Monday, April 15, 2019

La humildad y el esfuerzo hacia Dios son las virtudes fundamentales de los Cristianos. ( San Juan Maximovitch )

La gracia de Dios siempre asiste al que lucha, pero esto no quiere decir que el luchador es siempre un vencedor, a veces las criaturas no tocaron a los correctos y de ninguna manera los tocan siempre. Nos es la victoria ni la postura de vencedor, lo que importa sino la labor del esfuerzo y veneración a Dios. Grande es el Apóstol Pablo, cuando pide por el Señor muchas veces (‘tres veces’) diciendo que un mensajero de Satanás lo hiere con ataques difíciles y adversos a su espíritu. El Señor lo deja en esa condición: "Te basta mi gracia" (2 Cor. 12:7-9) — y se le provee suficiente gracia y dones. El Señor quiere para el apóstol el esfuerzo que limpia su alma.

Lo que es importante en el estado del alma es el esfuerzo hacia Dios, y no la estatura del vencedor. "Mi poder triunfa en la debilidad" (2 Cor. 12:9). Que el hombre pueda encontrarse en un estado de debilidad no quiere decir que ha sido abandonado por Dios. El Señor Jesucristo, de acuerdo con la visión mundana, estaba en problemas pero cuando el mundo pecaminoso lo consideró totalmente destruido, en realidad el salía victorioso de la muerte y del reino de los muertos. El Señor no nos prometió posiciones de ganadores como recompensa de virtudes, pero nos dijo: "En el mundo tendrán que sufrir, pero tengan valor, yo he conquistado el mundo" (Jn. 16:33). El poder de Dios es efectivo cuando una persona pide por su ayuda, reconociendo la debilidad y el pecado de su naturaleza. Por ello, la humildad y el esfuerzo hacia Dios son las virtudes fundamentales de los Cristianos.
 
San Juan Maximovitch 

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Friday, April 12, 2019

La Cáscara de Muerte: la Hipocresía Por el San Nikolai Velimirovich

Qué bellamente decoran los huevos nuestra gente en los Balcanes. El tiempo más bonito para decorar es la Pascua. Se hace de esta forma para aumentar la alegría de la Pascua. Para hacer a sus huéspedes más felices. A veces los huevos pintados son verdaderas obras de arte. Si los huevos de colores se dejan reposar demasiado tiempo, se pudren por dentro, y desprenden un olor insoportable, o al final se terminan por secarse por completo.

Es entonces cuando la cáscara de colores contiende dentro de sí la propia muerte.

Más terrible es la imagen que Jesús da sobre los hipócritas, que son como “sepulcros blanqueados, que por fuera tienen bella apariencia, pero por dentro están llenos de osamentas de muertos y de toda inmundicia.” (Mateo 23:27)

“Cuidad de no practicar vuestra justicia a la vista de los hombres con el objeto de ser mirados por ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial.” (Mateo 6: 1)

La justicia querida por Dios, como Jesús mismo reveló en el Monte, es la siguiente: la misericordia, la oración, la confianza y la fe en Dios como el único Soberano, no preocuparse por el mañana, el buscar antes que nada la Realeza de Dios, teniendo fe en que recibirás de Dios lo que Le pidas, que encontrarás lo que buscas, que abrirás una puerta cerrada; y también: no juzgar con juicio severo, y no medir con falsa medida, para que así no te sea devuelto; no buscar la paja en ojo ajeno, mientras hipócritamente ocultas la viga en tu propio ojo; hacer a tu prójimo todo aquello que desearías que hicieran contigo; no tener miedo del camino angosto pues es un camino santo y puro que lleva a la vida, por el contrario alejarse volando del camino ancho y tranquilo que conduce a la muerte; dar buenos frutos a Dios tu Anfitrión, que te plantó como un buen árbol; no enorgullecerte de tus buenas acciones, sino hacerlo todo “conforme a la voluntad de Mi Padre que está en los Cielos”; cumpliendo todas las palabras de Cristo, y de esa manera, construyéndote una casa por la eternidad como un hombre prudente que no edificó su casa sobre la arena, sino sobre la roca, para que ni las aguas torrenciales, ni los vientos, ni las tormentas pudieran dañarla. (Mateo 6,7 y Lucas 6:48) Los fariseos, los escribas, y los hipócritas hacen todo lo contrario de estas Palabras y de la Sabiduría de Dios. Cuando dan limosna, lo hacen en lugares donde se reúne gente y en las calles, y no lo hacen por la gloria de Dios, ni para ayudar a los pobres, sino sólo para ser vistos por los hombres.

Cuando oran a Dios, oran en las calles, de nuevo sólo para ser vistos por los hombres.

Cuando ayunan, ponen sus caras tristes, descuidadas y pálidas, de nuevo para que puedan ser vistos por los hombres. Por desgracia, lo hacen todo sólo para ser vistos por los demás, ya que supuestamente son misericordiosos, orantes y grandes ayunadores.

Hacían todo esto, y lo hacen hoy en día, por dos razones: para recibir de los hombres gloria y dinero. Con Dios, ni siquiera cuentan, como si ni siquiera existiera. En verdad, los hipócritas son, en última instancia, los hombres más impíos (sin Dios, ateos). Engañan a la gente dándoles lo que les apetece, siendo ese su generoso pago. De Dios, no tienen nada que esperar, porque no Le han agradecido con ninguna de sus obras, sino que sólo han incurrido en Su ira.

Sobre ese pueblo de hipócritas dice el Señor “se me acerca (sólo) con su boca y (sólo) con sus labios me honra, mientras su corazón está lejos de Mí.” (Isaías 29:13)

Si no están cumpliendo con la voluntad de Dios Padre, entonces están cumpliendo con la voluntad de “el padre de todas las mentiras.” El padre de todas las mentiras, el diablo, les enseñó que es normal, natural y razonable hacerlo, y que otros antes que ellos también hicieron lo mismo, y vivieron muy bien, recibiendo del hombre gloria y riquezas. Ese es el camino hollado por el mundo, del cual no deberían pasar, a pesar de lo que haga el mundo. Ellos, miserables como son, no sienten cuánto Satanás les ha engañado con tales mentiras, y lo mucho que les ha contaminado y secado sus corazones hasta el punto de que incluso los ángeles de Dios vuelven sus rostros del hedor de sus almas.

Todo su aspecto, su apariencia física arreglada, es sólo una cáscara de color de muerte, una tumba encalada. Cuando les llegue a ellos, lo que llamamos muerte, por desgracia, todo lo que realmente les llegará es la confirmación y el sello de su ya largo pasado, su alma muerta.




Pero tú, no seáis como los hipócritas, eso fue lo que Cristo enseñó a la gente. No seáis como los hipócritas cuando les deis caridad, “Pero cuando des limosna, que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu mano derecha.” (Mateo 6: 2,3)

No seáis hipócritas cuando oréis a Dios. “Tú, al contrario, cuando quieras orar entra en tu aposento, corre el cerrojo de la puerta, y ora a tu Padre que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.” (Mateo 6: 5-13)

No seáis como los hipócritas cuando ayunéis. “Más tú, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, a fin de que tu ayuno no sea visto, no de las gentes, sino de tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará” (Mateo 6: 16-18) “Nada hay oculto que no haya de manifestarse, ni ha sido escondido sino para que sea sacado a la luz.” (Marcos 4:22)


Dios te revelará grandes secretos en el momento en el que menos lo esperes. Los profetas y justos lo sabían, pero los escribas y los fariseos no lo hacían, y aún siguen sin hacerlo.

Los profetas y justos temieron a Dios, y amaron a su pueblo, mientras que los fariseos y los escribas, hipócritas, no temen a Dios, y detestan a su propio pueblo.

Jesús siente compasión por su pueblo, hasta las lágrimas siente compasión por ellos, a quien los príncipes de los sacerdotes y gobernantes engañan, abusan, y se aprovechan de su piedad. (Mateo 15: 32) En Su sermón anterior, Cristo declara abiertamente la guerra contra la hipocresía (del pueblo de Israel).

Como el Hijo de Dios moraba entre los hombres, y el tiempo pasaba, Él aumenta esta guerra contra la hipocresía, humillándola, y contra la hipocresía de los líderes religiosos de la época, humillándoles en sus propias caras, y delante de todo Su pueblo.

Nunca humilló a ningún pecador tanto como humilló a los hipócritas. Por último, la humillación de Jesús a la hipocresía, cuando se encontraba cerca del final de su estancia terrenal, se tornó terriblemente atronadora. No debería sorprender a los que tienen conocimiento, que Jesús no habló a una sola generación, la generación de Su vida terrenal, sino a todas las generaciones hasta el fin de los tiempos.

Mientras humillaba a los judíos hipócritas cara a cara, también estaba humillando a todos hipócritas de todos los tiempos y todas las generaciones.

¿Por qué Jesús golpeó tan fuertemente y sin piedad alguna especialmente a la hipocresía? Eso es debido a que la hipocresía es una mentira satánica, la hipocresía es satánica desde el principio; esa es la mala hierba que Satanás ha sembrado en todos los cultivos de Dios en la tierra: en el corazón del hombre, en su casa, en su matrimonio, en su grupo de amigos, de su pueblo y nación, en la política y el comercio, en la tristeza y en la alegría, en todas partes, en todas las épocas y civilizaciones. Ni una sola civilización logró erradicar la mala hierba de la hipocresía, sino que la mala hierba enraizada echó a perder a muchas de ellas (civilizaciones). Si una civilización brilló con gloria hacia el resto, como la europea y la japonesa, no quiere decir que destruyeran la hipocresía, sino sólo que la ocultaron con mayor habilidad debajo de su caparazón en el que no estaba escrito el nombre de Jesucristo, como lo está en los huevos de Pascua en los Balcanes. Más bien, sus marcas: su cortesía, sus modales, su sofisticación, son palabras de las cuales los demonios no tienen miedo, y la mala hierba de la hipocresía, sin traba alguna, crece desenfrenada.

Jesucristo, el Logos de Dios encarnado, anunció al principio dos guerras: contra Satanás, y contra la hipocresía. La gente Le amaba, y Le honraba con gran respeto y temor de Dios, como Su Salvador “Porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas de ellos.” (Mateo 7:29)


De las Obras Completas del Obispo Nikolai [En serbio], libro 12, P. 825.
 
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Sunday, April 7, 2019

A menudo Le pedimos a Dios distintas cosas, pero El no nos contesta. ( San Paisios el Athonita )


A menudo Le pedimos a Dios distintas cosas, pero El no nos contesta. Para que El conteste nuestros pedidos y nos de lo que le pedimos, debemos, en primer lugar, tener humildad. Todos nosotros, tanto niños, como adultos, tenemos mucho egoísmo y no aceptamos ni indicaciones, ni observaciones. Todo lo sabemos, y todos somos sabios. Cuando en nosotros reina el egoísmo, alcanza un mínimo pretexto para una gran disputa. Abrimos la puerta a Satanás, y él entra en nuestro hogar y lo destruye.

No presten atención a lo que ven o escuchen en aquel momento. Su consejo no nos ayudará y todavía más avivara el fuego. Solo aguanten un poco, oren, y cuando el otro se calme, será posible la comprensión mutua. El pescador no pesca durante la tormenta, espera que se calme el mar.

San Paisios el Athonita
 
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Tuesday, April 2, 2019

Oración para los que se Preparan para celebrar los Divinos Misterios ( San Ambrosio de Milán )

Oh Señor Jesús Cristo, Tú que eres el verdadero Sumo Sacerdote y Obispo de nuestras almas, y que en el altar de la Cruz te ofreciste a Dios el Padre para ser un sacrificio puro y sin mancha por nosotros, miserables pecadores, y que igualmente nos has dado a comer Tu carne y a beber Tu Sangre, y que estableciste este Misterio por el poder del Espíritu Santo, diciendo: Haced esto en memoria de Mí.

Te suplico por Tu misma preciosa Sangre, el rescate de nuestra salvación.

Te suplico por ese maravilloso e inefable amor que nos concedes a nosotros (miserables e indignos pecadores), lavándonos y purificándonos de todos nuestros pecados en Tu propia Sangre.

Enseña a Tu indigno siervo, a quien entre tus muchas misericordias has concedido compartir los beneficios de Tu Sacerdocio (Y esto, no por mis méritos, sino sólo por Tu abundante misericordia).

Enséñame, te lo suplico, por tu Espíritu Santo, a acercarme a tan gran Misterio, como es digno y justo, con reverencia y honor, y en toda piedad y santo temor.

Disponme por Tu gracia a creer y entender siempre, a sentir y sostener con firmeza, a hablar y a pensar, con relación a este santo Misterio para que Te sea agradable y provechoso para mi alma.

Que Tu Espíritu Santo entre en mi corazón, para que sin pronunciar palabra ni sonido pueda hablar allí toda Tu verdad, y que Él mismo, oculto bajo el velo de la santidad, sobrepase el entendimiento del hombre.

Por Tu gran misericordia, concédeme tomar parte en este santo Misterio con pureza de corazón e integridad de mente.

Líbrame con la atenta e infalible guardia de Tus benditos ángeles, para que por su poderosa protección, los enemigos de la bondad puedan ser desterrados de allí.

Por el poder de este gran Misterio y por la mano de ese santo ángel a quien me has enviado, aleja de mí y de todos tus siervos el espíritu de un duro corazón, el espíritu de orgullo y vanagloria, el espíritu de envidia y blasfemia, el espíritu de fornicación e inmundicia, el espíritu de duda e infidelidad. Confunde a los que nos persiguen y destruye a los que se apresuran a destruirnos.

Oh Rey de las vírgenes, amante de la castidad y la pureza, vierte sobre mí el rocío celestial de Tu bendición, extingue en mi carne cualquier resto ardiente de deseo lujurioso, para que pueda permanecer en continua castidad, tanto de cuerpo como de alma.

Mortifica en mis miembros todas las motivaciones de la carne, todas las afecciones desordenadas, todos los deseos de concupiscencia. Y concédeme verdadera y permanente castidad, y todos los dones que Te sean agradables. Concédeme así ofrecerte este Sacrificio de Alabanza y Acción de gracias con pureza de cuerpo y limpieza de corazón.

¡Pues quién puede entender qué dolor de corazón y qué fuente de lágrimas son necesarios!

¡Qué reverencia y temor, qué castidad corporal y pureza de corazón es requerido!

Y sin embargo sólo así debemos acercarnos a servir en este divino y celestial Sacrificio. Pues en él, Tu Carne es comida verdaderamente y Tu sangre es bebida verdaderamente. Aquí, las cosas de abajo y las de encima, las terrenales y las celestiales, son hechas una sola. Aquí, siempre están presentes tus santos ángeles. Aquí, en un maravilloso e inefable orden Te has constituido a la vez como Sacrificio y Sacerdote.

¡Quién puede ser digno de ofrecer este Sacrificio menos Tú, Todopoderoso Dios, que dignamente obras lo que haces! Yo sé, oh Señor, y conozco con seguridad, y a Tu bondad lo confieso, que no soy digno de acercarme a tan gran Misterio, a causa de mis graves pecados y de mi gran negligencia. Pero sé, y verdaderamente creo con todo mi corazón, y confieso con mi boca, que Tú puedes hacerme digno de realizarlo, pues sólo Tú puedes justificar y santificar a los pecadores.

Oh Dios mío, te suplico, por Tu poder Todopoderoso, que me concedas a mí, pecador, tomar parte dignamente en este Sacrificio. Y que con él me concedas temor y temblor, pureza de corazón y un torrente de lágrimas, regocijo espiritual y regocijo celestial. Concede que mi alma pueda sentir Tu bendita Presencia, y la guardia de Tus santos ángeles alrededor mío.

Pues yo, oh Señor, teniendo devoto recuerdo de Tu santa pasión, me acerco a Tu altar. Aunque pecador, me acerco al Sacrificio que Tú has instituido, y que nos has mandado ofrecerte en Tu memoria y para nuestra salvación.

Te suplico, Dios Todopoderoso, que lo recibas para beneficio de Tu santa Iglesia, y por el pueblo que rescataste con Tu propia Sangre.

Y puesto que Tú concedes disponer Tu Sacerdocio sobre los hombres pecadores, y puesto que concedes a cada sacerdote como mediador entre Ti y Tu pueblo, te suplico que donde no encuentres el testimonio de las buenas obras en ellos, no quites aún el oficio y ministerio que has depositado en su cargo, para que el Precio de su Redención, por el que has concedido ofrecerte una perfecta Oblación y Santificación, no se pierda a causa de ninguna indignidad nuestra.

Y además, oh Señor, elevo ante Ti (si te dignas mirarnos favorablemente por eso):

Las tribulaciones de los pueblos y los peligros de las naciones,

El gemido de los presos y las tristezas de los huérfanos,

Las necesidades de los que viajan,

Las carencias de los enfermos,

La depresión de los cansados,

La debilidad de los ancianos,

Las aspiraciones de los jóvenes,

Las resoluciones de las doncellas,

Y los lamentos de las viudas.

Pues Tú, oh Señor, tienes misericordia de todos los hombres y no aborreces nada de lo que creaste.

Recuerda cuán frágil es nuestra naturaleza, pues Tú eres nuestro Padre, Tú eres nuestro Dios. No te enojes con nosotros a pesar de que lo merecemos, y no alejes Tu misericordia de nosotros. Pues no presentamos nuestras súplicas ante Ti porque seamos justos, sino porque Tú eres compasivo.

Aleja de nosotros nuestras iniquidades, y en Tu misericordia enciende en nosotros el fuego de Tu Espíritu Santo.

Quita nuestro corazón de piedra, y concédenos un corazón de carne, para que podamos amarte, quererte, deleitarnos en Ti, seguirte y regocijarte.

Te suplicamos, oh Señor, que por tu misericordia muestres la luz de Tu rostro sobre Tu siervos que realizan este sagrado oficio, en honor a Tu Nombre. Y para que sus súplicas no sean en vano, ni sus peticiones no queden sin efecto, pon en sus mentes oraciones que Te sean agradables de escuchar y cumplir.

También te rogamos, oh Señor, Padre santo, por las almas de los fieles que han partido de este mundo; que este confortable Sacramento pueda ser su salvación, salud, regocijo y alivio. Oh Señor mi Dios, concédeles en este día un festín en abundancia en Ti, el Pan Vivo, que hiciste descender del cielo y concede la vida al mundo.

Concédeles comer Tu Carne, santa y bendita, que es el Cordero inmaculado que quita los pecados del mundo; incluso la Carne que tomaste del vientre, santo y glorioso, de la bendita Virgen María, por la operación del Espíritu Santo. Concédeles beber de esta fuente de amor que fluía de Tu sagrado costado, atravesado por la lanza del soldado para que siendo aliviados y santificados, restaurados y confortados, puedan regocijarse dándote alabanzas y gloria.

Te suplico, oh Señor, que por tu misericordia envíes sobre el pan que va a serte ofrecido, la plenitud de Tu bendición y los poderes santificadores de Tu Divinidad. Haz descender también, oh Señor, la invisible e incomprensible majestad de Tu Espíritu Santo, como lo enviaste una vez sobre el mismo sacrificio de nuestros padres y ancestros, para que pueda hacer realmente de nuestras oblaciones Tu Cuerpo y Tu Sangre.

Y puesto que soy tan indigno, enséñame a acercarme a este santo Misterio con pureza de corazón y con un piadoso dolor por mis pecados, con reverencia y asombro. Por eso, acepta con amor y gentileza este Sacrificio de mis manos para la salvación de los hombres, tanto vivos como difuntos.

También te suplico, oh Señor, que por este mismo sagrado Misterio de Tu Cuerpo y Sangre, que es entregado diariamente en Tu santa Iglesia como alimento y bebida, seamos lavados y santificados, y hechos partícipes de Tu Todopoderosa Divinidad; concédeme tus santas virtudes, para que siendo revestido con ellas, pueda acercarme a Tu altar con una buena conciencia, para que este sacramento celestial pueda serme vida y salvación.

Pues Tú, que siempre eres santo y bendito, has dicho: “El Pan que yo os doy es mi Carne para la vida del mundo: Yo soy el pan de vida que ha bajado del cielo. El que coma de este Pan, vivirá para siempre”.

Oh Pan de dulzura, concede la salud a mi gusto, para que pueda percibir las delicias de Tu amor. Líbrame de lo mundano para que sólo pueda encontrar la dulzura en Ti.

¡Oh Pan de pura blancura, que contiene todas las delicias y todos los sabores agradables! ¡Oh Tú, que siempre nos revitalizas y nunca escaseas! Concede que mi corazón pueda alimentarse de Ti, y que la profundidad de mi alma pueda llenarse con la dulzura de Tu sabor. Los ángeles se alimentan en Ti con abundancia. Concédeme que yo, un peregrino y un forastero, pueda alimentarme de Ti en la medida que pueda. Y así, concede que no fracase en mi viaje, con tal provisión que me espera.

¡Oh Pan santo, puro y vivo, que bajó del cielo y dio la vida al mundo!

Ven a mi corazón, y purifícame de toda contaminación, tanto de la carne como del espíritu.

Entra en mi persona, y sana y límpiame por dentro y por fuera.

Sé la protección y la salud permanente de mi cuerpo y de mi alma.

Aleja de mi todos los enemigos que me acechan.

Concédeme que pueda alzarme a la presencia de Tu poder.

Concédeme que siendo defendido en todo por Ti, pueda andar en el camino recto hacia Tu Reino.

Pues allí ya no te contemplaremos como en un misterio igual que en este tiempo presente, sino que te veremos frente a frente, cuando entregues el reino a Dios el Padre, y Dios sea todo en todos.

Y en aquel día me satisfarás con maravillosa plenitud, para que ya no tenga más hambre ni sed por siempre, oh Jesús, que con el mismo Dios el Padre y el Espíritu Santo vives y reinas, en el mundo sin fin.

Amén.
 
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Friday, March 29, 2019

La principal obligación del hombre es amar a Dios y luego a su prójimo, y mas todavía ,a su enemigo. ( San Paisios el Athonita )

La principal obligación del hombre es amar a Dios y luego a su prójimo, y mas todavía — a su enemigo. Si amáramos a Dios como se debe, guardaríamos también todos Sus otros mandamientos. Pero nosotros no amamos ni a Dios, ni a nuestros prójimos. ¿Quien hoy se interesa por otra persona? Todos se preocupan solo por si mismos, y no por otros. De esto vamos a rendir cuentas .a Dios, Quien es todo amor, no nos perdonará esta indiferencia hacia los prójimos.

San Paisios el Athonita
 
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Thursday, March 21, 2019

Sobre el significado del Ayuno...( Archimandrita Nichifor Horia )

El ayuno es más que un regimen alimentario, más que una dieta cualquiera, aunque esos son los efectos que tiene sobre nuestro cuerpo, que también se limpia y se desintoxica. Pero el propósito de ayunar es el de, diciendo “no” a los alimentos que nos gustan y que nos endulzan, lograr rechazar también todo aquello que creemos que nos produce placer, pero que luego comprobamos que no trae más que dolor y sufrimiento en todos los ámbitos de nuestra vida. El ayuno conduce nuestra atención de lo terrenal a lo divino, porque, acostumbrándonos a la sobriedad, dejamos de prestarle tanta atención a nuestro cuerpo y comenzamos a sentir el pulso de la vida espiritual. Con el ayuno, las prioridades se invierten y se asientan en su forma natural: primero la vida espiritual y, luego, la biológica. En el oficio del Bautizo, ya hacia al final del mismo, decimos una lindísima oración que afirma que Dios creó al hombre “con alma pensante y con un cuerpo bien constituído, para que el cuerpo sirva al alma” y no al revés. Actualmente, para muchos, el alma es sierva del cuerpo hasta llegar al extremo, es decir, hasta llegar a la incapacidad de sentir alguna actividad espiritual. Por eso, el sentido del ayuno es reconducir al hombre hacia aquella armonía ontológica, destruída con la exagerada atención que se le da al cuerpo, cuando la persona sólo busca asegurar su propio comfort.
¿Padre, por qué debemos ayunar? ¿Cuánto nos ayuda ese esfuerzo?
El Santo Apóstol y Evangelista Lucas decía, retomando las palabras de Nuestro Señor: “Estén atentos a Ustedes mismos, que no se saturen sus corazones con la comida, la bebida y las preocupaciones de la vida “ (Lucas 21, 34). El llamado a ayunar es así reafirmado por el mismo Redentor, siendo esas palabras, para nosotros, cristianos, la base principal para ayunar. Los que deseamos alcanzar la vida eterna y la verdad en esta vida tomaremos la palabra del Señor como norma de vida. Por una parte, el ayuno es un esfuerzo, para que el cuerpo no supere al alma, para tener mente ágil, para obtener atención espiritual; por otra parte, el ayuno es una manifestación natural, como sucede entonces cuando el hombre participa del sufrimiento o la tristeza de otro. Cuando los discípulos de Nuestro Señor Jesucristo fueron regañados por los fariseos por no ayunar, recibieron las siguientes palabras de parte del Señor: “¿Quieren ustedes que los compañeros del novio ayunen mientras el novio está con ellos? Mientras tengan al novio con ellos, claro que no pueden ayunar. Pero llegará el momento en que se les arrebatará el novio, y entonces ayunarán.” (Marcos 2, 19-20). El mismo Emperador David, entonces cuando su hijo enfermaba, ayunaba largamente, tratando, por medio de la ascesis, mostrar su arrepentimiento frente a Dios
El ayuno ortodoxo puede ser considerado el más severo del mundo cristiano. ¿Cómo se explica el hecho que, en la Ortodoxia, a diferencia de otras formas de fe, nunca ha sucedido una adaptación a los tiempos actuales, una “flexibilización” significativa del esfuerzo exigido a los creyentes, desde este punto de vista?
No sólo en lo que se refiere al ayuno, sino en todo el cuadro litúrgico, la Iglesia Ortodoxa no ha hecho ningún “aggiornamiento” de acuerdo a cómo cambian las personas, de acuerdo a la moda del momento, sino que ha sabido mantener sus fundamentos verdaderos, mismos que heredó como un tesoro. A una pregunta similar, el Padre Constantin Galeriu decía que también el trigo, como elemento básico en la alimentación del hombre, es algo tan antiguo y, sin embargo, igualmente importante, permaneciendo esencial para el hombre. Todo lo recibido de los Santos Padres, toda nuestra tradición es un valor que esperamos no perder jamás. Claro que, hablando del ayuno, hay alguna excepción y en determinadas circunstancias, como en casos de enfermedad o embarazo, pero esta flexibilización no puede generalizarse, porque el hombre, indiferente de los tiempos en los que se viva, es quien necesita cumplir fielmente con perseverancia tales esfuerzos, que la Iglesia nos enseña son el camino para alcanzar esa vida con sentido que estábamos buscando. Pero la Iglesia no necesita hacer esas concesiones de modo general. Sin embargo, si por ejemplo, en una determinada región o en determinadas condiciones, sólo se pudiera consumir huevos o queso, la Iglesia indudablemente lo permitiría.
Hay quienes dicen “yo no ayuno porque podría enfermarme” o “no rendiría de la misma forma en mi trabajo si comienzo a ayunar”.
Hay una cita de la Filocalia, del anciano Ioan Carpatiul, que dice así: “Me han hablado algunos hermanos monjes, quienes sufren de enfermedades crónicas y por tal motivo no pueden ayunar... Ellos me manifestaron así su preocupación: “¿Cómo podremos protegernos del maligno y de las pasiones, sin ayunar?” La respuesta a esto es “No sólo evitando ciertos alimentos sino también dando el corazón podrán vencer y ahuyentar todo pensamiento errado y a quienes les incitan”
Todo lo referente al ayuno está directamente vinculado al estado espiritual y la fe de cada uno. En la medida en que el hombre profundiza en su oración y en su fe en Dios, recibe una fuerza desconocida, un consuelo enorme y la capacidad de dirigirse a Dios. Nuestro Señor decía “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda Palabra que viene de Dios” (Mateo 4,4).
Si yo ayuno, pero no tomo parte de la palabra de Dios, no rezo suficientemente, seguro que no me alcanzará con ayunar, que mi fe disminuirá y, entonces, un día me despertaré débil y asustado. Actualmente, muchos de nosotros, llenos de preocupaciones y excusas, buscaríamos flexibilizar todo, si se pudiera. Yo mismo conocí un caso, de unas personas cercanas a mí, quienes, viniendo a confesarse, me dijeron: “Padre, dénos su bendición para ayunar sólo la primera y la última semanas, porque así hemos ayunado toda la vida” Yo les dije “Bien, pero si así han ayunado toda la vida, quiere decir que no saben si pueden o no completar todo el período de ayuno. Entonces, intenten ayunar el período completo, para comprobar si podían o no. ¿Para qué cumplir con el mandamiento de ayunar sólo por la mitad?”. En ese momento, les expliqué detenidamente qué significa ayunar y cuáles son sus frutos. Entendiendo todo lo que les dije, dichas personas lograron ayunar como es debido y me contaron, más adelante, cómo no sólo lograron ayunar todo el período, sino que además buscaron practicar un ayuno aún más severo, de acuerdo a sus posibilidades. Es decir, sólo entendiendo el sentido de este esfuerzo al que estamos llamados, nosotros, no alguien más, recibiremos también la fuerza necesaria para resistir las tentaciones de renunciar.

Conozco personas que trabajan duro físicamente, en condiciones muy severas y que Ayunan como lo hacen los Monjes. Personas así nos demuestran que Dios le da a los que lo buscan una fuerza más allá de lo que podemos entender usualmente. Esas personas que oran, que se confiesan, que comulgan encontrando fuerzas en el Cuerpo y la Sangre del Seșor, la verdadera comida y bebida.

Si en una familia el ayuno es percibido de forma distinta, especialmente en esos casos en los que uno de los esposos ayuna y el otro no... ¿Cómo puede hacerse que esto no afecte la relación entre ambos esposo?
El esposo, la esposa o quien sea de la familia que ayuna, debería, en primer lugar, vivir el ayuno con ternura, con belleza espiritual, sin regañar o molestar al otro. Tarde temprano, este último notará los esfuerzos del que ayuna y en algún momento empezará a ayunar también. Entonces, el otro (que ayuna) orará por este último y así se cumplirán las palabras del Apóstol Pablo, “el hombre que no cree se santifica por su mujer creyente y la mujer que no cree se santifica por su esposo creyente” (I Corintios 7,14). La misma posibilidad es válida para los demás miembros de la familia.
Más allá de los períodos de ayuno determinados por la Iglesia, ¿Está condicionada la Santa Eucaristía al ayuno?
En ninguna parte en los cánones de la Iglesia podrá hallar tal clase de condicionamiento. Pero igualmente es bueno que, además de los períodos de ayuno antes y sobre todo en las vísperas de comulgar, la persona haga este esfuerzo, entendiéndolo como una preparación para lo que habrá de venir. Por eso, muchos confesores invitan a los fieles a ayunar uno, dos o tres días, antes de comulgar. Y hacen bien, porque es una preparación más minuciosa, que nos libera de lo cotidiano.
Alguien preguntaba: “¿Cómo enfrentar las burlas o bromas por parte de compañeros de trabajo, cuando se organizan distintos eventos en dias señalados como de ayuno?”
La persona deberá entender que es en esa clase de situaciones en las que se hace más fuerte. Solemos “solidarizarnos” rápido, cuando se trata de bromear, de ironizar o cualquier otra cosa fácil que usualmente hiere al alma. Pero una respuesta firme, la cual asumimos con toda sus consecuencias, haría que los otros entendieran que somos personas que creemos lo que vivimos y vivimos lo que creemos. Si “sacudes” un poco a los que se ríen de tí, verás que también ellos tienen al menos cierto grado de fe, misma que no saben vivir como debieran.
¿Quién es, en este caso, digno de risa y quién digno de compasióm? El que cree con firmeza o el que cree sólo parcialmente?
Es muy importante defender hasta el final nuestra fe, porque nuestro lugar en la Iglesia no es uno particular, sino, en determinado momento, empiezo a estar en comunión con todos los hijos de la Iglesia, que ayunan. Estoy obedeciendo algo, testificando mi fe, por lo que renunciar a mi fe, aún cuando fuera mediante un gesto aparentemente pequeño, significaría negarla.
Cuando visitemos a alguien, colegas o amigos, por ejemplo y nos miren como extraños porque ayunamos, llegará el momento en el que, seguramente, por determinada circunstancia, esos mismos amigos o compañeros dirán: “esta persona es ciertamente un creyente, alguien que vive su credo hasta las últimas consecuencias... a él podemos pedirle consejo, en él podemos confiar”. Porque nadie puede vivir siempre en la mentira. Por una parte, podrá rechazar lo que le parezca una imposición, pero, por la otra, apreciará a aquellos que asumen su fe en Dios, con todo lo que esta decisión implica. Luego, no podemos ser “tibios”. En tales situaciones, no temamos ser ridiculizados o desconsiderados por parte de los otros, porque se trata simplemente de testificar o no nuestra propia Fe.
 
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Saturday, March 16, 2019

San Alexis el Hombre de Díos ( Marzo 17 )

Padre Alexis, el Hombre de Dios
Nuestro Venerable Padre Alexis, el Hombre de Dios.
En el siglo IV vivían en Roma acaudalados cónyuges Eufemio y Aglaya, conocidos por su caridad y compasión. Todos los días ofrecían comida a los pobres, huérfanos, viudas y peregrinos. Si un día había poca gente a comer, Eufemio decía con tristeza: "Soy indigno de caminar sobre la tierra de Dios."
Todos amaban a Eufemio y a su esposa, pero ellos no tenían hijos. Ambos sufrían y cada día rogaban a Dios para que les dé un hijo, quien les alegraría su vejez. Finalmente Dios escuchó su petición y nació el hijo a quien lo bautizaron con el nombre de Alexis. Los padres hacían todo lo posible para que el hijo crezca bueno y devoto.
Teniendo a sus devotos padres, quienes lo guiaban desde temprana edad, Alexis amaba al Señor, ayunaba, sé vestía humildemente y rezaba mucho. Cuando Alexis llegó a la mayoría de edad sus padres le encontraron una novia y los casaron.
En el primer día de su matrimonio, cuando los jóvenes esposos quedaron solos, Alexis se acercó a su esposa-virgen, le dio el anillo de oro, un cinturón de mucho valor y le digo: "Guarda esto y que Dios esté entre nosotros hasta que su bondad nos haga nuevos." Al decir esto Alexis se alejó.
Se sacó la rica vestimenta nupcial, se vistió como un simple aldeano, tomó un poco de plata y se fue a la casa de sus padre. A Alexis lo llevaban las palabras de Cristo:


"Aquel quien deje la casa, o hermanos o hermanas, o Padre, o Madre, Esposa, Hijos o tierra en nombre mío, tendrá Cien Veces más y heredará la vida eterna" (Mt. 19:29).


Presumimos que antes de irse de la casa de sus padres venerable Alexis consintió en casarse para asegurar el futuro de su novia.
Vagando por varios países, Alexis llegó finalmente a la ciudad Edesa. Ahí se encontraba el antiguo icono del Salvador, no hecho por manos. En Edesa Alexis dio a los pobres sus últimas monedas y empezó a vivir como mendigo cerca de la iglesia de Santísima Virgen — viviendo de lo que le daban. Alexis rezaba día y noche y comulgaba los domingos. Así durante 17 años él vivió en la miseria haciendo esfuerzos espirituales.
Poco a poco muchos habitantes de Edesa conocieron al mendigo que estaba sentado cerca de la iglesia y apreciaron su alta espiritualidad. Uno de los servidores de la iglesia vio en el sueño a la Santísima Virgen María, Quien le dijo: "Haga entrar a Mi Iglesia al hombre de Dios, porque sus oraciones llegan a Dios y como el rey tiene su corona así sobre él está el Espíritu Santo." El servidor se extrañó, no sabía quien era, pero la visión se repitió y la Madre de Dios indicó al mendigo que estaba sentado delante de las puertas de la iglesia.
A partir de este momento aumentó el aprecio a Alexis. Empezaron a alabarlo y citar abiertamente como un ejemplo. Entonces, para alejarse de la futilidad de la gloria, él se fue de Edesa. Llegó al mar Mediterráneo y se embarcó para ir a algún otro país. Durante la travesía se desató una gran tormenta y después de unos días el maltrecho barco llegó a Italia, cerca de Roma, donde años atrás vivía Alexis.
Ya sobre la tierra, Alexis se fue a su casa y en el camino encontró a su padre quien regresaba de la iglesia. Inclinándose delante de su padre, Alexis dijo: "Tenga piedad del mendigo y dadme un lugar en tu casa. Por eso el Señor te bendecirá y otorgará el Reino Celestial y si tenéis a alguno de los tuyos viajando lo devolverá." Estas palabras acordaron a Eufemio sobre su hijo desaparecido, se le cayeron lágrimas y él dijo que le den al mendigo una pequeña casa en su estancia.
Así Alexis empezó a vivir en la estancia paterna, sin ser reconocido, porque viviendo tantos años con privaciones quedó irreconocible. En la casa Alexis llevaba la misma vida como anteriormente en Edesa: oraba constantemente a Dios, comulgaba cada domingo, soportaba ser mendigo y se conformaba con muy poco. Era difícil para Alexis vivir cerca de sus padre, madre y esposa, ver su dolor por la pérdida de hijo y esposo. Así pasaron otros 17 años.
Cuando Alexis sintió que se acercaba su muerte, él escribió sobre un papel su vida, empezando por el día de su alejamiento de sus seres queridos y empezó a esperar la muerte.
El domingo siguiente el obispo de la ciudad de Roma, Inocencio, en la presencia del emperador Honorio oficiaba la misa. Había muchos fieles presentes. Durante la misa se escuchó la voz: "Busquen al hombre de Dios en la casa de Eufemio." El emperador preguntó a Eufemio: "¿Por qué no nos dijiste que en tu cada vive el hombre de Dios?" Eufemio contestó: "Vea Dios, no se nada."
Entonces el emperador Honorio y el papa Inocencio decidieron ir a la casa de Eufemio para conocer al hombre de Dios. Cuando llegaron a la estancia, ellos supieron de los criados que en la pequeña casa vive un mendigo que reza y ayuna.
Entraron a la casita y vieron a un hombre muerto acostado sobre el piso. Su cara resplandecía y su cuerpo exhalaba aroma.
El emperador vio el papel en la mano de Alexis, lo tomó y leyó en voz alta, entonces, finalmente Eufemio y todos los presentes supieron que el mendigo, quien vivía desde hacía tantos años ahí, era su perdido hijo. Los padres sufrían mucho porque tan tardíamente supieron sobre su amado hijo, pero al mismo tiempo se consolaban que él alcanzó tan alta santidad.
 
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