Wednesday, December 10, 2014

San Juan El Milagroso



Los Santos son para nosotros como lentes ahumados nos que nos permiten ver el Sol - a Dios en Su Gloria." Gilbert Cesbron (1913-1979 dramaturgo, novelista y ensayista francés.

El Bienaventurado Juan (1896-1966) es considerado por los Cristianos Ortodoxos de todos los países del mundo como el Santo más grande del siglo. Abarcando con su persona muchas y diferentes expresiones de Santidad, él era al mismo tiempo un teólogo con inspiración Divina y un pobre de espíritu; un misionero, celoso servidor de Dios y sincero servidor de los pobres; un severo asceta y el cariñoso Padre de los huérfanos. Supo, lo mismo que Moisés, salvar a sus feligreses de atropellos y persecuciones acompañándolos siempre en su estadía en la China comunista y también en su éxodo, en busca de un mundo libre donde ellos pudiesen vivir en paz. Lo mismo que a los primeros apóstoles, le fue concedido a San Juan de San Francisco el don Divino de curar las almas heridas y los cuerpos enfermos. El rezo riguroso y constante lo afirmaba en su condición del Bienaventurado Padre espiritual, representante de la gran tradición rusa de Monjes Beatos, dotados de una sabiduría y bondad excepcionales. Al penetrar a través de la cortina del tiempo Sr. del espacio, él sabia leer los pensamientos de los humanos y solía responderles antes que fuesen formuladas sus preguntas. Encontrándose ahora en el mundo de Dios, él sigue rezando por todos los que lo invocan y hasta vuelve a visitarlos, como demuestran los milagros y las curaciones que se registran ahora en todo el mundo.

En esta traducción parcial del libro El Bienaventurado San Juan de San Francisco, el Milagroso" se incluirán los datos sobre la vida del Santo y algunos testimonios de su ayuda milagrosa. A través del estudio de su vida extraordinaria y de las experiencias de ese Santo Varón, todos aquellos que no pueden permanecer indiferentes ante semejante muestra de la bendición de Dios tendrán la posibilidad de acercársele y honrarlo.



La hermandad del Reverendo Germán de Alaska durante más de veinte años y desde la muerte de nuestro amado fundador e inspirador Bienaventurado San Juan (Maksimovich), , trabaja incansablemente para difundir la buena nueva sobre su indudable santidad. La veneración, la devoción y los milagros de San Juan de San Francisco se extienden por doquier. Él sigue realzando milagros en aquellos que piden su ayuda y protección. Hace poco hemos publicado los recuerdos de uno de sus hijos espirituales y en los comentarios que hemos recibido se repetía siempre el mismo testimonio: ninguno de nuestros piadosos lectores pudo contener las lágrimas, al leer la vida del Bienaventurado San Juan. ¿Pero no han sido las mismas lágrimas que bañaban los rostros de aquellas personas que conocieron a San Juan durante su vida y su peregrinaje por este mundo, que escucharon sus oraciones, sus súplicas a Dios por todos los que sufren? - "Si" - Durante sus visitas a las cárceles, exacerbado criminales, que jamás lo habían conocido o escuchado, de pronto rompían a llorar. De Él emanaba tal fuerza, que seducía a la gente, quizás más, que sus innumerables milagros. Aquella era la fuerza del amor a Cristo, magnífico milagro, que atraía irresistiblemente, a pesar de ser inaccesible a la comprensión mundana. Nada es capaz de vencerla, porque proviene del propio Creador. Comunicándose misteriosamente con el mismo Dios, San Juan, lleno de esa fuerza del amor y la derramaba generosamente por el mundo, esto es lo que hace movilizar las almas de los creyentes, veinte años después de la muerte del Bienaventurado.

Canonizado por la Santa Iglesia Ortodoxa en 1994, su santidad, realmente, no se discutió jamás, y uno de sus hijos espirituales el Obispo Mitrofan anunciaba insistentemente la Gloria del Bienaventurado Juan, como genuino Santo de los últimos tiempos.





El Arzobispo Juan nació el 4 de junio de 1896 en la aldea de Adamovka de la provincia de Kharkov. Pertenecía a la familia de Maksimovich y recibió en el bautismo el nombre de Mijail. En su temprana niñez era enfermizo y de poco comer. Después de los estudios secundarios se inscribió en la Facultad de Derecho de la Universidad de Kharkov y se recibió de abogado en 1918. Durante sus estudios universitarios el futuro Arzobispo se dedicaba quizá más a leer sobre de la vida de los Santos, que asistir a las clases, y sin embargo fue un estudiante ejemplar. Evidentemente su aspiración de imitar a los Santos se había manifestado ya en aquellos tiempos tan claramente, que el arzobispo de Kharkov, Antonio, futuro Mitropolita y primer candidato a la cátedra del Patriarca de Moscú, más tarde Primer Jerarca de la Iglesia Ortodoxa rusa en el exilio, se preocupó especialmente en acercársele para reconocerlo luego como su alumno espiritual.

En 1921, durante la guerra civil en Rusia, el futuro Santo con sus padres y sus hermanos emigró a Yugoslavia y en Belgrado en 1925 se graduó en la Facultad de Teología. En 1926 se hizo monje recibiendo el nombre de Juan y trabajó desde 1929 hasta 1934 como profesor en el Seminario Académico de Serbia "San Juan Crisóstomo" en la ciudad de Bitol. Allí, oficiaba la Santa Misa en idioma griego para las congregaciones macedonias y griegas del lugar que lo veneraban extraordinariamente.

La ciudad de Bitol pertenece a la diócesis de Okhrid que estaba dirigida en aquellos tiempos por el obispo Nikolai Velimirovich, magnífico predicador, poeta, organizador e inspirador del Movimiento Religioso Popular Serbio. Tuvo una influencia muy benigna sobre el monje Juan y le tuvo mucho aprecio y cariño. Ya entonces se escuchó decir a menudo al Obispo Nikolai: "Si quieren conocer a un santo viviente, vayan a ver al Padre Juan de Bitol."

Indudablemente uno se daba cuenta cada vez más que el padre Juan era un ser extraordinario. Los estudiantes del seminario fueron los primeros que descubrieron aquello, fue quizá uno de los logros ascéticos más grandes del futuro arzobispo Juan: primero se supo que se quedaba despierto hasta la madrugada recorriendo los pasillos de la residencia estudiantil, luego se descubrió que no dormía prácticamente más que dos o tres horas acurrucado e incomodo en un sillón o acostado en el piso frente a los Iconos.

El mismo, más tarde, confesó que desde que se hizo monje no quiso acostarse a dormir en una cama. Ese tipo de práctica ascética es poco frecuente aunque es reconocida por la tradición ortodoxa cristiana. El fundador de la vida monástica, el Santo del siglo IV, Paisio el Grande, recibió según la leyenda de las manos del ángel el estatuto de la vida monacal comunitaria, escuchó las siguientes palabras referentes al sueño de los monjes: "Y ellos (los monjes) no deben dormir acostados, pero tu debes hacerles unos asientos, que tengan un apoyo para la cabeza" (regla 4).

Algunos seminaristas hablaban mucho del Padre Juan, de su profesor excepcional, que rezaba siempre, oficiaba todos los días la Santa Misa o por lo menos comulgaba diariamente, ayunaba rigurosamente, jamás dormía acostado y con el auténtico amor paternal los conducía hacia los elevados ideales de la Cristiandad.

En 1934 el Padre Juan recibió el título de Obispo, a pesar de su resistencia; el argumento que él presentó como la causa de su negativa era su defecto de habla, pero al futuro arzobispo le contestaron solamente, que el profeta Moisés tuvo el mismo defecto. La Quirotonía Episcopal se celebró el 28 de Mayo de 1934.

El Metropolita Antonio escribió así al Arzobispo Demetrio de la diócesis de Shanghai en el lejano oriente... "Les envío mi lugar - como mi propia alma, como mi corazón - al obispo Juan. Este pequeño hombre enfermizo, de apariencia casi infantil, es el ejemplo de la severidad y el rigor ascético, en estos tiempos de total debilidad espiritual."

A fines de noviembre el Obispo Juan llegó a Shanghai justo para la celebración de la fiesta de la Virgen María y encontró la catedral levantada a medias y muchas discusiones entre las jurisdicciones eclesiásticas. Lo primero que hizo fue unir a los fieles, también contactarse con los griegos, los serbios y los ucranianos para coordinar la instrucción catequista en todas las escuelas ortodoxas de Shanghai y también para organizar la ayuda activa a las múltiples necesidades de los refugiados rusos que habían huido de la U. R. S. S.

Jamás aceptaba invitaciones mundanas, pero siempre se le podía encontrar en los lugares más inhóspitos donde recogía a los enfermos y a los niños huérfanos para llevárselos al asilo que él mismos había instaurado, primero con sólo ocho niños de distintas edades, para llegar a tener después centenares de niños muy bien atendidos. Durante su estadía en Shanghai más de 3500 niños pasaron por su asilo y con la llegada de los comunistas organizó la evacuación de sus niños y de todos sus fieles, en general, primero hacia las Islas Filipinas y luego hacia los Estados Unidos.

Muy pronto los feligreses tuvieron la plena evidencia del extraño ascetismo de su Buen Pastor. Su vida se basaba en el ayuno y en la oración. Comía una sola vez por día - a las 11 de la noche - durante la cuaresma aceptaba solamente panecillos del altar. Rezaba toda la noche y cuando el sueño lo vencía, apoyaba su cabeza en el piso y dormitaba unas pocas horas. Todas las mañanas, fuese cual fuese la temperatura del ambiente, tomaba una ducha fría antes de oficiar la misa más temprana, luego oficiaba la Liturgia completa y a la noche las vísperas, otro oficio divino.

Muchas veces estando enfermo sus fieles trataban de disuadirlo para que se quedara en reposo; así sucedió cuando se le hinchó mucho una pierna y los médicos temían que se formara una gangrena, si el Obispo Juan no se internaba en el hospital Se internó por fin, pero a la tarde apareció otra vez en la catedral para oficiar la misa en vísperas de un día festivo. Durante la jornada siguiente se deshinchó totalmente la pierna y el peligro pasó.

Las sotanas que llevaba el Obispo estaban hechas de una tela china, la más barata: en verano o invierno, calzaba zapatillas o sandalias, siempre sin medias. Muchas veces andaba simplemente descalzo, porque le había regalado sus sandalias a algún mendigo. A veces oficiaba la misa descalzo y fue severamente reprendido por ello.

Ya se sabia entonces que el Obispo Juan además de ser un asceta justo y bienaventurado se encontraba tan cerca de Dios, que poseía el don de clarividencia y sus oraciones le permitían hacer milagros.

He aquí el testimonio de una parroquiana, Lidia Lew, que habla de la grandeza espiritual del Obispo Juan. "Escribí una carta al Obispo, sin conocerlo, pidiendo ayuda para una viuda con hijos y también consejos para mis problemas. No recibí ninguna contestación. Pasó un año. De pronto, llega el Obispo Juan a la ciudad de Hong Kong, donde yo vivía en aquellos tiempos y lo recibimos todos en el templo con mucho júbilo. Yo estaba entre la muchedumbre: de pronto el Obispo buscando con la mirada, me encuentra y me dice : " Es usted, la que me había escrito una carta. Quede muy, sorprendida, porque él no me había conocido antes. Durante el sermón que el Obispo Juan pronunció después de la misa, mi madre y yo observamos durante un rato largo la aureola de luz que envolvía la figura del Obispo; al comentarlo, nos dimos cuenta que muchos fieles vieron lo mismo. Mi marido, que estaba más lejos del altar, también lo vio."

Al Obispo le agradaba visitar a los enfermos y lo hacia diariamente, confesándolos y haciéndolos comulgar. Sí el estado del enfermo se tornaba critico, el Obispo Juan se acercaba a cualquier hora, de día o de noche, para rezar al lado de su cama. He aquí uno de los milagros que sus oraciones han hecho posible: Ludmila Dimitrievna Sadkovskaia como muy buena deportista practicaba equitación con muchoentusiasmo. Una vez se cayó mal del caballo, golpeándose fuerte la cabeza. La encontraron sin conocimiento y en el hospital un concilio de médicos declaró que su estado era critico, que no podría pasar la noche; casi no tenia pulso, tenía graves heridas en la cabeza y unos pedacitos de huesos de cráneo rotos se incrustaron en el cerebro. Moriría durante la operación, o si sobreviviría a la intervención quirúrgica, quedaría ciega, sorda y muda.

La hermana de esta mujer, después de haber escuchado todo eso, lloró amargamente, pero corrió a buscar al Obispo Juan suplicándole que hiciera todo lo posible para salvar a su hermana. El Obispo llegó al hospital, pidió que lo dejasen sólo con la enferma y rezó durante más de dos horas al lado de su lecho. Luego llamó al médico jefe del hospital y pidió que se hiciera una revisación completa de la enferma. Los médicos se asombraron al comprobar que el pulso de la enferma se había normalizado totalmente y permitía que se cumpliera la intervención quirúrgica. La única exigencia del cirujano era que la intervención se hiciera en presencia del Obispo Juan. La operación tuvo éxito y al despertar la enferma sorprendió a todos los que la rodeaban, pidiendo agua para beber. Ella además oía y veía todo, y sigue viviendo hasta ahora, sana y salva. La testigo la conoce desde hace 30 años.

El Obispo visitaba las cárceles, oficiaba la misa utilizando solamente una pequeña mesa común. Pero lo que era más difícil para el Pastor - era visitar a los alienados y a los poseídos (el Obispo los distinguía inmediatamente) - no le preocupaba al Obispo Juan porque su fuerza espiritual le daba una gran seguridad y los enfermos mentales comulgaban muy pacíficos, escuchaban sus sermón y esperaban sus visitas con gran impaciencia y alegría.

El Obispo fue un hombre de gran temple. Durante la ocupación Japonesa las autoridades niponas ejercían grandes presiones sobre la emigración rusa a través de los representantes del comité ruso. Dos presidentes del comité lucharon contra la influencia japonesa y los dos fueron asesinados. La colonia rusa tuvo mucho miedo y en ese momento el Obispo Juan a pesar de las amenazas de algunos partidarios de los japoneses, se proclamó presidente de la colonia rusa.

Era peligroso en aquellos tiempos andar de noche y durante la ocupación japonesa la gente prefería quedar en casa cuando oscurecía. Sin embargo, el Obispo Juan siguió como siempre visitando a sus enfermos; aliviando a los necesitado a cualquier hora, de día o de noche, y nunca tuvo dificultades.

Terminaba la Segunda Guerra Mundial y cada vez más se trataba de presionar a los Obispos Rusos en el exilio para que se sometiesen a las autoridades eclesiásticas recién elegidas en la Unión Soviética. La elección del patriarca en la U.R.S.S. era un acto paradójico, la falsedad del hecho saltaba a la vista, pero la situación era difícil y en el Lejano Oriente de los seis rusos en exilio, cinco se sometieron a las autoridades soviéticas y solamente el sexto, el Obispo Juan, (quien desde el año 1946 tenía el rango de Arzobispo) permaneció fiel a la Iglesia Rusa en Exilio.

A los emigrados rusos no les quedaba otra solución más que irse de Shanghai y del extremo oriente en general y el Arzobispo Juan tomó a su cargo el cuidado de su rebaño y llevó a buen fin el traslado de más de diez mil personas a los Estados Unidos de América.

En 1949 en la isla de Tubabao, en las Filipinas, en el Campamento Internacional para los Refugiados se encontraban cerca de cinco mil refugiados rusos de China. La isla se encuentra en la ruta de los tifones de esta época del año que azotan ese sector del Océano Pacifico. Durante los 27 meses de la existencia de dicho campamento una sola vez apareció la amenaza del tifón y tampoco llegó a desencadenarse, porque se había desviado a tiempo. Cuando uno de los refugiados habló de su miedo a los tifones con las autoridades Filipinas, ellos le contestaron: "vuestro hombre Santo bendice el campamento por tos cuatro costados y todas las noches del año." Hablaban del Arzobispo Juan, porque mientras el estaba allí, ningún tifón se había acercado a la isla. Pero cuando el campamento casi dejo de existir y la mayoría de los refugiados se trasladaron a Estados Unidos y a Australia, quedando solamente cerca de 200 personas, un tifón muy fuerte azoto a la isla de Tubabao.

Al terminar la misión de ayudar a sus feligreses a salir de la China, en 1951, se le ofreció al Arzobispo Juan un nuevo campo de acción. El Sinodo de los Obispos de la Iglesia Ortodoxa Rusa en exilio lo designa primero para la catedral de París y luego para Bruselas, Bélgica. Estando en Europa Occidental, el Arzobispo demuestra el profundo interés no sólo en la diáspora rusa, también en toda la población del lugar. Incluyedo en su jurisdicción a las Iglesias Ortodoxas Holandesa y Francesa, defendiéndolas y ayudándolas a crecer. Oficia en ese entonces la Santa Misa Ortodoxa en francés y en holandés, como antes decía la misa en griego y en chino, (como más tarde lo hará en inglés).

Toda su vida el Bienaventurado Arzobispo Juan se interesó y respetó profundamente la vida de los Santos, sus conocimientos en esta materia parecían ilimitados. Estando en Europa, él puso su atención en los Santos europeos que se honraron antes de la separación de las iglesias Ortodoxa y Católica y cuyos nombres, en muchos casos no habían sido incluidos en los calendarios ortodoxos, a pesar de ser muy respetados por la población lugareña. El Arzobispo Juan buscó sus imágenes, anotó sus biografías y presentó toda una lista con descripciones detalladas al Sinodo de la Iglesia Ortodoxa.

Lo mismo que en China, en la Europa Occidental la gente comenzó poco a poco a darse cuenta de que del Arzobispo se podía esperar siempre cualquier sorpresa. Esto pasaba porque él fundaba su vida sobre la base de la Ley Divina, sin pensar hasta que punto sus actos pudiesen parecer impredecibles, incluso sorprendentes a los ojos de las personas que se dejaban guiar por los criterios puramente mundanos

Su reconocimiento como Santo comenzaba a extenderse tanto entre los fieles ortodoxos, como entre la gente perteneciente a otras religiones. En una de las iglesias católicas muy importantes de la ciudad de París el párroco trataba de convencer a los jovenes feligreses con estas palabras: "Ustedes exigen pruebas, dicen que no existen ahora ni milagros ni santos en el mundo. Para qué voy a buscar demostraciones teóricas, cuando hoy mismo, en estos días, ustedes pueden ver caminando por las calles de París a un Santo - Saint Jean Pieds-Nus - (San Juan Pies Descalzos) - un Santo de la Iglesia Ortodoxa Cristiana."

Muchos testimonios demuestran la real existencia de los milagros producidos por los rezos del Bienaventurado San Juan: él como "instrumento de Dios," según sus palabras, elevaba las oraciones con tanta insistencia y fuerza, que siempre tuvo - y sigue teniendo también hoy a través de sus fieles - "la respuesta Divina."

Al Bienaventurado Arzobispo Juan no se le recuerda como a una persona severa, sino todo los contrario muy dulce, cordial y alegre, hasta un poco así, como llamaban a los Santos más queridos en la antigua Rusia - un ser que no teme parecer ridículo ante los demás, en su amor y alegría hacia la humanidad, y a través de su amor a Jesús, hacia todos los seres vivientes.

En el Bienaventurado San Juan, esa especial alegría en Cristo se manifestaba especialmente cuando se trataba de los niños. El Arzobispo Juan siempre estaba dispuesto a prestar su ayuda a todos los niños más carenciados, sea quien sea, lo que a la gente le afectadamente gravemente y muchas veces los hipócrita no aceptaban este proceder y lo criticaban severamente. Aparentes excentricidades y extravagancias se explicaban a la larga, siempre estaban Justificadas por algunas reales exigencias del espíritu piadoso del futuro Santo. Se necesitaba sólo un poco de amor y de bondad - imitando la gran bondad del propio San Juan de San Francisco para comprenderlo y venerarlo como se lo merecía.

La vida del Arzobispo Juan era básicamente espiritual y si por su causa se perturbaba de alguna forma el orden establecido de las cosas, era sólo para que la gente despertara de su inercia espiritual, para que recordara que existe la "Justicia más elevada que la de este mundo."

Se recuerda un episodio especial, que aconteció durante la estadía del Arzobispo Juan en San Francisco; California (1963) y que refleja varios aspectos de su Santidad: su intrepidez espiritual basada en la Fe absoluta; su capacidad de ver el futuro y poder atravesar con su mirada los límites del espacio; la fuerza de su oración que indudablemente hacía milagros. El caso fue contado por la señora L. Lew y las palabras exactas del Arzobispo Juan fueron ratificadas por el señor T., que se menciona mas abajo. "En San Francisco mi marido, tuvo un accidente automovilístico, se encontraba muy enfermo y sufría muchísimo. Yo conocía muy bien la fuerza de las oraciones del Arzobispo Juan y pensaba: "Si pudiera invitar al Arzobispo para que rezara por mi marido, seguro que mi marido se aliviaría.". Pero no me atrevía a hacerlo, porque sabía cuantos problemas tenía el Arzobispo en este momento. Habían pasado dos días y de pronto aparece en nuestra casa el propio Arzobispo Juan acompañado por el señor B.T., quien lo traía en su auto. El Bienaventurado Arzobispo Juan permaneció en nuestra casa muy poco tiempo, pero yo creía firmemente que mi marido mejoraría. Era justo el momento más difícil de su crisis y al día siguiente hubo un cambio brusco y su salud comenzó a mejorar. Mas tarde me encontré en una reunión con el señor B.T. quien me contó que estaba llevando al Arzobispo Juan en su auto camino al aeropuerto, cuando de pronto el Arzobispo le dijo: "Vamos en seguida a la casa de la familia Lew." El señor T. le contestó, que llegarían tarde al avión. Entonces el Arzobispo le dijo "Usted quiere responsabilizarse por la vida de un hombre" No quedaba otra cosa que llevar al Arzobispo Juan a donde el quería ir.

La autoridad del Bienaventurado San Juan no se basaba en sus características exteriores, su aspecto era enclenque, frágil, caminaba encorvado, no era ambicioso, no poseía ni agudeza mental ni don de la palabra. Fue gracias a la elevada y pura espiritualidad, a la enorme Fe y a la Bondad sublime, que él se destacó entre los importantes Jerarcas de la Iglesia Ortodoxa Rusa de este siglo y llegó a ser un Santo verdadero. En él resplandeció la beatitud perfecta.

Los que conocían y amaban al Bienaventurado Juan tuvieron como primera reacción después de la noticia de su muerte súbita, la seguridad que ésto no podía ser. Y no fue lo súbito de este hecho la causa de semejante reacción, sino algo mucho más importante, entre todos los que estaban muy cerca de él surgió una irrazonable seguridad, "que este Pilar de la Iglesia, este Santo Pastor siempre accesible para sus fieles jamás desaparecería." Nunca llegarían los tiempos cuando no se podría recurrir a su consejo ni a su protección. En un sentido determinado, espiritual esta seguridad se había justificado. Pero una de las realidades de este mundo es que todo ser viviente deberá morir algún día.

El arzobispo Juan estaba preparado para enfrentarse con esa realidad. Mientras todos los demás esperaban de él muchos años aun de beneficiosos servicios a favor de la Santa Iglesia Ortodoxa, él ya se estaba preparando para afrontar su propia muerte, la que presintió por lo menos unos meses antes y supo con seguridad en que día exactamente eso debería suceder.

El director del asilo de los huérfanos, donde el Arzobispo vivía mencionó en una conversación que dentro de tres años se celebraría el congreso diocesano (corría el año 1966), a lo que el Arzobispo Juan contestó: "Yo ya no estaré aquí para ese entonces." En Mayo de 1966, una mujer que conocía al Arzobispo Juan desde haría más de 12 años, lo escuchó decir: "Muy pronto, a fines de junio, moriré pero no en San Francisco, sino en la ciudad de Seatle. En las vísperas de su viaje a Seatle, cuatro días antes de su muerte, el Arzobispo Juan sorprendió al hombre para quién estaba oficiando una misa de gracias, diciéndole : "Ya nunca más besaras mi mano." El mismo día de su muerte, después de terminar el oficio de la Liturgia, se quedó en el altar rezando unas tres horas, luego, sin tener ningún signo de enfermedad o abatimiento, se fue a una habitación de la casita que está al lado de la iglesia después de un rato se escuchó un ruido de una caída, entraron en la habitación, lo levantaron y lo sentaron en la silla que también le servía para dormitar. En poco tiempo se murió, sin ningún sufrimiento, ni dolor, ante el milagroso Icono de la Virgen Santa de Kursk.

La tumba del Arzobispo Juan se encuentra en la capilla, debajo de la Catedral Rusa Ortodoxa de San Francisco, California, U.S.A.. Es el comienzo de un nuevo capítulo en la biografía del Santo. Lo mismo que San Serafín de Sarov (uno de los Santos más venerados por los fieles ortodoxos), quien dejó como precepto a sus hijos espirituales considerarle vivo después de su muerte y al visitar su tumba, confiarle todos sus preocupaciones y dolores, nuestro Arzobispo San Juan de Francisco sigue escuchándonos y ayudando a los que honran su memoria. Muchísima gente, la que lo conoció en vida y la que supo de sus santidad y de sus milagros mucho más tarde, lo vieron en extraordinarios sueños, que tienen especiales significados o contienen predicciones; muchas personas dieron testimonios de haber sido escuchados por el Santo y ayudados por él. Uno de los testimonios cuenta, que en sueños se le apareció San Juan de San Francisco vuelto a la vida, rodeado de luz y muy feliz y le dijo: "Avísales a todos los fieles, que yo, a pesar de haber muerto, estoy vivo"

Ha pasado muy poco tiempo para poder comprender plenamente el hecho, de que nosotros, simples pecadores que vivimos en este violento siglo, fuimos testigos de un acontecimiento magnífico, como la vida y la muerte de un Santo.

El Arzobispo Juan se ha reunido ahora con el Eterno Dios y nosotros rezando por la paz de su alma bendita, no podemos menos que recordar esas palabras del Evangelio: "El buen hombre del buen tesoro de su corazón saca bien; y el mal hombre del mal tesoro de su corazón saca mal; porque de la abundancia del corazón habla su boca." (San Lucas, 6.45). Todos los que tuvieron la dicha de conocer a San Juan San Francisco atestiguan que él guardó siempre esas palabras en su alma.

Una vez se ha dicho: "La oración es labor pastoral. Durante una jornada, seis horas hay que dedicarle al oficio de la misa; otras seis a las buenas acciones y seis al descanso."

San Juan fundó el Asilo de Huérfanos ''San Tijón Zadonski' y tomó parte en la enseñanza del catecismo ortodoxo en todos los colegios rusos. Su dedicación especial le exigió la educación de los huérfanos del asilo.

El decía siempre, que la prueba espiritual más difícil para los huérfanos resulta ser el advenimiento de las grandes festividades cristianas, como las vísperas de la Navidad o la espera de la Resurrección de Cristo. Los huérfanos se dan cuenta cuantos cuidados reciben los niños de sus madres y de sus padres en esos días, y se sienten carenciados. Por eso El Arzobispo Juan prefirió siempre tener su vivienda fija en los asilos que había fundado, porque trató de ser padre y madre para sus amados niños huérfanos. Era aparentemente severo, pero su bondad vencía todos los obstáculos, a él le gustaba organizar fiestas para sus chicos con grandes árboles de Navidad y representaciones música; les conseguía los instrumentos musicales y en los asilos tenían unas pequeñas orquestas bastante buenas. Los pupilos del asilo "San Tijón Zadonski" querían tanto al Arzobispo Juan que se olvidaban totalmente de su orfandad. Ellos sabían que el Santo era su verdadero padre y su protección para siempre

Una vez, en Shanghai, se enfermó una niña de unos 6 a 7 años. Al internarla en el hospital de los Monjes Ortodoxos y el médico, un tal D. I. Kasahov diagnosticó una peritonitis aguda. Los cirujanos no le dieron ninguna esperanza a la madre, porque no era posible que la niña pudiera soportar la operación. Pero la madre rogó a los doctores que hiciesen la operación de todos modos y se dirigió inmediatamente a la casa del Arzobispo Juan para rezar junto con él. El Arzobispo se dirigió con ella a la Catedral y allí frente al altar, rezaron juntos durante muchas horas. Ya amanecía cuando el Arzobispo bendijo a la madre y le dijo que se fuera tranquila a casa porque la niña iba a estar bien.

La madre muy esperanzada se dirigió al hospital y allí el doc. Kasakov le avisó que la operación fue un éxito y que nunca tuvo un caso similar en toda su práctica. El médico le dijo entonces, que eso tuvo que ser un milagro, a lo que la madre contestó que el Arzobispo Juan había rezado toda la noche por la niña y que le había asegurado que todo andaría bien.

En las islas Filipinas el Arzobispo Juan acompañaba a sus feligreses procurando conseguirles permisos para emigrar a los Estados Unidos o a Australia. Tenía la costumbre de visitar a los enfermos en la isla de Ghuian, entregándoles unos pequeños Iconos y también los Evangelios. Un día se escucharon unos tremendos gritos en una de las salas y una enfermera rusa le explicó al Arzobispo que esos gritos venían del antiguo hospital militar norteamericano, donde habían internado a una enferma desahuciada porque molestaba a otros enfermos. La enfermera rusa no le aconsejaba al Arzobispo visitarla porque enferma despedía un hedor nauseabundo. "No tiene importancia," le contestó San Juan Al acercarse a la enferma, el Arzobispo apoyó la cruz en su cabeza y comenzó a rezar. Luego la confesó y le dio los Santos Sacramentos. Cuando el Arzobispo se iba, la enferma dejó de gritar, sólo se quejaba muy despacito. Pasaron semanas, y un día, cuando alguien traía en su jeep al Arzobispo a la clínica, del portón salió corriendo una mujer se tiró a los pies de San Juan llorando agradecida. Era aquella enferma desahuciada por la que había rezado el Bienaventurado Arzobispo Juan.

En 1968, dos años después del fallecimiento de San Juan, una mujer, Anna Petrovna Lushnikova, dio estos testimonios sobre la vida y los milagros del Arzobispo Juan de San Francisco.

Esta señora era profesora de canto y fonoaudiología. Al llegar a China, a la ciudad de Shanghai, el Arzobispo Juan llamó en seguida su atención por el defecto de pronunciación que tenía y se habló de que tenía un defecto congénito, de que tenía dañado el paladar y otras cosas similares. Pero la profesora de canto comprendió en seguida cual era el problema y fue a ver al Arzobispo Juan para ofrecerle su ayuda. Según su opinión, el Arzobispo estaba muy debilitado y esa misma debilidad no le permitía mover bien su mandíbula inferior, lo que le impedía pronunciar bien las palabras. La profesora le mostró como hay que respirar, como hay que articular las sílabas, etc. El Arzobispo empezó a tomar clases con ella regularmente, donde con mucha humildad canturreaba las vocales, hasta que su pronunciación mejoró considerablemente. Pero cada vez que el Arzobispo se dedicaba al ayuno prolongado, el defecto aparecía otra vez. La profesora se esforzó mucho para solucionar el problema y al tratarlo tan de cerca, se dio cuenta de su extraordinaria beatitud y se transformó en su hija espiritual.



En 1945 - en Shanghai - contó Anna Petrovna - "yo estaba herida y me moría en el Hospital Francés. Yo sabia que me estaba muriendo y llamé al Arzobispo para que él me diera los últimos Sacramentos. Eso fue a las 10 u 11 de la noche. Afuera se habla desencadenado una gran tormenta, con fuerte viento y lluvia. Yo estaba agonizando y sufría horrores. Se acercaron a mi lecho unos médicos y enfermeras para avisarme que el Arzobispo no podría venir, estábamos en tiempos de guerra, regia el toque de queda y el hospital de noche permanecía cerrado, así que yo tendría que esperar hasta la mañana siguiente. Pero yo seguía clamando: "Que venga el Arzobispo," "Que venga el Arzobispo," pero ya nadie podía comunicarse con él. De pronto, en medio de la feroz tormenta aparece el Arzobispo Juan, mojado hasta los huesos y se acercó a mi cama. Como su aparición me pareció milagrosa, yo lo tocaba preguntando si era una aparición o una realidad. El se sonrió apaciblemente y me aseguró que era "real," tomando mi confesión y dándome los Santos Sacramentos. Me dormí profundamente, el sueño duró 18 horas. En la misma sala había otra enferma, que observó toda la ceremonia de la Santa Comunión y escuchó hablar al Arzobispo. Sin embargo, la gente del hospital no me creyó diciendo que hospital permaneció cerrado de noche y que el Arzobispo no ha podido visitarme. No le creyeron tampoco a la otra señora, mi vecina de cama, pero yo me sentía mucho mejor, y además la enfermera que vino arreglar mi cama, encontró debajo de la almohada un papel de 20 dolares, que había dejado evidentemente el Arzobispo Juan, porque sabía que yo había quedado sin dinero y mi deuda con el hospital era grande. Más tarde él mismo lo confirmó, Desde aquel momento yo empecé a sanarme. Ahora tengo el único deseo de que el Arzobispo Juan diga la misa en mi entierro. Su deseo se ha cumplido, porque una persona muy allegada al Arzobispo Juan soñó una noche, ya después de la muerte del Arzobispo, que la señora Anna Fetrovna se encontraba en un ataúd altamente levantado, en la nueva Catedral de la ciudad de San Francisco y el mismo Arzobispo Juan, con su manto y con el incensario en las manos oficia una Misa de Requiem por el alma de su ex-maestra Anna acompañado por las magníficas voces del coro. Tanto la persona que tuvo ese sueño, como todos los demás conocidos y amigos de la señora Anna se sorprendieron mucho, el día siguiente fue la fiesta de Transfiguración de Cristo; al saber que la dicha señora había fallecido esa noche en su domicilio. Era como si el Arzobispo Juan, en las vísperas de la fiesta de Transfiguración de Cristo, había celebrado la Misa de Requiem por su maestra Anna, encontrándose él ya en el otro mundo, "Mundo Transfigurado."

Había un muchacho muy enfermo, hijo de una señora judía procedente de Rusia, que no mejoraba con ningún tratamiento. La madre estaba desesperada, escuchó decir que los rusos tienen a su "padrecito Juan," quien oficia en la Catedral y cuyas oraciones ayudaron a curar a muchas personas. La madre se dirigió a la Catedral para esperar allí que el Bienaventurado Arzobispo Juan terminara la misa. Entonces ella se acercó y le pidió al padrecito Juan que rezara por su hijo, llamándole Miguel, para que el Arzobispo no se diera cuenta que el chico era judío. El Bienaventurada Arzobispo Juan la miró atentamente y le dijo : " Rezaré por el niño Moisés (el chico se llamaba realmente Moisés)." Desde aquel momento comenzó la convalecencia del niño enfermo. Ese es el testimonio del señor Vsevolod Alexandrovich Reier, de Brasilia.

He aquí un testimonio de la señora Alejandra Lavrentievna J. quien se encontraba hace muchos años atrás, en un hospital muy enferma Le hablaron del Obispo Juan y ella recibió luego una nota donde le avisaban la próxima visita del Obispo. Al encontrarse en medio de una enorme sala, entre 40 o 50 enfermas, ella se sintió incómoda y algo avergonzada ante las señoras francesas que la rodeaban, porque el Obispo, quien la había confesado y le dio los Santos Sacramentos estaba muy mal vestido casi andrajosamente, además descalzo. Después de haber comulgado, la señora se dio cuenta de que su vecina le quería decir algo Y entonces escuchó : "¡Que feliz debe sentirse usted, por tener a un Confesor semejante! Mi hermana vive en los Versalles y cuando sus niños están enfermos, ella los coloca en la calle, por la que camina habitualmente el Obispo Juan, y le ruega que les imparta su bendición. Y los niños se alivian siempre, inmediatamente después de haberla recibido. Nosotros lo llamamos Santo.

Si tiene usted la ocasión de escuchar a los feligreses que han vivido cerca o lo conocieron mucho al Bienaventurado Arzobispo Juan, cada uno de ellos le confesará que ha sido el feligrés más querido, más apreciado por el San Juan el Milagroso. Todos ellos creen fervientemente, que están en lo cierto. Y cómo no lo van a creer, si el Arzobispo Juan los miraba a cada uno con tanto amor, que cualquiera se sentía único, su criatura, su todo. Tan sincera era su preocupación por todos nosotros, que sus palabras : "Ustedes son mis hijos eran absolutamente creíbles"

El Bienaventurado San Juan el Milagroso vivió entre nosotros como un auténtico ejemplo de la espiritualidad suprema, dirigida siempre hacia Dios, pero sin olvidarse de la profunda piedad y amor hacia los seres vivientes. San Juan de San Francisco es el don de Santidad, que Dios nos proporcionó para aliviar nuestra pesada carga de dolores y desilusiones.

Lo conocieron y lo veneraron en todo el mundo. En la ciudad de París, Francia, el jefe del movimiento de los trenes en la estación principal de los ferrocarriles demoraba, la salida del tren esperando el arribó del Arzobispo ruso. En todos los hospitales de las grandes ciudades europeas conocían muy bien a ese Arzobispo que permaneció noches enteras rezando al lado de un enfermo o de un moribundo. Rogaban por su presencia los enfermos graves de todos los credos, ortodoxos, católicos, protestantes u otros, porque cuando él rezaba, el Dios Misericordioso lo escuchaba. San Juan amaba mucho a los niños, se interesaba siempre por ellos, por su educación espiritual, les escribía, les mandaba pequeños presentes. La mirada de Santo, siempre tan profunda, cálida y luminosa, penetraba en el alma misma de las personas cuando le miraban directamente a los ojos, esa mirada se tornaba especialmente bondadosa al observar a los niños Fue una mirada inolvidable, el cuerpo de un asceta semejante parecía la corteza de un árbol seco, pero todos los que percibían su mirada directa, sentían como seres más queridos de la tierra.

El Bienaventurado Arzobispo Juan murió el día sábado 2 de Julio de 1966, a las 15.50 hs. La muerte fue súbita para todos los que le rodeaban, pero no para él. El Santo se había ya preparado porque tenia consciencia de su pronta muerte, así como lo tuvieron también los grandes Santos a lo largo de toda la historia de la Iglesia de Cristo. Durante seis días su cuerpo permaneció en la Catedral Ortodoxa Rusa de San Francisco acompañado por muchos Obispos e innumerables fieles. Se oficiaban permanentemente misas por su alma y las palabras de algunos Arzobispos, ante el ataúd abierto, al decir sus sermones, ya se referían a la evidente santidad del fallecido Bienaventurado Arzobispo Juan. El 7 de Julio llegó de Nueva York, el Mitropolita de la Iglesia Ortodoxa Rusa en exilio Monseñor Filaret, y en la misa por el difunto llamó al Arzobispo Juan "el ejemplo de un ascetismo y de la firmeza y severidad espiritual inaudibles para nuestra época."

Desde el primer día de la vigilia uno se daba cuenta de que esto no era simplemente la despedida con de un Jerarca de la Iglesia, se percibía claramente la existencia de un misterio - el misterio de la Santidad. Todos los presentes estaban firmemente convencidos de haber venido al sepelio de un Santo. Durante los seis calurosos días de verano, cuando se velaban sus restos, el cuerpo del Bienaventurado Juan estaba intacto. Se apreciaba una increíble y enorme efusión de amor, había un sentimiento de orfandad por la desaparición de un ser extraordinario, muy cercano y muy amado por todos los que vinieron a despedirlo. El Obispo Ignacio, muy venerado en el pasado por todos los creyentes ortodoxos, en su obra "Los pensamientos sobre la muerte" escribe: "¿Habrá visto usted alguna vez el cuerpo de un Justo, a quien le ha abandonado su alma? El no despide hedores nauseabundos, uno no teme acercársele. Durante sus sepelio la tristeza se transforma en una alegría inusitada. Este es el signo de la Gracia Divina que el muerto obtuvo estando aún en vida."

Aquí no termina la historia de la vida y de los milagros de San Juan de San Francisco, porque en su persona se debe venerar a un Santo de significancia universal que permanece vivo en las almas como el nexo entre los seres humanos y el Reino de Dios.

Milagros de San Juan después de su muerte

Mencionaremos algunos ejemplos de la ayuda benéfica que proporcionó nuestro San Juan de San Francisco después de su muerte.

Así escribe el señor Vladimir Raash de St. Paul, Minmnesota, en abril de 1981:"¡Muchas gracias por mandarme siempre el óleo curativo del candil que se encuentra en la capilla mortuoria del Bienaventurado San Juan, nuestro querido Arzobispo, cuya pronta canonización y glorificación estamos esperando con impaciencia! Queremos dar el testimonio de la ayuda milagrosa que le proporcionó la aplicación del óleo curativo sobre las escaras que tuvo en el rostro mi madre y que ningún remedio le había podido sanar hasta ahora. Después de haber aplicado en dichas heridas, durante dos días, pedacitos de algodón embebidos en el óleo curativo, las profundas escaras han desaparecido totalmente y su rostro volvió a tener la piel limpia y sana de antes. Yo mismo use los algodoncitos embebidos en óleo para curar las llagas que tuve en las piernas, estas fueron desapareciendo, en pocos días, totalmente.

En 1984 un muchacho de 17 años Timoteo Lockhead, hijo de una rumana cristiana ortodoxa y de un escocés convertido, comenzó a sufrir de pronto, sin causa aparente, fuertes ataques y tuvo que ser internado inconsciente en un hospital canadiense. Los médicos encontraron en su organismo muchas células malignas cuya existencia se debía a un defecto congénito en el desarrollo de su cerebro. La opinión de los médicos era terminante: Timoty debía haber muerto hace unos años atrás, su enfermedad era incurable. Los padres desesperados recurrieron a los sacerdotes, sus consejeros espirituales, pidiéndoles que recen por su hijo enfermo. Uno de los sacerdotes tenía en su poder una botellita con el óleo del candil, siempre ardiente de la capilla mortuoria de San Juan de San Francisco. El sacerdote llevó la botellita con el óleo al hospital, donde quería oficiar una misa por la salud del muchacho, pero justo entonces el monitor que indicaba el estado del corazón del enfermo mostró la inexistencia total del pulso el corazón de Timoty dejó de latir, se moría.

El sacerdote destapó rápidamente la botellita con el óleo mojó con la cabeza del muchacho, haciendo la cruz con la mano y pidiendo con lágrimas la pronta intervención del "Santo... Oh, milagro de los milagros!." El corazón de Timoty volvió a latir, cesó el ataque y el muchacho abrió los ojos. Los médicos quedaron atónitos, Timoty se durmió tranquilo y al día siguiente al despertar, pidió volver a casa. Lo dejaron por si acaso, tres días más en el hospital; se hicieron otras radiografías del cerebro de Timoty y no se hallaron más aquellas células malignas. Lo único que se podía observar eran pequeñas incrustaciones de calcio que según los médicos no representaban mayor peligro. Hoy Timoty ya se graduó y sigue además como lector de Salmos en su Iglesia. ¡Gracias a Dios y al Bienaventurado San Juan!."

"Quisiera dar testimonio sobre el milagro que tuvo que ver con el óleo curativo del candil que se encuentra en la capilla mortuoria del Bienaventurado San Juan de San Francisco" - nos cuenta la señora Ketty Langston, de Toronto, Canadá, el día 31 de diciembre de 1986. "El mes pasado, después de haber levantado mucho peso, tuve el desplazamiento de una vértebra y por consiguiente una hernia de disco. Jamás tuve dolores tan fuertes en la espalda, como en aquel momento. Eso había sucedido a la mañana y yo aguanté el dolor durante todo el día, esperando que pasara el mal momento; pero el alivio no llegaba y tuve que recurrir, de noche ya, a uno de los mejores cirujanos de la ciudad. Según su opinión, yo tenía una inflamación muy fuerte y había que aplicar hielo. Antes de acostarme mi marido John untó mi espalda con el óleo curativo de la capilla mortuoria de San Juan y yo me dormí. Unas horas más tarde me desperté y me di cuenta que habla sólo un cierto entumecimiento en mi espalda, nada más. ¡El dolor agudo había desaparecido! Cuando visité al cirujano el día siguiente, él se mostró muy sorprendido y me dijo que no tenía nada que hacer con mi vértebra, porque todo ya estaba en orden. Me sentí tan agradecida a San Juan y a Dios quien había escuchado a su santo que rezo por mi pobre pecadora."

¡Gracias a Dios y a Su Santo el Bienaventurado San Juan el Milagroso.

Tuesday, December 9, 2014

La vida espiritual ( San Siluan el Athonita )

Hasta que una persona no conoce algo mas grande esta conforme con lo poco que tiene. Es parecido a un gallo de aldea, vive en un gallinero, ve poca gente y animales. Conoce una docena de gallinas y esta contento, porque no conoce nada mas. Y el águila, que vuela a gran altura en las nubes, y ve con su ojo agudo las lejanías y desde lejos oye los ruidos de la tierra y goza de la belleza del mundo. Conoce muchos países, mares, ríos. Ve diversos animales y aves. El no estará contento si lo ponen con el gallo en su gallinero.

Así sucede en la vida espiritual. Aquel, quien no experimentó la gracia del Espíritu Santo, se parece a un gallo, que no conoce el vuelo del águila y no comprende la dulzura de la emoción y del amor de Dios. El conoce a Dios en la naturaleza y en las Escrituras. El está satisfecho con los preceptos, como el gallo está contento con su vida y no se aflige de no ser águila. Pero aquel, quien conoce al Señor por el Espíritu Santo, reza día y noche, porque la Gracia Divina lo atrae a amar a Dios. Y por el placer del amor Divino soporta fácilmente todas las desgracias de este mundo y su alma extraña siempre a Dios y solamente busca la gracia del Espíritu Santo.


San Siluan el Athonita

Monday, December 8, 2014

La Madre de Dios (Theotokos)

Toda la doctrina dogmática sobre la Soberana nuestra esta expresado en sus dos nombres: la Madre de Dios (Theotokos) y la Virgen (aiparthenos). Ambos nombres recibieron su católico reconocimiento, ambos fueron aceptados por la Iglesia Universal. Sobre la inmaculada Concepción de Cristo habla directamente el Nuevo Testamento; este dogma es una parte indivisible de la Tradición eclesiástica. "Encarnado por el Espíritu Santo y la Virgen María" (o "nacido de la Virgen María"), — esto dice el Credo. Y esto no es siempre constatación de un hecho histórico. Es una aseveración de la enseñanza de la fe. El nombre "eterna Virgen" fue aceptado formalmente en el Quinto Concilio Universal (año 553). Mientras "la Madre de Dios" es algo superior, que un nombre o un simple título elogioso. Es la designación dogmática en una sola palabra. Hasta antes del Concilio de Efeso (año 431) el nombre Theotocos ha sido el criterio de la verdadera Fe, la señal distintiva de la Fe Ortodoxa.

Ya san Gregorio el Teólogo había prevenido a Clidonio: "Quien no confiesa a María como Madre de Dios, esta ajeno a Dios" (Epist. 101). Este nombre utilizan ampliamente los Padres del cuarto, y quizás hasta del tercer siglo, por ejemplo Origen — si vamos a creer a Sócrates Escolástico (Hist. ecclesias. 7, 32) y a los fragmentos, conservados en los catenes (In Luc. Hom. 6 y 7). Nestorio y sus seguidores rechazaban e infamaban esa tradición ya consolidada.

La expresión "Madre de Dios" (Theotokos) no se encuentra en los Escritos, y tampoco se encuentra allí la palabra "Hipostático" (omousios). Sin embargo, ni en los Concilios de Nicea, ni de Efeso la Iglesia no introdujo ninguna novedad inaudita. "Nuevas," "no bíblicas" expresiones fueron elegidas, precisamente, por ser interpretadoras y conservadoras de la antigua fe de la Iglesia. Es cierto, que el Tercer Concilio Universal, ocupado ante todo por la cristología, no había elaborado una especial doctrina "mariológica." Y por eso resulta aún más extraordinario ese rasgo distintivo, singular contraseña de la cristología ortodoxa, que se hizo precisamente la noción "mariológica." "La Madre de Dios" es la palabra clave de la cristología. "En este nombre" — dice san Juan Damasceno, — "se concluye todo el misterio de la Encarnación" (De fide orth. 3,12; PG 94,1029). Según la formulación acertada de Petavio: "Es tan utilizable y de primera orden la palabra "Hipostático" cuando se explica el dogma de la Santa Trinidad, como lo es la palabra "Madre de Dios" — durante la explicación de la "Encarnación" (De incarnacione V, 15). Cual es la causa de tan fija atención, nos parece evidente. La doctrina Cristológica, privada del dogma sobre la Madre de Dios, no permite una exposición justa y exacta. Todos los errores y discusiones mariológicas de tiempos actuales tienen sus raíces en la pérdida de la orientación Cristológica, descubriendo un agudo "conflicto cristológico."

En la " truncada cristología" no hay lugar para la Madre de Dios. Los teólogos protestantes no tienen nada que decir sobre Ella. Sin embargo, no reparar en la Madre es — no entender al Hijo. Y viceversa, acercarse a la comprensión de la personalidad de la Virgen Superbendita, comenzar a hablar correctamente de Ella, se puede solamente en el contexto cristológico. Mariología — no es una doctrina independiente, sino un capítulo del tratado sobre la Encarnación. Pero, evidentemente, no es un capítulo fortuito, ni un suplemento, que pudiera ser omitido. Ese capítulo representa la propia esencia de la doctrina. El Misterio de la Encarnación es inconcebible sin la Madre del Encarnado. Sin embargo, esta perspectiva cristológica a veces se encuentra ofuscada por una admiración desmedida, por un entusiasmo espiritualmente no sensatos. La piedad debe seguir el dogma. Existe una rama mariológica también en la enseñanza sobre la Iglesia. Pero de todos modos el propio dogma de la Iglesia representa la "cristología difundida," la doctrina sobre "todo Cristo — la Cabeza y el Cuerpo de la Iglesia."

"¡Virgen Madre alégrate!" Himno de San Nectario

El Oso y el ateo

Un ateo estaba dando un paseo por el bosque,
admirando todo lo que el "accidente de la evolución" tenía
creado.
"¿Qué animales hermoso!" se dijo.

Mientras caminaba junto al río, oyó un
susurro de los arbustos detrás de él. Se volvió hacia
mirar. Vio una carga oso grizzly de 7 pies
hacia él.

Corrió tan rápido como pudo por el sendero. él
mirado por encima del hombro y vio que el oso
estaba cerrando. Él corrió aún más rápido, tan asustada
que las lágrimas acudían a sus ojos.

Mirando por encima del hombro de nuevo, el oso era
aún más cerca. Su corazón latía frenéticamente
y trató de correr aún más rápido. Tropezó y
cayó en el suelo.

Se dio la vuelta para levantarse por sí mismo, pero no vio la
soportar, justo encima de él, tratando de alcanzarlo con
su pata izquierda y levantando su pata derecha a la huelga.


En ese instante, el ateo gritó, sin
pensando,
"Dios mío! ..."

El tiempo se detuvo.
El oso se paralizó.
El bosque estaba en silencio.
Incluso el río dejó de moverse.

Como una luz brillaba sobre el hombre, una voz
salió del cielo,
"Usted niega mi existencia durante todos estos años,
enseñar a otros que no existo y aun de crédito
creación a un accidente cósmico. ¿Me esperas
para ayudarle a salir de esta situación? ¿Estoy ahora
que contará como un creyente? "

El ateo miró directamente a la luz y
contestado,
"Sería hipócrita para mí ser un
Cristiana después de todos estos años; pero, tal vez,
usted podría hacer el oso cristiano? "

"Muy bien", dijo la voz.

La luz se apagó.
El río corría nuevamente.
Los sonidos del bosque se reanudaron.

Y entonces el oso bajó la pata derecha ...
juntó sus garras ... inclinó la cabeza y
habló:
"Señor, por este alimento que estoy a punto de recibir,
Estoy muy agradecido ".
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La veneración de los iconos

La Iglesia Ortodoxa tiene un tesoro invaluable, no solo en el ámbito de los oficios y las obras de los Santos Padres, sino también en el ámbito del arte eclesiástico. Como se sabe, la veneración de los santos iconos es muy importante en la Iglesia Ortodoxa, ya que el icono es algo mucho más grande que una simple imagen. No es simplemente un adorno del templo o una ilustración de las Sagradas Escrituras, sino que tiene una correspondencia total con Ellas, es un objeto que entra orgánicamente en la vida de los oficios divinos. Con ello se explica el significado que la Iglesia da al icono, es decir, no a cualquier representación en general, sino al icono canónico, es decir, aquella imagen específica que Ella misma ha elaborado en el transcurso de su historia en la lucha contra el paganismo y las herejías; aquella imagen por la cual, en el período iconoclasta, pagó con la sangre de sus mártires y confesores de la fe.

'Icono' es una palabra griega que significa 'imagen, representación.' En el icono la Iglesia no ve sólo un aspecto cualquiera de la enseñanza cristiana de la fe, sino la expresión del Cristianismo en su totalidad, la Ortodoxia como tal. Por ello, es imposible comprender o explicar el arte eclesiástico fuera de la Iglesia y Su vida. El icono, como imagen sagrada, es una de las manifestaciones de la Tradición de la Iglesia. La veneración de los iconos del Salvador, la Madre de Dios, los ángeles y los santos es un dogma de la fe cristiana que fue formulado por el VII Concilio Ecuménico - un dogma que emana de la confesión fundamental de la Iglesia: la encarnación del Hijo de Dios. El icono de nuestro Señor es el testimonio de Su encarnación verdadera, no ilusoria. El significado dogmático del icono fue claramente formulado durante el período iconoclasta.

Al defender los iconos, la Iglesia Ortodoxa no defendía su aspecto didáctico o estético, sino el mismo fundamento de la fe cristiana: el dogma de la encarnación , ya que el icono del Salvador es al mismo tiempo, testimonio de Su encarnación y nuestra confesión de Jesucristo como Dios. "Yo vi la imagen humana de Dios y fue salva mi alma," dice San Juan Damasceno. En otras palabras, el icono del Salvador es, por un lado, testimonio de la plenitud y realidad de Su encarnación, la representación de la personalidad Divina del Verbo encarnado, una naturaleza nueva transfigurada; y por otro lado, testimonio de la realidad de nuestro conocimiento de Jesucristo como Dios, es decir, la revelación. La aspiración del hombre hacia Dios, que es el aspecto subjetivo de la fe, se encuentra con la respuesta de Dios al hombre - la revelación, que es el conocimiento religioso objetivo, expresado en palabras o en imágenes. De este modo, el arte litúrgico es, no sólo nuestra ofrenda a Dios, sino también el descenso de Dios; el arte en el cual se produce el encuentro de Dios con el hombre, de la gracia con la naturaleza, de la eternidad con lo temporal. La tradición es la revelación que sigue viviendo. Es la vida de la Iglesia en el Espíritu Santo. La experiencia de aquel que la recibió, crece con la experiencia de todos los que la recibieron después que él. Esta conjugación de unidad de la verdad de la revelación con la experiencia personal de su recibimiento es uno de los aspectos fundamentales de la Ortodoxia: su característica de ser Concilial.

En esencia, la Iglesia Ortodoxa ve en la encarnación del Hijo de Dios el fundamento para la veneración de los iconos. Las iconos elevan nuestro pensamiento de la imagen al Arquetipo.

La Iglesia Ortodoxa es la Iglesia fundada por Nuestro Señor Jesucristo



La Iglesia Ortodoxa es la Iglesia fundada por Nuestro Señor Jesucristo y establecida en el mundo por sus apóstoles. La palabra Iglesia es de origen griego y se refiere a una Asamblea o Sociedad de creyentes (del verbo convocar o llamar).

Fundó su Iglesia como depositaria de la gracia y de los medios de salvación y su finalidad es continuar la obra de la salvación y conducir a los hombres al Reino de Dios (Juan 3:16-17, Juan 10:10; Hechos 1:18).

Los Miembros de la Iglesia serían los que mediante la predicación de sus apóstoles, creyeran en El y fueran bautizados (Mas. 28:19-20; Juan 3:3; Marc 16:16), además estableció una autoridad para administrarla conferida a sus apóstoles y sus sucesores los obispos (Luc. 10:16; Mat 17:18, Hechos 20:28; 1 Tim 2:3, Tit 1:7).

Palestina es la cuna del cristianismo, donde Jesús nació, vivió, actuó, predicó, fue crucificado, resucitó y subió a los cielos, obrando allá la redención del género humano. En Pentecostés, envió el prometido Espíritu Santo a sus apóstoles, quienes, junto con la Santísima Virgen María, las mujeres y hermanos reunidos en la misma sala donde se realizó la Cena, perseveraban unánimes en oración y ruego (Hechos 1:13-15). Esta era la primera Comunidad de los creyentes en Jesús, es decir, la primera Iglesia Cristiana.

Todos los Apóstoles recibieron, en igual medida, el Mandato del Señor. Desde Jerusalén, el evangelio fue propalado por los Apóstoles en los países vecinos. En Antioquía, la gran ciudad de Oriente, los creyentes empezaron a llamarse por primera vez "Cristianos," saludable nombre que llevamos hasta hoy día (Hechos 11:26).

Luego los Apóstoles y discípulos del Señor llevan la Buena Nueva a todos los grandes centros del Mundo, incluyendo Roma, la capital del Imperio Romano, donde San Pablo formó la primera comunidad, que saluda en su Epístola a los Romanos (Cap. 16). A medida que viajaban y predicaban, establecieron Iglesias, a cuyo cargo, por la imposición de las manos y la invocación del Espíritu Santo dejaban un obispo como sus sucesores.

La doctrina cristiana fue revelada de viva voz a los apóstoles por el Divino Maestro, Nuestro Señor Jesucristo. Esta revelación oral fue transmitida en el seno de la Iglesia de generación en generación a todos los que estaban unidos por la caridad (amor), la fe y la esperanza, Ella forma la Tradición de la Fe Ortodoxa. Los fundamentos de la enseñanza del Salvador fueron escritos por los apóstoles y evangelistas y confiados a la Iglesia, la que tomando los textos verdaderos los reunió con el nombre de Libros del Nuevo Testamento, que junto con el Antiguo Testamento forman la Sagrada Biblia. Poseemos, pues, dos corrientes espirituales que se remontan a la misma y única fuente de la palabra revelada: la tradición oral, conservada en la Iglesia y la palabra escrita, contenida en los libros canónicos.

La Revelación que hemos recibido por Cristo, Redentor y Salvador es definitiva. No hay otra revelación más perfecta o más conforme a la Verdad.

Los primeros siglos del cristianismo no fueron fáciles, ya que el Nuevo Mensaje, que enseñaba la fraternidad y el amor, eran extraños al mundo de ese entonces. El judaísmo y el paganismo no sólo no aceptaron la doctrina de Cristo, Dios hecho hombre, ni tampoco su evangelio, sino que la combatieron. Así fue como los gobernantes desde Nerón (A.D. 54). hasta Diocleciano (A.D. 305), desataron terribles persecuciones, derramando la sangre generosa de miles de mártires, que dieron testimonio irrebatible de sus creencias, creciendo la Iglesia cual fructífero árbol.

Con el advenimiento de Constantino 1-ro el Grande 1306). al trono Imperial el Cristianismo fue oficialmente reconocido, y Santa Elena, la madre del Emperador y el mismo Constantino, se convirtieron en sus principales defensores.

La administración de la cristiandad ha sido ejercida por los obispos. Al de más alto rango en cada región, le fue dado con el tiempo, el titulo de Patriarca.

Por razones administrativas, la Iglesia fue organizada en distritos eclesiásticos, a saber: 1). Roma: fundada por San Pablo y primera capital del Imperio Romano, en la cual fueron martirizados San Pedro y San Pablo (67); 2). Constantinopla, fundada por San Andrés y segunda capital del Imperio; 3). Alejandría, el principal centro político, cultural y filosófico de Africa, fundada por S. Marcos; 4).

Antioquía, centro principal de Oriente, llamada la ciudad de Dios, fundada por San Pedro y San Pablo, de la cual San Pedro fue su primer Obispo; 5). Jerusalén, llamada la Madre de la Iglesia, en la cual Nuestro Señor predicó y obró la redención. En la era apostólica fue presidida por el apóstol San Jacobo (Santiago), quien fue su primer obispo. Cada uno de estos centros eclesiásticos tiene un Patriarca, que los preside, y un sínodo episcopal.

Además, ha gozado de autocefalia la Iglesia de Chipre fundada por San Pablo y San Bernabé. El primado de esto es un arzobispo que también tenía atribuciones temporales (conferidos por el Emperador Justiniano).

Todos los patriarcas rentan iguales derechos, eran independientes en la administración de su Iglesia y eran Iguales entre si. Todos los creyentes de la Iglesia han estado unidos por su fe, sacramentos y prácticas comunes. Siendo Roma la Capital del Imperio, se consideraba a su Patriarca el primero entre sus iguales, siendo esto un titulo honorífico solamente (1er. Conc. Ecum., Art. 60., 20 Conc. Ecum., Art. 30., 40. Conc. Ecum., Art. 28; 60. Conc. Ecum., part. 36).

Posteriormente, con el establecimiento de la Capital del Imperio en Bizancio, se dieron honores similares al Patriarca de Constantinopla.

La suprema autoridad de la Iglesia, para tratar los problemas de índole general y de doctrina, fue y sigue sien el Concilio Ecuménico. (Su ecumenicidad debe ser reconocida por la conciencia de toda la Iglesia}.

Para resolver situaciones generales, o tomar acuerdo en circunstancias contingentes de la Iglesia Ortodoxa en su totalidad, se convocan las Conferencias Pan-Ortodoxas en las que están representadas todas las iglesias autocéfalas. En el presente siglo, la primera de ellas se llevó a cabo en 1923 en Constantinopla. Posteriormente en Rodas (Grecia). las de 1961, 1963 y 1964, y en Ginebra (Suiza). la de 1968. Estas últimas han tenido como motivo fundamental la preparación de un próximo Concilio General de la Iglesia, y analizar y determinar la posición de la Iglesia Ortodoxa en materia de ecumenismo.

Además de las persecuciones, la vida de la Iglesia se vio perturbada por las herejías, es decir, interpretaciones desviadas y opuestas a la verdad de la Iglesia. Primeramente aparecieron algunos de origen Judaizante; luego las procedentes del Gnosticismo y las Antitrinitarias.

Para defender la verdad y dar las correctas interpretaciones, además de otras materias normativas eclesiásticas, fueron convocados los Concilios Ecuménicos.

El primer concilio fue convocado por el Emperador Constantino en la ciudad de Nicea, año 325, donde fue condenado el Arrianismo herejía que negaba la completa Dignidad de Cristo, ahí fue compuesta la primera parte del Credo o Símbolo de la fe, que en pocas palabras expresa claramente nuestra creencia y doctrina cristiana. Este Credo fue completado en sus últimos artículos en el Segundo Concilio Ecuménico en Constantinopla (año 381), por ello se llama símbolo Niceno-Constantinopolitano. Dicho Credo es obligatorio para toda la Iglesia Cristiana, y como lo establecieron los Santos Padres en el Art. 7 del 3Ser. Concilio, realizado en la Ciudad de Efeso, nadie bajo anatema, puede cambiar una sola de sus palabras. Además, formuló Ja organización visible de la Iglesia, planteando la posición de las grandes sedes o Patriarcados y también condenó el Macedonianismo, herejía que sosténla que el Espíritu Santo es una criatura.

El tercer Concilio Ecuménico se celebró en Efeso, año 431, que condenó al Nestorianismo (Independencia entre Cristo Dios y Cristo Hombre). El cuarto Concilio fue en Calcedonia, año 451, condenó el Monofisismo. que sostenía una naturaleza de Cristo y dio, además, al Patriarca de Constantinopla el mismo rango de honor que el de Roma. El quinto, en Constantinopla (2-do), año 533, que condenó cierta literatura de índole nestoriana y conciliatoria con los monofisitas. El sexto en Constantinopla (3-ro), año 580, que condenó el Monotelismo (una voluntad en Cristo, y el séptimo, en Nicea 2-do, año 787, que condenó a los iconoclastas y confirmó la veneración de las Imágenes y reliquias.

Así es como en este periodo, la Iglesia confirmó su organización y gobierno terrenal. Además, en él se expusieron y defendieron las verdades básicas y los elementos del culto Ortodoxo por los Padres y Doctores Ecuménicos.

La Iglesia sobrellevó y superó sus penurias por el esfuerzo de sus defensores, quienes ofrecieron su sangre, expresaron su fe y vivieron los principios morales de su religión. Muchos escritores nos legaron monumentos de la fe. Inicialmente los apóstoles y discípulos escribieron el Nuevo Testamento, luego los Padres Apostólicos (Siglo 1). y los Apologistas (Siglo 2). defendieron y expusieron diversos aspectos de la doctrina cristiana. Aparecieron posteriormente las escuelas teológicas, destacándose las de Asia Menor en Edesa (Siglo III); la del Norte de Africa en Cartago da Africa (Siglo 3), de Alejandría (Siglo 4). a la cual pertenecieron los Capadocios, además de otros distinguidos padres, y la de Antioquía (Siglo 5), cuyo más distinguido representante y eminente orador fue San Juan Crisóstomo, el de la boca de oro, que fue llevado al Trono de Constantinopla.

Entra el siglo 10 y el 11, la cristiandad iba a experimentar una de sus más grandes tragedias: El Gran Cisma.

La tesis de Roma, sosteniendo la supremacía de su obispo, la interpolación del "Filioque" (que procede del Padre y del Hijo). en el credo y otros cambios doctrinales y en las prácticas litúrgicas, aparte de razones politices unidos al conflicto entre Oriente y Occidente, llevaron a una profunda ruptura, que culminó en el año 1054.

La desafortunada división de la Cristiandad se complicaría posteriormente, ya que Occidente, a partir del Siglo 16, sufrirla un desmembramiento con motivo de la Reforma, apareciendo así múltiples comunidades protestantes. El cristianismo de Occidente se presentarla entonces enormemente dividido en materias doctrinarias.

Ante este terrible cuadro de cristianos desunidos, la Iglesia Ortodoxa, adolorada por la separación de sus hermanos que reconocen a Cristo como Salvador y Redentor del género humano, reza siempre por la unión de todos en la verdadera fe, transmitida por Nuestro Señor, los Apóstoles y los Padres.

La verdadera Doctrina cristiana, heredada de Cristo y sus apóstoles, fue preservada intacta en el Oriente Cristiano.

La misión natural de la Iglesia es propagar el evangelio y expandir sus fronteras. El privilegio primero de ella es misión y conversión. Es así cómo los primeros Patriarcados, continuando la obra de los apóstoles y discípulos de Cristo, han expandido la verdad cristiana, primero en, los Balkanes: Los Servios, Croatas y Dálmatas fueron convertidos y posteriormente, los eslavos, los moravios, los búlgaros y los ucranianos.

Con el devenir de los siglos otras misiones fueron organizadas y así como se alcanza a China, a Japón, a las tierras nórdicas de Europa, a Alaska, América y el Sur de Africa, donde muchos que no conocían el mensaje de Cristo, lo recibieron con naturalidad y amor.

Originadas por el esfuerzo misionero de los primeros patriarcados, se han establecido iglesias locales, a las que les fue concedida posteriormente autocefalia o autonomía; lo que en ningún caso ha afectado la unidad de la fe, doctrina y sacramentos de la Iglesia. Ellas son: Rusia, Grecia, Servia, Rumania, Georgia, Albania, Bulgaria, Polonia y Monte Sinaí, cada una tiene un Primado y un Sínodo, que asegura su unidad con las otras Iglesias. Los antiguos Patriarcados y estas Iglesias locales existen todavía, sin perder su comunión entre si, ni alterar la unidad de la Iglesia.

Los Cristianos Ortodoxos se encuentran en todos los continentes del Mundo y ascienden aproximadamente a 250000000. No obstante su independencia administrativa y diferencia de idiomas, sea el castellano, portugués, árabe, griego, inglés, chino, eslavo, alemán, japonés, dialectos africanos, hindú, etc., todos tienen las mismas enseñanzas, la misma tradición apostólica, la misma liturgia y sacramentos, servicios y prácticas esenciales. Los fieles que pertenecen a cada una de estas Iglesias locales, no pertenecen en particular a esa Iglesia local, sino a la Iglesia Ortodoxa Universal.

Nuestra Iglesia ha mantenido la cultura, Heleno Cristiana; y el griego y el árabe han sido sus idiomas originales, el segundo en Asia Menor y Egipto, en tanto que el primero en el resto de la cristiandad. El griego fue el idioma en que se escribió la mayor parte del Nuevo Testamento, el que se usó para la prédica de los gentiles, el que usaron los primeros obispos, incluso en Occidente, en Roma y por losmisioneros en Francia e Inglaterra. El verdadero centro de cristianismo fue el Oriente griego y sirio. Varios siglos después Roma usarla el latín, y los rusos, el eslavo.

Después, a partir del siglo 11, al avance de las hordas islámicas (selyúcidas). capturaron la región suroriente del imperio Bizantino, Búlgaros, Servios y Rumanos. Al mismo tiempo los feroces tártaros cayeron sobre los territorios rusos, amenazando la existencia de la civilización oriental y su cristiandad. Aquí la férrea resistencia de la Iglesia y su poder de sacrificio por la fe, tuvo un doble resultado: La Cristiandad Oriental mantuvo su propia existencia y también logró que la cristiandad occidental quedara indemne.

En los siglos 11,12 y 13 occidente organizó siete expediciones militares, llamadas las Cruzadas, cuya intención original era rescatar los lugares Santos de manos del Islam. Este propósito contó con la decidida ayuda de los Emperadores Bizantinos y defensores de la ortodoxia. Pero, además de sus intenciones originales, dado el fanatismo contra la Iglesia Ortodoxa, atacaron las sedes orientales e incluso los mismos Matriarcados, ocupando sus cátedras y, finalmente, no cesaron en volverse contra la propia Capital Bizantina y usurpar el trono imperial. Bizancio volvió después a sus legítimos gobernantes; pero, no obstante ello, y ya debilitados físicamente, en el siglo 15 grupos étnicos y religiosos extraños, subyugaron a los pueblos de la ortodoxia, sin que éstos contaran con la ayuda de occidente.

En el Siglo 19, los ortodoxos, apoyados por la capacidad protectora interior de su Iglesia, se liberaron de la opresión política y religiosa, con la esperanza de una vida libre. En el siglo 20, el materialismo ateo atacarla un baluarte importante de la ortodoxia, Rusia y parte de los Balkanes, pero estos valerosos pueblos han sabido sobrellevar estos ataques y mantener viva la llama inextinguible de la fe, produciendo una legión de mártires contemporáneos, que con valor y sin miedo dieron testimonio de la fe cristiana.

A pesar de haber estado presente en el mundo occidental, el conocimiento de la ortodoxia no es siempre adecuado y las más de las veces entraña prejuicios, particularmente religiosos, culturales y políticos, por falta de información adecuada. Uno de los más comunes, es creerla confinada a las culturas y pueblos que ella tradicionalmente ha animado, otro, es confundirla con elementos no cristianos. Pero especialmente, en el presente siglo, se ha visto como una Iglesia llena de vitalidad y santidad, situada en la continuidad apostólica y expendida por el mundo entero dando testimonio del mensaje preservado en su más prístina pureza, como fue recibida de Cristo, los apóstoles y los Padres. Por esto es que a ella recurren otras denominaciones cristianas, científicos y estudiosos, como la fuente del Cristianismo auténtico y tradicional.

La Ortodoxia no se dedica al proselitismo que va en contra de las denominaciones cristianas, lo que no significa que ella no sea misionera como se ha visto a través de su historia. La caridad y el entendimiento mutuo han de ser principios comunes a todos los cristianos, cualquiera que sea la iglesia, comunidad o denominación a la que pertenezcan. La Iglesia Ortodoxa no olvida el famoso cántico a la caridad, de insuperable belleza, que fue escrito por aquel escogido instrumento del Señor, el santo apóstol Pablo:

"La caridad es paciente, es benigna y sin envidia. La caridad no es jactanciosa, ni se engríe, no es injuriosa, ni busca su propio Interés, no se deja llevar de la ira; olvida y perdona, no se alegra de la maldad, sino que se complace en el bien, todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. La caridad no deja de existir jamás" (1 Cor 13:4-8).

El proselitismo entre cristianos, es contrario a la caridad y aumenta más y más las diferencias existentes entre las diversas denominaciones, las que deberían ser reducidas y reemplazadas por un entendimiento mutuo, basado en el Cristianismo original, especialmente en los difíciles tiempos que hoy afrontan.

La Ortodoxia, fe mayoritaria del mundo cristiano oriental, donde la doctrina, la tradición y la liturgia del cristianismo han tenido su origen, está consciente de los tesoros que posee y se los brinda a Occidente, que no los conoce o que recientemente comienza a descubrirlos.