Friday, January 18, 2019

La abeja y la mosca.( San Paisios el Athonita )

Sé por experiencia propia, que en esta vida la gente se divide en dos categorías. No hay una tercera: cada hombre pertenece a una categoría o a la otra. Una categoría se parece a la de la mosca. La mosca tiene esta particularidad, que siempre se posa sobre algo sucio. P. ej., si en el jardín hay muchas flores perfumadas y en un rincón del jardín un animal hizo sus necesidades, la mosca cruza todo el hermoso jardín sin posarse en ninguna flor. Solo cuando ve la suciedad, baja y se posa, comienza a removerla, deleitándose con el hedor, y no puede separarse.


Si ella pudiera hablar, y uno, agarrándola, le preguntara si sabe donde están las rosas en el jardín, ella contestaría que no sabe de que se trata. Diría — "yo se donde hay basura, baños, suciedad de animales, lodo..." De manera semejante, en la vida, hay gente parecida a la mosca. Esta categoría de gente aprendió a pensar negativamente y en todo ve lo malo, no viendo e ignorando todo lo bueno.

Otra categoría de gente se parece a la abeja. La particularidad de la abeja es encontrar y posarse sobre lo hermoso y dulce. Digamos, p. ej., que en un ambiente sucio, en un rincón, alguien puso un jarrón con una flor. Si la abeja entra volando ahí, dejará de lado todo lo sucio sin posarse, y encontrando la flor se posará en ella..

Si tomas a esta abeja y le preguntas donde está el lugar de la basura, ella contestará que no notó nada, pero ahí están las dalias, y ahí las rosas, mas lejos — las violetas, allí la miel y mas allá el azúcar... ella resultará una conocedora de todo lo bueno y no tendrá ni idea de lo malo. Las buenos reflexiones piensan y ven lo bueno.

Así que el hombre se encuentra en la categoría o de moscas, o de abejas.

Y el Starez concluyó: — "Cuando vienen a mi y comienzan a acusar a otros, les relato ese ejemplo y propongo elegir en que categoría quieren ubicarse, y de acuerdo a esto definir también a los que los acusan.



San Paisios el Athonita 
 
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Saturday, January 12, 2019

Hijo mío, se paciente en todo, porque la recompensa es grande. ( Padre Efraìn de Filoteu )

Hijo mío, se paciente en todo, porque la recompensa es grande. No mire el peso de las aflicciones, pero considere el pago: sus ligeras aflicciones le reservan gloria eterna para usted en los cielos que los pesan mucho. (cf. 2 Co. 4:17). Por esta razón, debes alegrarte en lugar de llorar. Agradezca a nuestro buen Dios en todo y no permita que nuestro enemigo lo vea perder su paciencia, porque entonces él lo atacará aún más para demoler el muro de la paciencia por completo.

Padre Efraìn de Filoteu
 
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Tuesday, January 8, 2019

Pensamientos acerca de la muerte y de las intrigas de los demonios..( San Antonio el grande )

La muerte es, para los hombres que la comprenden, la inmortalidad, y para la gente simple, los que no la comprenden, es la muerte. La muerte física no debe ser temida, sino solo se debe temer la perdición del alma, la cual procede del desconocimiento de Dios — ¡esto es lo que es espantoso para el alma! La vida es la unión del alma y del cuerpo; la muerte no es la desaparición de estas partes de la naturaleza humana, sino la disolución de su unión. Todo esto Dios lo guarda también después de su división. Así como el recién nacido sale del vientre de su madre, también el alma sale del cuerpo desnuda. Y hay algunas limpias y luminosas, otras manchadas con caídas, y otras ennegrecida por los muchos pecados. Porque el alma sabia y amante de Dios, siempre recordando y meditando sobre los sufrimientos que vendrán después de la muerte, vive piadosamente, para no ser condenada y no someterse a ellos. Pero los incrédulos, por su sinrazón no comprenden esto y pecan, sin pensar en aquello, que les espera allí. Como salido del vientre no recuerdas lo que había allí dentro del vientre, así también saliendo del cuerpo, no recuerdas aquello, que había dentro del cuerpo. Así como después de salido del vientre, te has hecho mejor y mas grande, así saliendo del cuerpo inmaculado tu pasarás al Cielo mejor e incorruptible. Los hombres mortales deben ocuparse de su salvación, sabiendo por adelantado, que les espera la muerte. Porque la inmortalidad beatífica es destino del alma santa semejante a Dios, cuando ella permanece buena, pero la muerte eterna la encuentra, cuando ella se vuelve mala. Recuerda, que la juventud tuya pasó, las fuerzas se agotaron, y las debilidades se acrecentaron y ya el tiempo de tu partida está cercano, cuando tu deberás dar cuenta de todos tus actos. Y sabe, que allí ni el hermano recomprará al hermano, ni el padre librará al hijo. Siempre recuerda acerca de la salida del cuerpo, meditando acerca de la condenación eterna. Si te predispones así entonces no pecarás ni por siglos.
 
San Antonio el grande
 
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Wednesday, January 2, 2019

Eso debemos pedir con humildad perdón al Señor por nuestros pecados. ( San Serafin de Sarov )


El que desea salvarse, debe tener su corazón siempre dispuesto al arrepentimiento y la contrición: "Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciaras tu, oh Dios" (Sal. 51:17). Con el espíritu humilde, el hombre puede evitar con facilidad todas las trampas astutas del diablo, quien se esfuerza a alterar el espíritu del hombre y sembrar sus cizañas, según las palabras Evangélicas: "¿Señor, no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña? Él les dijo: Un enemigo ha hecho esto" (Mt. 13:27-28). Cuando el hombre trata de tener el corazón humilde y guarda paz en sus pensamientos, todas las maquinaciones del enemigo son vanas. Ya que donde hay paz en los pensamientos reposa el mismo Dios; se dijo: en la paz esta Su lugar (Sal.76:2).
Nosotros, durante toda la vida, ofendemos la grandeza Divina con nuestras caídas en pecado; por eso debemos pedirle con humildad perdón al Señor por nuestros pecados.

San Serafin de Sarov

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Sunday, December 30, 2018

El mandamiento del amor a Dios ( San Basilio el Grande )

Amar a Dios no necesita maestro. 
Así como sin algún aprendizaje nos alegramos de la luz, y deseamos el bien. La misma naturaleza enseña a amar a los padres, aquellos que nos educaron y nos alimentaron. Así lo mismo, en una manera muy superior y no de alguien, aprendemos a amar a Dios. Desde el nacimiento hay en nosotros como una semilla, una fuerza espiritual, una inclinación, una capacidad para el amor. En la escuela de los mandamientos de Dios esta fuerza del alma se desarrolla, se alimenta y, por gracia de Dios, llega a la perfección... Pues es necesario saber que el amor a Dios es una virtud, pero ella con su fuerza abraza y cumple todos los mandamientos: "Jesús les respondió: El que me ama, se mantendrá fiel a mis palabra. Mi padre lo amará, y mi Padre y yo vendremos a el y viviremos en él" (Jn. 14:23). Otra vez repite: "En estos dos mandamientos se basa toda la Ley y los Profetas" (Mt. 22:40). Así pues por la naturaleza humana, los hombres aspiran a cosas hermosas y buenas, y no hay algo mejor, más hermoso, que el bien: Dios es el mismo bien. Por eso el que desea el bien, desea a Dios. Aunque nosotros no conoceremos como El es bueno, pero ya el saber que El nos creó es suficiente, para que lo amemos por sobre todo y continuamente estemos unidos a El, como los hijos están unidos a su madre.
 
San Basilio el Grande 
 
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Tuesday, December 25, 2018

Ábreme las puertas del arrepentimiento, Oh, Dador de Vida! ( San Juan Maximovitch )


Ábreme las puertas del arrepentimiento, Oh, Dador de Vida!

La palabra griega metanoia expresa Arrepentimiento. En el sentido literal, significa un cambio de mente. En otras palabras, el arrepentimiento es un cambio de disposición, de modo de pensar, un cambio del yo interno. Es la reconsideración de los puntos de vista de una persona, un cambio en la vida de la persona.

¿Cómo puede ser esto? De la misma forma que un cuarto oscuro en el que entra un hombre, se ilumina por los rayos del sol. Al mirar a su alrededor, puede observar ciertas cosas pero también hay muchas otras que no ve y que ni siquiera sospecha que están allí. Muchas se perciben de manera bastante diferente de lo que son en realidad. Tendrá que moverse con cuidado, al no saber qué obstáculos pueda encontrar. Cuando el cuarto se ilumine el verá todo con claridad y podrá moverse libremente.

Lo mismo sucede en la vida espiritual.

Cuando estamos inmersos en el pecado y nuestra mente se ocupa solo de los cuidados mundanos no notamos el estado de nuestra mente. Somos indiferentes a lo qué somos en nuestro interior y persistimos en el camino falso sin enterarnos de ello.

Pero luego un rayo de la Luz de Dios penetra en nuestra mente. Vemos la impureza en nosotros! Cuánta mentira, cuánta falsedad! Cuán repulsivas muchas de nuestras acciones resultan ser, creyendo nosotros que eran buenas. Entonces vemos claramente cuál es el sendero verdadero.

Si reconocemos nuestro vacío espiritual, nuestra impureza y con sabiduría deseamos nuestra enmienda – estaremos cerca de la salvación. De las profundidades de nuestras almas exclamaremos a Dios: "¡Ten misericordia de mí, Oh Dios, ten tu grandiosa misericordia!" "Perdóname y sálvame", " Concédeme ver mis propias faltas y no juzgar a mi hermano".

Cuando la Gran Cuaresma comienza, apresuremos a perdonar los daños y ofensas. Que siempre escuchemos las palabras del Evangelio para el Domingo del Perdón: Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas. (Mat. 6: 14-15).
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Tuesday, December 18, 2018

Fundamentos de la Fe Ortodoxa.

El Símbolo de la Fe
EL SÍMBOLO DE LA FE (El Credo) es una oración en la cual están presentadas, con breves pero exactas palabras, las verdades fundamentales de la fe ortodoxa.
El hombre sin fe es comparable a un ciego. La fe le permite al hombre obtener el conocimiento espiritual, que le ayuda a ver y comprender la esencia de lo que pasa a su alrededor, la razón de la creación, la finalidad de la existencia, lo que es correcto y lo que no lo es, hacia donde debe orientarse, etc.
 
Informe histórico
DESDE LOS ANTIGUOS tiempos apostólicos, los cristianos utilizaban los llamados "símbolos de la fe" (o credos) para recordar las mas importantes verdades de la fe cristiana. En la antigua Iglesia existían varios símbolos de fe sucintos. En el siglo IV, cuando aparecieron las falsas doctrinas acerca de Dios Hijo y el Espíritu Santo, se suscitó la necesidad de completar los símbolos de antaño.
El Símbolo de la fe que estamos tratando fue compuesto por los Padres del Primer y Segundo Concilio Ecuménico (universal). En el Primer Concilio Ecuménico fueron redactados los siete primeros artículos de este Símbolo, y en el segundo, los cinco restantes. El Primer Concilio Ecuménico tuvo lugar en Nicea en el año 325 de la era cristiana, con el fin de afirmar la verdadera doctrina acerca del Hijo de Dios en contraposición a la falsa doctrina de Arrio, que sostenía que el Hijo de Dios fue creado por Dios Padre. El Segundo Concilio Ecuménico fue celebrado en el año 381 en Constantinopla para afirmar la doctrina verdadera del Espíritu Santo en contraposición a la falsa doctrina de Macedonio, que había rechazado la divina dignidad del Espíritu Santo. De acuerdo con los nombres de las dos ciudades en las cuales se reunieron los Padres del Primer y Segundo Concilio Ecuménico, el Símbolo lleva en nombre de Niceo-Constantinopolitano.
El Símbolo de la fe se divide en 12 artículos. En el primer artículo se habla de Dios Padre; desde el segundo hasta el séptimo artículo se habla de Dios Hijo; en el octavo artículo, de Dios Espíritu Santo; en el noveno, de la Iglesia; en el décimo, del bautismo y finalmente, los artículos undécimo y duodécimo expresan la resurrección de los muertos y la vida eterna.
 

El texto del Credo
CREO EN UN SOLO DIOS, Padre Omnipotente, Creador del cielo y de la tierra y de todas las cosas visibles e invisibles.
Y en un solo Señor Jesucristo, Hijo Unigénito de Dios nacido del Padre, antes de todos los siglos; luz de luz; verdadero Dios de Dios verdadero. Engendrado no hecho; consubstancial al Padre, por Quien fueron hechas todas las cosas. Quien por nosotros los hombres y para nuestra salvación, bajó de los cielos y se encarnó del Espíritu Santo y María Virgen, y se hizo hombre. Fue crucificado también para nosotros bajo el poder de Poncio Pilatos, padeció, fue sepultado. Resucitó al tercer día según las escrituras. Subió a los cielos y está sentado a la diestra del Padre. Y vendrá por segunda vez lleno de gloria a juzgar a los vivos y a los muertos y su Reino no tendrá fin.
Y en el Espíritu Santo, Señor y Vivificador, que procede del Padre, que con el Padre y el Hijo es juntamente adorado y glorificado que habló por los profetas.
Y en una Iglesia Santa Católica y Apostólica. Confieso un solo bautismo para la remisión de los pecados. Y espero la resurrección de los muertos y la vida del siglo venidero. Amén.
 
¿En qué creemos
conforme con el Símbolo?

INICIAMOS EL SÍMBOLO con la palabra "creo," porque el contenido de nuestros conceptos religiosos no se basa en la experiencia exterior, sino en la aceptación de las verdades divinas reveladas, ya que los objetos y fenómenos del mundo espiritual no pueden verificarse por medios de laboratorio, ni comprobarse con recursos de la lógica: entran en la esfera de la experiencia religiosa personal del hombre. Sin embargo, cuanto más crece el hombre en la vida espiritual, por ejemplo rezando, pensando en Dios o haciendo obras buenas, más se desarrolla en él la experiencia espiritual interior y con tanto mayor claridad se le manifiestan las verdades religiosas. De esta manera la fe se hace para el hombre creyente el objeto de su experiencia personal.
Creemos que Dios es la plenitud de la perfección: es el espíritu perfectísimo que no tiene ni principio ni fin, eterno, todopoderoso y sapientísimo. Dios omnipresente ve todo y sabe lo que todavía no ha acontecido. Es infinitamente bueno, justo y santísimo. No tiene necesidad de nada y es la causa primaria de todo lo existente.
Creemos que Dios es único por su esencia y trino en Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo; Santísima Trinidad, unida e indivisible. El Padre no nace ni procede de ninguna otra entidad; el Hijo ha nacido en la eternidad del Padre; el Espíritu Santo, desde la eternidad, procede del Padre.
Creemos que todas las Personas o hipóstasis de Dios son equivalentes entre sí, conforme con la perfección, el poder, la majestad y la gloria Divinas; es decir que creemos que el Padre es Dios verdadero y perfectísimo, que el Hijo también es Dios verdadero y perfectísimo, al igual que el Espíritu Santo, que es asimismo Dios verdadero y perfectísimo. Por lo tanto, en las oraciones glorificamos simultáneamente al Padre, Hijo y Espíritu Santo como Dios Único.
Creemos que todo el mundo visible e invisible fue creado por Dios. Al principio Dios creó el mundo invisible angélico, llamado en la Biblia " firmamento" o "cielo", y luego el nuestro, mundo material o físico (según la Biblia, "la tierra"). El mundo físico fue creado por Dios de la nada, pero no repentinamente sino de un modo gradual en períodos denominados en la Biblia "días." Dios creó el mundo no por obligación o necesidad, sino por su Beneplácito, para que otras entidades creadas por Él, también gocen de la vida en medio de su creación. Siendo infinitamente bueno, Dios ha creado todo bueno. El mal ocurre en el mundo debido al uso de la libre voluntad, con la cual Dios ha dotado a los ángeles y a los hombres. Por ejemplo, el diablo y los demonios otrora fueron ángeles buenos, pero luego se sublevaron contra Dios y voluntariamente se convirtieron en espíritus malignos. Estos desobedientes Angeles convertidos en demonios fueron expulsados del Paraíso y formaron su tenebroso reino llamado Infierno. Desde aquel entonces incitan a los hombres al pecado y actúan como enemigos de nuestra salvación.
Creemos que Dios sostiene todo por su poder, es decir que todo lo dirige a todos y todo lo lleva a un beneficioso fin. Dios nos quiere y cuida de nosotros como una Madre a sus hijos. Por consiguiente no podrá ocurrirle nada malo al hombre que se encomienda a Dios.
Creemos que el Hijo de Dios, Nuestro Señor Jesucristo, descendió del cielo para nuestra salvación y se encarnó por obra del Espíritu Santo en el cuerpo de la Doncella María. Siendo Dios desde la eternidad, en la época del rey Herodes adoptó nuestra naturaleza humana, con alma y cuerpo, y por lo tanto es al mismo tiempo Dios verdadero y Hombre verdadero, o sea Dios-Hombre. Él, en una Persona Divina combina ambas naturalezas: la Divina y la Humana. Estas dos naturalezas permanecen en Él para siempre sin experimentar ningún cambio, sin fundirse ni transformar una naturaleza en otra.
Creemos que Nuestro Señor Jesucristo, al vivir sobre la tierra, iluminó al mundo con Su doctrina, ejemplo y milagros, es decir, que enseñó a los hombres en qué deben creer y cómo deben vivir para heredar la vida eterna. Con sus oraciones dirigidas al Padre, por el cumplimiento absoluto de su voluntad, con su pasión y muerte en la Cruz venció al diablo y redimió al mundo del pecado y de la muerte. Mediante su resurrección de entre los muertos, estableció nuestra resurrección. Después de su Ascensión al cielo con su cuerpo, lo que ocurrió al 40 día después de su resurrección, el Señor Jesucristo se sentó a la diestra de Dios Padre, es decir que asumió como Dios Hombre el poder único que tiene con su Padre, y desde aquel entonces dirige el destino del mundo juntamente con su Padre.
Creemos que el Espíritu Santo, al proceder de Dios Padre (solamente), desde el principio del mundo, junto con el Padre y el Hijo, otorga existencia a las criaturas, les da vida y las guía. Es la fuente de la bienaventurada vida espiritual para los ángeles, al igual que para los hombres; y al Espíritu Santo se le debe gloria y adoración conjuntamente con el Padre y el Hijo. En el Antiguo Testamento el Espíritu Santo habló por medio de los profetas, luego, en el principio del Nuevo Testamento, habló por los apóstoles, y en la actualidad actúa en la Iglesia de Cristo, instruyendo en la verdad a sus pastores y a todos los Cristianos Ortodoxos.
Creemos que Jesucristo, para la salvación de los que creen en Él, fundó en la tierra la Iglesia haciendo descender sobre los apóstoles el Espíritu Santo en el día de Pentecostés. Desde aquel entonces el Espíritu Santo permanece en la Iglesia, en esta bendita sociedad o unión de los creyentes cristianos, y guarda la pureza de la doctrina de Cristo. Además, la gracia del Espíritu Santo, que permanece en la Iglesia, purifica a los que se arrepienten de sus pecados, ayuda a los creyentes para que tengan éxito en sus buenas obras y los santifica.
Creemos que la Iglesia es Una, Santa, Católica y Apostólica. Es Una porque todos los Cristianos Ortodoxos, aunque pertenezcan a diferentes iglesias locales nacionales, forman una sola familia junto con los ángeles y los santos del cielo. La unidad de la Iglesia se funda en la unidad de la fe y la gracia. La Iglesia es Santa porque sus fieles hijos se santifican por la palabra de Dios, la oración y los Santos Sacramentos. La Iglesia se denomina Católica (Universal) porque está destinada a los hombres de todos los tiempos y nacionalidades. La Iglesia se llama Apostólica, porque conserva la doctrina de los Apóstoles y la sucesión apostólica se transmite incesantemente hasta nuestros días de un obispo a otro en el Sacramento de la Ordenación. Según la promesa de Jesucristo, la Iglesia permanecerá invencible para los enemigos hasta el fin del mundo.
Creemos que en el Sacramento del Bautismo se perdonan al creyente todos sus pecados y que por medio de este Sacramento, los creyentes se hacen miembros de la Iglesia. Para ellos queda franqueado también el acceso a los otros sacramentos para su salvación. Así, en el Sacramento de la Confirmación (Unción con el óleo) se proporciona al creyente la gracia del Espíritu Santo; en el Sacramento del Arrepentimiento se perdonan los pecados cometidos en uso de conciencia después del Bautismo; en el Sacramento de la Eucaristía, que se lleva a cabo durante la Liturgia, se efectúa la comunión de los fieles con el verdadero Cuerpo y Sangre de Cristo; en el Sacramento del matrimonio se establece la inseparable unión entre los esposos; en el Sacramento del Orden Sagrado se consagran los servidores de la Iglesia: diáconos, Sacerdotes y Obispos; y en el Sacramento de la Unción a los Enfermos (que se realiza con 7 Sacerdotes, o, de no ser posible, con la cantidad que haya) se ofrece la curación de las enfermedades espirituales y físicas.
Creemos que antes del fin de este mundo Jesucristo, acompañado por los ángeles, volverá a la tierra con gloria. Entonces cumpliendo su palabra, resucitarán todos los muertos; es decir, que tendrá lugar un milagro por el cual las almas de los muertos volverán a los cuerpos que tenían antes de morir, es decir, revivirán. Durante la resurrección universal, los cuerpos de los rectos, resucitados o todavía vivientes, se renovarán y se espiritualizarán a imagen de la Resurrección de Cristo.
A continuación de la resurrección, todos los hombres comparecerán ante el juicio de Dios para recibir conforme con los actos realizados en la vida corporal, hayan sido éstos buenos o malos. Después del juicio, los pecadores no arrepentidos pasarán al eterno suplicio, mientras que los rectos pasarán a la vida eterna. De esta manera comenzará el Reino de Cristo que no tendrá fin.
Con la palabra final "Amén" testimoniamos que aceptamos de todo corazón la confesión citada de la Fe Ortodoxa, la cual consideramos verdadera.
El Símbolo de la fe es leído por quien recibe el bautismo (catecúmeno) durante el Sacramento del Bautismo. En el caso del bautismo de un niño es leído por los padrinos. Además, el Símbolo de la fe se canta en el templo durante la Liturgia, y se debe leer diariamente durante las oraciones matutinas. Una lectura atenta del Símbolo de la fe influye substancialmente sobre nuestra fe. Esto se debe a que el Símbolo de la fe no es una simple confesión de fe sino una oración. Pronunciando con espíritu de oración la palabra "creo" y otras palabras del Símbolo, vivificamos y afirmamos nuestra fe en Dios y en todas las verdades que están contenidas en el mismo. Precisamente por eso es tan importante para los cristianos ortodoxos leer diariamente o cuando menos regularmente el Símbolo de la Fe.



Obispo Alejandro Mileant
 
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