Saturday, March 17, 2018

Las sabias palabras del anciano.. ( San Antonio el Grande )

Unos hermanos de Escete quisieron visitar al padre Antonio. Cuando se embarcaron para realizar el trayecto, encontraron a un anciano que también quería ir allí; pero los hermanos no le conocían. Sentados en el barco, conversaban sobre las palabras de los padres, sobre las de la Escritura, y también sobre sus trabajos; el viejo callaba. 
Cuando llegaron al ancladero, se dieron cuenta de que también el viejo iba a ver al padre Antonio. Cuando llegaron donde él, les dice el padre Antono: 
"Habéis encontrado una buena compañía en este anciano." Y el anciano: "Padre, te has encontrado con buenos hermanos." Y responde el anciano: "Buenos lo son; pero su patio no tiene puerta y el que quiera puede entrar en el establo y desatar el asno." Pretendía decir que hablaban de cualquier cosa que les viniera a la boca."


San Antonio el Grande
 
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Wednesday, March 14, 2018

Penitencia es acordar con Dios una nueva vida. ( La Santa Escala de San Juan Clímaco )

Penitencia es un modo de renovar el santo Bautismo. Penitencia es acordar con Dios una nueva vida. Penitente es el hombre que compra humildad. Penitencia es repudio perpetuo de todo consuelo corporal. Penitente es aquel que permanentemente se está acusando y condenando, el cual tiene un corazón descuidado de sí mismo por el continuo cuidado de satisfacer a Dios. Penitencia es hija de la esperanza y destierro de la desesperación. Penitente es el reo que está libre de confusión por la esperanza que tiene en Dios. Penitencia es reconciliación con el Señor, mediante la buena obra opuesta al pecado. Penitencia es purificación de la conciencia. Penitencia es sufrimiento voluntario de toda pena. Penitente es el artífice de su propio castigo. Penitencia es una fuerte aflicción del vientre, y una vehemente aflicción, y un gran dolor del alma.

La Santa Escala de San Juan Clímaco 
 
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Sunday, March 11, 2018

Dios quiere que el alma sea sencilla... ( San Paisos de Athos )


Dios quiere que el alma sea sencilla sin dudas, ni preguntas. Que sea infantil, y que sea como el de una criatura que espera todo de sus padres. Por eso el Señor dijo: "Si no se vuelven y son como niños pequeños, no pueden entrar al Reino Divino." Es menester pedirle ayuda a Dios con toda simplicidad, confesarle nuestra debilidad, y así podremos liberarnos de toda preocupación sobre nosotros mismos. Como la sombra sigue al cuerpo, así a la fe y a la sabiduría humilde le sigue la misericordia Divina.

San Paisos de Athos

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Wednesday, March 7, 2018

El amor a Dios se profundiza en la meditación de las verdades de la fe ( San Basilio el Grande )

Pues es necesario y útil, que cada uno aprenda la Divina Escritura, para saber como permanecer en la piedad y no acomodarse a las filosofías humanas, porque es imposible comenzar algo con ligereza y querer inmediatamente obtenerlo sin meditación, sin un continuo y atento ejercicio. Conocemos a Dios mediante la iluminación del Espíritu Santo, que es como el sol, ilumina las cosas de Dios, abriendo el ojo puro (el conocimiento), a la imagen de Dios invisible. Con su gracia el Espíritu Santo eleva también nuestro corazón hacia Dios; a los débiles El los sostiene, como una poderosa mano; y a aquellos que caminan por el camino de la santidad, El, aun mejor los perfecciona. El Espíritu Santo, purificando con su gracia a los limpios de la mancha del pecado, los espiritualiza.

Como el claro rayo del sol, refleja así a los corazones limpios; iluminados por el Espíritu Santo, ellos se transforman en espirituales y también, a los demás, les participan de esa espiritualidad. Un corazón espiritualizado llega al don del entendimiento de los misterios de Dios, al conocimiento de los misterios secretos, con el recibimiento de los dones espirituales, la ciudadanía celestial, la participación a los coros angélicos, a la felicidad eterna, a la unión con Dios y finalmente nuestra semejanza con El; es decir, nuestra civilización, que es el cumplimiento de la ascética cristiana.

¿Qué más milagroso que la belleza de Dios? ¿Qué más dulce que meditar sobre la grandeza de Dios? ¿Puede existir en el corazón algo más fuerte y más profundo sentimiento que el que Dios infunde en un alma purificada de todo pecado, para que el alma sienta todo lo que surge de estas palabras? Yo con amor exijo. En verdad es imposible narrar o describir el rayo de la belleza de Dios.

Para los ojos humanos esta belleza es inaccesible, solamente el conocimiento y el alma pueden alcanzarla. Cuando esta belleza iluminaba a los santos, entonces, dejaba en el alma de ellos una insaciable sed. Aquellos a los cuales el amor de Dios tocó y colmó no pudieron contener su ímpetu amoroso. Llenos del deseo de contemplación de la belleza de Dios, ellos rogaban que su contemplación divina se prolongara por toda la eternidad.

Con atenta y profunda meditación sobre la grandeza de la gloria de Dios, con profundidad de pensamiento, sin interrumpir la memoria sobre la bondad de Dios y con profundidad e intensidad, continuando el deseo de asemejarse a Dios, nuestra alma se hace capaz de cumplir estas palabras: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas" (Mc. 12:30). He aquí con que intención hay que servir a Dios.
 
San Basilio el Grande 

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Saturday, March 3, 2018

Examinad vuestras actividades y evaluad cómo interactúan el cuerpo, el alma y el espíritu. ( San Teófano el Recluso )

San Teófano el recluso abordó esta cuestión en una serie de cartas dirigidas a él por una joven que quería vivir una vida espiritual pero que se sentía molesta por la prisa y la distracción en la que vivía. Vio el mundo como un lugar donde “todo gira alrededor de un enfado, persiguiendo algo que nadie puede llegar a alcanzar”. Ella contaba: “Yo no veía nada de pudiera ser del alma. Existen caricias vacías, una disposición a hacer cosas por los demás, y también admiración mutua. Todo es superficial… Tras la apariencia exterior se oculta un espíritu totalmente diferente… ¡qué comedia! La gente se une, se constriñe y se tiraniza mutuamente; nadie tiene voluntad propia o libertad”.

San Teófano afirmaba sus observaciones sobre la naturaleza de esta vida y respondió citando a San Macario el Grande.

“Los hijos de esta era se han vuelto como el trigo vertido en el tamiz de esta tierra, y más tarde se esparcen entre los sueños inconstantes de este mundo, en presencia de una agitación interminable de preocupaciones terrenales, deseos y un laberinto de conceptos materiales. Satanás agita el alma, y con un tamiz, esto es, las preocupaciones terrenales, dispersa a la raza humana pecadora”.

San Macario utiliza la imagen agrícola de un tamiz donde se lanza el grano para mostrarnos cómo nuestras preocupaciones terrenales, sueños y deseos hacen lo mismo en nosotros, agitándonos y sobrecogiéndonos al azar. Somos lanzados sobre nuestros deseos físicos y nuestros pensamientos dispersos, como los granos de trigo que son lanzados sobre un tamiz. Nos encontramos en constante movimiento, siempre envueltos en una agitación incierta. Todo este movimiento que experimentamos es una búsqueda interminable por satisfacer los deseos terrenales, que nunca puede ser plenamente satisfecho. La base de todo esto es nuestro orgullo. San Teófano dice: “no importa cómo escondamos los deseos, pues tras ellos está el egoísmo, que quiere torcer todas las necesidades o usarlas a su modo. La meta de esto es el engaño… todo el mundo se encierra en su propio caparazón y es incapaz de producir ninguna bondad”.

Tal es la naturaleza de la vida terrenal. Está constantemente desafiándonos, conduciéndonos al siguiente drama de la vida. A menudo nos sentimos como una semilla solitaria, sin amigos ni relaciones para consolarnos verdaderamente. De vez en cuando encontramos la comodidad terrenal, pero pronto se convierte en una decepción. Si no lo encontramos en nuestras relaciones, lo encontramos en nuestro bienestar físico a causa de las enfermedades o los accidentes. ¿Qué es todo esto?, preguntamos. ¿Qué hacemos?

San Teófano dice: “que huyáis de todo el mundo es, por supuesto, imposible, pero rechazad tanto como os sea posible el entrar en el círculo de la vida mundana. Cuando lo que vayáis a hacer vaya en contra de vuestra voluntad, obrad como si no estuvierais allí; mirad pero no veáis; escuchad pero no oigáis… Exteriormente comportaos como los demás, siendo directos y sinceros, pero guardad vuestro corazón de simpatías y atracciones”.

Podemos evaluar nuestras actividades reconociendo que nos componemos de varios aspectos y que todos deben girar al mismo tiempo. Tenemos necesidades corporales que deben cumplirse; también debemos analizar de forma continua las acciones del alma con la mente, y el corazón debe buscar la armonía, y debemos tener un espíritu deseoso de lo que es bueno y hermoso.

Todo esto debe estar en constante movimiento para vivir como es debido. San Teófano dice:

“Sólo cuando nuestras facultades están en movimiento y todas nuestras necesidades se satisfacen, nos hacemos hombres vivos. Pero cuando sólo una pequeña parte de nuestros poderes físicos están en movimiento, y sólo se satisfacen una pequeña cantidad de nuestras necesidades, esta vida no es vida. Todo funciona como una unidad”.

Todos los aspectos del ser deben ser considerados en las actividades mundanas. Examinad vuestras actividades y evaluad cómo interactúan el cuerpo, el alma y el espíritu. Así, la actividad asegurará que vuestras necesidades físicas estén siendo consideradas apropiadamente, no en exceso, sino sólo en grado necesario para su bienestar. Se centra así vuestra mente, se clarifica el control de vuestros pensamientos, para que sean razonados y busquéis el mayor nivel de entendimiento. Vuestra voluntad se centrará en la búsqueda de la autolimitación en los deseos excesivos, y vuestro corazón se sentirá calmado y en armonía. Por último, vuestro espíritu se involucrará, controlando todo lo que hacéis para que en cualquier actividad que llevéis a cabo, sea totalmente buena a los ojos de Dios. Si algún aspecto de vuestro ser está desequilibrado, entonces se puede decir que esta actividad no es buena, espiritualmente, para vosotros.

Citas de La vida Espiritual, carta 4, pp. 39-42, San Teófano el Recluso.
 
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Tuesday, February 27, 2018

De la confianza absoluta en la Providencia Divina ( De"Everghetinos" )

“Una vez, caminando con el Padre Visarión a orillas del Mar Muerto”, relataba un monje, “comencé a sentir una terrible sed”.
“—Padre, tengo mucha sed”, le dije.
“—Bebe un poco del mar”, me respondió sin más.
Atónito, me detuve y me quedé por un tiempo viéndole a los ojos. ¿Cómo beber de aquella agua, tan salada y sulfúrea?
Entonces, notando mi desconcierto, el padre se arrodilló y se puso a orar. Al terminar, hizo la Señal de la Cruz sobre el agua del mar.
“—Ahora puedes beber”, me dijo con serenidad.
Obedeciendo sus palabras, me dirigí al mar y tomé un poco de agua con mis dos manos juntas. Y, sin pensarlo más, la bebí. ¡La repulsiva agua del Mar Muerto se había transformado en una fresca y dulce como la miel! Mi primera reacción, entonces, fue la de tomar mi cantimplora y agacharme para llenarla de aquel vivificante líquido.
“—¿Pero, qué haces?”, me preguntó el anciano padre.
“—Por si me da sed otra vez...”, le respondí.
Entonces, la mirada del padre se tornó seria, severa.
“—Dios, Quien está en este lugar, hombre de poca fe, estará también más adelante en nuestro camino”.

De"Everghetinos"
 
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Saturday, February 24, 2018

San Policarpo. (Febrero 23)

Santo Policarpo tuvo la dicha de conocer y abrazar la fe de Nuestro Señor Jesucristo en su niñez, y fue instruido por los mismos Apóstoles, y en particular por San Juan Evangelista, que lo nombró después Obispo de Esmirna, cuidad de Asia Menor. Se cree que de él quien habla Nuestro Señor Jesucristo en el segundo capitulo del Apocalipsis, cuando dijo al Angel, esto es al Obispo de Esmirna: Yo sé que padeces, y que eres muy pobre; con todo eso era muy rico, porque eres objeto de la murmuración de aquellos que se llaman Judíos, y no los son, porque componen la sinagoga de Satanás; No temas por lo que tengas que padecer. Sé fiel hasta la muerte, que yo te daré la corona de vida.
Policarpo gobernó la Iglesia de Esmirna por espacio de setenta años. El resplandor de sus virtudes lo hacía ver como la cabeza y el primero de los Obispos de Asia; y era venerado por todos los fieles hasta tal punto, que ninguno permitía que se descalzase él mismo, apresurándose cada uno para hacer este servicio, por tener la dicha de tocarlo. Policarpo formo muchos discípulos, así como el mismo había sido formado por los Apóstoles. San Ireneo, Obispo de León de Francia, fue uno de ellos. "Tengo aun muy presente, dice este Santo, aquella gravedad de sus pasos, la majestad de sus semblantes, la pureza de su vida, y las santas exhortaciones, con que alimentaba a su pueblo. Me parece que le oigo decir como había conversado con San Juan, y con otros los que habían visto a Nuestro Señor Jesucristo, las palabras que habían oído, y las particularidades que les había enseñado de los milagros y de la doctrina de este divino Salvador. Todo lo que decía era muy conforme a las divinas Escritura, como referido por los que habían sido los testigos oculares del Verbo, y de la palabra de vida. "Su celo por la pureza de la fe era tal, según se refiere el mismo San Ireneo, que cuando se decía algún error en su presencia, se tapaba los oídos, y exclamaba: ¡Ah buen Dios! ¿Para que tiempo me has reservado?" Y huía inmediatamente.
Después del martirio de San Germánico, y de otros Mártires, irritado el pueblo de Esmirna, en el anfiteatro de la generosidad de aquellos Santos, comenzó a gritar: ¡Que se exterminen los impíos! ¡Que se busque a Policarpo! Habían ocultado al Santo Obispo en una casa de campo; pero los que lo buscaban descubrieron donde se hallaba. Estaba el Santo en un aposento alto, desde el cual hubiera podido salvarse; pero no quiso, y solamente prorrumpió en estas palabras: cúmplase la voluntad de Dios. Bajo inmediatamente donde estaban los soldados, que viendo su edad y su firmeza, no se atrevían a cumplir su misión. Mando que le preparen la cena, y les pidió una hora para orar en libertad. Habiéndola obtenido, lleno de la gracia de Dios, oró de pie por espacio de dos horas, por todos los conocidos en particular, y encomendó a Dios la Iglesia.
Así que llegaron a la ciudad, le presentaron al gobernador de la provincia, quien le pregunto si era Policarpo. Él respondió que sí. Este magistrado le exhortó a que renunciara a Nuestro Señor Jesucristo. Policarpo le contestó; "Ochenta y seis años que Le sirvo, y nunca me ha hecho mal alguno. ¿Cómo podré blasfemar contra mi Rey, que me ha salvado?" Continuaba el procónsul escuchándolo. "Pareces que disimulas conocerme, le dijo el Santo; pues yo té declaro, que Soy cristiano, si quieres instruirte en la doctrina de los cristianos, señálame el día para oírme, y te enseñaré. El procónsul le dijo: Persuádeselo al pueblo. Policarpo le replicó; Por lo que te toca es justo responderte: Porque hemos aprendido a respetar a los magistrados, y a tributar a las potestades, establecidas por Dios, el debido honor. Pues mira a esta gente que no merece que yo me justifique en su presencia. "El procónsul le amenazó que lo echaría a las fieras. La respuesta de San Policarpo fue que a el le seria más ventajoso pasar de los suplicios a la perfecta justicia. Pues ya que no temes a las fieras, dijo el procónsul, mandare que te quemen vivo, si no obedeces. El Santo le respondió; "Me amenazas con un fuego que se apaga en un momento, porque no conoces el fuego eterno que esta reservado a los impíos. ¿Pero qué es lo que te detiene? Hazme sufrir lo que quieras." Irritado el procónsul, lo condeno a ser quemado vivo.
El mismo Policarpo se desnudó, y queriéndole atar a un poste, dijo: "Dejadme así; el que me da la fuerza para sufrir el fuego, me hará la gracia de que permanezca inmóvil sobre la hoguera, sin necesidad de los clavos." Se contentaron, pues, con atarle las manos atrás. Puesto de este modo, levanto los ojos al cielo, dio gracia a la Santísima Trinidad de la dicha que tenía de ser uno de los Mártires por Nuestro Señor Jesucristo, le suplicó la gracia de ser recibido como una víctima de agradable honor.
Acabada su oración, encendieron el fuego; pero por un maravilloso milagro, en lugar de consumir las llamas al Santo Mártir, lo rodearon formando como una bóveda o un pabellón, y su cuerpo exhalaba un olor parecido al de los perfumes más delicados. Irritados más todavía los paganos por este milagro, lo partieron con una espada. De la herida había salido tanta sangre, que apagó el fuego. De esta manera terminó San Policarpo su vida y su sacrificio.
 
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