Saturday, February 16, 2019

Oración a San Juan Maximovich. ( Obispo Alexander Mileant )

¡Oh amado Jerarca Juan! 
Mientras vivías entre nosotros Tú viste el futuro como presente, cosas distantes como cercanas, los corazones y mentes de los hombres como si fueran tuyos propios. Nosotros sabemos que en esto tú estabas iluminado por Dios, con Quien Tú estabas siempre en la mística comunión de oración, y con Quien Tú ahora moras eternamente. Así como Tú una vez escuchaste las peticiones mentales de tu rebaño disperso incluso antes de que ellos pudieran hablarte, así escucha ahora nuestras plegarias y llévalas ante el Señor. Tú has cambiado de sitio a la vida sin dolor, al otro mundo, aún Tú estás, en verdad, no lejos de nosotros, por lo que el cielo está más cerca nuestro que nuestras propias almas. Muéstranos a quienes sentimos temor y soledad, la misma compasión que Tú mostraste a una vez los temblorosos huérfanos. Danos a nosotros que caímos en el pecado, confusión y desesperación la misma austera amada instrucción que Tú diste una vez al rebaño elegido. En Ti vemos la semejanza viviente de nuestro Hacedor, el espíritu viviente del Evangelio y el fundamento de nuestra Fe.
En la vida pura que Tú has conducido durante nuestro tiempo pecaminoso, nosotros vemos un modelo de virtud, una fuente de instrucción e inspiración. Contemplando la gracia otorgada a Ti, sabemos que Dios no ha abandonado a Su gente. Más bien nosotros caímos lejos de Él, y debemos recuperar la semejanza de Divinidad como Tú lo has hecho. A través de Tu intercesión ¡oh Bendito! Concédenos que podamos incrementar nuestro esfuerzo hacia nuestro hogar celestial, poniendo nuestros afectos en cosas elevadas, perfeccionando en oración y virtud, sosteniendo guerra contra los ataques de nuestra naturaleza caída.
Invoca la misericordia de Dios, que podamos un día encontrarte en Su Reino. Porque nuestro más profundo deseo es vivir por siempre con El, con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.


Obispo Alexander Mileant
 
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Wednesday, February 13, 2019

¿Qué es un corazón caritativo? ( San Serafim de Sarov )

¿Qué es un corazón caritativo? se preguntó san Isaac el Sirio. Es un corazón que se inflama de caridad por la creación entera, por los hombres, por los pájaros, por las bestias, por los demonios, por todas las criaturas. Es por eso que tal hombre no cesa de orar, tanto por los animales y los enemigos de la Verdad, como por quienes le hacen mal, a fin de que sean conservados y purificados. Incluso ora por los reptiles, movido por esa piedad que se despierta en el corazón de los que se asimilan a Dios.

San Serafim de Sarov
 
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Sunday, February 10, 2019

San Jarálambos ( Febrero 10 )

Su santidad brilló en los heroicos primeros años de los Cristianos, que con singular fe y renunciación enfrentaban las terribles persecuciones de los sanguinarios emperadores de Roma. Nació en el Año 90 DC. en el departamento de Magnesia de Tesalia (Grecia). Sus Padres que eran Cristianos, le enseñaron la devoción, con su propio ejemplo de vida. A través del estudio sistemático de la Biblia aprendió las grandes y eternas verdades del mundo, de la vida y de la razón de la existencia del ser humano. Lleno de sabiduría, siendo aún muy joven, enseñaba a los jóvenes de su misma edad y les inspiraba con su ejemplo luminoso.
En el año 130 DC es ordenado presbítero y consagra su vida a la tarea de salvación de las almas. Su espíritu inquieto no podía descansar viendo que existen muchas personas alejadas de Cristo, que no saben por qué viven y cuál es la finalidad de su existencia. En esa época, el emperador de Roma Severo ordenó una terrible persecución contra los cristianos. Entonces el gobernador de Magnesia ordenó detenerlo y llevarlo encadenado a su presencia, a pesar de su avanzada edad de 113 años.
Pese a su muy avanzada edad, el Santo indómito, respondiendo a las órdenes del gobernador de adorar a los ídolos, proclamó públicamente que los dioses de los idólatras eran falsos, y que el único gran y verdadero Dios es Cristo. Entonces el gobernador lo amenazó con torturas inimaginables, pero el Santo sonriente y tranquilo le contestó: ¡Has creído que asustarían tus amenazas a un sacerdote de Cristo!. Si me matas, me habrás dado lo mismo que anhelo, la oportunidad de unirme a mi Cristo en el cielo... Las torturas con las que me amenazas me abrirán las puertas de la vida eterna... Enfurecido el gobernador ordena arrancarle la piel, pero el anciano Jarálambos soporta el horrible tormento orando y agradeciendo a Dios porque le hizo digno de ser incorporado al catálogo de los mártires. Agradecía al mismo tiempo a sus verdugos diciéndoles: Les agradezco, hijos míos, que torturan mi cuerpo, me dan la felicidad del alma y la alegría infinita del reino de Dios. Entonces los verdugos, Porfirio y Bayo, tiraron los cuchillos gritando: “Nosotros también somos cristianos”. Lo mismo gritaron tres mujeres que estaban observando los acontecimientos. Hizo muchos milagros el Santo: Curó a enfermos, hizo resucitar a muertos, etc. Viendo todo eso, la hija del gobernador Galene y muchos otros creyeron en Cristo, pero el gobernador dominado por una manía satánica ordenó que lo decapitaran (año 202 DC).
Mientras llevaban al Santo hacia el martirio, se presentó Cristo diciéndole: “Ven mi querido Jarálambos, pídeme qué gracia deseas”, a lo que el Santo humildemente le respondió: “Que en todo lugar que se encuentre una parte de mis reliquias y recuerden mi martirio, no haya nunca hambruna ni epidemia de peste, sino abundancia de frutos de la tierra, paz y salvación de almas y cuerpos... “.
El santo Cráneo del Santo se atesora en Metéora.
 
Catecismo Ortodoxo
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Wednesday, February 6, 2019

La vida Monástica en la Iglesia Ortodoxa Oriental.

El Origen de la Vida Monástica

Durante el siglo IV de nuestra era surgió dentro de la Iglesia un fuerte movimiento de retiro de la sociedad organizada al desierto un movimiento que tuvo un crecimiento aún mayor en el periodo subsiguiente" Para interpretar el repentino surgir de este movimiento los historiadores han propuesto diversas hipótesis siendo dos de ellas las más aceptadas" Según la primera la vida monástica tendría su origen en las religiones orientales en las que se practicaba el ascetismo desde tiempos antiguos tanto en soledad absoluta como en monasterios" A tenor de la segunda la vida monástica proporcionaba una salida cuando el contacto cercano del cristianismo con el mundo provocaba una reacción con el inevitable decaimiento de las normas morales"

La primera de las hipótesis carece de fundamento, puesto que ha sido imposible descubrir históricamente una conexión entre el ascetismo oriental y la vida monacal cristiana. Además, si el cristianismo hubiera recibido tal influencia, ésta hubiera provenido de los grupos ascéticos de la secta de los esenios, en cuyo ambiente nació el cristianismo; sin embargo, la vida monástica apareció bastante después de la desaparición de las comunidades esenias. Lo cual no significa, por supuesto, que en sus etapas posteriores la vida monástica no tuviera ciertas características comunes con las comunidades esenias y neopitagóricas. La segunda hipótesis es igualmente inaceptable, puesto que existían numerosos ermitaños vivendo a campo raso incluso con anterioridad al reconocimiento del cristianismo por Constantino el Grande. La vida monástica es un modo de vida que surgió dentro de la Iglesia y se desarrolló orgánicamente llevando hasta sus límites los principios de la moral cristiana. En efecto, aunque el cristianismo no nació como una filosofía pesimista ni como una fuerza con pretensiones de disolver la sociedad, se regía sin embargo por principios distintos de los de la sociedad de aquel tiempo. Puso su atención por completo en el centro de la vida y se despreocupó de la periferia. Una cosa tenía un valor supremo para el hombre: el alma, al lado de la cual el mundo entero es insignificante. "Y qué aprovecha al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma?" (Mateo 16,26). Las cosas de este mundo dificultan los movimientos del alma, y los bienes de este mundo se acumulan en torno a ella, sofocándola e impidiendo que se desarrolle en una personalidad armoniosa. Por consiguiente al hombre le espera una ardua lucha si pretende liberarse de su yo más bajo, el cual pertenece a lo mundano, y desarrollar su yo superior e ideal, que le posibilitará presentarse enérgicamente ante Dios. En este esfuerzo, tal y como declaró Jesucristo, el hombre deberá someterse a si mismo y a sus actos a un examen riguroso. Tiene que alejarse de muchos bienes mundanos para obtener el tesoro celestial, y someterse a la prueba del sufrimiento para purificar su voluntad.

Basándose en estos principios los primeros cristianos vivían de acuerdo a un plano moral excepcionalmente elevado; pero algunos de ellos quisieron ascender a una austeridad mayor, privándose de más bienes y sometiéndose a una mayor automoderación, a ayuno y a oración. Para un cristiano el matrimonio es algo honorable, un gran sacramento, pero no deja de ser una institución de este mundo, mientras que en el más allá los hombres vivirán como ángeles. Por esta razón, quienes podían lo evitaban; algunos buscaron salvar esto sustituyéndolo con una especie de matrimonio espiritual, en el que hombre y mujer convivían en pureza (1ª a Corintios VII, 36 y ss.) Muchas viudas evitaban el matrimonio, y las vírgenes se negaban por completo a casarse. Estas mujeres se organizaban en sociedades especiales, en primer lugar por su propia protección, y en segundo lugar para encauzar su actividad en trabajo social. Es aquí donde encontramos la primera forma de vida monástica que se desarrolló dentro del marco de la comunidad cristiana organizada.


El desarrollo de la Vida Monástica

A mediados del s. III la persecución contra los cristianos era tal que muchos de ellos se vieron obligados a retirarse de las ciudades. A principios del s. IV la situación incluso empeoró, cuando la duración de las persecuciones fue mayor, de modo que aquellos que se habían retirado permanecieron en el campo abierto por un periodo mayor. Se acostumbraron tanto a vivir allí que establecieron allí una morada permanente, lejos de la sociedad del mundo desgarrada por el odio. Cesaron las persecuciones, pero la persecución secular había llegado a ser un elemento inseparable en la vida de los cristianos, y muchos de ellos no podían concebir una vida libre de perseguidores. De este modo se convirtieron en perseguidores de ellos mismos: se fueron a las montañas, y se sometieron a privación y sufrimiento. En lugar de la "sangre del martirio", con la que terminaba una lucha con hombres violentos, se sometían ellos mismos al "martirio de la conciencia", el cual consistía en una lucha contra demonios. En lo sucesivo las montañas se convirtieron en morada de ermitaños, y gradualmente también de comunidades organizadas de monjes. Con el paso del tiempo cada vez más lugares remotos se buscaban como refugios ascéticos, como el monte Atos y Meteora. Cuanto más lejos vivían los ascetas, mayores eran la reverencia y la admiración que evocaban en la gente común. El primer ermitaño conocido fue Pablo de Tebas, pero el primer guía real de la vida en el desierto fue Antonio el Grande (m.356), cuya vida escribió con perspicacia y amor Atanasio el Grande. Vivió en el desierto durante más de setenta años, y sólo iba a Alejandría cuando la ocasión lo requería; es decir, cuando se enteraba de alguna persecución, para dar ánimo a los que sufrían. Su fama le valió la consideración de Constantino el Grande, el cual solicitaba con frecuencia su consejo mediante carta. Pero en particular despertó el entusiasmo de muchos hombres sencillos que imitaron su ejemplo. Llevaban una vida de total aislamiento, y únicamente cuando necesitaban consejo visitaban a Antonio o a algún otro monje mayor, un abba. En ocasiones sucedía que uno de ellos fallecía y pasaban días antes de que los otros ascetas se enteraran de ello. Cada anacoreta organizaba su propia oración, refugio, ropa, alimento y trabajo. Su trabajo consistía principalmente en hacer objetos de paja, que vendían en mercados de la región. Únicamente los domingos acudían a la iglesia más cercana, para oran juntos y recibir la Sagrada Comunión. De este modo, la vida de los ermitaños quedaba fuera del control total de la Iglesia. Era evidente que el aislamiento absoluto conducía a acciones arbitrarias y no se adhería a todas las exigencias del Evangelio cristiano. En primer lugar no había supervisión espiritual de los ermitaños ni tampoco, en segundo lugar, sus actividades iban dirigidas a servir al prójimo. De ello se percataron algunos de los grandes ascéticos, quienes emprendieron la oportuna reforma: Hilario en la región de Gaza; Amonio en Nitria, y Macario en Sketis (Egipto). Los tres vivieron durante el s. IV. Hicieron del principal mercado de la región, donde los monjes vendían sus productos, su centro de acción. Como dichos mercados recibieron el nombre de lavras, los establecimientos monásticos junto a ellos también fueron llamados del mismo modo. Los ermitaños vivían en numerosas celdas construidas en torno a las lavras, a tal distancia que no se pudieran ver ni oir los unos a los otros. En esta vida comunal , la independencia se sometía a cierto límite; y además, en la ascesis era posible un elemento de flexibilidad. Cada cierto tiempo, el jefe de la lavra examinaba las celdas y ejercía cierto grado de autoridad sobre los ermitaños. Además, éstos se reunían para la oración en común de los sábados y los domingos. El resto: refugio, ropa, alimento y trabajo lo regulaba cada uno de ellos para sí mismo.

El sistema Cenobítico

Pacomio (m.346) en Egipto dio un paso adelante. Además de la administración y de la oración, puso bajo supervisión el refugio, la ropa, la dieta y el trabajo de los monjes. Habitualmente vivían en dormitorios espaciosos. Se puede decir que con este sistema el monasticismo era más fácil al vivir los monjes juntos y asociarse unos con otros. El sistema comunal de vida permitió que las mujeres se dedicaran a la ascesis en retiro: para ellas es peligroso vivir en total aislamiento. Pero la principal ventaja de este sistema era que el monasticismo podía ahora participar en actividades filantrópicas.

Que el monasticismo tomara esta dirección fue la principal obra de Basilio el Grande (m. 378), obispo de Cesárea. Vivió en soledad durante algún tiempo en su finca de Ponto con miembros de su familia. Allí fue donde escribió su conocida obra, Ascetica, que se convertiría en la base de la organización del monasticismo durante el periodo subsiguiente. Recomendaba a los monjes que se reunieran en grupos organizados, de acuerdo con la naturaleza social del hombre: "El hombre es un ser dócil y social y no salvaje y solitario. Ya que no hay nada que caracterice más nuestra naturaleza que el asociarnos unos con otros y el necesitarnos unos a otros y necesitar amar nuestra especie" (Normas Generales 3, I-P.G. xxxi, 947). De acuerdo con esta doctrina, los monjes deberían volver del desierto a las ciudades, y fundar allí cenobios filantrópicos. El mismo Basilio volvió a Cesárea y organizó un grupo entero de instituciones de beneficiencia, que más tarde recibieron en su honor el nombre de basilios. Desde el primer momento la dirección de los mismos estaba en manos de los monjes, a quienes se llamaba "padres de los huérfanos".

El cenobio podría considerarse como la forma final del monasticismo, pero no es así. Si bien en un primer momento mitigó el yugo de los ascetas, más tarde sin embargo lo hizo más difícil de soportar. Por este motivo surgió en la Edad Media una tendencia dirigida a un modo de vida menos estricto, lo cual dio como resultado la constitución de la vida idiorrítmica. Los "contemplativos", es decir, aquellos que se dedicaban a la contemplación de Dios, trataban de exonerarse de trabajo práctico y social, con el fin de que nada impidiese su trabajo espiritual; y al mismo tiempo los monjes más débiles buscaban una suavización de la disciplina. En los monasterios idiorrítmicos la administración, la indumentaria, la oración, y hasta cierto punto la residencia permanecían comunes. La dieta y hasta cierto punto el trabajo quedaban fuera de control. Así a los monjes se les permitió la adquisición de propiedad privada, que no podía superar, sin embargo, ciertos límites. Dede un punto de vista, al vida idiorrítmica se puede considerar como un retorno al sistema comunal de la lavra, mientras que desde otro ángulo es una combinación de los modelos eremita y comunal del monasticismo.

Estos cuatro tipos de monasticismo van paralelos a lo largo de los siglos. Dentro de la tradición eremítica surgieron variaciones extrañas e interesantes, adoptando en ocasiones formas extremas. Los confesores se encerraban durante muchos años en sus celdas, comunicándose con el mundo exterior únicamente mediante carta, y para recibir su exigua ración de comida. Los estilitas vivían en pilares semidestruidos. Los "locos" por Cristo viajaban ostentando su presunta locura por humildad.

Los cuatro han sobrevivido a nuestros días. Los ermitaños se pueden encontrar casi exclusivamente en los puntos más remotos de la península del monte Atos; el sistema comunal está representado por los eremitorios del monte Atos; y los otros dos sistemas, el cenobítico y el idiorrítmico, por monasterios que se hallan en todas las regiones Ortodoxas.


La difusión Geográfica del Monasticismo

Hoy en día la vida monacal se ha extendido por todo el mundo; pero muchos años de esfuerzo fueron necesarios para lograrlo. El movimiento tuvo su inicio, como hemos visto, en Egipto, donde importantes centros monásticos, con miles de monjes, se desarrollaron con rapidez, viviendo los monjes en celdas, en lavras y en monasterios. Estos estaban situados en Tebas, Nitria, Sketis, Tabenesis y en el monte Sinaí. El monasterio de Santa Catalina del Sinaí, fundado en tiempos de Justiniano, permanece hasta nuestros días sin haber perdido ni un ápice de su vigor. De Egipto se expandió rápidamente a Palestina. Este país, santificado como era por la vida y muerte del fundador de la fe cristiana, atrajo el interés de los ascetas de todos los rincones del Imperio, entre los cuales los latinos Jerónimo y Rufino llegaron a gozar de renombre. Más tarde, en aquel lugar Teodosio el Cenobita, Savvas el Santificado y Eutimio el Grande fundaron alrededor de quinientas grandes lavras.

Los ascetas hicieron su aparición en Siria durante las primeras décadas del s. IV. Normalmente se trataba de hombres y mujeres ambulantes, éstas últimas vestidas como los hombres. Pretendían abolir cualquier tipo de diferencias entre los sexos, y evitaban trabajar. Debido a la posición dominante que otorgaban a la oración se les llamó euquitas, o, en lengua siriaca, mesalinianos. Debido a algunas desviaciones recibieron críticas por parte de la Iglesia. Al mismo tiempo, la forma más moderada de monasticismo organizado llegaba a Siria. El gran himnógrafo y teólogo Efraín el Sirio también hizo esfuerzos fructuosos por organizar a los monjes.

El monasticismo empezó a perder terreno en estos tres países desde inicios del s. VII, es decir, desde los tiempos de la conquista árabe; pero nunca desapareció por completo. Hoy en día, además de los ortodoxos, también los coptos, los armenios y los nestorianos tienen monasterios.

A través de Capadocia y de Asia Menor, el monasticismo llegó a la capital del Imperio, Constantinopla. Muchos de los monasterios que se fundaron en los suburbios de ambas partes del Bósforo se convirtieron en organizaciones florecientes, y a través de sus actividades ejercieron una influencia en el curso de los asuntos eclesiásticos y en ocasiones también políticos. El monasterio de los Insomnes, fundado por Alejandro alrededor de 430, recibió este nombre porque los monjes oraban a Dios durante el día entero y la noche, diviéndose en tres grupos que se sucedían uno a otro en la iglesia. El monasterio de Studion, fundado también en el s. V, por el patricio romano Studius, llegó a ser el centro del desarrollo litúrgico de la Iglesia oriental y paladín de su independencia de la intervención estatal. Teodoro el Estudita, que floreció a principios del s. IX, fue a través de su heroico comportamiento un ejemplo para todos los monjes.

En estas regiones la conquista turca acabó con el monasticismo.

En Grecia, sin embargo, ya se habían formado fuertes centros de monasticismo. Entre los cuales destacó el monte Atos desde el s. XI en adelante, y a partir de entonces recibió la denominación de "Montaña Sagrada". En 963 el emperador Nicéforo Focas dictó un decreto por el que concedía al monje Atanasio el derecho a fundar en aquel lugar una gran lavra, lo cual hizo. En un breve espacio de tiempo se establecieron allí otras comunidades de monjes, y sesometieron a la supervisión general del Protos. Con el fin de promover la difusión del monasticismo en la zona, Alexius Comnenus puso a todos los centros de Atos bajo la jurisdicción del obispo más próximo, el de Ierissos. Y naturalmente se produjeron fricciones entre éste y el Protos, lo cual hizo necesaria la abolición de la jurisdicción del obispo de Ierissos. Esto sucedió hacía finales del s. XIV.

El Protos de Atos tomaba posesión una vez obtenida la aprobación por parte del Patriarca de Constantinopla. Al principio el cargo era vitalicio y quien lo ostentaba vivía en Karyes, la capital de la comunidad monástica. Se ocupaba únicamente de los problemas externos generales de la comunidad, porque los monasterios gozaban de autogobierno interno.

Las moradas en la montaña están situadas en un ambiente a la vez impresionante y sereno. El incremento de los ataques piratas que siguieron al debilitamiento del Imperio Bizantino y a la conquista turca influyeron en la arquitectura de las construcciones. Las celdas se construían en la parte superior de los muros de las fortalezas con tres o incluso seis pisos. En medio del patio hay un "katholikon", o iglesia central, con capillas por los lados.

La larga ocupación extranjera provocó muchas fluctuaciones en el poder y la pujanza de estos establecimientos. Hoy el territorio de esta región autónoma se halla dividido entre veinte monasterios autosuficientes. Un representante de cada monasterio, elegido anualmente, es enviado a Karyes, donde la Sagrada Comunidad, una especie de parlamento, se reúne. Los monasterios están dividisos en cinco grupos de cuatro, cada uno encabezado por los monasterios más importantes: Lavra, Vatopedi, Iviron, Hilandari y Dionysiou. Cada grupo se turna para el ejercicio de funciones administrativas por periodos anuales. De este modo, de los veinte representantes, cuatro componen el órgano ejecutivo, el comité de superintendentes mientras que el representante del primer monasterio del grupo que tiene la iniciativa administrativa es el principal superintendente. Cada superintendente conserva un cuarto del sello de la comunidad monástica.

Once de los monasterios, principalmente en la parte occidental, son cenobíticos, y están gobernados por un abad elegido de por vida y tiene un consejo de mayores que lo asesora. Nueve, en su mayoría en la parte oriental, son idiorrítmicos, gobernados por una comisión de tres superiores (Proistamenoi) elegidos por un año. El monasterio de Hilandari es serbio; el de Zographos, búlgaro; el de Panteleimon, ruso. Hay también un eremitorio rumano. El monasterio de Iviron, que ahora es griego, fue anteriormente georgiano (iberio). Hasta el s. XIII existió también el monasterio latino de los Amalfitanos. Así, la Montaña Sagrada se convirtió en símbolo de la catolicidad y unidad de la Ortodoxia; y continúa siendo el principal centro monástico del Patriarcado Ecuménico, y es único en su género en todo el mundo cristiano. Por desgracia el número de monjes ha disminuido considerablemente, lo que ha hecho disminuir el vigor de la vida monástica en el lugar.

Durante los años del Despotado del Epiro, Meteora se convirtió en un célebre centro monastico. Se construyeron impresionantes monasterios sobre abruptos precipicios que vistos de lejos parecen nidos de águilas; y se labraron muchas pequeñas ermitas en la roca. Hasta hace unas pocas décadas, sólo se podía acceder a algunos de los monasterios mediante cabrestante y red. Sólo funcionan hoy en día cuatro de los veinticuatro monasterios de la región, con un pequeño número de monjes. Muchos monasterios permanecen y continúan funcionando a lo largo y ancho de Grecia, pero el número de monjes no cesa de decrecer. Desde el Este la vida monástica pasó al Oeste, ya en el s. IV. Floreció en la Edad Media, cuando se organizaron las principales órdenes monásticas. Su contribución a la cristianización y civilización de los pueblos de la Europa del norte fue muy importante. El monasticismo se transmitió también, junto al cristianismo, a los pueblos al norte de Grecia: a los eslavos, rumanos y otros pueblos. Célebres fueron los líderes rusos del monasticismo Antonio y Sergio. Los primeros ascetas de Rusia, los starsti, gozaron de gran renombre, e innumerables grupos de personas solicitaban su consejo.

Los ideales de la vida Monástica

Cuando los primeros ascetas se retiraban del mundo al desierto buscaban alejarse de muchos bienes mundanos: matrimonio, riqueza, y actividad independiente. El celibato no admitía grados, sino que era absoluto. En la pobreza, sin embargo, hubo la modificación reseñada anteriormente en relación a la vida idiorrítmica. Pero incluso en este caso la pobreza se mantuvo en su esencia, pues la propiedad de los monjes idiorrítmicos jamás alcanzaba para llevar una vida de comodidad. Por último, la obediencia, ya sea a un abad o al padre espiritual del desierto, el abba, constituía una inquietud primordial para los monjes. El espíritu egoísta e independiente representaba el mundo secular, por ello debía ser eliminado por completo. Es decir el joven asceta debía renunciar a su mala voluntad por Dios en la persona de su padre espiritual, para transformarla en una buena voluntad. Este punto queda reflejado de modo pintoresco por una anécdota en la que un abba, deseando poner a prueba el progreso de su hijo espiritual, le preguntó si veía los cuernos - que no existían – de una bestia de carga que en ese momento pasaba; y contestó sin titubeos, "Sí, los veo, abba".

La observancia de estas tres virtudes la asumían los novicios por medio de un juramento especial, durante el cual se les tonsuraba. La formulación de este voto coincidió con la fundación del sistema cenobítico, y la base escrituraria y doctrinal del monasticismo fue elaborada poco después. Sin ello, el monasticismo corría el peligro de desviarse en la dirección de los itinerantes mesalinianos. De este modo se logró el sometimiento del monasticismo a la Iglesia, y el encauzamiento de su poder en un sentido que fuera útil a la Iglesia. Este sometimiento fue confirmado por Justiniano e incorporado a las leyes (Nearai, 5,i.67,i).

Pero no son éstos tres los únicos vicios que costituyen una amenaza para la integridad moral de los ascetas. En la aretología posterior, otros vicios, juntos con los citados, constituyen los ocho pecados capitales: gula, fornicación, avaricia, ira, tristeza, abatimiento, vanidad y orgullo. Las pasiones correspondientes a estos pecados se deben amortiguar para alcanzar un estado de ausencia de pasión. El autoexamen y la autocensura, especialmente antes de acostarse, proporcionan al monje unas armas poderosas, cuando se dispone a enfrentarse a los demonios. Pero su arma principal es la oración – la oración continua e intensa. La vida entera de los monjes está dominada por este teorema con Dios; "la vida entera es un momento para orar" (Basilio, Discurso ascético, P.G, xxxi, 877).

La jornada de los monjes está dividida en tres periodos de ocho horas: uno para rezar, uno para descansar y otro para trabajar. El trabajo intenso persigue un triple objetivo: asegurar su sustento, ayudar a sus compañeros, y evitar los malos pensamientos que acechan la conciencia humana especialmente cuando se está ocioso. Los productos de la artesanía y del arte de los monjes han sido siempre de una calidad excepcional y por ello continúan estando muy solicitados, en particular sus pinturas y tallados. Del mismo modo, las obras de la literatura clásica cristiana se han conservado gracias a las copias realizadas en los talleres de los monasterios.

Las actividades filantrópicas de los monjes estaban relacionadas con su trabajo. Como ya hemos visto, esta devoción por las actividades benéficas fue promovida y sistematizada en primer lugar por Basilio el Grande. En la época posterior a él era inconcebible un monasterio que no dispusiera de espacio para huéspedes, de hospital ni de escuela. Podemos mencionar como ejemplo el caso del monasterio del Pantocrátor en Constantinopla, fundado en el s. XII, que disponía de hospital con médicos para hombres y para mujeres, y cuya organización recuerda la de los modernos hospitales. Estaba dividido en cuatro secciones: médica, quirúrgica, ginecológica y enfermería de ojos y oídos. Hoy en día aún se pueden apreciar reminiscencias de esta actividad filantrópica. Los beduinos que viven cerca del monasterio del Sinaí no hacen nunca su propio pan, sino que se les proporciona gratuitamente en el monasterio de Santa Catalina; y aquellos que visitan cualquier monasterio ortodoxo reciben hospitalidad gratuita. Los monjes que se dedicaban a trabajar, como hemos indicado con anterioridad, y compaginaban la lucha para liberarse de las pasiones con el servicio a los necesitados fueron llamados en los primeros tiempos activos (praktikoi). Pero además de la actividad, hay un estadio superior en la escala de la perfección monástica: la contemplación (theoria), el esfuerzo por la comunión directa con Dios. Esta diferenciación de las actividades de los monjes se encuentra ya en un poema de Gregorio el Teólogo:


" "Preferirás actividad o contemplación"

Contemplación es la ocupación de los perfectos,

Acción pertenece a los muchos.

Ambas son buenas y queridas;

Elige la que se ajuste a ti."


El silencio ha sido una condición indispensable para el asceta en su búsqueda de la perfección. Por silencio se entiende paz interior y la relativa quietud exterior a través de la cual se eliminan las pasiones. Este estado fue llamado en el último periodo brillante de la teología mística Bizantina "Hesicasmo".

El silencio estaba unido inseparablemente a la ascesis cristiana. Los esfuerzos de los primeros monjes en esta dirección adoptaron la forma de un silencio balbuceante y permanente cuando las circunstancias lo requerían. Se dice que el abba Poimen afirmó: "Quien habla por el amor de Dios actúa correctamente; y quien permanece en silenco por el amor de Dios actúa del mismo modo correctamente". (Dichos de los Padres, 721). En cualquier caso, el elemento del silencio, si bien no predominara excesivamente en el pensamiento monástico, recibió más tarde un mayor énfasis debido a su conexión con la oración interior. Se consideró que la oración, como producto de la disposición del corazón, no necesitaba ser expresada oralmente, por cuanto que tal expresión, al producir estímulos externos, podría interrumpir la concentración sobre el objeto de la oración. De este surgió la oración interior y mental, que cristalizó en la breve oración de Jesús, repetida sin cesar.

Rodeados por el absoluto, por el silencio espiritual, los ojos espirituales de los monjes "contemplativos" se abren. Se hacen merecedores de visiones y disfrutan de experiencias espirituales difíciles de describir. Viven en un estado de iluminación continua de la visión de la luz, y de comunión con las cosas de la luz. La palabra "luz" y otros términos relacionados se encuentran en casi todas las páginas de las obras de Simeón Teólogo y de Gregorio Palamás. Esta luz es parte de Dios. Mediante una paradójica fusión de lo histórico y lo metahistórico, la experiencia de la deificación (Theosis) se hace posible aquí y ahora. La luz que vieron los discípulos de Cristo en el Monte Tabor, la luz que los hesicastas ven hoy, y la calidad luminosa del mundo venidero, constituyen tres fases del mismo acontecimiento espiritual, fusionados en una realidad supratemporal.


La unilateral denominación de "contemplativos" ha contribuido a que se olvidara la faceta de misión social de la vida monástica en el este, en contraste con el desarrollo de los acontecimientos en el oeste. Pese a los repetidos intentos realizados, la reorganización de la vida monástica basado en los antiguos principios, en especial en la norma de Basilio el Grande, no llegó a cuajar, debido a que estos intentos estaban limitados en cuanto a objetivo e intensidad. Sin olvidarse de la "contemplación", a la que tanto deben la devoción y la literatura religiosa, es necesario hacer hincapié una vez más en la actividad y fundar monasterios que promuevan los ideales cristianos dentro de la sociedad organizada de la humanidad.
La vida Monástica en la Iglesia Ortodoxa Oriental.

Reimpresión de "The Orthodox Ethos", Studies in Orthodoxy vol. 1, Ed. by A.J.Philippou
 
Traducido del inglés al Español por Joaquín Cortés Belenguer.  
 
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Friday, February 1, 2019

La Iglesia de Cristo. ( Santo Simeón, el Nuevo Teólogo )

Según la Enseñanza del Santo Simeón, el Nuevo Teólogo.

En los primeros días del Cristianismo, en los días cuando este contaba solo 30-40 anos de su existencia y tenia pequeñas y aisladas comunidades dentro el Imperio Romano, ya entonces, el Apóstol Pablo, siendo prisionero por su predica de Cristo, iluminado por la luz de la Gracia, — dio en una de sus epístolas el concepto enaltecido y pleno de la Iglesia de Cristo. Precisamente, como del Cuerpo de Cristo, un único organismo viviente celestial-terrenal. Dio la imagen de la Iglesia, santamente conservado por la conciencia general Ortodoxa. Esta imagen se encuentra en su epístola a una comunidad eclesiástica de Efes. Aquí esta representado un aspecto majestuoso de la Iglesia como de la "plenitud de Cristo," "Aquel que todo lo llena en todo." Esta dado el perfil de una nueva existencia cuya escénica es la "unidad de amor," existencia que reúne a lo "celestial con lo terrenal" con uniones constantes y fuertes. Es suficiente citar en este caso un versículo de esta epístola (4:16). Leemos: "La Cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concentrado y unido entre si por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor."
Para ese fin, escribe el apóstol, Cristo puso en la parte terrenal de la Iglesia "a unos como Apóstoles, otros profetas, otros evangelistas, otros aun pastores y maestros." Pero que son estas ligaduras que recíprocamente afirman las partes del Cuerpo, "según la actividad propia de cada miembro de la Iglesia?" Que son estas ligaduras-acciones, que dan, simultáneamente, el "crecimiento" a cada uno, por si mismo, miembro de la Iglesia y con esto — el crecimiento, perfeccionamiento y plenitud a todo el cuerpo de la Iglesia celestial-terrenal baja la única Cabeza Cristo? Sin duda, con estas reciprocas ataduras del cuerpo de la Iglesia, lo que compone, reúne y une es la oración. Ya que — que representa en si mismo la Iglesia, si no es el "mundo de oración"? La oración puede ser llamada el aire, la respiración, la vida de la Iglesia. En forma semejante como en un telar los hilos (en este caso los hilos-oraciones) van en todas las direcciones, ellos unes a cada miembro de la iglesia con el Padre Celestial; a los miembros terrenales entre ellos y con los celestiales. Lo mismo esta en el cielo en la esfera de Angeles y Santos, solo en un grado mas alto y mas perfecto. Los terrenales rezan unos por otros y, según la ley del amor, por los difuntos; los celestiales — por los terrenales e igualmente por los hermanos difuntos, que necesitan ayuda. Por estos hilos de oraciones van glorificaciones y agradecimientos en ambas partes de la Iglesia, en la tierra uniéndose con pensamientos y sentimientos de penitencia.
Sin duda, las uniones dentro iglesia se manifiestan en actividad y acciones correspondientes, pero esta parte es derribada que sale de la fuente primera de oración. Este concepto es plenamente propio solo a la conciencia ortodoxa y al mismo orden y vida real de la Iglesia Ortodoxa. Nuestro servicio religioso es el indicador directo de este modo de vida de la Iglesia.
Se conserva este tipo de conciencia propia en la teología de los santos padres? Si, el pensamiento de ellos esta saturado de esto. Daremos el ejemplo de las obras de San Simeón el Nuevo Teólogo, cuya vida transcurría entre 1er y 2o milenio (paso a las moradas celestiales cerca del 1020). En su "Palabra" 24 expone los pensamientos sobre las acciones mutuas de la Iglesia de Cristo celestial-terrenal. El no pone ninguna diferencia clara entre los dos estadios de los miembros de Iglesia — terrenales y celestiales, — no porque él los niega, sino para mayor claridad de concepto de la Iglesia es "único Cuerpo de la Unica Cabeza," "la plenitud del que llena todo en todo."
San Simeón enseña:
"Todos los santos son en verdad miembros de Cristo Dios y como tales están unidos a "El y con Su Cuerpo. Cristo es la Cabeza y todos los santos, desde el principio, hasta el ultimo día, son Sus miembros y todos ellos, en conjunto constituyen el cuerpo como de un hombre. Unos de ellos son como brazos, que hasta ahora trabajan, y según Su santa voluntad, trasforman a los indignos en dignos y los presentan a El. Otros — en el rango de hombros del cuerpo de Cristo, que llevan los pesares unos de otros o tomando la oveja extraviada que vagaba en montes y abismos, la traen a Cristo y así cumples Su ley. Otros en el rango de pecho, que manan para los sedientos y hambrientos de la verdad Divina, el agua Purísima — las palabras de sabiduría y razón, ya que enseñan la palabra Divina y les dan el pan de pensamiento, que comen los santos ángeles, o sea la verdadera Teología como amigos amados de Cristo. Unos en el rango de corazón, quienes en su seno llano de amor hacen caber a todos los hombres, reciben en su interior el espíritu de la salvación y sirven de recipiente de indecibles y escondidos Misterios de Cristo. Otros representan las caderas, los que tienen en si la fuerza de misteriosa teología, que hace nacer pensamientos Divinos y con la palabra de su enseñanza siembran en los corazones la semilla de la piedad. Otros, al fin, en el rango de huesos y pies, que muestran el coraje y la paciencia en las tentaciones, como Job, y permanecen inamovibles en su resistencia en el bien, reciben las dificultades y las lleven con voluntad hasta el fin. De esta manera, ordenadamente, se constituye el cuerpo de la Iglesia de Cristo a partir de todos los santos de Él, y permanece entero y perfecto, para que sean unidos todos los hijos de Dios, primogénitos, inscritos en los cielos.
Que todos los Santos son miembros de Cristo y son el único cuerpo se demuestra en las Escrituras Divinas. Primeramente escuchen a nuestro Señor como El presenta la unidad invisible, que tienen con El los Santos, en las palabras dichas a los apóstoles: "Creedme que Yo soy en el Padre, y el Padre en Mi" (Jn. 14:11). "Yo soy en mi Padre, y vosotros en Mi, y yo en vosotros" (Jn. 14:20:17:20-26).
En la medida que la divinidad que recibimos a través del contacto con el Señor, es indivisible, es necesario que nosotros haciéndonos de verdad participantes de esta Divinidad, seamos inseparables de Cristo, ser un espíritu en un cuerpo (Gal. 3:28; Colos. 3:11; 1 Cor. 12:1-14). Como en moradas eternas, Dios a cada santo le da la parte correspondiente, así en el cuerpo de la Iglesia, cada una se adjunta en tal miembro de Cristo, el cual se merece. Esto lo dice también el ap Pablo en la misma epístola: "Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como El quiso" (1 Cor. 12:18). Así, hay muchos miembros, pero el cuerpo es uno. Deseando mostrar la diferencia de estos miembros y cuales son, él dice: "Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y miembro cada uno en particular. Y a unos puso Dios en la Iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas" (1 Cor 12:27-28).
"Grande es este misterio; mas yo digo respecto de Cristo y de la Iglesia" (Efes. 5:32). Y en verdad, este misterio esta y seguirá siendo grande y por encima de todo lo grande. Que unión, contacto y parentesco tiene el Señor nuestro Creador de todo, con toda la Iglesia, como con la única esposa y es uno con ella, y siempre permanece con ella, como la amada suya. Pero esta unión es hermosa, como es que le gusta al Señor juntarse con la Iglesia — lo cual es impensable y indecible. También la Iglesia se une con su amado Dios y se adhiere a El, como el cuerpo esta adherido a su cabeza. Así al Iglesia — conjunto de fieles, o sea hijos de Dios, inscritos en los cielos, no puede ser un cuerpo entero y perfecto sin su cabeza — Cristo Dios nuestro. Y no puede vivir con la verdadera vida eterna, si no será alimentada por El cada día con el pan necesario, del Cual reciben la verdadera vida todos lo que Lo aman, y crecen en nombre perfecto, en la medida del cumplimiento de la edad de El.
Como la Iglesia es el cuerpo de Cristo, la novia de Cristo y mundo grande, y templo Divino, mientras los miembros de Su cuerpo son los santos, y mientras ellos no todos han nacido y se han mostrado aceptables a Dios, es claro, que el cuerpo de Cristo no esta todavía completo, Que todavía no se lleno el mundo superior, que no toda la asamblea de hombres entro en la Iglesia de Cristo. Pero, hasta ahora, hay todavía en el mundo muchos no creyentes, que tienen que adquirir fe en Dios; hay muchos pecadores, que, cuyo deber es arrepentiste, hay muchos rebeldes, que tienen que someterse a Cristo, muchos todavía deben nacer y complacer a Dios antes que tocara la ultima trompeta. Y así, deben nacer todos los previstos por Dios y llenar la medida de la Iglesia de los primogénitos, el Jerusalén celestial. Y entonces se cumplirá la plenitud del cuerpo de Cristo, recibiendo en si los predestinados por Dios, para ser semejantes a la imagen de Su Hijo, los cuales son hijos de la luz y del día. 
(San Simeón Nuevo Teólogo. Traducido del Griego por el obispo Teofano).
 
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Monday, January 28, 2019

San Efrén el Sirio.( Enero 28 )

San Efrén nació en Siria, en Nisibis, desde muy pequeño vivió cerca del Obispo de su ciudad natal, Jacobo, bajo cuya dirección hizo sus estudios y quien lo ordeno diácono.
Siguió a su Obispo al Concilio de Nicea en 325. Visitó los Monasterios de Egipto y se encontró con San Basilio en Cesarea de Capadocia.
Bajo la dirección de un anciano, se consagró a la Oración, a la Penitencia y a la meditación de las Sagradas Escrituras, él Santo seguiría siéndolo todo el resto de su vida diácono, rechazando por humildad el ser elevado al sacerdocio y al episcopado.
Después de la toma de Nisibis por los persas, bajo el reinado del emperador Joviano, en 363, Efrén se retiró definitivamente a Edesa de Siria, donde fundó una escuela de exégesis que gracias a él llegó a tener una gran celebridad. Sus últimos diez años los pasó en una actividad intelectual intensa. Allí Murió en 373.

Tropario de San Efrén el Sirio.

Tono 8

Con los arroyos de tus lágrimas, fructificaste el árido desierto, y con los suspiros desde lo profundo, con tus esfuerzos, diste frutos cien veces más. Has devenido en astro del universo, resplandeciendo por los milagros. Oh nuestro piadoso padre Efrén, intercede, pues, ante Cristo Dios, que salve nuestras almas.
 
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Sunday, January 27, 2019

Santo Teodosio el Grande. ( Enero 11 )

San Teodosio nació en Gariso de Capadocia en el año 423. Había sido ya ordenado lector, cuando el ejemplo de Abraham le movió a abandonar patria y familia, como el patriarca. Emprendió, pues, el viaje a Jerusalén; pero en el camino se desvió para visitar a San Simeón el Estilita, quien le predijo muchas cosas de su vida futura y le dio algunos consejos. Tras de satisfacer su devoción visitando los Santos Lugares, Teodosio empezó a reflexionar en qué forma debía consagrarse a Dios. Los peligros que traía consigo el vivir sin director espiritual le indujeron a escoger la vida monástica. Así pues, se puso bajo la dirección de un hombre de Dios llamado Longino, quien concibió pronto un gran afecto por su discípulo. Como una dama hubiese construido una iglesia en el camino de Belén, Longino no pudo negarse a su petición de que Teodosio se encargara de asegurar el culto; pero tuvo necesidad de imponer esta obligación por precepto de santa obediencia a su discípulo, para que éste aceptara el cargo. Por lo demás, dicho cargo no duró mucho tiempo, pues Teodosio se retiró a una cueva en la cumbre de un monte vecino.
Pronto empezaron a reunírsele numerosos compañeros que querían servir a Dios bajo su dirección. Teodosio decidió, al principio, no admitir más que a siete u ocho, pero al poco tiempo tuvo que aumentar el número, y finalmente determinó no rechazar a ningún aspirante cuyas disposiciones fuesen sinceras. La primera lección que dio a sus compañeros fue la de mostrarles un gran foso que había excavado en los alrededores, y que habría de servir de sepultura común, para recordarles que debían aprender a morir a sí mismos constantemente.
Un día de Pascua, los monjes, que eran ya doce, no tenían nada que comer, ni siquiera pan para celebrar la misa. Algunos empezaron a murmurar, pero el santo los exhortó a tener confianza en la Providencia de Dios. Poco después llegó al monasterio una tropilla de mulas cargada con alimentos. Como la santidad y los milagros de Teodosio atrajeran un gran número de aspirantes a la vida religiosa, el monasterio empezó a resultar demasiado pequeño. Teodosio construyó entonces otro más grande, en un sitio llamado Catismo, cerca de Belén. Construyó asimismo en los alrededores tres hospitales: uno para los enfermos; otro para los ancianos y los débiles, y el tercero para los que habían perdido la razón. En estos hospitales, las gentes del lugar encontraban generoso socorro material y espiritual. La hospitalidad era tan amplia que, según cuentan las crónicas, Teodosio recibió en un solo día a más de cien huéspedes en los albergues que había fundado Cuando la comida era insuficiente para tanta gente, las oraciones de Teodosio la multiplicaban.
El monasterio era una especie de ciudad de santos en medio del desierto. La regularidad, el silencio y la caridad reinaban en él. Cuatro iglesias dependían del monasterio: una para cada una de las tres principales nacionalidades de los monjes, que hablaban idiomas diferentes, y la cuarta para los que hacían penitencia por sus pecados y para los lunáticos que estaban en vías de curación. La comunidad se dividía en tres nacionalidades principales: la de los griegos, que constituían el contingente más numeroso y provenían de todas las provincias del Imperio; la de los armenios, entre los que se contaban los árabes y los persas; finalmente la de los besas, que comprendía a todos los monjes de lengua eslava y a los originarios de las regiones vecinas de la Tracia. Cada nación cantaba en su propia iglesia la primera parte de la liturgia eucarística, hasta el Evangelio; en seguida se reunían todos en la iglesia de los griegos, donde celebraban en griego la parte principal de la liturgia y comulgaban juntos. Los monjes pasaban gran parte del día y de la noche en la iglesia. Fuera de las horas de oración y de descanso, estaban obligados a ejecutar algún trabajo manual que no fuese incompatible con el recogimiento y ayudase a mantener la despensa abastecida. Salustio, patriarca de Jerusalén, nombró a San Sabas superior de los eremitas y a San Teodosio superior de los monjes que vivían en comunidad en toda Palestina; por ello se dio a nuestro santo el nombre de cenobiarca. Una gran amistad unía a los dos siervos de Dios, y el tiempo iba a unirles en sus sufrimientos por la Iglesia.
El emperador Anastasio favorecía la herejía de Eutiques y empleó cuantos medios estuvieron a su alcance para ganarse a San Teodosio. El año 513 depuso a Elías, patriarca de Jerusalén, y ya antes había desterrado de Antioquía a Flaviano II para poner a Severo a la cabeza de su sede. Teodosio y Sabas defendieron valerosamente los derechos de Elías y de su sucesor Juan. Esto movió a los agentes imperiales a tratar de ganarles a su causa, en vista de la gran autoridad que les daba su santidad. Poco después, el emperador envió a Teodosio una fuerte suma de dinero, aparentemente para que la empleara en sus obras de caridad, pero en realidad para conquistar su apoyo. El santo aceptó el dinero y lo distribuyó entre los pobres. Anastasio, creyendo que con ello se había ya ganado la voluntad del santo, le envió para que la firmara una profesión de fe herética que confundía en una sola las dos naturalezas de Cristo. San Teodosio le contestó con una carta llena de espíritu apostólico, que aplacó al emperador por un tiempo; pero pronto renovó éste sus edictos persecutorios contra los ortodoxos y despachó a sus tropas para que los hicieran ejecutar. Al saberlo, Teodosio emprendió un viaje por toda Palestina, exhortando a los cristianos a permanecer fieles a las enseñanzas de los cuatro concilios ecuménicos. En Jerusalén gritó desde el pulpito: "Quien no tiene las enseñanzas de los cuatro concilios ecuménicos en tanta estima como los cuatro Evangelios, merece la muerte eterna." Estas valientes palabras devolvieron el ánimo a los cristianos aterrorizados por los edictos imperiales. Los sermones de Teodosio producían efectos maravillosos y Dios confirmaba su celo con milagros sorprendentes. Por ejemplo, una mujer que sufría de tumores quedó instantáneamente curada con sólo tocar sus vestiduras. El emperador decidió finalmente desterrar Teodosio; pero Anastasio murió poco después, y su sucesor, Justino, hizo volver al santo del exilio.
En los últimos años de su vida, Teodosio fue atacado por una penosa enfermedad, en la que dio pruebas de paciencia heroica y de sumisión absoluta a la voluntad de Dios. Como un testigo de sus sufrimientos le rogara que orase para que Dios le diese algún alivio, el santo se negó a hacerlo, diciéndole que eso constituiría una falta de paciencia. Cuando Teodosio comprendió que se acercaba el fin, dirigió a sus discípulos una última exhortación y predijo muchas cosas que debían acaecer después de su muerte. El santo cenobita entregó su alma a Dios en 529, a los ciento cinco años de edad. El patriarca de Jerusalén, Pedro, y toda la ciudad, asistieron a sus funerales, en los que se realizaron varios milagros. El santo fue sepultado en la primera celda que había ocupado, llamada cueva de los Magos, porque la tradición afirmaba que en ella se habían albergado los gentiles que fueron a adorar al Señor en Belén.
 
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