Monday, February 24, 2020

Sobre el ayuno ( San Paisie de Neamt )

El ayuno que yo llamo el comer un poco una vez al día. Levantarse de la mesa cuando uno se queda con hambre, teniendo comida, pan y sal, y el agua, que las mismas fuentes dan como fruto. He aquí el camino real para recibir el alimento; esto es, muchos han sido salvados por este camino, pues los Santos Padres lo han dicho. Abstenerse de comer durante un día, dos, tres, cuatro, cinco, o una semana, eso no lo puede hacer siempre un hombre. Pero, así como cada día, siempre se puede comer pan y beber, también, habiendo comido, uno debería no saciarse, para que el cuerpo sea sometido al espíritu y sea capaz de trabajar y ser sensible a los pensamientos, y así las pasiones del cuerpo serán conquistadas. 
 
El ayuno completo no puede mortificar las pasiones corporales, así como la poca alimentación sí las mortifica. Algunos ayunan durante algún tiempo y luego se entregan a los alimentos placenteros, otros muchos comienzan el ayuno más allá de sus fuerzas con otras severas labores y luego se debilitan por la falta de medida y el descontrol de esta labor, y buscan alimentos apetecibles y descanso para el fortalecimiento del cuerpo. Obrar de esta forma significa construir y luego volver a destruir, ya que el cuerpo, por medio de la dureza del ayuno anhelará alimentos apetecibles y consuelo, y los alimentos apetecibles avivarán las pasiones. Pero si alguien establece para sí mismo una medida definitiva, como qué cantidad comer cada día, recibirá un gran beneficio. Sin embargo, con relación a la cantidad de comida, uno debe establecer una regla para determinar lo necesario para el fortalecimiento de sí mismo, de la misma forma que cada uno puede establecer cualquier clase de trabajo espiritual. Pero si alguien ayuna más allá de esto, en otro momento se entregará al descanso. La labor ascética según esta medida no tiene precio. 
 
Algunos santos padres también tomaron alimento con medida, y en todo usaron de esto en el momento apropiado, y en todo tuvieron medida, en los trabajos ascéticos, en las necesidades corporales, en las posesiones de sus celdas, y en todo utilizaron esto en el momento apropiado, y todo según una regla definida y moderada. Así pues, los santos padres no obligan a nadie a empezar a ayunar por encima de sus posibilidades para que se debilite. Toma como regla comer cada día, para que puedas abstenerte de forma más firme. Pero si alguien ayuna más allá de esto, ¿cómo se abstendrá más tarde de comer en exceso? No podrá hacerlo de ninguna forma. Tal comienzo inmoderado proviene por la vanagloria o falta de conocimiento, mientras que la continencia es una de las virtudes que ayuda en la subyugación de la carne. El hambre y la sed fueron dadas al hombre para la purificación del cuerpo, para la preservación de los malos pensamientos y de las pasiones lascivas. Comer pobremente cada día es un signo de perfección, como algunos han dicho, y cualquiera que come cada día a una hora determinada no bajará la moral ni sufrirá ningún daño en el alma. 
 
San Teodoro el estudita ensalza a tales personas en su instrucción sobre el viernes de la primera semana del Gran Ayuno, donde cita, confirmando sus palabras, a los santos padres portadores de Dios y al Señor mismo, así también debemos actuar nosotros.

El Señor resistió un ayuno prolongado, al igual que Moisés y Elías, pero solamente uno. Y algunos, mientras suplicaban al Creador, soportaban sobre sí mismos un cierto tiempo de ayuno, pero de acuerdo con las leyes naturales y la enseñanza de la divina Escritura. De la actividad de los Santos, de la Vida de nuestro Salvador, y de las reglas de aquellos que vivieron rectamente, observamos con contundencia que es provechoso y espléndido estar preparados para ser hallados en la labor ascética, en el trabajo y en la constancia; sin embargo no es necesario debilitarse a sí mismo con un ayuno excesivo y tampoco llevar al cuerpo a un estado de inactividad. Si la carne se enardece a causa de la juventud, hay que abstenerse mucho de ella, pero si se es débil, uno debe usarla adecuadamente. Observa y juzga según tu propia debilidad con relación a todo lo que puedes hacer. Para cada uno existe una medida, y el maestro interior es la propia conciencia; nadie puede tener la misma regla y el mismo trabajo ascético, porque algunos son fuertes y otros son débiles. Algunos son como el hierro, otros son como el cobre, mientras que otros son como la cera. Y así, descubriendo cada uno su medida correctamente, tome alimento una vez al día, además de los Sábados, Domingos, y Grandes Fiestas del Señor. Un ayuno moderado y sensible es el fundamento principal de todas las virtudes. Hay que luchar contra el mal como el que lucha contra un león o una serpiente con relación a la enfermedad del cuerpo y la pobreza espiritual. Aquel que desea que su mente esté firme contra los pensamientos impuros debe hacer a su cuerpo más refinado por medio del ayuno.



No es posible, sin el ayuno, servir como sacerdote. Al igual que es indispensable respirar, también lo es ayunar. El ayuno, una vez que ha entrado en el espíritu, aniquila desde lo profundo el pecado que está unido a él. 
 
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Friday, February 7, 2020

La Oración. ( San Serafín De Sarov )


Cuando era tentado por el demonio él ayunaba y oraba sin cesar durante mil días y mil noches, de pie o arrodillado sobre una gruesa piedra plana, o en una cueva cavada bajo su isba, Serafín de Sarov exclamó, como el publicano del Evangelio:
"¡Señor Jesús, ten piedad de mí, pecador!"
Nadie sabrá jamás a qué imágenes horribles, a qué tentaciones, tan sutiles como atroces, respondía ese grito de alarma. Pero Cristo estaba allí. "¿Quién nos separará del amor de Cristo? exclamó san Pablo, ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?.. Por la cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles ni los príncipes, ni potestades, ni el presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro" (Ro. 8-35-38).

Obispo Alexander Mileant
 
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Monday, February 3, 2020

La ilusión es de aquellos Que no practican la Oración de Jesús ( Obispo San Ignacio Brianchanivov )

Existen buenas razones para mirar como error o ilusión el estado interior de esos monjes que, habiendo rechazado la práctica de la Oración de Jesús y el trabajo interior en general, se contentan con oraciones exteriores -asistencia asidua a los servicios de la iglesia y observancia estricta de una regla de oraciones privadas consistente exclusivamente en la recitación de salmos y oraciones vocales.
 
 No podemos dejar de estar imbuidos de sí mismos como lo explica el starets Basilio. Esa es precisamente la señal del espíritu imbuido de sí mismo: aquello que tienen ese defecto llegan a considerarse que llevan una vida de celo, y a menudo, por orgullo, desprecian a los demás. La oración verbal y vocal es ciertamente útil cuando está ligada a la atención, pero esto sólo sucede muy ocasionalmente, pues es sobre todo la Oración de Jesús la que nos enseña a conservar nuestra atención.

Obispo San Ignacio Brianchanivov 
 
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Friday, January 31, 2020

La oración son los ojos y las alas del alma... ( Padre Efraìn de Filoteu )

La oración son los ojos y las alas del alma; nos da la audacia y la fuerza para contemplar a Dios.

Padre Efraìn de Filoteu 

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Saturday, January 25, 2020

Veneración de las Cadenas del Santo Apóstol Pedro.


Versos:
"Veneramos tus honorables cadenas, oh Pedro,
Libérame de las pesadas cadenas de mis delitos".
En el decimosexto veneramos las cadenas de Pedro.

Herodes Agripa, nieto de Herodes el Grande y rey de los judíos, se enojó contra la Iglesia de Cristo y mató a Jacobo, el hermano de Juan el evangelista.
Al ver que esto complacía a los judíos, tomó a Pedro también bajo custodia y lo encerró en la cárcel y lo puso bajo la vigilancia de cuatro grupos de cuatro soldados cada uno. Hizo esto con la intención de mantenerlo allí hasta después de la fiesta de la Pascua, para que pudiera ganarse el favor de la gente presentándolos como una víctima. La misma noche en que Herodes estaba a punto de sacar a Pedro para someterlo a juicio, éste dormía entre dos soldados, sujeto con dos cadenas. Los otros guardias vigilaban la entrada de la cárcel.
De repente apareció un ángel del Señor y una luz resplandeció en la celda. Despertó a Pedro con unas palmadas en el costado y le dijo: "¡Date prisa, levántate!". Las cadenas cayeron de las manos de Pedro.(Hechos 12: 1-19).
Por lo Tanto, estas cadenas que cayeron de las manos de Pedro por la intervención del Ángel, estaban bendecidas.

Debido a esta gracia que poseían, habían (no las cadenas en sí, sino la energía increada de Dios actuando a través de ellas) realizado muchos milagros, y a aquellos que las veneraban con fe eran curados de toda clase de enfermedades. Estas cadenas, para que estuviesen protegidas y no se perdiesen, se las iban pasando entre los cristianos de la zona de generación en generación. Que tales sagrados tesoros obran maravillas y muchas curaciones es atestiguado por las Escrituras divinas, donde San Pablo habla al respecto, diciendo que los cristianos en Éfeso lo respetaban tanto que algunas de sus vestimentas (Pañuelos y Mandiles), tomados con mucha reverencia, curaban a los enfermos sus males: " de tal manera que aun se llevaban a los enfermos los paños o delantales de su cuerpo, y las enfermedades se iban de ellos, y los espíritus malos salían. " (Hechos 19:12).
Pero no solo la vestimenta de los apóstoles (que ciertamente tocaron los cuerpos de los enfermos), sino que solo su sombra realizó curaciones. “tanto que sacaban los enfermos a las calles, y los ponían en camas y lechos, para que al pasar Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos". (Hechos 5:15). La Iglesia Católica Ortodoxa aprendió a mostrar reverencia y piedad no solo a las reliquias de sus cuerpos, sino también a las vestimentas de los santos de Dios.


Durante tres siglos, las cadenas se mantuvieron en Jerusalén. El patriarca Juvenal (2 de julio) presentó las Cadenas a Eudocia, esposa del emperador Teodosio el Joven, y ella a su vez las trasladó de Jerusalén a Constantinopla en el año 437 (o 439).
Eudocia envió una Cadena a Roma a su hija también llamada Eudocia (la esposa de Valentiniano), quien construyó una iglesia en la colina Esquilina dedicada al apóstol Pedro y colocó las cadenas en ella. Había otras Cadenas en Roma, como las que habían atado al Santo durante sus nueve meses de prisión en la prisión de Mamertine cerca del Foro, con las cuales el Apóstol Pedro fue encadenado antes de su martirio bajo el emperador Nerón. Éstas también fueron colocadas en la iglesia.
Arator, subdiácono de la Iglesia romana en el siglo sexto, escribió que las cadenas con las que Pedro estaba atado en Jerusalén, o ciertamente algunas de ellas, se conservaron en Roma en su época, y en consecuencia la veneración de las cadenas de Pedro aumentó considerablemente.
Según la leyenda, la emperatriz Eudoxia obsequió las cadenas al papa (lo equivalente a patriarca en el oeste, con validez eclesiástica hasta 1054) León I. Cuando éste comparó las cadenas con las del primer encarcelamiento de San Pedro, y luego se unieron milagrosamente. Actualmente, estas se encuentran guardadas en un relicario bajo el altar principal de la basílica.

Debido a este milagro, la emperatriz Eudocia construyó la Basílica de San Pedro en Cadenas (San Pietro in Vincoli), y la dedicó al apóstol en el año 442. Esta basílica es conocida por albergar el mausoleo del papa Julio II, con la famosa escultura Moisés, de Miguel Ángel.
Esta iglesia, que ha sufrido múltiples renovaciones, reúne en su interior tres ábsides divididos por columnas de estilo dórico. Además, está formado por una planta de dos naves, la nave central cuenta con un techo panelado del siglo XVIII, donde se muestra el Milagro de las cadenas, hecho por Giovanni Battista Parodi en 1706.
Las obras y esculturas que se encuentran en el interior de la basílica, son visitadas constantemente por los turistas.


Dos milagros de las Cadenas del Santo Apóstol Pedro.

1. Cuando Constantino el Grande se convirtió en emperador de Roma y puso fin a las persecuciones contra la Iglesia, los cristianos de Roma juntaron las reliquias del apóstol Pedro junto con las cadenas que lo mantuvieron en prisión en Roma, y construyeron un templo en su honor. Las Cadenas fueron muy veneradas por los fieles, porque así como la sombra del apóstol obraba milagros, también lo hicieron las Cadenas que lo sostenían. Las reliquias del apóstol Pedro fueron colocadas en un trono en un área oculta del templo para evitar su robo, y este área solo se abría tres veces al año para que los cristianos fueran a venerar al apóstol sentado en su trono.

Alrededor de este tiempo, un hombre fue al entonces Papa ortodoxo de Roma para confesar un pecado que agobiaba su alma. El Papa escuchó su confesión y le dio una penitencia para ser liberado de la carga de su pecado; tendría que estar encadenado con las pesadas cadenas de Pedro alrededor de su cuerpo y caminar por toda la iglesia siete veces. Después de completar su séptima caminata, debía ir a la cámara oculta que contenía las reliquias santas de San Pedro y golpear con la cabeza la puerta cerrada. Si la puerta se abría sola, esto sería una señal de que el pecado del hombre le había sido perdonado. El hombre hizo lo que se le dijo en humilde obediencia y llamó a la puerta de la cámara con la cabeza, y para su gran asombro y gratitud, la puerta cerrada se abrió sola. Este milagro se hizo famoso en todas partes y desde entonces a todos los que acudieron al Papa para confesarse se les prescribió la misma penitencia para la curación de sus almas.

2. Un día, un hombre que trabajaba en barcos como comerciante cayó en una gran tragedia que lo dejó pobre y lo hizo perder todas sus posesiones. Al llegar al punto en que no tenía los medios para vivir, oró a San Pedro para que le prestara el zapato de oro que se colocó en la reliquia de su pie en su iglesia. Le prometió al apóstol que si le concedía este préstamo, una vez que estuviera económicamente liquidado, regresaría de su viaje con un zapato de oro más honorable que el primero. Luego le pidió permiso a San Pedro para que inventara una mentira para confesarse con el Papa y, por lo tanto, estar atado a las cadenas para caminar alrededor de la iglesia siete veces, y de allí para proceder a la cámara cerrada que contenía sus reliquias y que la puerta se abriera para que él pudiera recibir el zapato dorado.

Entonces el hombre se dirigió a la Iglesia del Apóstol Pedro en Roma y confesó un pecado que no cometió. Como era su costumbre, el Papa colocó al hombre las cadenas del apóstol Pedro y caminó siete veces por todo el perímetro de la iglesia. Desde allí se dirigió a la cámara y con la cabeza llamó a la puerta cerrada. Las cadenas (de la puerta) de una manera milagrosa se cayeron de la puerta y él se dirigió al trono del apóstol Pedro sobre el cual descansaban sus sagradas reliquias. Luego, de manera maravillosa, el apóstol inclinó una de sus piernas hacia el hombre para darle su zapato de oro. El hombre, lleno de gratitud, tomó el zapato y salió de la iglesia. Las puertas de la cámara volvieron a cerrarse y nadie supo lo que sucedió hasta que llegó el momento de abrir la puerta de la cámara con motivo de la celebración de una de las tres fiestas en las que a todos se les permitía ir a venerar al apóstol. Cuando el Papa vio que le faltaba el zapato de oro al pie de San Pedro, se sintió profundamente afligido por haber sido engañado, pero también sabía que esto no podría haber sucedido a menos que el Señor y San Pedro lo hubiesen permitido, por lo tanto, consideró la circunstancia como algo hecho por la voluntad de Dios. A cambio tenía otro zapato de oro hecho como el primero y colocado al pie de San Pedro.

Mientras tanto, el hombre que había caído en la tragedia y le fue otorgado por San Pedro el préstamo de su zapato dorado, fue bendecido financieramente. Se hizo muy rico, pero también muy codicioso. Al enterarse de que el Papa reemplazó el zapato de oro prestado por otro, el hombre consideró que ya no necesitaba cumplir su voto. Esa noche, sin embargo, San Pedro se le apareció al hombre y le recordó su deuda.


Por lo tanto, el hombre se apresuró a tener un zapato de oro hecho para cumplir su voto. Con su zapato de oro en mano, el hombre fue al Papa y le confesó su pecado. Le colocaron las cadenas y le obligaron a caminar todo el perímetro de la iglesia siete veces, después de lo cual se dirigió a la cámara cerrada para tocar la puerta con la cabeza. La puerta de la cámara se abrió milagrosamente y al hombre perdonado se le permitió entrar a la cámara privada y venerar las reliquias. Tomó el zapato que el Papa había hecho recientemente del pie del santo y lo reemplazó con el zapato de oro que había hecho. Cuando esto se hizo, tuvo lugar otro milagro: los dos pies del apóstol se abrieron un poco, como si le ordenaran colocar el tercer zapato dorado entre sus otros dos pies. Cuando esto se hizo, el hombre se fue, habiendo pagado su deuda y con su pecado perdonado.


Apolitikio tono 4


Sin salir de Roma, viniste a nosotros por las cadenas honorables que llevabas, oh principal de los apóstoles. Y venerándolas con fe, rezamos: Por tus intercesiones con Dios, concédenos una gran misericordia.

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Ahora Cristo Dios, la Roca, glorifica la roca de la fe, ilustremente, al llamar a todos a celebrar las temibles maravillas de las Cadenas más honorables de Pedro, el primer y principal de los discípulos de Cristo nuestro Dios, Quien concede el perdón de los pecados a todos.
 
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Monday, January 13, 2020

Oración al Arcángel San Miguel

Oh San Miguel, gran arcángel de Dios, primero entre los ángeles, tú que estás ante la inefable y trascendente Trinidad, servidor y protector del género humano, que con tus huestes aplastaste la cabeza del orgulloso Lucifer en el cielo, y que cubriste para siempre de vergüenza su malicia y sus designios, a ti acudimos con fe y te pedimos con amor que seas un escudo indestructible y una muralla firme para tu Santa Iglesia y para nuestra patria, protegiéndolas de todos los enemigos visibles e invisibles con tu espada resplandeciente. Sé un guía y un ángel guardián para nuestras autoridades civiles, concediéndoles la iluminación y el poder, el júbilo y la paz y el consuelo que viene del trono del Rey de Reyes. Sé un gobernante y un compañero invencible para nuestras fuerzas armadas, amigas de Cristo, coronándolas de gloria y victoria sobre el enemigo para que todos los que se oponen a nosotros sepan que Dios y sus santos ángeles están con nosotros. No nos prives de tu ayuda y asistencia, pues glorificamos tu santo nombre en este día, oh arcángel de Dios, pues aunque seamos grandes pecadores no queremos perecer en nuestras iniquidades, sino volvernos hacia Dios y ser vivificados por Él para cumplir buenas obras. Por eso te suplicamos que ilumines nuestra inteligencia con la luz del Rostro de Dios que brilla siempre frente a ti como el rayo, para que podamos comprender que la voluntad de Dios es para nosotros buena y perfecta y para que sepamos lo que debemos hacer y lo que debemos desdeñar y huir. Por la gracia del Señor da fuerza a nuestra débil voluntad para que, reafirmados en la Ley del Señor, podamos así dejar de ser sacudidos por los pensamientos terrestres y por los combates de la carne, que dejemos de ser distraídos como los niños sin razón por las bellezas perecederas de este mundo, olvidando en nuestra locura las cosas eternas y celestiales, por amor a lo que es corruptible y terrestre. Y por encima de todo pide para nosotros un verdadero espíritu de arrepentimiento venido de lo alto, una tristeza en Dios que no sea fingida y la contrición por nuestros pecados, a fin de que podamos pasar el número de los días que nos quedan en esta vida transitoria, no en los placeres de nuestros sentidos y en la esclavitud de nuestras pasiones, sino borrando más bien por nuestras lágrimas de fe y contrición de corazón, con nuestros combates por la pureza y las santas acciones de misericordia, las malas acciones que hemos llevado a cabo. Y cuando se aproxime la hora de nuestro reposo y de nuestra liberación de las ataduras del cuerpo, oh santo arcángel de Dios, no nos dejes sin defensa contra los espíritus malignos en los lugares elevados, espíritus que quieren impedir la ascensión del alma humana al cielo. Que, protegidos por ti, alcancemos sin trabas las gloriosas moradas del Paraíso, donde no hay pena ni suspiros, sino la Vida Eterna, y que nos sea concedido el contemplar el Rostro radiante de nuestro Maestro Benefactor y Señor, y rendirle gloria junto con el Padre y el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.


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Saturday, January 4, 2020

La Santa Cruz y la Santa Comunión, armas contra el maligno.( San Anastasio el Sinaita )

“No te presentes ante nosotros, los cuatro brujos, sin haber comulgado antes y sin llevar una cruz atada al cuello”.

A un hombre muy virtuoso y con un puesto importante en la Babilonia egipcia, no hace muchos años le encomendaron hacerse cargo de las prisiones. Siendo una persona muy generosa, nuestro hombre se mostró siempre abierto y compasivo con los reclusos. No es necesario escribir aquí su nombre, porque aún vive. Él mismo nos relató lo siguiente, insistiendo una y otra vez en que todo lo ocurrido fue real:

«Un día, luego de que un grupo de hechiceros fue enviado a prisión, me acerqué a su celda para interrogarlos por separado, como suele hacerse en los reclusorios, haciendo constar por escrito cada una de las cosas que dijeran. Uno de ellos, el más anciano de todos, viendo mi discernimiento y cómo me comportaba indulgentemente con todos los presos, me llevó aparte y me dijo, en el idioma de Tebas: “Te imploro, por Dios, quien fue el que nos puso en tus manos, que no te presentes ante nosotros, los cuatro brujos, sin haber comulgado antes y sin llevar una cruz atada al cuello. Mis camaradas son personas muy malas y quieren hacerte daño. Pero, si haces lo que te digo, ni ellos, ni nadie más podrá dañarte”.»

Si los demonios y los hechiceros dan testimonio de lo anterior, está claro que más viles son aquellos que no confiesan a Cristo y los que blasfeman a cada instante en contra de la Cruz, y por esa Cruz es que nos castigan. ¿A quiénes me refiero? A los enemigos de la Cruz (los árabes, que en ese entonces perseguían a los cristianos), cuyo final es la perdición (Filipenses 3, 18-19), de acuerdo a lo que Dios nos dice por medio del Apóstol Pablo.

San Anastasio el Sinaita
 
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