiera diste contestación a los impíos; Jesús, Sanador de los que estamos heridos por el pecado, concédeme el sanativo de la penitencia; Jesús, Pastor acometido, ahuyenta a los demonios que me tientan; Jesús, que tuviste tu cuerpo en aflicción, aflige mi corazón de temor de ti;




Jesús, Hijo de Dios, Acuérdate de Nosotros Cuando Vengas en tu Reino.

Kontaquio 7:
Deseando librar al hombre de las obras del Enemigo, te humillaste ante tus enemigos, Jesús, y como cordero que no abre su boca, fuiste llevado al matadero, todo cubierto de heridas para curar a todos los hombres, que claman: Aleluya. 
 
Ikos 7:
Revelando paciencia maravillosa, cuando con la sentencia del injusto juez, los soldados te vituperaron, y con crueles heridas, afligieron tu purísimo cuerpo, de modo que estaba purpúreo de sangre de pies a cabeza. Por eso, con lágrimas te clamamos: Jesús, que amas a los hombres, coronado de espinas por los hombres; Jesús, sin pasión en tu Divinidad, sufriendo la pasión, para que de la pasión seamos librados; Jesús, salvador mío, sálvame que merezco todo tormento; Jesús, abandonado de todos, mi time fundamento, fortaléceme a mí;Jesús, injuriado de todos, mi felicidad, hazme feliz;

Jesús, Hijo de Dios, Acuérdate de Nosotros Cuando Vengas en tu Reino.


Kontaquio 8:
Maravilloso y extraño fue cuando Moisés y Elías te aparecieron en el Monte Tabor y hablaron de tu muerte, que ibas a sufrir en Jerusalén. Habiendo visto allí tu gloria y aquí nuestra salvación, te clamamos: Aleluya.

Ikos 8:
Perseguido dondequiera por los judíos a causa de la gran multitud de nuestros pecados, sufriste el escándalo y el tormento. Hay quien te acusa de rebeldía contra César, quien te acusa como a reo, y quien clama: "Quita, quita, crucifícale." A ti, Señor, condenado de todos y llevado a la crucifixión, del fondo de nuestra alma, decimos: Jesús, injustamente condenado, Juez nuestro, no nos condenes de acuerdo con nuestras hazañas Jesús agotado en el camino bajo la Cruz, mi fortaleza, en la hora de mí tristeza y aflicción, no te alejes de mí; Jesús, que pediste ayuda al Padre, mi firme contendedor, fortaléceme en mis enfermedades; Jesús, que aceptaste las deshonras, Gloria mía, no me prives de tu gloria; Jesús, imagen de, la brillantísima hipóstasis del Padre, transforma mi impura y sombría vida;

Jesús, Hijo de Dios, Acuérdate de Nosotros Cuando Vengas en tu Reino.

Kontaquio 9:
Confundióse la naturaleza entera al verte pendiente de la Cruz; el Sol de los cielos encondió sus rayos, tembló la tierra, el velo del templo se rompió por medio, las piedras se partieron, salieron los muertos del infierno. Mas nosotros adoramos tus purísimas plantas y cantamos: Aleluya.

Ikos 9:
Elocuentes oradores, aunque declamen mucho, no saben rendirte debida gratitud por tu Divina Pasión, Tú que amas a los hombres. Mas nuestra alma y nuestro cuerpo, nuestro corazón y todos nuestros miembros, compungidos, te claman: Jesús, clavado a la Cruz, empala y destruye la cédula de nuestros pecados; Jesús, que extiendes tus manos desde la Cruz a todos, acércame a mí, que estoy extraviado; Jesús, Entrada de los corderos, tu costado traspasado, condúceme por tus heridas a la cámara nupcial; Jesús, crucificado en la carne, crucifica mi carne con sus pasiones y sus vicios; Jesús, que finaste en la agonía, concede que no conozca mi corazón nada aparte de tí crucificado;

Jesús, Hijo de Dios, Acuérdate de Nosotros Cuando Vengas en tu Reino.


Kontaquio 10:
Deseando salvar al mundo, sanaste a los ciegos, a los cojos, a los leprosos, a los sordos, y a los mudos, y echaste fuera demonios. Mas los necios judíos, respirando malicia y turbados por envidia, te suspendieron en la Cruz, sin saber cantarte: Aleluya.

Ikos 10:
Jesús, Rey de todos los siglos, que sufriste en cada miembro por mi incontinencia, para hacerme enteramente puro, dándonos el ejemplo en todo para que siguiéramos tus pasos, clamando: Jesús, Amor insondable, que no acusaste de pecadores a los que te crucificaron; Jesús, que oraste con ardiente lamento y lágrimas en el huerto, enséñanos a orar; Jesús que en ti mismo eres el cumplimiento de toda la profecía, cumple el deseo de nuestro corazón de ser buenos; Jesús que encomendaste tu espíritu en manos del Padre, a la hora de mi muerte recibe mi espíritu; Jesús que no prohibiste que partieran tus vestiduras, suavemente parte mi alma de mi cuerpo;


Jesús, Hijo de Dios, Acuérdate de Nosotros Cuando Vengas en tu Reino.




Kontaquio 11:
Tu inmaculada Madre te ofreció cánticos de ternura, diciendo, "Aunque sufres en la Cruz, yo sé de Ti desde el vientre que fuiste engendrado del Padre antes del lucero, porque veo que la creación entera sufre contigo." Tú rindes tu espíritu al Padre; recibe asimismo mi espíritu y no me abandones, porque te clamo: Aleluya.

Ikos 11:
Como vela radiante estuvo la inmaculada Virgen junto a la Cruz, ardiendo de amor y agobiada de dolor maternal por ti, el verdadero Sol de la justicia que estaba en la tumba; juntamente con las de ella, acepta estas oraciones de nuestro corazón: Jesús elevado en el Madero, para elevarnos al Padre, a nosotros los caídos; Jesus que diste a la Siempre-Vírgen como Madre al castísimo Apóstol, para enseñarnos la virginidad y la pureza; Jesus que confiaste a la que te dio a luz a tu discípulo divino, Dios Verbo, encomiéndanos a todos a su protección maternal; Jesus Conquistador del mundo y del infierno, conquista la infidelidad, el orgullo de vida y la lujuria de los ojos que reside dentro de nosotros; Jesus Destruidor del reino de la muerte, líbrame de la muerte eterna;


Jesús, Hijo de Dios, Acuérdate de Nosotros Cuando Vengas en tu Reino.


Kontaquio 12:
Concédeme tu gracia, Jesus Dios mío> recíbeme como recibiste a José y a Nicodemo, para que te pueda ofrecer mi alma como mortaja limpia y ungir tu purísimo cuerpo con la fragancia de la virtud, y guardarte en mi corazón como en un sepulcro, clamando: Aleluya.


Ikos 12:

Alabando tu voluntaria crucifixión, adoramos tu Pasión, Cristo. Creemos con el centurión que eres verdaderamente el Hijo de Dios, que vendrás sobre las nubes con grande gloria y potencia; no nos avergüences que estamos redimidos por tu Sangre, clamando: Jesús, paciente, por la lamentación de tu madre Virgen, rescátanos del llanto eterno; Jesús, abandonado de todos, no me abandones a la hora de mi muerte; Jesús, cuyos pies fueron tocados por Magdalena, recíbeme como a quien quiere seguir tus pasos; Jesús, no me condenes con el Traidor y con tus crucificadores; Jesús, condúceme al Paraíso con el buen Ladrón sabio;

Jesús, Hijo de Dios, Acuérdate de Nosotros Cuando Vengas en tu Reino.


Kontaquio 13:
Jesucristo, Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, acepta esta corta acción de gracias ofrecida a ti del fondo de nuestra alma, y cúranos por tus salubres sufrimientos de toda enfermedad de cuerpo y alma. Ampáranos por tu Cruz, de enemigos visibles e invisibles, y al fin de nuestra vida, no nos abandones, porque tu muerte nos libró de la muerte eterna, para que te clamemos para siempre: Aleluya, Aleluya, Aleluya.

(Repítanse Ikons 1 y Kontaquio 1.)


Ikos 1:
Tú que perfeccionaste el coro angelical, no tomaste la naturaleza de los ángeles para ti, S siendo Dios verdadero, te hiciste hombre por nosotros, y por tu vivificador cuerpo y sangre vivificaste al hombre, muerto desde antaño en el pecado. Por eso agradecidos por tu gran amor clamamos a ti: Jesús Dios mío amor de todos los siglos, que a nosotros los mortales de la tierra revelaste tu voluntad; Jesús misericordia inconmensurable, que descendiste al hombre caldo; Jesús revestido de nuestra carne, y que por tu muerte destruiste el dominio de la muerte; Jesús que nos deificas por tus Divinos Misterios; Jesús que redimiste al mundo entero por tus sufrimientos en la Cruz;

Jesús, Hijo de Dios, Acuérdate de Nosotros Cuando Vengas en tu Reino.


Kontaquio 1.


tono 8:

Soberano Dueño y Señor del cielo y de la tierra, viéndote suspendido en la Cruz, Rey Inmortal, se turbo la creación entera, se amedrentó el cielo y los cimientos de la tierra temblaron. Mas, nosotros, aunque indignos, te ofrecemos esta acción de gracias por tu pasión por causa nuestra. Y con el ladrón te clamamos:

Jesús, Hijo de Dios, Acuérdate de Nosotros Cuando Vengas en tu Reino.


Oracion al Señor Jesus Crucificado

Señor Jesucristo crucificado, Creador del cielo y de la tierra, Salvador del mundo, he aquí que yo que soy indigno, y de todos el más pecaminoso, habiendo doblado humildemente la rodilla de mi corazón ante la gloria de tu majestad, alabo tu Cruz y tu Pasión, y te ofrezco gracias, Rey de todo, porque quisiste sufrir como hombre toda opresión, calamidad, desventura y tortura, para ser nuestro compañero en el sufrimiento, nuestro auxilio, el Salvador de todos en la tristeza, necesidad y adversidad. Yo sé, omnipotente Dueño, que todo esto no te fue necesario, mas, por la salvación de la raza humana, sufriste la Cruz, y sufriendo, nos redimiste a todos de las crueles obras del Enemigo ¿Cómo te pagaré, tú que amas a los hombres, todo lo que has sufrido por causa mía, siendo yo pecador? No sé yo, pues el alma y el cuerpo, y toda bondad nos vienen de ti, y todo lo mío es tuyo; yo soy tuyo. Confiando tan solamente en tu infinita Compasión, bondadoso Señor, alabo tu inefable paciencia, magnífico tu indecible humillación, glorifico tu inconmensurable misericordia, alabo tu purísima Pasión, y con amor abrazo tus heridas, clamando: Ten misericordia de mí pecador, y concede que tu Santa Cruz no sea vana en mi, que participando aquí con fe de tus sufrimientos, sea yo digno de contemplar igualmente la gloria de tu reino celestial. Amén.

Por las oraciones de nuestros Santos Padres, oh Señor Jesucristo, Dios Nuestro, Ten piedad de nosotros. Amén.
 
Catecismo Ortodoxo
http://catecismoortodoxo.blogspot.ca/


Sunday, August 30, 2015

Akathistos a Jesús, Nuestro Señor


1. Oh Guía, defensor en la lucha. Señor, vencedor del infierno, ya que me has salvado de la muerte eterna canto tu alabanza, yo, tu criatura, tu siervo. Tú, cuya misericordia no tiene límite, libérame hoy de todo peligro, Tú, a quien yo invoco:


Jesús, Hijo de Dios, ten piedad de mí


2. Oh Creador de los ángeles y Señor de las potencias del cielo, Tú que has abierto el oído y la palabra al sordomudo, ilumina mi espíritu y desata mi lengua para que pueda alabar a Tu Nombre purísimo y dirigirme a Ti con este canto:


Jesús, belleza luminosa, estupor de los ángeles.
Jesús, fuerza invencible, liberación de nuestros padres.
Jesús, dulzura inmensa, alabanza de los patriarcas.
Jesús, Señor muy amado, cumplimiento de los profetas.
Jesús, admirable en la fuerza, gloria de los mártires.
Jesús, paz resplandeciente, alegría de los monjes.
Jesús, lleno de benevolencia, dulzura de los sacerdotes.
Jesús, misericordia incansable, regocijo de los santos.
Jesús, purísimo, pureza de las vírgenes.
Jesús, Tú eres desde siempre, salvación de los pecadores.


Jesús, Hijo de Dios, ten piedad de mí


3. Cuando viste a la viuda quebrantada de dolor, tuviste piedad de ella, Señor, y resucitaste a su hijo que estaban llevando a la tumba. Del mismo modo, Tú que amas a los hombres, fortalece mi alma y ten piedad de mí, que te grito:


Jesús, Hijo de Dios, ten piedad de mí


4. Buscando entender al Incomprensible, Felipe te dijo: “Señor, muéstranos al Padre”. Tú le respondiste: “¿Hace tanto tiempo que estoy con ustedes y tú no me conoces, Felipe? ¿No crees que yo estoy en mi Padre y que mi Padre está en mí?” A Ti, que estás más allá de toda comprensión, con temor te grito:


Jesús, Dios desde siempre y por siempre.
Jesús, Maestro muy paciente.
Jesús, Salvador lleno de compasión.
Jesús, Amor inmenso, custódiame.
Jesús, purifícame de mis pecados
Jesús, aparta tu mirada de mis culpas.
Jesús, libera de mi corazón toda falsedad.
Jesús, yo espero en Ti, no me abandones.
Jesús, no me rechaces lejos de Ti.
Jesús, mi Creador, no me olvides.
Jesús, Tú el único Pastor Bueno, vela por mí.


Jesús, Hijo de Dios, ten piedad de mí


5. Jesús, Tú has revestido con el poder de lo alto a los apóstoles que permanecían en Jerusalén. Del ardor del Espíritu Santo revísteme también a mí aunque esté desprovisto de toda obra buena y concédeme cantarte con amor: Aleluia.


6. Jesús, en la riqueza de tu misericordia has llamado al publicano y al pecador, ahora vuélvete hacia mí, que soy como ellos y acepta este canto como mirra muy preciosa:


Jesús, fuerza invencible.
Jesús, ternura infinita.
Jesús, belleza luminosa.
Jesús, amor inefable.
Jesús, Hijo de Dios viviente.
Jesús, te piedad de mí, pecador.
Jesús, ilumíname porque estoy en la oscuridad.
Jesús, purifícame de toda culpa.
Jesús, recondúceme a Ti, como el hijo pródigo.


Jesús, Hijo de Dios, ten piedad de mí


7. Asaltado interiormente por una tempestad de duda, Pedro se hundía. Cuando te ve presente corporalmente y caminar sobre el agua, te reconoce verdadero Dios, y aferrándose a la mano que salva dice: Aleluia.


8. El ciego te siente pasar, Señor, y se pone a gritar: “¡Hijo de David, ten piedad de mí!”. Llamándolo, Tú le devolviste la vista. Del mismo modo, en tu ternura, ilumina los ojos de mi corazón, a mi que te grito, diciendo:


Jesús, Creador de los ángeles.
Jesús, Redentor de los hombres.
Jesús, vencedor del infierno.
Jesús, Tu has revestido de belleza a toda criatura.
Jesús, reanima mi alma.
Jesús, ilumina mi inteligencia.
Jesús, colma de gloria mi corazón.
Jesús, da la salud a mi cuerpo.
Jesús, mi Salvador, sálvame.
Jesús, mi luz, ilumíname.
Jesús, de todo tormento, libérame.
Jesús, sálvame, aunque sea indigno.


Jesús, Hijo de Dios, ten piedad de mí


9. Con tu sangre derramada, nos has rescatado. Así, Jesús, no nos dejaste prisioneros, esclavos de nuestras pasiones y de la profunda tristeza. Haznos verdaderamente libres, a nosotros que te gritamos: Aleluia.


10. Los hijos de tu pueblo han visto, en un cuerpo como el nuestro, a Aquél que con su mano había creado al hombre. Y, habiéndolo reconocido como el Señor, buscaban festejarle agitando los ramos y gritando: ¡“Hosanna”! Del mismo modo, nosotros te ofrecemos un himno diciendo:


Jesús, verdadero Dios.
Jesús, Hijo de David.
Jesús, Rey de la gloria.
Jesús, Cordero inocente.
Jesús, Pastor maravilloso.
Jesús, Custodio de mi infancia.
Jesús, Consejero de mi juventud.
Jesús, alabanza de mi vejez.
Jesús, esperanza en la hora de mi muerte.
Jesús, vida después de la muerte.
Jesús, consolación en la hora misma de mi juicio.
Jesús, mi único deseo ábreme la puerta de tu Reino.


11. Llevando a cumplimiento el mensaje de los profetas inspirados por Dios, viniste al mundo, Jesús. Quisiste habitar entre nosotros. Tú, el Infinito, tuviste compasión de nuestra enfermedad. Porque, nos sanaste por tus heridas, nosotros hemos aprendido a cantar: Aleluia


12. La luz de tu Verdad se levantó sobre el universo entero, y la mentira fue rechazada: los ídolos, Señor, no soportaron tu poder y cayeron. Y nosotros que recibimos la salvación de Ti, te cantamos:


Jesús, Verdad que rechaza la mentira.
Jesús, luz que no decae.
Jesús, tan grande en tu poder infinito
Jesús, Dios inquebrantable en tu compasión.
Jesús, Pan de vida, sáciame, que tengo hambre.
Jesús, fuente de la inteligencia, sáciame que tengo sed.
Jesús, vestido de gloria, envuélveme, que soy corruptible.
Jesús, manto de alegría, recúbreme, que soy indigno.
Jesús, que das a quien pide, concédeme llorar mis pecados.
Jesús, que abres a quien golpea, abre a mi pobre corazón.
Jesús, Redentor de los pecadores, purifícame de mi pecado.


Jesús, Hijo de Dios, ten piedad de mí


13. Queriendo revelar el misterio escondido desde los siglos, como un cordero mudo has sido inmolado, Jesús. Siendo Dios, has resucitado de entre los muertos y has subido al cielo en la gloria. Contigo, nosotros hemos resucitado, y te gritamos: Aleluia.


14. Ante nuestros ojos hiciste tu obra maravillosa cuando el Creador, nacido de la Virgen, se manifestó: resucitó de la tumba, sin romper los sellos, se presentó corporalmente a los apóstoles a puerta cerrada. Por esto, maravillados cantamos con fuerza:


Jesús, Verbo incomprensible.
Jesús, Palabra impenetrable.
Jesús, poder inaccesible.
Jesús, sabiduría inconcebible.
Jesús, divinidad inmensa.
Jesús, Señor de todo el universo.
Jesús, soberanía infinita.
Jesús, fuerza estrepitosa.
Jesús, poder eterno.
Jesús, mi Creador, ten compasión de mí.
Jesús, Salvador, sálvame.


15. Viéndote, Jesús, Dios misteriosamente encarnado, nosotros vivimos en el mundo sin ser del mundo y caminamos lleno de esperanza hacia tu Reino. Si has bajado a la tierra es para subirnos a nosotros al cielo, por esto te cantamos: Aleluia.


16. Tú estás plenamente presente en la tierra sin dejar de estar ausente en el cielo. Jesús, ¡cuánto, voluntariamente, has sufrido por nosotros¡ Con tu muerte, has vencido a la muerte, y con tu resurrección, nos has dado la vida, y por esto nosotros te cantamos:


Jesús, dulzura del corazón.
Jesús, vigor del cuerpo.
Jesús, limpieza del alma.
Jesús, vivacidad del espíritu.
Jesús, alegría de mi corazón.
Jesús, mi esperanza, mi única esperanza.
Jesús, alabanza excelsa, alabanza eterna.
Jesús, plenitud de mi alegría.
Jesús, mi único deseo, no me rechaces.
Jesús, mi Pastor, búscame.


Jesús, Hijo de Dios, ten piedad de mí


17. Todos los ángeles magnifican incesantemente tu Santo Nombre Jesús, cantando en el cielo: “Santo, Santo, Santo”. Nosotros pecadores, también, con nuestros labios de arcilla, sobre la tierra te cantamos: Aleluia.


18. Viéndote, oh Jesús nuestro Salvador, los oradores más elocuentes quedan sin palabra. No son capaces de decir cómo tu permaneces Dios inmutable y hombre perfecto. Pero nosotros, llenos de admiración delante del misterio, con fe gritamos:


Jesús, Dios desde toda la eternidad.
Jesús, Rey de reyes.
Jesús, Señor de los señores.
Jesús, justicia de los vivos y de los muertos.
Jesús, esperanza de quienes están sin esperanza.
Jesús, consolación de los que lloran.
Jesús, gloria de los humildes.
Jesús, en tu compasión, cúrame.
Jesús, expulsa de mí el desaliento.
Jesús, ilumina los pensamientos de mi corazón.
Jesús, mantiene despierto en mí el recuerdo de la muerte.


19. Queriendo salvar el mundo, oh Sol que surges, has tomado un cuerpo como el nuestro y te has humillado hasta la muerte. Por esto tu Nombre ha sido exaltado sobre todo nombre y de todos los seres de la tierra y del cielo sientes cantar: Aleluia.


20. ¡Dios eterno, Consolador! Cristo verdadero: purifícanos de toda mancha, como has purificado los diez leprosos, y cúranos como has curado a Zaqueo, al publicano, de modo que arrepentidos te cantemos:


Jesús, tesoro incorruptible.
Jesús, riqueza inexorable.
Jesús, alimento de los fuertes.
Jesús, fuente inextinguible.
Jesús, vestido de los pobres.
Jesús, abogado de las viudas.
Jesús, defensor de los huérfanos.
Jesús, ayuda de los trabajadores.
Jesús, guía de los peregrinos.
Jesús, piloto de los navegantes.
Jesús, consuelo de los angustiados.
Jesús, levántame de mi culpa.


Jesús, Hijo de Dios, ten piedad de mí


21. Te ofrezco, yo indigno, un himno lleno de ternura y de arrepentimiento. Como la cananea te llamo: “¡Jesús, ten piedad de mí!” Cúrame, Jesús, yo que te grito: Aleluia.


22. Pablo, que hasta aquel momento Te perseguía obedece al poder de la voz que lo ilumina del conocimiento divino, y se convierte al instante. Así también Señor -Luz que ilumina a quien está en las tinieblas de la ignorancia- ilumina los ojos oscurecidos de mi alma que te invoca:


Jesús, Dios invencible en tu fuerza.
Jesús, Señor omnipotente e inmortal.
Jesús, Creador resplandeciente de gloria.
Jesús, guía seguro.
Jesús, Pastor infatigable en tu ternura.
Jesús, Salvador muy compasivo.
Jesús, ilumina a mis sentidos cegados por las pasiones.
Jesús, cúrame, que estoy desfigurado por el pecado.
Jesús, defiende mi corazón de los malos deseos.


Jesús, Hijo de Dios, ten piedad de mí


23. Dadme la gracia, Jesús, tú que perdona toda deuda. Acógeme, arrepentido, como has acogido a Pedro que te había negado. Llámame, a mí pecador, como has llamado a Pablo que te perseguía, Y escúchame, que te canto: Aleluia.


24. Celebrando tu Encarnación, todos nosotros te alabamos. Con Tomás, te confesamos Dios y Señor que, sentado a la diestra del Padre vendrás a juzgar a vivos y a muertos. Otórgame un lugar a tu derecha a mi que te canto:


Jesús, fuego de amor, enciéndeme.
Jesús, morada eterna, refúgiame.
Jesús, manto de luz, revísteme de tu belleza.
Jesús, perla de gran precio, brilla sobre mí.
Jesús, sol que surges, ilumíname.
Jesús, luz santa, esclaréceme.
Jesús, de toda enfermedad, presérvame.
Jesús, arráncame de la mano del adversario.
Jesús, libérame de la pena eterna.


25. Oh Jesús, manso y humilde de corazón, en tu amor que nada desprecia, mira nuestra miseria, perdónanos sin límite y en tu compasión infinita acepta nuestra humilde oración como has aceptado la pobreza ofrecida de la viuda.


Jesús, a imagen de lo niños, tus preferidos, transfórmame.
Jesús, como los pastores asombrados, atráeme hacia Ti.
Jesús, como al ciego de nacimiento, tócame, que yo te vea.
Jesús, como al paralítico, cúrame para que yo camine contigo.
Jesús, como la cananea que te suplicaba, escúchame.
Jesús, como María que te escuchaba, háblame de Ti.
Jesús, como sobre Pedro que te había negado, fija tu mirada sobre mí.
Jesús, como María Magdalena que te amó mucho, perdóname.
Jesús, como Zaqueo, llámame y ven a mí.
Jesús, como la hija de Jairo, revíveme.
Jesús, como a la Samaritana, transfórmame.
Jesús, como Juan –el discípulo amado- hazme permanecer en Ti.
Jesús, al terminar mi vida, como el buen ladrón, dime: “Hoy estarás conmigo en mi Reino.”

Wednesday, August 19, 2015

Acatistos de la Pasion de nuestro Señor Jesucristo


Contaquio 1, tono 8:

Soberano Dueño y Señor del cielo y de la tierra, viéndote suspendido en la Cruz, Rey Inmortal, se turbo la creación entera, se amedrentó el cielo y los cimientos de la tierra temblaron. Mas, nosotros, aunque indignos, te ofrecemos esta acción de gracias por tu pasión por causa nuestra. Y con el ladrón te clamamos: Jesús, Hijo de Dios, acuérdate de nosotros cuando vengas en tu reino.

Icos 1:

Tú que perfeccionaste el coro angelical, no tomaste la naturaleza de los ángeles para ti, S siendo Dios verdadero, te hiciste hombre por nosotros, y por tu vivificador cuerpo y sangre vivificaste al hombre, muerto desde antaño en el pecado. Por eso agradecidos por tu gran amor clamamos a ti: Jesús Dios mío amor de todos los siglos, que a nosotros los mortales de la tierra revelaste tu voluntad; Jesús misericordia inconmensurable, que descendiste al hombre caldo; Jesús revestido de nuestra carne, y que por tu muerte destruiste el dominio de la muerte; Jesús que nos deificas por tus Divinos Misterios; Jesús que redimiste al mundo entero por tus sufrimientos en la Cruz; Jesús Hijo de Dios, acuérdate de nosotros cuando vengas en tu reino.

Contaquio 2:

Viéndote en Getsemani, agonizando en oración hasta sudar sangre, se acercó un ángel y te fortalecía, cuando como carga pesada nuestros pecados pesaron sobre ti. Habiendo levantado al caído Adán sobre tus hombros, lo presentaste al Padre, arrodillándote y suplicando. Y a causa de esto, con fe y amor, te canto: Aleluya.

Icos 2:

Los Judíos no comprendieron el inefable significado de tus sufrimientos voluntarios. Y cuando dijiste: Yo Soy a los que te buscaban de noche con lámparas, aunque se cayeron al suelo, después te ligaron y te llevaron al tribunal. Los que pasamos por el mismo camino, caemos ante ti y con amor clamamos: Jesús, Luz del mundo, odiado por el mal del mundo; Jesús, que moras en luz inaccesible, apresado por el reino de las tinieblas; Jesús, Inmortal Hijo de Dios, traicionado hasta la muerte por el hijo de perdición; Jesús en quien no hay engaño, besado con disimulo por el traidor; Jesús, que te das libremente a todos, vendido por unas monedas de plata;

Jesús Hijo de Dios, acuérdate de nosotros cuando vengas en tu reino.

Contaquio 3:

Por el poder de tu Divinidad predijiste a tu discípulo su triple negación. Mas, después, aunque te había negado con un juramento, cuando te vio, su Señor y Dueño, en la corte del sumo sacerdote, se derritió su corazón y salió y lloró amargante. Mírame también, Señor, y tócame en mi duro corazón a fin de que con mis lágrimas lave mis pecados, alabándote con: Aleluya.

Icos 3:

Como Sumo Sacerdote eterno, dotado de veras de potestad según el orden de Melquísedec, estabas ante Caifás, el sumo sacerdote transgresor, Tú que eres Dueño y Señor de todo, que recibiste suplicio de tus siervos, recibe de nosotros estas preces: Jesús, inapreciable, comprado por un precio, poséeme en tu eterna heredad; Jesús, apetecido de todos, de Pedro rechazado por miedo, no me rechaces a mí, pecador; Jesús Cordero inocente, golpeado a crueles azotes, rescátame de mis enemigos; Jesús Sumo Sacerdote, que por tu sangre has entrado en el Sanctasanctorum, purifícame de mis manchas carnales; Jesús aherrojado, que tienes poder de ligar y desatar, absuelve mis graves iniquidades; Jesús Hijo de Dios, acuérdate de nosotros cuando vengas en tu reino.

Contaquio 4:

La tempestad de Cristicidio enfurecida, los judíos, escuchando la voz del padre de la mentira y del asesino de antaño, Satanás, te rechazaron, el Recto Camino, la Verdad y la Vida. Mas te confesamos, Cristo Potencia de Dios, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la razón, te clamamos: Aleluya.

Icos 4:

Al oír tus humildes palabras, Pilatos te entregó a la crucifixión, como si merecieras la muerte, aunque mismo atestó no hallarte falta alguna. Luego lavóse las manos, mas su corazón le manchó. Maravillándonos del misterio de tus sufrimientos voluntarios, compungidos te clamamos: Jesús, Hijo de Dios e Hijo de la virgen, torturado por los hijos de la maldad; Jesús, mofado y desnudado, que das belleza a los lirios del campo y vistes el cielo de nubes; Jesus lleno de heridas, que con cinco panes llenaste a los cinco mil; Jesús, Rey de todo, que en vez de un tributo de amor y gratitud, recibiste crueles suplicios; Jesús, que por nosotros fuiste herido todo un día, cura las heridas de nuestras almas. Jesús Hijo de Dios, acuérdate de nosotros cuando vengas en tu reino.

Contaquio 5:

Fuiste ataviado de tu Divina Sangre, Tú que te cubres de luz como de vestidura. Yo sé, en verdad, yo sé con el profeta por qué tus vestiduras son de escarlata. Soy yo, Señor, que te herí con mis pecados. A ti, pues, que por mí fuiste herido, te clamo con gratitud: Aleluya.

Icos 5:

En el espíritu viéndote cubierto de deshonra y de heridas, el divinamente inspirado Isaías clamo aterrado, "Lo hemos visto y no tiene ni forma ni belleza." Y nosotros viéndote en la Cruz con fe y temor exclamamos: Jesus sufriendo deshonra, que has coronado al hombre de gloria y honor; Jesus a quien no pueden contemplar los ángeles, abofetado; Jesús, golpeado en la cabeza con una caña, inclina mi cabeza en humildad; Jesús cuyos claros ojos fueron obscurecidos con tu sangre, aparta mis ojos para que no vean la vanidad; Jesús que de pies a cabeza no tenías parte ilesa, hazme enteramente sano e ileso; Jesús Hijo de Dios, acuérdate de nosotros cuando vengas en tu reino.

Contaquio 6:

Pilatos resultó abogado de tu mansedumbre cuando declaró a la multitud que no habla en ti nada digno de la muerte, mas los judíos, como fieras sanguinarias, rechinaron los dientes y clamaron, ¡Crucifícale, crucifícale¡ Nosotros, honrando tus purísimas heridas, clamamos: Aleluya.

Icos 6:

Brillaste como espectáculo y maravilla a los ángeles y a los hombres, y aún a Pilatos, que de ti dijo, "He aquí el hombre." Venid, pues, adoremos a Cristo, ultrajado por causa nuestra, clamando: Jesús, Creador y Juez de todo, juzgado y torturado por tus criaturas; Jesús, Dador de sabiduría, que ni siquiera diste contestación a los impíos; Jesús, Sanador de los que estamos heridos por el pecado, concédeme el sanativo de la penitencia; Jesús, Pastor acometido, ahuyenta a los demonios que me tientan; Jesús, que tuviste tu cuerpo en aflicción, aflige mi corazón de temor de ti; Jesús, Hijo de Dios, acuérdate de nosotros cuando vengas en tu reino.

Contaquio 7:

Deseando librar al hombre de las obras del Enemigo, te humillaste ante tus enemigos, Jesús, y como cordero que no abre su boca, fuiste llevado al matadero, todo cubierto de heridas para curar a todos los hombres, que claman: Aleluya.

Icos 7:

Revelando paciencia maravillosa, cuando con la sentencia del injusto juez, los soldados te vituperaron, y con crueles heridas, afligieron tu purísimo cuerpo, de modo que estaba purpúreo de sangre de pies a cabeza. Por eso, con lágrimas te clamamos: Jesús, que amas a los hombres, coronado de espinas por los hombres; Jesús, sin pasión en tu Divinidad, sufriendo la pasión, para que de la pasión seamos librados; Jesús, salvador mío, sálvame que merezco todo tormento; Jesús, abandonado de todos, mi time fundamento, fortaléceme a mí;Jesús, injuriado de todos, mi felicidad, hazme feliz; Jesús, Hijo de Dios, acuérdate de nosotros cuando vengas en tu reino.

Contaquio 8:

Maravilloso y extraño fue cuando Moisés y Elías te aparecieron en el Monte Tabor y hablaron de tu muerte, que ibas a sufrir en Jerusalén. Habiendo visto allí tu gloria y aquí nuestra salvación, te clamamos: Aleluya.

Icos 8:

Perseguido dondequiera por los judíos a causa de la gran multitud de nuestros pecados, sufriste el escándalo y el tormento. Hay quien te acusa de rebeldía contra César, quien te acusa como a reo, y quien clama: "Quita, quita, crucifícale." A ti, Señor, condenado de todos y llevado a la crucifixión, del fondo de nuestra alma, decimos: Jesús, injustamente condenado, Juez nuestro, no nos condenes de acuerdo con nuestras hazañas Jesús agotado en el camino bajo la Cruz, mi fortaleza, en la hora de mí tristeza y aflicción, no te alejes de mí; Jesús, que pediste ayuda al Padre, mi firme contendedor, fortaléceme en mis enfermedades; Jesús, que aceptaste las deshonras, Gloria mía, no me prives de tu gloria; Jesús, imagen de, la brillantísima hipóstasis del Padre, transforma mi impura y sombría vida; Jesús, Hijo de Dios, acuérdate de nosotros cuando vengas en tu reino.

Contaquio 9:

Confundióse la naturaleza entera al verte pendiente de la Cruz; el Sol de los cielos encondió sus rayos, tembló la tierra, el velo del templo se rompió por medio, las piedras se partieron, salieron los muertos del infierno. Mas nosotros adoramos tus purísimas plantas y cantamos: Aleluya.

Icos 9:

Elocuentes oradores, aunque declamen mucho, no saben rendirte debida gratitud por tu Divina Pasión, Tú que amas a los hombres. Mas nuestra alma y nuestro cuerpo, nuestro corazón y todos nuestros miembros, compungidos, te claman: Jesús, clavado a la Cruz, empala y destruye la cédula de nuestros pecados; Jesús, que extiendes tus manos desde la Cruz a todos, acércame a mí, que estoy extraviado; Jesús, Entrada de los corderos, tu costado traspasado, condúceme por tus heridas a la cámara nupcial; Jesús, crucificado en la carne, crucifica mi carne con sus pasiones y sus vicios; Jesús, que finaste en la agonía, concede que no conozca mi corazón nada aparte de tí crucificado; Jesús, Hijo de Dios, acuérdate de nosotros cuando vengas en tu reino.

Contaquio 10:

Deseando salvar al mundo, sanaste a los ciegos, a los cojos, a los leprosos, a los sordos, y a los mudos, y echaste fuera demonios. Mas los necios judíos, respirando malicia y turbados por envidia, te suspendieron en la Cruz, sin saber cantarte: Aleluya.

Icos 10:

Jesús, Rey de todos los siglos, que sufriste en cada miembro por mi incontinencia, para hacerme enteramente puro, dándonos el ejemplo en todo para que siguiéramos tus pasos, clamando: Jesús, Amor insondable, que no acusaste de pecadores a los que te crucificaron; Jesús, que oraste con ardiente lamento y lágrimas en el huerto, enséñanos a orar; Jesús que en ti mismo eres el cumplimiento de toda la profecía, cumple el deseo de nuestro corazón de ser buenos; Jesús que encomendaste tu espíritu en manos del Padre, a la hora de mi muerte recibe mi espíritu; Jesús que no prohibiste que partieran tus vestiduras, suavemente parte mi alma de mi cuerpo; Jesús Hijo de Dios, acuérdate de nosotros cuando vengas a tu reino.

Contaquio 11:

Tu inmaculada Madre te ofreció cánticos de ternura, diciendo, "Aunque sufres en la Cruz, yo sé de Ti desde el vientre que fuiste engendrado del Padre antes del lucero, porque veo que la creación entera sufre contigo." Tú rindes tu espíritu al Padre; recibe asimismo mi espíritu y no me abandones, porque te clamo: Aleluya.

Icos 11:

Como vela radiante estuvo la inmaculada Virgen junto a la Cruz, ardiendo de amor y agobiada de dolor maternal por ti, el verdadero Sol de la justicia que estaba en la tumba; juntamente con las de ella, acepta estas oraciones de nuestro corazón: Jesús elevado en el Madero, para elevarnos al Padre, a nosotros los caídos; Jesus que diste a la Siempre-Vírgen como Madre al castísimo Apóstol, para enseñarnos la virginidad y la pureza; Jesus que confiaste a la que te dio a luz a tu discípulo divino, Dios Verbo, encomiéndanos a todos a su protección maternal; Jesus Conquistador del mundo y del infierno, conquista la infidelidad, el orgullo de vida y la lujuria de los ojos que reside dentro de nosotros; Jesus Destruidor del reino de la muerte, líbrame de la muerte eterna; Jesus Hijo de Dios, acuérdate de nosotros cuando vengas en tu reino.

Contaquio 12:

Concédeme tu gracia, Jesus Dios mío> recíbeme como recibiste a José y a Nicodemo, para que te pueda ofrecer mi alma como mortaja limpia y ungir tu purísimo cuerpo con la fragancia de la virtud, y guardarte en mi corazón como en un sepulcro, clamando: Aleluya.

Icos 12:

Alabando tu voluntaria crucifixión, adoramos tu Pasión, Cristo. Creemos con el centurión que eres verdaderamente el Hijo de Dios, que vendrás sobre las nubes con grande gloria y potencia; no nos avergüences que estamos redimidos por tu Sangre, clamando: Jesús, paciente, por la lamentación de tu madre Virgen, rescátanos del llanto eterno; Jesús, abandonado de todos, no me abandones a la hora de mi muerte; Jesús, cuyos pies fueron tocados por Magdalena, recíbeme como a quien quiere seguir tus pasos; Jesús, no me condenes con el Traidor y con tus crucificadores; Jesús, condúceme al Paraíso con el buen Ladrón sabio; Jesús, Hijo de Dios, acuérdate de nosotros cuando vengas en tu reino.

Contaquio 13:

Jesucristo, Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, acepta esta corta acción de gracias ofrecida a ti del fondo de nuestra alma, y cúranos por tus salubres sufrimientos de toda enfermedad de cuerpo y alma. Ampáranos por tu Cruz, de enemigos visibles e invisibles, y al fin de nuestra vida, no nos abandones, porque tu muerte nos libró de la muerte eterna, para que te clamemos para siempre: Aleluya, Aleluya, Aleluya.



Repítanse Icos 1 y Contaquio 1.

Oracion al

Señor Jesus Crucificado

Señor Jesucristo crucificado, Creador del cielo y de la tierra, Salvador del mundo, he aquí que yo que soy indigno, y de todos el más pecaminoso, habiendo doblado humildemente la rodilla de mi corazón ante la gloria de tu majestad, alabo tu Cruz y tu Pasión, y te ofrezco gracias, Rey de todo, porque quisiste sufrir como hombre toda opresión, calamidad, desventura y tortura, para ser nuestro compañero en el sufrimiento, nuestro auxilio, el Salvador de todos en la tristeza, necesidad y adversidad. Yo sé, omnipotente Dueño, que todo esto no te fue necesario, mas, por la salvación de la raza humana, sufriste la Cruz, y sufriendo, nos redimiste a todos de las crueles obras del Enemigo ¿Cómo te pagaré, tú que amas a los hombres, todo lo que has sufrido por causa mía, siendo yo pecador? No sé yo, pues el alma y el cuerpo, y toda bondad nos vienen de ti, y todo lo mío es tuyo; yo soy tuyo. Confiando tan solamente en tu infinita Compasión, bondadoso Señor, alabo tu inefable paciencia, magnífico tu indecible humillación, glorifico tu inconmensurable misericordia, alabo tu purísima Pasión, y con amor abrazo tus heridas, clamando: Ten misericordia de mí pecador, y concede que tu Santa Cruz no sea vana en mi, que participando aquí con fe de tus sufrimientos, sea yo digno de contemplar igualmente la gloria de tu reino celestial. Amén.

Monday, December 8, 2014

La Iglesia Ortodoxa es la Iglesia fundada por Nuestro Señor Jesucristo



La Iglesia Ortodoxa es la Iglesia fundada por Nuestro Señor Jesucristo y establecida en el mundo por sus apóstoles. La palabra Iglesia es de origen griego y se refiere a una Asamblea o Sociedad de creyentes (del verbo convocar o llamar).

Fundó su Iglesia como depositaria de la gracia y de los medios de salvación y su finalidad es continuar la obra de la salvación y conducir a los hombres al Reino de Dios (Juan 3:16-17, Juan 10:10; Hechos 1:18).

Los Miembros de la Iglesia serían los que mediante la predicación de sus apóstoles, creyeran en El y fueran bautizados (Mas. 28:19-20; Juan 3:3; Marc 16:16), además estableció una autoridad para administrarla conferida a sus apóstoles y sus sucesores los obispos (Luc. 10:16; Mat 17:18, Hechos 20:28; 1 Tim 2:3, Tit 1:7).

Palestina es la cuna del cristianismo, donde Jesús nació, vivió, actuó, predicó, fue crucificado, resucitó y subió a los cielos, obrando allá la redención del género humano. En Pentecostés, envió el prometido Espíritu Santo a sus apóstoles, quienes, junto con la Santísima Virgen María, las mujeres y hermanos reunidos en la misma sala donde se realizó la Cena, perseveraban unánimes en oración y ruego (Hechos 1:13-15). Esta era la primera Comunidad de los creyentes en Jesús, es decir, la primera Iglesia Cristiana.

Todos los Apóstoles recibieron, en igual medida, el Mandato del Señor. Desde Jerusalén, el evangelio fue propalado por los Apóstoles en los países vecinos. En Antioquía, la gran ciudad de Oriente, los creyentes empezaron a llamarse por primera vez "Cristianos," saludable nombre que llevamos hasta hoy día (Hechos 11:26).

Luego los Apóstoles y discípulos del Señor llevan la Buena Nueva a todos los grandes centros del Mundo, incluyendo Roma, la capital del Imperio Romano, donde San Pablo formó la primera comunidad, que saluda en su Epístola a los Romanos (Cap. 16). A medida que viajaban y predicaban, establecieron Iglesias, a cuyo cargo, por la imposición de las manos y la invocación del Espíritu Santo dejaban un obispo como sus sucesores.

La doctrina cristiana fue revelada de viva voz a los apóstoles por el Divino Maestro, Nuestro Señor Jesucristo. Esta revelación oral fue transmitida en el seno de la Iglesia de generación en generación a todos los que estaban unidos por la caridad (amor), la fe y la esperanza, Ella forma la Tradición de la Fe Ortodoxa. Los fundamentos de la enseñanza del Salvador fueron escritos por los apóstoles y evangelistas y confiados a la Iglesia, la que tomando los textos verdaderos los reunió con el nombre de Libros del Nuevo Testamento, que junto con el Antiguo Testamento forman la Sagrada Biblia. Poseemos, pues, dos corrientes espirituales que se remontan a la misma y única fuente de la palabra revelada: la tradición oral, conservada en la Iglesia y la palabra escrita, contenida en los libros canónicos.

La Revelación que hemos recibido por Cristo, Redentor y Salvador es definitiva. No hay otra revelación más perfecta o más conforme a la Verdad.

Los primeros siglos del cristianismo no fueron fáciles, ya que el Nuevo Mensaje, que enseñaba la fraternidad y el amor, eran extraños al mundo de ese entonces. El judaísmo y el paganismo no sólo no aceptaron la doctrina de Cristo, Dios hecho hombre, ni tampoco su evangelio, sino que la combatieron. Así fue como los gobernantes desde Nerón (A.D. 54). hasta Diocleciano (A.D. 305), desataron terribles persecuciones, derramando la sangre generosa de miles de mártires, que dieron testimonio irrebatible de sus creencias, creciendo la Iglesia cual fructífero árbol.

Con el advenimiento de Constantino 1-ro el Grande 1306). al trono Imperial el Cristianismo fue oficialmente reconocido, y Santa Elena, la madre del Emperador y el mismo Constantino, se convirtieron en sus principales defensores.

La administración de la cristiandad ha sido ejercida por los obispos. Al de más alto rango en cada región, le fue dado con el tiempo, el titulo de Patriarca.

Por razones administrativas, la Iglesia fue organizada en distritos eclesiásticos, a saber: 1). Roma: fundada por San Pablo y primera capital del Imperio Romano, en la cual fueron martirizados San Pedro y San Pablo (67); 2). Constantinopla, fundada por San Andrés y segunda capital del Imperio; 3). Alejandría, el principal centro político, cultural y filosófico de Africa, fundada por S. Marcos; 4).

Antioquía, centro principal de Oriente, llamada la ciudad de Dios, fundada por San Pedro y San Pablo, de la cual San Pedro fue su primer Obispo; 5). Jerusalén, llamada la Madre de la Iglesia, en la cual Nuestro Señor predicó y obró la redención. En la era apostólica fue presidida por el apóstol San Jacobo (Santiago), quien fue su primer obispo. Cada uno de estos centros eclesiásticos tiene un Patriarca, que los preside, y un sínodo episcopal.

Además, ha gozado de autocefalia la Iglesia de Chipre fundada por San Pablo y San Bernabé. El primado de esto es un arzobispo que también tenía atribuciones temporales (conferidos por el Emperador Justiniano).

Todos los patriarcas rentan iguales derechos, eran independientes en la administración de su Iglesia y eran Iguales entre si. Todos los creyentes de la Iglesia han estado unidos por su fe, sacramentos y prácticas comunes. Siendo Roma la Capital del Imperio, se consideraba a su Patriarca el primero entre sus iguales, siendo esto un titulo honorífico solamente (1er. Conc. Ecum., Art. 60., 20 Conc. Ecum., Art. 30., 40. Conc. Ecum., Art. 28; 60. Conc. Ecum., part. 36).

Posteriormente, con el establecimiento de la Capital del Imperio en Bizancio, se dieron honores similares al Patriarca de Constantinopla.

La suprema autoridad de la Iglesia, para tratar los problemas de índole general y de doctrina, fue y sigue sien el Concilio Ecuménico. (Su ecumenicidad debe ser reconocida por la conciencia de toda la Iglesia}.

Para resolver situaciones generales, o tomar acuerdo en circunstancias contingentes de la Iglesia Ortodoxa en su totalidad, se convocan las Conferencias Pan-Ortodoxas en las que están representadas todas las iglesias autocéfalas. En el presente siglo, la primera de ellas se llevó a cabo en 1923 en Constantinopla. Posteriormente en Rodas (Grecia). las de 1961, 1963 y 1964, y en Ginebra (Suiza). la de 1968. Estas últimas han tenido como motivo fundamental la preparación de un próximo Concilio General de la Iglesia, y analizar y determinar la posición de la Iglesia Ortodoxa en materia de ecumenismo.

Además de las persecuciones, la vida de la Iglesia se vio perturbada por las herejías, es decir, interpretaciones desviadas y opuestas a la verdad de la Iglesia. Primeramente aparecieron algunos de origen Judaizante; luego las procedentes del Gnosticismo y las Antitrinitarias.

Para defender la verdad y dar las correctas interpretaciones, además de otras materias normativas eclesiásticas, fueron convocados los Concilios Ecuménicos.

El primer concilio fue convocado por el Emperador Constantino en la ciudad de Nicea, año 325, donde fue condenado el Arrianismo herejía que negaba la completa Dignidad de Cristo, ahí fue compuesta la primera parte del Credo o Símbolo de la fe, que en pocas palabras expresa claramente nuestra creencia y doctrina cristiana. Este Credo fue completado en sus últimos artículos en el Segundo Concilio Ecuménico en Constantinopla (año 381), por ello se llama símbolo Niceno-Constantinopolitano. Dicho Credo es obligatorio para toda la Iglesia Cristiana, y como lo establecieron los Santos Padres en el Art. 7 del 3Ser. Concilio, realizado en la Ciudad de Efeso, nadie bajo anatema, puede cambiar una sola de sus palabras. Además, formuló Ja organización visible de la Iglesia, planteando la posición de las grandes sedes o Patriarcados y también condenó el Macedonianismo, herejía que sosténla que el Espíritu Santo es una criatura.

El tercer Concilio Ecuménico se celebró en Efeso, año 431, que condenó al Nestorianismo (Independencia entre Cristo Dios y Cristo Hombre). El cuarto Concilio fue en Calcedonia, año 451, condenó el Monofisismo. que sostenía una naturaleza de Cristo y dio, además, al Patriarca de Constantinopla el mismo rango de honor que el de Roma. El quinto, en Constantinopla (2-do), año 533, que condenó cierta literatura de índole nestoriana y conciliatoria con los monofisitas. El sexto en Constantinopla (3-ro), año 580, que condenó el Monotelismo (una voluntad en Cristo, y el séptimo, en Nicea 2-do, año 787, que condenó a los iconoclastas y confirmó la veneración de las Imágenes y reliquias.

Así es como en este periodo, la Iglesia confirmó su organización y gobierno terrenal. Además, en él se expusieron y defendieron las verdades básicas y los elementos del culto Ortodoxo por los Padres y Doctores Ecuménicos.

La Iglesia sobrellevó y superó sus penurias por el esfuerzo de sus defensores, quienes ofrecieron su sangre, expresaron su fe y vivieron los principios morales de su religión. Muchos escritores nos legaron monumentos de la fe. Inicialmente los apóstoles y discípulos escribieron el Nuevo Testamento, luego los Padres Apostólicos (Siglo 1). y los Apologistas (Siglo 2). defendieron y expusieron diversos aspectos de la doctrina cristiana. Aparecieron posteriormente las escuelas teológicas, destacándose las de Asia Menor en Edesa (Siglo III); la del Norte de Africa en Cartago da Africa (Siglo 3), de Alejandría (Siglo 4). a la cual pertenecieron los Capadocios, además de otros distinguidos padres, y la de Antioquía (Siglo 5), cuyo más distinguido representante y eminente orador fue San Juan Crisóstomo, el de la boca de oro, que fue llevado al Trono de Constantinopla.

Entra el siglo 10 y el 11, la cristiandad iba a experimentar una de sus más grandes tragedias: El Gran Cisma.

La tesis de Roma, sosteniendo la supremacía de su obispo, la interpolación del "Filioque" (que procede del Padre y del Hijo). en el credo y otros cambios doctrinales y en las prácticas litúrgicas, aparte de razones politices unidos al conflicto entre Oriente y Occidente, llevaron a una profunda ruptura, que culminó en el año 1054.

La desafortunada división de la Cristiandad se complicaría posteriormente, ya que Occidente, a partir del Siglo 16, sufrirla un desmembramiento con motivo de la Reforma, apareciendo así múltiples comunidades protestantes. El cristianismo de Occidente se presentarla entonces enormemente dividido en materias doctrinarias.

Ante este terrible cuadro de cristianos desunidos, la Iglesia Ortodoxa, adolorada por la separación de sus hermanos que reconocen a Cristo como Salvador y Redentor del género humano, reza siempre por la unión de todos en la verdadera fe, transmitida por Nuestro Señor, los Apóstoles y los Padres.

La verdadera Doctrina cristiana, heredada de Cristo y sus apóstoles, fue preservada intacta en el Oriente Cristiano.

La misión natural de la Iglesia es propagar el evangelio y expandir sus fronteras. El privilegio primero de ella es misión y conversión. Es así cómo los primeros Patriarcados, continuando la obra de los apóstoles y discípulos de Cristo, han expandido la verdad cristiana, primero en, los Balkanes: Los Servios, Croatas y Dálmatas fueron convertidos y posteriormente, los eslavos, los moravios, los búlgaros y los ucranianos.

Con el devenir de los siglos otras misiones fueron organizadas y así como se alcanza a China, a Japón, a las tierras nórdicas de Europa, a Alaska, América y el Sur de Africa, donde muchos que no conocían el mensaje de Cristo, lo recibieron con naturalidad y amor.

Originadas por el esfuerzo misionero de los primeros patriarcados, se han establecido iglesias locales, a las que les fue concedida posteriormente autocefalia o autonomía; lo que en ningún caso ha afectado la unidad de la fe, doctrina y sacramentos de la Iglesia. Ellas son: Rusia, Grecia, Servia, Rumania, Georgia, Albania, Bulgaria, Polonia y Monte Sinaí, cada una tiene un Primado y un Sínodo, que asegura su unidad con las otras Iglesias. Los antiguos Patriarcados y estas Iglesias locales existen todavía, sin perder su comunión entre si, ni alterar la unidad de la Iglesia.

Los Cristianos Ortodoxos se encuentran en todos los continentes del Mundo y ascienden aproximadamente a 250000000. No obstante su independencia administrativa y diferencia de idiomas, sea el castellano, portugués, árabe, griego, inglés, chino, eslavo, alemán, japonés, dialectos africanos, hindú, etc., todos tienen las mismas enseñanzas, la misma tradición apostólica, la misma liturgia y sacramentos, servicios y prácticas esenciales. Los fieles que pertenecen a cada una de estas Iglesias locales, no pertenecen en particular a esa Iglesia local, sino a la Iglesia Ortodoxa Universal.

Nuestra Iglesia ha mantenido la cultura, Heleno Cristiana; y el griego y el árabe han sido sus idiomas originales, el segundo en Asia Menor y Egipto, en tanto que el primero en el resto de la cristiandad. El griego fue el idioma en que se escribió la mayor parte del Nuevo Testamento, el que se usó para la prédica de los gentiles, el que usaron los primeros obispos, incluso en Occidente, en Roma y por losmisioneros en Francia e Inglaterra. El verdadero centro de cristianismo fue el Oriente griego y sirio. Varios siglos después Roma usarla el latín, y los rusos, el eslavo.

Después, a partir del siglo 11, al avance de las hordas islámicas (selyúcidas). capturaron la región suroriente del imperio Bizantino, Búlgaros, Servios y Rumanos. Al mismo tiempo los feroces tártaros cayeron sobre los territorios rusos, amenazando la existencia de la civilización oriental y su cristiandad. Aquí la férrea resistencia de la Iglesia y su poder de sacrificio por la fe, tuvo un doble resultado: La Cristiandad Oriental mantuvo su propia existencia y también logró que la cristiandad occidental quedara indemne.

En los siglos 11,12 y 13 occidente organizó siete expediciones militares, llamadas las Cruzadas, cuya intención original era rescatar los lugares Santos de manos del Islam. Este propósito contó con la decidida ayuda de los Emperadores Bizantinos y defensores de la ortodoxia. Pero, además de sus intenciones originales, dado el fanatismo contra la Iglesia Ortodoxa, atacaron las sedes orientales e incluso los mismos Matriarcados, ocupando sus cátedras y, finalmente, no cesaron en volverse contra la propia Capital Bizantina y usurpar el trono imperial. Bizancio volvió después a sus legítimos gobernantes; pero, no obstante ello, y ya debilitados físicamente, en el siglo 15 grupos étnicos y religiosos extraños, subyugaron a los pueblos de la ortodoxia, sin que éstos contaran con la ayuda de occidente.

En el Siglo 19, los ortodoxos, apoyados por la capacidad protectora interior de su Iglesia, se liberaron de la opresión política y religiosa, con la esperanza de una vida libre. En el siglo 20, el materialismo ateo atacarla un baluarte importante de la ortodoxia, Rusia y parte de los Balkanes, pero estos valerosos pueblos han sabido sobrellevar estos ataques y mantener viva la llama inextinguible de la fe, produciendo una legión de mártires contemporáneos, que con valor y sin miedo dieron testimonio de la fe cristiana.

A pesar de haber estado presente en el mundo occidental, el conocimiento de la ortodoxia no es siempre adecuado y las más de las veces entraña prejuicios, particularmente religiosos, culturales y políticos, por falta de información adecuada. Uno de los más comunes, es creerla confinada a las culturas y pueblos que ella tradicionalmente ha animado, otro, es confundirla con elementos no cristianos. Pero especialmente, en el presente siglo, se ha visto como una Iglesia llena de vitalidad y santidad, situada en la continuidad apostólica y expendida por el mundo entero dando testimonio del mensaje preservado en su más prístina pureza, como fue recibida de Cristo, los apóstoles y los Padres. Por esto es que a ella recurren otras denominaciones cristianas, científicos y estudiosos, como la fuente del Cristianismo auténtico y tradicional.

La Ortodoxia no se dedica al proselitismo que va en contra de las denominaciones cristianas, lo que no significa que ella no sea misionera como se ha visto a través de su historia. La caridad y el entendimiento mutuo han de ser principios comunes a todos los cristianos, cualquiera que sea la iglesia, comunidad o denominación a la que pertenezcan. La Iglesia Ortodoxa no olvida el famoso cántico a la caridad, de insuperable belleza, que fue escrito por aquel escogido instrumento del Señor, el santo apóstol Pablo:

"La caridad es paciente, es benigna y sin envidia. La caridad no es jactanciosa, ni se engríe, no es injuriosa, ni busca su propio Interés, no se deja llevar de la ira; olvida y perdona, no se alegra de la maldad, sino que se complace en el bien, todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. La caridad no deja de existir jamás" (1 Cor 13:4-8).

El proselitismo entre cristianos, es contrario a la caridad y aumenta más y más las diferencias existentes entre las diversas denominaciones, las que deberían ser reducidas y reemplazadas por un entendimiento mutuo, basado en el Cristianismo original, especialmente en los difíciles tiempos que hoy afrontan.

La Ortodoxia, fe mayoritaria del mundo cristiano oriental, donde la doctrina, la tradición y la liturgia del cristianismo han tenido su origen, está consciente de los tesoros que posee y se los brinda a Occidente, que no los conoce o que recientemente comienza a descubrirlos.