Monday, February 1, 2016

Salmo 142

1. Señor, escucha mi oración,
advierte mi súplica en Tu verdad, escúchame en Tu justicia.
Y no entres en juicio con Tu siervo,
pues no será justificado, ante Tu faz, ningún viviente.
Porque el enemigo ha perseguido a mi alma,
ha humillado hasta la tierra mi vida.
Me colocó en tenebrosidades,
como a muertos desde hace siglos
y mi espíritu cayó en acedía.
En mí se turbó mi corazón.
5. Recordé días antiguos y medité en todas Tus obras,
medité en las hechuras de Tus manos.
Extendí mis manos hacia Ti,
mi alma es como tierra sedienta de Ti.
Señor escúchame pronto, ha desfallecido mi espíritu.
No apartes de mí Tu rostro
y me asemeje a los que descienden al foso.
Hazme oír temprano Tu misericordia,
pues en Ti he esperado,
10. manifiéstame el camino en que he de andar,
pues a Ti he levantado mi alma.
Arráncame de mis enemigos, Señor,
pues en Ti me he refugiado,
enséñame a hacer Tu voluntad, pues Tú eres mi Dios,
Tu Espíritu bueno me guiará en tierra recta.
Por Tu Nombre, Señor, me vivificarás
en Tu justicia sacarás a mi alma de la tribulación
y en Tu misericordia exterminarás a mis enemigos,
y perderás a todos los que atribulan a mi alma
pues yo soy Tu siervo.
+ Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,
ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
- Aleluya, aleluya, aleluya, gloria a Ti, oh Dios. (tres veces)
- Kirie eleison. (tres veces)
+ Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,
ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Catecismo Ortodoxo 

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¿QUE ES LA IGLESIA ORTODOXA?





LA SANTA IGLESIA CATÓLICA, APOSTÓLICA, ORTODOXA.

¿Qué es la Iglesia?

La Iglesia es la obra de la Encarnación de Cristo, ella misma es la Encarnación: Dios toma la naturaleza humana, y así la naturaleza humana se asimila a la vida divina; es la “deificación” -theosis- del hombre; Dios se hace Hombre para hacer al hombre dios.

Pero la obra de penetración de la humanidad por el espíritu de la Iglesia no se realiza solamente en la Encarnación o en la Resurrección de Cristo. “Os conviene que yo me vaya, porque si no me voy no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré” (Jn 16:7). Esta obra presupone el envío del Espíritu Santo. Pentecostes. Esta es la realización de la Iglesia.

La Iglesia de Cristo no es una institución; es una vida nueva con Cristo y en Cristo, dirigida por el Espíritu Santo. Cristo resucitado vive con nosotros, y nuestra vida en la Iglesia es una vida misteriosa en Cristo. “Los Cristianos” llevan este nombre, precisamente, porque pertenecen a Cristo; ellos viven en Cristo y Cristo vive en ellos.

La Iglesia es el Cuerpo de Cristo, entendido como unidad de vida en Él. Manifestamos la misma idea cuando damos a la Iglesia el nombre de Novia de Cristo o Esposa del Verbo:

“La relación entre novios o entre esposos consiste en una unidad de vida perfecta que no excluye la realidad de su diferencia, es una “unidad de dos en uno sólo”, que no es disuleta por la dualidad ni absorbida por la unidad”.

Historia

Nuestro señor Jesucristo, cimenta su Iglesia en la fe de los Apóstoles en el año 33 d.C. en Jerusalem-; y es el testimonio de la fe, en Pedro, -inspirado por el Padre-“Tú eres el Cristo…” ( Mt. 16,16-17), el que sirve de fundamento como “roca de la Fe” (cfr. Mt. 16,18).

Cristo, otorgó igual poder a todos los Apóstoles y la encomienda de proclamar la Buena Nueva, siendo Él mismo la “Piedra angular”; fundando así una sola Iglesia (Lc. 9,1-2);(Ef. 2,20).

Al morir Jesús deja como pilares de la Iglesia de Jeursalem a San Jacobo (Santiago), San Pedro y San Juan (Gal. 2,9), pero ninguno sobresalía ante los otros.

Ciertamente Pedro recibió la encomienda de confirmar a sus hermanos en la fe, en la caridad y en el amor (Lc. 22,31-32), dándole una primacía entre iguales, “ PRIMUS INTER PARES…”, pero ésto no le concedía ningún poder o jurisdicción sobre los demás, ya que la jurisdicción y poder de la Iglesia -que no es terrena-, recae sobre el SANTO SINODO reunido en CONCILIO, aún en nuestros días. Es decir, todos los Obispos, quienes son los sucesores de los Apóstoles, en reunión ecuménica velan fielmente por el recto cumplimiento de la Doctrina de la Iglesia de Jesucristo.

De éste modo se llevó a cabo un primer concilio en jerusalem, año 47 d.C., (Hechos 15,5-6) en el cual se trataron algunas divergencias entre los circuncisos y los incircuncisos; esta controversia propició la actitud incorrecta de Pedro, por lo que Pablo lo reprende. A saber: todos los Apóstoles y Presbíteros reunidos, concedieron la razón a Pablo (Hechos 15,22-23).

Fue Santiago quien presidió éste concilio y dió, en nombre de toda la asambléa, el dictamen final (Hechos 15,19-21). Es por ello que debemos tomar en cuenta que el poder supremo de la Iglesia no recae sobre Pedro y sus sucesores, sino sobre Todos los Apóstoles y sus sucesores (L.G., 18,20,22,23).

En poco tiempo la Iglesia se extendió por todo el mundo antiguo, por lo que se formaron seis grandes bloques o Iglesias locales primitivas, todas ellas en total comunión y con un mismo espíritu. De estas Iglesias surguieron los actuales PATRIARCADOS e Iglesias Autocéfalas.

Ya que los Apóstoles -y sus sucesores los Obispos-, son quienes fundan estas Iglesias les dan el carácter de APOSTÓLICAS por la sucesión que reciben dada la imposición de las manos y la Oración (Hechos 6,6-7; 13,3 y 2 Tim. 1,6-7). Comunicando así la gracia Sacerdotal a los Presbíteros y Diáconos (Tito 1,5); pero guardando la recta institución del Presbiterado, cuidando no dar esta gracia a falsos profetas (1 Tim. 5,22).

LAS IGLESIAS LOCALES PRIMITIVAS :

1.- JERUSALEM: Fundada por Jesucristo; pero establecida por San Jacobo, San Pedro y San Juan.

2.- ANTIOQUÍA: Fundada por San Pablo, San Pedro y San Bernabé; siendo San Pedro quien queda al frente de ésta.

Es aquí en donde los seguidores de Cristo son llamados por primera vez CRISTIANOS (Hechos 11,26) y en donde se utilizó por vez primera el término KATOLIKOS, que quiere decir UNIVERSAL -fue San Ignacio, Obispo de Antioquía, quien utilizó éste término (año 110 d.C.) resaltando el carácter de la Iglesia): “ Id por todo el mundo anunciando la Buena Nueva…” (Mc. 16,15). Por lo tanto no es un término de distinción de un grupo Cristiano, sino por el contrario es un signo de unión de toda la Iglesia-.

3.- ALEJANDRÍA: Fundada por San Marcos .

4.- CONSTANTINOPLA: (Antigua Bizancio) Fundada por San Andrés. Actualmente éste es el PATRIARCADO ECUMÉNICO, es decir, tiene la primacía o Sede Apostólica de la Iglesia Ortodoxa (Oriente) -PRIMUS INTER PARES-. Le es otorgado éste honor en los canones del CONCILIO ECUMÉNICO DE CALCEDONIA (año 451 d.C.).

5.- CHIPRE: Fundada por San Pablo y San Bernabé. -Esta Iglesia antigua es Autocéfala, no es un Patriarcado-.

6.- ROMA: San Pablo es quien propicia los primeras comunidades Cristianas de Roma.

Es aquí -en Roma-, en donde la Iglesia fue más perseguida y en donde fue derramada la Sangre de Miles de Mártires, incluyendo a San Pablo y San Pedro (año 67 d.C.). Esta persecución empezó a desatarse desde el año 54 d.C., por mandato de Nerón hasta el 305 d.C., cuando era Emperador Diocleciano. Durante estos siglos el Cristianismo era prohibido y perseguido; y fue entre el 306 y 313 d.C. que el Emperador Constantino “El Grande”, -por influencia de Santa Elena (su madre)- concede al Cristianismo la libertad para proclamar su doctrina y la convierte en la Religión oficial. Hemos de recordar que Roma era la Capital del Imperio, por lo que esta Iglesia local toma gran fuerza.

Por éstos hechos -la sangre derramada de los Mártires, de San Pablo y San Pedro, y la promulgación del Cristianismo como Religión oficial- a la Iglesia de Roma se le concede la PRIMACÍA DE HONOR; la cual no le confiere ninguna potestad, sino solamente una distinción de “primus inter pares”.

-Es hasta el Siglo III, que nos llega la primera información -por el historiador Eusebio de Cesarea (260-340 d.C.), considerado Padre de Historia de la Iglesia -, en que parece ser que San Pedro murió y fué sepultado en Roma. Inclusive en nuestros días, dar una “afirmación histórica” de la estancia de San Pedro en Roma es dificil; mientras que la información sobre San Pablo en Roma es absolutamente confirmada (cfr. Hechos 27,1; Epístola a los Romanos).

De estas Iglesias locales el Cristianismo se extendió por todo el mundo (Oriente y Occidente). En cada una de ellas está a la cabeza un Obispo que por su grado jerárquico lleva el nombre de PATRIARCA. En el caso de Roma, Alejandría y la Iglesia Copta, lleva el nombre de PAPA. Pero en ninguno de ellos reside el poder absoluto, sino que junto a los demás Obispos tiene la encomienda y dirección de la Iglesia de Jesucristo.

La Iglesia Ortodoxa?

La Iglesia es Una, porque Cristo fundó solamente una Iglesia; Santa, por estar unida a la única cabeza, Jesucristo, y por la operación del Espíritu Santo en ella; Católica, porque no tiene límites de lugar o tiempo; Apostólica, porque fue fundada en los Apóstoles y, sin alteración, mantiene sus enseñanzas escritas y orales (Gran Tradición). Es así que la Iglesia de Cristo fue constituída como Una, Santa, Católica y Apostólica. Sin embargo:

El 6 de Julio de 1054 el Cardenal Humberto d’ Silva, el Arzobispo Federico de Lorraine y el Obispo Pedro de Amalfi expidieron la Bula de excomunión por parte del Patriarcado de Roma al Patriarca de Constantinopla, Miguel Cerularios; por su parte, el Patriarca de Constantinopla en comunión con los Patriarcas de Antioquía, Jerusalem y Alejandría excomulgaron al Patriarca de Roma. Así pues, la Una, Santa, Católica y Apostólica fue dividida en: la Iglesia de Occidente y la Iglesia de Oriente.

La Iglesia Oriental está formada por los Primeros Patriarcados de Constantinopla, Jerusalem, Antioquía y Alejandría; por los Patriarcados de Rusia, Serbia, Bulgaria, Rumania, Georgia; por las Iglesias Autocéfalas de Grecia, Polonia, Checoslovaquia, Albania, Chipre y América; por las Autonomías de Finlandia, Japón, Sinaí, África oriental y Europa ocidental; y por las Arqudiócesis Ortodoxas de América central, América del Sur, Sudáfrica, Australia y las Islas del Caribe.

La Iglesia Ortodoxa es la Iglesia de Cristo sobre la tierra edificada sobre el fundamento de los Apóstoles, la Sagrada Escritura y la Santa Tradición, recibida por Cristo mismo, por los Apóstoles y sus Discípulos.

La Fe Ortodoxa cree en los Siete Sacramentos (Bautismo, Crismación, Confesión, Eucaristía, Unción, Orden Sacerdotal y Matrimonio) como signos sensibles de la Gracia; y se fundamenta en los Siete Concilios Ecuménicos -Nicea (325); Constantinopla (381); Éfeso (431); Calcedonia (451); II Constantinopla (553); III Constantinopla (680) y II Nicea (787) d.C.-, de los cuales nació el Credo Niceno-Constantinopolitano, el cual todas las Iglesias Históricas profesamos.

BASES DOCTRINALES

La Iglesia creció durante el primer milenio unida en la FE y en un mismo Espíritu; pero fue necesario convocar SANTOS SINODOS, para resolver ciertas doctrinas erroneas que surguieron en los primeros siglos. Así se formaron los Concilios Ecuménicos, llamados así por que involucraban a toda la Iglesia. Oikumene = Universalidad.

Fueron siete los llamados concilios ecuménicos; en éstos se condenaron las herejías que afectaban la Recta Doctrina de la Iglesia y se fundaron las Bases y Pilares de la Iglesia de Jesucristo. (El primer Concilio fue el de Jerusalem en el año 47 d.C.,. Su fin, como ya citamos arriba, era resolver la situación de los circuncisos, no alguna heregía, por ello no se cuenta entre los Siete Concilios Ecuménicos).

1er. CONCILIO ECUMÉNICO DE NICEA (325 d.C.) Convocado por el Emperador Constantino “ El Grande “. Asistieron 318 Obispos de toda la Iglesia. el Obispo de Roma envió a dos Sacerdotes (Fitón y Fiquendios) en su representación.

Éste Concilio condenó la herejía de Arrio, por la que le fueron quitados sus grados sacerdotales: negaba la Divinidad de Cristo y la consubstancialidad con el Padre.

También dictó la primera parte del Símbolo de la fe o credo, llamado

SÍMBOLO NICENO-CONSTANTINOPOLITANO; y determinó la forma de fijar la fecha de la celebración Pascual, más 20 canones que se confirmaron en los concilios posteriores.

2o. CONCILIO ECUMÉNICO, 1o. DE CONSTANINOPLA (381 d.C.) Durante el reinado de Teodosio “ El Grande “. Fué presidido por el Obispo Melesio de Antioquía; desgraciadamente éste murió por lo que ocupó su lugar Gregorio de Nacianzo -Obispo de Constantinopla-, pero al renunciar al Patriarcado, dejó la presidencia del concilio, por lo que tomó su lugar Nectario -El Papa Dámaso de Roma no asistó ni envió representantes; pero aceptó todas las disposiciones de éste-.

Éste concilio condenó la herejía de Macedonio, quien negaba la divinidad del Espíritu Santo, afirmando que había sido creado en el Hijo, negando su naturaleza.

Fueron condenadas las doctrinas heréticas de Apolinar, Eunómio y Eudóxio, que eran contrarias al Arrianismo, es decir Cristo no tenía una perfecta Humanidad, ya que sobresalía su Divinidad.

Por éste concilio se afirmó y confirmó la Divinidad del Espíritu Santo, como la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, así se concretó la doctrina del Símbolo de Nicea, recta en todos sus aspectos.

También agregó -sin modificarlo-, al artículo 8o. del Credo: “ Y su Reino no tendrá fin…”, para finiquitar la herejía Apolinaria que sostenía que el Reino de Cristo sólo duraría 1000 años.

Por otro lado se terminó de estructurar -con 4 artículos más- el Símbolo de la Fe que rige hasta nuestros días.

3er. CONCILIO ECUMÉNICO, DE EFESO (431 d.C.) Convocado por el emperador Teodosio; asistieron 150 Obispos, presidiendo Cirilo Obispo de Alejandría. -Éste representó también al Obispo de Roma (Papa Celestino) quien pretendía condenar a Nestorio-.

El concilio condenó la herejía de Nestorio de Constantinopla, que dividía la persona de Cristo en dos y rechazaba llamar a María Madre de Dios.

Éste concilio tocó 3 puntos importantes:

Un Obispo o Patriarca solamente puede ser condenado por todos los Obispos reunidos en concilio, y no por uno solo (aunque sea Patriarca).

Toda doctrina proclamada debe ser juzgada como correcta o incorrecta de acuerdo a la Verdad revelada.

Sólo las desiciones tomadas en concilio son la última palabra.

Después de exponer estos puntos el concilio decidió retirar a Nestorio del trono patriarcal, entronizando a Maximiano como Patriarca de Constantinopla. La Virgen María fue proclamada THEOTOKOS –Madre de Dios-.

4o. CONCILIO ECUMÉNICO, DE CALCEDONIA (451 d.C.) Asistieron 630 Obispos, siendo Emperador de Oriente Marciano y Emperador de Occidente Valeriano III. El Papa León de Roma envió como representantes a los Sacerdotes Bonifacio y Basílio.

El Concilio condenó la herejía de Eutiques y Dióscoro, que mezclaron las dos naturalezas de Jesucristo, es decir la Divina y la Humana en una sola, por lo que Cristo no era consubstancial al Padre y no tenía naturaleza Humana. Ésta afirmación es contraria al símbolo de de la fe; por lo que este concilio declaró:

“ Siguiendo a los Santos Padres y uniendo a ellos nuestras voces, aclaramos, declaramos y enseñamos que el Hijo, es decir nuestro Señor Jesucristo, es Él mismo, completo en la Divinidad y completo en la Humanidad.

Él es verdadero Dios y verdadero Hombre…, nació como hombre de la virgen María, Madre de Dios, con dos naturalezas sin cambio ni mezlca, sin separación y sin división”.

En éste concilio se dictaron 7 canones que otorgaron los mismos honores para el Patriarca de Constantinopla, como para el de Roma, siendo así, Constantinopla la Sede Apostólica de Oriente, es decir, ocupa un lugar de PRIMACÍA ENTRE IGUALES, -Primus Inter Pares…-.

También el Santo Sinodo anuló un concilio que se llevó a cabo en Efeso en el año 448 d.C., convocado por Dióscoro.

Se dictaron 30 canones que se confirmaron en los concilios posteriores.

5o. CONCILIO ECUMÉNICO, 2o. DE CONSTANTINOPLA (553 d.C.) Convocado por el Emperador Justiniano I. Asistieron 163 Obispos. El Papa Virgilio, Obispo de Roma, se encontraba en Constantinopla, pero no asistió a las Asambleas Conciliares ni mandó representantes; pero aceptó todas las disposiciones de éste por medio de un escrito.

El concilio condenó las herejías de Diódoro y Teodoro, de igual modo también fueron condenadas las doctrinas de Origenes y de Evagrio que predicaban:

“ Las almas fueron creadas antes que los cuerpos y al morir la Persona el alma se traslada a otro cuerpo es decir se efectúa la REENCARNACIÓN. En nuestros días se vuelve a predicar ésta herejía por la corriente del “NEW AGE “, lo cual es un error, por que está escrito: “ ESTÁ MANDADO PARA LOS HOMBRES, QUE MUERAN UNA VEZ Y DESPUÉS EL JUICIO…”, (Hebréos 9,27).

También predicaban que los Demonios recuperarían su gracia angelical, no habiendo sufrimiento eterno en los infiernos y que las almas resucitarían sin el cuerpo el día de la resurrección, entre otras tantas herejías.

Éste concilio dictó 25 condenas en contra de Origenes y 14 en contra de los herejes. No dictó canones.

6o. CONCILIO ECUMÉNICO, 3o. DE CONSTANTINOPLA (680 d.C.) Convocado por el Emperador Constantino IV (In Trullo). Asistieron los Obispos de todas las Iglesias -exceptuando al Obispo de Roma, que envió a dos Sacerdotes en su representación-.

Éste concilio decidió sobre las dos Naturalezas de Cristo, así como de sus dos voluntades, condenando la herejía de una sola naturaleza y una sola voluntad.

7o. CONCILIO ECUMÉNICO, 2o. DE NICEA (787 d.C.) Presidido por el Patriarca Taracio de Constantinopla. Asistieron 367 Obispos -nuevamente el Obispo de Roma (Papa Adriano), envió a dos Sacerdotes de nombre Pedro en su representación-.

Éste concilio decidió sobre la veneración a los ÍCONOS, condenando a los Iconoclastas, quienes creían que el venerarlos era idolatría, por lo que éste Santo Sinodo afirmó:

“ Venerar y Postrarse ante un ícono es señal de respeto a quien está representado en él, sin caer en la idolatría. Ya que la adoración es unicamente para Dios, y para nadie más “.

El concilio sólo trato sobre las pinturas (íconos) y no sobre bultos o estatuas.

FUENTES ESPIRITUALES


De una manera especial la Iglesia Oriental ha mantenido la vida espiritual intacta, es decir en su mayor preocupación, desde sus inicios ha fomentado el acercamiento a las fuentes de espiritualidad, siendo los sacramentos las principales.

LA EUCARISTÍA -Cuerpo y Sangre de Cisto-, que es el alimento del alma por excelencia, ocupa el primer lugar. (Jn. 6,34-35); (Jn. 6,54-56).

Éste regalo se nos dá por la Gracia Sacerdotal que el Señor concedió a los Apóstoles (Lc. 22,19-20); (1 Co. 11,23-29), y en cada Litúrgia se realiza el milagro de la Transubstanciasión. -La conversión del pan y del vino en Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo, que es Real por la Gracia del Espíritu Santo-.

La Litúrgia como tal (como la conocemos hoy en la Iglesia de Oriente), fué estructurada por San Basílio “El Grande”, y por San Juan Crisóstomo en el siglo IV -Rito Bizantino-.

Por la imposición de las manos, como lo veíamos anteriormente, los Apóstoles a su vez conceden la gracia del SACERDOCIO a los Obispos (sus sucesores), y éstos a los Presbíteros y a los Diáconos hasta nuestros días; quienes son los administradores de los Sacramentos. (Hechos 13,3);(Hechos 6,6-7).

EL BAUTISMO es la puerta a la vida Cristiana, nos hace formar parte de la Iglesia de Jesucristo, concediendonos la Gracia Espiritual de ser hijos adoptivos de Dios.

Ésta Gracia la ganó Jesucristo para nosostros, al derramar su Sangre Preciosa en la Cruz; por ésto mandó a sus Apóstoles a Bautizar a todas las gentes, “ en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo…”, (Mt. 28,19).

Y es su promesa el estar con nosotros hasta el fin del mundo. (Mt. 28,20).

LA CRISMACIÓN es la confirmación de la entrada a la vida Cristiana, repitiendose el Pentecostés al ser derramados los Dones del Espíritu Santo en nosotros marcándonos con el sello de la plenitud en la Gracia de Cristo. (Hechos 11,15-16).

Ésta plenitud nos permite participar de la Eucaristía, por eso éstos tres Sacramentos -Bautismo, Crismación y Eucaristía-, de iniciación Cristiana se administran a los niños, para que sean partícipes del Reino de los Cielos. (Jn. 3,5-6). Éstos Sacramentos se dan juntos en las Iglesias de Oriente, por que llevan a plenitud la iniciación de la vida Cristiana.

LA RECONCILIACIÓN o confesión: Una vez que la Persona es conciente de sus actos distingue el Bien del Mal, por lo que es capaz de reconocer sus Pecados -voluntarios e involuntarios-.

Éste Sacramento nos permite encontrar la Gracia de Dios, ya que nuestra vida es una constante lucha en las tentaciones. Nuestra naturaleza no es de pecado, sino de “creaturas hechas a imágen y semejanza de Dios…”, (Gn.1,26), por lo que tenemos una voluntad propia; y es en esta libertad que en ocaciones actuamos en contra de la Voluntad de Dios.

Por ésto nuestro Señor Jesucristo nos concede la Gracia de la Reconciliación -siempre y cuando tengamos un arrepentimiento sincero de nuestra faltas-, por medio del Sacerdote, siendo el mismo Cristo quien perdona nuestros Pecados; y no el Sacerdote quien es sólo un instrumento al que Dios le concedió esta Gracia. “A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados; a quienes no se los perdonéis, les quedarán sin perdonar…”, (Jn. 20,23). Por lo que no es lo mismo confesarse directamente con Dios, ya que por eso dejó Abogados que intercedan por nosotros (Mt. 16,19).

LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS: Por éste Sacramento el Señor concede la Salud a nuestras Almas y a nuestros Cuerpos. No necesariamente es para los desauciados, sino para todo enfermo; recordemos que Jesucristo es el Médico por excelencia (Santiago 5,14-15); (Mc. 6,12-13).

EL MATRIMONIO, en el cual el Sacerdote, atestigua la UNIÓN del HOMBRE y la MUJER; y les dá la bendición (Ef. 5,28-31), por que es semejante a Cristo y su Iglesia, quien se inmola en un Sacrificio de ENTREGA POR AMOR.

“Por lo tanto ya no serán dos, sino una sola carne, por lo que el marido se debe a su mujer y la mujer a su marido…”, (Mc. 10,7-12).

Otras de las fuentes espirituales, apegadas a las enseñanzas de los Santos Padres,. y que nos ayudan a encontrar sentido a nuestra vida Cristiana son:

- LAS SAGRADAS ESCRITURAS.

- LA GRAN TRADICIÓN DE LA IGLESIA.

Por lo que es importante acercarnos a éstas, conociendo con profundidad a nuestra Iglesia, ya que formamos parte de ella



EL MONAQUÍSMO


La riqueza espiritual de la Iglesia – de manera especial en Oriente-, emana de la vida Monástica o de los Monasterios, ya que son verdaderas Fuentes de Oración y Espiritualidad, que mantienen de pie a la Iglesia de Jesucristo. -Es en Oriente precisamente en donde nace el monaquismo en el Siglo III, siendo sus precursores o “Padres del Monaquismo”, San Basílio “El Grande” y San Antonio “Abad” (entre otros), dando la Regla de Vida (Typikon) que rige a todos los Monasterios hasta nuestros días-.

San Benito “Abad”, aprendió la vida monástica en Oriente y la transitió a la Iglesia de Occidente en el Siglo V. De aquí nacieron todas las órdenes religiosas de la Iglesia de Roma.

Los Monjes son Hombres y Mujeres (Monjas), que ofreciendo a Dios sus vidas renuncian al mundo, consagrandose a la Oración y al Trabajo por Amor a Dios, imitando a los “coros angelicales” que todo el día alaban y glorifican a Dios.

Es también una entrega al servicio de los demás; es la oración e intercesión constante por las necesidades de todos aquellos que se acerquen a pedir auxilio, consuelo o dirección espiritual, viendo en cada hombre y mujer la imágen de Jesucristo.

Es precisamente de ésta entrega total, que surge la SANTIDAD para todos aquellos que giran en torno a la Iglesia.

Por éste motivo toda la vida de la Iglesia Ortodoxa gira en torno a los monasterios. De aquí que todos los Obispos de Oriente -sin excepción-, son MONJES que viven una vida de profundidad espiritual, por lo que irradian a toda su grey la Luz del Espíritu Santo.

Todos los Monjes (hombres y mujeres) son CELIBES, por lo que viven en Castidad y no se pueden casar -a diferencia del Clero Secular casado-, ofreciendo a Dios la posibilidad de tener una familia, entregando su vida totalmente al servicio de Dios.

Dentro de la vida monástica se profesan los votos de Castidad, Humildad, Pobreza y Obediencia; compartiendo todo en comunidad.

La vida comunitaria implíca una donación de lo propio para todos e inclusive la entrega total de la persona, sirviendo a los demás recordando que:

“Todo lo que hagáis a alguno de éstos pequeños a mi me lo hacéis…”(Mt.18,4-5);(Mt.25,40).

El ser monje no implica ser Sacerdote -ésto depende de las necesidades pastorales-, por lo que aún no siendo Sacerdote, el monje es un hombre Consagrado a Dios y un Padre Espiritual, y aunque no pueden administrar sacramentos – los que no son Sacerdotes-, son grandes directores espirituales (inclusive han llegado a ser directores espiritualees de Obispos y Patriarcas); por lo que es RECOMENDABLE BUSCAR SU INTERCESIÓN Y SUS CONSEJOS.

Por ésto mismo es una Bendición que las Iglesias locales puedan contar con un monasterio, Fuente de Santidad.

VIDA MONÁSTICA

– Seguimiento vocacional

-Postulantado

-Noviciado

-Riassoforado (votos temporales)

-Monje Profeso (votos perpetuos)

Hiero Diaconado (sólo ordenados)

Hiero Monje (sólo ordenados)

Higumen (Abad)

-Archimandrita (sólo ordenados)

-Episcopado -Obispo- (sólo ordenados)

CLERO SECULAR (CASADO)

-Seguimiento vocacional

-Estudios superiores (Licenciatura)

-Estudios teológicos (Seminario)

-Lectorado

-Sub-Diáconado

-Diáconado

-Presbiterado

Nota: Para el Clero Secular Casado, el candidato debe adquirir el Matrimonio antes del diáconado, sólo así se le podra ordenar Presbítero -con el consentimiento de su esposa-.

Si llegase a enviudar no podrá casarse nuevamente.

Los Presbíteros (ya ordenados), no se pueden casar , sólo se pueden ordenar gentes ya casadas; pero hay Sacerdotes que no son casados y no son monjes, éstos también son celibes.
 

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Sunday, January 31, 2016

Vida de San Antonio el Grande


A finales del siglo tercero comenzamos a saber de hombres que abandonaron las ciudades para vivir una vida de oración y soledad. El mejor conocido entre ellos es al que se le llama el fundador del monaquismo: San Antonio el Grande (252-356). Su contemporáneo, san Atanasio, nos cuenta su historia.

Un día, cuando Antonio tenía 18 años, entró a la iglesia de su pueblo para asistir al oficio. De repente escuchó las palabras del Evangelio: “si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo; luego ven y sígueme” (Mt.19:21). Había escuchado estas mismas palabras muchas veces antes , pero esta vez le pareció como si Cristo le estuviera hablando directamente y que las palabras fueran un mensaje personal. La impresión que recibió fue tan fuerte que, sin vacilar ni un momento, Antonio inmediatamente entregó todos los bienes que heredó de sus padres para ser distribuidos a los pobres del pueblo. Le quedaba sólo un problema que le preocupaba. Antonio tenía una hermana menor. Las dos eran huérfanos, y él se sentía responsable por ella. Nuevamente un verso del Evangelio, que a menudo había oído en la iglesia, de repente le pareció responder a sus problemas personales. “Así, que no os afanéis por el día de mañana; porque el día de mañana traerá su afán” (Mt.6:34). Antonio encontró a una buena mujer cristiana en su pueblo quien se encargó del cuidado de su hermana. Ahora él podría dedicarse a su nueva vida.

Antonio se fue a vivir a Egipto, donde el inmenso desierto quemado por el sol, nunca estaba muy lejos de pueblos y ciudades. Primero se fue a vivir junto a un ermitaño, quien vivía a poca distancia de su pueblo. Luego, visitó a varios otros ermitaños antes de cruzar el río Nilo. Después vivió solo en las ruinas de un antiguo fuerte en el desierto.

¿Puedes imaginar todas las tentaciones y luchas espirituales que hay en la vida de un ermitaño? Años más tarde, Antonio recordó sus primeros días en el desierto. Aseguró que la dificultades físicas de hambre, sed, calor y frío, eran mucho más fáciles de soportar que la soledad, la depresión y todos los pensamientos y deseos perturbantes que le afligían. A veces se sentía como si no tuviera la fuerza para seguir, pero visiones le inspiraban en su necesidad y le dieron valentía.

“¿Dónde estabas, Señor Jesús? ¿por qué no viniste a ayudarme antes?” exclamó Antonio un día después de una de aquellas visiones reconfortantes. “Yo estaba -escuchó en respuesta- yo estaba aquí esperando ver tu esfuerzo.” En otra ocasión, en medio de una terrible lucha con sus pensamientos, Antonio dirigió a Dios una oración: “quiero salvar mi alma, oh Señor, pero mis pensamientos no me lo permiten.” De pronto vio a alguien, parecido a él, sentado y trabajando en algo con sus manos; luego se levantó para rezar, y entonces volvió de nuevo a su trabajo. “Haz tú lo mismo y tendrás éxito”, le dijo el ángel a Antonio. Aquel mismo día, Antonio dedicó parte de él al trabajo manual.

Otras personas descubrieron donde estaba y fueron a vivir cerca de él. Lo encontraron sereno, tranquilo y amigable. Se habían terminado los años de lucha, y ya no se veía rastro de dificultad ni de cansancio, aunque Antonio seguía su vida de oración y ayuno.

Cientos de ermitaños fueron al desierto a vivir cerca de Antonio, y él les aconsejó e instruyó. No organizó una comunidad; tampoco dio a los ermitaños ninguna regla común de vida. Más tarde dejó ese poblado para vivir en otra parte del desierto, más lejana. Nuevamente otros ermitaños llegaron a su lado. Así Antonio rompió el silencio del desierto con las alabanzas de cientos de monjes. Alcanzó la edad de 106 años, y falleció en el año 365 d.C. Sus intercesiones sean con nosotros. Amén.

“Imitando con tu vida al celoso Elías
y siguiendo los rectos caminos del Bautista,
has poblado el desierto, oh Padre Antonio,
y fortalecido al mundo con tu oración.
Intercede ante Cristo nuestro Dios
para que salve nuestras almas.”

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Dios podría llenar nuestro corazón con tanta felicidad y con tanto amor, que nos haría perder los sentidos. ( San Paisos de Athos )



Dios podría llenar nuestro corazón con tanta felicidad y con tanto amor, que nos haría perder los sentidos. Pero entonces los monasterios quedarían abandonados y nos encerraríamos en cuevas. Y los laicos descuidarían sus compromisos y sus familias. Por esto Dios, que es amor, no nos llena con tanta felicidad.

San Paisos de Athos 


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Saturday, January 30, 2016

Enseñanzas del Padre Eutimio sobre la oración de Jesús.


                               Padre Eutimio
              (Monasterio Dionisio - Monte Athos)

Transcurrí algunos días, hacia fines de 1954, en el monasterio griego de Dionisio, sobre el Monte Athos. Allí conocí al Padre Eutimio, nativo de Sinop, pero que vivió varios años en Rusia, en la zona del Cáucaso, hasta que la abandonó durante la guerra civil. Tenía por entonces un poco más de sesenta años y era muy conocido por su sabiduría. Era también un poco “loco por Cristo”.


Tuve con él varios coloquios inolvidables. Él era entonces bibliotecario del monasterio.
Una tarde estábamos sentados sobre el balcón de su celda, que sobresale sobre el mar. El día estaba espléndido: una cálida jornada de otoño. El sol se ponía lentamente por el occidente. El cielo y el mar estaban todos dorados.


- Padre Eutimio, le dije, yo he hablado, en Konevec, con el Padre Dorofeo sobre la oración pura y con el Padre Michele, en el Nuevo Valaam, sobre el límite de la oración. Y Usted, ¿de qué me va hablar?


- Si bien, las oraciones comunitarias, en la Iglesia, y también aquellas que hacemos en nuestras celdas, leídas o cantadas con los libros, son utilísimas, ellas son por su naturaleza pasajeras. No siempre disponemos de libros. No podemos pasar todo nuestro tiempo en la Iglesia o en la celda: debemos vivir y cumplir nuestras obligaciones. Yo no conozco otra oración más que la Oración de Jesús que pueda ser incesante. Para esta, no hay ninguna necesidad de estar en la Iglesia, o en la celda, o de usar libros: se la puede rezar donde sea, en la casa, por la calle, viajando, en prisión, en el hospital… Sólo se necesita aprenderla.


- Pero, ¿cómo?


- Comienza a repetir solo la Oración, en voz alta, según tu capacidad, en tu habitación, por el camino, cuando no haya nadie alrededor de ti. La oración debe ser repetida lentamente, con atención, con un tono humilde, como cuando los mendigos piden limosna: “Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador”.


Luego repite la misma oración mentalmente, en tu espíritu, pero lento y atentamente.


Después, puedes asociar esta Oración al ritmo de la respiración y con los latidos del corazón. Solo te aconsejo, que no hagas esto por ti sólo: debes buscar a alguien que ya practique la Oración hesicasta, para que te indique lo que debes hacer para no ser víctima de pensamientos vanos y de ilusiones.


Son necesarios varios años para aprender bien la oración hesicasta, pero, con la gracia de Dios, uno puede también volverse en poco tiempo maestro en esta oración.


Con el tiempo, ella se volverá continua. Algunos la comparan con el murmullo de un arrollo: ella continúa en todo momento, mientras tú caminas, o trabajas, o reposas. “Yo duermo, pero mi corazón vela” (Ct 5,2). Más tarde, no tendrás necesidad ni de palabras, ni de pensamientos: toda tu vida será oración, como decía el Padre Dorofeo del starec Juan de Moldavia.


- ¿Hay todavía hombres cómo el starec Juan?


- Sin duda que hay. También aquí, sobre el Monte Athos, en Karoulja, hay eremitas que tienen una gran experiencia de la oración.


- Dime, Padre Eutimio, ¿es posible reconocer a quien ha llegado a un alto grado de la Oración de Jesús?


- ¿Por qué no? Es ciertamente posible.


- Pero, ¿cómo?


- Si quieres verdaderamente aprender la Oración, elige a un starec humilde y sereno, que no juzgue a nadie, siendo quizás un poco “loco por Cristo”, que no se irrita y no pretenda imponerse a todos. Hay desafortunadamente algunos starci que, sin haber podido dominarse ante todo a sí mismos, quieren dirigir a otros. Estos conocen el lado exterior, técnico, se puede decir, de la Oración, pero no su espíritu. Piensa tú mismo: ¿cómo podría juzgar a otros quien invoca continuamente “ten piedad de mí, pecador”?


- Dime; Padre, ¿Cuál es la manera más elevada de vivir?


- La de los “locos por Cristo”, sin duda. La sabiduría de este mundo es locura ante el Señor, y viceversa. Pero este género de vida es muy penoso y nadie debe abrazarlo sin el consejo de un starec.


- Y ¿a parte de éste?


- La vida del pelegrino, semejante a la del autor de los Relatos de un Peregrino. Para el mundo es también esta una locura. Luego la vida del eremita, del recluso y del cenobita. Pero necesita siempre recordar que el interior vale más que el exterior. Hay algunos falsos “locos por Cristo”, algunos peregrinos ociosos, algunos eremitas llenos de ilusiones y algunos cenobitas decadentes. Nos podemos salvar en todo lugar, también en el mundo. Pero en un monasterio o en un eremitorio es más fácil porque hay menos tentaciones. Es verdad que también en un monasterio, si no oras como se debe, caes en miles de vanidades y puerilidades: no sólo pierdes tu tesoro espiritual, sino que te vuelves peor de lo que eras en el mundo. Se puede incluso uno volverse apóstata: sucede también esto.


- ¿Sonará pronto el llamado a Vísperas, Padre Eutimio?


- Sí, pronto, responde. He aquí los primeros golpes del simandro: tienes que ir a la Iglesia.


- Dejamos el balcón, y por corredores y escaleras descendemos al catholicon, inmersos en la luz del atardecer. La recitación del oficio había ya empezado, con la lentitud y el recogimiento habitual del Monte Athos. El coro cantaba:


¡Oh luz gozosa de la santa gloria del Padre celestial, Jesucristo!


Al llegar el ocaso del día,
viendo la luz de la tarde,
cantamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.


¡Oh luz gozosa de la santa gloria del Padre celestial, Jesucristo!


Es justo y santo que te celebremos,
siempre y en todo lugar, oh Hijo de Dios
que das vida al mundo.


¡Oh luz gozosa de la santa gloria del Padre celestial, Jesucristo!




Aquella noche salí al balcón de mi celda y contemplé el cielo: un brillo de estrellas sin número. El Padre Eutimio se me acercó lentamente: “Tú miras el cielo. Admiras la inmensidad y la belleza de lo creado. No te preocupes más de los medios. Un día entenderás tantas cosas, cuando hayas llegado a la cima de la oración. Son cosas que con nuestra simple razón discursiva no se pueden comprender: aquí es necesario una iluminación. En el mundo, con todos sus afanes, los hombres no saben comprender toda la belleza y la grandeza del cielo. Pero -Dios me perdone la comparación- como los cerdos buscan las bellotas, ellos miran solo la tierra y las cosas que perecen. El verdadero gozo y la belleza suprema se abren ante aquel que vive en Dios. Sí, el poder de la oración es verdaderamente la plenitud de la gracia. En comparación a esto, todo el resto es polvo y vanidad de vanidades.

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Los Mandamientos de la Ley de Dios




I. Yo soy el Señor tu Dios, no tendrás otros dioses delante de mí. 

II. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que está arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra, no te inclinaras ante ellas, ni las honraras.


III. No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano.


 IV. Acuérdate del día del reposo para santificarlo: Seis días trabajarás y harás todas tu obra; más el séptimo día es de reposo para el Señor tu Dios. 

V. Honra a tu Padre y a tu Madre, para que tus días se alarguen en la tierra que el Señor tu Dios te da. 

VI. No matarás.
 

VII. No cometerás adulterio. 

VIII. No Hurtaras.
 

IX. No hablarás contra tu prójimo falso testimonio. 

X. No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.

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Wednesday, January 27, 2016

La libertad de la muerte ( Metropolita Ierótheos Vlajos )


a) Independencia y muerte, según san Juan Damasceno
b) La entrada de la muerte según san Gregorio Palamás
c) Pecado y muerte
d) Superación de la muerte
 Libertad del nus
En toda la tradición Bíblico-patrística se ve claramente que la muerte es fruto y resultado del alejamiento del hombre de Dios y que la vida en Cristo es la superación de la muerte. La muerte provino de la libertad y la independencia del hombre. Y el hombre con la vida eclesiástica puede adquirir la libertad de la muerte. Desarrollaré el tema de la muerte dentro de la perspectiva de dos grandes Padres de la Iglesia, o sea, de san Juan el Damasceno y san Gregorio Palamás, que han escrito y sistematizado toda la enseñanza de los santos anteriores a ellos.
a) Independencia y muerte, según san Juan Damasceno
Según san Juan Damasceno, la independencia del hombre con la cual fue dotada por Dios, ha dado la posibilidad al hombre a pecar o no pecar. El santo escribe que Dios ha formado al hombre «por naturaleza, sin pecado y voluntad independiente». Cuando dice que hizo al hombre sin pecado, no quiere decir que no le afectaba el pecado, puesto que sólo lo divino es inafectado del pecado, pero «no tiene el pecado por naturaleza sino más bien por intención, por deseo de la voluntad.» Es decir, el hombre no tiene en su naturaleza la tendencia de pecar sino en su deseo o intención. Esto significa que el hombre tenía el poder de permanecer y progresar en el bien con la energía (increada) de la divina Jaris, como también tenía el poder de alterarse del bien hacia el mal por la independencia que fue dada por Dios.
Así, la fisis, la naturaleza del hombre inmediatamente después de la creación estaba sin pecado, pero su voluntad era independiente, es decir, tenía la posibilidad de permanecer en el bien y alejarse de Dios. Por eso, también, la muerte vino como resultado del mal uso de la independencia, puesto que el hombre con su libertad violó la voluntad de Dios. Por lo tanto, el hombre fue constituido con la posibilidad de permanecer inmortal o morir. Y eso depende del buen o mal uso de su libertad.
Esta libertad tenía relación con lo lógico (la parte lógica de su psique). Explicando san Juan Damasceno por qué causa hemos sido creados independientes, dice: «inmediatamente lo lógico se introduce en la independencia». Entonces cada creación es también cambiable, modificable. Modificación o cambio es la creación del no ser al ser y génesis de una cosa es desde la materia preexistente. Las cosas sin psique y los animales ilógicos cambian o se alteran sobre sus alteraciones corpóreas, en cambio los seres lógicos se alteran sobre su voluntad o intención. Así que el deseo, la voluntad y la elección que conecta con lo lógico es atributo indispensable de la existencia creada, que ha sido creada desde cero. Como la independencia conecta con lo lógico, por eso el ser lógico es dueño de sus praxis (actos) y de la independencia. Los seres animales o sin lógica no son independientes, puesto que están conducidos por la naturaleza o el instinto animal en vez de conducirla. Esto se ve en que no resisten al apetito natural, sino que apenas deseen algo, inmediatamente se lanzan a su realización. Pero el hombre, como es lógico, más bien conduce la naturaleza y no es conducido por ella. Esto se ve cuando uno tiene apetito, puede retenerlo y superarlo.
Así, el hombre es independiente, porque es creado y cambiable o alterable. Esta independencia conecta con la lógica. El hombre pecó y murió primero espiritualmente y después somáticamente se hizo mortal y paciente o pasional. Esto es la conjunción de su libertad. Dios no ha creado al hombre para morir, sino el hombre ha muerto porque utilizó equivocadamente su libertad.
A continuación veremos también la enseñanza de san Gregorio Palamás sobre la muerte y la manera en que vino al mundo.
b) La entrada de la muerte según san Gregorio Palamás
San Gregorio recordando el pasaje hagiográfico «Dios no ha creado la muerte, ni cambia, en perdición de los vivos» (S. Sol 1,13), escribe que Dios no creó la muerte, y tampoco es el causante de los males que siguieron a la muerte, es decir, las enfermedades y todos los demás males. Todos los males que sufre el hombre provinieron del pecado que cometió por su libre elección. Dice característicamente: “Por el pecado hemos tenido que vestir con las prendas de piel, este cuerpo enfermizo, doloroso y mortal, y hemos pasado a este mundo provisional, y nos hemos condenado a vivir con múltiples pazos con una vida de muchas desgracias”. Las prendas de piel que hemos vestido son lo paciente o pasional y lo mortal, son el resultado del pecado que se hizo por nuestra elección y libertad.
Dios no sólo no ha creado la muerte, sino que impidió que viniera al mundo. Como el hombre era independiente, Dios no quiso anular su independencia, esto significaría la catástrofe, por eso inmediatamente después de su creación introdujo el consejo inmortal. El consejo fue que no comieran de la fruta prohibida, esto se califica como mandamiento vivificador, porque se trataba de conducir al hombre a la vida e impedir que caminara hacia la muerte. No ha dado este mandamiento autoritariamente, sino que “ocurriría a causa de la infracción”. Y ha dado el mandamiento de que morirán en el día que comerán, de manera que guardando el mandamiento evitarían la infracción y así no caeríamos en la muerte.26
Dios hablando sobre la muerte que ocurriría si quebrantasen Su mandamiento, daba a entender la muerte somática o corporal y la espiritual. Pero en el día que pecarían ocurriría la muerte espiritual y a continuación la corporal, porque el día que saborearon la fruta prohibida no murieron somáticamente, sino espiritualmente. La muerte espiritual es el abandono de Dios, exactamente cuando la ausencia de luz crea la oscuridad. Cuando Dios está presente, entonces es imposible para el hombre vivir en la muerte. Escribe san Gregorio Palamás: “Dios siendo autovida y vida de todos los vivos, y sobre todo los que viven divinamente, está presente en nuestra psique, entonces en ella es imposible estar también la muerte. Así se introduce la muerte en la psique, “no tiene el nacimiento desde Dios, sino que es de la causa del abandono de lo divino, que es el pecado”27. Se ve de esta enseñanza que la causa de la muerte es el pecado y naturalmente el pecado conecta con la independencia, con el poder del hombre a pecar o a guardar el mandamiento de Dios, permanecer o abandonar a Dios, que es la vida pragmática enhipostasiada (personificada).
c) Pecado y muerte
Con todo lo que hemos dicho hasta ahora vemos que la muerte provino del pecado, pero se tiene que añadir que el pecado domina sobre la muerte. Es decir, existe una interdependencia entre pecado y muerte. El Apóstol Pablo escribe: «a fin de que, como el pecado reinó en la muerte, así también reinase la gracia por la justicia para la vida eterna mediante Jesús Cristo, Señor nuestro» (Rom 5,21). En otro punto el mismo Apóstol sugiere: «No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus deseos y concupiscencias» (Rom 6,12). Y el mismo dirá característicamente: «Ya que el centro del aguijón de la muerte es el pecado» (1ªCor 15,56).
En estos pasajes apostólicos el pecado conecta con la muerte y se dice que el centro de la muerte es el pecado, como también el pecado reina en la muerte y en el cuerpo mortal. Así todo el mundo de los sentidos, de la mortalidad y de la fantasía, es una cárcel que tiraniza al hombre. El hombre grita para la libertad y los derechos individuales, pero en realidad está atado en la corrupción y la muerte. Esta realidad expresa el Apóstol Pablo en toda su tragedia: «Veo otra ley en mis miembros que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? (Rom 7.23-24).
Creo que sería importante ver con un poco más de amplitud como el pecado reina en la muerte, es decir, cómo el pecado y el carácter trágico del hombre, provienen de la mortalidad y de la corruptibilidad con la vivencia de la muerte. Porque el sentido y la certeza de la muerte conducen al hombre a cometer muchos pecados. Podemos decir con certeza que la vivencia y el sentido de la muerte son la fuente de muchas anomalías tanto personales, psíquicas, como sociales.
El hombre a causa de la muerte y de su inseguridad y también de sus múltiples consecuencias que son las enfermedades y todas las demás calamidades, se sobrecoge con miedo y agonía, y generalmente con el instinto de autoconservación28. El esfuerzo de autoconservación desarrolla la filaftía (egolatría, excesivo amor a sí mismo y el cuerpo), por la cual, el hombre rompe los lazos de la agapi (amor), en realidad, expulsa la agapi desinteresada y toma la interesada. Todo lo que hace, lo realiza dentro del clima de la filaftía, egolatría y el interés propio. Así se desarrollan muchos pazos, como la autoproyección, el egoísmo, el odio, la envidia y tantos más.
Por lo tanto, la propiedad, las injusticias, la falta de agapi real, el homicidio y tantos males más, que son la fuente también de muchas otras anomalías, provienen de la vivencia de la muerte.
Como en su interior domina la muerte en toda su “grandeza”, ve que el pecado conecta con la misma mortalidad y considera su vida sin sentido y significado, por eso intenta y hace de todo para convencer a los demás que él vale mucho y tiene un valor especial. De esto provienen muchos males. “Ama los halagos y teme los insultos. Busca lo suyo y tiene envidia de los éxitos de los demás. Ama a los que le aman y odia a los que le odian. Busca la seguridad y el placer material y carnal en las riquezas, o quizás aún se imagina que su destino es un disfrute interesado de la presencia de Dios, sin tener relación hacia toda declaración de activa y real agapi desinteresada hacia los demás. A causa de su agonía y miedo, el hombre, se constituye en individualista. Y cuando aún se identifica sobre la ideología de propiedad común (no monástica –ascética), otra vez se mueve por la propiedad individual, puesto que toma como deseo suyo la autosatisfación y el placer como su destino verdadero. Es posible que le entusiasmen algunos principios idealistas sobre la agapi vana e indefinida hacia la humanidad, a pesar del hecho de que en su corazón anide el odio mortal para su prójimo. Estas cosas son obras del cuerpo (carne) que se encuentra bajo el estado de la muerte y del satanás.29
La vida del hombre bajo la influencia de la muerte y la ley del pecado se hace insoportable, cansada y pesada, se convierte en una vida sin sentido y sin finalidad. El hombre se ha formado con la posibilidad de permanecer inmortal y vivir eternamente con Dios. Pero con el pecado perdió su destino, con el resultado de probar una experiencia terrible, incluyéndose en la muerte y la corruptibilidad. Al conocer que la finalidad de su creación era distinta (antes del pecado), por eso queda insatisfecho y le es difícil de gobernarlo. No se contenta, ni se satisface por nada, no descansa con cualquier bien. Puede disfrutar todos los bienes materiales, pero sin la superación de la muerte es un hombre trágico. Así se explica porque esté siempre poseído de quejas. El hombre que está esclavo en la muerte no tiene nada de libertad, es una existencia trágica, un hombre continuamente insatisfecho. El teatro, la diversión, la cultura, etc. son un pequeño descanso en la tragedia de su vida. Por eso la educación, la psicología, la filosofía, en general, todas las energías y actos humanos no pueden ayudarle eficazmente, ni desarrollarle enteramente.
Dentro del carácter trágico de este estado, el hombre pretende olvidar la muerte. Es también esto una manera de huida de la realidad y de la tragedia de la muerte. Pero esto aumenta el problema y el carácter trágico. El rechazo y el olvido de la muerte conducen al hombre a una vida sensiblera, al consumo y en una manera de vida que consiste solamente al disfrute de la materia. “El autonomizado consumo, como contenido básico de la vida, corresponde totalmente a la plena necesidad del hombre en tener y disfrutar sensualmente olvidando su mortalidad. Esta manera de vida que se llama cultura del consumo, esta “ciencia” indefinida y fantasiosa (que no tiene ninguna relación con la ciencia y la investigación) resuelve superficialmente todos los problemas metafísicos del hombre medio, y presenta la muerte como un final fisiológico de la existencia biológica y el hundimiento trágico en una inexistencia. Finalmente, como último impedimento, acude al progreso de la ciencia, pensando que no puede ser esto y que alguna vez esto también se resolverá por la ciencia.
d) Superación de la muerte
Los terribles resultados de la muerte y su carácter trágico, se superan con la Resurrección de Cristo y en general, estando y participando en la vida de la Iglesia. Puesto que el centro de la muerte es el pecado, esto significa que anulando el pecado se anula también la muerte en los límites de la vida personal, y así el hombre ya, desde esta vida, disfruta de la inmortalidad. Porque la inmortalidad no es simplemente un estado natural de la psique, no es solamente la vida más allá del sepulcro, sino la superación de la muerte por la vida en Cristo.
El Apóstol Pablo se refiere sobre el pecado que es el centro de la muerte, dice: “Cuando este ser corruptible se revista de incorruptibilidad, y este ser mortal se revista de inmortalidad, entonces se cumplirá lo que está escrito: La muerte ha sido devorada por la victoria; ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón? El aguijón o centro de la muerte es el pecado…” (I Cor 15, 54-56). Es característica la interpretación de san Juan Crisóstomo, de acuerdo con la cual, no sólo se anuló la muerte con la resurrección de Cristo, sino que desapareció también la fuerza del pecado. Por eso aquel que vive la vida en Cristo no tiene miedo a nada, es superior a todo, y más libre que nadie. Por lo tanto, es la verdadera libertad de la muerte y del pecado.
El hombre que vive dentro de la Iglesia con la vida mistiríaca (participando en los Misterios) y la ascética, niega el centro de la muerte, es decir, el pecado. Si pensamos que en toda la tradición patrística se ve que el pecado es el oscurecimiento del nus (corazón o la psique), por el cual el oscurecimiento, se crean los pazos, entonces la libertad de la muerte y del pecado es la iluminación del nus. Esto significa que el hombre pasa el primer estadio de la catarsis (sanación, purificación), expulsa todos los loyismí del corazón, se libera de la hidoní (placer carnal) y la odini (la pena o aflicción) y a continuación vive la iluminación del nus, entonces vive la libertad real como superación de la muerte. En esto consiste todo el esfuerzo del Cristiano y en esto aspiran los Misterios y la ascesis.
El Cristiano dentro de la Iglesia, en principio vive la memoria de la muerte. No sólo no busca olvidarse de ella y hacerla retroceder al subconsciente, no sólo no niega la realidad y el carácter trágico de la muerte, sino que la recuerda continuamente y de esta manera adquiere una naturalidad, porque el sentimiento de mortalidad y corruptibilidad sugiere la veracidad.
La memoria de la muerte que es el principio de la libertad del hombre y de su carácter trágico, se entiende en dos interpretaciones.
Primera es la memoria de la mortalidad y la certeza del final de la vida teológica (porque los hombres somos seres teológicos). Esta memoria, combinada con la existencia de la psique, después de la muerte y el juicio parcial que hay después de la salida de la psique del cuerpo y la resurrección del cuerpo que se produce durante la segunda Presencia de Cristo, para que sea juzgado enteramente el hombre, crea miedo, pavor y temor. El hombre medita cada pecado y los pazos que cautivan la psique y recuerda la enseñanza de Cristo y de los Apóstoles, sobre la vida de los pecadores, los no arrepentidos, y se sobrecoge de miedo y temor. El miedo y temor de los que empiezan en la vida espiritual. Este temor aumentado y conectado con la esperanza en la agapi (amor) de Dios y el sentimiento de la Iglesia como un Hospital, le conduce a la terapia y a la agapi, la cual “expulsa fuera el miedo” (1ªJn 4,18). Así existe el miedo de los principiantes, que empieza por el Juicio futuro y la realidad del Infierno, y también el miedo de los perfectos que este conecta con el sentido de la agapi de Dios. En este segundo estado el hombre teme al pecado, porque conoce que le conduce lejos de Dios y le crea el sentimiento y la sensación del infierno.
Segunda interpretación de la memoria de la muerte es el estado carismático de la memoria de la muerte. El hombre, con el abandono de la divina Jaris (increada energía) cae en el agobio y en la desesperación por Dios. Tal como el pecado de Adán tuvo consecuencias en toda la creación, así también el pecado del hombre, es decir, el oscurecimiento del nus, tiene consecuencias cosmológicas. Él mismo se siente que está muerto para Dios, y naturalmente, ve a todo el mundo muerto. Nada ni nadie le ofrece alegría, paz y felicidad. Todo está muerto. De esta manera entiende que existencialmente es un microcosmos dentro del macrocosmos, el resumen de toda la creación. Puesto que la Jaris de Dios viene en el corazón y por el corazón se va repartiendo al cuerpo y al mundo entero. La pérdida de la divina Jaris tiene resultados conmovedores en todo el mundo, esto demuestra que el hombre es el resumen de la creación.
Cualquiera podrá decir que el pecado que cometemos es peor que el pecado de Adán. San Gregorio Palamás dice que muchos acusan a Adán porque con el consejo del diablo violó el consejo de Dios y por esta infracción provocó nuestra muerte. Pero dice el santo, no es lo mismo que uno quiera saborear el fruto mortal de la planta sin antes conocer sus resultados catastróficos, de saborear este veneno mortal, mientras no conozca por su experiencia sus terribles consecuencias. Lo mismo ocurre con nuestro pecado en relación con el pecado de Adán. Adán pecó sin conocer empíricamente, por experiencia propia, qué era el pecado exactamente y cuáles serían sus terribles resultados; en cambio nosotros cometemos el pecado sabiendo y teniendo experiencia de este.  Por eso san Gregorio Palamás dice epigramáticamente: “Por eso, cada uno de nosotros, es más digno de juicio y criticable que Adán.”37.
La memoria de la muerte, sea como experiencia viva de nuestra mortalidad, sea como sentido de la pérdida de la vida divina y la mortificación, es un carisma espiritual y por lo tanto, es la experiencia vivida de nuestra superación de la muerte y nuestra libertad de su opresión. Porque esta vivencia o experiencia con sus dos formas, no se hace independiente de la Jaris de Dios. Sólo con la inspiración de la divina Jaris puede el hombre vivir y experimentar este tipo de situaciones y sólo de esta manera empieza a liberarse del carácter trágico de la muerte. Por eso, también los modos de vida que están basados sobre la memoria de la muerte, culturas “tanatocéntricas”, consisten en una naturalidad y veracidad, y describen los límites naturales de la vida del hombre. Fuera de estos marcos no pasan ni experimentan la verdadera vida. Con el sentido de mortalidad, el hombre se hace más sociable y metamorfosea, cambia, sus relaciones interpersonales.
San Filoteo el Sinaita escribe que la memoria de la muerte es contenedora de muchas virtudes. La memoria de la muerte es genitiva de luto, incitación a la engratia (autodominio y ayuno), madre de la oración, fuente de lágrimas, guardián del corazón, desapego de las cosas terrenales y materiales, fuente de inteligencia con discernimiento. Hijos de todos estos es el doble temor en Dios, de la catarsis de los malos loyismí del corazón y contenedor de muchos mandamientos hegemónicos.38 (Filocalía t.2º pág 286, v. 88)
La liberación de la muerte se hace con la vida en Cristo, cuando el hombre siente dentro de su corazón paz irreducible, amor para con todos los hombres, aún hasta con sus enemigos, liberación de toda tiranía que quiere imponerse a las creaciones e incesante memoria hacia Dios.
Me gustaría a continuación, que veamos algunos puntos característicos que manifiestan la liberación del hombre de su terrible tiranía.
Lo primero es que el hombre no tiene miedo a la muerte y tampoco al momento en que se produce. La espera y no está poseído de la tiranía del miedo a la muerte. Naturalmente esta espera no se entiende en el aspecto de que busque la liberación de la psique del cuerpo, tal como enseñaban los filósofos Platónicos, sino como posibilidad de encuentro con Cristo y la liberación de los cambios y las alteraciones que hay en la vida biológica. Puedo añadir que se alegra por la hora inminente. Esto lo expresa el Apóstol Pablo: «Que para mí la vida es Cristo, y la muerte, ganancia. Y aunque vivir en el cuerpo es trabajo fructuoso, todavía no sé qué elegir. Por ambas partes me siento apremiado; de un lado, deseo morir y estar con Cristo, pues esto es con mucho lo mejor; pero permanecer en el cuerpo es más necesario para vosotros» (Fil 1, 21-24).
Segundo es la prognosis de la muerte. Existen muchos Santos, antiguos y nuevos, los cuales fueron dignos de Dios ver la hora de su muerte y prepararse para ella. La vieron y la esperaron alegres.
Tercero es poder afrontar la muerte cuando viene. San Atanasio el Grande describe el bienaventurado final de san Antonio el Grande. Mientras que san Antonio conversó con los allí reunidos, les abrazó viéndoles como amigos, y llenándose de alegría y con su cara iluminada, se fue, salió y fue añadido a los Padres.39
Cuarto, es la doxa-gloria del hombre que venció el pecado y la muerte durante su salida de esta vida. Ejemplo característico es el de Sisois el Grande: «Cuando se trataba de morir, mientras se encontraban muchos padres cerca de él, se iluminó su rostro como el sol. Entonces el abad dijo: He aquí, veo que ha venido el abad Antonio. Después de un rato dijo: He aquí, veo que ha venido el baile de los profetas y otra vez más se iluminó su cara como el sol… Después de un rato dijo: He aquí, ahora veo el baile de los Apóstoles y creció por doble la brillantez de su cara. Después los allí presentes viendo al Abad Sisois conversar, le preguntaron con quién estaba conversando. Él contestó: Han venido los ángeles a recoger mi psique y yo les ruego que me dejen un poco más para hacer metania (arrepentirse). Y cuando los padres le dijeron que no tenía necesidad de metania, él contestó. “Aún no he empezado a hacer la metania, naturalmente”. Con esta frase los padres entendieron que había llegado a la perfección. Entonces inmediatamente su rostro se convirtió como el sol. Y dijo a los presentes: “Veis, el Señor ha venido, y dice, traedme el recipiente del desierto”.» Inmediatamente entregó su espíritu. Y se hizo como un rayo llenándose toda la casa de perfume.
Quinto punto, característico de la bienaventurada muerte es el martirio de un santo. Es realmente un carisma la muerte por martirio, porque no se trata de la fuerza de voluntad, sino de experiencia de zéosis o glorificación, es decir, al hombre con zéosis está clara la superación de la muerte. Realmente el martirio es fruto de la zeoría, contemplación, muestra que el Cristiano se ha unido con Cristo y ha recibido la jaris (energía increada) del martirio. Esto significa que la experiencia de la zéosis metamorfosea la psique y el cuerpo. Pero el martirio es carisma de la bienaventurada muerte y muestra de su superación, de acuerdo con una explicación que da san Gregorio Palamás.
Hablando san Gregorio Palamás sobre san Juan el Precursor y a causa de su decapitación, escribe que el Bautista de Cristo “no tenía necesidad de sufrir la muerte natural”, porque la muerte es resultado de la infracción de Adán. Pero san Juan el Bautista no es deudor, puesto que es obediente al mandamiento y obediente a Dios desde el vientre de su madre. Los Santos, en general, dan sus vidas por la virtud y la piedad, por eso para ellos es mejor la muerte con sacrificio que la buena. Por eso, el Cristo también ha muerto de esta manera. Ya que en los santos, el centro o aguijón de la muerte, que es el pecado, la manera más natural de salida de esta vida es por el martirio, la muerte violenta.
Los santos inspirados por la divina Jaris de Dios se liberan de la tiranía de la muerte. Esto no es un hecho fantasioso, sino realidad, porque tiene relación con la liberación del hombre del mismo pecado y la liberación del nus de la lógica, los sentidos y la fantasía.
3. Libertad del nus
La libertad de la muerte y del pecado conecta y se vincula estrictamente con el nus y su liberación del pecado. Con este sentido se entiende la libertad en el Nuevo Testamento, particularmente en las epístolas de san Pablo.
a) Libertad y nus
El primer pasaje es: «…liberados ya del pecado, os habéis hecho esclavos de la justicia…Pues, cuando erais esclavos del pecado, erais libres respecto de la justicia; ¿Y qué frutos obtuvisteis entonces? ¡Aquellos de los que ahora os avergonzáis, ya que su fin es la muerte! Pero ahora libres del pecado y esclavos de Dios, fructificáis para la santidad, cuyo fin es la vida eterna» (Rom 6, 18-22).
Aquí, para el Apóstol Pablo, la esclavitud conecta con la esclavitud de los pazos y las obras de la carne, de la cual, el final es la muerte, en cambio la libertad del hombre conecta con la catarsis (sanación, purificación) de los pazos, la santidad y la misma libertad, el fin es la vida eterna. En la enseñanza del Apóstol Pablo la libertad es en realidad la liberación del nus de la influencia de los pazos y esto supone la iluminación del nus.
San Nicodemo el Agiorita interpretando este pasaje dice: «Tres son las libertades según Koresios; libertad de la fisis, naturaleza; libertad de la jaris; y libertad de la doxa-gloria y bienaventuranza. La libertad de la natura se contrapone en la violencia, y dirige la tendencia hacia un bien, y crea la independencia; la libertad de la jaris se contrapone al pecado y los pazos, y hace al hombre justo y santo; y la libertad de la doxa-gloria se contrapone a la muerte y las tentaciones de la vida presente y le convierte en bienaventurado. Aquí el logos del Apóstol Pablo es sobre la liberación del nus».42 Por lo tanto, se trata sobre la liberación del nus.
El segundo pasaje de san Pablo es: «Porque el espíritu de la vida en Cristo me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte.» (Rom 8,2). Si uno conecta este pasaje con todos los demás del mismo capítulo, comprobará que se trata de la liberación del nus de los pazos y de la lógica (razón) y sobre la iluminación del nus. Así en el mismo capítulo se habla sobre la conducta de la carne, y la actitud del espíritu que es vida y paz (Rom 8,6); para el espíritu de Dios que habita dentro del hombre y le constituye en hijo de Dios (Rom 8, 14-16); para la oración noerá o del corazón, que se hace con el Espíritu Santo dentro del corazón, «…en el que clamamos: ¡Abba, el Padre!» (Rom 8,15); por el que el Espíritu Santo ora en nuestro interior, «…pero este Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables» (Rom 8,26). Por lo tanto la libertad, en realidad es la liberación del nus de los pazos y en esto es lo que consiste la iluminación del nus.
Dentro de estos marcos interpretan también los Padres los pasajes relativos del Apóstol Pablo. Según san Gregorio el Sinaita, tal como la ley de la letra está activada al cuerpo, así la ley del Espíritu es ley de vida, energizando, activando y clamando en el corazón. Y mientras la ley de la letra se trabaja por el hombre fariseo, en cambio la ley del espíritu libera el nus de la ley del pecado y la muerte43. Y san Nikitas Stizatos dice que aquel que sana los pazos mediante las virtudes correspondientes transforma la conducta terrenal en ley de espíritu de vida y le hace libre44.
Así pues, la liberación del nus es su iluminación, que es el segundo estadio de la vida espiritual que sigue al estadio de la catarsis (sanación, purificación). El hombre primero limpia, sana el corazón y a continuación se libera y se ilumina el nus que antes estaba identificado y esclavizado a la lógica (razón), los pazos y el ambiente.
No es necesario de desarrollar aquí lo que exactamente son el nus y el corazón en la Tradición Ortodoxa y la enseñanza de los Padres de la Iglesia. Esto lo hice ya en otro de mis libros con el título “Psicoterapia Ortodoxa”. Aquí se debe de subrayar que el nus es el ojo de la psique, la parte más limpia, pura de la psique, la energía de la psique que adquiere la experiencia de la vida en Cristo. Se diferencia de la lógica (de la mente, la razón) en que la lógica investiga las cosas creadas y adquiere gnosis de la verdad creada; en cambio el nus adquiere la gnosis de las cosas increadas y la experiencia del nus se formula por la lógica.
Me gustaría sólo recalcar la enseñanza de san Juan el Damasceno sobre este tema. Puesto que dice que el nus es la parte más limpia, pura, sobre todo como el ojo del cuerpo, así es el nus en la psique45, hace un discernimiento entre nus y el logos. El hombre es lógico. Tres son las fuerzas que forman la psique del hombre, lo logístico, lo anhelante, (voluntad o deseo) y el irascible o emocional. Escribe característicamente: «Porque de lo logístico uno es lo contemplativo y el otro es lo práctico. Lo contemplativo es el comprender, tal como lo tienen los seres humanos. Lo práctico es lo voluntarioso, que define al logos correcto, ortodoxo, de los hechos. Y lo contemplativo lo llaman nus y lo práctico, logos, más lo contemplativo, lo llaman sofía, sabiduría y lo práctico frónisis, conducta sensata»46. Así que el nus, es la parte contemplativa de lo logístico de la psique, que comprende, conceptúa y concibe a los seres, existencias y adquiere la sabiduría, en cambio el logos (lógica, razón) es la parte práctica de lo logístico de la psique, que trata y procesa los pensamientos y define el logos correcto en las prácticas.
Por lo tanto, el hombre natural, es aquel del cual tanto el nus como el logos se mueven paralelamente de acuerdo con la destinación o fin de ellos. Cuando el nus se identifica con la lógica, entonces se crean varios problemas. Por eso, el principal trabajo de la vida ortodoxa y la ascética ortodoxa, está en el esfuerzo del nus de liberarse de su esclavitud en todas las cosas creadas y quedar libre para adquirir la sabiduría de Dios. La liberación del nus es uno de los temas más básicos de los Padres, sobretodo los llamados nípticos. Los santos, con larga experiencia y esfuerzo sobre estos temas, adquirieron gnosis de sí mismos y por lo tanto un grado grande sobre la antropognosis (conocimiento del hombre). Saben lo qué es el hombre, conoce cuales son sus facetas interiores, cómo se esclaviza y cómo se libera de su esclavitud. Lo que escuchamos de ellos no es reflexión ni filosofía, sino teología empírica (auténtica psicoterapia).
Metropolita Ierótheos Vlajos

                                      Catecismo Ortodoxo 

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