"El hombre verdaderamente misericordioso no sólo da la ayuda a que está obligado, sino que soporta con alegría la injusticia que los otros le infligen y les perdona. Es verdaderamente misericordioso aquel que sacrifica su alma por su hermano y no aquel que, por medio de la limosna, es caritativo con él".
San Isaac el Sirio
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El Señor no nos reprocha el goce de los bienes terrenales. El dijo que, dada nuestra situación en la tierra, nosotros tenemos necesidad de ellos a fin de dar tranquilidad a nuestras existencias y tornar más cómodo y fácil el camino hacia nuestra patria celestial. Y el Apóstol Pedro estimó que no hay nada mejor en el mundo que la piedad unida a la alegría. La Santa Iglesia ora para que esto se nos dé. Pese al hecho de que las penas, las desgracias y las necesidades sean inseparables de nuestra vida en la tierra, el Señor no quiso jamás que las inquietudes y las miserias constituyan toda la trama. Es por eso que, por boca del Apóstol, El nos recomienda llevar la carga unos de los otros a fin de obedecer a Cristo, quien personalmente nos dio el precepto de amarnos mutuamente. Reconfortados en este amor, la marcha dolorosa sobre el camino estrecho que conduce hacia nuestra patria celestial nos será facilitado. No descendió el Señor del cielo para ser servido, sino para servir y dar Su vida por la redención de una multitud (Mt. 20,28; Mc. 10,45). Actuad de la misma forma, amigo de Dios y, consciente de la gracia de la que habéis sido visiblemente el objeto, comunicadla a todo hombre que desea su salvación.
San Serafín de Sarov
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Si en el momento en que la mente esta orando es distraída por un pensamiento extraño o se preocupa por algo, entonces esa oración no puede llamarse pura.
San Isaac el Sirio
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En tanto ores con toda tu alma por aquél que te ha injuriado, asi Dios revelará la verdad a los que han creido al difamador.
San Maximo el Confesor
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"Déjate perseguir, pero tú no persigas. Déjate crucificar, pero tú no crucifiques. Déjate ofender, pero tú no ofendas. Déjate calumniar, pero tú no calumnies… Alégrate con los que se alegran y llora con los que lloran: este es el signo de la pureza. Ten pena con los que sufren. Derrama lágrimas con los pecadores. Goza con los que se arrepienten. Sé amigo de todos, pero en tu interior permanece solo".
San Isaac el Sirio
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En consecuencia, el verdadero objetivo de nuestra vida cristiana está en la adquisición de este Espíritu de Dios; en tanto que la plegaria, las vigilias, el ayuno, la limosna y las otras acciones virtuosas, hechas en Nombre de Cristo, no son sino medios para adquirirlo.
San Serafin de Sarov
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Señor eterno, Creador de todas las cosas, Tú que me has llamado a esta vida en tu inexorable bondad, que me has dado la gracia del bautismo y el sello del santo Espíritu. Tú que me has dado la gracia del deseo de buscarte, tú, el único Dios verdadero, escucha mi oración:
Mi Dios, no tengo vida, luz, alegría, sabiduría y fuerza sin ti. Pero tú has dicho a los discípulos “todo lo que pidan en la oración si creen lo obtendrán".
Por eso me permito suplicarte:
Purifícame de toda corrupción de la carne y del espíritu.
Enséñame a orar.
Bendice este día que has dado a este indigno siervo tuyo.
Permíteme, con el poder de tu gracia, hablar y trabajar incesantemente por tu gloria en un espíritu de pureza, humildad, paciencia, amor, bondad, paz, coraje y sabiduría, teniendo conciencia de tu Presencia sin fin.
Señor Dios, por tu infinita bondad, muéstrame el camino de tu voluntad y hazme digno de continuar mi camino sin pecado.
Conocedor de los corazones, Señor, Tú conoces todas mis faltas. Tú conoces mi ceguera y mi ignorancia. Tú conoces la debilidad y la corrupción de mi alma. Y tampoco son desconocidos para ti mi dolor y mi angustia. Escucha mi súplica y enséñame con tu Espíritu santo el camino a seguir.
Dame, con el poder de tu amor, la gracia de perseguir el bien.
Custódiame de toda palabra o acción que pueda corromper a mi alma y de todo acto interior y exterior que no sea agradable a ti y nocivo para mi hermano. Enséñame cómo tengo que ver y cómo tengo que hablar. Si es tu voluntad el no responderme, dame un espíritu de pacífico silencio que esté privado de amargura y de peligro para con mi hermano.
Enséñame tus preceptos y hasta mi último respiro no permitas que pueda salirme de la luz de tus mandamientos, hasta que tu ley no se vuelva la única ley de mi existencia, tanto en esta tierra como en la vida eterna.
Libérame de mi dolor y de mi miseria y no me ocultes el camino de la salvación. En mi locura, mi Dios, por muchas y grandes cosas te ruego. Conociendo mi maldad, mi debilidad y mi vileza te grito: ten piedad de mí.
No me eches de tu presencia por mi arrogancia.
Dame y has crecer, en mí, el poder amarte según tus mandamientos, con todo mi corazón, con toda mi alma, con toda mi mente, con toda mi fuerza y con todo mi ser.
Dios mío, enséñame la justicia y el conocimiento de tu santo Espíritu.
Dame el conocimiento de tu verdad antes de abandonar esta vida.
Aumenta los días de mi vida hasta que pueda ofrecerte un arrepentimiento sincero. Y cuando con tu beneplácito llegue el fin de mi vida, hazme conocer a tiempo la hora de mi muerte, así mi alma podrá estar bien dispuesta para encontrarte. Y quédate conmigo, Señor, en aquella hora terrible y dame la alegría de tu salvación. Purifícame de todo pecado público y oculto y de toda iniquidad escondida en mí y dame una buena defensa para cuando esté ante tu terrible trono.
Mi Dios, según tu gran misericordia y tu filantropía inconmensurable, escucha mi súplica. Amén.
Catecismo Ortodoxo
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