Tuesday, February 6, 2018

Oraciones de Penitencia en Casa.

Te ofrezco, oh Señor misericordioso, la pesada carga de mis innumerables pecados, con los cuales peque ante Ti, comenzando desde mi juventud hasta el día de hoy.
Pecados del pensamiento y sentimentales. He pecado ante Ti, oh Señor, siendo desagradecido a Ti y tu misericordia, con el olvido de tus mandamientos e indiferencia para contigo. He pecado por mi poca fe, dudando en temas de la fe y con libertinaje en los pensamientos. He pecado con superstición, apatía hacia la Verdad y con el interés a enseñanzas no ortodoxas. He pecado con pensamientos blasfemos e inmundos, sospechosos y aprecivos. He pecado con atadura al dinero y a los elementos de lujo, diversiones pasionales, celos y envidia. Perdóname y ten piedad de mí, oh Señor.
He pecado deleitándome con pensamientos pecaminosos, ansiedad por los placeres y debilidad espiritual. He pecado con ilusiones, vanagloria y vergüenza falsa. He pecado con el orgullo, menosprecio a las personas y esperanza en mi mismo. He pecado con el desaliento, pena mundana, desesperación y quejas.
He pecado irritándome, siendo rencoroso y malvado. Perdóname y ten piedad de mi, oh Señor.
Pecados de palabra. He pecado con palabras vacías, risa vana y burlas. He pecado conversando en el templo, mencionando el nombre de Dios en vano y juzgando a mis prójimos. He pecado utilizando palabras cortantes, siendo pendenciero y haciendo indicaciones mordaces. He pecado con espíritu cicatero, ofendiendo al prójimo y con fanfarronería. Perdóname y ten piedad de mi, oh Señor.
He pecado bromeando indecorosamente participando en cuentos y conversaciones indecentes. He pecado quejándome, con el incumplimiento de mis promesas y con falsedad. He pecado utilizando palabras injuriosas, insultando al prójimo y maldiciendo. He pecado divulgando rumores depravados, calumnias y denuncias.
Pecados de hecho. He pecado con la pereza, perdiendo el tiempo en vano y faltando a los oficios religiosos. He pecado llegando tarde frecuentemente a los oficios religiosos, con negligencia y distracción en la oración y con falta de entusiasmo espiritual. He pecado desdeñando las necesidades de mi familia, desdeñando la educación de mis hijos y con el incumplimiento de mis obligaciones. Perdóname y ten piedad de mi, oh Señor.
He pecado con la gula, comiendo de mas y faltando a los ayunos. He pecado fumando, abusando de las bebidas alcohólicas y utilizando métodos para exitarme. He pecado ocupándome demasiado de mi imagen exterior, fijándome con deseo, observando cuadros y fotografías obscenas. He pecado escuchando música ruidosa, conversaciones pecaminosas y cuentos indecentes. He pecado con comportamiento seductor, masturbándome y fornicando. He pecado con diferentes distorsiones sexuales y con infidelidad. (Aquí hay que arrepentirse y confesar los pecados que son vergonzosos para enumerarlos en voz alta). He pecado aceptando el aborto o participando en él. Perdóname y ten piedad de mí, oh Señor.
He pecado con amor al dinero, con afición a los juegos de azar y deseo de enriquecimiento. He pecado con pasión por mi carrera y el éxito, codicia y prodigalidad. He pecado negando a ayuda a los necesitados, avidez y avaricia. He pecado siendo cruel, duro, seco y falto de amor. He pecado con el engaño, robo y concusión. He pecado visitando adivinadoras, con la invocación de malos espíritus y con costumbres supersticiosas. Perdóname y ten piedad de mí, oh Señor.
He pecado con explosiones de ira, maldad y tratando groseramente al prójimo. He pecado con la irreconciabilidad, venganza, insolencia e impertinencia. He pecado: fui caprichoso, antojadizo y puntilloso. He pecado con la desobediencia, terquedad e hipocresía. He pecado tratando con descuido los objetos sagrados, cometiendo sacrilegio e blasfemando. Perdóname y ten piedad de mí, oh Señor.
También he pecado en palabras, pensamientos, obras y con todos mis sentidos, a veces involuntariamente, pero más frecuente en forma consciente y por mi terquedad y costumbre pecaminosa. Perdóname y ten piedad de mí, oh Señor. Recuerdo algunos pecados, pero por mi indolencia y desatención espiritual, he olvidado la mayoría por completo. ¡Ay de mí, si me presentare con ellos ante el Terrible Tribunal de Dios!
Ahora, sinceramente y con lagrimas, me arrepiento de todos mis pecados realizados conscientemente o por ignorancia. Caigo ante Ti, Misericordioso Señor Jesús, mi Salvador y Pastor, y te ruego que me perdones como aquella vez al ladrón crucificado junto a Ti. Te pido, oh Señor, que me limpies y me hagas digno y sin condenación de ser participe de tus Purismos Sacramentos para la renovación de mi alma. También te ruego que me ayudes a odiar todo mal y todo pecado, por completo dejar de pecar, y en los días que le restan a mi vida, fortalecerme en el firme deseo de vivir cristianamente, para el bien, la verdad y para gloria de tu Santo nombre. Amen.

Salmo 50
 Ten piedad de mí, ¡oh, Dios conforme con tu gran misericordia! Según la multitud de tus piedades, borra mi iniquidad. Lávame más y más de mi maldad y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mi iniquidad y mi pecado está siempre ante mí. Sólo contra Ti he pecado y lo malo hice delante de Ti. A fin de que perdonándome aparezcas justo en tus palabras y quedes victorioso cuando juzgues. En iniquidad he sido concebido y en pecado me dio a luz mi madre. Tú amas la verdad, Tú me revelaste los secretos y recónditos misterios de tu sabiduría. Rocíame con hisopo y seré purificado; me lavarás y quedaré más blanco que la nieve. A mi oído darás gozo y alegría y se regocijarán mis huesos abatidos. Aparta tu rostro de mis pecados y borra todas mis iniquidades. Crea en mí, ¡oh, Dios! Un corazón puro y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me apartes de tu rostro y no quites de mí tu Espíritu Santo. Devuélveme la alegría de tu salvación y confórtame con Espíritu Soberano. Enseñaré a los prevaricadores tus caminos y los pecadores se convertirán a Ti. Líbrame de la sangre, ¡oh, Dios, Dios de mi salvación! Y proclamará gozosa mi lengua tu verdad. Señor, abre mis labios y mi boca publicará tu alabanza. Porque si hubieras querido sacrificio, los hubiese ofrecido; no quieres holocausto. El espíritu compungido es el sacrificio para Dios; un corazón contrito y humillado Dios no lo despreciará. Haz bien, Señor, con tu benevolencia a Sión, edifica los muros de Jerusalem. Entonces te agradarán los sacrificios de verdad, las ofrendas y los holocaustos; entonces ofrecerán becerros sobre tu altar.

Piensa hermano o hermana, que no hay pecado que sobrepase la misericordia de Dios. Él mismo pues, prometio a los arrepentidos: "...si vuestros pecados fueran como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana." (Isaías 1; 18).
Catecismo Ortodoxo 
http://catecismoortodoxo.blogspot.ca/

El Triodo (Pre-Cuaresma).

La temporada pascual de la Iglesia está precedida por la temporada de la Gran Cuaresma, que a su vez está precedida por su propia preparación litúrgica. El primer signo de la aproximación de la Gran Cuaresma se produce cinco domingos antes de su inicio. En este Domingo, la lectura del Evangelio trata sobre Zaqueo, el recaudador de impuestos. Cuenta cómo Cristo trajo la salvación a este hombre pecador y cómo cambió profundamente su vida simplemente porque “buscaba ver a Jesús para conocerlo” (Lucas 19:3). El deseo y esfuerzo por ver a Jesús inicia todo el movimiento a través de la cuaresma hacia la Pascua. Es el primer movimiento de salvación.

El siguiente domingo es el del Publicano y el Fariseo. La atención se centra aquí sobre los dos hombres que fueron al templo a orar: uno, un fariseo que era un hombre de religión decente y justo, el otro, un publicano que era un verdadero pecador y recaudador de impuestos que estaba engañando a la gente. El primero, aunque realmente justo, se jactó ante Dios y fue condenado, según Cristo. El segundo, aunque realmente pecador, suplicó misericordia, la recibió, y fue justificado por Dios (Lucas 18:9). Aquí, la meditación es que ni tenemos la religiosa piedad del fariseo ni el arrepentimiento del publicano por el que podamos ser salvados. Somos llamados a vernos como somos realmente a la luz de la enseñanza de Cristo, y suplicar Su misericordia.

El siguiente domingo en la preparación para la Gran Cuaresma es el domingo del Hijo Pródigo. Al escuchar la parábola de Cristo sobre el amoroso perdón de Dios, somos llamados a volver nosotros mismos, como hizo el hijo pródigo, a vernos como seres “en un país lejano”, lejos de la casa del Padre, y a hacer el movimiento de regreso a Dios. El Maestro nos da toda la seguridad de que el Padre nos recibirá con gozo y alegría. Sólo debemos “levantarnos e ir”, confesando nuestra auto infligida y pecadora separación de aquel “hogar” al que verdaderamente pertenecemos (Lucas 15:11-24).

El siguiente domingo es llamado el domingo de la Abstinencia de Carne, pues es oficialmente el último día antes de Pascua, para comer carne. Conmemora la parábola de Cristo sobre el Juicio Final (Mateo 25:31-46). En este día se nos recuerda que no nos es suficiente con ver a Jesús, vernos como somos, y volver a la casa de Dios como sus hijos pródigos. También debemos ser sus hijos siguiendo a Cristo, Su Divino Hijo Unigénito, viendo a Cristo en todo hombre y sirviendo a Cristo a través de ellos. Nuestra salvación y juicio final dependerá de nuestras obras, no sólo de nuestras intenciones o de las misericordias que Dios nos conceda por nuestra propia cooperación y obediencia personal.

“Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero y me acogisteis; estaba desnudo y me vestisteis; estaba enfermo y me visitasteis; estaba preso, y vinisteis a verme. En verdad os digo: en cuando lo hicisteis a uno solo, el más pequeño de estos mis hermanos, a Mí lo hicisteis” (Mateo 25:35-36, 40).

No somos salvados principalmente por la oración y el ayuno, no sólo por “las obras religiosas”. Somos salvados por servir a Cristo a través de su pueblo, el fin hacia el que toda piedad y oración se dirige en definitiva.

Finalmente, en la víspera de la Gran Cuaresma, el día llamado domingo de los lácteos y Domingo del Perdón, cantamos el exilio de Adán del paraíso. Nos identificamos con Adán, lamentando nuestra pérdida de la belleza, dignidad y delicia de nuestra creación original, y lamentándonos por nuestra corrupción en el pecado. También escuchamos en este día la enseñanza del Señor sobre el ayuno y el perdón, y entramos en la temporada del ayuno perdonándonos unos a otros para que Dios nos perdone.

“Si, pues, vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre celestial os perdonará también; pero si vosotros no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestros pecados” (Mateo 6:14-16).
 
Catecismo Ortodoxo 
http://catecismoortodoxo.blogspot.ca/

Saturday, February 3, 2018

Presentación del Señor al Templo.

La ley de Moisés disponía que todo niño primogénito de sexo masculino fuera llevado al templo en el día 40 después del nacimiento para ser presentado y ofrecer por él el rescate que estaba establecido. En cumplimiento de esta ley, la Santa Familia, al día 40 desde el nacimiento del Divino Niño, se dirigió al templo de Jerusalén. La Madre de Dios, por causa de su pobreza, solo pudo traer dos jóvenes tórtolas. En este tiempo, por la inspiración del Espíritu Santo, vino al templo cierto piadoso anciano, de nombre Simón. A él le había sido prometido por el Espíritu Santo, que no iba a morir hasta que no viera a Cristo Salvador.
Acercándose a la Virgen María, Quien sostenía al Divino Niño, el Justo Simón Lo tomó en sus brazos y en la abundancia de su alegría agradeció a Dios con las siguientes palabras: "Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos Tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; Luz para revelación a los gentiles y gloria de Tu pueblo Israel." Luego, dirigiéndose a la Madre, dijo: "He aquí, éste está puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel y para señal, que será contradicha,... para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones." Con estas palabras Simón profetizó que el Divino Niño traerá a muchos a la salvación, pero también habrá no pocos, tales, que se endurecerán y abandonarán por completo a Dios. Y que según cual sea la actitud de los hombres para con el Salvador del mundo y Su enseñanza, en los hechos revelarán su propia disposición espiritual. El que se apesadumbra por sus pecados y ansía la Verdad Divina, ese encontrará en Él al guía y sanador de su alma, pero el que ama este mundo con sus deleites pecaminosos, el que está contento consigo mismo, o que a semejanza de los letrados hebreos, transformó a la religión en una fuente de prosperidad, para ese las enseñanzas de Jesucristo le serán inadmisibles. Para tales personas, que rechazan conscientemente el llamado a la salvación, la palabra de Cristo solo les servirá para mayor condena.
Previendo los muchos sufrimientos que debía padecer el Salvador, el justo Simón predice también los sufrimientos de Su Madre: "¡Y una espada traspasará tu misma alma!" — es decir, Tus dolores maternales, a semejanza de una espada traspasarán Tu corazón, pues Sus padecimientos recibirás como Tuyos propios.
Al finalizar el diálogo del Justo Simón con la Madre de Dios, se les acercó la anciana Anna-profetiza, quien durante muchos años vivía y trabajaba en el templo, y con sus oraciones y ayunos alcanzó gran virtuosidad. También ella, por la intuición del Espíritu Santo, reconoció en el Niño Divino al Mesías tan largamente esperado, y en un arrebato de alegría comenzó a glorificar en alta voz a Dios. Después de esto comenzó a anunciar a los habitantes de Jerusalén, que el esperado Salvador ya había nacido. Esto llegó también a los oídos de Herodes, quien entonces dispuso que se matara a todos los niños nacidos en Belén y sus alrededores.
Habiendo cumplido todo lo ordenado por la ley acerca del Primogénito recién nacido, la Santa Familia regresó a Nazaret.

Tropario Tono 1:
Regocíjate oh Madre de Dios, llena eres de gracia, porque de Ti resplandeció el Sol de Justicia Cristo nuestro Dios, iluminando a los que están en las tinieblas. Regocíjate también Tu, justo anciano, que recibiste en Tus brazos al Redentor de nuestras almas, que nos otorgó la Resurrección.

Kontaquio Tono 1:
Tú que por Tu nacimiento santificaste las entrañas virginales y bendijiste los brazos de Simeón, como era conveniente, advirtiéndonos, y nos salvaste hoy, Cristo Dios, concede paz, en los tiempos de las guerras y fortifica a los cristianos ortodoxos a quienes amaste, oh Único amante de la humanidad.
 
Catecismo Ortodoxo
http://catecismoortodoxo.blogspot.ca/

Thursday, February 1, 2018

Aquí, solo la oración trae frutos.... ( San Paisos de Athos )

Aquí, solo la oración trae frutos. Debemos pedirle al Señor, con una fe grande, la misericordia para estos hijos, que no tienen culpa de la falta de fe. Aceptémos, que la responsabilidad cae sólo sobre nosotros, hagámonos humildes y hagámos una sincera penitencia, y Dios los ayudará. Les alcanzará algún salvavidas, para que se salven también ellos.


San Paisos de Athos
Catecismo Ortodoxo
http://catecismoortodoxo.blogspot.ca/

Monday, January 29, 2018

Los Domingos Preparatorios a la Gran Cuaresma.

Hoy inicia en Nuestra Santa Iglesia Ortodoxa, la preparación para la Gran Cuaresma de la Santa Pascua durante cuatro domingos, los anteriores al inicio de la misma, en los cuales nos plantea virtudes y sentimientos muy importantes para la cuaresma que es, en sí, la preparación adecuada para la Fiesta de las fiestas, para la base de toda nuestra fe y en consecuencia de toda nuestra vida, es decir, la Resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

Estos domingos preparatorios toman su nombre del Evangelio que se lee:

1- El Domingo del Fariseo y el Publicano (Lc.18,10-14): cuyo evangelio leemos hoy. Pues todas las buenas obras y ejercicios espirituales que el cristiano brinda en toda su vida, pero intensamente en la temporada cuaresmal, no son “la factura” de su justificación ante Dios, como lo pensó el fariseo de hoy, sino la reacción natural de quien con humildad inclina todo su ser ante Dios, como el publicano: : “¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!”

2- El Domingo del Hijo Pródigo (Lc.15, 11-32): que nos plantea a la Cuaresma como una marcha de regreso hacia el Padre que nos espera siempre. “ábreme las puertas del arrepentimiento,…”; el arrepentimiento no es contar algunos pecados o desviaciones que he cometido sino confesar que he escogido ir “a un país lejano” en lugar de vivir en la bella casa paternal; dicha confesión me impulsará, como al pródigo de la parábola, a regresar a la belleza inicial que me fue otorgada en el Bautismo.

3- El Domingo del Juicio (Mt.25, 31-46): en el cual se lee el Evangelio del Juicio Final que se basará en el amor manifestado en las obras de cada uno: “En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis”. Pues si las obras en sí, como hemos visto en el Evangelio del fariseo y el publicano, no formaron el criterio para la justificación, sí son una emanación abundante de una alma que ama a Dios; si no, su piedad será falsa y digna de juicio: “Si alguno dice: ‘Amo a Dios’, y aborrece a su hermano, es un mentiroso” (1Jn.4,20). La devoción que buscamos no es egoísta sino que busca ser manifestada en el amor a los demás.

4- El Domingo del Perdón (MT.6, 14-21): a partir del cual se inicia la Cuaresma. Pues como podemos decir a Dios Padre: “perdona nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores” si, en realidad no estamos dispuestos a perdonar a los demás. Así la Iglesia nos estimula a que ofrezcamos nuestra ofrenda cuaresmal con un corazón limpio de cualquier sentimiento rencoroso.
 
Catecismo Ortodoxo
http://catecismoortodoxo.blogspot.ca/

Monday, January 22, 2018

La abeja y la mosca ( Santo Paisios del Monte Athos )

 Sé por experiencia propia, que en esta vida la gente se divide en dos categorías. No hay una tercera: cada hombre pertenece a una categoría o a la otra. Una categoría se parece a la de la mosca. La mosca tiene esta particularidad, que siempre se posa sobre algo sucio. P. ej., si en el jardín hay muchas flores perfumadas y en un rincón del jardín un animal hizo sus necesidades, la mosca cruza todo el hermoso jardín sin posarse en ninguna flor. Solo cuando ve la suciedad, baja y se posa, comienza a removerla, deleitándose con el hedor, y no puede separarse.

Si ella pudiera hablar, y uno, agarrándola, le preguntara si sabe donde están las rosas en el jardín, ella contestaría que no sabe de que se trata. Diría — "yo se donde hay basura, baños, suciedad de animales, lodo..." De manera semejante, en la vida, hay gente parecida a la mosca. Esta categoría de gente aprendió a pensar negativamente y en todo ve lo malo, no viendo e ignorando todo lo bueno.

Otra categoría de gente se parece a la abeja. La particularidad de la abeja es encontrar y posarse sobre lo hermoso y dulce. Digamos, p. ej., que en un ambiente sucio, en un rincón, alguien puso un jarrón con una flor. Si la abeja entra volando ahí, dejará de lado todo lo sucio sin posarse, y encontrando la flor se posará en ella..

Si tomas a esta abeja y le preguntas donde está el lugar de la basura, ella contestará que no notó nada, pero ahí están las dalias, y ahí las rosas, mas lejos — las violetas, allí la miel y mas allá el azúcar... ella resultará una conocedora de todo lo bueno y no tendrá ni idea de lo malo. Las buenos reflexiones piensan y ven lo bueno.

Así que el hombre se encuentra en la categoría o de moscas, o de abejas.

Y el Starez concluyó: — "Cuando vienen a mi y comienzan a acusar a otros, les relato ese ejemplo y propongo elegir en que categoría quieren ubicarse, y de acuerdo a esto definir también a los que los acusan.
 
Santo Paisios del Monte Athos

Catecismo Ortodoxo

http://catecismoortodoxo.blogspot.ca/

Wednesday, January 17, 2018

El Ayuno y la Comunión

El ayuno es un instrumento importante en el desarrollo de la vida espiritual. Es el Señor mismo quien nos dio el ejemplo, y después de El, muchos Santos, comenzando por Juan Bautista. El ayuno es un ejercicio que contribuyó a someter el cuerpo y el alma al espíritu, y por ello, a Dios. Al mismo tiempo, es una arma poderosa en la lucha contra Satanás.

La Iglesia ha establecido períodos de ayuno antes de las fiestas de la Pascua, de la Navidad, de la Dormición y de los santos Apóstoles Pedro y Pablo, así como en ciertos otros días y los miércoles y los viernes.

La Sagrada Escritura y los textos litúrgicos, sobre todo los de la Cuaresma, nos hablan de las cualidades que debe tener el ayuno. De esto se ocupan también los Santos Padres en sus escritos. Hay que ayunar sin demostrarlo y es necesario guardarse de toda hipocresía. Cristo mismo nos lo dice (Mateo 6:18).

E1 ayuno favorece en nosotros el arrepentimiento. El cristiano debe siempre suprimir la envidia y los malos impulsos, tener moderación en todo, dominar periódicamente las necesidades del cuerpo, y el ayuno le ayuda a hacerlo.

E1 ayuno no es sólo un ejercicio de continencia, sino que ocasiona buenas obras. Es sobre este aspecto del ayuno que la Iglesia pone énfasis en sus himnos cuaresmales. Por ejemplo: "ayunando con nuestros cuerpos, hermanos, ayunemos también con nuestro espíritu, destrocemos toda alianza injusta...demos pan a los hambrientos, conduzcamos a los mendigos y a los desamparados a nuestras casas" (Miércoles de la primera semana de cuaresma).

Este ayuno, que se expresa en particular por una abstinencia completa de todo alimento, está destinado a recordarnos vivamente que toda nuestra vida terrestre es una preparación para la plenitud de la vida de los justos.

La encarnación ya es el principio de esa vida nueva en unión con el Señor y con todos nuestros hermanos en Cristo. Es por eso que el sacramento quita la carga del ayuno según la palabra de Jesucristo mismo: "¿Acaso pueden los que están de bodas ayunar mientras está con ellos el Esposo?" (Marcos 2:19). Pero hasta no recibir los Santos Misterios, el ayuno nos es indispensable, porque estamos en espera de Aquel que ha de venir y tenemos sed de un nuevo encuentro con El, no sólo en la Eucaristía sino también en el Segundo Advenimiento.

Librándonos del ayuno después de la Comunión, la Iglesia fortalece en nosotros la conciencia de que el Esposo ahora ya nos ha venido. La espera, por un lado, y la realización ya comenzada, por otro, son inherentes a la naturaleza divina y humana de la Iglesia; es lo que encuentra su expresión en su vida litúrgica con la alteración continua entre el ayuno y el gozo después de la comunión.

Los días de fiesta y los domingos, es decir, los días destinados a la eucaristía, que ocurren en un período de ayuno, por ejemplo, durante la Cuaresma, la limitación de alimentos continúa aún después de la Comunión, pero el ayuno es entonces reducido.

Catecismo Ortodoxo
http://catecismoortodoxo.blogspot.ca/