Sunday, March 1, 2015

San Ambrosio de Optina


 

Conmemorado el 10/23 de octubre

En la historia de Rusia, como en la historia del mundo, hay santos que sirven como “baluartes”, por así decirlo, en el camino hacia lo Más Alto. Justamente, uno de estos fue San Ambrosio de Optina, cuya memoria se celebra el 10/23 de octubre.

El futuro gran staretz (o anciano espiritual) de Optina, el hieromonje Ambrosio, nació el 4 de diciembre de 1812, en la ciudad de Gran Lipovitsa, en el gubernia (1) de Tambov, en la gran familia de Mijail Feodorovich Grenkov, un sacristán, y su mujer, Marta Mikolaevna. A los doce años, sus padres lo inscribieron en la Escuela Espiritual de Tambov, y tras graduarse en 1830, entró en el Seminario Espiritual de Tambov. Completó con éxito sus estudios en seis años (2), pero Alexander no entró en la Academia espiritual, ni se convirtió en sacerdote. Durante un tiempo fue tutor de la familia de cierto terrateniente, y más tarde, instructor en la Escuela Espiritual de Lipetsk.

A la edad de veintisiete años, atormentado por el remordimiento de conciencia a causa de la promesa que había hecho a Dios en el último año de seminario (ser tonsurado como monje si se recuperaba de una grave enfermedad), Alexander Mikhailovich, sin ni siquiera pedir permiso a las autoridades diocesanas, huyó en secreto al Hermitage de Optina, que en aquel tiempo era una “columna de fuego en la profunda oscuridad de la noche, y que atraía a los que, de alguna forma, buscaban la luz”.

Por tradición, este monasterio, a tres verstas (sobre 4 kilómetros) de la ciudad de Kozelsk, rodeada en tres flancos por impenetrables bosques vírgenes, y por el cuarto flanco, por el río Zhidra, había sido fundado por un ladrón arrepentido llamado Opta, un compañero de armas de Ataman Kudeyar (3). En la base de la vida de este monasterio se observaban estrictamente tres reglas: una estricta vida monástica, la preservación de los votos de pobreza, y la constante lucha por obrar en la verdad, en completa vigilancia por el respeto a las personas. Los que vivían allí eran grandes luchadores de la piedad y grandes hombres de oración, que rezaban por la Rusia ortodoxa. Alexander Mikhailovich llegó allí, se podría decir, en pleno florecimiento del monasticismo de Optina, cuando moraban allí grandes pilares como el higumeno Moisés, y los padres Leo y Macario.

En abril de 1840, aproximadamente un año después de llegar a Optina, Alexander Mikhailovich Grenkov se convirtió en monje. Se unió activamente en la vida diaria del monasterio: preparaba levadura, horneaba panecillos, y fue el ayudante de cocina durante un año. Tras dos años fue tonsurado con el mantia (4) y se le dio el nombre de Ambrosio. En 1845, tras cinco años de vida en el monasterio de Optina, Ambrosio, de 33 años, ya se había convertido en un hieromonje.

Su salud se deterioró considerablemente en aquellos años, y en 1846 se vio obligado a retirarse, pues era incapaz de cumplir sus obediencias, y puesto entre las personas que eran sustentadas por el monasterio. El estado de su salud pronto se volvió tan complicado que todos esperaban su muerte, y según una antigua costumbre rusa, el padre Ambrosio fue tonsurado con el esquema. Pero los caminos del Señor son inescrutables: en dos años (inesperadamente para muchos), el enfermo comenzó a recuperarse considerablemente. Como él mismo decía más tarde: “En un monasterio, los enfermos no mueren pronto, mientras las enfermedades les aporten beneficios reales”.

El Señor adiestró el espíritu del futuro gran staretz (5) por las enfermedades corporales. Fue especialmente importante su asociación con los padres Leo y Macario que, previendo en Ambrosio a un vaso elegido por Dios, no podían hablar de él de otra forma: “Ambrosio será una gran persona”. Mientras escuchaba los sabios consejos del padre Leo, estaba muy unido al mismo tiempo al anciano Macario. A menudo conversaba con él, abriéndole su alma y recibiendo consejo que era tan importante para él, y lo ayudó en la labor de publicar libros espirituales. El joven asceta había encontrado lo que su alma sedienta buscaba. Escribió a sus amigos sobre la felicidad espiritual que se abría para él en el Monasterio de Optina.

“Así como todos los caminos que conducen a la cima de una montaña se reúnen en lo más alto, así también en Optina (esta cima espiritual), estos elevados podvig (6) espirituales de “actividad” interior, se reunieron juntos para servir al mundo en la plenitud de sus necesidades mundanas y espirituales”. La gente acudía a los ancianos para buscar consuelo, salud y consejo… La gente que se había envuelto en sus circunstancias mundanas o filosóficas venían a los ancianos, y era a Optina donde los sedientos de la gran verdad espiritual acudían, donde cada persona saciaba su sed en esta “fuente de agua viva”. Los prominentes pensadores de aquel tiempo, filósofos y escritores, venían allí más de una y dos veces: Gogol, Alexei y Lev Tolstoy, Dostoievski, Vladimir Soloviev, Constantine Leontiev… es imposible contarlos a todos. Para un ruso, un staretz es un hombre enviado por Dios mismo. En palabras de F. M. Dostoievski: “Para un alma rusa, cansada por el trabajo y el dolor, por la injusticia constante y el pecado constante, tanto por el propio como por el del mundo, no hay mayor consuelo como encontrar un santuario o a un santo, caer ante él e inclinarse ante él. Si tenemos pecados, mentira, o tentación, hay sin embargo en la tierra, en algún lugar, un santo o alguien elevado espiritualmente, y él, por el contrario, tiene la verdad. Esto significa que la verdad no muere en la tierra, y en consecuencia, significa que vendrá a nosotros también en algún momento, y reinará en toda la tierra, como se prometió” (7).



Por la providencia de Dios, fue Ambrosio el que estaba destinado a convertirse en uno de los lazos en la línea de los catorce ancianos de Optina: tomó el lugar del anciano Macario tras la muerte de este, y durante el transcurso de 30 años asistió las necesidades espirituales de las almas sufrientes.

El staretz Ambrosio apareció en el monasterio de Optina y mantuvo la atención de los círculos exclusivamente intelectuales justo en el momento en el que esta intelectualidad era atrapada por el pensamiento filosófico occidental. Él mismo, estando en un tiempo en el alma de la sociedad, y habiendo amado todo lo mundano (cantaba y bailaba bien), y para quien un “monasterio era sinónimo de una tumba”, entendió mejor que nadie la búsqueda de la intelectualidad espiritual, y por su propia vida testificó el hecho de que el camino que había elegido era el ideal de aquella felicidad por la que todo el mundo debería esforzarse.

Ciertas son las palabras: “Mi gracia te basta, pues en la flaqueza se perfecciona la fuerza” (2ª Corintios 12:9). A pesar de sus sufrimientos físicos, que lo mantuvieron postrado en cama todo el tiempo, el anciano Ambrosio, que en aquel tiempo ya poseía una multitud de dones espirituales (clarividencia, sanación, el don de la exhortación espiritual y otros…), recibía a multitudes de personas todos los días y respondía a docenas de cartas. Tal gigantesca labor no podía ser realizada por la fortaleza humana, y así, se hacía manifiestamente presente su divina gracia vivificadora.

Entre los dones espirituales del anciano Ambrosio, que atraían a miles de personas a él, debemos mencionar en primer lugar su clarividencia: penetraba profundamente en el alma de una persona que hablaba con él y la leía como un libro abierto, sin necesidad de la admisión de la persona. Pero la caridad era simplemente su requisito: el anciano Ambrosio distribuía generosamente limosnas y demostraba una gran preocupación personal por las viudas, los huérfanos, los enfermos y los que sufren.

En los últimos años de la vida del anciano, y con su bendición, se construyó el monasterio de mujeres del Icono de Kazan, a 12 verstas (8) del monasterio de Optina, en la aldea de Shamordino. El orden y la armonía del monasterio fueron establecidos por el mismo anciano Ambrosio, y tonsuró a muchas hermanas del monasterio con sus propias manos. A finales de 1890, el número de monjas del monasterio había ascendido a 1000, pues tenía un orfanato, una escuela, un hospicio y un hospital.

Fue en Shamordino donde el anciano Ambrosio estaba destinado a encontrar la hora de su muerte, en octubre de 1891, a la edad de 79 años.

Enseñanzas y aforismos del anciano Ambrosio:
Deberíamos vivir como una rueda que gira constantemente, tocando la tierra en un solo punto, mientras todo lo demás se dirige hacia arriba.
¿Por qué la gente es mala? Porque olvidan que Dios está en ellos.
Si hacéis algo bueno, deberíais hacerlo sólo para Dios, y no deberías poner ninguna atención cuando la gente es ingrata.
La verdad es dura, pero es lo que Dios ama.
Para vivir, no te aflijas, no critiques, no irrites a nadie, y para todos, ten estima.
El que nos reprocha que nos da un regalo, pero nos alaba, nos roba.
Se debe vivir sin hipocresía, y dar a todos ejemplo; entonces nuestro trabajo será seguro, pues de otra forma se volvería pobre (9).
La hipocresía es peor que la incredulidad.
No os humilláis (10) a vosotros mismos, y a causa de esto no tenéis ninguna paz.
Nuestro amor propio es la raíz de todos los males.

Olga Glagoleva
Notas
Gubernia: antigua división geográfica y administrativa de Rusia.
El tiempo normal para la educación superior o universitaria en la Rusia de entonces. La Academia Espiritual era el siguiente paso.
Ataman Kudeyar era el cabecilla de una banda de ladrones (Ataman es el título cosaco para caudillo), sobre la que se escribió una canción popular rusa titulada “Leyenda de los Doce Ladrones”. Kudeyar y su banda vivían en los bosques, robando y asesinando a gente cristiana, hasta que la conciencia de Ataman se despertó y se convirtió en monje en el monasterio de Solovki; así lo cuenta “el honorable monje Pitirim” al compositor.
El manto o capa monástica.
Staretz: anciano, no sólo en edad, sino en sabiduría y experiencia espiritual, en humildad y amor. A un staretz, Dios le concede dones por su luchas: sabiduría, clarividencia, sanación.
Podvig: lucha o hazaña espiritual
Los hermanos Karamazov.
7,9548 millas.
De “Viviendo sin hipocresía: Consejos espirituales de los Santos Padres de Optina”, traducido al inglés por el obispo George Schaefer.
También significa: “resignarse uno mismo” (a la voluntad de Dios).

http://cristoesortodoxo.com/2014/10/23/san-ambrosio-de-optina/

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