Monday, January 13, 2020

Oración al Arcángel San Miguel

Oh San Miguel, gran arcángel de Dios, primero entre los ángeles, tú que estás ante la inefable y trascendente Trinidad, servidor y protector del género humano, que con tus huestes aplastaste la cabeza del orgulloso Lucifer en el cielo, y que cubriste para siempre de vergüenza su malicia y sus designios, a ti acudimos con fe y te pedimos con amor que seas un escudo indestructible y una muralla firme para tu Santa Iglesia y para nuestra patria, protegiéndolas de todos los enemigos visibles e invisibles con tu espada resplandeciente. Sé un guía y un ángel guardián para nuestras autoridades civiles, concediéndoles la iluminación y el poder, el júbilo y la paz y el consuelo que viene del trono del Rey de Reyes. Sé un gobernante y un compañero invencible para nuestras fuerzas armadas, amigas de Cristo, coronándolas de gloria y victoria sobre el enemigo para que todos los que se oponen a nosotros sepan que Dios y sus santos ángeles están con nosotros. No nos prives de tu ayuda y asistencia, pues glorificamos tu santo nombre en este día, oh arcángel de Dios, pues aunque seamos grandes pecadores no queremos perecer en nuestras iniquidades, sino volvernos hacia Dios y ser vivificados por Él para cumplir buenas obras. Por eso te suplicamos que ilumines nuestra inteligencia con la luz del Rostro de Dios que brilla siempre frente a ti como el rayo, para que podamos comprender que la voluntad de Dios es para nosotros buena y perfecta y para que sepamos lo que debemos hacer y lo que debemos desdeñar y huir. Por la gracia del Señor da fuerza a nuestra débil voluntad para que, reafirmados en la Ley del Señor, podamos así dejar de ser sacudidos por los pensamientos terrestres y por los combates de la carne, que dejemos de ser distraídos como los niños sin razón por las bellezas perecederas de este mundo, olvidando en nuestra locura las cosas eternas y celestiales, por amor a lo que es corruptible y terrestre. Y por encima de todo pide para nosotros un verdadero espíritu de arrepentimiento venido de lo alto, una tristeza en Dios que no sea fingida y la contrición por nuestros pecados, a fin de que podamos pasar el número de los días que nos quedan en esta vida transitoria, no en los placeres de nuestros sentidos y en la esclavitud de nuestras pasiones, sino borrando más bien por nuestras lágrimas de fe y contrición de corazón, con nuestros combates por la pureza y las santas acciones de misericordia, las malas acciones que hemos llevado a cabo. Y cuando se aproxime la hora de nuestro reposo y de nuestra liberación de las ataduras del cuerpo, oh santo arcángel de Dios, no nos dejes sin defensa contra los espíritus malignos en los lugares elevados, espíritus que quieren impedir la ascensión del alma humana al cielo. Que, protegidos por ti, alcancemos sin trabas las gloriosas moradas del Paraíso, donde no hay pena ni suspiros, sino la Vida Eterna, y que nos sea concedido el contemplar el Rostro radiante de nuestro Maestro Benefactor y Señor, y rendirle gloria junto con el Padre y el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.


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Saturday, January 4, 2020

La Santa Cruz y la Santa Comunión, armas contra el maligno.( San Anastasio el Sinaita )

“No te presentes ante nosotros, los cuatro brujos, sin haber comulgado antes y sin llevar una cruz atada al cuello”.

A un hombre muy virtuoso y con un puesto importante en la Babilonia egipcia, no hace muchos años le encomendaron hacerse cargo de las prisiones. Siendo una persona muy generosa, nuestro hombre se mostró siempre abierto y compasivo con los reclusos. No es necesario escribir aquí su nombre, porque aún vive. Él mismo nos relató lo siguiente, insistiendo una y otra vez en que todo lo ocurrido fue real:

«Un día, luego de que un grupo de hechiceros fue enviado a prisión, me acerqué a su celda para interrogarlos por separado, como suele hacerse en los reclusorios, haciendo constar por escrito cada una de las cosas que dijeran. Uno de ellos, el más anciano de todos, viendo mi discernimiento y cómo me comportaba indulgentemente con todos los presos, me llevó aparte y me dijo, en el idioma de Tebas: “Te imploro, por Dios, quien fue el que nos puso en tus manos, que no te presentes ante nosotros, los cuatro brujos, sin haber comulgado antes y sin llevar una cruz atada al cuello. Mis camaradas son personas muy malas y quieren hacerte daño. Pero, si haces lo que te digo, ni ellos, ni nadie más podrá dañarte”.»

Si los demonios y los hechiceros dan testimonio de lo anterior, está claro que más viles son aquellos que no confiesan a Cristo y los que blasfeman a cada instante en contra de la Cruz, y por esa Cruz es que nos castigan. ¿A quiénes me refiero? A los enemigos de la Cruz (los árabes, que en ese entonces perseguían a los cristianos), cuyo final es la perdición (Filipenses 3, 18-19), de acuerdo a lo que Dios nos dice por medio del Apóstol Pablo.

San Anastasio el Sinaita
 
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Sunday, December 29, 2019

Los Santos Padres acerca de la lucha con la Pasión carnal.

La lucha con el espíritu de lujuria es la más prolongada y constante y para pocos termina en victoria. La pasión carnal comienza a manifestarse en el hombre desde la temprana madurez y no se detiene antes de vencer a las otras pasiones. Por cuanto el peligro de esta pasión es doble (en el cuerpo y en el alma) también hay que enfrentarlo con doble arma. No es suficiente el ayuno para conseguir la perfecta castidad. Es necesario agregarle tanto una penitente contrición del espíritu como la oración ininterrumpida contra este repugnante espíritu (la pasión lujuriosa). Además de esto es necesario leer continuamente Las Sagradas Escrituras, ocuparse en la meditación acerca de Dios, alternar esto con el trabajo físico y manual, lo cual detiene el vagar errante de los pensamientos. Sobre todo hay que tener una profunda humildad, sin la cual no se puede conseguir la victoria sobre ninguna pasión (san Juan Casiano el Romano).
 
Por cuanto es tan alta la dignidad de la castidad, también son tan fuertes los embates del enemigo al enfrentarse a ella. Por eso nosotros, con toda aplicación, debemos no sólo contenernos en todo, sino contristar continuamente en nuestro corazón con oración penitente, para que El Espíritu Santo con el rocío de Su Gracia que penetra en el corazón refresque y apague el horno de nuestra carne, que el rey de Babilonia (el diablo) continuamente trata de encender.
 (san Juan Casiano).
 
Ante el ardor de los deseos medita acerca del fuego inapagable y del gusano que nunca muere e instantáneamente se apagará el ardor en tus miembros. De otra manera te debilitarás, serás vencido y te acostumbrarás al pecado por más que te arrepientas.
Por eso desde el mismo comienzo sé estricto hacia cualquier deseo semejante para que no seas vencido y para que no te acostumbres a cederle la victoria al enemigo. Pues la costumbre es la segunda naturaleza. Quien se acostumbra a cederle la victoria al deseo pecaminoso será reprendido continuamente por su conciencia; y aunque delante de otros muestre un rostro alegre en su interior estará amargado por la acusación de la conciencia. Porque es propiedad del deseo transmitirle una dolorosa congoja a los que lo practican. Por eso préstale atención a tu alma, siempre teniendo a Dios dentro de ti.
 (San Efrén el Sirio).
 
Cuando el demonio comienza a dibujar en tu imaginación tentadoras visiones y representa en tu mente la hermosura de una mujer que alguna vez viste, introduce dentro de ti el temor de Dios y recuerda acerca de los muertos en el pecado, piensa en el día que tu alma va a despedirse de tu cuerpo, imagínate la voz de Dios que con terror oirán los que no se preocuparon por tener una vida justa y no han guardado los mandamientos de Cristo: "Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno, preparado al diablo y a sus ángeles" (Mat. 25:41). También imagínate al gusano que no muere y los tormentos ininterrumpidos. Piensa sobre esto y se disolverá la sed de gozo, así como se derrite la cera del rostro del fuego, porque los demonios no pueden permanecer ni un momento contra el temor de Dios. (San Efrén el Sirio).
 
La victoria sobre esta pasión se condiciona con la limpieza completa del corazón, del cual según la palabra del Señor surge el veneno de esta enfermedad. "Del corazón, — dice Él — salen los malos pensamientos... los adulterios, las fornicaciones, y otros" (Mat. 15:19; San Juan Casiano).
 
No le permitas a tus ojos vagar de aquí para allá y no te quedes mirando la belleza ajena para que tu enemigo no te derrote con la ayuda de tus ojos (san Efrén).
 
Si te molesta el demonio de la lujuria prohíbelo diciéndole: "Que el Señor te destruya hediondo diablo impuro" ya que conocemos al que dijo: "Los pensamientos Carnales — son lucha contra Dios" (Rom. 8:7; San Efrén el Sirio).
 
Si se levanta dentro de ti la lucha de la carne no temas y que no decaiga tu espíritu. De otra manera tu aumentarás el arrojo de tu enemigo (el diablo) quien comenzará a sugerirte pensamientos de tentación: "No cesará tu ardor hasta que no satisfagas tu deseo." Pero soporta, tenle paciencia al Señor y con llanto derrama tu oración delante de Su bondad y Él te oirá y te liberará del pozo de las pasiones (los pensamientos impuros) y del lodo del cieno (los deseos vergonzosos) y pondrá tus pies sobre la piedra de la pureza (Salmo 39:1-3). Entonces verás Su ayuda venida a ti. Solamente debes soportar, no te debilites con el pensamiento, no te canses de sacar el agua del bote porque el puerto de la vida esta cercano. Entonces tú exclamarás y Él dirá: "Aquí estoy" (Is. 58:9). Pero Él espera para ver tu esfuerzo, para ver si es cierto que estás dispuesto a luchar contra el pecado hasta tu muerte. Así, no caigas de espíritu: Dios no te dejará. Dios mira tu esfuerzo, lo ven también las huestes de ángeles y la turba de demonios. Los ángeles están dispuestos a entregar la corona al vencedor y los demonios a cubrir con la vergüenza al vencido. Estate atento para no entristecer a los tuyos (los ángeles) y para no alegrar a los extraños (los demonios. San Efrén el Sirio).
 
El Abba Pimen dice acerca de los pensamientos lujuriosos: "Si un cofre lleno de cosas permanece mucho tiempo cerrado y la ropa contenida en él no es examinada, su contenido con el tiempo se pudrirá. Así sucede también con los pensamientos repugnantes que nos introduce el diablo: si no los cumplimos en los hechos se pudrirán y desaparecerán con el tiempo" (Abba Pimen).
 
Un discípulo le preguntó al abba Agaphon como luchar contra la lujuria. El maestro contestó: "Ve, inclina ante Dios tu fuerza (sé humilde en extremo ante Él) y encontrarás tranquilidad."
Efectivamente, si todo logro en las virtudes es acción de la gracia del Señor y la victoria sobre las distintas pasiones es Su victoria, entonces la consecución de la pureza y la victoria sobre la pasión de la lujuria es obra de una especial gracia de Dios, de lo que dan testimonio los santos padres experimentados en la limpieza de esta pasión. Porque permanecer en la carne y no sentir su aguijón es semejante en cierta forma a salir de ella. Y es por eso que no le es posible al hombre volar con sus propias alas hacia la celestial altura de la perfección si la Gracia del Señor no lo saca del terrenal cieno. Porque la gente con ninguna otra virtud se asemeja tanto a los ángeles como con la consecución de la gracia de la pureza 
(san Juan Casiano).
 
Un indicador de la pureza y del perfeccionamiento alcanzado es cuando a la persona en el descanso o en un sueño agradable no le surge ninguna imagen tentadora o, si bien surge una imagen, no despierta en él ningún deseo carnal. Sin embargo el deseo involuntario, aunque no es considerado pecado, indica que el alma aun no ha alcanzado la perfección y que las raíces de la pasión todavía no están desarraigadas (san Juan Casiano).

Obispo Alejandro Mileant. 
 
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Tuesday, December 24, 2019

Cristo ha nacido, glorificadlo!


Cristo ha nacido, glorificadlo!

¡Cristo viene de los cielos, recibidlo!

¡Cristo está sobre la tierra, elévense!

Cantad al Señor toda la tierra y

Alabadle, oh pueblos, con alegría

Porque ha sido glorificado.
 
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Tu nacimiento, Cristo nuestro Dios !

Tu nacimiento, Cristo nuestro Dios,
ha mostrado al mundo la luz de la sabiduría.
Porque los que adoraban las estrellas fueron enseñados por una estrella a adorarte, oh Sol de Justicia, Y a saber que tu viniste del Oriente de las alturas, Oh Señor, gloria a Ti”.
 
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Sunday, December 15, 2019

Oraciones de Penitencia en Casa.


Te ofrezco, oh Señor misericordioso, la pesada carga de mis innumerables pecados, con los cuales peque ante Ti, comenzando desde mi juventud hasta el día de hoy.
Pecados del pensamiento y sentimentales. 
He pecado ante Ti, oh Señor, siendo desagradecido a Ti y tu misericordia, con el olvido de tus mandamientos e indiferencia para contigo. 
He pecado por mi poca fe, dudando en temas de la fe y con libertinaje en los pensamientos.
 
 He pecado con superstición, apatía hacia la Verdad y con el interés a enseñanzas no ortodoxas. He pecado con pensamientos blasfemos e inmundos, sospechosos y aprecivos. 
He pecado con atadura al dinero y a los elementos de lujo, diversiones pasionales, celos y envidia. 
Perdóname y ten piedad de mí, oh Señor.
 
He pecado deleitándome con pensamientos pecaminosos, ansiedad por los placeres y debilidad espiritual. 
He pecado con ilusiones, vanagloria y vergüenza falsa. He pecado con el orgullo, menosprecio a las personas y esperanza en mi mismo. He pecado con el desaliento, pena mundana, desesperación y quejas.
He pecado irritándome, siendo rencoroso y malvado. Perdóname y ten piedad de mi, oh Señor.
Pecados de palabra. 
He pecado con palabras vacías, risa vana y burlas. He pecado conversando en el templo, mencionando el nombre de Dios en vano y juzgando a mis prójimos. 
He pecado utilizando palabras cortantes, siendo pendenciero y haciendo indicaciones mordaces. He pecado con espíritu cicatero, ofendiendo al prójimo y con fanfarronería. 
Perdóname y ten piedad de mi, oh Señor.
He pecado bromeando indecorosamente participando en cuentos y conversaciones indecentes. He pecado quejándome, con el incumplimiento de mis promesas y con falsedad. He pecado utilizando palabras injuriosas, insultando al prójimo y maldiciendo. He pecado divulgando rumores depravados, calumnias y denuncias.
Pecados de hecho. He pecado con la pereza, perdiendo el tiempo en vano y faltando a los oficios religiosos. He pecado llegando tarde frecuentemente a los oficios religiosos, con negligencia y distracción en la oración y con falta de entusiasmo espiritual. He pecado desdeñando las necesidades de mi familia, desdeñando la educación de mis hijos y con el incumplimiento de mis obligaciones. Perdóname y ten piedad de mi, oh Señor.
He pecado con la gula, comiendo de mas y faltando a los ayunos. He pecado fumando, abusando de las bebidas alcohólicas y utilizando métodos para exitarme. He pecado ocupándome demasiado de mi imagen exterior, fijándome con deseo, observando cuadros y fotografías obscenas. He pecado escuchando música ruidosa, conversaciones pecaminosas y cuentos indecentes. He pecado con comportamiento seductor, masturbándome y fornicando. He pecado con diferentes distorsiones sexuales y con infidelidad. (Aquí hay que arrepentirse y confesar los pecados que son vergonzosos para enumerarlos en voz alta). He pecado aceptando el aborto o participando en él. Perdóname y ten piedad de mí, oh Señor.
He pecado con amor al dinero, con afición a los juegos de azar y deseo de enriquecimiento. He pecado con pasión por mi carrera y el éxito, codicia y prodigalidad. He pecado negando a ayuda a los necesitados, avidez y avaricia. He pecado siendo cruel, duro, seco y falto de amor. He pecado con el engaño, robo y concusión. 
He pecado visitando adivinadoras, con la invocación de malos espíritus y con costumbres supersticiosas. Perdóname y ten piedad de mí, oh Señor.
He pecado con explosiones de ira, maldad y tratando groseramente al prójimo. 
He pecado con la irreconciabilidad, venganza, insolencia e impertinencia. He pecado: fui caprichoso, antojadizo y puntilloso. 
He pecado con la desobediencia, terquedad e hipocresía. 
He pecado tratando con descuido los objetos sagrados, cometiendo sacrilegio e blasfemando. Perdóname y ten piedad de mí, oh Señor.
También he pecado en palabras, pensamientos, obras y con todos mis sentidos, a veces involuntariamente, pero más frecuente en forma consciente y por mi terquedad y costumbre pecaminosa. 
Perdóname y ten piedad de mí, oh Señor. Recuerdo algunos pecados, pero por mi indolencia y desatención espiritual, he olvidado la mayoría por completo. ¡Ay de mí, si me presentare con ellos ante el Terrible Tribunal de Dios!
 
Ahora, sinceramente y con lagrimas, me arrepiento de todos mis pecados realizados conscientemente o por ignorancia. Caigo ante Ti, Misericordioso Señor Jesús, mi Salvador y Pastor, y te ruego que me perdones como aquella vez al ladrón crucificado junto a Ti. Te pido, oh Señor, que me limpies y me hagas digno y sin condenación de ser participe de tus Purismos Sacramentos para la renovación de mi alma. 
 
También te ruego que me ayudes a odiar todo mal y todo pecado, por completo dejar de pecar, y en los días que le restan a mi vida, fortalecerme en el firme deseo de vivir cristianamente, para el bien, la verdad y para gloria de tu Santo nombre. Amen.

Salmo 50


Ten piedad de mí, ¡oh, Dios conforme con tu gran misericordia! Según la multitud de tus piedades, borra mi iniquidad. Lávame más y más de mi maldad y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mi iniquidad y mi pecado está siempre ante mí. Sólo contra Ti he pecado y lo malo hice delante de Ti. A fin de que perdonándome aparezcas justo en tus palabras y quedes victorioso cuando juzgues. En iniquidad he sido concebido y en pecado me dio a luz mi madre. Tú amas la verdad, Tú me revelaste los secretos y recónditos misterios de tu sabiduría. Rocíame con hisopo y seré purificado; me lavarás y quedaré más blanco que la nieve. A mi oído darás gozo y alegría y se regocijarán mis huesos abatidos. Aparta tu rostro de mis pecados y borra todas mis iniquidades. Crea en mí, ¡oh, Dios! Un corazón puro y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me apartes de tu rostro y no quites de mí tu Espíritu Santo. 
 
Devuélveme la alegría de tu salvación y confórtame con Espíritu Soberano. Enseñaré a los prevaricadores tus caminos y los pecadores se convertirán a Ti. Líbrame de la sangre, ¡oh, Dios, Dios de mi salvación! Y proclamará gozosa mi lengua tu verdad. Señor, abre mis labios y mi boca publicará tu alabanza. Porque si hubieras querido sacrificio, los hubiese ofrecido; no quieres holocausto. El espíritu compungido es el sacrificio para Dios; un corazón contrito y humillado Dios no lo despreciará. Haz bien, Señor, con tu benevolencia a Sión, edifica los muros de Jerusalem. Entonces te agradarán los sacrificios de verdad, las ofrendas y los holocaustos; entonces ofrecerán becerros sobre tu altar.

Piensa hermano o hermana, que no hay pecado que sobrepase la misericordia de Dios. Él mismo pues, prometio a los arrepentidos: "...si vuestros pecados fueran como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana." (Isaías 1; 18).


Obispo Alejandro Mileant
 
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Thursday, December 5, 2019

San Nicolás de Bari Taumaturgo. 19 dic. 22 mayo (6 Dic. y 9 Mayo según calendario Religioso.)

San Nicolás de Bari Taumaturgo, que hace milagros, es el Santo más venerado por los Ortodoxos y especialmente por la gente Rusa. En diferentes y peligrosos caminos de la vida él es quien Ayuda Rápidamente. Nació en Asia Menor a fines del tercer siglo. Desde temprana edad era profundamente religioso y su tío, obispo de la ciudad de Pátara, se preocupo por él y lo ordenó sacerdote, siendo joven.
Después de la muerte de sus padres San Nicolás heredó una inmensa fortuna la que puso al servicio de los necesitados. Él trataba de ayudar a la gente en forma anónima, para que no se lo agradezcan. Lo que contamos mas abajo demuestra como él ayudaba a los necesitados.
En la ciudad de Pátara vivía un hombre rico, quien tenia tres hijas. Cuando las hijas empezaron a llegar a la mayoría de edad, tuvo mala suerte en sus negocios y quedó arruinado. Entonces se le ocurrió la idea de utilizar la belleza de sus hijas para conseguir medios de vida. San Nicolás supo sobre sus planes y decidió salvar a él y a sus hijas de tan grande deshonor. Se acercó fugitivamente durante la noche a la casa del comerciante arruinado y tiró por la ventana una bolsita con monedas de oro. Cuando encontró la bolsita el contento comerciante casó a su hija mayor, dándole la dote correspondiente. Poco tiempo después San Nicolás tiró la segunda bolsita con monedas de oro, lo que alcanzó para la dote de la segunda hija y también ella se casó. Cuando San Nicolás tiró por la ventana la tercera bolsita con las monedas de oro para la hija menor, el comerciante lo esperaba. Arrodillándose delante de San Nicolás, él agradecía llorando la salvación de su familia del tremendo pecado y deshonor. Ubicadas sus tres hijas y pasando algún tiempo, el comerciante mejoró sus negocios y empezó a ayudar a la gente imitando a su benefactor.
San Nicolás quiso visitar los lugares Santos y se embarco sobre una nave en Patrás con destino a Palestina. El viaje fue tranquilo, pero el Santo supo gracias a una visión sobre la tormenta y lo dijo a sus compañeros de viaje. Efectivamente, pronto se desató una fuertísima tormenta y la nave se convirtió en un juguete de las olas. Sabiendo que San Nicolás era Sacerdote todos le pidieron que rece por la salvación. Y gracias a las oraciones del Santo el viento se calmó y vino gran silencio. Después de esto, uno de los tripulantes a raíz del viento se cayó del mástil a la cubierta y quedó muerto. La oración a Dios del Santo lo resucitó.
Después de visitar Tierras Santas, San Nicolás tenía la intención de irse al desierto y vivir lejos de la gente. Pero, Dios le indicó un acto de valor, ser un buen pastor. El Santo escuchó la voz que le ordenaba regresar a la patria y servir a la gente.
No queriendo vivir en la ciudad donde la gente lo conocía y lo elogiaba, Nicolás se fue a la cercana ciudad de Mira, principal ciudad de la región de Lisia, donde estaba la sede episcopal. San Nicolás vino como un pobre. Amando la iglesia él iba todos los días ni bien se abrían las puertas.
En aquel tiempo falleció el obispo de la ciudad de Mira y todos los obispos se reunieron para elegir al sucesor. No se ponían de acuerdo hasta que uno de ellos aconsejó: "El Señor Mismo debe mostrar Su elección. Recemos, ayunemos y esperaremos la decisión de Dios." Y así fue. Dios reveló al obispo mayor que aquel hombre quien entrará primero a la iglesia debía ser el obispo. El obispo comentó a los otros obispos sobre la revelación y antes de que empiece la Misa se paró en la entrada de la iglesia, esperando al elegido por Dios. De acuerdo a su costumbre, San Nicolás entró primero para rezar. Cuando el entraba a la iglesia, el obispo lo paró y le preguntó: "¿Cómo te llamas?" Nicolás se identificó.
"Acompáñame hijo" — dijo el obispo. Le tomó la mano y lo hizo entrar a la iglesia y le comunicó que lo ordenarán como obispo de Mira. San Nicolás temía asumir un cargo tan alto, pero tuvo que aceptar el deseo de los obispos y el pueblo.
Siendo obispo Nicolás se dijo a sí mismo: "Hasta ahora pude vivir para mí mismo y para la salvación de mi alma, pero desde ahora cada instante de mi vida deberá ser para otros." Y procedió así. Olvidándose de sí mismo, el Santo dejó abiertas las puertas para todos. Se convirtió en el padre de los huérfanos y los pobres, defensor de los ofendidos y benefactor de todos. De acuerdo a los comentarios de sus contemporáneos fue una persona de carácter suave, no se enojaba, vestía la ropa sencilla, comía una vez por día — a la noche.
Cuando empezó la persecución durante el reinado del emperador Diocleciano (Años 284-305) el Santo fue encarcelado. Ahí también, olvidándose de sí mismo, con sus palabras y ejemplo el sostenía a los cristianos que sufrían con él. Sin embargo, el Señor no quiso que él muera como mártir. El nuevo emperador Constantino fue benévolo con los cristianos y les otorgó el derecho de expresar abiertamente sus creencias religiosas.
Entonces San Nicolás pudo regresar a sus fieles. Es difícil enumerar a todos los que el ayudó y sobre los milagros hechos por él. Una vez en la región de Licia empezó la hambruna. El Santo se presentó en un sueño a un comerciante, quien estaba cargando en Italia su barco con pan, le dio monedas de oro y le ordenó navegar hacía la ciudad de Mira en la región de Licia. Al despertarse y viendo en sus manos las monedas de oro el comerciante se asustó y cumplió lo que le ordenaba el Santo, trajo su pan al país hambriento y contó a los que vivían ahí sobre su visión milagrosa y gracias a la cual el vino.
En aquella época en muchas iglesias había disturbios a raíz de la herejía Arriana, que negaba la Divinidad del Señor Jesús Cristo. Para apaciguar la Iglesia, el emperador Constantino llamó al Concilio Ecuménico en la ciudad de Nicea en el año 325. Entre los obispos asistía San Nicolás de Mira. El Concilio Ecuménico condenó al arrianismo y fue compuesto el Símbolo de la Fe, en el cual se expuso en palabras exactas la Religión Ortodoxa, la fe en el Señor Jesús Cristo como el Hijo de Dios, quien era de su misma naturaleza. Durante los debates, cuando San Nicolás escuchó las palabras blasfemias, se indigno tanto que le dio una bofetada a Ario delante de todos. El Concilio le retiró su cargo como obispo por violar el orden. Sin embargo, muy pronto algunos obispos tuvieron una visión en la cual ellos veían al Señor Jesús Cristo entregando a San Nicolás el Evangelio y a la Madre de Dios cubriéndolo con su velo. Los obispos comprendieron hasta que punto el arrianismo es desagradable a Dios y le devolvieron su cargo de obispo.
De la vida de San Nicolás se sabe — que una vez el emperador condenó, a raíz de una falsa denuncia, a muerte a tres jefes militares. Acordándose de los milagros de San Nicolás, ellos le entregaron su petición, pidiendo que les ayude. Después de rezar, el Santo se presento en un sueño al emperador ordenándole dejar en libertad a sus fieles servidores, en caso contrario sería castigado. "¿Quiénes sois — que te atreves a exigir algo de mí? — preguntó el emperador" "Soy Nicolás, el obispo de la ciudad de Mira" — contestó el Santo. Sin atreverse a no cumplir la orden, el emperador reviso el caso muy atentamente y con honor dejó en libertad a los jefes militares.
Una vez navegaba un barco de Egipto a Libia. Se levantó una gran tormenta y el barco estaba a punto de zozobrar. Algunos se acordaron de San Nicolás y en sus oraciones le pidieron ayuda. Y vieron como el Santo va apurado sobre el mar enfurecido, sube al barco y toma el timón. La tormenta se calma y el barco llega bien al puerto.
San Nicolás falleció en la mitad del siglo IV, siendo anciano. Pero con su muerte no se termino su ayuda, se incrementó. Durante más de mil quinientos años él es quien ayuda rápidamente a todos los que le piden rezando. Hay muchos libros sobre su ayuda y el amor de los Ortodoxos sigue aumentando.
Cuando en el año 1087 los sarracenos devastaron la región de Licia, San Nicolás se presentó a un devoto sacerdote, en la ciudad de Bari (Italia) y le ordenó trasladar sus reliquias a esta ciudad. Esta orden del Santo fue rápidamente ejecutada y desde entonces sus reliquias se encuentran en la iglesia de esta ciudad. Las reliquias despiden un miro curativa. El recuerdo de este hecho se celebra el 22 de mayo según el calendario actual.

Obispo Alejandro Mileant
 
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